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	Comentarios en: Monumentos	</title>
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		Por: Juan Luzuriaga		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Luzuriaga]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Oct 2017 04:18:50 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Me parece muy oportuno el aporte del Sr. Mauricio Rabufetti. Lo que el describe es un fenómeno socio-cultural que se gestó desde los momentos finales de la Dictadura - 1983/1984 - que se consolidó en los noventa. Ese fenómeno socio-cultural es que más que antes, en forma individual, los ciudadanos se sienten con derecho a expresar y hacer lo que se les ocurre. Eso está muy bien, mientras no afecte a los demás. Los ejemplos están a la vista. Ensuciar las paredes de los vecinos con inscripciones tontas; molestar con canciones y música a elevado volumen sin permitir descansar tranquilo a moradores aledaños de bares; orinar en contenedores, etc. Esto  es algo que hacen cientos y miles de montevideanos  aprovechando el anonimato y la impunidad. No incluyo a los delincuentes  que aprovecharon primero y desvirtuaron después las celebraciones deportivas, para dedicarse a robar transeuntes, saquear comercios y realizar actos vándalicos ante bienes privados y públicos.
En ese panorama desalentador no es extraño que antisemitas infantiles ataquen el monumento al holocausto judio, como lo hicieron al memorial armenio hace un tiempo. Se me ocurre que la solución tiene dos componentes. Primero educar en valores y fomentarlos. Algo que ya se viene haciendo. Lo segundo, reprimir con mayor severidad que antes. Los resultados demuestran que solo con palabras la gente no modifica su conducta. Se debe por ejemplo, perseguir a los grafiteros y obligarlos a penas comunitarias serias. Por ejemplo, acompañar a la limpieza de grafitis por dos años. Los antisemitas tomados en delito: penas de prisión de 3 a 5 años. Si se debe reformar el código penal, que se haga. La ciudadanía quiere penas más severas para los infractores.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me parece muy oportuno el aporte del Sr. Mauricio Rabufetti. Lo que el describe es un fenómeno socio-cultural que se gestó desde los momentos finales de la Dictadura &#8211; 1983/1984 &#8211; que se consolidó en los noventa. Ese fenómeno socio-cultural es que más que antes, en forma individual, los ciudadanos se sienten con derecho a expresar y hacer lo que se les ocurre. Eso está muy bien, mientras no afecte a los demás. Los ejemplos están a la vista. Ensuciar las paredes de los vecinos con inscripciones tontas; molestar con canciones y música a elevado volumen sin permitir descansar tranquilo a moradores aledaños de bares; orinar en contenedores, etc. Esto  es algo que hacen cientos y miles de montevideanos  aprovechando el anonimato y la impunidad. No incluyo a los delincuentes  que aprovecharon primero y desvirtuaron después las celebraciones deportivas, para dedicarse a robar transeuntes, saquear comercios y realizar actos vándalicos ante bienes privados y públicos.<br />
En ese panorama desalentador no es extraño que antisemitas infantiles ataquen el monumento al holocausto judio, como lo hicieron al memorial armenio hace un tiempo. Se me ocurre que la solución tiene dos componentes. Primero educar en valores y fomentarlos. Algo que ya se viene haciendo. Lo segundo, reprimir con mayor severidad que antes. Los resultados demuestran que solo con palabras la gente no modifica su conducta. Se debe por ejemplo, perseguir a los grafiteros y obligarlos a penas comunitarias serias. Por ejemplo, acompañar a la limpieza de grafitis por dos años. Los antisemitas tomados en delito: penas de prisión de 3 a 5 años. Si se debe reformar el código penal, que se haga. La ciudadanía quiere penas más severas para los infractores.</p>
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