<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	
	>
<channel>
	<title>
	Comentarios en: Fronteras	</title>
	<atom:link href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/editorial/fronteras/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/editorial/fronteras/</link>
	<description>¡Viva la radio!</description>
	<lastBuildDate>Thu, 10 Sep 2015 14:40:47 +0000</lastBuildDate>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	
	<item>
		<title>
		Por: Joaquin Labat		</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/editorial/fronteras/#comment-2446</link>

		<dc:creator><![CDATA[Joaquin Labat]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2015 14:40:47 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=7529#comment-2446</guid>

					<description><![CDATA[Un pequeño drama, incomparable con el que se vive en Europa, se vive hoy en Uruguay. El pequeño grupo de refugiados sirios acogidos en Uruguay, 5 familias que componen unas decenas de personas, se encuentran acampando en la plaza Independencia de Montevideo, frente a la Presidencia de la República, reclamando ser devueltos adonde estaban, junto con un millón y medio de refugiados sirios en el Líbano. De allí fueron traídos conforme a un convenio entre la oficina de Naciones Unidas, las autoridades uruguayas y su propio consentimiento. Pero algo salió mal, obviamente no se pensó adecuadamente el asunto. Ellos ya habían escapado de la guerra en Siria, estaban en el Líbano, en una situación naturalmente muy difícil principalmente para el Líbano y para las Naciones Unidas, no específicamente para ellos. Ellos no estaban viviendo en carpas, como lo hacen muchos de los sirios que están en el Líbano, estaban en construcciones de material, precarias si, pero no en una situación desesperante para ellos.  Naturalmente que el Líbano y las Naciones Unidas tienen que resolver la situación de ese millón y medio de sirios, no es sustentable en el tiempo su permanencia en ese pequeño país. Las autoridades uruguayas ofrecieron ayudar y fueron consultadas por las de Naciones Unidas respecto a los requerimientos, y es necesario destacar dos de los puntos de esa consulta. Primer punto: Uruguay planteó que de cada grupo familiar que viniera, una persona al menos debía estar en condiciones de trabajar. Claro que aparentemente no se pensó que si viene un grupo familiar de diez personas, con una pareja y muchos niños, y uno solo trabaja, en el Uruguay de hoy muy difícilmente pueda sustentar a toda su familia. Las ayudas que Naciones Unidas dan a los refugiados tienen una vigencia limitada en el tiempo, y se acabarán a fines del año próximo. Por más que Uruguay también ayude a los refugiados, la situación de los mismos se va a volver insostenible al acabarse la ayuda de Naciones Unidas, y los refugiados sirios lo saben  y están tratando de anticiparse al problema que saben que se les viene encima. Segundo punto: Naciones Unidas consultó al Uruguay si existía alguna condición respecto a la religión de los refugiados. Uruguay respondió que no, muy acorde a la libertad y tolerancia religiosa de nuestro país y del pueblo uruguayo. Solo que con esa respuesta se priorizó nuestra imagen de país tolerante, pero no se priorizó el interés de los propios refugiados, que ellos tuvieran la mayor capacidad de adaptación a nuestro medio. En el millón y medio de sirios que están en el Líbano hay cristianos, son una minoría pero hay. En nuestro país hay poquísimos musulmanes y muchos cristianos, y lo más importante, hay muchísimas iglesias y comunidades cristianas, católicas y protestantes. La Iglesia Católica uruguaya dio una ayuda formidable a los refugiados musulmanes, en una muy loable demostración de sentido humanitario y de lo evolucionada que está en el siglo XXI.   Los creyentes musulmanes le dan una gran trascendencia a su religión, en su propia vida cotidiana.  Los comentarios de las autoridades uruguayas respecto a este tema es que no ha existido ningún problema de carácter religioso con los refugiados. No lo dudamos, pero la cuestión no es solamente que no haya problemas, la cuestión es su mejor adaptación al medio uruguayo. Evidentemente, aunque las autoridades uruguayas hayan tenido la mejor intención, la situación actual de los refugiados queriendo irse es una demostración de que dichas autoridades se equivocaron, no solamente ellos, también las Naciones Unidas y los propios refugiados cuando aceptaron venir al Uruguay, pero es a estos últimos a quienes menos se debe señalar su error porque son quienes estaban menos capacitados para apreciar la verdadera dimensión del proyecto que se estaba llevando adelante.  No debe mirarse como una extravagancia ni falta de agradecimiento la actitud de los refugiados en el Uruguay queriendo volver al Líbano.  Si uno lo piensa sin apasionamientos, es  lógico que deseen volver. Están a 12 o 14 mil kms de su país de origen. En el Líbano estaban al lado de su país  y junto a un millón y medio de compatriotas que hablan su propio idioma. Ya habían salido de su propio país en guerra. Estaban insertos en el medio de una colectividad que sustenta su propia religión, aquí en Uruguay son un pequeño grupo de 40 personas musulmanas en una colectividad donde esta religión casi no existe y se habla un idioma ajeno a ellos. Se me dirá, pero eso ya lo sabían. Si, claro, pero una cosa es saberlo y otra experimentarlo. Además es claro que vinieron con la expectativa de mejorar su situación económica, en virtud de la cual vinieron dispuestos a hacer ese “sacrificio cultural”, pero ahora han comprendido que sus perspectivas económicas son más que sombrías, con lo cual ya nada sienten que los determine a permanecer en Uruguay. Pero ahora tienen otro problema que seguramente nadie les advirtió. Las autoridades uruguayas les expresan que tienen la libertad de irse, solo que para irse de un país hay que poder entrar en otro y ahora no tienen quien los reciba. Una de las familias tomó un avión con la intención de llegar a Serbia, pero no pudieron pasar de un aeropuerto en Turquía, donde estuvieron retenidos más de 20 días y finalmente fueron devueltos al Uruguay. Aquí también fallaron las autoridades uruguayas, la familia no fue debidamente advertida de que no iba a poder, en su situación legal, llegar a Serbia, perdieron su tiempo, dinero y vivieron nuevas angustias por las cuales no debieron haber pasado.  Los refugiados sirios dentro del Uruguay son personas libres, pero a escala mundial, el Uruguay es su prisión, no pueden salir del mismo. 

Más allá de las buenas intenciones que tuvieron las autoridades uruguayas, ¿realmente ayudaron a los refugiados que trajeron? ¿O tan solo ayudaron al Líbano y a las Naciones Unidas a resolver el problema que ambos tienen?  La actual situación de los refugiados,  protestando desde sus carpas en la Plaza Independencia, en un país convertido en prisión para ellos, del cual no se pueden ir aunque quieren hacerlo, es la respuesta a esa pregunta.
Las autoridades uruguayas acaban de declarar que continúan con su programa de traer  a fin de año una nueva tanda de refugiados sirios. ¿Aprendieron las autoridades algo de esta experiencia? ¿No creen que deberían previamente solucionar la situación de los actuales refugiados, de manera satisfactoria para los mismos? ¿No creen que el principalísimo objetivo del refugio debe ser el bienestar  de los propios refugiados, y que si el desarraigo de los mismos es tal que ese objetivo no se logra, es mejor que el refugio lo otorgue otro país, mas cercano, mas rico y mas afín culturalmente a los propios refugiados, como efectivamente los hay, no creen que es mejor que las Naciones Unidas solucionen de otra manera el problema?
Uruguay ya demostró su voluntad solidaria y su imagen internacional se vio fortalecida en sus comienzos, aunque finalmente el esfuerzo realizado no le haya salido bien. Pero ahora su imagen internacional es más dudosa, debe reflexionarse más y mejor de lo que se hizo anteriormente,  para no persistir en los errores cometidos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un pequeño drama, incomparable con el que se vive en Europa, se vive hoy en Uruguay. El pequeño grupo de refugiados sirios acogidos en Uruguay, 5 familias que componen unas decenas de personas, se encuentran acampando en la plaza Independencia de Montevideo, frente a la Presidencia de la República, reclamando ser devueltos adonde estaban, junto con un millón y medio de refugiados sirios en el Líbano. De allí fueron traídos conforme a un convenio entre la oficina de Naciones Unidas, las autoridades uruguayas y su propio consentimiento. Pero algo salió mal, obviamente no se pensó adecuadamente el asunto. Ellos ya habían escapado de la guerra en Siria, estaban en el Líbano, en una situación naturalmente muy difícil principalmente para el Líbano y para las Naciones Unidas, no específicamente para ellos. Ellos no estaban viviendo en carpas, como lo hacen muchos de los sirios que están en el Líbano, estaban en construcciones de material, precarias si, pero no en una situación desesperante para ellos.  Naturalmente que el Líbano y las Naciones Unidas tienen que resolver la situación de ese millón y medio de sirios, no es sustentable en el tiempo su permanencia en ese pequeño país. Las autoridades uruguayas ofrecieron ayudar y fueron consultadas por las de Naciones Unidas respecto a los requerimientos, y es necesario destacar dos de los puntos de esa consulta. Primer punto: Uruguay planteó que de cada grupo familiar que viniera, una persona al menos debía estar en condiciones de trabajar. Claro que aparentemente no se pensó que si viene un grupo familiar de diez personas, con una pareja y muchos niños, y uno solo trabaja, en el Uruguay de hoy muy difícilmente pueda sustentar a toda su familia. Las ayudas que Naciones Unidas dan a los refugiados tienen una vigencia limitada en el tiempo, y se acabarán a fines del año próximo. Por más que Uruguay también ayude a los refugiados, la situación de los mismos se va a volver insostenible al acabarse la ayuda de Naciones Unidas, y los refugiados sirios lo saben  y están tratando de anticiparse al problema que saben que se les viene encima. Segundo punto: Naciones Unidas consultó al Uruguay si existía alguna condición respecto a la religión de los refugiados. Uruguay respondió que no, muy acorde a la libertad y tolerancia religiosa de nuestro país y del pueblo uruguayo. Solo que con esa respuesta se priorizó nuestra imagen de país tolerante, pero no se priorizó el interés de los propios refugiados, que ellos tuvieran la mayor capacidad de adaptación a nuestro medio. En el millón y medio de sirios que están en el Líbano hay cristianos, son una minoría pero hay. En nuestro país hay poquísimos musulmanes y muchos cristianos, y lo más importante, hay muchísimas iglesias y comunidades cristianas, católicas y protestantes. La Iglesia Católica uruguaya dio una ayuda formidable a los refugiados musulmanes, en una muy loable demostración de sentido humanitario y de lo evolucionada que está en el siglo XXI.   Los creyentes musulmanes le dan una gran trascendencia a su religión, en su propia vida cotidiana.  Los comentarios de las autoridades uruguayas respecto a este tema es que no ha existido ningún problema de carácter religioso con los refugiados. No lo dudamos, pero la cuestión no es solamente que no haya problemas, la cuestión es su mejor adaptación al medio uruguayo. Evidentemente, aunque las autoridades uruguayas hayan tenido la mejor intención, la situación actual de los refugiados queriendo irse es una demostración de que dichas autoridades se equivocaron, no solamente ellos, también las Naciones Unidas y los propios refugiados cuando aceptaron venir al Uruguay, pero es a estos últimos a quienes menos se debe señalar su error porque son quienes estaban menos capacitados para apreciar la verdadera dimensión del proyecto que se estaba llevando adelante.  No debe mirarse como una extravagancia ni falta de agradecimiento la actitud de los refugiados en el Uruguay queriendo volver al Líbano.  Si uno lo piensa sin apasionamientos, es  lógico que deseen volver. Están a 12 o 14 mil kms de su país de origen. En el Líbano estaban al lado de su país  y junto a un millón y medio de compatriotas que hablan su propio idioma. Ya habían salido de su propio país en guerra. Estaban insertos en el medio de una colectividad que sustenta su propia religión, aquí en Uruguay son un pequeño grupo de 40 personas musulmanas en una colectividad donde esta religión casi no existe y se habla un idioma ajeno a ellos. Se me dirá, pero eso ya lo sabían. Si, claro, pero una cosa es saberlo y otra experimentarlo. Además es claro que vinieron con la expectativa de mejorar su situación económica, en virtud de la cual vinieron dispuestos a hacer ese “sacrificio cultural”, pero ahora han comprendido que sus perspectivas económicas son más que sombrías, con lo cual ya nada sienten que los determine a permanecer en Uruguay. Pero ahora tienen otro problema que seguramente nadie les advirtió. Las autoridades uruguayas les expresan que tienen la libertad de irse, solo que para irse de un país hay que poder entrar en otro y ahora no tienen quien los reciba. Una de las familias tomó un avión con la intención de llegar a Serbia, pero no pudieron pasar de un aeropuerto en Turquía, donde estuvieron retenidos más de 20 días y finalmente fueron devueltos al Uruguay. Aquí también fallaron las autoridades uruguayas, la familia no fue debidamente advertida de que no iba a poder, en su situación legal, llegar a Serbia, perdieron su tiempo, dinero y vivieron nuevas angustias por las cuales no debieron haber pasado.  Los refugiados sirios dentro del Uruguay son personas libres, pero a escala mundial, el Uruguay es su prisión, no pueden salir del mismo. </p>
<p>Más allá de las buenas intenciones que tuvieron las autoridades uruguayas, ¿realmente ayudaron a los refugiados que trajeron? ¿O tan solo ayudaron al Líbano y a las Naciones Unidas a resolver el problema que ambos tienen?  La actual situación de los refugiados,  protestando desde sus carpas en la Plaza Independencia, en un país convertido en prisión para ellos, del cual no se pueden ir aunque quieren hacerlo, es la respuesta a esa pregunta.<br />
Las autoridades uruguayas acaban de declarar que continúan con su programa de traer  a fin de año una nueva tanda de refugiados sirios. ¿Aprendieron las autoridades algo de esta experiencia? ¿No creen que deberían previamente solucionar la situación de los actuales refugiados, de manera satisfactoria para los mismos? ¿No creen que el principalísimo objetivo del refugio debe ser el bienestar  de los propios refugiados, y que si el desarraigo de los mismos es tal que ese objetivo no se logra, es mejor que el refugio lo otorgue otro país, mas cercano, mas rico y mas afín culturalmente a los propios refugiados, como efectivamente los hay, no creen que es mejor que las Naciones Unidas solucionen de otra manera el problema?<br />
Uruguay ya demostró su voluntad solidaria y su imagen internacional se vio fortalecida en sus comienzos, aunque finalmente el esfuerzo realizado no le haya salido bien. Pero ahora su imagen internacional es más dudosa, debe reflexionarse más y mejor de lo que se hizo anteriormente,  para no persistir en los errores cometidos.</p>
]]></content:encoded>
		
			</item>
		<item>
		<title>
		Por: Joaquin Labat		</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/editorial/fronteras/#comment-2444</link>

		<dc:creator><![CDATA[Joaquin Labat]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2015 14:33:30 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=7529#comment-2444</guid>

					<description><![CDATA[El presente editorial “Fronteras” es de alguna manera una continuación del  anterior  “País de inmigrantes” de 13.8.2015. Los comentarios que voy a expresar aquí son también una continuación de mis últimos comentarios del día de hoy a dicho editorial. 
Comparto la parte inicial de este editorial cuando hace la descripción del drama que se vive actualmente en torno al tema de la inmigración en Europa. Pero no comparto los razonamientos que se hacen a partir de esa realidad. Se contraponen 500 millones de habitantes de Europa con algunos cientos de miles de inmigrantes que han entrado  en dicho continente, insinuándose que esta proporción no alcanza para provocar una crisis grave, y se sostiene que la actitud europea responde al “miedo absurdo a ver amenazada una identidad”, al “reflejo irracional”  que florece “a la sombra de la inseguridad cultural”.    
Se expresa: “No porque las fronteras se abran vendrá una avalancha de inmigrantes: no se emigra por el mero hecho de tener una frontera abierta en alguna parte. El estado de las fronteras no determina los flujos de población…” Con todo respeto, creo que existe una inconsistencia en este razonamiento. No hay dudas que las causas de la emigración son en primer lugar las circunstancias que vuelven insoportable la vida de la gente en su lugar de radicación, como las guerras, los cataclismos, las hambrunas, las persecuciones, etc, pero también lo es la intención de procurarse una mejor calidad de vida en otros lugares donde se vive mejor que donde se está, aún cuando en esos lugares de radicación no existan  esos hechos graves mencionados. 
Ahora bien,  tampoco puede haber dudas de que el estado de las fronteras incide fuertemente en la dimensión de ese flujo migratorio. Si a las causas migratorias se suma una frontera abierta, libre, el flujo migratorio puede multiplicarse por varias veces. Es una simple cuestión de sentido común. Si hay cientos de miles que están dispuestos arriesgar sus vidas, a caer en manos de traficantes, a pasar penurias con tal de escapar de donde están y llegar al destino soñado, muchos más van a ser si las fronteras se abren totalmente, y desaparece la necesidad  de llegar por vías clandestinas y corriendo muchos riesgos. 
A nadie le debería caber ninguna duda de que es necesario prestar ayuda humanitaria a quienes ya se encuentran en territorio europeo, no se puede dejar a la gente a la intemperie, sin alimentos, sin cuidados sanitarios, varados en estaciones de ferrocarril o deambulando por las carreteras. Y ello aun cuando la solución de tales problemas sea muy difícil, implique muchos sacrificios  y genere innumerables nuevos problemas a sortear por los Estados de acogida. Tampoco debería haber ninguna duda de que quienes de aquí en más soliciten ser acogidos en calidad de refugiados, se les debe aceptar, conforme a los principios de Derecho Internacional que sustentan los Estados europeos. 
Pero otra cosa bien distinta es abrir totalmente las fronteras, permitir que inmigren en Europa todos los habitantes del planeta que deseen hacerlo porque quieran mejorar su nivel de vida.  Recientes estudios demográficos señalan que la población del mundo, estimada en unos 7.500 millones de personas,  va a tener un crecimiento importante de aquí a fin de siglo. Cuando uno piensa en superpoblación, lo primero que le viene a la mente es India y China, y con razón. Pero las proyecciones que los demógrafos hacen de los actuales crecimientos de población dan que para fin de siglo África tendría el 40 por ciento de la población mundial… si todos sus habitantes se quedaran en África, si nadie emigrara, decimos nosotros.  Ahora bien, ¿cual sería la ruta natural de emigración de una población africana que sufre una superpoblación?  Como lo fue desde la prehistoria, las rutas naturales de emigración desde el África son el cercano oriente y Europa, no lo son ni el océano Atlántico, ni el Indico, ni rumbo al sur hacia la Antártida.  Esto en relación a África, también está la emigración desde el propio cercano oriente y desde otras regiones.
¿No se ha pensado que el drama que se está viviendo en Europa podría ser apenas la punta de un iceberg, de enormes dimensiones?  No se trata de un pensamiento catastrofista, se trata de plantearse con realismo la necesidad de analizar sin temores tanto el presente como el futuro en el corto, mediano y largo plazo.
Disponer con espíritu altruista y humanitario una apertura total de fronteras en Europa, conlleva la responsabilidad de prever de que manera los inmigrantes, si estos adquieren volúmenes importantes de millones o decenas de millones de personas, van a poder ser socorridos en sus necesidades básicas iniciales, alimentación, vivienda, salud y educación, y de que manera van a poder ser insertados en la sociedad europea, brindándoles puestos de trabajo, de forma de hacer sustentable su presencia, en una sociedad que tiene actualmente altas tasas de desocupación.  
Cuando se preconiza esa posición debe asumirse la responsabilidad de expresar  “COMO” se propone que ello se lleve a cabo, si realmente existiese esa posibilidad;  el no hacerlo le quita valor al planteo y solo conduce a crear una imagen negativa de las autoridades de la Comunidad Europea y de los Gobiernos de sus Estados miembros, conduce a ponerlos en el papel de “los malos de la película”. “Los buenos de la película” serían todos aquellos que manifiestan en forma genérica sus espíritus humanitarios y sus espíritus de libertad de fronteras, aunque no propongan ninguna solución concreta a los problemas que ello conlleva. 
Voy a referirme en comentario aparte a la situación de los refugiados sirios en Uruguay]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El presente editorial “Fronteras” es de alguna manera una continuación del  anterior  “País de inmigrantes” de 13.8.2015. Los comentarios que voy a expresar aquí son también una continuación de mis últimos comentarios del día de hoy a dicho editorial.<br />
Comparto la parte inicial de este editorial cuando hace la descripción del drama que se vive actualmente en torno al tema de la inmigración en Europa. Pero no comparto los razonamientos que se hacen a partir de esa realidad. Se contraponen 500 millones de habitantes de Europa con algunos cientos de miles de inmigrantes que han entrado  en dicho continente, insinuándose que esta proporción no alcanza para provocar una crisis grave, y se sostiene que la actitud europea responde al “miedo absurdo a ver amenazada una identidad”, al “reflejo irracional”  que florece “a la sombra de la inseguridad cultural”.<br />
Se expresa: “No porque las fronteras se abran vendrá una avalancha de inmigrantes: no se emigra por el mero hecho de tener una frontera abierta en alguna parte. El estado de las fronteras no determina los flujos de población…” Con todo respeto, creo que existe una inconsistencia en este razonamiento. No hay dudas que las causas de la emigración son en primer lugar las circunstancias que vuelven insoportable la vida de la gente en su lugar de radicación, como las guerras, los cataclismos, las hambrunas, las persecuciones, etc, pero también lo es la intención de procurarse una mejor calidad de vida en otros lugares donde se vive mejor que donde se está, aún cuando en esos lugares de radicación no existan  esos hechos graves mencionados.<br />
Ahora bien,  tampoco puede haber dudas de que el estado de las fronteras incide fuertemente en la dimensión de ese flujo migratorio. Si a las causas migratorias se suma una frontera abierta, libre, el flujo migratorio puede multiplicarse por varias veces. Es una simple cuestión de sentido común. Si hay cientos de miles que están dispuestos arriesgar sus vidas, a caer en manos de traficantes, a pasar penurias con tal de escapar de donde están y llegar al destino soñado, muchos más van a ser si las fronteras se abren totalmente, y desaparece la necesidad  de llegar por vías clandestinas y corriendo muchos riesgos.<br />
A nadie le debería caber ninguna duda de que es necesario prestar ayuda humanitaria a quienes ya se encuentran en territorio europeo, no se puede dejar a la gente a la intemperie, sin alimentos, sin cuidados sanitarios, varados en estaciones de ferrocarril o deambulando por las carreteras. Y ello aun cuando la solución de tales problemas sea muy difícil, implique muchos sacrificios  y genere innumerables nuevos problemas a sortear por los Estados de acogida. Tampoco debería haber ninguna duda de que quienes de aquí en más soliciten ser acogidos en calidad de refugiados, se les debe aceptar, conforme a los principios de Derecho Internacional que sustentan los Estados europeos.<br />
Pero otra cosa bien distinta es abrir totalmente las fronteras, permitir que inmigren en Europa todos los habitantes del planeta que deseen hacerlo porque quieran mejorar su nivel de vida.  Recientes estudios demográficos señalan que la población del mundo, estimada en unos 7.500 millones de personas,  va a tener un crecimiento importante de aquí a fin de siglo. Cuando uno piensa en superpoblación, lo primero que le viene a la mente es India y China, y con razón. Pero las proyecciones que los demógrafos hacen de los actuales crecimientos de población dan que para fin de siglo África tendría el 40 por ciento de la población mundial… si todos sus habitantes se quedaran en África, si nadie emigrara, decimos nosotros.  Ahora bien, ¿cual sería la ruta natural de emigración de una población africana que sufre una superpoblación?  Como lo fue desde la prehistoria, las rutas naturales de emigración desde el África son el cercano oriente y Europa, no lo son ni el océano Atlántico, ni el Indico, ni rumbo al sur hacia la Antártida.  Esto en relación a África, también está la emigración desde el propio cercano oriente y desde otras regiones.<br />
¿No se ha pensado que el drama que se está viviendo en Europa podría ser apenas la punta de un iceberg, de enormes dimensiones?  No se trata de un pensamiento catastrofista, se trata de plantearse con realismo la necesidad de analizar sin temores tanto el presente como el futuro en el corto, mediano y largo plazo.<br />
Disponer con espíritu altruista y humanitario una apertura total de fronteras en Europa, conlleva la responsabilidad de prever de que manera los inmigrantes, si estos adquieren volúmenes importantes de millones o decenas de millones de personas, van a poder ser socorridos en sus necesidades básicas iniciales, alimentación, vivienda, salud y educación, y de que manera van a poder ser insertados en la sociedad europea, brindándoles puestos de trabajo, de forma de hacer sustentable su presencia, en una sociedad que tiene actualmente altas tasas de desocupación.<br />
Cuando se preconiza esa posición debe asumirse la responsabilidad de expresar  “COMO” se propone que ello se lleve a cabo, si realmente existiese esa posibilidad;  el no hacerlo le quita valor al planteo y solo conduce a crear una imagen negativa de las autoridades de la Comunidad Europea y de los Gobiernos de sus Estados miembros, conduce a ponerlos en el papel de “los malos de la película”. “Los buenos de la película” serían todos aquellos que manifiestan en forma genérica sus espíritus humanitarios y sus espíritus de libertad de fronteras, aunque no propongan ninguna solución concreta a los problemas que ello conlleva.<br />
Voy a referirme en comentario aparte a la situación de los refugiados sirios en Uruguay</p>
]]></content:encoded>
		
			</item>
		<item>
		<title>
		Por: Graciela Andreoli		</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/editorial/fronteras/#comment-2381</link>

		<dc:creator><![CDATA[Graciela Andreoli]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Sep 2015 23:40:45 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=7529#comment-2381</guid>

					<description><![CDATA[Rafael Mandressi gracias por tus entregas, por tu claridad y calidez al exponer temas tan terribles como este de los migrantes, siempre es un placer leer o escuchar tus editoriales.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Rafael Mandressi gracias por tus entregas, por tu claridad y calidez al exponer temas tan terribles como este de los migrantes, siempre es un placer leer o escuchar tus editoriales.</p>
]]></content:encoded>
		
			</item>
	</channel>
</rss>
