Entrevista central, jueves 22 de diciembre: Daniel Sturla

EC —Tengo una cantidad de mensajes de oyentes, algunos a favor, otros en contra, otros con preguntas. Me llama la atención este, de Brigitte, de Colonia Valdense, que dice: “Somos muchos los cristianos no católicos que celebramos esa iniciativa de las balconeras”.

DS —Me alegro, y he tenido varios testimonios en ese sentido, de cristianos de otras confesiones que dicen qué bueno y que incluso han colocado la balconera en sus casas. Es una alegría.

EC —Yo dije más temprano que esta es una de cinco acciones promovidas por la Arquidiócesis de Montevideo. Veamos las otras.

DS —La primera fue realizar el Rosario de la Aurora, que es una tradición muy antigua, en la Novena de la Inmaculada. Cuando hay una gran fiesta cristiana, los nueve días previos suelen ser días de preparación, hay algún tipo de acontecimiento, celebración, etcétera; eso es la novena. La gran Virgen de la tradición española –de la tradición uruguaya también– era el 8 de diciembre con la Inmaculada Concepción de María, una fiesta mariana de honda raigambre española. Ahí estaba el “ave María purísima”, que era el saludo de nuestros paisanos y de los serenos, en la noche.

Entonces en los nueve días previos se realizó el rezo del rosario en la mañana temprano –no era muy aurora porque ya había amanecido, era 7.30 de la mañana– en cuatro puntos de la ciudad de Montevideo: uno en el santuario nacional de Villa Colón, otro en la Gruta de Lourdes, otro en Medalla Milagrosa en la Unión y el cuarto en la rambla, en la Aduana de Oribe, donde hacemos el Rosario de la Familia en enero.

EC —El lugar donde se procura la instalación de la imagen de la Virgen, que tanta polémica ha generado.

DS —Exacto. Donde queremos, y todavía tenemos esperanza de que podamos, en esta sociedad plural, tener la imagen de la Virgen María en la rambla. El Rosario de la Aurora fue también muy participado, hubo mucha gente, muchas familias, fue hermosísimo en los cuatro lugares donde se hizo. Ese fue el primer punto.

El segundo punto era llevar los niños Jesús de los pesebres a las parroquias para ser bendecidos, en este fin de semana que pasó. El otro punto era que la familia o la comunidad cristiana hiciera una obra de misericordia, acabamos de terminar el Año Santo de la Misericordia que convocó el papa Francisco, una obra de misericordia, una obra de caridad, un gesto fraterno, hacia aquel que necesita. Y el cuarto punto era el que para mí tiene más importancia, que es que se distribuyó abundantemente una oración para hacer en la Nochebuena en las familias. Una oración muy sencilla, podrá durar 10 minutos, para que la familia tenga un momento de reflexión en torno al pesebre en el momento previo a la cena o a las 12 y se coloque el Niño Jesús en el pesebre de cada casa.

EC —Esa es una recomendación para la Nochebuena, la noche previa a la Navidad, que se coloque al Niño Jesús en el pesebre, porque ahí es el nacimiento.

DS —Exacto, es una tradición muy rica, en que el pesebre se arma pero sin el Niño Jesús, que se coloca el 24 de noche.

EC —Mirado desde afuera y con frialdad, es un ritual casi elemental, muy lógico. Sin embargo, por lo visto, no se estaba siguiendo o no se estaba siguiendo con suficiente presencia en las familias uruguayas. Es colocar al Niño Jesús en su lugar en doble sentido, en su lugar en el pesebre y en su lugar en la celebración, desplazando a Papá Noel, dándole el centro a quien es efectivamente el protagonista, el motivo de la fiesta.

DS —Exacto, celebrar el cumpleaños con el que cumple años, celebrar la fiesta de Navidad con Jesús, porque es su nacimiento lo que celebramos. Casi todas las familias uruguayas, también la mía, tienen cristianos y no cristianos…

EC —Eso iba a preguntarle, porque entiendo la idea de la oración, de que existía en la reunión familiar de la Nochebuena esa oración, que también contribuya a resignificar la fecha y la celebración. Pero ¿cómo se hace en la realidad de la sociedad uruguaya, donde todas las familias están mezcladas?

DS —Creo que es, ojalá que sea, un momento no de discusión, no de imposición –menos–, sino un momento plural, en que todos nos reencontremos con el sentido profundo de la fiesta, porque el Niño Jesús, más allá de la fe cristiana, tiene un sentido profundo que nos une en la posibilidad de decir que hay una realidad espiritual que es más fuerte que la realidad material. Hay un mensaje que trae este niño que es de un amor impresionante, hay un mensaje de paz que está unido; recordemos que el canto de los ángeles en esa noche es “gloria a Dios en la Tierra y paz a los hombres de buena voluntad”. Creo que eso nos puede unir. Yo contaba la experiencia de la Navidad en mi familia hace unos años, yo era cura joven y estaba un personaje muy conocido del Uruguay, el doctor Gamarra, el suegro de mi hermana, que me decía “qué bueno que tú digas algo en el momento de la Navidad”.

EC —No lo decía un católico.

DS —Exacto, una persona no católica me decía que teníamos que darle un sentido más allá de lo material, con mis sobrinos chicos abriendo regalos, pero tenía que tener un sentido espiritual la Navidad, más allá del sentido creyente que tiene.

EC —¿Qué recomendación hace para las familias que tengan esas distintas realidades? ¿Cómo se hace esa oración que está proponiendo?

DS —Me parece que tiene que haber una invitación cordial a un momento de oración y reflexión en torno al acontecimiento central de ese día, que es el nacimiento de Jesús. Yo tengo en mi recuerdo un episodio que para mí fue fantástico. A la salida de la dictadura se había creado en Uruguay la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que presidía una figura católica destacadísima, que era el arquitecto Horacio Terra Arocena, ya mayor. Cuando la muerte de aquel médico de San Javier, Vladimir Roslik, el doctor Zumarán hizo esta anécdota: la comisión se reunió en forma urgente –estamos hablando del año 84– y ahí Terra Arocena le dijo a la gente de la comisión, que eran todos unos señorones muy importantes: “el tiempo nos urge, tenemos que tomar una resolución rápida, así que los invito a hacer un momento de pausa, de oración para los creyentes o de reflexión para los que no lo son, para que tomemos la decisión más adecuada”. Creo que ese gesto de delicadeza y de espiritualidad en la urgencia de la medida que había que tomar refleja lo que ojalá ocurra en las familias cristianas. En general en todas las familias uruguayas hay cristianos y no cristianos, y se puede hacer un momento de oración o de reflexión en torno al hecho que se celebra.

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Rodrigo Abelenda

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