<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Felipe Flores Silva Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
	<atom:link href="https://enperspectiva.uy/tag/felipe-flores-silva/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://enperspectiva.uy/tag/felipe-flores-silva/</link>
	<description>¡Viva la radio!</description>
	<lastBuildDate>Fri, 19 Aug 2016 22:05:40 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	

<image>
	<url>https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2024/02/cropped-channels4_profile-32x32.jpg</url>
	<title>Felipe Flores Silva Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
	<link>https://enperspectiva.uy/tag/felipe-flores-silva/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Concurso de CuentosErrores que no hay que cometer a la hora de escribir un cuento</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentoserrores-que-no-hay-que-cometer-a-la-hora-de-escribir-un-cuento/</link>
					<comments>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentoserrores-que-no-hay-que-cometer-a-la-hora-de-escribir-un-cuento/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Izmirlian]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Aug 2016 12:38:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[concurso de cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Flores Silva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=22537</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Felipe Flores Silva /// Esta nota es continuación de la nota: Qué es la literatura, título rimbombante, si los...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentoserrores-que-no-hay-que-cometer-a-la-hora-de-escribir-un-cuento/">&lt;em&gt;Concurso de Cuentos&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Errores que no hay que cometer a la hora de escribir un cuento</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Felipe Flores Silva ///</p>
<p>Esta nota es continuación de la nota: <a href="https://www.enperspectiva.net/en-perspectiva-radio/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentosque-es-la-literatura-por-felipe-flores-silva/" target="_blank"><em>Qué es la literatura</em></a>, título rimbombante, si los hay. Doy por sentado que quienes lean ésta, antes habrán leído la otra, si no podría ocurrir que mucho de lo que aquí se diga no se entienda totalmente. La razón de separarlas es por un criterio modular. Me parece que puede haber quienes quieran leer directamente ésta, no necesitando la introducción, y me imagino que si cada una de por sí ya es suficientemente larga, juntas compondrían casi un libro (aunque por cierto soy de los que piensan que los libros no muerden). Ambas son notas de divulgación, escritas no para académicos, sino como apoyo a quienes deseen escribir y necesiten una mínima orientación, y a pedido de la producción del <em>Concurso de Cuentos Breves</em> de <strong>En Perspectiva</strong>.</p>
<p>Como vengo de releer la primera nota, quiero hacer dos breves precisiones. En los ejemplos que nombré al pasar de aspectos que pueden complacer al lector (buena historia, aciertos sintácticos, figuras literarias, etc.) omití los para mí más importantes: las descripciones o elementos que sirvan a la definición de las atmósferas donde ocurren las historias, y el tratamiento de los caracteres de los personajes. Sobre esto abundaré –espero– más adelante. La otra precisión es que cuando termino diciendo que quien desee escribir debe de estar dispuesto, obligado, a tratar de dejar algo de sí en el otro, no estoy poniendo al narrador en la obligación de enseñarle nada a la humanidad. Si no, sería demasiado difícil escribir. Es decir, no hay que plantearse: “si Cervantes amplió el paradigma de significados con el adjetivo ‘quijotesco’, ¿qué otro adjetivo puedo inventar yo?”. Hay que simplemente sentir esa cosa tan personal de querer darle forma a algo que surgió en uno y que demanda que se le dé forma. Es como haber quedado embarazado. Sentir un hijo en las entrañas que puja por salir. Y como todo parto, requiere de un gran esfuerzo. Recuerdo que en <em>El pozo</em>, Onetti (cito de memoria) dice algo parecido, en el sentido de que la literatura solo vale si se la toma como el último manotón de ahogado. Eso para mí es importante, leer a alguien que me habla desde las entrañas y no como alternativa entre sentarse a talentear desde una máquina de escribir o servirse un té con leche y ponerse a jugar a las cartas. Pero, no es la única receta, si no todos los que quisieran escribir tendrían que empezar por desnudarse e irse a vivir debajo de un puente con una hoja y un lápiz (la soberbia crítica moderna –me refiero a la uruguaya– habla con desdén de esta postura, como extremista, será por eso que desde Onetti nadie aquí ha escrito nada que valga la pena). En cambio, sí, me exaspera descubrir lo contrario: el demagogo, el que busca el aplauso fácil, el que escribe no para sí, sino para lo que cree que le gustaría oír al otro. Esos son mercenarios del lenguaje y no voy a nombrar a ninguno para no herir sensibilidades.</p>
<p>No deseo abundar más en el tema, para no apartarme de mi plan y terminar con una tercera nota por escribir. Tal vez una de las formas de explicar mejor qué se debe hacer es diciendo qué no se debe hacer. Me viene a la memoria ahora el comentario de Maggi sobre la barra del café Metro. Decía que era despiadada y que una vez Ángel Rama se puso a leer una novela que había escrito, y al terminar se hizo un silencio y Mario Arregui le espetó: “¿y eso, para qué?”, con lo cual mató a la única novela que Ángel escribió en su vida. Yo no quiero matar la inspiración de nadie, aparte de que los zapatos de Mario Arregui me quedan tan grandes que me darían para meterme con la cabeza y todo adentro. Solo pretendo, humildemente, orientar sobre errores que no hay que cometer a la hora de ponerse a escribir, sin extremismos, porque en definitiva lo más importante de todo es leer mucho y escribir mucho y olvidarse de mí.</p>
<p>Voy a situarme entonces –como está dicho– en el escenario de un concurso de cuentos breves, con consigna. Un concurso de literatura, en el cual, sin generalizar, entiendo que ocurre mucho ese facilismo de poner una consigna o tema sobre el cual el cuento debe versar, sin demasiada orientación (ignoro siquiera si corresponde que se oriente, pero es lo que mi experiencia me indica que debería hacerse). El cuento ya de por sí plantea muchos problemas. El propio Mario Arregui, uno de nuestros mejores cuentistas, decía que en realidad a él solo le había salido bien un cuento, y había otro que “arrimaba”. A diferencia de la novela, corta o larga, el cuento narra un episodio puntual, en el cual la historia debe de ser única y cerrarse en sí misma. En la novela, no necesariamente hay historia. Las hay en las que el avance de la acción es capital, el argumento, y las hay en las que la historia es casi una justificación para pintar atmósferas y personajes. De acuerdo a la clasificación que parte de Ferdinand de Saussure, las primeras son narraciones sintagmáticas, las segundas paradigmáticas. Las nociones de sintagma y paradigma, tan importantes para el análisis estructural del relato y para la definición de metáfora y metonimia, trataré de explicarlas de la forma más simple posible. Todo significado puede valorarse en función del significado que le sigue en el discurso (sintagma) o puede valorarse en función de todos los significados del paradigma de significados que no están presentes, porque el que está presente es justamente el que se eligió y se pone en valor.</p>
<p>Dicho más para niño de escuela: cuando uno escribe va agarrando palabras del paradigma de significados y las va ordenando en una oración (sintagma). Por ejemplo, aquí elegí la palabra “agarrando”, en lugar de la más apropiada “cogiendo”, por razones obvias. Sin quererlo, caí técnicamente en una metáfora, porque nosotros no tenemos garras para agarrar nada de ningún lado. Pero se entiende lo que quise decir igual, porque “agarrar” y “coger” tienen “semas” (unidad mínima de significado) comunes, por ejemplo el de la cualidad de la aprehensión. De manera que –aunque no era el propósito entrar en figuras literarias– ya podemos ir viendo qué es una metáfora: una metáfora es la sustitución de un significado por otro, de tal forma que el significado sustituyente remita al significado sustituido a través de una asociación por semejanza. El ejemplo clásico es el de “las perlas de la boca”. Esta expresión tan bella tiene otra fuerza que la expresión simple “los dientes”, porque el significado sustituyente (las perlas) le agrega “semas” al significado sustituido y uno se imagina unos dientes blancos y brillantes, apetitosos.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Pero, quiero volver a las dos clases de novelas y pasar rápidamente al cuento. La definición de metonimia y sus ejemplos, la dejo para otra ocasión. Solo adelantar que es también una sustitución de un significado por otro en la cual el significado sustituyente remite al sustituido no por semejanza, sino por su relación de vecindad en un sintagma tipo.</p>
<p>Ahora, si uno piensa en la película <em>Un hombre y una mujer</em>, el argumento poco importa. Lo que importa es la música, las caminatas por la playa, los gestos de los actores, el amor que se va construyendo ante los espectadores de forma paulatina y dedicada. En cambio hay películas –básicamente en el cine estadounidense– en las que el argumento es tan complejo que nadie lograría contarlo completo, una vez vistas. Hay un <em>test</em> clásico para saber qué orientación tiene uno, si paradigmática o sintagmática. Tal vez, si hay interés, podemos hacerlo como parte de los comentarios.</p>
<p>Las novelas pueden contener infinidad de episodios, a veces nos hacen participar de la vida de personajes, desde su juventud hasta su decadencia. Mi novela favorita, la única que leí tres veces en distintos momentos de mi vida (y no me moriré sin leerla una cuarta), <em>Suave es la noche</em>, de Francis Scott Fitzgerald, relata –dicen que de manera autobiográfica- el auge y la crisis de un matrimonio. Si tomamos a los poemas homéricos, podemos decir que la Odisea es sintagmática y la Ilíada paradigmática, motivo principal que produjo la “cuestión homérica”, gracias a Dios hoy superada, pero que en el siglo XIX hizo pensar a algunos estudiosos que eran obras de distintos autores. En la Odisea hay un protagonista y las aventuras que debe padecer en los diez años de su retorno a Itaca. No es fácil para nadie memorizar el argumento. En cambio, la <em>Ilíada</em> trata de un solo episodio (la cólera de Aquileo) que narra apenas unos días de los diez años que duró la guerra de Troya. La salida y la vuelta del semidios a la batalla, le sirve a Homero para enseñar todo lo que hay que saber sobre las conductas de los hombres y sus consecuencias. Ahí está todo sobre los caracteres, el amor, el prestigio y la muerte. No hace falta saber más nada.</p>
<p>El cuento, en cambio, requiere de una unidad argumental episódica (no me pregunten entonces por qué la <em>Ilíada</em> no lo es; la <em>Ilíada</em> no es un cuento porque es una epopeya en verso dividida en 24 cantos). En la novela <em>Trópico de cáncer</em>, incluso en <em>El extranjero</em> o en <em>El lobo estepario</em>, el argumento poco importa, en cambio en <em>Un mundo feliz</em>, o en <em>Madame Bovary</em> el argumento es clave (todos ejemplos de novelas, obviamente). El cuento debe de tener historia, por necesidad. Lo mismo el cuento breve. Tiene que haber algo que se cuente, para que sea un cuento. No obstante, no puede ser un mero recuerdo trillado y predecible, no puede ser una descripción tipo postal, no puede ser un acto de demagogia para congraciarse con los lectores y buscar el aplauso fácil. Tenemos entre nosotros modelos excelentes, como Horacio Quiroga o Felisberto Hernández. Hay que leerlos. Voy a hacer una lista incompleta de errores que he visto que se repiten en trabajos de talleres literarios y que hasta terminan en forma de libro:</p>
<p><strong>1. Fuera de género:</strong> aunque parezca mentira, hay gente que se presenta a certámenes de cuentos, con poesía. La lírica es un género literario distinto a la narrativa o la dramática. Me parece bien que haya gente que escriba en verso, siempre vale escribir, pero quedará irremediablemente fuera de concurso.</p>
<p><strong>2. Fuera de tema:</strong> cuando el llamado es temático, hay que atenerse a la consigna. Hay mucha gente que cuenta un cuento propio (me refiero a escrito de antemano), a veces hasta bueno, pero para “salvar” el asunto hace una referencia al tema totalmente accesoria. No cuenten con que al jurado se le pasará, nunca se le pasa. Si el tema es un cuento con mesa (tema difícil, si los hay), no vale poner en la mitad de la historia una mesa en una esquina, con tanto valor como habría sido poner un florero. Como tengo mi lado cholulo, ayer me vi el <em>Master Chef Argentina</em>. La consigna era hacer un plato con tomates y se ofreció a los cocineros una enorme variedad de tomates. A una de las concursantes se le ocurrió hacer una <em>musaka</em> griega, con una rodaja de tomate de adorno. Donato (uno de los jurados) le dijo que si un día estaba en un restaurante y le pedían para el nene un plato de pasta con manteca y queso, no podía llevar una <em>musaka</em>. La loca salió llorando, convencida de que la eliminarían (quedaban cinco y tenían que quedar cuatro), pero insólitamente el jurado eliminó a otro, que había cumplido con la consigna, pero el plato no era tan rico como la <em>musaka</em>. Yo que sé, hay de todo en la viña del señor, así que tal vez haya que hacer todo lo contrario de lo que yo indique.</p>
<p><strong>3. "Composición":</strong> El error más recurrente es caer en la “composición”. En las escuelas nos enseñan a redactar, es necesario y útil, durante la formación y luego hasta como ejercicio. Pero contar qué hiciste en las vacaciones, no tiene ningún interés para el lector ignoto. Los lectores –y el jurado debe de pensar en ellos- no son maestras, prestas a corregir redacciones. Son gente que tiene la buena voluntad de ponerse a leer y es necesario captar su atención para que no abandonen la lectura. Si el tema es el perro y uno se pone a escribir que lo recogió de chiquito, que creció junto con él y que luego se murió y lo extraña, más allá de lo genuino del sentimiento, no hay que perder de vista la función poética. Seguramente habrá otros cien que escriban algo parecido y salvo que la forma sea la que utilizaría Cervantes, no tendrá interés. Digo lo de Cervantes, para afirmar lo de la función poética. El <em>Quijote</em> es maravilloso por su contenido. Pero, si cualquiera se pone a tomar nota de las acciones que suceden y se pone a reescribir la historia tal cual, nunca escribirá el <em>Quijote</em>, porque las palabras que usó Cervantes son únicas.</p>
<p><strong>4. "Licencias":</strong> En las novelas se pueden tomar licencias, hay algunas que resultan como torturas. Yo he leído, de autores que me encantan, algunas cosas que me han superado. Me propuse leer el <em>Doktor Faustus</em> de Thomas Mann hasta el final. Libro enorme, que me llevó semanas. Solo disfruté las partes en que caía en la instancia narrativa e interrumpía la escritura sobre el músico prodigio, para hablar de lo que sucedía en la Alemania en guerra, mientras escribía. Todo lo otro es un bodrio jamás visto e interminable, en un autor genial. Las 30 primeras página de <em>El proceso</em>, con la interminable detención del señor K (no por dificultosa, sino porque Kafka se regodea en mostrarnos al señor K parado en el medio de la pieza), son indigeribles y te hacen pensar en qué razón tenía el checo cuando las tiró a la estufa. <em>La peste</em> de Camus es un calvario de gente que se enferma y se muere sin solución de continuidad. Seguramente no lograré la aprobación de nadie con respecto a esto, pero en el cuento no hay lugar para licencias, menos si sólo se dispone de mil caracteres. Es imprescindible ser claro. Hay muchísimos cuentos que no se entienden. No por mal redactados, que claro que también los hay, sino porque se dan por supuestas cosas que no están supuestas. No se puede contar con que el lector está en la mente de quien escribe. Realmente me he devanado los sesos tratando de entender relatos que ni modo. Escribir bien no es escribir difícil, ese cupo ya se lo apropió Joyce.</p>
<p><strong>5. Prolijidad:</strong> También es bastante común que ideas buenas se cuenten de manera muy desprolija. No me refiero a una falta de ortografía, que no debería de haber, pero se puede corregir. Tampoco a la deficiente puntuación, que a veces hace muy difícil la lectura para quienes eventualmente deben realizarla al aire, sobre todo por la cuestión de las ambigüedades. En general hay tolerancia en los concursos radiales respecto de esto, porque se privilegia lo bueno. Pero, hay historias que realmente aparecen contadas tan mal que uno diría que es por gusto, y se haría necesario reescribirlas para que pudieran pasar. Las formas son imprescindibles. Quien no repare en ellas es porque no siente placer en escribir. He participado con jurados en los que se reciben cuentos a la media hora de haberse lanzado la consigna. Toda escritura debe reposar mínimamente. Por lo menos dos días, para ser vuelta a leer y corregir (el ideal es un mes, pero no siempre hay ese plazo).</p>
<p><strong>6. El Jurado:</strong> Está prohibido hacer mención a miembros del jurado. El jurado no puede ser parte del relato, ni el programa, ni el desafío que representa. Todas esas consideraciones están fuera de lugar y -para mí- son descalificantes. Lo mismo las menciones a posturas políticas. Esto no se trata de “dar línea”, ni de caer en demagogias, para congraciarse con nadie. La literatura no sirve a la política, sirve al arte. Y la búsqueda del aplauso fácil me resulta lastimosa. Si el tema es “cuentos con mesa” y acaba de fallecer Galeano, la mención a que se pasa por delante del café brasilero y se ve la mesa vacía, es sensiblera, pero sobre todo demagoga. Como también lo será la mención a Ghiggia, cualquiera sea la consigna que toque, si se trata de un llamado próximo a su muerte.</p>
<p><strong>7. Cuentos sobre "cómo escribí el cuento":</strong> El abuso en el uso de la instancia narrativa tampoco es válido. Escribir: “estaba frente a la hoja en blanco y no se me ocurría nada, pero sentía la obligación de participar en mi querido concurso de la inefable <em>Tertulia de los viernes</em>; de pronto, mágicamente, como traída por la musa, me arribó la solución…”, es una muy mala práctica. Al lector no le interesa saber de las dificultades que el autor tuvo que sortear. Menos que hable de sí mismo. Resulta egotista y cursi. Y en el ejemplo que puse, desde ya, alcahuete.</p>
<p><strong>8. "Animación":</strong> Es muy recurrente el recurso a la animación de los objetos. Habría que tener la magia de Borges y ni así. Incluso la fábula es un género dificilísimo de hacer bien. A veces, este defecto es complementado con la búsqueda de la sorpresa, escondiendo la animación hasta el final. La ficción no requiere de “verdad”, que en rigor es una palabra que no existe, por definición, en literatura. Ni siquiera cuando se hace autobiografía o biografía a secas. Pero, requiere verosimilitud. Lo que se escribe tiene que ser creíble y nadie cree que una mesa se haga reflexiones sobre la calidad de quienes se sientan a ella, o las cosas de las que fue testigo.</p>
<p><strong>9. Sobre los sentimientos:</strong> También cae en la cursilería expresar sentimientos no creíbles. Las mesas no evocan las cosas que se pretende que evoquen, tampoco las hojas que uno mira al amanecer. Salvo que se sea Neruda. Lo más trillado en la consigna “cuentos con mesa” es hablar de la mesa familiar de los domingos. Salvo que no se use mantel, la mesa es lo único que no se ve. Está bien recordar el olor a tuco que se siente desde la vereda, recordar a la abuela amasando, pero todo eso, ¿para qué?, diría Arregui. A nadie vamos a sorprender ni mucho menos enseñarle nada, si le hablamos de lo que por sí mismo ya sabe. De la misma manera, no es creíble que a las mesas se les asignen importancias que no tienen (me acompañó toda mi vida, desde cuando preparaba exámenes, hasta cuando jugaba sobre ella con las novias que traía a casa).</p>
<p><strong>10. Impudicia:</strong> Uno de mis autores predilectos es Henry Miller (ya mencioné a <em>Trópico de cáncer</em>), de manera que estoy muy lejos de ser pacato. Por el contrario, me siento integrante de la generación que inventó el amor libre. Pero, una cosa es cómo uno piense y otra cosa es la impudicia y peor el alarde. Hay gente que siente que si no “choca” al lector, no está satisfecho. La impudicia, por la impudicia misma, no es agradable, produce rechazo.</p>
<p><strong>11. Cuentos híper breves:</strong> En este concurso radial, hubo (jamás decir “hubieron”, <em>please</em>) algunos muy buenos aciertos con el cuento de una sola oración. Recuerdo puntualmente en la consigna “cuentos con perro”, el cuento <em>Salí de acá</em>. Tres palabras pueden tener la enorme virtud de condensar toda una situación polivalente, porque puede ser recreada de muchas maneras. Yo “vi” al tipo sentado sobre un almohadón en el piso, mirando la tele, y el perro molestándolo y sin dejarle ver el partido. Eso no significa que toda cosa híper breve vaya a ser buena. Si yo digo: “llegó el flete y vi bajar a la compañera del resto de mi vida (una mesa)” estoy paradójicamente diciendo mucho más de lo que sería necesario decir, por pocas palabras que use.</p>
<p><strong>12. Relatos sin historia:</strong> Como de alguna manera ya está dicho por contexto, o tal vez habría que incluir este caso en el de los “fuera de género”, hay muchos relatos sin historia. Antes hablamos de las poesías, ahora habría que hablar de los pretendidos ensayos y las meras descripciones. En algunos casos se cae simplemente en la postal. Recuerdo uno que escuché de una buena postal sobre el pesebre, que –para mí– no debió pasar la prueba. Hay casos peores, porque caen en la petulancia. En el tema de la mesa, ponerse a hablar sobre la función de la mesa a través de la historia, no es un cuento, es solamente un alarde de conocimientos impertinente. De todas maneras, digo que son los intentos –para mí– menos graves, porque aunque caigan fuera del género, suelen hacer algún aporte (como la <em>musaka</em> griega), y como dije antes, la sola voluntad de ponerse a escribir, vale.</p>
<p><strong>13. En el límite:</strong> Hay cuentos que están en el límite de lo admisible y lo fundamental pasa a ser la forma en cómo están contados. Un cuento sobre la mesa de un boliche, que con el paso del tiempo se va quedando sin tertulianos, es un cuento peligroso. Puede caer en lo trillado, puede caer en lo irrelevante, porque en definitiva lo importante no es la soledad de la mesa, sino la muerte de quienes se reunieron en torno de ella. Se puede caer en la exageración, si el bolichero la dejó vacía y con prohibición de que nadie la volviera a usar, o en el acierto, por el mismo motivo, según se cuente (hay que lograr que la mesa se convierta en metonimia de personajes que no se conocen; muy difícil).</p>
<p><strong>14. Humor:</strong> Los cuentos con humor son otra categoría peligrosa. El humor suele ser función poética, pero tiene más énfasis en la función apelativa, si se trata de un mero chiste. Porque quien cuenta un chiste lo que busca es provocar la risa en el receptor del mismo. Hay muchos cuentos que son sólo chistes y hasta malos, o groseros gratuitamente. Resultan molestos por el desparpajo y casi la falta de respeto con el jurado. Pero el humor sutil y bueno, puede ser decisivo para la valoración de una buena historia.</p>
<p><strong>15. Ingenuidad:</strong> Hay cuentos que pecan de exceso de ingenuidad. El relato de una anécdota infantil suele ser híper valorado por quien la escribe. Hay que tener mucho cuidado a la hora de mandar el cuento. Ver si realmente tiene interés, si aporta algo que puede tener algún valor para quien no esté implicado. Si en suma, no se cae en la mera “gracia” que uno le contaría a una amiga, mientras toman el té.</p>
<p><strong>16. Los "desalentadores":</strong> Yo les llamo “desalentadores” a aquellos cuentos que se regodean en el bajón, que te dejan con un sabor gratuitamente amargo. No es porque busque el optimismo, por el contrario, soy de los que valoran películas con finales terribles, como <em>Intriga en la calle Arlington</em>. Los finales no tienen que ser felices, porque suelen no ser creíbles. Tampoco las tramas tienen que ser alentadoras. Una de las primeras novelas de las que me enamoré, fue <em>El pozo</em> de Onetti, narrada casi que desde el inframundo. Pero, como siempre, la verosimilitud es lo básico. Si se le ven los hilos, estamos fritos. El regodeo en lo feo, por el regodeo mismo –para mí- no es de recibo.</p>
<p><strong>17. El "sueño":</strong> Otro recurso muy trillado que nunca falta es el del cuento que al final se descubre en meramente un sueño, cuando la mamá despierta al narrador con el café con leche (levantate, nene, que es hora de ir a trabajar). Hay que evitar lo predecible, no suma, resta.</p>
<p>He tenido especial cuidado en no citar a mi padre, porque he recibido otras veces ese reproche (es una religión para mí). Pero recuerdo una nota juvenil que descubrí entre sus papeles y publiqué una vez en Jaque, sin saber si había sido publicada antes (creo que no), en la que habla sobre la literatura. Me quedó la imagen del que se tira a las profundidades, busca la perla y la trae a la superficie. Seguro que no había leído a Campbell, en cuyo “monomito” el héroe sortea las pruebas, consigue el vellocino de oro, y lo devuelve a su comunidad. Pero, la tenía más que clara. Toda literatura tiene que tener algún tipo de perla que no estaba accesible para los demás. Esa perla puede ser una mera metáfora. A mi padre le encantaba inventar metáforas. En la nota que escribió para El País de Madrid, habla de cosas muy dispares y costumbristas. Habla de nuestra tierra y de su abuela. Dice que su abuela materna, tan católica, decía en voz baja que tal pareja estaba casada por lo de Martorell. Martorell era una chocolatería que estaba ubicada justo en la calle de atrás de la catedral (por supuesto que todo contado con la atmósfera de la época, los azulejos blancos de la chocolatería, el país que fuimos, con sus calles, su gente y sus árboles). Era la forma eufemística que tenía mi bisabuela de decir que aquel matrimonio era ilegítimo, que se había “consagrado” por atrás de la Iglesia. La nota sigue con varios párrafos referidos a nuestra realidad política, obviamente muy duros con la dictadura, y al final, cierra con una referencia al Goyo Álvarez, del que tan sólo dice: presidente, pero por lo de Martorell. No se me ocurre adjetivación más lapidaria. Eso, para mí es literatura (aclaro, para que no parezca que me contradigo, que mi padre no usaba a la literatura para hacer política; mi padre era un periodista y esencialmente un político, que cuando escribía de política, las formas literarias le salían solas del tuétano; pero nunca se llamó a sí mismo un escritor, aunque Maggi y Onetti hayan dicho que fue el mejor de su generación).</p>
<p><strong>Viene de&#8230;</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/en-perspectiva-radio/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentosque-es-la-literatura-por-felipe-flores-silva/" target="_blank">¿Qué es la literatura?, por Felipe Flores Silva</a></p>
<p>***</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentoserrores-que-no-hay-que-cometer-a-la-hora-de-escribir-un-cuento/">&lt;em&gt;Concurso de Cuentos&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Errores que no hay que cometer a la hora de escribir un cuento</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentoserrores-que-no-hay-que-cometer-a-la-hora-de-escribir-un-cuento/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>5</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Concurso de CuentosSobre literatura y algunas consideraciones a tener en cuenta al escribir un cuento</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/home/concurso-de-cuentossobre-literatura-y-algunas-consideraciones-a-tener-en-cuenta-al-escribir-un-cuento/</link>
					<comments>https://enperspectiva.uy/home/concurso-de-cuentossobre-literatura-y-algunas-consideraciones-a-tener-en-cuenta-al-escribir-un-cuento/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Izmirlian]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Aug 2016 12:29:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[EnPerspectiva.uy]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Flores Silva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=22544</guid>

					<description><![CDATA[<p>Felipe Flores Silva, secretario del jurado del Concurso de Cuentos Breves de En Perspectiva, escribió dos textos que pueden orientar tanto...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/home/concurso-de-cuentossobre-literatura-y-algunas-consideraciones-a-tener-en-cuenta-al-escribir-un-cuento/">&lt;em&gt;Concurso de Cuentos&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Sobre literatura y algunas consideraciones a tener en cuenta al escribir un cuento</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Felipe Flores Silva, secretario del jurado del <em>Concurso de Cuentos Breves</em> de </strong>En Perspectiva<strong>, escribió dos textos que pueden orientar tanto a viejos participantes del concurso como a debutantes.</strong></p>
<p>En el primero <em>¿Qué es la literatura?</em>, Flores Silva advierte ya de entrada: "Yo voy a dar una idea de la cosa, que es la válida para mí, pero no es excluyente. La valoración de un texto es eminentemente subjetiva"</p>
<p>El segundo, complemento del primero y titulado <em>Errores que no hay que cometer a la hora de escribir un cuento</em>, desemboca en una especie de "decálogo" expandido que se inspira en, al decir del secretario del jurado, "errores que he visto que se repiten en trabajos de talleres literarios y que hasta terminan en forma de libro".</p>
<p>Aquí, los dos textos para leer, compartir y comentar:</p>
<p><a href="https://www.enperspectiva.net/en-perspectiva-radio/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentosque-es-la-literatura-por-felipe-flores-silva/" target="_blank">¿Qué es la literatura?</a></p>
<p><a href="https://www.enperspectiva.net/en-perspectiva-radio/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentoserrores-que-no-hay-que-cometer-a-la-hora-de-escribir-un-cuento/" target="_blank">Errores que no hay que cometer a la hora de escribir un cuento</a></p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>***</p>
<p><strong>Foto:</strong> Feria Internacional del Libro en el atrio de la Intendencia de Montevideo (Archivo). Crédito: Javier Calvelo/adhoc Fotos.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/home/concurso-de-cuentossobre-literatura-y-algunas-consideraciones-a-tener-en-cuenta-al-escribir-un-cuento/">&lt;em&gt;Concurso de Cuentos&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Sobre literatura y algunas consideraciones a tener en cuenta al escribir un cuento</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://enperspectiva.uy/home/concurso-de-cuentossobre-literatura-y-algunas-consideraciones-a-tener-en-cuenta-al-escribir-un-cuento/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Concurso de Cuentos¿Qué es la literatura?, por Felipe Flores Silva</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentosque-es-la-literatura-por-felipe-flores-silva/</link>
					<comments>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentosque-es-la-literatura-por-felipe-flores-silva/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Izmirlian]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Aug 2016 12:25:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Flores Silva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=22536</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Felipe Flores Silva /// Nadie creerá que después de 28 siglos de iniciada nuestra civilización judeo cristiana occidental, y...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentosque-es-la-literatura-por-felipe-flores-silva/">&lt;em&gt;Concurso de Cuentos&lt;/em&gt;&lt;br&gt;&lt;em&gt;¿Qué es la literatura?&lt;/em&gt;, por Felipe Flores Silva</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Felipe Flores Silva ///</p>
<p>Nadie creerá que después de 28 siglos de iniciada nuestra civilización judeo cristiana occidental, y greco y latina, faltaba más, yo me desperté esta mañana con ganas de responder esta pregunta, por una vez y para siempre. La bibliografía ha de ser infinita y mucho más concienzuda y fundamentada que mi modesta opinión. Sé que Hegel tiene un ensayo sobre estética, sé que Bergamín recomendaba leer a Simmel como el non plus ultra de la filosofía del arte, y que Lacan hasta intentó traducir a las matemáticas los efectos psicológicos que producía en las personas este consumo de buenas historias bien escritas. Es decir, estoy llegando a la fiesta cuando la fiesta ya se acabó, y para sacar de la cocina un sandwichito voy munido de un tenedor de plástico que precavidamente supe portar en uno de mis bolsillos. Pero, como una vez una de mis hijas me preguntó si acaso descubrir algo que ya se había descubierto, tenía valor de descubrimiento, yo me voy a tirar al agua con mi versión única e irrepetible de las cosas. Por supuesto que colocado –como corresponde– un escalón por debajo de todo hipotético lector, aunque más no sea para darle oportunidad de que me refute con ganas. Dejo de lado todos los encares místicos. No porque no crea en ellos, sino porque no soy predicador. Me refiero a que muchos dicen que el arte (básicamente la música y la poesía) es el camino más directo para aproximarnos a Dios, etc. Algo habrá, porque el sentimiento de felicidad y elevación del espíritu, y hasta del físico, que produce la conclusión de la obra en el artista, solo es comparable con aquello que para quienes lo han vivido produce el advenimiento del verdadero amor, que como todo el mundo sabe es una de las formas de la epifanía.</p>
<p>Debo de hacer antes una precisión, para no asustar a nadie, en la hipótesis de que me cruce con alguno que desea hacer sus primeros pininos. Yo voy a dar una idea de la cosa, que es la válida para mí, pero no es excluyente. La valoración de un texto es eminentemente subjetiva, en primer lugar por una razón necesaria: si todos los lectores fuéramos a reaccionar igual no seríamos otra cosa que robots, y la literatura se parecería más a una aspirina que a una disciplina artística. En segundo lugar, por una razón que marca la pragmática: si tomásemos a los cien escritores más reputados de la actualidad y les pidiésemos que hiciesen una lista de sus diez escritores predilectos, ninguna lista se repetiría. A lo sumo podríamos encontrarnos con dos listas con los mismos autores, pero jamás puestos en el mismo orden. Es más, estoy seguro de que la mayoría no pondría a Homero en el primer lugar, lo cual para mí es una herejía tan grande como la de no poner al <em>Sargento Pepper</em>, <em>Revolver</em> y <em>Abbey Road</em> como los tres primeros álbumes mejores de todos los tiempos, en ese exacto orden.</p>
<p>Lo que quiero decir es que más allá de lo que aquí se indique a modo de nociones básicas, lo más importante es no perder el ánimo. La práctica es imprescindible, y Mario Vargas Llosa dice, en <em>Historia secreta de una novela</em>, que para llegar a ser un escritor es necesario escribir doscientos renglones diarios, sea de lo que sea. La cifra, para mi gusto, es un poco exigente de más y tal vez esa sea la razón por la que no me gusta tanto como autor: que sobrecargó los músculos. Pero es indudable la importancia del ejercicio, de soltarse. Es la única forma de que la autodidáctica y la autocrítica funcionen. Decía don Pepe Bergamín que el tamaño de un escritor es directamente proporcional al tamaño de su papelera. Bien, a mí me parece que uno de los primeros problemas que enfrentan quienes intentan escribir y no tienen los estudios académicos suficientes (que no es para nada un prerrequisito, en todo caso me parece más un prerrequisito tener un mínimo de lecturas hechas, hasta para no tener faltas de ortografía, y tener parámetros donde mirarse, y gustos más o menos definidos), decía que uno de los primeros problemas es no tener claro qué es y qué no es literatura.</p>
<p>Para aproximarme a la respuesta a esta pregunta, me voy a basar en el esquema de Jakobson, lingüista ruso (integrante del movimiento de los formalistas rusos), fundador de la Escuela lingüística de Praga y de la Asociación Internacional de Semiótica. Seguidor del legado de Ferdinand de Saussure, es junto al antropólogo Claude Lévi Strauss, fundador del estructuralismo, que es un método de análisis que marca un antes y un después en la historia de la crítica. Pero, necesito hacer antes un breve rodeo. La literatura es la primera fuente de conocimiento a la que accede el hombre sobre la tierra. En nuestra civilización nace en el siglo VIII antes de Cristo, un siglo antes de que naciera la filosofía, que en los primeros filósofos, de los cuales se conocen pocos fragmentos escritos (hoy día llamados presocráticos), se englobaban todas las ciencias. La filosofía nace como el enfrentamiento del “logos” (razonamiento a partir de la observación) al mito. Todo conocimiento anterior era de carácter mitológico. Y cumplía harto bien su función (es más, se cuestiona hoy día si los espacios oscuros que ha dejado la ausencia del mito, no provocan deficiencias en la visión de la realidad, por ejemplo la no completa comprensión de la categoría de lo contingente). Escuchando los poemas homéricos, la gente (en ese entonces, la nobleza) se contestaba todas las preguntas. Todo tenía una lógica y una moral, aunque los dioses fuesen caprichosos (que eso también es parte de la vida). El hombre siempre aprendió del relato, los niños aprenden de los cuentos de los padres. El mitólogo y filósofo Joseph Campbell encontró un hilo común en mitologías comparadas e incomunicadas entre sí. Lo llamó el monomito, a partir del cual nacen todas las historias. Profundizador de Jung, de alguna forma estableció la necesidad del hombre de contarse siempre el mismo cuento. Lo mismo hace el psicólogo francés Bruno Bettelheim en su <em>Psicoanálisis de los cuentos de hadas</em> y Vladimir Propp, formalista ruso, extrae 31 funciones comunes a todos los cuentos populares de su tierra, en su obra <em>Morfología del cuento</em> (aclaro que cuando mencioné a la literatura como primera fuente de conocimiento y la situé en el siglo VIII antes de Cristo, obviamente no estaba afirmando que antes no hubiera conocimiento: estaba el mito, al que hice referencia como enfrentado por el nacimiento de la filosofía; lo que intenté expresar es la existencia no de un conocimiento dado, sino de un sistema de formación de conocimiento, y siempre hablando del plano abstracto; en ese sentido, la literatura es dinámica, como la filosofía y luego la ciencia, que se separa de ésta, al acumular la experiencia acaecida).</p>
<p>Si el consumo de literatura es entonces una necesidad del hombre, todo lo que no cumpla esa específica necesidad, no sería en principio literatura. La literatura puede ser buena o mala, lo que no puede es no ser literatura. Las novelas de caballería eran mala literatura y de ellas se rió largamente Cervantes, remedándolas. Hoy podríamos hablar de los teleteatros, que ocupan los horarios centrales de la televisión y son pésimos. La gente consume historias, como sea, incluso en chistes o chismes, géneros a los que solo separa una letra. Ya Aristóteles habló de catarsis, en su definición de tragedia (hablamos del teatro griego), que era la forma de purgar el alma por parte del espectador. También los espectáculos de fútbol producen catarsis y García Márquez se encargó de narrárnosla genialmente. Son la historia de una batalla, la de un cuadro contra otro. Y hay héroes, como el últimamente fallecido Alcides Edgardo Ghiggia. En el caso del buen cine, tenemos buena literatura. Y en el momento en que el audiovisual parecía tragarse a la palabra escrita, aparece la democratización de la escritura, que es internet.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Es muy curioso y por lo mismo sintomático, que un proceso casi igual se dé en la Edad Media. Yo no sé si la gente concientiza que ya tuvimos “un día después de” y no me refiero al Diluvio Universal. Las invasiones bárbaras barrieron con todo. Por donde pasaba Atila, no volvía a crecer el pasto. Fueron "extraterrestres" que tuvieron el buen gusto de mezclarse y de la mezcla de sus distintas lenguas con el Latín, pasaron a crearse las lenguas romances. El castellano que hoy hablamos es mezcla de latín con visigodo. El francés de latín con franco, y así el italiano, el portugués y el rumano. Todos nosotros tenemos una gota de Atila en la sangre. Con la excepción del breve imperio carolingio, la Alta Edad Media, que va desde el año 476 después de Cristo (caída del imperio romano de occidente) hasta aproximadamente el año 1000, en que hay un resurgimiento económico y cultural, es de un oscurantismo total. Desaparecen los estados, se instaura el feudalismo que es la explotación del hombre por el hombre más grosera. El único valor lo da la tenencia de la tierra y los campesinos tienen que labrarla para que se les permita vivir en ella, quedarse con una mínima porción de su producido y hasta  aceptar la esclavitud, consistente, por ejemplo, en que el señor feudal tenía el privilegio de pasar la primera noche de la boda de la campesina y el campesino, con la novia.</p>
<p>Bien, si en el siglo VIII antes de Cristo, Homero crea la Ilíada y la Odisea, tal vez con una diferencia de treinta años entre la primera y la segunda, y refiere a hechos de una época dorada ocurrida cuatro siglos antes (la guerra de Troya fue en el siglo XII AC), de la misma manera, en el siglo XII después de Cristo, el cantar del Mío Cid se escribe refiriéndose a hechos acaecidos cuatro siglos antes, en el siglo VIII DC. Ambas literaturas son orales y épicas, es decir con temas elevados. Es curioso que la literatura empiece en ambos ciclos con un género tan difícil, porque la narración requería del verso. Si en la antigüedad existieron los Aedos, que eran quienes componían las historias, y los Rapsodas, que eran quienes las recitaban en las cortes, en la Edad Media existieron respectivamente los juglares y los trovadores. Yo no sé si Nostradamus lo dijo, pero no dejaría de tener lógica que en el siglo XXV la civilización tal cual la conocemos se destruyera, y en el siglo XXXV volviese otra cumbre, tal vez con el reflotamiento de la Atlántida y el encuentro del acervo cultural pasado enterrado en los Andes. Mientras tanto, en el siglo XXXII resurgiría una literatura oral y épica, como única y primera manifestación artística y revalorizadora del Areté de los Aedos y la Honra de los juglares.</p>
<p><strong>La función poética del lenguaje</strong></p>
<p>Roman Jakobson, partió del esquema básico de la comunicación “Emisor/mensaje/receptor”, para establecer seis funciones diferentes del lenguaje. Iremos rápidamente por las cinco funciones que no interesan al aspecto literario y nos detendremos luego en la función Poética. Para definir las funciones, Jakobson definió primero los factores que intervienen en una comunicación, algunos obligatorios, otros ocasionales, todos casi siempre mezclados. Se parte de un factor imprescindible, cual es el emisor. Hablamos de signo lingüístico y no de otro tipo, como los síntomas (el relámpago es síntoma de que tronará). Para que un signo lingüístico o un sintagma (que es la sucesión se signos en un discurso) ocurra, debe de haber un emisor. Ese emisor dirá algo (oral o escrito) a lo que se llama “mensaje” y se supone que el mensaje tiene un destinatario. La hipótesis del discurso interior tiene como destinatario al propio emisor, así como el diario personal. La hipótesis del sobreviviente del día después o la del que va hablando solo por la calle, también. Jakobson agregó tres factores más: el contexto, es decir el marco de referencias común que tienen los comunicandos, el código y el canal. A cada factor, cuando el énfasis en la comunicación está puesto en sí, le corresponde una función. Cuando el énfasis está puesto en el emisor, se habla de función expresiva del lenguaje. Para ir rápido, pondremos los ejemplos más puros, aunque no los más comunes. Si alguien se golpea por accidente largará una puteada. Está usando el lenguaje únicamente en función expresiva, expresiva de un dolor o una crítica a sí mismo. También hay función expresiva, aunque mezclada con la respuesta que se busca obtener del receptor, cuando uno declara su amor. Cuando uno manda a un perro a que se quede quieto, está usando el lenguaje en función apelativa pura, solo busca la reacción del destinatario del mensaje. También hay un componente grande de función apelativa en la publicidad. El énfasis está en obtener una respuesta, en este caso de compra, por parte del receptor. Pero, si la publicidad es buena y hay énfasis en la forma del mensaje, podríamos hablar también de función poética ahí. Cuando solo se trata de transmitir una información (el caso típico es el noticiero), el énfasis está en el contexto y hablamos de función referencial del lenguaje. Es largamente el uso más común, desde la charla en la feria o en el boliche, hasta la charla de los alumnos en el recreo o en la propia clase. Cuando se habla del código, el lenguaje mismo –esta nota podría ser el caso- decía Jakobson que usábamos el lenguaje en función metalingüística. Y cuando se usa el lenguaje meramente para mantener el canal de comunicación abierto o para chequearlo, hablamos de función fática. El ejemplo clásico es el de la charla mínima con el taxista sobre el clima. No tiene ningún sentido comentarle al taxista el frío que hace, ni la respuesta del mismo, la que repetirá cincuenta veces en el día. Solo se hace por una cuestión de cortesía, la de no despreciar la presencia de un congénere.</p>
<p>Finalmente llegamos a la función poética del lenguaje, cuyo énfasis está en el mensaje mismo. Aquí lo que importa es la forma del mensaje. El contexto es subsidiario y sirve de plataforma. Se trata de hacer arte, de crear algo bello, que produzca placer en quien lo consuma. Estamos ante la catarsis de Aristóteles y la necesidad de los niños de consumir cuentos de hadas. El placer estético es muy difícil de definir, pero todos sabemos de lo que hablamos, cuando hablamos de ello. Hasta donde queremos llegar, el que se plantea escribir narrativa debe de contar algo que provoque interés en el lector. Ya sea por la buena historia, ya sea por la inteligencia con que se cuenta, la sorpresa que produzca en el lector el acierto sintáctico, el acertado uso de figuras literarias, el ritmo. El lector debe de quedar complacido. Aunque nadie lo vaya a leer a uno, tiene que haber un “tú lector" hipotético en la mira. Lo cual no significa caer en concesiones o demagogias. Tal vez lo mejor sería decir que el propio autor debe de quedar complacido con su obra, saber que sacó algo de sí que vale por sí mismo. Que luego no lo valga es otra cosa, pero la búsqueda debe de ser ésa. Y nunca perder de vista que la literatura es fuente de conocimiento, por algo quienes más leen, más sabios son, y nunca dejan de tener presentes sus lecturas, que los acompañan como pedazos de sus almas. Así que quien se plantee escribir tiene que estar dispuesto, obligado, a tratar de dejar algo de sí en el otro.</p>
<p>Todo esto que por momentos parece de Perogrullo, sirve de fundamento a la lista de errores que –para mí– no hay que cometer a la hora de escribir un cuento, e irá en la continuación de esta nota.</p>
<p><strong>Continúa en&#8230;</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/en-perspectiva-radio/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentoserrores-que-no-hay-que-cometer-a-la-hora-de-escribir-un-cuento/" target="_blank">Errores que no hay que cometer a la hora de escribir un cuento</a></p>
<p>***</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentosque-es-la-literatura-por-felipe-flores-silva/">&lt;em&gt;Concurso de Cuentos&lt;/em&gt;&lt;br&gt;&lt;em&gt;¿Qué es la literatura?&lt;/em&gt;, por Felipe Flores Silva</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/concurso-de-cuentosque-es-la-literatura-por-felipe-flores-silva/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
