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	Comentarios en: Editorial quitó expresiones “ofensivas” y no inclusivas de libros infantiles de Roald Dahl	</title>
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		<title>
		Por: Raquel García Borsani		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Raquel García Borsani]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Feb 2023 15:49:35 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Muy buena discusión, gracias.
Comparto casi todo lo dicho, y lo apuntado más arriba por Leonardo Nidingas y especialmente lo expuesto por Pérez del Castillo sobre las terribles consecuencias cada vez que una iniciativa de lo “políticamente correcto“ cae en manos de extremistas (ignorantes), cuyo accionar propaga nuevos prejuicios.
Además, la censura de pasajes de buenos libros (como los de R. Dahl, entre muchos) se da hoy lamentable, crecientemente, en la literatura y en TODO el arte, también el no destinado a la infancia. Es un rasgo de la ignorante, hoy triunfante cultura del declarar (se) ofendido/victimizado/discriminado, y que pretende remediar males sociales suprimiendo palabras (o corrigiendo declinaciones gramaticales) que la lengua necesita porque la realidad pide ser nombrada, y negando la historia y el pasado, salvo para injustamente castigar a los descendientes de perpetradores de siglos pasados. Para gran parte del género humano el rol de víctima es redituable, muy cómodo.
También comparto que las palabras generalmente son ofensivas sólo si ofender es la intención del hablante y en su contexto (ejemplos en el habla de parte de la sociedad uruguaya por lo menos hasta 1995: adjetivos/nombres/apelativos “negro“, “viejo“, “vieja“, “flaco“, etc.; ejemplo en el habla de parte de la sociedad peruana hasta hoy: “cholo“).
Los buenos lectores de cualquier edad serán críticos de lo que leen. 
Como bien sugiere una oyente, si se decide modificar (icorregir!, qué horror) un texto literario, debería advertirse al lector: “versión adaptada“, etc etc]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muy buena discusión, gracias.<br />
Comparto casi todo lo dicho, y lo apuntado más arriba por Leonardo Nidingas y especialmente lo expuesto por Pérez del Castillo sobre las terribles consecuencias cada vez que una iniciativa de lo “políticamente correcto“ cae en manos de extremistas (ignorantes), cuyo accionar propaga nuevos prejuicios.<br />
Además, la censura de pasajes de buenos libros (como los de R. Dahl, entre muchos) se da hoy lamentable, crecientemente, en la literatura y en TODO el arte, también el no destinado a la infancia. Es un rasgo de la ignorante, hoy triunfante cultura del declarar (se) ofendido/victimizado/discriminado, y que pretende remediar males sociales suprimiendo palabras (o corrigiendo declinaciones gramaticales) que la lengua necesita porque la realidad pide ser nombrada, y negando la historia y el pasado, salvo para injustamente castigar a los descendientes de perpetradores de siglos pasados. Para gran parte del género humano el rol de víctima es redituable, muy cómodo.<br />
También comparto que las palabras generalmente son ofensivas sólo si ofender es la intención del hablante y en su contexto (ejemplos en el habla de parte de la sociedad uruguaya por lo menos hasta 1995: adjetivos/nombres/apelativos “negro“, “viejo“, “vieja“, “flaco“, etc.; ejemplo en el habla de parte de la sociedad peruana hasta hoy: “cholo“).<br />
Los buenos lectores de cualquier edad serán críticos de lo que leen.<br />
Como bien sugiere una oyente, si se decide modificar (icorregir!, qué horror) un texto literario, debería advertirse al lector: “versión adaptada“, etc etc</p>
]]></content:encoded>
		
			</item>
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		<title>
		Por: Leonardo Nidingas		</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/la-mesa/editorial-quito-expresiones-ofensivas-y-no-inclusivas-de-libros-infantiles-de-roald-dahl/#comment-273914</link>

		<dc:creator><![CDATA[Leonardo Nidingas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Feb 2023 02:58:23 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Es la teoría de la &quot;visibilidad&quot;. La creencia de que las ideas que existen, existen porque tienen visibilidad. Cuando se logre invisibilizar una forma de pensamiento, entonces ya a  nadie se le va a ocurrir pensar así. Enfrente a esta forma de pensamiento mágico está la idea, mucho más compleja, de exponerse a la visión de ideas que no se comparten y debatir con ellas. El problema en esto no es defender el derecho a ser políticamente correcto, que es por definición pensar y decir lo que la gente quiere escuchar. El problema es garantizar el derecho a decir cosas impopulares. A la gente que no soporta la menor contrariedad intelectual o emocional esto la  desestabiliza y por eso luchan por un mundo que no agreda su sentido común. Lo hacen imponiendo para el mundo una escenografía negadora de la contradicción y el conflicto. Frente a eso, la reacción madura debería buscar leer estos autores &quot;en su jugo&quot; y contextualizar lo que leen. Ese esfuerzo intelectual de comprender otras formas de pensamiento --quizá legitimadas en el pasado y hoy felizmente no-- para poderlas criticar hace crecer a quien lo hace y comprender mejor porqué piensa como piensa. Meterse en una caparazón para negar esa realidad crea una sociedad de gente inmadura, frágil y a la postre intolerante. El acostumbrarse a la censura de cosas que nos desestabilizan puede parecer censurar pocas y muy malas cosas, pero de tomarle el gustito a ese confort intelectual, se termina llegando a una distopía. Las zonas de confort nunca son un buen espacio para que habite el pensamiento.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es la teoría de la "visibilidad". La creencia de que las ideas que existen, existen porque tienen visibilidad. Cuando se logre invisibilizar una forma de pensamiento, entonces ya a  nadie se le va a ocurrir pensar así. Enfrente a esta forma de pensamiento mágico está la idea, mucho más compleja, de exponerse a la visión de ideas que no se comparten y debatir con ellas. El problema en esto no es defender el derecho a ser políticamente correcto, que es por definición pensar y decir lo que la gente quiere escuchar. El problema es garantizar el derecho a decir cosas impopulares. A la gente que no soporta la menor contrariedad intelectual o emocional esto la  desestabiliza y por eso luchan por un mundo que no agreda su sentido común. Lo hacen imponiendo para el mundo una escenografía negadora de la contradicción y el conflicto. Frente a eso, la reacción madura debería buscar leer estos autores "en su jugo" y contextualizar lo que leen. Ese esfuerzo intelectual de comprender otras formas de pensamiento &#8211;quizá legitimadas en el pasado y hoy felizmente no&#8211; para poderlas criticar hace crecer a quien lo hace y comprender mejor porqué piensa como piensa. Meterse en una caparazón para negar esa realidad crea una sociedad de gente inmadura, frágil y a la postre intolerante. El acostumbrarse a la censura de cosas que nos desestabilizan puede parecer censurar pocas y muy malas cosas, pero de tomarle el gustito a ese confort intelectual, se termina llegando a una distopía. Las zonas de confort nunca son un buen espacio para que habite el pensamiento.</p>
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