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	Comentarios en: Argentina recordó a Eva Perón a 70 años de su muerte	</title>
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		Por: Leonardo Nidingas		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonardo Nidingas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Jul 2022 22:46:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Argentina es un país formidable, tan parecido y tan diferente a Uruguay, dependiendo el aspecto que se mire. Uruguay y Argentina pasaron buena parte del S XIX siguiendo historias paralelas. Ambos países signados por la guerra civil entre unitarios/colorados europeístas, culturalmente afines a la modernidad, económicamente volcados al comercio y defensores del orden social aristocrático apoyado en el Estado y por otro los federales/blancos, tradicionalistas, culturalmente románticos, económicamente volcados a la economía primaria y defensores del orden caudillesco y la descentralización. Eso pasó en buena parte de América, porque en el fondo la guerra civil en USA no es otra cosa que un reflejo de esa lucha entre las elites más europeístas y las de corte más criollo. Cuando despuntó el SXX hubo una singularidad que constituyó de hecho lo que pienso que es la verdadera creación del Estado Uruguayo como cultura política diferenciada de la de las provincias argentinas. El batllismo inventa el Uruguay como proyecto político-social y con él inventa los derechos de los trabajadores organizados. Europeísta pero popular, es la síntesis de una modernidad no aristocrática, que apunta a crear un Estado de Bienestar poblado por ciudadanos iguales en derechos. 

Lamentablemente Argentina pasó expreso por el cambio de siglo y llegó al año 1930 con un primer presidente que tenía plataformas tan revolucionarias como no hacer fraude en las elecciones o empezar a pensar en los derechos de los trabajadores. Hipólito Irigoyen fue un político radical llega al gobierno para hacer tímidas reformas que en Uruguay habían sido mucho más profundas 20 años antes. Encaramado en su &quot;chusma irigoyenista&quot; y en una juventud harta del fraude, llega al gobierno con más esperanzas de las que plasmó en los hechos. Esa &quot;chusma irigoyenista&quot;, como gustaba llamarle a los conservadores, no era otra cosa que lo que luego el peronismo llamaría &quot;los descamisados&quot;, &quot;los cabecitas negras&quot; o lo que la derecha oligárquica simplemente llama &quot;los negros&quot;.  Porque en Argentina, país con casi nula mano de obra esclava proveniente de áfrica, &quot;negro&quot; es un calificativo despectivo que todo autopercibido aristócrata le espeta en el rostro a quien tiene la piel curtida por el trabajo manual y el rigor del sol.  Y la autopercepción de tener &quot;sangre azul&quot; es muy amplia, porque también incluye al &quot;medio pelo&quot; argentino del que tanto hablaba Arturo Jauretche. Ese medio pelo es lo que llaman &quot;la clase media argentina&quot;. Es el que cuando le roban los ahorros, se junta con &quot;los negros&quot; para ir a reventar a patadas la puerta del banco, pero que cuando le empieza a ir mejor el negro ya le vuelve a molestar. 

El &quot;negro&quot; es el obrero, el pobre, el que tiene en su árbol genealógico  indios o simplemente desciende de inmigrantes pobres que nunca lograron amasar una fortuna. No se puede entender el peronismo si no se entiende lo que tiene enfrente. Yo que soy materialista, filomarxista, que rechazo el discurso nacionalista e identitario, que me identifico con las ideas universalistas de la ilustración, no soy peronista --no podría serlo-- Pero respeto al peronismo y entiendo la necesidad de una parte del pueblo argentino que siempre ha estado tratada como servidumbre de identificarse con algo que se oponga a la Argentina que rechaza con desdén a sus hijos pobres.  El peronismo es malísimo, excepto por el antiperonismo, que es mucho peor. 

Volviendo a la figura de Eva y al primer gobierno de Perón, es imposible no reconocer que los derechos sociales y políticos de &quot;los negros&quot; existen intermitentemente y a regañadientes desde el primer peronismo. También es imposble negar que los pocos políticos que han tenido en Argentina un mínimo de cultura institucional son los radicales (me saco el sombrero con Alfonsín). El peronismo entiende la cuestión social, pero no cree en las instituciones y esa es la tragedia argentina. Ese es el gran aporte del batllismo: ocuparse de la cuestión social creando instituciones y ciudadanía. La fundación Eva Perón, por muy justa que fuera su obra, no dejaba de ser una tienda de milagros donde peregrinar a pedir favores en persona. En el fondo no creaba ciudadanos sino clientes. ¿Pero qué había como alternativa? Es muy fácil guardar los principios con la panza llena, pero el principismo con hambre es un poco más difícil.

Para terminar, no puedo menos que revelarme contra la justificación que hace Abal de Aramburu y de &quot;la libertadora&quot;, una mascarada que se preanunció hasta con un bombardeo de sus propios ciudadanos hecho por su propia fuerza aérea.  Ese general que reprimió a estudiantes y profesores como él, en la infame &quot;noche de los bastones largos&quot; no creo que merezca la menor consideración.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Argentina es un país formidable, tan parecido y tan diferente a Uruguay, dependiendo el aspecto que se mire. Uruguay y Argentina pasaron buena parte del S XIX siguiendo historias paralelas. Ambos países signados por la guerra civil entre unitarios/colorados europeístas, culturalmente afines a la modernidad, económicamente volcados al comercio y defensores del orden social aristocrático apoyado en el Estado y por otro los federales/blancos, tradicionalistas, culturalmente románticos, económicamente volcados a la economía primaria y defensores del orden caudillesco y la descentralización. Eso pasó en buena parte de América, porque en el fondo la guerra civil en USA no es otra cosa que un reflejo de esa lucha entre las elites más europeístas y las de corte más criollo. Cuando despuntó el SXX hubo una singularidad que constituyó de hecho lo que pienso que es la verdadera creación del Estado Uruguayo como cultura política diferenciada de la de las provincias argentinas. El batllismo inventa el Uruguay como proyecto político-social y con él inventa los derechos de los trabajadores organizados. Europeísta pero popular, es la síntesis de una modernidad no aristocrática, que apunta a crear un Estado de Bienestar poblado por ciudadanos iguales en derechos. </p>
<p>Lamentablemente Argentina pasó expreso por el cambio de siglo y llegó al año 1930 con un primer presidente que tenía plataformas tan revolucionarias como no hacer fraude en las elecciones o empezar a pensar en los derechos de los trabajadores. Hipólito Irigoyen fue un político radical llega al gobierno para hacer tímidas reformas que en Uruguay habían sido mucho más profundas 20 años antes. Encaramado en su "chusma irigoyenista" y en una juventud harta del fraude, llega al gobierno con más esperanzas de las que plasmó en los hechos. Esa "chusma irigoyenista", como gustaba llamarle a los conservadores, no era otra cosa que lo que luego el peronismo llamaría "los descamisados", "los cabecitas negras" o lo que la derecha oligárquica simplemente llama "los negros".  Porque en Argentina, país con casi nula mano de obra esclava proveniente de áfrica, "negro" es un calificativo despectivo que todo autopercibido aristócrata le espeta en el rostro a quien tiene la piel curtida por el trabajo manual y el rigor del sol.  Y la autopercepción de tener "sangre azul" es muy amplia, porque también incluye al "medio pelo" argentino del que tanto hablaba Arturo Jauretche. Ese medio pelo es lo que llaman "la clase media argentina". Es el que cuando le roban los ahorros, se junta con "los negros" para ir a reventar a patadas la puerta del banco, pero que cuando le empieza a ir mejor el negro ya le vuelve a molestar. </p>
<p>El "negro" es el obrero, el pobre, el que tiene en su árbol genealógico  indios o simplemente desciende de inmigrantes pobres que nunca lograron amasar una fortuna. No se puede entender el peronismo si no se entiende lo que tiene enfrente. Yo que soy materialista, filomarxista, que rechazo el discurso nacionalista e identitario, que me identifico con las ideas universalistas de la ilustración, no soy peronista &#8211;no podría serlo&#8211; Pero respeto al peronismo y entiendo la necesidad de una parte del pueblo argentino que siempre ha estado tratada como servidumbre de identificarse con algo que se oponga a la Argentina que rechaza con desdén a sus hijos pobres.  El peronismo es malísimo, excepto por el antiperonismo, que es mucho peor. </p>
<p>Volviendo a la figura de Eva y al primer gobierno de Perón, es imposible no reconocer que los derechos sociales y políticos de "los negros" existen intermitentemente y a regañadientes desde el primer peronismo. También es imposble negar que los pocos políticos que han tenido en Argentina un mínimo de cultura institucional son los radicales (me saco el sombrero con Alfonsín). El peronismo entiende la cuestión social, pero no cree en las instituciones y esa es la tragedia argentina. Ese es el gran aporte del batllismo: ocuparse de la cuestión social creando instituciones y ciudadanía. La fundación Eva Perón, por muy justa que fuera su obra, no dejaba de ser una tienda de milagros donde peregrinar a pedir favores en persona. En el fondo no creaba ciudadanos sino clientes. ¿Pero qué había como alternativa? Es muy fácil guardar los principios con la panza llena, pero el principismo con hambre es un poco más difícil.</p>
<p>Para terminar, no puedo menos que revelarme contra la justificación que hace Abal de Aramburu y de "la libertadora", una mascarada que se preanunció hasta con un bombardeo de sus propios ciudadanos hecho por su propia fuerza aérea.  Ese general que reprimió a estudiantes y profesores como él, en la infame "noche de los bastones largos" no creo que merezca la menor consideración.</p>
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