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	Comentarios en: Noticias del viernes 26 de agosto de 2016	</title>
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		Por: washington scaniello		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[washington scaniello]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Aug 2016 04:53:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[A propósito de la segunda nota de la Mesa, pido permiso y digo:


El señor Senador aparentemente carece (¿por desidia o abandono? ¿por falta de tiempo?  ¿por razones subliminales o inefables? ¿por supuesta ineptitud, simplemente?...), aparentemente carece, decía, del carisma de sus mayores. Aquellos mayores, que sí lo tuvieron, y muy de sobra.
Sin embargo, este hombre devenido (¿acaso como un santo varón?; ¿acaso como un tragicómico demonio?; ¿tal vez como un error o como otra de las tan jodidas y encubiertas engañifas humanas que acaparan el tinglado de tanto en tanto…?) en líder de una colectividad política acerca de la que cualquiera (Yo no) podría inclinarse de hinojos en homenaje a sus preciosos y envidiables antecedentes históricos, tiene, según advierto, al igual que tantos advierten, una virtud: no se calla. Mejor dicho: no sabe callar. No cierra la boca. Y cuando la abre, perora con pena y sin gloria, y cuando la cierra es que está dedicado a ejercicios físicos o columpiándose horizontalmente sobre cualquier palo a su medida para exhibir su estado atlético y “una de las virtudes” de que se jacta y que lo han hecho popular: colgarse tieso, cual una bandera…

Y cuando este señor senador abre su boca, ¡cuidado!: todos (es decir, sus adláteres, o beneficiarios de su fatua magistratura política), deben prestarle atención. Porque él lidera, marca el rumbo y enciende los ánimos...

¡Atencion!, el Señor Senador va a decir algo. 
-	¿Qué dirá?
-	¡Va a ser algo importante, algo muy trascendental! Porque este Senador, nuestro Senador no habla macanas, tiene ideas muy claras… Y todo lo que encara es medular

Pero basta de preámbulos, y oigamos, al menos, dos de los más importantes asuntos de la agenda programática –y medular- del señor Senador:

-	Lo más importante, correligionarios, es insistir en el cambio de ministros. En particular, “ese” ministro; ese hombre es tétrico, no conoce su oficio, ha sido un fiasco, ha fracasado rotundamente en su gestión y debe renunciar o ser puesto de patitas en la calle… De lo contrario, no tiene objeto conversar de ningún asunto con el Gobierno, y

-	Ese hombre que dice haber estudiado tal cosa, pero no muestra el título de la cosa, no tiene jerarquía, ni facultades ni autoridad para ejercer el cargo que actualmente detenta (¡Ay!, pequeño, dijiste detenta… ¿sabés lo que quiere decir “detenta”?) ni para haber estado al frente de una empresa que arruinó… ¡Y mucho menos para hablar en un acto patrio!

(¡Aplausos!, se oyen aplausos hasta que se desinflan los globos, revientan las pompitas y todos bajan las cabezas; ¡avergonzadas cabezas!)

Uno se pregunta, y ahora finalmente muy en serio: ¿qué dirían, qué opinarían el magnífico y envidiable Aparicio o el enorme patriarca, Don Luis Alberto, acerca de este minúsculo personaje, básicamente un tilingo algo aristocrático, insuflado de poder y vacío de contenido por los siglos de los siglos?
Saludos]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A propósito de la segunda nota de la Mesa, pido permiso y digo:</p>
<p>El señor Senador aparentemente carece (¿por desidia o abandono? ¿por falta de tiempo?  ¿por razones subliminales o inefables? ¿por supuesta ineptitud, simplemente?&#8230;), aparentemente carece, decía, del carisma de sus mayores. Aquellos mayores, que sí lo tuvieron, y muy de sobra.<br />
Sin embargo, este hombre devenido (¿acaso como un santo varón?; ¿acaso como un tragicómico demonio?; ¿tal vez como un error o como otra de las tan jodidas y encubiertas engañifas humanas que acaparan el tinglado de tanto en tanto…?) en líder de una colectividad política acerca de la que cualquiera (Yo no) podría inclinarse de hinojos en homenaje a sus preciosos y envidiables antecedentes históricos, tiene, según advierto, al igual que tantos advierten, una virtud: no se calla. Mejor dicho: no sabe callar. No cierra la boca. Y cuando la abre, perora con pena y sin gloria, y cuando la cierra es que está dedicado a ejercicios físicos o columpiándose horizontalmente sobre cualquier palo a su medida para exhibir su estado atlético y “una de las virtudes” de que se jacta y que lo han hecho popular: colgarse tieso, cual una bandera…</p>
<p>Y cuando este señor senador abre su boca, ¡cuidado!: todos (es decir, sus adláteres, o beneficiarios de su fatua magistratura política), deben prestarle atención. Porque él lidera, marca el rumbo y enciende los ánimos&#8230;</p>
<p>¡Atencion!, el Señor Senador va a decir algo.<br />
&#8211;	¿Qué dirá?<br />
&#8211;	¡Va a ser algo importante, algo muy trascendental! Porque este Senador, nuestro Senador no habla macanas, tiene ideas muy claras… Y todo lo que encara es medular</p>
<p>Pero basta de preámbulos, y oigamos, al menos, dos de los más importantes asuntos de la agenda programática –y medular- del señor Senador:</p>
<p>&#8211;	Lo más importante, correligionarios, es insistir en el cambio de ministros. En particular, “ese” ministro; ese hombre es tétrico, no conoce su oficio, ha sido un fiasco, ha fracasado rotundamente en su gestión y debe renunciar o ser puesto de patitas en la calle… De lo contrario, no tiene objeto conversar de ningún asunto con el Gobierno, y</p>
<p>&#8211;	Ese hombre que dice haber estudiado tal cosa, pero no muestra el título de la cosa, no tiene jerarquía, ni facultades ni autoridad para ejercer el cargo que actualmente detenta (¡Ay!, pequeño, dijiste detenta… ¿sabés lo que quiere decir “detenta”?) ni para haber estado al frente de una empresa que arruinó… ¡Y mucho menos para hablar en un acto patrio!</p>
<p>(¡Aplausos!, se oyen aplausos hasta que se desinflan los globos, revientan las pompitas y todos bajan las cabezas; ¡avergonzadas cabezas!)</p>
<p>Uno se pregunta, y ahora finalmente muy en serio: ¿qué dirían, qué opinarían el magnífico y envidiable Aparicio o el enorme patriarca, Don Luis Alberto, acerca de este minúsculo personaje, básicamente un tilingo algo aristocrático, insuflado de poder y vacío de contenido por los siglos de los siglos?<br />
Saludos</p>
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