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	Comentarios en: Jaime Yavitz (1933-2016)Un hombre de teatro con vocación de fuego	</title>
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	<description>¡Viva la radio!</description>
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		Por: washington scaniello		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[washington scaniello]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Jul 2016 04:48:56 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Si me permiten, voy a recordar a nuestro querido Jaime Yavitz a través de una trivia, o simple anécdota que involucra al actor y a un cuidacoches muy atípico que alguna vez trabajó varios años en la calle Bartolomé Mitre, al suroeste del Teatro Solís.
El cuidacoches me la contó así:
-	Hace unos minutos, no más, se fue Yavitz
-	-¿El de la Comedia?
-	¿Y quién, si no?
-	¿Y…?
-	Casi me hizo mear de risa, pero cuando se fue me quedé pensando…
-	¿Por?
-	Oí esto: lo veo dar vuelta desde Reconquista, confiado en que tiene su lugar en el “reservado” del Solís, pero no hay. Lo ubico enfrente, donde hay que pagar. Estaciona, me arrimo, le explico y me pide que ponga tarjeta de estacionamiento cada vez que sea necesario. Abre la puerta, se esfuerza en descender porque la pierna le duele, llega al suelo y pisa lo que no debe pisar. 
-	¡Merd!, ¡mierda, esto es mierda!
-	Parece yerba, le digo.
-	No me discutas, ¡es mierda!
No quise discutir, reí para adentro y cambié el tema. 
-	¿Tenés ensayo, hoy?
-	No, no hay ensayo, voy a una reunión general, tipo asamblea. Y vengo con varias ideas, un buen proyecto para hacer cambios y mejoras. Espero que acepten discutirlo, por lo menos… ¡ha!, y ahora que caigo, me siento más alentado después de haber pisado mierda… ¡es de buen agüero! En fija que tengo suerte… Voy a demorar como tres o cuatro horas, no te me distraigas con el “parking”
-	¡No, Jaime!, no tengas cuidado.

Lo vi salir de Bacacay y cruzar Buenos Aires mucho antes de lo que previó. Lo esperé al lado del auto. Avanzaba con la misma dificultad que yo sabía, más una expresión rara, distante, diferente de su natural jovial. Se acercó, muy serio, arreglamos cuentas –que sólo eran mis honorarios profesionales- subió al vehículo, acomodó el cuerpo, me miró con una sonrisa que no disimulaba la amargura y dijo:
-	Vos tenías razón, ¡era yerba, no más!

W.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si me permiten, voy a recordar a nuestro querido Jaime Yavitz a través de una trivia, o simple anécdota que involucra al actor y a un cuidacoches muy atípico que alguna vez trabajó varios años en la calle Bartolomé Mitre, al suroeste del Teatro Solís.<br />
El cuidacoches me la contó así:<br />
&#8211;	Hace unos minutos, no más, se fue Yavitz<br />
&#8211;	-¿El de la Comedia?<br />
&#8211;	¿Y quién, si no?<br />
&#8211;	¿Y…?<br />
&#8211;	Casi me hizo mear de risa, pero cuando se fue me quedé pensando…<br />
&#8211;	¿Por?<br />
&#8211;	Oí esto: lo veo dar vuelta desde Reconquista, confiado en que tiene su lugar en el “reservado” del Solís, pero no hay. Lo ubico enfrente, donde hay que pagar. Estaciona, me arrimo, le explico y me pide que ponga tarjeta de estacionamiento cada vez que sea necesario. Abre la puerta, se esfuerza en descender porque la pierna le duele, llega al suelo y pisa lo que no debe pisar.<br />
&#8211;	¡Merd!, ¡mierda, esto es mierda!<br />
&#8211;	Parece yerba, le digo.<br />
&#8211;	No me discutas, ¡es mierda!<br />
No quise discutir, reí para adentro y cambié el tema.<br />
&#8211;	¿Tenés ensayo, hoy?<br />
&#8211;	No, no hay ensayo, voy a una reunión general, tipo asamblea. Y vengo con varias ideas, un buen proyecto para hacer cambios y mejoras. Espero que acepten discutirlo, por lo menos… ¡ha!, y ahora que caigo, me siento más alentado después de haber pisado mierda… ¡es de buen agüero! En fija que tengo suerte… Voy a demorar como tres o cuatro horas, no te me distraigas con el “parking”<br />
&#8211;	¡No, Jaime!, no tengas cuidado.</p>
<p>Lo vi salir de Bacacay y cruzar Buenos Aires mucho antes de lo que previó. Lo esperé al lado del auto. Avanzaba con la misma dificultad que yo sabía, más una expresión rara, distante, diferente de su natural jovial. Se acercó, muy serio, arreglamos cuentas –que sólo eran mis honorarios profesionales- subió al vehículo, acomodó el cuerpo, me miró con una sonrisa que no disimulaba la amargura y dijo:<br />
&#8211;	Vos tenías razón, ¡era yerba, no más!</p>
<p>W.</p>
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