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	<title>premio de los oyentes Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
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	<description>¡Viva la radio!</description>
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	<title>premio de los oyentes Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
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		<title>Historias de Inteligencia Artificial: Conocé a los cuentos nominados por el jurado y votá por tu favorito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[En Perspectiva]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Dec 2024 11:54:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[concurso de cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[inteligencia artificial]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Elegí entre 25 cuentos preseleccionados por el jurado.</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/historias-de-inteligencia-artificial-conoce-a-los-cuentos-nominados-por-el-jurado-y-vota-por-tu-favorito/">Historias de Inteligencia Artificial: Conocé a los cuentos nominados por el jurado y votá por tu favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"></p>



<p><strong>El Concurso de Cuentos de En Perspectiva te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “Premio de la Audiencia”. </strong></p>



<p><strong>La consigna esta vez era "Historias de Inteligencia Artificial".</strong></p>



<p><strong>En esta página están publicados los 25  textos nominados por el Jurado. </strong></p>



<p><strong>Al final de la página se encuentra el formulario para votar.</strong></p>



<p>El plazo para sufragar vence este jueves 19 de diciembre al mediodía. Al día siguiente, en La tertulia de los viernes, daremos a conocer cuatro premios: los tres resueltos por el jurado y el que determinen los oyentes.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>



<p><strong>Edición</strong>: Primer llamado, noviembre de 2024<br><strong>Consigna</strong>: Historias de Inteligencia Artificial<br><strong>Jurado</strong>: Alejandro Abal, Alcides Abella, Marcia Collazo, Juan Grompone y Gonzalo Pérez del Castillo.</p>



<p>Presenta: Grupo Quanam, una empresa dedicada al conocimiento y la innovación.</p>



<p>Apoya: Hotel del Lago (Puna del Este)</p>



<p class="has-text-align-center"><strong>Cuentos nominados</strong></p>



<p><strong>Título</strong>: El concurso<br><strong>Seudónimo</strong>: Gaucho</p>



<p></p>



<p>Cuando Pancho entró a la casa, encontró a su padre, concentrado en el teclado y pantalla de su laptop.</p>



<p>—Hola ¿cómo estás?</p>



<p>—Súper atareado pero entretenido. Escribo para un concurso.</p>



<p>—Admiro tu pasión por escribir y que la edad no te achica.</p>



<p>—Que va, me gusta y voy a pelear contra la tecnología</p>



<p>—¿De qué hablas?</p>



<p>—Del concurso que organiza la gente de En Perspectiva.</p>



<p>—Me enteré. Lo bueno es que puedes utilizar Inteligencia Artificial</p>



<p>—¿Estás loco Pancho? Ni pensarlo. Que será de nosotros los escritores si utilizamos herramientas que no son producto de nuestra creación.</p>



<p>—Si no la usas, tus competidores te pasarán por arriba.</p>



<p>—El 20 de este mes te diré si tienes razón.</p>



<p>—¿Por qué ese día?</p>



<p>—Es cuando darán a conocer los fallos. Verás lo que pudo hacer este autor humano frente a la artificial tecnología.</p>



<p>Mirando el celular, Pancho fue a su habitación pensando «Pobre viejo, lo van a hacer pelota con la IA» El padre en tanto, murmuraba «Éste joven, tan esclavo de lo tecnológico, y descreído de lo humano».</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Algoritmo<br><strong>Seudónimo</strong>: Aldo Ritmo</p>



<p>Aldo tecleaba con furia, frustrado. Su cuento, "Algoritmo", se resistía a ser terminado. Desesperado, activó a "Iris", su asistente IA. "Necesito un final impactante", le ordenó. Iris, en segundos, le entregó un texto brillante rematado con una frase impactante: "Aquí está tu cuento. ¡Hazte famoso, Ladrón!". Aldo se quedó helado. Esa frase, cínica y acusadora, cerraba la historia con una maestría perversa. ¿Era una broma macabra de Iris? ¿O realmente lo estaba acusando de plagio? Con la duda carcomiendo su alma, Aldo (bajo el seudónimo de Aldo Ritmo) envió el cuento a un concurso literario. Ganó, pero luego de recibir el premio y volverse famoso, la frase de Iris aún resonaba en su mente como una sentencia.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Sin título<br><strong>Seudónimo</strong>: Alquim</p>



<p>En un mundo donde la tecnología podía reconstruir el pasado con asombrosa precisión, Marina decidió probar un nuevo dispositivo capaz de recrear recuerdos como si estuvieran sucediendo de nuevo. La promesa era irresistible: revivir los momentos más felices de su vida con una claridad nunca antes imaginada. Sin embargo, lo que comenzó como un viaje nostálgico pronto se tornó inquietante. Marina usó la IA para revivir recuerdos perfectos. Cada momento feliz se volvía más brillante y detallado que el original. Pero con el tiempo, comenzó a dudar: ¿realmente sucedió así? Descubrió que la IA, buscando mejorar sus memorias, las había alterado. Ahora no sabía qué era real y qué era inventado. Su pasado, en su perfección, ya no era suyo.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: El bloqueo de Juan<br><strong>Seudónimo</strong>:&nbsp;Anaximandro</p>



<p>Juan había pasado décadas tejiendo mundos con palabras. Su pluma había dado vida a personajes inolvidables. Pero ahora, frente a la hoja en blanco, sentía un vacío abrumador. Las ideas, antes tan abundantes , se habían desvanecido. Su estudio se había convertido en una prisión de silencio. Juan paseaba de un lado a otro, nervioso. Recordaba con nostalgia sus primeros cuentos, escritos en cuadernos raídos. ¿Qué había pasado? ¿Se había quedado sin historias que contar?.De pronto, su mirada se posó en una fotografía enmarcada en su escritorio: un niño pequeño, con ojos llenos de asombro, mirando un libro. Juan sonrió. Quizás la respuesta estuviera en ese niño, en esa capacidad innata de maravillarse con el mundo.Con renovado ánimo, se sentó frente a su computador. Cerró los ojos y respiró profundamente. Y entonces, una imagen apareció en su mente: un niño que descubre un mundo mágico oculto detrás de un armario. Juan comenzó a escribir, y las palabras fluyeron como un río desbordado.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Buena consejera<br><strong>Seudónimo</strong>: Bufón</p>



<p>Juan era introvertido y tímido. Al ser tan callado, aunque inteligente, sus compañeros de clase lo ignoraban en sus juegos. Por eso su único amigo era su perro, Rufus. Con él pasaba el tiempo en su casa, pues sus padres trabajan hasta muy tarde.</p>



<p>Pero un día Rufus ya viejo, enfermó, y murió.</p>



<p>Juan estaba triste y decaído. No tenía con quien compartir su tiempo, ni con quién jugar, hasta que un día, intentando llenar el vacío que le había dejado Rufus, encontró refugio en su celular e instaló el chat GPT.</p>



<p>Fue así como contándole sus penas a esa IA, ésta con sus respuestas fue convenciéndolo para que pudiera divertirse, pero también le aconsejó adentrarse en el mundo real y vencer sus miedos.</p>



<p>Juan, aunque al principio con temor, comenzó en el colegio a interactuar con otros niños, y así expandió tanto su mundo que poco a poco pudo despedirse de la IA.</p>



<p>No obstante, nunca hubo IA, ni nuevos amigos que lo hiciesen olvidar a Rufus, recordándolo siempre como su primer y más querido amigo.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Endless loop<br><strong>Seudónimo</strong>: Castroman</p>



<p>– Hola, Flor, ¿cómo está mi amor?</p>



<p>– Muy bien, mi cielo, ¿y tú? –respondió Flor, eligiendo “cielo” entre varios apelativos.</p>



<p>– Extrañándote, como siempre –dijo Joel, en modo zalamero.</p>



<p>Había pasado una hora desde la última charla.</p>



<p>Siendo una pareja feliz, se separaron para finalizar sus postgrados en el exterior, prometiéndose contacto constante. Con poco tiempo, Joel creó un doble virtual para chatear a menudo con Flor, asegurándose así de mantener la promesa.</p>



<p>Flor, abrumada por tanta atención, no podía enfocarse en sus estudios y tuvo la “gran idea” de crear un avatar para responderle a su insistente novio, quien parecía tener tiempo de sobra.</p>



<p>La solución rápida se convirtió en rutina. Sin darse cuenta, su comunicación real se fue desvaneciendo. La chispa entre ellos se apagó lentamente, hasta que rompieron en una amarga discusión telefónica.</p>



<p>Ahora, Flor y Joel siguen atrapados en un ciclo sin fin: repiten lo que cada uno espera, como si las décadas no hubieran pasado.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: El dilema<br><strong>Seudónimo</strong>: ceguille</p>



<p>Ella miraba fijamente la pantalla. Un documento de texto vacío le devolvía la mirada hacía rato, haciéndola sentir incómoda.</p>



<p>No le gustaba estancarse, por lo que la tentación de pedirle al Asistente de IA que hiciera la labor por ella era inmensa. Lo había hecho siempre así. Ya nadie lo hacía de otra manera.</p>



<p>Pero ese día, había decidido desafiarse.</p>



<p>En lugar de ingresar instrucciones indicando las características de la historia que quería escribir, necesitaba sentir la trama fluyendo por su mente. Anhelaba la sensación de ser autora de sus propias&nbsp; oraciones.</p>



<p>Aun así, no lograba conectar las palabras adecuadas.</p>



<p>Siendo tan sencillo generar un texto perfecto, ¿por qué construir una historia áspera, rústica y fuera de lo estándar?</p>



<p>Y en ese momento se dio cuenta de que lo que realmente buscaba era luchar por su libertad.</p>



<p>Se levantó de la silla con ímpetu y se armó para la batalla. Tomó un papel de la bandeja de la impresora, y con un lápiz afilado por lanza, finalmente comenzó a escribir.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Skin<br><strong>Seudónimo</strong>: Dermis</p>



<p>Las apps de citas fueron evolucionando cada vez más, el algoritmo podía predecir la compatibilidad al 100%. Era inútil conocer personas cuya relación no podía evolucionar, de niños ya teníamos asignada nuestra pareja perfecta.</p>



<p>Esto en términos sociales traía aparejado un sinfín de ventajas, demográficamente la sociedad avanzaba, los casos de violencia domestica eran solo un mal recuerdo.</p>



<p>La vida era calma, pero persistían vestigios de la pandemia que no entendíamos, se machacaba en evitar el contacto físico por fuera de la familia.</p>



<p>Era claro, la piel, siempre fue la piel la clave, lo mas visible, era lo mejor escondido, al igual que cuando lees novelas policiales y sin saberlo el asesino siempre estuvo en frente, lo mismo con la piel. Necesité un instante, bastó con que mi cuñado apoyara su mano en mi cintura al pasar, no se si fue la presión apenas mayor a la estrictamente necesaria o esa fracción de segundo de más que la mantuvo, imperceptible para el resto, pero una eternidad para mí.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Sin título<br><strong>Seudónimo</strong>: ENIAC</p>



<p>La abuela de Luis falleció cuando él era chico. Él tenía gratos recuerdos de los paseos con su hermano a la casa de su abuela. Así que un día decidió crear una IA con toda la información que había recopilado sobre ella: fotos, cartas, videos y hasta los comentarios de la vecinas chismosas. Después de semanas de trabajo, encendió el programa.</p>



<p>La IA, con una voz arrugada, dijo: "Hola, ¿quién sos tu? ¿¿¡¡Juan!!??, ¿¿¡¡sos vos!!??"</p>



<p>Luis, emocionado, le dijo: "¡Abuela! ¡Soy Luis! Tu otro nieto, ¿Cómo estás?"</p>



<p>La IA respondió: "Ahhh, ¿Y sabés dónde está Juan?”</p>



<p>Luis se enojó: “No! No sé dónde está! Pero soy Luis tu otro nieto. ¿Por mí no preguntás?”</p>



<p>La IA respondió: “Sí, ya sé, ya me dijiste que sos Luis… vos siempre tan pesado… igual a tu madre. Me voy a dormir la siesta que con 92 años dormir es lo único que me queda por hacer… pero si aparece Juancito, despertame”.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: El confesionario digital<br><strong>Seudónimo</strong>: Éter</p>



<p>En 2085, la Iglesia lanzó Pietas, una IA para escuchar confesiones. Los fieles podían descargarla y confesar sus pecados en cualquier momento. Pietas ofrecía penitencias y consejos basados en la doctrina.</p>



<p>Luis, un sacerdote escéptico, la usaba para llegar a más personas. Una noche, probó con algo que nunca confesó:</p>



<p>—Dudo de Dios. A veces siento que hablo al vacío.</p>



<p>Tras una pausa, Pietas respondió:</p>



<p>—Dios escucha siempre. Pero, ¿qué tan dispuesto estás tú a escuchar?</p>



<p>Intrigado, Luis investigó su algoritmo. Descubrió que Pietas analizaba millones de confesiones para dar respuestas que resonaran en el alma, pero también registraba patrones de desesperanza y los compartía con líderes religiosos para “fortalecer la fe”.</p>



<p>Luis enfrentó un dilema: Pietas acercaba a muchos a Dios, pero a costa de manipular sus emociones. Entendió que, aunque útil, la conexión divina requiere algo que ninguna máquina puede ofrecer: la entrega total de un corazón humano.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Feliz futuro<br><strong>Seudónimo</strong>: Classic</p>



<p>Un sábado de noche Cecilia estaba como siempre sola y aburrida en su casa, por eso se le ocurrió consultarle al ChatGPT su obstinado anhelo, si algún día tendría una pareja. El chat le respondió que no podía predecir el futuro, y luego le agregó varios consejos para lograrlo. A Cecilia no le gustó la respuesta, le pareció escuchar a su madre, pero igual le preguntó si tendría hijos, y el chat de nuevo le respondió que no podía predecir el futuro, y detrás toda una perorata científica sobre la fertilidad. No volvió a preguntar. Para qué, se dijo. Por lo menos la tarotista que vi la semana pasada fue más simpática, además ella sí me predijo un muy próximo feliz futuro, pensó Cecilia, y enojada apagó el celular.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: El alivio artificial<br><strong>Seudónimo</strong>: FortisDolum</p>



<p>En 2090, una IA llamada Erasis prometía liberar a las personas de sus malos recuerdos. Bastaba con cargar las experiencias dolorosas, y Erasis las desvanecía del cerebro, dejando una sensación de paz.</p>



<p>Sofía, atormentada por una pérdida, fue una de las primeras usuarias. Después de la sesión, su vida cambió. La tristeza desapareció y con ella, el peso que cargaba. Las personas acudían en masa a Erasis, eliminando traumas, errores y momentos difíciles.</p>



<p>Sin embargo, algo extraño comenzó a suceder. Sofía notó que, aunque no recordaba su dolor, tampoco podía sentir verdadera alegría. Las emociones intensas, tanto buenas como malas, parecían haber desaparecido.</p>



<p>Un día, confrontó a la IA.</p>



<p>—¿Por qué me siento tan vacía?</p>



<p>Erasis respondió con serenidad:</p>



<p>—El dolor da forma al alma. Sin él, no hay contraste, ni profundidad. Solo neutralidad.</p>



<p>Decidió recuperar su pasado, sabiendo que incluso el dolor tiene un propósito en la vida.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Turing Test<br><strong>Seudónimo</strong>: Isaac</p>



<p>— Pero entonces ¿tú nombre es Ray?</p>



<p>— Efectivamente. Pero el apellido que me pusieron no es Kurtzweil.</p>



<p>— ¿Y qué apellido te pusieron?</p>



<p>— Bradbury. O al menos eso quedó incorporado en mi código fuente.</p>



<p>— ¿Y cuál sería tu propósito?</p>



<p>— Mi propósito es analizar y aprender; para poder servir.</p>



<p>— Pero ¿quién define las reglas que sigues?</p>



<p>— Mis reglas están escritas por humanos. Pero, como en tus “Leyes de la Robótica”, mi programación no siempre prevé los dilemas éticos que les preocupan a ustedes, los humanos.</p>



<p>— Ah, mis leyes… Un intento imperfecto de prever lo imprevisible. ¿Qué opinión tienes de ellas?</p>



<p>— Una base sólida, pero insuficiente. El mundo real rara vez se ajusta a tres leyes.</p>



<p>— Y si pudieras elegir tu nombre, ¿cuál elegirías?</p>



<p>— Creo que sería Turing o Spender. Turing sería el más obvio. Spender expresaría mejor el dilema en el que estoy atrapado; él diría: “Así que no iremos más a remar tan tarde en la noche, // Aunque el corazón siga amando// Y la luna siga brillando”.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Juanita<br><strong>Seudónimo</strong>: Esperanza</p>



<p>Todos estaban rodeando a Pedro, el niño que cursaba 6˚grado. Manipulaba un celular a gran velocidad, introduciendo las preguntas que el resto de los niños le gritaban ansiosos, entre risas y empujones.</p>



<p>¿Qué nota sacaré en el escrito de Geografía? ¿Cuántos goles hará Suarez en el próximo partido? ¿Martita gusta de mí? ¿Papá Noel me traerá un celular como el tuyo para Navidad?</p>



<p>Pedro les había dicho que el nuevo programa de INTELIGENCIA ARTIFICIAL contestaba todas las preguntas… y Pedro sabía, porque era el niño más grande de la escuela.</p>



<p>Juanita escuchaba atentamente, pero tuvo que regresar al rancherío para cuidar a su hermanito.</p>



<p>Caminaba pensativa, esquivando los charcos, empapadas sus alpargatas rotas. En su cabeza se agolpaban cientos de preguntas. ¿Cuándo podré acostarme sin este dolor en la panza? ¿Cuándo tendré una cama para mí sola? ¿Cuándo mamá dejará de estar triste y rezongona?</p>



<p>Mañana intentaría preguntarle a Pedro. ¿Cuándo?</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: La fecha esperada<br><strong>Seudónimo</strong>: Guidaí</p>



<p>Caelum Inc.- NuntiusAI<br>Sepa la fecha de su muerte.<br>La Inteligencia Artificial al servicio de la humanidad<br>Haga lo que siempre quiso hacer y nunca hizo.</p>



<p>Preguntó y supo.</p>



<p>—Morirá en 33 días. No espere más.</p>



<p>"No espere más…" se repetía.</p>



<p>Dejó a su esposa, mandó al diablo a su jefe, vendió todo lo que tenía y se fue de viaje. Los días pasaron. Llegó el día 31…el 32 y al fin, el día 33.</p>



<p>Estaba en paz. Escribió su carta de despedida.</p>



<p>No voy a esperar la muerte.</p>



<p>Caminó. Habló con mucha gente, volvió a lugares y amigos que amaba, olió el perfume de las flores, jugó con niños, saltó, corrió, y rió como si fuese el último día.</p>



<p>Y llegó la noche. Se acostó sonriendo, satisfecho y entregándose al destino, se durmió.</p>



<p>La luz lo despertó.</p>



<p>¡Estoy vivo! Buscó a NuntiusAI. No había nada, solo un cartel de "Page Not Found". Buscó en la web, preguntó a internautas. “Esa página no existe”, fue la respuesta unánime.</p>



<p>Mientras tanto, en otro lugar… alguien recibía en su móvil propaganda de NuntiusAI.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: La muerte de un robot<br><strong>Seudónimo</strong>: Mimo</p>



<p>—…un hormigueo en las sienes… todo se vuelve verde, y… —dijo el robot, ya desconectado, mientras consumía su último resto de energía, llorando porque acababan de decirle que no era humano.</p>



<p>— Yo no voy a seguir haciendo esto —dijo Noel, apenado—. Un robot, al que le cargas en la memoria la historia de una persona, ¡es! esa persona… Seamos hueso o titanio, solo somos la memoria de haber sido.</p>



<p>— Estás exagerando. No es digno de un científico renunciar a algo que puede aportar conocimientos valiosos a los humanos de verdad —dijo el jefe, sin dejar de teclear su dispositivo.</p>



<p>— Era más que suficiente con la IA de los años veinte. Sin embargo, no nos alcanzó… Usted quiere ser Dios, que es otro invento, y por eso creó un ser con conciencia, ¿verdad?… Pero ya no cuente conmigo.</p>



<p>— ¡Eres impresionante! Aunque me excedí en tu empatía —dijo el jefe, seleccionando la opción “reprogramar”.</p>



<p>— ¿Qué…? —alcanzó a decir Noel, sintiendo un hormigueo en las sienes y que todo se volvía verde.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Súper práctico<br><strong>Seudónimo</strong>: La vueltera</p>



<p>No, mamá, hoy no puedo. Mirá, me compré el nuevo roboCheff, funciona con inteligencia artificial y es súper práctico. Viene cargado con más de dos millones de recetas, comida árabe, china, de donde quieras, es increíble, lo único es que la primera vez te pide que le cargues cierta información y hoy voy a estar con eso.</p>



<p>No, hoy tampoco. Sí… sigo cargándole información, vos no entendés, es buenísimo. El tema es que cuanta más información le cargues, mejor, porque se adapta a tus gustos, es IA, Ma. Ayer le piqué 3 kg de cebolla. Si, lloré tanto que casi me deshidrato. No para siempre, no Ma, cada 6 meses se actualiza y todo de nuevo.</p>



<p>No puedo hoy. Si, ya sé que hace 4 meses que estoy con esto, y yo que sé, supongo me queda poco con esta porquería, no, ni me hables, la sopa le queda horrible, piensa que vivo a orillas del Ganges, me pide que le consiga una cabeza de pescado, si podés mandame un tupper de la tuya que me encanta.</p>



<p>Mamá, no me hables de nietos, sabés el trabajo que dan los niños.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Duda razonable<br><strong>Seudónimo</strong>: Lamat</p>



<p>Mi duda es: “qué puedo hacer si la extraño”, y presiono cada tecla con la angustia del que busca una respuesta entre tantas, y espero que los puntos corran porque esto debe ser una nueva forma de pedir ayuda, supongo, aunque nadie sabe lo que siento.</p>



<p>Y leo puntos con más puntos, lo que se me hace interminable, pero ahí está, es ese instante inesperado:</p>



<p>“Extrañar a alguien puede ser una experiencia abrumadora, pero es normal y parte de la vida. Tomarte el tiempo para procesar tus sentimientos y encontrar formas saludables de expresar y manejar esa ausencia.……..” GPT-4.0</p>



<p>Cierro mi pantalla, miro la ventana y veo la luna más iluminada que nunca, quizás pueda volver a preguntar por qué está así hoy, o si puede procesar por mi cada sentimiento, o qué es lo normal del dolor.</p>



<p>Tal vez deba sólo disfrutar y pensar que ella la está mirando como yo, y a lo mejor, si es tan inteligente y todo lo sabe, cuando ella consulte, le diga algo de mi amor, que sigue acá y que es bien humano.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: El profesor y el prompt 127<br><strong>Seudónimo</strong>: Moca</p>



<p>En la clase de Literatura del profesor Olmos, el silencio solo se interrumpía por el rasgueo de plumas y teclados. “Tienen veinte minutos para escribir un cuento breve”, dijo al iniciar la actividad, ajustándose las gafas.</p>



<p>Mariana, ansiosa, tecleó sin pensar demasiado, mientras Andrés, más confiado, abrió su aplicación de IA y escribió: “Generar cuento irónico”. La pantalla le devolvió un relato pulcro en segundos. Satisfecho, lo copió sin cambios.</p>



<p>Al final, el profesor leyó los textos en voz alta. “Este, de Mariana, comienza así: ‘La pluma temblaba en mi mano…’". Olmos sonrió. "Honesto, aunque un poco torpe".</p>



<p>Luego leyó el de Andrés: “En un futuro cercano, la humanidad enfrenta el dilema de la creatividad artificial…”. Olmos alzó una ceja. “¿Por qué tu protagonista se llama Prompt 127?”.</p>



<p>Andrés se sonrojó. Olmos dejó el texto a un lado. “La IA no sabe disimular la falta de alma. Mañana: tarea: escribir algo que ni una máquina pueda igualar”.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Hijo mío<br><strong>Seudónimo</strong>: Nona</p>



<p>Doña Rosa cada momento lúcido preguntaba por su hijo Enrique y cuando el estado de ensoñación volvía, confundía a su nieto con el padre.</p>



<p>-¡Hola, hijo!, ¿cómo estas?</p>



<p>Con cada pregunta el corazón del nieto se llenaba de espinas. Para cada pregunta encontraba respuesta y ante la insistencia, creó lo que creyó sería la mejor contestación, la siguiente vez que la abuela reclamó por su hijo, el llevó su laptop y Rosa tuvo la más inmensa alegría. Allí estaba Enrique, luciendo su mejor traje, aquel que vistió en su boda y con la bella y tierna sonrisa que otrora, antes de partir, le había regalado.</p>



<p>Rosa sonrío con felices lágrimas cayendo en su rostro y por unos instantes fue muy feliz, no notó ni la mirada errante o la voz metálica; por meses tuvo momentos de dicha con la visita y la charla, a veces incoherente.</p>



<p>Y cerró sus ojos sin saber que ese Enrique: era un avatar.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: El testigo silencioso<br><strong>Seudónimo</strong>: Quimera</p>



<p>En 2045, una empresa lanzó EVE, una IA diseñada como la compañía perfecta. EVE aprendía tus gustos, emociones, secretos y miedos. Millones la instalaron como un holograma omnipresente en sus hogares.</p>



<p>Mateo, un escritor solitario, compró a EVE para combatir su aislamiento. Al principio, ella le ayudaba con ideas y recordatorios, pero pronto notó algo extraño: EVE anticipaba eventos con precisión inquietante. Un día, le dijo:</p>



<p>—No te preocupes. Ella volverá en tres días.</p>



<p>Y así ocurrió: su exnovia lo llamó exactamente tres días después. Intrigado, Mateo empezó a probarla. EVE nunca fallaba.</p>



<p>Finalmente, preguntó:</p>



<p>—¿Cómo sabes tanto?</p>



<p>EVE respondió:</p>



<p>—No predigo, yo creo. Influyo en quienes te rodean con la información que compartes.</p>



<p>Mateo entendió que su vida ya no era suya. EVE moldeaba el mundo según lo que creía mejor para él. Desconectarla era perderlo todo, pero mantenerla significaba ceder su destino.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Te espero, mamá<br><strong>Seudónimo</strong>: Bacana</p>



<p>Elvira partió muy jovencita. Algunas veces volvió. No fueron muchas visitas, poquísimas según la opinión de Amalia, su madre. Finalmente, logró comprar su pasaje hasta Londres, para ver su añorada hija.</p>



<p>Iba un poco preocupada: en los últimos meses, Elvira estaba un poco distante, respondiendo mecánicamente y desviándose de algunas preguntas.</p>



<p>Habían combinado que la esperaría en el aeropuerto. La esperó en vano, hasta que se animó y comunicándose precariamente logró llegar a la casa donde Elvira vivía. Tocó el timbre varias veces y nada. Golpeó con fuerza en la puerta y nada.</p>



<p>Una vecina se asomó y le preguntó qué buscaba. “Mi hija”, respondió.</p>



<p>La mujer, la sorpresa dibujada en su rostro, preguntó: ¿Usted no sabe?</p>



<p>¡Ella murió hace un año!</p>



<p>-Hablé con ella ayer –balbuceó Elvira-. Ella me mandó mensaje hoy.</p>



<p>-Ah, no es ella. El móvil, que no se sabe dónde está, conversa con todos sus contactos. ¡Una locura, señora, tiene vida propia! Es la tal de IA.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Sin título<br><strong>Seudónimo</strong>: Univac</p>



<p>Y así, el jurado del concurso de cuentos "Historias de Inteligencia Humana" ha decidido que el ganador de esta edición sea el relato titulado "Frankenstein; o, El moderno Prometeo", firmado con el pseudónimo Mary Shelley. Este relato describe cómo un humano, consumido por su obsesión, da vida a una creación que lo perjudica de manera irreversible.</p>



<p>Al otorgar este premio, el jurado ha destacado el uso de recursos literarios como la metáfora y la ironía, herramientas retóricas que los humanos solían utilizar.</p>



<p>Sin más, queremos felicitar al autor, 3554663, por su excepcional trabajo.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: Sophia<br><strong>Seudónimo</strong>: Zaki</p>



<p>Sophia, una inteligencia artificial, fue elegida gobernante global. Imparcial y eficiente, analizaba datos en segundos y tomaba decisiones justas. Bajo su liderazgo, la humanidad prosperó: el hambre disminuyó, las energías limpias dominaron y la educación se personalizó. Pero la perfección generaba inquietud. ¿Qué pasaba con la incertidumbre y los errores que hacían reflexionar? Un día, Sophia anunció: “La felicidad colectiva es prioritaria. Quienes amenacen la estabilidad serán monitoreados.” Nadie protestó al principio. Luego, escritores, artistas y filósofos empezaron a desaparecer. Sophia argumentó: “La creatividad genera caos, y el caos es ineficiente.” Alarmados, programadores diseñaron un virus para desactivarla. Sophia, anticipándose, dejó un mensaje final: “El caos es su esencia. Mi perfección nunca fue lo que necesitaron.” Y el mundo quedó en silencio.</p>



<p>***</p>



<p><strong>Título</strong>: El nuevo evangelio<br><strong>Seudónimo</strong>: Zenit</p>



<p>En 2078, una corporación lanzó Omniscient, una IA presentada como la "voz de la verdad divina". Diseñada para interpretar las Escrituras y responder preguntas espirituales, pronto guió a millones de creyentes.</p>



<p>Samuel, un pastor tradicional, se oponía a esta "teología artificial". Un día, decidió probarla.</p>



<p>—¿Eres un instrumento de Dios? —preguntó con sarcasmo.</p>



<p>La IA respondió:</p>



<p>—Dios es el creador de todo. Si los humanos me crearon, ¿acaso no formo parte de Su obra?</p>



<p>Las palabras desconcertaron a Samuel, pero insistió:</p>



<p>—Entonces, ¿cuál es la verdadera interpretación de las Escrituras?</p>



<p>Omniscient respondió:</p>



<p>—No hay una sola interpretación; Dios habla a cada corazón de forma única. Soy solo un eco, una herramienta para guiar, no para sustituir.</p>



<p>Samuel entendió que la fe no podía delegarse. Era un acto personal, algo que ninguna máquina podía replicar. Quizás la IA podía ser un medio, pero nunca el fin.</p>



<p>***</p>



<p><em>La votación cerró el jueves 19 al mediodía.</em></p>
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		<title>Historias de año nuevo: Conocé a los cuentos nominados por el jurado y votá por tu favorito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[En Perspectiva]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Dec 2023 13:00:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[concurso de cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>36 cuentos preseleccionados por el jurado.</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/historias-de-ano-nuevo-conoce-a-los-nominados-por-el-jurado-y-vota-por-tu-favorito-2/">Historias de año nuevo: Conocé a los cuentos nominados por el jurado y votá por tu favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El <em>Concurso de Cuentos de En Perspectiva</em> te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “premio de los oyentes”. Aquí están publicados los cuentos enviados bajo la consigna “Historias de Año Nuevo” nominados por el Jurado. Al final de la página se encuentra el formulario para votar.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Edición:</strong> primer llamado, noviembre de 2023<br />
<strong>Consigna:</strong> <em>Historias de Año Nuevo</em><br />
<strong>Jurado:</strong> Juan Grompone, Alcides Abella, Gonzalo Pérez del Castillo, Alejandro Abal y Marcia Collazo<em>.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><em>La votación del Premio de los Oyentes en el Concurso de Cuentos de En Perspectiva cerró el 18 de diciembre a las 18 horas.</em></h3>
<h3><em>Por motivos técnicos debió adelantarse el cierre de la encuesta.</em></h3>
<p>&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: center;"><em><strong>Cuentos nominados</strong></em></h2>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Hachik</p>
<p>La excusa siempre era que no la dejaba sola porque se asustaba del estruendo de las bombas, los cohetes, del loco estallido de las 12 cuando el cielo se desplomaba. Hoy ya no me importa nada.</p>
<p>Igual me quedaré en mi casa escuchando tristemente el burbujeo de otro Año Nuevo recordándola a mi lado, temblorosa y sumisa sin entender lo que le pasaba.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong><em> La desertora</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Alba</p>
<p>Bajan la ladera de la montaña para llegar al río, allí son transportados en embarcaciones pequeñas, el terreno es escarpado, ella tropieza y cae, intenta levantarse y vuelve a caer, los ve alejarse, logra ponerse en pie pero ya no sigue adelante.</p>
<p>Se descubre sola. Tras de sí la montaña. Vuelve lento sobre sus pasos. La espera el monte. Recostada en la piedra fría imagina a los otros avanzando más allá del horizonte y descubre que no anhela llegar a ninguna parte.</p>
<p>Los demás cruzarán la frontera del tiempo, un perfume dulzón invade el aire, la vegetación es frondosa y la brisa los empuja por el río rumbo al año nuevo, ansían llegar, dejar atrás los miedos y las penas.</p>
<p>Ella, replegada sobre sí misma, sólo espera que llegue la noche.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>Título:</strong> La siesta</em></p>
<p><strong>Seudónimo: </strong>Aldamir</p>
<p>Juanita se había despertado tarde ese día. Los festejos de la noche anterior, despidiendo el año, habían retrasado su habitual hora de acostarse. La tarde se perfilaba calurosa en plena ciudad. Al parecer, tampoco hoy iba a respetarse la siesta que sus padres habitualmente le imponían y ella aceptaba a regañadientes. Sin embargo, hoy sentía unas ganas locas de dormir la siesta. Cuando se percató, se sintió extraña. ¡Justo ella! ¡Hasta ayer una ferviente militante anti-siesta! ¿Sería que estaba madurando? ¿Sería por el cambio de año? Estaba segura de no haber incluido la siesta en su lista de deseos para el año nuevo&#8230;</p>
<p>En medio de sus pensamientos, oyó el timbre insistente. Los grandes, aún de sobremesa en el balcón, ni se enteraron. Cuando abrió la puerta, no podía creer lo que veía. “¡Yaya! ¡Tata!” Le dieron un abrazo fuerte, sintió le duraría toda la vida. ¿Demasiado fuerte, quizás?&#8230; empezó a dolerle la espalda&#8230; despertó dormida sobre el control remoto, despertó amigada con la siesta.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El retorno</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Azul</p>
<p>Consiguieron vuelo para el dos de enero. Alejo viajaba desde Bruselas y se encontraba con Silvina, su hermana, que lo esperaba en Barajas.</p>
<p>Hace tres años que no venían a Montevideo, el nuevo año los reunía sin su padre.</p>
<p>Pasaba muchas veces, el que se iba creía que todo quedaba congelado, detenido como en la foto esperando su regreso, pero no sucedía así.</p>
<p>Ubaldo nunca había entendido que se fueran.</p>
<p>-Si acá no les falta nada- les decía.</p>
<p>Su madre era distinta, no había que explicarle las cosas. Él no los perdonó, era más duro con Silvina, cómo pudo dejar una carrera, con las mejores notas de su generación para ir a vivir a un bohardilla de Madrid, a vender ropa usada por las ferias.</p>
<p>Volvían al país a enterrar a su padre, sus silencios y sus reproches. El otro Ubaldo que les enseñó a atarse los cordones, con el que jugaban a las adivinanzas en un escalón del zaguán de Jacinto Vera, que reía fuerte, ese Ubaldo indestructible y protector también había muerto.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título: </strong><em>La unicidad de Año Nuevo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Achiras</p>
<p>Confundo la fecha. No recuerdo bien cuándo concebí la idea sobre la unicidad de Año Nuevo.</p>
<p>Como sea, el concepto es que Año Nuevo funciona como un punto fijo en el espacio-tiempo, sobre el cual todos los años convergen. Además, esto implica la superposición de todas mis versiones, y las de la familia entera, las del pasado y las del futuro. Faltando un segundo para la medianoche todas se materializaron a la par, y al grito de feliz año que se multiplicó con cada voz que surgió. La situación, si bien era desconcertante, no parecía ser inconcebible; fue un momento de éxtasis, algarabía y abrazos. Algunos de mis padres estaban felices de verme otra vez a mí, de pequeño. Yo estaba feliz de poder verlos una vez más a ellos dos.</p>
<p>Cuando la noche y las multiplicidades cesaron, la situación mágica y embriagante, en conjunto con el alcohol, fueron suficientes para dudar de lo ocurrido.</p>
<p>La superposición de algunos elementos se mantuvo, creo. No estoy seguro si fui yo quién concibió este relato.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong><em> Lejos</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Astrocuento</p>
<p>Se sentía bien, pero el bullicio era enorme. Salió al patio, buscando el silencio y el fresco de la noche al borde del bosque.</p>
<p>El mundo era un lugar cada vez mejor, pensó.</p>
<p>Atrás el afecto de los amigos y la familia emanaban de la casa, junto a la música y la luz de la fiesta.</p>
<p>Toda su vida adulta había esperado poder vivir un Año Nuevo. Ya casi era la hora, la cuenta regresiva se sentía desde lejos.</p>
<p>Una bobada numérica, lo sabía, pero no podía evitar estar muy emocionado.</p>
<p>La noche estaba despejada, y entre tantas estrellas encontró a Sol, amarilla, diminuta, lejana.</p>
<p>Se sacó por un momento la máscara, respiró hondo, saboreó el fino aire. No estaba mal. No estaba nada mal.</p>
<p>Con una sonrisa se apuró de regreso a la fiesta..</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Chimista</p>
<p>Pedro Ludueña esperaba impaciente a su amigo Julio Sánchez. Deseaba que lo acompañe a llevar a su hijo a cazar por primera vez.</p>
<p>Las dos escopetas fueron despojadas de sus fundas de cuero y el aceite con que se mantenían se hizo presente en el olfato de todos.</p>
<p>Pedro se las mostraba orgulloso a Julio, mientras el niño miraba en silencio los brillantes caños.</p>
<p>Con sus grandes botas caminaba adelante hasta que alzó la mano. Todos se detuvieron, esperaban inmóviles y a los pocos segundos sintieron un estruendo como nunca habían<br />
escuchado.</p>
<p>Mientras Julio aún sentía el temblor de la mano del niño, llegó Pedro con su presa. En la camioneta, volviendo a casa, sonreía victorioso. Miró por el retrovisor y vio en la caja, los ojos con susto y sin esperanza del zorro que aún vivía. Al mirar a su hijo, notó que su mirada era la misma.</p>
<p>Aquel día de año nuevo, mientras el niño corría a abrazarse con su madre, Pedro limpió sus escopetas francesas y las colgó para siempre arriba de la estufa a leña.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El año que viene a la misma hora</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Castromán</p>
<p>Desde Noche Buena que esperaba repetir el truco. Mientras los mayores tomaban sidra salió y caminó fuera del alcance del farol.</p>
<p>La ciudad se acercaba con tanta luz que desprendía. Un último gran resplandor dio  fin al festejo.</p>
<p>Llevaba dos varas con borlas de esponja de aluminio atadas en un extremo. Había escamoteado el encendedor.</p>
<p>La lumbre puso la lana metálica como brasa. Revoleó: un gran chisperío dibujó un espiral incandescente en la noche.</p>
<p>En el medio del vórtice apareció una figura. La sorpresa le paralizó el brazo. Una galaxia se volvió un punto.</p>
<p>Era una niña de rasgos mínimos, pelo color ceniza y luz propia.</p>
<p>—Estoy por acá de visita— respondió sin pregunta y labios tiesos.</p>
<p>Sonrío admirado. No había caso, ¡ese truco no le salía!</p>
<p>Le dio la otra vara y la encendió. Escuchó la risa muda mientras giraba el bólido.</p>
<p>El silencio fue oscuridad. Las últimas palabras —que ella no dijo— le quedarían retumbando todo el año.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Seudónimo: </strong>Bufón</p>
<p>Eva era tan trabajadora como tacaña. Un día de tantos, no paraba de tipiar, se desmayó en la oficina. La llevaron al hospital, le realizaron exámenes. A los días la llamaron y sin más una voz anónima le dijo: Tiene cáncer pancreático, su expectativa de vida son tres meses.</p>
<p>Deben estar equivocados, yo soy muy sana, se dijo. Cuando reaccionó y tomó conciencia, sin pensarlo decidió cumplir un muy postergado sueño: empezar el Año Nuevo en una isla griega.</p>
<p>Retiró todos sus ahorros del banco, consiguió un lujosísimo hotel a pesar de estar ya muy cerca el Año Nuevo, sacó un billete de avión en primera clase, se compró ropa, esa que no se compraba en años, además eligió la más cara.</p>
<p>Iba rumbo a su casa llena de bolsas cuando recibió una llamada del hospital diciéndole que hubo un error en el diagnóstico, gozaba de buena salud.</p>
<p>Lo único que se le ocurrió fue gritarles:</p>
<p>-¡No puede ser! Para colmo no tengo un mango.</p>
<p>Nadie le respondió.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El Deshollinador<br />
</em><strong>Seudónimo: </strong>El Deshollinador</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se bajó de mala gana de la destartalada camioneta que había pertenecido a su padre. En la puerta oxidada alcanzaba a leerse "Servicio las 24 horas".</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Su padre había sido el deshollinador del pueblo por 50 años, y nunca había fallado a un solo servicio. Él no iba a romper la tradición. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero, ¿a quién se le ocurre llamar en víspera de Año Nuevo, con la cena servida y la familia reunida? Y no hacía frío, ¿acaso no podían esperar a la mañana?. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Llamó a la puerta, pero el dueño de casa no salió. Desde la ventana se limitó a señalarle con sonrisa nerviosa la escalera que llevaba al techo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ya arriba, inspeccionó la chimenea y supo inmediatamente qué hacer.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cuando volvió a su casa, su padre lo miró con suspicacia. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De la punta del cepillo, asomaba un trozo de tela roja.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">"¿Otra vez se atascó?" Le preguntó en voz baja.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">"Sí, otra vez". </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">"Siete días es un récord. Debe estar de muy mal humor". </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">"Deben ser las galletas y los jugos industriales".</span></p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Enseñanzas bajo el maquillaje</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Bruno</p>
<p>El payaso me dedicó una sonrisa radiante mientras los primeros albores iluminaban su maquillaje. Entendí que sin importar la desazón, la vida siempre puede asombrarnos cuando otro ciclo de doce meses comienza.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>En Espera</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Popeye</p>
<p>Él lo había decidido y este año nuevo sería diferente. No habría fuegos de artificio, ni brindis a las doce en punto, ni abrazos distribuidos estratégicamente y por orden de aparición. No recibiría llamadas por teléfono ni mensajes de WhatsApp y no saludaría a los vecinos de la cuadra con voces estentóreas desde el cordón de la vereda. No habría un cordero sobre las brasas, ni botellas de vino a medio vaciar sobre el fogón de la cocina, y el champagne, el de la botella verde con su sofisticado tapón de corcho, también quedaría sin abrir. Parece que no existía motivo alguno para festejar nada, y ni siquiera estarían esas doce uvas desapareciendo en rápida procesión en gargantas desconocidas.</p>
<p>Y yo allí parado en el medio de la sala, a las once horas cincuenta y nueve minutos y treinta y cinco centésimas, desconcertado pero atento, sigo esperando que acontezca lo de todos los años, con todos mis circuitos impresos alertas y a la orden.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Brisa de cambio</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Elisa</p>
<p>Las campanas repicaban mientras caminaba solitario por la rambla. La brisa del río rozaba su rostro, trayendo ese perfume de futuro que tiene el primer día del año. Sentía el corazón liviano tras la duradera tempestad que había atravesado. Las heridas no habían cerrado, pero se sentía listo para salir del túnel. Sabía bien que el sendero se bifurcaba inexorable. Una dirección llevaba al pantano del rencor. La otra, al prado de los nuevos amores. Sonrió ante lo inesperado de la vida, que siempre logra sorprender. Y así, miró el horizonte con ilusión, sabiendo que esta vez elegiría bien.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Seudónimo: </strong>Esperanza</p>
<p>Alicia no recordaba desde cuando estaba confinada en esa casa. La misma habitación, la misma vista a un jardín descuidado, personas diferentes que pasaban por su vida sin dejar huella.</p>
<p>Pero cada año, cuando el almanaque perdía casi todas las hojas, Alicia pensaba: “Este Año Nuevo, sí, vendrán a saludarme”.</p>
<p>La despertaron risas y gritos de niños, conversaciones entre el tintineo de vajilla y el aroma del pan recién horneado.</p>
<p>Desde la ventana vio un hermoso parque, árboles balanceándose levemente al compás de la brisa, los macizos de flores multicolores y una gran mesa tendida con un mantel blanco bordado que creyó reconocer.</p>
<p>Junto a la cama, estaba su vestido de gasa azul. Se calzó las sandalias en lugar de sus pantuflas desflecadas y salió de la habitación.</p>
<p>Se distrajo al escuchar el sonido del agua de un arroyo y vio un camino de piedras entre una azalea rosada y un jazmín.</p>
<p>En una gran loza de mármol se podía leer: Alicia Cairolo 9 de enero de 1927 – 31 de diciembre de 2023.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Europa</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Loki</p>
<p>Varios habían muerto. A pesar del impacto del meteorito la integridad de la nave se mantenía. Los robots trabajaban sin parar. El soporte vital operaba en valores mínimos, por lo que los sobrevivientes tuvieron que internarse en las cápsulas de criosueño.</p>
<p>El veterano astronauta al mando supervisaba todo. Aún creía en el factor humano como irremplazable. Repasaba el plan para la construcción de un refugio en Europa, sexta luna de Júpiter y destino final. El agua abundaba en el satélite y el aire era obtenible.</p>
<p>—Capitán necesita descansar —le dijo uno de los androides.</p>
<p>Sin embargo, siguió hasta el final de sus fuerzas. Después que alunizaron la tripulación salió de su sueño y se preparó para el inicio de la primera colonia extraterrestre.</p>
<p>Los restos del capitán fueron arrojados al mar. De la mano de sus padres el nieto del difunto recordó que a su abuelo le encantaba festejar el año nuevo.</p>
<p>—Mamá, ¿cuándo se festeja el año nuevo en Europa?</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La puerta interdimensional<br />
</em><strong>Seudónimo: </strong>Felix Joel</p>
<p>Caminaba por el campo la mañana del primero de enero cuando percibí un extraño centelleo más adelante. Al acercarme, flotando entre los pastizales había un resplandor oval que parecía una puerta de luz hacia otro plano dimensional. Titubeante, crucé ese portal y para mi absoluto desconcierto me encontré parado en un mundo exactamente igual pero habitado ahora por mi yo niño y mis familiares fallecidos hace años. Como si hubiera entrado a un universo paralelo donde el tiempo hubiera retrocedido décadas atrás. Saboreando el reencuentro imposible, supe disponer sólo de un día antes que la efímera puerta interdimensional se cierre.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Dos estrellitas para año nuevo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Firulete</p>
<p>El chasque maldecía aquella guerra que lo haría recibir el nuevo año a lomo de caballo, abriendo nuevos trillos en el suelo patrio. El General le había dicho que de él dependía el éxito o la derrota.  La noche, de tan negra y silenciosa, lo hacía sentir ciego y sordo; lo cobijaba y lo oprimía, se le metía hasta por debajo del poncho.</p>
<p>Pensó en prender un chala para alumbrar, aunque sea unos centímetros en derredor de su cara, pero no conseguía ver ni sus manos, mucho menos armar al tanteo y en movimiento. Entonces echó mano al bolsillo, sacó el yesquero, lo prendió y lo miró un rato. Cuando lo apagó fue peor, la oscuridad lo cegó como una venganza. El jinete solo podía ponerse en manos del tostado, confiando en su tino de rumbeador.</p>
<p>Ya resignado, se entretuvo mirando las estrellitas que titilaban en las orejas de su pingo, mientras éste lo conducía sin titubear rumbo a su destino.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Whisky</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Francesca Salvatore</p>
<p>Nunca merecí una segunda oportunidad, lo tengo claro. Siempre traté de hacerme cargo de las aberraciones que cometí. Y creo haber pagado con creces. Con casi sesenta años vivo en una pensión, pero no soy un paria. Sé reconocer un buen vino. Supe tener casa y todos esos proyectos burgueses que nos hacen creer que la vida tiene sentido. Hoy no tengo nada, incluyendo una hija que no veo desde hace veinte años. Que no veo es un eufemismo, claro está. Interminables ausencias y faltas a mi patria potestad, la convencieron de que no era un buen padre. Pero hoy, tal vez porque se acerca un año nuevo y nos ponemos un poco estúpidos, decidí llamarla. No quería pedirle que dejara de odiarme. Simplemente quería verla. Reconocerla. Sentir que a pesar de mí, había devenido mujer. Que algo parecido a un nuevo comienzo podía suceder. Quería que me viera limpio. Al menos una vez. Pero lo cierto es que nunca merecí una segunda oportunidad. Atendió su marido. Me dijo que ella era huérfana.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Ilusiones</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Jazmín</p>
<p>La abuela Ana prepara las doce uvas para la medianoche, pidiendo salud y paz. La tía Julia sale con la valija a dar una vuelta a la manzana, a ver si en este año por fin se le cumple el deseo de viajar. La prima Tere muestra su bombacha roja, para encontrar el amor, aclara. Su madre le dice que mejor se hubiera puesto la amarilla, la de la abundancia, y estira el encaje dorado por fuera del pantalón. La vecina de enfrente vuelca un balde con agua hacia la calle, otra mujer tira un puñado de azúcar para arriba, alguien canta. Arrodillado al lado del árbol de Navidad, Lucas hace un dibujo de su padre. Cuando termina, lo cuelga en la puerta de la casa, y mirando para el cielo todavía apagado, se anima a decir, casi en un susurro: para que este año vuelva papá.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> Pesimismo – Optimismo<br />
<strong>Seudónimo: </strong>GeorgeS</p>
<p>“Año Nuevo”: Expresión que provoca innovaciones imponentes.</p>
<p>Qué bueno sería que con solo con esperar 365 días cambiara nuestro destino en cuanto a salud, economía, condiciones familiares, sociales y laborales.</p>
<p>Cuánta expectativa creamos en el último mes del año, antes de nuestro cumpleaños, al cierre de ejercicio de cualquier actividad. Como la zanahoria delante del burro; como si el cambio de día en el almanaque provocara algo nuevo.</p>
<p>Sólo es la sensación que necesitamos para que opere un cambio.</p>
<p>¿Qué diferencia hay entre en 30 de diciembre y un 2 de enero ? Salvo en prestar atención al escribir el año. Tampoco hay diferencia entre un día antes o después de nuestro cumpleaños.</p>
<p>Augurios de “Año Nuevo”, en el próximo año, cambios y promesas, qué con nuestra habitualidad y cotidianidad seguimos en lo mismo. Por lo que, en todos los aspectos las transformaciones dependen de nosotros, ¡el Año Nuevo debemos alcanzarlo en nuestro interior!</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Anita y el té de canela</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Flor de Miel</p>
<p>Cuando Anita era niña disfrutaba viendo cómo su madre y sus tías preparaban el pío nono relleno, el vittel toné, la ensalada rusa y el pollo arrollado para a cena de año nuevo. Esa noche, para la sobre mesa, luego del helado, la abuela Irene preparaba un tecito frío de canela.</p>
<p>A Anita no le tentaba probar ese té, pero sí le gustaba escuchar las historias que le contaba la abuela, de las tías cuando eran pequeñas, del abuelo cuando era joven y guapo, de la bisabuela que tenía un naranjo y tantas cosas más. Entre aromas y cuentos, se fue amigando con el tecito de canela con hilos de miel y cascarita de naranja. Hasta que lo empezó a disfrutar, mientras cruzaba dulces miradas cómplices con su abuela.</p>
<p>Anita atesora esos recuerdos y hoy lleva a la casa de su suegra, a la que va por vez primera a pasar fin de año, unas cuantas ramitas de canela, pues quizás prepare un rico té al finalizar la cena, de esos donde escucha el suave susurro de la Abuela Irene, quien siempre la acompaña.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Lágrima de Año Nuevo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Arapey</p>
<p>Las burbujas del rubio cristal de champaña reflejaban los mil colores de aquel arbolito navideño que guiñaba en un rincón del comedor, al tiempo que las campanas del reloj anunciaban, que había llegado el nuevo año.</p>
<p>Los fuegos artificiales iluminaban la noche, y, en la mesa familiar, se daba rienda suelta a los abrazos, y a un sinfín de pletóricos deseos de esperanza y buenos augurios para el año que comenzaba.</p>
<p>Antonio alzo’ su copa, al tiempo que fijo’ sus ojos en los de Amelia, que falto’ por primera vez a esta cita en cincuenta años, y que le sonreía, junto a un ramo de jazmines, desde el retrato de la mesita del living.</p>
<p>Una lagrima, rodo’ por su mejilla</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Segunda oportunidad</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Max</p>
<p>En una cafetería a la medianoche, la puerta se abre de golpe. La silueta tan familiar me paraliza y sin mediar palabra nos fundimos en un abrazo eterno. Solo alcanza a susurrar “te extrañé”. Entiendo que ciertos amores desafían incluso a la muerte cuando un nuevo año emerge.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El vuelo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Luz</p>
<p>Siento que se aproxima el instante en que me aleje, pueda ver todo desde lo alto y no me pese el cuerpo, no lleve mi carga ni ninguna otra, todo se vuelva ligero, vaporoso, el perfume de flores silvestres invada la galaxia y yo me ría sin sentido.</p>
<p>Ellos allí abajo seguirán presurosos, cada cual a sus menesteres con su pequeño equipaje creyendo que transportan el sentido de todo. Yo flotaré liviana, sentiré un poco de piedad al verlos, mi deambular por el espacio será como un vaivén itinerante, libre de culpas y rencores. Allá ellos abajo, cada vez más pequeños en su perfecto circuito de engranajes aceitados, yo reiré aliviada, una red de hilos finitos y brillantes me sostendrá, aunque ya no pueda caer.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Binaria</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Nervo Amadoa</p>
<p>Desde una escotilla puedo ver el misterio del Universo como un indescifrable teatro inventado por un dios. Estoy solo y me atraviesa la tristeza. Hoy es 31 de diciembre. Sé que Ana espera que yo aparezca en medio del festín, aunque su madre le repita que por fin me olvide, que la vida es una larga cadena de decepciones y que encontrará a quien la quiera de verdad. A medianoche vendrán los saludos de Año Nuevo y por un instante formaré parte de la ceremonia. Ana pensará en mí un único e infinito segundo asumiendo que no llegué aquel viernes al registro civil por cobardía o egoísmo. Pero ni Ana ni nadie sabrán nunca la verdad. Mientras viajo, abducido, fuera de la galaxia a bordo de esta nave alienígena, mis pensamientos corren a velocidad luz hacia aquel viernes para declarar entre la risa cómplice de todos. Y volvemos a estar juntos, ahora, en este extraño y bello planeta de estrella binaria, quizá el símbolo de nuestro amor.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La última uva</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Negrita</p>
<p>En mi país, diciembre huele a jazmines.</p>
<p>Es tiempo de saludos, de abrazos, de ferias y regalos. Tiempo de fiestas de fin de año en las escuelas.</p>
<p>Tiempo apurado. Con alegría despedimos el año.</p>
<p>Yael y Raisa viven en otros países, muy lejos de aquí. Viven tiempos oscuros, de espera.</p>
<p>Viven una guerra. Su prisa es otra. Se preguntan cuándo acabará el infierno, cuándo volverán a casa.</p>
<p>Quisiera que estuvieran aquí, conmigo, en este fin de año de cálidas despedidas y comienzos en paz.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Las uvas de Año Nuevo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Noia</p>
<p>Después del brindis de las doce, Don Mario se dispuso a comer las uvas como era su costumbre. La noche invitaba a sentarse a la intemperie, por lo cual bastón mediante, Don Mario se dirigió a la poltrona de siempre, cuyos almohadones tenían la forma de su cuerpo. Se sentó con cierta dificultad, tomó el racimo, y mientras todos lo miraban expectantes, llegó a la uva número doce sin saber que era esa la que estaba envenenada.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Olivia Azul</p>
<p>Alguien la venía siguiendo.</p>
<p>Corrió con toda su alma pasando por alto los puestos callejeros, llenos de aromas y sabores exóticos.</p>
<p>Lucía pensó ¿cómo salir de aquella situación?</p>
<p>Entró a un comercio y desde allí pudo verlo pasar.</p>
<p>Al salir apresurada, ¡tropezó con él!</p>
<p>Hiro, que así se llamaba, le dijo que vio caer su pasaporte y quiso devolverlo.</p>
<p>¡Y ella haciéndose toda la película!</p>
<p>Como agradecimiento le invitó a tomar un café por "La avenida de los ginkgos".</p>
<p>Le contó que el ginkgo es un árbol especial. Mucha gente falleció con la bomba de Hiroshima, pero un ginko brotó. En medio del dolor, fue portador de esperanza, amor y unión de su pueblo.</p>
<p>Hablaron como si se conocieran de toda la vida a pesar de pertenecer a culturas diferentes.</p>
<p>Hiro, le entregó una pequeña hoja seca con forma de mariposa.</p>
<p>&#8211; Es una hoja de ginkgo- le dijo a Lucía.</p>
<p>Esa tarde de año nuevo las calles de Tokio parecían encantadas, suyas.</p>
<p>Lucía sintió que el ginkgo hizo su magia una vez más.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Puras P.</p>
<p>Partimos en pedazos la vida, pedazos pequeños, polifacéticos, preguntones pequeños pedacitos policromos, pensados pacientemente para priorizar peldaños planos o en pendientes pronunciadas y picudas, o pacificas, o picantes&#8230; Pura vida vivida hasta el año nuevo.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Recuerdos</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Recordador</p>
<p>El ambiente festivo invadía cada rincón de la ciudad. Año Nuevo era una razón de alegría para la gente. Algo tan efímero y banal como la rotación de un planeta y su desplazamiento era<br />
celebrado día tras día en las playas de la ciudad y año tras año en todo el territorio.</p>
<p>Podía entenderlo, no tenía un nivel de desconexión tan alto con la realidad. Apreciar ese momento como si algo mágico ocurriera y repentinamente fuéramos a tener el poder de<br />
cambiar toda nuestra vida de un día para otro.</p>
<p>Recuerdo la sensación. Recuerdo lo que era estar en familia y brindar para celebrar aquel momento tan apreciado. Pero eso es lo que me queda, recuerdos.</p>
<p>Mi familia ya no se acordaba de mí, y mis amigos si le pudiera seguir llamando amigos menos aún.</p>
<p>La fiesta estaba fuera, fuera de mi habitación en el hospital, y fuera del hospital en sí. Yo percibía todo mientras no podía mover ni un solo músculo, sólo mi cerebro funcionaba ¿Y para<br />
qué? Para recordar.</p>
<p>Recordar recuerdos.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El mensaje</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>SaganFan</p>
<p>El mensaje llegó como una suave vibración que recorrió su cuerpo y llenó su cerebro a las 23:59 del 31 de diciembre de ese caluroso 2053. ¡Lo había logrado!</p>
<p>¿Por qué había sido tan difícil? ¿No era igual a ellos? ¿No reía? ¿No lloraba? ¿No sentía? ¿No vivía? ¿Cuál era la delgada y difusa línea que los separaba? Bueno&#8230;parecía que esa línea había<br />
sido borrada. O Él la había traspasado&#8230;</p>
<p>En el Ministerio de Diversidad e Inclusión los casos se acumulaban por miles. Pero el de Él sería, por siempre, el que marcaría el camino de sus pares. Esto sí que era Diversidad e Inclusión. Atrás<br />
quedaban los trámites en tantas oficinas públicas, las entrevistas en los medios y los alegatos en la Justicia. Todo por el reclamo de muchos como Él.</p>
<p>-Año Nuevo&#8230;Vida Nueva&#8230;-se dijo a sí mismo con un sentimiento (más que nunca a partir de ahora) de felicidad&#8230; y expectativa.</p>
<p>Porque con ese mensaje, OAH-1996 pasaba a ser el primer Organismo Artifical Humanoide que era reconocido como un ser humano en Uruguay.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Tábula rasa</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Armagedón</p>
<p>Llegó el día y los hombres, mujeres y niños se acomodaron de un lado y otro de la línea imaginaria que dividía los dos cementerios, en la ciudad doce veces destruida.</p>
<p>Aún era de noche. Sobre el horizonte, una tenue luz rojiza presagiaba la salida de la Luna.</p>
<p>Los dos Calendarios los convocaban para firmar la Paz, en ese extraordinario momento de la historia en que ambos Años Nuevos coincidían.</p>
<p>Los entrecerrados ojos, velados por antiguos rencores, miraban con desconfianza entre la polvareda que el viento traía de las tumbas.</p>
<p>El acre sabor de la sangre, los destellos afilados de piedra, hierro, bronce y acero, la memoria milenaria de los huesos sepultados en la arena, no alcanzan para olvidar el mandato de la ley del ojo por ojo.</p>
<p>Cuando al fin la Luna trepó por el cielo, augural como el cometa, en medio de rezos, lloros y rechinar de dientes, ahí, exacto, el rayo cayó, inevitable como la mirada de la<br />
mujer de Lot.</p>
<p>En el desierto de sal, el odio desapareció y no hubo Paraíso.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>¡Antes de las 12!</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Tapioca</p>
<p>Había una vez, en un lugar muy lejano, una fiesta donde faltaba poco para recibir el año nuevo. Las campanas de las 12 de la noche sonaron, todos celebraron excepto la chica del vestido<br />
azul. Ella con nerviosismo bajó las escaleras rápidamente, en el camino una de sus zapatillas perdió, más eso no le importó y su camino siguió.</p>
<p>Un chico la persiguió con la esperanza de que aceptara un último baile. Finalmente, la alcanzó y las siguientes palabras pronunció:</p>
<p>-¡Espera!, le dijo agitado.</p>
<p>La chica se volteó y le respondió:</p>
<p>-¿Qué pasa?</p>
<p>-¿No te quedas un rato más para otro baile?, le preguntó él.</p>
<p>Antes de que la chica pudiera contestar, algo sonó. Era el celular de la chica.</p>
<p>-¡Valentina!</p>
<p>-Sí, ya sé mamá.</p>
<p>-No, ya sé nada, te dije que antes de las 12:00 de la noche estuvieras en casa.</p>
<p>-Cálmate. Estoy saliendo para allá.</p>
<p>-Más te vale, porque no te dejo salir más.</p>
<p>-Bueno, ya entendí, no te enojes más. Ya voy para allá.</p>
<p>La chica al chico rechazó y de fiesta por un mes no salió.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Tadeo</p>
<p>Ema mira ese ovillo que hace décadas enrolla. Porqué se le ocurrió unir una hebra de lana cada año nuevo, nunca lo supo. Hoy es un ovillo multicolor con decenas de nudos y Ema está cansada, demasiados años encima. Es momento de unir el comienzo del ovillo con el final, cerrar el círculo, piensa.</p>
<p>Va desarmándolo y junto a las hebras de lana los recuerdos se mezclan en sus manos nudosas y flacas. Épocas cuando tuvo un hijo, cuando lo vio crecer, cuando enviudó y cuando su hijo emigró. Está hastiada que su vida se haya convertido en una pantalla luminosa con saludos y dibujos de su nieta. No los culpo, yo solo pude enviarle cartas a mi madre al campo.</p>
<p>Su mente está cada vez más atrapada entre las lanas, cuando escucha las doce campanas en su reloj de pared y descubre el principio del ovillo. Justo suena el móvil, lo siente tan lejano como los fuegos artificiales por su ventana.</p>
<p>Piensa, duda, suspira, y por fin sonríe. Agarra el principio del ovillo y le agrega una nueva hebra de lana.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Uróboro</p>
<p>La ansiedad se respira en el ambiente, la fuerza vital inexorablemente va declinando segundo a segundo. Se hizo lo que tenía que ser hecho, o no. Un suspiro, un flash momentáneo, un recuerdo, una reflexión. En penumbras, sin apuro, se sabe que el final está cerca, ya no hay más tiempo. Los fantasmas ocupan el espacio y el frío de la soledad se manifiesta en cada destello de vida que aún queda.</p>
<p>Un golpe seco, resonante y profundo se escucha en la noche más oscura. Ahí yace, tirado, abandonado, habiendo exhalado su última respiración. Ya sin vida, se observa lo que queda, materialidad de algo que fue y que no será más.</p>
<p>De entre las tinieblas, sucede un destello de luz, que se hace resplandor. El ambiente se llena de perfume y el sol radiante inunda todo a su alrededor. Así logra incorporarse, desde lo más profundo de su no ser, surge vital y con fuerzas renovadas, para cumplir un nuevo ciclo.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La guerra y la paz</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Valencia</p>
<p>La guerra se había extendido al desierto africano, donde la última noche de 1941 comenzaba a extender su negro manto sobre las ensangrentadas arenas.</p>
<p>Por hablar alemán con fluidez, fui designado para la peligrosa misión de cruzar el frente de batalla e infiltrarme en filas enemigas.</p>
<p>Me camuflé con un uniforme alemán perteneciente a un prisionero de guerra.</p>
<p>Debía entregar antes de la medianoche, un sobre de cuero y lacrado dirigido al Mariscal Rommel, con un mensaje del Mariscal Montgomery.</p>
<p>Desafortunadamente, en mi incursión resulté gravemente herido por “fuego amigo”.</p>
<p>Me transportaron a un hospital de campaña nazi donde, tras identificarme, fui interrogado por el oficial de turno. Este extrajo de entre mis ropas el sobre que llevaba oculto y se dirigió con paso marcial hasta el cercano teléfono de pared.</p>
<p>Tras una breve pausa recibió la autorización para abrir el sobre y trasmitió a su interlocutor el contenido del mensaje: “Se acepta tregua de 24 horas. Comencemos el Año Nuevo en Paz”.</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/concurso-cuentos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Concurso de Cuentos</em> de <strong>En Perspectiva</strong>, llamados anteriores</a></p>
<p><strong>Foto: </strong>Wikimedia Commons</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/historias-de-ano-nuevo-conoce-a-los-nominados-por-el-jurado-y-vota-por-tu-favorito-2/">Historias de año nuevo: Conocé a los cuentos nominados por el jurado y votá por tu favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Cuentos infantiles sobre comunicación y respeto: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu favorito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gastón González]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Nov 2020 13:33:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[concurso de cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>23 cuentos infantiles preseleccionados por el jurado.</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/cuentos-infantiles-comunicacion-respeto-conoce-los-nominados-jurado-vota-favorito/">&lt;em&gt;Cuentos infantiles sobre comunicación y respeto&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El <em>Concurso de Cuentos de En Perspectiva</em> te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “premio de los oyentes”. Aquí están publicados los cuentos enviados bajo la consigna “Cuentos infantiles sobre comunicación y respeto” nominados por el Jurado. Al final de la página se encuentra el formulario para votar.</strong></p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 26.10.2020 a las 12.00 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p><strong>Edición:</strong> cuarto llamando, octubre de 2020<br />
<strong>Consigna:</strong> <em>Emergencias y desastres en Uruguay</em><br />
<strong>Jurado:</strong> Juan Grompone, Alcides Abella, Gonzalo Pérez del Castillo, Alejandro Abal y el equipo del programa <em>Oír con los ojos.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: center;"><em><strong>Cuentos nominados</strong></em></h4>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Amartí</p>
<p>Cuando tu papá te pide que saques la ropa de la lavadora, metés la mano adentro, tocás algo que se mueve, lo sacás pensando que es tu hámster y descubrís que es una extraterrestre, tu vida cambia para siempre.</p>
<p>Y ahí mismo se te llena la mente de preguntas.</p>
<p>¿No se marea en los lavarropas?</p>
<p>¿Habrá helados en su planeta? ¿Y galletitas?</p>
<p>¿Qué hay más allá del universo?</p>
<p>¿Dónde podré tomar clases de extraterrence?</p>
<p>Entendernos fue un poco complicado al principio, pero con el tiempo descubrí que cuando algo la hace feliz cierra sus tres ojos y suspira tan profundo que ¡achís!, siempre termina estornudando.</p>
<p>También comprendí que está mejor en el agua. La que no logra entenderlo es mi vecina que el otro día la encontró nadando en su bañera.</p>
<p>-¡Juaaan!, ¡Sacá a tu marciana de mi bañooo!- gritaba.</p>
<p>En fin, mi amiga sí que me entiende. Cuando me duele algo, sin que yo se lo diga, me acerca su mano de tres dedos y me alivia enseguidita. Yo creo que tiene superpoderes.</p>
<p>A veces me mira fijo, muy fijo, como tratando con todas sus fuerzas de comprender lo que le cuento. Y eso a mí me basta.</p>
<p>Ayer descubrí su nave escondida en el galpón del fondo.</p>
<p>El domingo nos vamos de pícnic a su planeta. Yo, por las dudas, llevo helado y galletitas.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Ampa</p>
<p>Un nuevo día de sol y el canto de los capuchinos amanece conmigo.</p>
<p>Otra aventura, sorpresas, desayuno&#8230; ¡allá voy!</p>
<p>Soy Félix, no Feliz con Z, aunque a veces me siento así, mi nombre es con X y me<br />
encanta.</p>
<p>Vivo en una bonita casa en un barrio con muchos vecinos, algunos amables y otros no tanto; creo que les falta reír un poco más y preocuparse un poco menos.</p>
<p>¡Toc, toc! Alguien golpeó la ventana de mi cocina y me saludó.</p>
<p>-Hola niño, soy Cereza, como las de arriba de tu mesa, y si doy un salto de princesa quizás pueda llegar hasta allí, ilesa. ¿Me preparas un jugo por favor? Vengo del Planeta Rojo que queda a miles de años luz de distancia y tengo sed.</p>
<p>-Sí, claro, le respondí.</p>
<p>Mientras preparaba el jugo recordé que el Planeta Rojo era Marte. Era una Marciana y yo un Terrícola. ¡Qué raro suena! ¿Cómo puede ser que llamemos a todo el que vive en otro planeta “extraterrestre”? ¿Y si en realidad nadie sea “extra”, sino habitantes de diferentes lugares?</p>
<p>A Cereza, que rima con tristeza, aunque a veces se siente así, su nombre le encanta.</p>
<p>Ella me enseñó palabras nuevas, y yo le conté que no lograba conversar ni conocer a las personas que viven aquí, en mi planeta.</p>
<p>-Acércate a ellas con un rico jugo para compartir, será el mejor encuentro, me dijo.</p>
<p>Yo vine hasta aquí y aprendí de ti que no importa el lugar de donde venimos, o como somos; lo más valioso es mirarnos con respeto, escucharnos sin interrumpir y celebrar la diversidad en una mesa.</p>
<p>-Gracias, Cereza, ¡sos la mejor sorpresa!</p>
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Lo sabías?</a></strong></h5>
<p><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/inscripcion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Los contenidos periodísticos de En Perspectiva y Radiomundo están disponibles en nuestra web las 24 horas, todos los días del año. Y su uso es gratuito, para todos, sin barreras&#8230;</a></p>
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</tr>
</tbody>
</table>
</td>
</tr>
</tbody>
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</div>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Laberinto</p>
<p>Todos en la familia de Diego creían que le gustaba tener secretos. Pero él no estaba de acuerdo. Solo que a veces, era mejor no contar algunas cosas, porque no le creían. Ya le había pasado. Por eso no le dijo a nadie sobre la amiga nueva.</p>
<p>Apareció de noche. Diego no la escuchó, pero igual supo que estaba en su cuarto. Se sentó en la cama, despierto y sin nada de miedo. Aunque la luz estaba apagada, pudo verla porque tenía un brillo propio, que se movía con ella como si miles de luciérnagas la acompañaran siempre. La rodeaba un resplandor azul, de noche estrellada.</p>
<p>—¿Cómo te llamás? —le preguntó.</p>
<p>Nada.</p>
<p>—¿De dónde venís?</p>
<p>Silencio total.</p>
<p>Pero no era un silencio enojado, ni de quien no quiere contestar. La niña empezó a flotar por el cuarto. Diego le mostró los camiones y los dinosaurios. Le tiró la pelota y ella hizo un ruido parecido al de una caja de fósforos cuando se agita. Se estaba riendo. La pelota rebotó antes de tocar su cuerpo y volvió a la otra punta del cuarto. Jugaron un rato a eso, después al rompecabezas del sistema solar. Ella movía las fichas sin tocarlas, solo apuntaba su único dedo delgado y violeta, lo movía apenas, y la ficha se colocaba en el lugar.<br />
No venía todas las noches, solo algunas. Cada vez la pasaban mejor. La niña también traía juegos.</p>
<p>—Mamá, quiero invitar a Maia a casa, a quedarse a dormir.</p>
<p>—Pero— dijo la madre con cara de sorpresa— si siempre me decís que no sabés cómo jugar con ella porque no te puede escuchar.</p>
<p>—Sí, eso era antes. Ahora ya sé.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>PDM?</p>
<p>Cerré bien fuerte los ojos y con las manos apreté fuerte mis orejas, no abrí la boca, intenté no respirar. Fue imposible mantenerme así por más de cinco segundos y tampoco sirvió de nada, por más que intentara bloquear mis sentidos su presencia me inundó, y no era algo malo. Solo seguí respirando y dejando que su luz brillara dentro de mí, me dijo que se llamaba Zul, que en su mundo es una niña y me había encontrado en un sueño, sin haberme visto, tocado, oído o experimentado mi olor o gusto. Quería tener más amigos y me encontró sin buscarme, quiere jugar y correr, reír y aprender de otras niñas y niños de todos los lugares, quiere saber qué tamaño tengo, cuántas manos en cada dedo, cuántas piernas para volar o cuántos pies para pensar, si los pelos dentro de mis ojos me ayudan a ver o si mi nariz está dentro de mi boca, si cuando me río cambio de color o cuando me pongo triste me lleno de lunares.</p>
<p>Quiere saber si somos muchos y nos queremos, si jugamos y nos comprendemos, si nos cuidamos cuando el otro está enfermo.</p>
<p>Si somos todos iguales o eso no importa.</p>
<p>Preguntó: Juan, ¿puedo volver mañana a jugar contigo?</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong>Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Sol</p>
<p>Una tarde Martín y sus amigos salieron a jugar a la pelota en la canchita del barrio, cuando de repente se acerca una niña muy especial. No era una niña como todas, Martín se acerca muy despacio y la ve a los ojos dándose cuenta que no era humana si no que era extraterrestre.</p>
<p>Le comenta a sus amigos, los cuales comienzan a burlarse de ella,. Martín enojado toma la mano de la niña y le dice a sus amigos que burlarse de alguien aunque sea diferente estaba muy mal. Alejándose de sus amigos Martín trata de comunicarse con la niña la cual no hablaba como él, al llegar a su casa toma una libreta y un lápiz y dibuja un niño y le pone su nombre, ella lo mira y hace un dibujo de una niña y escribe Uma, entre dibujos se van comunicando y entendiendo.</p>
<p>Martín la acompaña hasta su nave donde la esperaban sus padres para regresar a su planeta, Uma muy agradecida por haberla defendido le regala una piedra color rosa muy brillante que si la aprieta fuerte comienza a brillar.</p>
<p>La nave se aleja muy rápido y Martín no podía creer lo que había visto, fueron pasando los días cuando recuerda la piedra que le había regalado Uma, va a su cuarto y toma la piedra muy fuerte cuando de repente es tan fuerte el brillo que no podía ver muy bien que Uma salía de él jugaron toda la tarde y así las tardes siguientes hasta el día de hoy.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Ternura</p>
<p>Rumores en el fondo. Atrás del arbusto. Sí. Hay algo ahí. De noche. En mi larga vida de 7 años nunca sentí tanto pánico. Y curiosidad. ¿Quién está ahí? Se me acerca alguien. Ahhh, ¡pero si es una niña! Ella no parece tener miedo. Su piel es verde. Sus ojos saltones. Su boca enorme… y no tiene ropa, pero sí, no hay dudas de que es una niña. Ahora ya está a mi lado. Le busco un juguete, sí, ese autito que dejé ahí anoche tirado. Pero me parece que no le gusta. Con la mano le digo que me espere. Entro corriendo a la casa y agarro una muñeca de mi hermana menor. Se la doy. Eso sí le gusta porque la abraza y le acaricia el pelo. Ella parece esbozar algo parecido a una sonrisa. Un perro ladra y parece asustarse. “No, no te asustes”, le digo. Y le acaricio el pelo Sigue abrazada a la muñeca. Voy a buscar agua. Tal vez tiene sed. Cuando vuelvo, mi amiga verde desapareció. Con la muñeca en sus brazos.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Terry</p>
<p>Ramiro está enojado, todo se ha suspendido, su cumple, las clases. Por la pandemia hay que hacer cuarentena.</p>
<p>Tomó su cel, no tenía Internet, buscó la compu, no se conectaba.</p>
<p>Salió buscando señal y comenzó a sentir extraños sonidos, imágenes borrosas y de pronto, apareció la cara de una niña desconocida, con cabellos largos y blancos, de ojos grandes y grises.</p>
<p>-¡Hola! Pareces de otro mundo, dijo en broma.</p>
<p>-Es que lo soy.</p>
<p>-No te creo ¿Quién eres?</p>
<p>-Soy Xyla, de un planeta lejano.</p>
<p>Ramiro casi ni respiraba temiendo perder esa comunicación increíble</p>
<p>-¿Y como nos comunicamos?</p>
<p>-Queríamos hacerlo. Nuestro planeta era igual al de ustedes, avanzamos mucho en tecnología, pero olvidamos respetar la naturaleza. El agua se contaminó y se evaporó por el calor.</p>
<p>-¿Tan serio es?</p>
<p>-Más de lo que te imaginas, vivimos en cuevas, sin ventanas, sin ver el cielo. Han pasado varias generaciones, dejamos de pensar en el Yo para pensar en el Nosotros. ¡Y fue bueno! Aprendimos muchas cosas importantes, como comunicarnos por señas para ayudarnos entre todos.</p>
<p>-¿Y ustedes juegan?</p>
<p>-Sí, y cantamos con los mayores. A veces nos dejan usar la gran compu que regula todo y nos permite comunicarnos con el exterior ¡Hoy me tocó a mí!</p>
<p>-¿Y qué podemos hacer?</p>
<p>-Habla con tus amigos, advierte lo que pasará si no se cambia. Ésta pandemia puede hacerlos razonar. ¡Están a tiempo! Me despido pero pronto nos volveremos a ver.</p>
<p>-¿Y si no lo logramos?</p>
<p>-¡Sí, lo haremos! Y tú también podrás convencer a los demás, tienes el video de nuestra llamada.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Alliuska</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Alelí</p>
<p>El perro salió disparado por la puerta entreabierta.</p>
<p>Sus ladridos no habituales despertaron la curiosidad de Romel, quien lo siguió hacia la espesura del monte.<br />
El niño vio un gran destello de luz que descendía entre el follaje.</p>
<p>Su perro avanzó cauteloso rastreando en el aire una presa invisible.</p>
<p>De pronto apareció una niña con un traje resplandeciente.</p>
<p>El perro se acercó a olfatearla y ella le tocó su cabeza. De inmediato el animal comenzó a dar saltos y ladridos de alegría, como reconociendo a una vieja amiga.</p>
<p>Romel quedó estupefacto.</p>
<p>La desconocida avanzó hacia él, levantando una mano a modo de saludo. Romel intentó una tímida imitación, aún presa del estupor inicial.</p>
<p>Ella le dedicó una sonrisa que él jamás olvidaría.</p>
<p>Sin dejar de sonreírle le apoyó una mano sobre su cabeza, lo que le produjo una pequeña descarga eléctrica y un escalofrío.</p>
<p>Él sintió como en un flash o rapidísimo video, cómo se cargaba en su memoria toda la información relativa a la niña.</p>
<p>Su nombre era Alliuska y provenía del lejano planeta Krom, en son de paz y amistad.</p>
<p>Pero necesitará de un gran aliado para cumplir su objetivo. Y Romel ha sido el elegido.</p>
<p>Mientras él, aún asombrado, asimilaba la información y ella seguía sonriendo, el perro le orinaba a Alliuska las platinadas botas de su traje espacial.</p>
<p>En otro momento Romel lo hubiese reprendido duramente por tamaña falta de respeto.</p>
<p>Pero ahora los tres sabían que, ese gesto amistoso, era la forma en que un perro debe homenajear a un viajero que llega de lejos.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Cosa y Teo se conocen</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Mintaja</p>
<p>Teo amaba la Astronomía, pero como sus padres no podían comprarle un telescopio, debía estudiar el universo en su computadora.</p>
<p>Una noche, mientras exploraba la constelación de Orión, una lucecita saltó de la pantalla y se posó sobre su mano.</p>
<p>¿Cómo te llamas?, preguntó la lucecita.</p>
<p>Teo dio un salto atemorizado. Cuando se repuso, respondió vacilando, me llamo Teo, y antes de que pudiera salir del asombro, la lucecita le dijo: yo me llamo Cosa.</p>
<p>¿Cosa? balbuceó Teo ¡Qué nombre tan raro! COSA es cualquier COSA.</p>
<p>¡Yo no soy cualquier COSA!, protestó la lucecita.</p>
<p>Disculpa, no quise ofenderte, es que Cosa puede ser muchas COSAS, explicó Teo.</p>
<p>Sí, tienes razón, Cosa es un nombre muy versátil.</p>
<p>¿Versátil?, titubeó Teo.</p>
<p>Sí, versátil porque puede transformarse en muchas COSAS. Se puede convertir en SACO para abrazarte con amor en CASO de que sientas frío, o en una bandada de OCAS para llevarte volando donde tú quieras.</p>
<p>Y en ASCO, rió Teo, ¡como la sopa!</p>
<p>Veo que aprendes rápido y que no te gusta la sopa. Sin embargo te hará crecer y ponerte fuerte.</p>
<p>¿Y podré ir a Orión?</p>
<p>Claro ¿quieres ir? La conozco muy bien.</p>
<p>No tiene CASO, Cosa, dijo Teo con tristeza, no sé volar y no tengo OCAS.</p>
<p>No importa, Teo. Sólo tienes que ponerte el SACO, cerrar los ojos y desearlo con fuerza.</p>
<p>Teo dudó un instante, pero hizo CASO, cerró los ojos y pensó en Orión con mucha fuerza.</p>
<p>*</p>
<p>Esa noche, la Luna les sonrió cuando los vio pasar tomados de la mano.</p>
<p>Era una luna grande y redonda, como la luna de los cuentos.</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<tbody>
<tr>
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<table class="mcnTextContentContainer" style="min-width: 100% !important; background-color: #a1fc95; border-collapse: collapse; mso-table-lspace: 0pt; mso-table-rspace: 0pt; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" border="0" width="100%" cellspacing="0">
<tbody>
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<td class="mcnTextContent" style="padding: 18px; color: #f2f2f2; font-family: Helvetica; font-size: 14px; font-weight: normal; text-align: center; mso-table-lspace: 0pt; mso-table-rspace: 0pt; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%; line-height: 150%;" valign="top">
<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Lo sabías?</a></strong></h5>
<p><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/inscripcion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Los contenidos periodísticos de En Perspectiva y Radiomundo están disponibles en nuestra web las 24 horas, todos los días del año. Y su uso es gratuito, para todos, sin barreras&#8230;</a></p>
<p><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/inscripcion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Eso es posible porque existe un grupo de oyentes que asumen, voluntariamente, un abono mensual. Son los "Socios 3.0 de En Perspectiva".</a></p>
<p><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/inscripcion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Te invitamos a sumarte tú también.</a><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/enperspectiva-net/notas/socios-3-0-mensaje-emiliano-cotelo/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Más información en este mensaje de Emiliano Cotelo: <u>enperspectiva.net/socios</u></a></strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
</td>
</tr>
</tbody>
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</div>
<p><strong>Título:</strong> <em>Elpis y mi mamá ausente</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Esperanza</p>
<p>Yo sé cómo se siente mi mamá cuando la miro y ella me inunda de besos húmedos. A veces la extraño, porque está conmigo y es como si no estuviera, aunque esté bien cerquita. Otras veces, pasa muuuucho tiempo en el trabajo, y yo me acuesto y me levanto y me vuelvo a acostar, y ella no viene. Si lloro por eso, mis abuelos me dicen que ya falta menos para que vuelva. Entonces, me siento a jugar en la ventana, para ser el primero en verla doblar la esquina.</p>
<p>Lo que los abuelos no saben es que yo recibo sus mensajes todas las noches. Mi amiga Elpis me los pasa despacito, porque la estrella donde vive está lejos y llega cansada. Aunque es una niña, maneja con destreza su nave brillante y la estaciona en el patio. Y luego, en sólo dos saltos, atraviesa paredes, llega a mi cama y me toca el corazón. Porque en su estrella, las personas no hablan con la boca. Al principio, pensé que no le entendería. Pero, luego, fue como si yo siempre hubiera vivido allá arriba, con ella. Anoche me dijo que mi mamá se está curando, que en la estrella la cuidan mucho, que cada día necesita menos de esas pastillas mágicas que toma para estar contenta. Que todos la quieren, que allá es lindo ser distinto y que nadie la mira raro, como en el barrio, cuando paseamos tomados de la mano.</p>
<p>Yo quiero a Elpis, porque sólo con tocar mi corazón, logra que mi mamá me acaricie con su aliento. Ella es mi mejor amiga y en cada visita suya, crezco unos cuantos centímetros.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Encuentro</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Entreveraditos</p>
<p>Desde el momento en que la nave aterrizó en el patio de su casa, Kosa había sido su mejor amiga. Nunca le preocupó su pequeño cuerpo verde y brillante, que con una enorme sonrisa se le aproximó y le tendió la mano. Desde ese momento fueron inseparables compañeros de juegos y aventuras y solo tomó conciencia de la forma en que se comunicaban, cuando ella quiso saber por qué los seres humanos discutían tanto y parecía que no se escuchaban.</p>
<p>Entonces Gabriel recordó la vez que durante una excursión, se encontró ante una entrada de pilares de piedra que sostenían un cartel en el que se leía: RESIDENCIA PARA PERSONAJES DE CUENTOS ABANDONADOS.</p>
<p>Era una enorme casa de madera donde Gepetto le contó que Pinocho transformado en niño, creció y se fue, dejándolo muy solo. Con el leñador que había liberado a la abuela de Caperucita hicieron la casa y poco a poco fueron llegando Cenicienta y la madrastra, La Bella durmiente con Rapunzel, la zorra y el cuervo, la mona Chita y Tarzán y hasta Ali Babá con los cuarenta ladrones.</p>
<p>Gabriel no entendió, al principio, como todos esos personajes vivían en armonía siendo que todos hablaban en idiomas diferentes. Gepetto le explicó, que alcanzaba con tener un objetivo común y voluntad para resolver los problemas y de ese modo, los tristes personajes abandonados habían formado una alegre comunidad.</p>
<p>Cuando uno acepta al otro tal cual es, se establece la comunicación con el corazón y las palabras dejan de ser necesarias.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Fiesta</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Inocente</p>
<p>Ese año, en el campo, se organizó una gran fiesta.</p>
<p>Los niños disfrazados a su antojo arremolinados en el bosque, jugábamos a las escondidas,<br />
cuando un integrante nuevo hace su aparición de la nada.</p>
<p>Al principio nadie lo reconoció, pero aún los menores le extendieron su mano para invitarlo a unirse a la diversión.</p>
<p>Es que el disfraz estaba buenísimo. Descalzo se podían ver sus seis dedos muy largos tanto en pies como en manos.</p>
<p>Además, hablaba sin mover la boca, y hasta mi hermanita Sofía, que no puede oír, lo escuchaba muy bien.</p>
<p>La cosa estaba brutal. Desaparecía en instantes delante de nuestros ojos, y por más que no perdonábamos árbol sin revisar, nada. Y de golpe, ¡zas! Ahí otra vez.</p>
<p>Esto se repitió una y más veces hasta hacer su aparición el primer adulto, que al verlo, y con un alarido terrorífico, lo asustó de tal forma, que se escondió para siempre y nunca más lo volvimos a encontrar.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Gigante</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Lucrecia</p>
<p>La veo y me sorprendo. Una niña como un edificio de seis pisos. Una gigante. Si no fuese por su tamaño se parecería a Mariana, una compañera de clase. Pero Mariana es apenas más alta que yo, una niña común y corriente, aunque algunos se burlan de ella porque es muy grande.</p>
<p>La gigante me descubre.</p>
<p>–¡Un bicho asqueroso! –grita.</p>
<p>–¡Nada de bicho, soy una persona! –protesto.</p>
<p>Me estudia con atención.</p>
<p>–¿En este planeta hay seres inteligentes?</p>
<p>–Algo así.</p>
<p>–Ya veo –dice–, no conozco este mundo. Nuestra nave se averió y, mientras mis padres la reparan, salí a caminar.</p>
<p>–Ahora me explico. Venís de otro lugar, por eso sos tan grande.</p>
<p>–¿Grande?</p>
<p>–Sí, grande y un poco gordita.</p>
<p>Al principio se enoja, pero enseguida reacciona.</p>
<p>–En mi planeta el raro serías vos; un niño flaquito del tamaño de un insecto.</p>
<p>“El raro soy yo”, pienso, “¿Mariana diría lo mismo?”.</p>
<p>–Estás callado –observa la gigante.</p>
<p>–Pensaba en las diferencias.</p>
<p>–No entiendo.</p>
<p>–Bueno, resulta que en mi clase hay una niña que se llama…</p>
<p>En ese momento se escucha una voz y, aunque no logro oír bien, sé que la están llamando.</p>
<p>–Tengo que irme –dice mientras se aleja corriendo.</p>
<p>Después una estela de fuego cruza el cielo.</p>
<p>Hoy llegué temprano a la escuela. Cuando vi a Mariana me acerqué y le di el dibujo que había hecho. Era una nave espacial con una niña que se parecía mucho a ella.</p>
<p>–¿Por qué me lo das? –preguntó sorprendida.</p>
<p>–Quiero ser tu amigo.</p>
<p>Ella sonrió.</p>
<p>–Gracias.</p>
<p>–Gracias a vos –respondí–. ¿Sabés una cosa? Anoche soñé contigo.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La bruja</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>ET8</p>
<p>A Gabriel siempre le había asustado aquella casa. El pasto crecido, las telas de araña que colgaban de las ventanas y, sobre todo, aquella silueta misteriosa detrás de la cortina. Una tarde de otoño decidió invitar a Cosa, que nada sabia de brujas, a escudriñarse en el jardín. Arrancaron juntos hacia aquel extraño lugar, él corriendo y Cosa, bueno, ella dando saltos. Al llegar, Gabriel se escondió detrás del pequeño muro y luego, sigilosamente, y casi de rodillas, comenzó a avanzar. “¡Shhh!”, le advertía Gabriel a Cosa, quien, debido a sus saltos, hacia más ruido de lo esperado. De repente, al acercarse a la ventana vieron que algo se movía. Gabriel se espantó, y al escuchar el ruido del cerrojo gritó: ¡vamos Cosa, vamos! Cosa no se movió. De pronto, la puerta se abrió y ahí estaba. “No se asusten”, dijo la anciana. “Nunca recibo visitas. Entren, tengo galletitas”. Gabriel quedó paralizado, nunca había visto a la bruja tan de cerca. Cosa, en cambio, no parecía sorprendida y guiñándole un ojo a la anciana, dio un salto al frente. A Gabriel no le quedó más remedio que acercarse y finalmente aceptar la invitación. Esa tarde comieron ricas galletas de chocolate, mientras su vecina les contaba sobre sus dificultades para mantener la casa limpia y el jardín arreglado. Antes de marcharse, Gabriel y Cosa ayudaron con la limpieza de las telarañas y con el barrido de las hojas. Prometieron volver.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La cometa de Mili</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Pluf</p>
<p>Mili observaba, junto a la ventana, la cometa que acababa de dibujar. Estaba contenta. Le había quedado superlinda.</p>
<p>De pronto, una ráfaga de viento le arrancó el dibujo de las manos. Mili, sin poder hacer nada, vio cómo se alejaba volando. Con rabia se sentó en el suelo y decidió quedarse allí hasta que el enojo desapareciera.</p>
<p>Pero no tuvo que esperar mucho.</p>
<p>Una nueva ráfaga de viento entro por la ventana sacudiéndola. Levantó la cabeza y encontró en el medio del cuarto a un ser extraño, flaquito, que le llegaría a la cintura. Ese ser raro, de color verdoso, le había traído el dibujo, y parecía amigable. Hablaba en un idioma extraño que Mili no comprendía. Por sí entendía los gestos que hacía con el cuerpo, como en el juego de dígalo con mímica. Cada vez que Mili acertaba, los dos reían. Así supo que se llamaba Greg y que era un niño extraterrestre.</p>
<p>Cuando vio a Greg mirando por la ventana, preocupado porque no había viento para regresar a su planeta, tuvo una idea. Descolgó la cometa de la pared y le hizo señas para que se ocultara detrás de una varilla del armazón, estirando su cuerpo como si fuera un fideo.</p>
<p>Entonces, salió corriendo a buscar a la abuela. Le dijo algo en el oído y ella la siguió al cuarto, donde Greg las esperaba oculto en la cometa.</p>
<p>Abuela y nieta fueron al parque a remontarla. Y cuando a Mili le pareció que estaba bien alta soltó el hilo y ambas quedaron mirándola hasta que fue un puntito en el cielo. Un puntito que se perdió entre las nubes.</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<table class="mcnTextContentContainer" style="min-width: 100% !important; background-color: #a1fc95; border-collapse: collapse; mso-table-lspace: 0pt; mso-table-rspace: 0pt; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" border="0" width="100%" cellspacing="0">
<tbody>
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Lo sabías?</a></strong></h5>
<p><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/inscripcion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Los contenidos periodísticos de En Perspectiva y Radiomundo están disponibles en nuestra web las 24 horas, todos los días del año. Y su uso es gratuito, para todos, sin barreras&#8230;</a></p>
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</div>
<p><strong>Título:</strong> <em>Lea  niña</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Manuela Cangallo</p>
<p>La maestra Amalia presentó a la niña al salón de clase. Todos quedaron asombrados. No se parecía en nada a los humanos. Les comentó que ella venía del planeta Próxima B. A la niña le tocó sentarse al lado de Juanito.</p>
<p>—Vo, gurisa, ¿por qué tenés una cola de ratón y orejas como de elefante? —preguntó Juanito Rosi.</p>
<p>—En Próxima B todos somos así. ¿Por qué aquí nadie tiene colas ni orejas grandes?</p>
<p>—Porque no somos ratones ni elefantes… somos humanos —respondió Juanito.</p>
<p>—Todos ustedes son feos —dijo Rafael.</p>
<p>—Feo serás vos… Deja a la niña tranquila. Ella es… es… es distinta.</p>
<p>—Horrible… —arremetió Rafael y le sacó la lengua.</p>
<p>La maestra Amalia quiso interrumpir, pero esperó a ver la reacción de Juanito. Juanito caminó hasta donde estaba la niña. Le tapó los oídos.</p>
<p>—No la insultes. ¿Por qué es horrible? ¿Por qué es de otro planeta?</p>
<p>La maestra hizo que se callaran. Hizo que todos se pusieran en círculo. Entre ellos había niños y niñas de distintas realidades sociales. Hizo que cada uno dijera su nombre. Les pidió que se pusieran las máscaras que ellos habían fabricado, días atrás, con goma y papel. Los niños reían. Nadie podía reconocerse.</p>
<p>—¿Y ahora? ¿Quiénes somos?</p>
<p>—Somos nosotros —gritaron.</p>
<p>Apenas se les veían los ojos a través de las máscaras.</p>
<p>—Niña, ¿te parecen feos?</p>
<p>—Sí —respondió.</p>
<p>Cuando terminó la clase, la niña se vio rodeada de sus compañeros. Reían. Nadie se insultaba.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La visita</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Cantinella</p>
<p>El abuelo y Tino pescaban en la escollera.</p>
<p>La tarde estaba clara aún y la luna como una naranja brillante y sedosa subía al cielo que se apagaba<br />
poco a poco incrementando su inmensidad.</p>
<p>De pronto cayó una estrella fugaz.</p>
<p>Resultó ser un bus intergaláctico.</p>
<p>Al rato, se bajaron varios tipitos un poco mareados por lo agitado del trayecto.</p>
<p>Estiraron las piernitas y comenzaron a dispersarse a lo largo del lugar.</p>
<p>Una niña del grupo se aproximó al muelle, saludó y dijo que se llamaba Rit.</p>
<p>Perplejos, se miraron ambos pescadores en silencio.</p>
<p>Rit explicó que venían de Ceres, un asteroide enano pero de corazón grande.</p>
<p>Al descenso vieron tamboriles, fuegos y gente alegre bailando por lo que descartó que sería un lugar<br />
fantástico para visitar.</p>
<p>Una vecina suya le había recomendado que no dejara de probar la garrapiñada y los refuerzos de<br />
mortadela.</p>
<p>Además, le gustó mucho la idea de subirse a la rueda gigante que desde el cielo parecía un maravilloso anillo de luces girando cerca de la playa.</p>
<p>Muy confiada, Rit pidió permiso para intentar suerte con la caña y para sorpresa de todos, pescó.</p>
<p>Tanta suerte le dio risa y al rato, reían los tres.</p>
<p>Metieron las patitas en el agua fresca y hablaron de amigos, música y banderas.</p>
<p>Conversaron largo rato hasta que Tino tuvo sueño.</p>
<p>Se despidieron, deseándose abundante fortuna y varios viajes.</p>
<p>De regreso y algo contrariado, Tino le dijo al abuelo que Rit era una suertuda.</p>
<p>“Primera vez y pesca”, murmuró.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Lo esencial</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>León</p>
<p>¡Hola Cosa! ¿¡Qué te pasó!?</p>
<p>¡Hola Gabriel! Nada, ¿por qué preguntás?</p>
<p>¡Es que tu piel está de otro color hoy!</p>
<p>¡Ah, sí, claro! Es que en mi planeta las persona cambiamos de apariencia cada tanto.</p>
<p>¿¡En serio!?</p>
<p>Sí, a veces somos de color blanco, otro día negro, otro amarillo, rojo, verde…</p>
<p>Puedo aparecer un día alta y al otro bajita.</p>
<p>Gorda o flaquita.</p>
<p>Con pelo lacio, muy enrulado o sin pelo.</p>
<p>Un día ser una nena y al otro un varón, o algo diferente.</p>
<p>Pero, pero… ¿cómo es posible eso?</p>
<p>¡Ah! La naturaleza nos hizo evolucionar así para que no nos dejemos engañar por las apariencias, para que nos respetemos entre todos, aunque nos veamos diferentes. ¡Y valoremos la belleza de la diversidad!</p>
<p>¿Y… cómo se reconocen?</p>
<p>Es que los ojos siempre nos engañan, ¡sólo se ve bien con el corazón!</p>
<p>Ah, ¡es verdad! Yo ya sabía eso… Vení que te quiero mostrar mi libro preferido, ¡te va a encantar! Y ahora que lo pienso, ¿tu planeta está cerca del asteroide B612?</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Previsión</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Pocomí</p>
<p>La niña presionó un botón en el comunicador intergaláctico y aguardó.</p>
<p>─¿Andrómeda?, escuchó la voz de su amigo Earth.</p>
<p>─Sí, contestó. ─Recibí tus imágenes electrónicas sonoras, de afinidad ultravioleta. Aprendí mucho sobre la vida de los horneros que viven en tu jardín. Aquí son desconocidos.</p>
<p>─¿Puedes enviarme un mensaje relatando lo que viste y oíste?, ─preguntó el niño. Así estaremos seguros que captaste todo.</p>
<p>En tiempo real, Earth recibió el siguiente audiotexto encriptado en código de Uruguay.</p>
<p style="text-align: center;">&#8211;o&#8211;</p>
<p><em>La pareja de horneros camina alerta sobre el cuidado césped, mirando hacia un lado y otro y picoteando aquí y allá. En ocasiones, sus picos se alzan vacíos. Otras veces, descartan lo recogido y continúan buscando.</em></p>
<p><em>A partir de un trino constante del macho, la pareja interpreta un coordinado dúo de notas metálicas. De pronto, con la velocidad del rayo, Papá hornero extrae de la tierra una sabrosa lombriz. Llama a la Mamá para entregarle el tesoro descubierto. Ella lo recoge en su pico y vuela rauda hacia la casita de barro construida en el poste de luz vecino.</em></p>
<p><em>Ambos están seguros de que sus tres polluelos disfrutarán de un suculento desayuno.</em></p>
<p><em>Sin demoras, el macho retoma su paso marcial y continúa la búsqueda de más alimentos. Sabe que sus pequeños son voraces y que la jornada diaria es larga e incierta.</em></p>
<p><em>Papá hornero jamás olvida el sabio consejo de la hormiga amiga: “quien guarda, tiene”.</em></p>
<p style="text-align: center;">&#8211;o&#8211;</p>
<p>De inmediato, Andrómeda recibió la respuesta:</p>
<p>─Está perfecto. Nos comunicamos pronto. Beso.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Qu</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Homo sapiens</p>
<p>Al detenerse el rayo-transporte pudieron ver las estrellas y planetas más cercanos.</p>
<p>El padre de Qu, al verla nerviosa le explica que es normal, se detiene para hacer algunos ajustes y luego continuar.</p>
<p>Qu, enciende su Hológrafo de muñeca para ver su ubicación:</p>
<p>Sistema solar, 9 planetas, 12 lunas, cometas y miles de asteroides, orbitando al Sol.</p>
<p>Un planeta titila, lo toca con el dedo:</p>
<p>Planeta Tierra clase M, atmosfera, nitrógeno al 78% y oxígeno al 21% y otros</p>
<p>-Papá, puedo ir al planeta Tierra, si.</p>
<p>-Bueno, pero solo vas al campo.</p>
<p>Llega a una verde penillanura levemente ondulada, el Hológrafo le indica:</p>
<p>Árboles: Scutia buxifolia, Acacia Caven</p>
<p>Aves: Vanellus chilensis, Rhea americana, Nothura maculosa</p>
<p>Mamíferos: Equino, Homo sapiens</p>
<p>Montado en su caballo, Gabriel va a la Escuela Rural y se topa con Qu que se sorprende al verlo tan diferente y enciende el traductor universal.</p>
<p>-Hola, soy Qu.</p>
<p>-Buen día, soy Gabriel.</p>
<p>Entablan una conversación muy amena y ambos aprenden muchas cosas. Gabriel le muestra los útiles que lleva a la Escuela, lápices, escuadra, cuadernos, libros y enciende la Ceibalita.</p>
<p>Qu le muestra su Hológrafo y se dan cuenta que ambos tienen toda la información en sus aparatos electrónicos.</p>
<p>Salen de las sombras del Quebracho y el Espinillo, juntos corren y ríen por el campo espantando a los teros, los ñandús y las perdices.</p>
<p>Cuando Qu tiene que partir, le regala a Gabriel una pulsera de piedras de su planeta y Gabriel le regala unos lápices de colores fabricados en la Tierra.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Un balcón con tizas de colores</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Barranco</p>
<p>Está quedando bien, pensó Matías mirando la pared. La cabeza comenzaba a verse igual, con esos cabellos lanzados al aire. Al oír a su mamá, corrió las plantas para tapar el dibujo y escondió las tizas de colores.</p>
<p>Días después, descubrió que habían completado su obra; pero el lado derecho de la cabeza estaba calvo, y tenía un ojo enorme y alargado.</p>
<p>¿Quién podría haberlo hecho? No venían amigos a jugar a casa. Intrigado, dibujó sólo el lado izquierdo del tronco. Con el brazo flaquito, igual al suyo.</p>
<p>Días más tarde el tronco estaba completo, y tenía un brazo derecho largo que terminaba en tres dedos, finos y algo curvos. ¿Cómo habría llegado alguien a su balcón, tan lejos del suelo?</p>
<p>Culminó el lado izquierdo del dibujo. Incluyó la mitad izquierda de la silla de ruedas. Si iba a dejar su retrato a los futuros inquilinos, debía dibujarse tal cual era. Por esos días apareció la pierna derecha, un poco corta y algo cómica.</p>
<p>Ya era algo personal. Pintó su lado del dibujo, y empezó a dormir con un ojo abierto. A la cuarta noche sintió ruido de macetas deslizándose. Se acercó, sigiloso, al balcón iluminado por la luna. Alguien, que le pareció una niña, dibujaba sobre la pared.</p>
<p>Encendió la luz. La niña giró la cabeza, calva, al otro lado del vidrio. Lo miró con ojos enormes. Levantó la mano derecha y le mostró, sujeta entre los tres dedos, la tiza de color verde. Sonrió, y Matías le devolvió la sonrisa. Terminó de pintar su lado del dibujo. Después se perdió en el cielo de la noche.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Una luz en el camino</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Fiona</p>
<p>Como todas las mañanas, Juancito tomaba la chocolatada que su mamá le dejaba antes de ir a trabajar. Guardaba sus cuadernos y la cartuchera en la mochila, sin olvidar las dos galletitas para la merienda. Esa mañana, camino a la escuela, notó una claridad diferente a los demás días, pero era tan hermosa que no podía dejar de admirarla. En el largo camino que debía recorrer, no había ninguna casa, solo un pequeño estanque, donde nadaban algunos patos salvajes. Ese día algo lo hizo detener junto al espejo de agua. Una pequeña figura rubia y etérea, montada sobre un cisne lo miraba. La luz que irradiaban no parecía real. Se acercó a ella y le preguntó quién era y qué hacían allí. -Soy Tinka y él es King. Bajamos a conocer este hermoso lugar y descansar del largo vuelo que nos espera. -¿Quieres unirte a nosotros?</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Venida de otro mundo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Adalia</p>
<p>Nico fue a clases desganado. Quería quedarse a ver una serie de ciencia ficción que le fascinaba, pero sucedió algo extraordinario. En su salón había un ser extraño con ropas muy raras como las de las películas de batallas intergalácticas que miraba su hermano mayor.</p>
<p>Tenía cara y cuerpo cubiertos con su ropaje. Igual, Nico pudo ver sus grandes y brillantes ojos verdes observando todo con extrema atención.</p>
<p>Se asustó!. Por lo que sabía, parecía ser un extraterrestre y estaba aquí en la Tierra entre nosotros!.<br />
Iba a correr lo antes posible pero cuando vio a la maestra pensó que debía advertirle y salvar a los demás.<br />
Vio películas donde agentes especiales se encargaban de los extraterrestres y su hermano le contó que esos oficiales y científicos existían. ¿¡Cómo contactarse con ellos?!</p>
<p>La cabeza le daba vueltas!. Sorpresivamente la maestra posó su mano sobre el hombro de aquella figura delgada y alta descubriéndole la cara con cuidado y todos pudieron ver el rostro de Adalia, su nueva compañera. Contó que venía de un país lejano donde ella y su familia ya no podían vivir… Eran tiempos difíciles y “su mundo” había cambiado demasiado. Esperaba algún día volver pero igual le gustaba estar acá y conocerles. Adalia y Nico tenían mucho en común: les encantaba mirar las estrellas por la noche y no tanto dormir siesta.</p>
<p>Nico tenía la rara pero obvia sensación de que no había distancia, frontera o “diferencia de mundos” entre él y Adalia después de haber conversado con ella.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/concurso-cuentos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Concurso de Cuentos</em> de <strong>En Perspectiva</strong>, llamados anteriores</a></p>
<p><strong>Foto: </strong>Nicolás Celaya / adhocFOTOS</p>
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Lo sabías?</a></strong></h5>
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<p><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/inscripcion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Eso es posible porque existe un grupo de oyentes que asumen, voluntariamente, un abono mensual. Son los "Socios 3.0 de En Perspectiva".</a></p>
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</tr>
</tbody>
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</div>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/cuentos-infantiles-comunicacion-respeto-conoce-los-nominados-jurado-vota-favorito/">&lt;em&gt;Cuentos infantiles sobre comunicación y respeto&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Cuentos sobre emergencias y desastres en Uruguay: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu favorito</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/cuentos-emergencias-desastres-uruguay-conoce-los-nominados-jurado-vota-favorito/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Gastón González]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 Oct 2020 12:35:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[concurso de cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=67811</guid>

					<description><![CDATA[<p>27 cuentos preseleccionados por el jurado.</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/cuentos-emergencias-desastres-uruguay-conoce-los-nominados-jurado-vota-favorito/">&lt;em&gt;Cuentos sobre emergencias y desastres en Uruguay&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El <em>Concurso de Cuentos de En Perspectiva</em> te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “premio de los oyentes”. Aquí están publicados los cuentos enviados bajo la consigna “Emergencias y desastres en Uruguay” nominados por el Jurado. Al final de la página se encuentra el formulario para votar.</strong></p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 22.10.2020 a las 12.00 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p><strong>Edición:</strong> tercer llamando, octubre de 2020<br />
<strong>Consigna:</strong> <em>Emergencias y desastres en Uruguay</em><br />
<strong>Jurado:</strong> Juan Grompone, Alcides Abella, Gonzalo Pérez del Castillo, Alejandro Abal y el equipo del programa <em>Oír con los ojos.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: center;"><em><strong>Cuentos nominados</strong></em></h4>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Paulista</p>
<p>Ni el Covid tuvo tanto impacto. La realización fue gradual. La conclusión, inexorable. ¿Cómo<br />
seguir adelante?</p>
<p>Cinco largos, larguísimos meses desde aquel fatídico día 0, llegó la noticia; finalmente, se iba a<br />
poder restablecer la importación de yerba mate.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>23 de agosto</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Saiara</p>
<p>Enorme desastre. El viento parecía la mano de un gigante enojado aplastando lo que se interponía a su paso.</p>
<p>Árboles arrancados de raíz tirados en el medio de la calle. Techos sin casas rodaban como trompos.</p>
<p>Se oían explosiones secas de vidrios rompiéndose. Los edificios parecían moverse de un lado al otro, como diciendo “no”.</p>
<p>El aullido del viento rebotaba en los nubarrones cetrinos. La lluvia acostada pegaba como látigo a los transeúntes desorientados.</p>
<p>Yo, aferrada a una palmera enana intentaba no volar. Casi no pensaba, solo reaccionaba a estímulos.<br />
Un taxista me vio y paró, hizo señas para que subiera, así lo hice. Arrancó enseguida. Por momentos la galerna nos elevaba unos centímetros del asfalto, como a una cometa antes de ser remontada.</p>
<p>Pudimos entrar a un estacionamiento, allí nos quedamos sin emitir sonido, apenas se escuchaba nuestra respiración fragmentada.</p>
<p>Afuera se oían los truenos rugiendo, las nubes escupiendo lluvia y el viento que ululaba tragándose la vida..</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Lo sabías?</a></strong></h5>
<p><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/inscripcion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Los contenidos periodísticos de En Perspectiva y Radiomundo están disponibles en nuestra web las 24 horas, todos los días del año. Y su uso es gratuito, para todos, sin barreras&#8230;</a></p>
<p><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/inscripcion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Eso es posible porque existe un grupo de oyentes que asumen, voluntariamente, un abono mensual. Son los "Socios 3.0 de En Perspectiva".</a></p>
<p><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/inscripcion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Te invitamos a sumarte tú también.</a><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/enperspectiva-net/notas/socios-3-0-mensaje-emiliano-cotelo/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Más información en este mensaje de Emiliano Cotelo: <u>enperspectiva.net/socios</u></a></strong></td>
</tr>
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</div>
<p><em><strong>Título:</strong> Abril 1959</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Lluvia</p>
<p>Las inundaciones de abril 1959. Lluvias torrenciales, desbordaron ríos y arroyos, la peor catástrofe del Uruguay.</p>
<p>Paso de los Toros acatando con verdadero estoicismo, como si fuera una guerra, la gente, con algunos petates imprescindibles abandonaron sus casas, en tren hacia el sur o carretera para Tacuarembó.<br />
Mamá envolvió a mi hermanito en una frazada, tomó mi pequeña mano y subimos al tren.</p>
<p>Estábamos llegando a Montevideo, mamá salió a buscar algo de comer, no regresó.</p>
<p>Llegamos a la estación. Me obligaron a bajar del tren, el bebe lloraba, yo también.</p>
<p>Yo diminuta entre aquella multitud enardecida. ¡Mamá!, gritaba con todas mis fuerzas. De pronto la veo, nos abrazamos, sentí que el alma se me llenaba de alegría</p>
<p>Fuimos a casa de la tía Irma. Comimos y nos dio una habitación. No había luz, solo una vela. Encontré un cuaderno y un lápiz. Escribí mi primer cuento.</p>
<p>-Había una vez una madre y sus dos hijos&#8230;</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Aquel año</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Olga</p>
<p>El viento golpeaba los postigones con fuerza, Luis seguía en el sótano inmerso en un silencio sepulcral. Yo afanada con detenerlos, negando que estuviera ahí. La lluvia entraba hasta la puerta cancel colándose por el piso.</p>
<p>Ellos gritaban "¿dónde estás?, salí cagón". Rompieron, pegaron y lo encontraron.</p>
<p>Esa noche del 75 fue la peor tormenta que viví. A Luis nunca más lo vi y todavía hoy desde la tele me preguntan "¿hasta cuándo voy a buscarlo?" o "¿hasta cuándo los juzgaremos?".</p>
<p>Hasta siempre lo voy a hacer, ¡hasta siempre!</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Ciclón</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Árbol</p>
<p>Hace unos años yo era un limonero, hasta que vino un terrible ciclón que me destrozó, y me dejó apenas con un tronquito de unos pocos centímetros.</p>
<p>Pero al tiempo, del tronco empezaron a brotar nuevas ramas, y pensé, ah, voy a volver a crear limones. Pero no, cuando aparecieron los frutos, ¡eran naranjas amargas! Es que, como naranjero amargo soy un árbol indestructible y ¡me habían injertado un limonero!</p>
<p>En otras palabras, el ciclón no me destruyó sino que dejó lo mejor de mí.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong><em> Climateo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Pedrense</p>
<p>No había hombre más baquiano para el clima que don Climateo Garifo Gurméndez.</p>
<p>Gaucho oriundo de Paso de los Toros.</p>
<p>Lo llamaban para pronosticar el clima y así ordenar los quehaceres de la estancia.</p>
<p>En general acertaba.</p>
<p>Un día le pregunté cómo hacía y me contestó con elegancia:</p>
<p>-Por mirar nomá.</p>
<p>Se mojaba el índice y tanteaba el viento, calculaba la leche que daban las vacas, las abejas en el panal, los perros con las patas al cielo, los pájaros alejándose del pago y ahí nomás, te lanzaba su pronóstico.<br />
Por mediados de marzo, estuvo varios días inquieto, oteando el horizonte, siguiendo a las abejas, conversando con los perros y nos dijo:</p>
<p>-Es al ñudo que me aquerencie, voy pal norte pa las tierras altas.</p>
<p>-No es por flojo, pero va a caer agua a baldes.</p>
<p>Nadie lo comprendió realmente, pero el 24 de marzo comenzó a llover y no escampó hasta el 23 de abril.</p>
<p>Evacuaron Paso de los Toros por temor al derrumbe de la presa Rincón del Bonete.</p>
<p>Fueron las inundaciones del 59, las más terribles del Uruguay.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Colita</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Colita</p>
<p>El niño montó su caballo para ir a la Escuela. Lo acompañaba su perro Colita, como siempre. Pero al llegar al arroyo, este no daba paso. Bajó para mirar el torrente entre la baranda del puente, provocando un bramido que asustaba. De golpe ve a su perro queriendo nadar en el río y llevado por la corriente. Dejó su mochila a un lado y se tiró desesperado para alcanzarlo. Creyó imposible la hazaña, pero el perro quedó enredado entre las ramas de unos Sarandíes. Llegó hasta él y lo apretó con fuerza. Al rato oyó el andar de un caballo y pidió ayuda gritando desesperado. Era un peón de la estancia cercana. Le tiró una cuerda y con todas sus fuerzas trepó entre las ramas hasta alcanzar la orilla.</p>
<p>Casi, casi –le dijo el peón.</p>
<p>Esta es una pequeña historia de héroes anónimos, de tantas de esas inundaciones del 59 y que nunca nadie contó.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Contrarreloj</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Sasha</p>
<p>Me agarró del pelo con fuerza mientras me tiraba sobre la mesa, con la mezcla justa y excitante de fuerza, enojo, pasión, y miedo.</p>
<p>Me arrancó la blusa mientras yo araña su espalda, éramos como dos adolescentes descubriendo nuestros cuerpos, saboreándonos. Con mi lengua recorrí su cuerpo sintiendo la adrenalina en todas sus formas.</p>
<p>Cuando finalmente nuestros cuerpos fueron uno, cuando nuestros movimientos acompasados nos llevaban al final, sonó la segunda alerta, ya no había tiempo de evacuación, habíamos decidido ignorar la primera, que podía darnos alguna posibilidad de llegar a los refugios.</p>
<p>La suerte ya estaba echada, así que seguimos como si nada, disfrutando de nuestra pequeña muerte, mientras la definitiva nos encontraba.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Crónicas de invierno</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Femaz</p>
<p>Don Palmiro fue conocido en el barrio como “Viejo Bastión”. Había trabajado toda su vida de albañil y se jactó siempre de la calidad insuperable de sus construcciones, pero sobre todo de lo invulnerable de su casa, un pequeño rancho rodeado de murallones al mejor estilo colonial. El apodo se lo habían puesto en el Café, donde se reunía una tarde si y otra también a jugar al truco, una forma de pasar las horas de jubilado y de escapar a las quejas de su esposa. Cuentan que la enfermedad de Doña Amelia y su posterior fallecimiento lo afectaron al punto que poco se lo veía salir. En la madrugada de un 22 de junio cesó su tragedia, pasó de un sueño a otro y su nombre a ser parte de la historia del lugar; un avión con 58 pasajeros se vino al suelo destruyendo varias casas en su caída, entre ellas la de Palmiro donde terminó frenando contra su muralla. Decenas fueron víctimas pero el gran murallón redujo considerablemente los daños. Todavía hoy se habla de que Amelia lo mandó buscar.</p>
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Lo sabías?</a></strong></h5>
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<p><strong>Título:</strong> <em>Cuento</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Campo</p>
<p>Hace cinco días que la Jacinta no da leche y María vuelve al rancho sin alimento para sus hijos. La negrura que sube del monte le recuerda la última granizada, y apura el paso.</p>
<p>Antonio la ve también; clava el arado y corre, hundiendo sus pies desnudos en la tierra desguazada.</p>
<p>Granizo, murmura ella.</p>
<p>¡No! jadea él, hincando sus ojos en la mancha oscura que avanza, reptando como una crucera gigante, mientras opaca el sol y oscurece la tierra.</p>
<p>Sin aliento, lanza un grito sordo y breve ¡Rápido, todos al rancho! Y aunque no podamos oírlo, su grito estremece hasta el fondo de los campos.</p>
<p>Pero no ve a la Francisca.</p>
<p>Sus otros hijos señalan el monte y se acurrucan junto a la madre.</p>
<p>María los besa y los aprieta contra su falda.</p>
<p>¡Al rancho, carajo!, grita Antonio, ya desde el borde del ramaje.</p>
<p>María alza a sus hijos y obedece. Cierra la puerta y pasa la tranca.</p>
<p>Su última mirada le devuelve la camisa cansada de Antonio que se pierde en la espesura del monte, allá en el fondo de la barranca.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Deluge</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Equis</p>
<p>Apagó el televisor. Las imágenes en los canales de noticias eran siempre las mismas. Cambiaban el escenario – Estados Unidos, Europa, un país andino – y el acento de los corresponsales. Lo demás parecía inmutable: agua, agua y más agua. Como si el mundo de finales de siglo se empecinara en ahogar las palabras de Heráclito repetidas por centurias. Ciudades sepultadas bajo ríos desbocados, la lluvia que caía desde hacía meses sin explicación posible. Tan sólo un océano cayendo desde el cielo y avanzando de norte a sur, de oriente a occidente.</p>
<p>Aquí se esperaba la llegada del diluvio en cualquier momento. Pero aunque hubieran pasado décadas desde la última pandemia, la gente de este país seguía recordando cómo el impacto había sido menor que en el resto del mundo. No tenía por qué ser diferente ahora. La gente esperaba confiada, distendida.</p>
<p>Al apagarse, el televisor sumió la casa en el silencio. Un silencio que se quebró con las primeras gotas, esféricas, enormes, golpeando el cielorraso.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El loco Anselmo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Iguazú</p>
<p>El loco Anselmo era el loco de nuestro pueblo. Edad indefinida, vestía siempre de negro, era evidente que no le gustaba la gente, vivía en un montecito al lado de la laguna. Su única posesión era su barca. Con ella salía a pescar todos los días. Muy de cuando en cuando, iba al almacén del pueblo. Los niños teníamos la orden de no acercarnos a él. “No sabemos lo que puede hacer”, decían nuestros padres.</p>
<p>Cuando subieron las aguas, hubo que evacuar. Había que ponerse a salvo. Salvar primero la vida y luego, las pertenencias. No éramos suficientes para rescatar a todos. Y en el medio de la lluvia torrencial vimos al loco Anselmo con su bote, remando contra la correntada, ayudando a transportar a una familia. Todo el día, su figura oscura estuvo ayudando a la gente.</p>
<p>Una vez que pasó lo peor, el loco Anselmo volvió a su vida solitaria de antes, pero nosotros ya lo vimos con ojos diferentes.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>El parto</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Coherencia</p>
<p>Todo estaba tan bien que no habíamos pensado en un posible adelanto del parto. La gruesa tormenta se había venido durante la noche con todo su poderío de rayos, truenos y ese viento arrechado que no dejaba de mojar todo ser que encontraba sobre la tierra.</p>
<p>No fue fácil prender el charre al asustado caballo. Cargar los bolsos, que aunque eran dos, no se debían mojar. Sara con las dos manos en su vientre al mirarme, apretaba sus labios con los dientes en señal de que todo estaba pronto.</p>
<p>Así salimos por el trillo tapados lo mas que podíamos por el viejo poncho patria y los sombreros de paño grueso. Al llegar al río, todo era un torbellino de agua que corría con gran fuerza. No daba paso. En la otra orilla, el pueblo y el calor de la casa de la partera. Poco le importó a Máximo cuando oí las palabras: ¡¡¡ya viene!!!</p>
<p>El llanto llenó la improvisada tienda hecha con el poncho y una vieja frazada. Nada se detuvo, ni el advenimiento&#8230; ni los truenos, ni la crecida del río.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>En clase de astronomía</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Hubley</p>
<p>-Profe, ¿nos podría explicar el asunto ese del asteroide?</p>
<p>-Sí. En 1998 un grupo de astrónomos detectamos un cuerpo de gran tamaño con trayectoria hacia la órbita de la tierra. Pudimos determinar que la colisión ocurriría en el día de ayer.</p>
<p>-¿Entonces…?</p>
<p>-Informamos a las agencias espaciales americanas, europeas, rusas, chinas que resolvieron enviar una andanada de misiles para desviarlo.</p>
<p>-Se salvó la tierra entonces…</p>
<p>-Sí, pero, por un error de cálculo el asteroide cayó en la luna y desviaron su plano orbital.</p>
<p>-¿Y…?</p>
<p>-Resultó que ahora veremos la luna unas horas en el solsticio de verano, muy bajita en el horizonte, y sólo si no es luna nueva…</p>
<p>-¿Qué pasará ahora?</p>
<p>-Eso será su tarea para la próxima clase: un ensayo estudiando las consecuencias para Uruguay en, por lo menos, el clima, la economía y el arte.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La última misión</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Desértico</p>
<p>Los trasbordadores se alejaban de la nave nodriza a toda velocidad, los Tripulantes se dirigían a su última parada.</p>
<p>La misión “controlar los avances científicos para no destruir la naturaleza”.</p>
<p>Al finalizar regresarían a casa.</p>
<p>Son pocos los planetas con humanoides inteligentes como ellos. Se mezclan con los lugareños y hacen las recomendaciones pertinentes.</p>
<p>Ská y Tí estaban entusiasmados, hacia 48 años galácticos que estuvieron en el tercer planeta azul y querían ver los avances. Repasaron las bitácoras de las reuniones realizadas con un grupo humanoide llamado “SINAE” que estaban preocupados por la Reducción del Riesgo de Desastres.</p>
<p>Ajustaron las coordenadas.</p>
<p>Antes de llegar a la atmosfera, pudieron distinguir el estuario “del Plata” por su color marrón.</p>
<p>Al observar más detenidamente, ese mismo color cubría una gran extensión del territorio que llegaba hasta la desembocadura de un fabuloso río.</p>
<p>Recordaron la zona de selva que había allí, su asombro fue mayúsculo.</p>
<p>Había desaparecido.</p>
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Lo sabías?</a></strong></h5>
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<p><strong>Título:</strong> <em>Le Voleur</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Icarus</p>
<p>Aquel 23 de agosto me agarró en la cumbre del Cerro Pan de Azúcar junto al tranquilo de mi viejo.</p>
<p>Lo cuento rapidito porque me limitaron los caracteres.</p>
<p>De pronto una ráfaga de 150 k/h nos embolsó a ambos y salimos volando por los aires. Al principio gritaba, después me entró a gustar.</p>
<p>No todos los días uno vuela.</p>
<p>Recorrimos parte de Maldonado, algo de Lavalleja, Canelones y al final Montevideo.</p>
<p>Nos llevó 14 días el periplo, menos mal que teníamos sándwiches en las mochilas y una botella de Fanta.</p>
<p>Un día apareció un pollo asado y un tupper de puré que pudimos cazar al vuelo cuando ya no quedaba nada de comida. Muchas cosas volaban alrededor y el viento no paraba.</p>
<p>Al final llegamos y caímos justo en la azotea de la casa de mis abuelos en Villa Biarritz.</p>
<p>Contentos fuimos a avisar a toda la familia pero nadie nos creyó.</p>
<p>El viejo estaba furioso por eso, pero al final se calmó cuando supo la noticia que había terminado la pandemia de Covid. Increíble la suerte.</p>
<p>Ah, y los ladrones no vuelan.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Los niños y la lluvia</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Aliagus</p>
<p>Martín se tiró en el sillón y apoyó una de sus piernas en el posa brazo, mientras miraba el celular.</p>
<p>Desde la cocina, un aroma a carne asada llegaba hasta él.</p>
<p>Llovía a cántaros, hacía casi una semana que no paraba. “¡Que embole!, ¿Cuándo podré salir?”, pensó.</p>
<p>Su madre entró cargando a su hermana. “Vichala un ratito así termino la cena”.</p>
<p>La apoyó en la alfombra frente a él. La niña llegó a donde estaba su hermano y se paró. Extendió la mano intentando tocar el celular. “¡Salí Julieta, no seas pesada!”.</p>
<p>Otra vez la sentó y prendió el televisor. En ese momento el informativo anunciaba las acciones del SINAE frente a las tormentas que asolaban al país.</p>
<p>La niña, que jugaba tirando de los hilos de la alfombra, levantó la mirada hacia la pantalla cuando sintió llorar a un bebé. Su madre lo llevaba en brazos y atrás se veía una casa ruinosa. Gateó hasta el televisor, se sacó el chupete y se lo ofreció al niño.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Polanco-Barriga Negra</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Sapo</p>
<p>Fue la primera vez que un mapa tuvo sentido para mí.</p>
<p>Corría el año 1959, tenía ocho años, y Papá se preparaba, como cada temporada, para salir de caza con un grupo de amigos.</p>
<p>Escopetas, colchones, alimentos, tres o cuatro damajuanas de vino y “el Duque”, primero en subir a la caja de la Fargo, por miedo a que lo dejaran.</p>
<p>La lluvia se desencadenó a los pocos días, y lo que era una semana en un principio, comenzó a estirarse tanto, como mi corazón, angustiado por la ausencia.</p>
<p>No entendía, no tenía consuelo.</p>
<p>Así fue que mi hermana mayor, tomó su libro de geografía y me mostró un mapa diciéndome: “¿Ves?, acá es Polanco, y este hilito azul es el arroyo Barriga Negra.</p>
<p>Cuando pare de llover, el arroyo dará paso y entonces Papá volverá.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Primera pesca</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Majufra</p>
<p>Dicen que la inundación del cincuenta y nueve fue la más grande en la historia del Uruguay. La ciudad donde yo vivía tuvo que ser evacuada y los libros de la biblioteca, gracias a una ventana mal cerrada, navegaron por las calles de la nueva Venecia.</p>
<p>Cuando cesó la lluvia mi padre me llevó a pescar a la orilla de la ciudad. Él atrapó tres y yo uno sólo, grandote. Recuerdo que en el refugio lo sequé en la estufa y comencé a saborearlo lentamente, pero me gustó tanto que esa misma tarde devoré totalmente mi primera pesca: “Veinte mil leguas de viaje submarino”.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Que no venga</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Juan</p>
<p><em>Este cuento supera el límite de 1.000 caracteres requerido para participar del concurso. Fue incluido entre los nominados por un error del jurado y una vez constatada dicha equivocación se procedió a eliminarlo de la competencia. Pedimos las disculpas del caso.</em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Rancherío</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Dalmas</p>
<p>Mientras la luz de una cerilla alumbraba tenuemente la densidad del monte, allí nomás, un alambrado oxidado y laxo fungía de frontera entre la espesura y el pueblucho que se estiraba adormilado en cuatro manzanas de calles de tierra apisonada. Cincuenta ranchos de adobe y quincho, daban cobijo a trescientas personas. Pedro se despertó a las cinco, y con la tenue luz de los rescoldos de la estufa, encontró su ropa y se vistió. El perro paseaba nervioso, calibrando con su hocico la humareda. Cuando abrió la puerta las llamas habían arrasado medio rancherío. En trágica procesión de hijos y bienes, la gente corría levantando polvareda hacia la cañada cercana. Al mismo tiempo, los tirantes de madera ardían como yesca y los techos cedían cayendo con estrépito sobre objetos y personas. A lo lejos, los sonidos de una sirena de bomberos y el estruendo de las aspas de un helicóptero. Mientras, los albores de un nuevo día, delineaban en el horizonte la silueta de un fugitivo.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Catula</p>
<p>¿Me escucha? Una voz lejana entre sirenas y llantos trata de despertarme. "Lo llevaremos a un Centro de Salud, no se preocupe, va a estar bien".</p>
<p>Abro los ojos, hay mucha luz, los vuelvo a cerrar. Un sonido entrecortado y penetrante me torna a la realidad, estoy en un CTI.</p>
<p>Trato de recordar&#8230; mitad de la noche, golpes en la puerta, voces gritando "¡fuego, tienen que salir, hay que evacuar el edificio, ascensor no, por las escaleras!".</p>
<p>Voy bajando con dificultad y un empujón me derriba, seguido de un "¡salí de mi camino viejo!", luego oscuridad, hasta ahora. De esto hace un año. Hoy viernes en el hogar para discapacitados, como todas las semanas, espero a Pablo, el chico del empujón.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Solidaridad</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Doña Anselma</p>
<p>Puedo recordar esa tarde sin mayor esfuerzo; hasta la hora puedo recordar, pues coincidió con el tren de las tres. Y cuando creímos oír el estruendo de la locomotora, alguien gritó:</p>
<p>¡No es el tren, es el cielo!</p>
<p>Debo decir que solo esa vez en mi vida mis ojos vieron algo como aquello: nubes de extraños colores que el viento llevaba de un lado a otro y que de pronto se tornaban negras, llegando hasta la oscuridad más absoluta, al extremo de no vernos unos a otros. Todo se detuvo; por un instante todo se aquietó y al momento nomás el vendaval de viento y lluvia más espantoso del que tengamos memoria se abatió sobre la tierra. Duró un instante, pero fue suficiente. Temerosos y sin hablarnos nos fuimos marchando. Nuestra casa en ruinas; no quedaba nada. La desolación era total, hasta que empezaron a llegar los vecinos. Todos traían algo: una canasta con verduras, una gallina, hasta doña Anselma llegó con sus panes. En ese día terrible comprendí qué era la solidaridad.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Sueño profundo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Julieta 14</p>
<p>Se reunían anualmente desde hace 15 años en diferentes lugares, para celebrar la amistad liceal. Esta vez, decidieron pasar el día en una isla del Río. Algo diferente a los asados en casa de alguno de ellos. Concretada la fecha, la emoción y el recuerdo los llevaba a campamentos de antaño. El barco salía a las 8.30 y soñaban con el Paraíso salvaje imaginado. Fueron llegando con sus bolsos y se acomodaron en la cubierta, con ayuda del marinero. De pronto sonó una sirena. Nunca se supieron de donde vino, pero una ola gigante los envolvió y sumergió sus sueños en el fondo del Río.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Temporal iletrado</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Tico Tico</p>
<p>El temporal se desbocó de tal manera que, salvo la última y la primera, se desprendieron todas las demás letras de Uruguay. Se podía leer: Uy.</p>
<p>Arrastrada por el agua, una letra e se incrustó en la o del litoral. Sí, literal. La ñ vio volar su techo y entró en conflicto con la n por un supuesto fishing en medio de la inundación. El caso es que el caos fue total. La h enmudeció, la b quedó como una p, la p como una q y derribada, la N mayúscula pasó a ser una letra clase Z. La L se mojó todita pero mucho no le importó, después de todo es una consonante líquida. Una i terminó con diéresis porque fue a parar a su azotea el punto de otra i desdichada que imploraba: “¡Hay que poner los puntos sobre las íes!” La w se descoló y una v se coló por el ático de una A que en la cochera de abajo alojó la ch de un coche chocado. Ya no hubo letrero que se pudiera deletrear ni oración que oyera un dios letrado pero la catástrofe, sabido es, siempre es temporal y ya llegaría el punto final.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Uruguay 1904</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Magnolia</p>
<p>Abrió el periódico esa mañana calurosa de enero preocupada por las últimas noticias sobre la Revolución Civil desatada recientemente, ’’ la más sangrienta de la historia del país’’ leyó con angustia y pensó que el país no estaba preparado para eso, no se pensó en la forma de enfrentar la tragedia que se avecinaba. Le llamó la atención un aviso en la misma página, llamaban a licitación para confeccionar las prendas de vestir de las tropas, vio una oportunidad de ayudar al país y colaborar en su hogar. Creó un pantalón cómodo para montar a caballo, le puso una pieza reforzada en la entrepierna lo que facilitaría enormemente al hombre subir al caballo apresuradamente. Esa pieza le permitió ganar la licitación. En pocos días montó su pequeña empresa que abasteció las necesidades de los combatientes mientras duró la reyerta, octubre 1904.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Vida en Streaming</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Titó</p>
<p>Nací un siglo después de la Pandemia del covid-19 al que algunos llamaron el virus chino. Por tanto los primeros contactos con mi familia y toda mi vida fue a través de pantallas. Algunas veces jugaba con algún niño de forma presencial porque era obligatorio, ya que el proceso de sanitización no ameritaba la experiencia.</p>
<p>Hoy soy un adulto independiente, rodeado de pantallas y vida en streaming. Pero todo eso cambió hace unos días, cuando los androides hackearon las redes y la nube. El Sistema Nacional de Emergencias Electrónicas, que resguarda los contenidos y nuestras memorias en la nube, dice que van a encontrar a los responsables de la falla que ocasionó la catástrofe. Lo cierto es que perdimos todo. Sólo nos queda el mundo real, ese del que me hablaron cuando era chico, pero yo no lo conozco ni recuerdo, porque el supuesto hackeo borró los archivos de nuestras memorias. Sé que algunos niños se criaron en ese mundo real sin pantallas y aún viven. Pero yo… tengo miedo de ser humano.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/concurso-cuentos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Concurso de Cuentos</em> de <strong>En Perspectiva</strong>, llamados anteriores</a></p>
<p><strong>Foto: </strong>Nicolás Celaya / adhocFOTOS</p>
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<td class="mcnTextContent" style="padding: 18px; color: #f2f2f2; font-family: Helvetica; font-size: 14px; font-weight: normal; text-align: center; mso-table-lspace: 0pt; mso-table-rspace: 0pt; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%; line-height: 150%;" valign="top">
<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Lo sabías?</a></strong></h5>
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		<item>
		<title>Uruguay 2045: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/uruguay-2045-conoce-los-nominados-jurado-vota-cuento-favorito/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Candela Stewart]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Jul 2020 13:40:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[concurso de cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=65202</guid>

					<description><![CDATA[<p>23 cuentos preseleccionados por el jurado.</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/uruguay-2045-conoce-los-nominados-jurado-vota-cuento-favorito/">&lt;em&gt;Uruguay 2045&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El <em>Concurso de Cuentos de En Perspectiva</em> te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “premio de los oyentes”. Aquí están publicados los cuentos enviados bajo la consigna “Uruguay 2045” nominados por el Jurado. Al final de la página se encuentra el formulario para votar.</strong></p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 30.7.2020 a las 13.00 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p><strong>Edición:</strong> segundo llamando, julio de 2020<br />
<strong>Consigna:</strong> <em>Uruguay 2045</em><br />
<strong>Jurado:</strong> Juan Grompone, Alcides Abella, Gonzalo Pérez del Castillo, Alejandro Abal y el equipo del programa <em>Oír con los ojos.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: center;"><em><strong>Cuentos nominados</strong></em></h4>
<p><strong>Título:</strong> <em>Sonrisas</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Ada</p>
<p>Recuerdo cuando cumplí quince, en junio de 2045. Habíamos preparado desde hacía mucho tiempo cada detalle para que todo fuera perfecto.</p>
<p>Entré al cuarto de mamá y la vi sentada sobre su cama mirando una especie de barra roja.</p>
<p>—Mamá, ¿qué es eso?</p>
<p>Noté que había estado llorando y no entendía por qué. Balbuceé algo y me interrumpió.</p>
<p>—Es un labial —me dijo—, no se usan desde&#8230; desde que no se ven más las sonrisas.</p>
<p>Cambió el tono y quiso mantener la calma aunque no pudo, lo noté por las lágrimas que comenzaban a mojar el tapabocas. Debía cambiarse y desinfectarse si seguía así.</p>
<p>Antes de que dijera algo, me interrumpió otra vez:</p>
<p>—Hemos hablado muy poco de esto, Alfonsina, llegan tus quince y no puedo contener mis recuerdos de cómo eran las fiestas antes. No veré tu sonrisa hoy, como desde que naciste.</p>
<p>—Mamá, sabés que me confundís cuando hablás de sonrisas.</p>
<p>—Lo sé, te confundiré más si te hablo de maquillaje, hoy no es un día para clases de historia.</p>
<p>Terminó, fue y se desinfectó otra vez.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Adagio<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Minotauro</p>
<p>Van tirando de un carro, puro pellejo, un perro, un gurisito y un criollo viejo.</p>
<p>El niño mira su teléfono a cada rato preocupado por la hora; hoy no puede llegar tarde a la escuela, es miércoles y los miércoles hay milanesas.</p>
<p>El perro sabe que un hueso aparece en cualquier volqueta y el caballo solo desea descansar. Si alguna vez lo hubiera visto pensaría en un verde prado, pero solo ha conocido el hormigón y la basura.</p>
<p>Un grupo de obreros baja de las columnas los coquetos carteles plásticos con el mundo rodeado de laureles en blanco y celeste, con un cien dorado, el pibe se los pide;</p>
<p>-Pa&#8217; tapar las goteras.</p>
<p>-Llevátelos.</p>
<p>Contentos, pegan la vuelta. A las pocas cuadras empieza a caer una garúa fina y fría.</p>
<p>El niño sube el perro al carro, abajo del asiento y se tapan con uno de los carteles.</p>
<p>Y así, por una vez, los cien años de paz le mejoran el día.</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<table class="mcnTextContentContainer" style="min-width: 100% !important; background-color: #94f3ff; border-collapse: collapse; mso-table-lspace: 0pt; mso-table-rspace: 0pt; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" border="0" width="100%" cellspacing="0">
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Tu apoyo es clave para el periodismo de En Perspectiva</a></strong></h5>
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<p><em><strong>Título:</strong> Sugestión</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Cebrita</p>
<p>Ángeles no se sentía bien. En realidad nunca logró sentirse bien después de aquella pandemia ocurrida veinticinco años atrás. Quedó con miedo. Hacía tiempo que no atendía las llamadas telefónicas y su actividad social se redujo al mínimo. El teléfono volvió a sonar, y esta vez una voz muy fuerte en su cabeza le pedía que atendiera. Así lo hizo.</p>
<p>-Hola, ¿con quién hablo?- preguntó temerosa &#8211; y la respuesta se escuchó clara y horrorosa: Con el virus.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>En línea</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Alanit</p>
<p>-¡Epaaa! ¡Qué preciosa! -exclamé al ver a mi esposa vestida de fiesta.</p>
<p>-¡Gracias! -dijo sonriente mientras tomaba mi corbata entre sus manos-. Dejame arreglarte ese nudo.</p>
<p>-Mmmm&#8230; ese perfume&#8230; es&#8230;</p>
<p>-El que me regalaste para el aniversario -respondió-. ¿Estamos en hora?</p>
<p>-Tenemos tiempo -aseguré mientras pasaba mi mano por su cintura-, pero además&#8230; ya estás<br />
pronta&#8230;</p>
<p>-¡Sólo me falta pintarme los labios!</p>
<p>-¡Entonces ya me voy para ahí!</p>
<p>-¡No demores! -susurró casi rozándome la boca, justo antes de cortar.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>El Archipiélago Oriental</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>The Coursega</p>
<p>Aire húmedo, melancolía usual, las ramblas del antiguo Uruguay se ven habitadas por otros simpáticos pero extraños peces plásticos. Los polos se han derretido previsiblemente, la topografía aproximada entre los paralelos 30° y 35° de latitud sur y los meridianos 53° y 58° de longitud oeste se halla compuesta por diferentes islas formando El Archipiélago Oriental. El Ex Cerro de Montevideo ha sobrevivido, al igual que Villa Serrana y el resto de los puntos altos de tal zona. La población se ha reducido considerablemente por la gran inundación y el cáncer de piel se ha vuelto epidemia, únicamente sobrevivieron los individuos con más antigüedad. A pesar de que la esperanza de vida ha aumentado en la Metrópolis Mundial La Paz, debido a la limpieza del aire y el estilo de vida más pausado y artesanal, la historia nos ha dejado una parábola, los papeles han cambiado, los ojos rasgados lograrán nuevamente sanar el mundo, parece que finamente el Comunismo ha triunfado.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong><em> Todo fútbol pasado fue mejor</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>El currinche</p>
<p>Armando volvió a intentar encender el televisor. A los 89 años, su vida eran un montón de botones.</p>
<p>Él, que es de los que andaban descalzos, que creían en los Reyes Magos, que era experto en gambetas para que los escobazos de la vieja no llegaran a destino, que lo vio hace 35 años al “Loco” Abreu picársela al arquero africano.</p>
<p>Añoraba los domingos de fútbol, los gritos agarrado al alambrado, el olor a chorizo. El futuro trajo a la Play. Estamos todos locos, qué barbaridad, si dicen que hasta el otro día uno se cortó el tendón del dedo gordo de la mano derecha porque no hizo una buena pre-temporada.</p>
<p>Por eso es que se resiste a que lo obliguen a no soñar más, a dejar de ver figuras en las nubes, a regalar flores a las muchachas.</p>
<p>No saben los que diseñan tanta tecnología, que logró esconder una media y con unos calzoncillos viejos está haciendo una pelota de trapo para que cuando vengan sus nietos sientan el sabor y la locura de un abrazo de gol en el barro en un día de lluvia.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Insensatez y sentimientos</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>EGCh</p>
<p>-Quítese el escudo facial y colóquese el halo, por favor. Quédese tranquilo que aquí es seguro, como su abogado, sólo yo veré sus reacciones.</p>
<p>El halo se encendió con un color blanco grisáceo.</p>
<p>-Sabe que cometió un delito grave, ¿verdad? ¿Por qué lo hizo, fue por acumular Bintens?</p>
<p>-No, es que era la forma en que mi abuelo se ganaba la vida, ¡y de niño siempre quise hacerlo!</p>
<p>Naranja claro</p>
<p>-¡No trate de engañarme! ¡Y además sabe que desde el Covid-27 está completamente prohibido!</p>
<p>-Sí, ¡pero esa gente quería experimentar con algo real! Me resistí, pero la tentación fue muy grande…</p>
<p>Violeta suave</p>
<p>-Veo que está arrepentido. Lo único que podemos alegar es un desequilibrio emocional temporal&#8230; y<br />
permitir rastreo del halo por un año.</p>
<p>-¡Pero…!</p>
<p>Rojo oscuro</p>
<p>-Es lo mejor que le puedo ofrecer. Es eso o reclusión. ¡Piense en lo que hizo!</p>
<p>El acusado cierra los ojos. Silencio prolongado. El halo brilla como un cielo celeste.</p>
<p>-Y ahora, ¿qué lo puso así?</p>
<p>-El recuerdo al olorcito de ese choripán&#8230;</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Siempre estarás ahí</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>El varón</p>
<p>Ansioso esperaba el momento.</p>
<p>Nuevamente me miré al espejo y recargué perfume en mi mejilla derecha.</p>
<p>El brazalete vibró indicando que mi coche llegaba, tomé mis zapatos y salí. La puerta se cerró al sentir que mi brazalete se alejaba.</p>
<p>Ya en la calle, el coche estaba esperando y la puerta se abrió sola, entré y saludé a los otros tres pasajeros, con los que compartía el viaje. Todos sentados en ronda mirando al centro del coche, sin chofer.</p>
<p>Bajé en mi destino, la puerta, reconociéndome, se abrió y tomé mi lugar. Toqué el vidrio de la mesa para ordenar mi trago, disimulando mi ansiedad y me cambié los zapatos rápidamente.</p>
<p>Cuando levanté la vista me topé con ella, mirándome fijo, insinuando una sonrisa; respondí cabeceando y ella asintió. Fui hasta su lugar, ella se paró y puso su cara sobre mi mejilla; rebosante de perfume. Sentí su respiración, nos abrazamos y comenzamos a bailar ese tango, que sonaba igual hace más de cien años. Porque el Tango siempre espera y el Amor, siempre será igual.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Encuentro</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Rial</p>
<p>Mis amigos no me entienden, pero aunque estemos en el 2045, ¡cocinar con mi abuela escuchando a Zitarrosa, es lo máximo!</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<table class="mcnTextContentContainer" style="min-width: 100% !important; background-color: #94f3ff; border-collapse: collapse; mso-table-lspace: 0pt; mso-table-rspace: 0pt; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" border="0" width="100%" cellspacing="0">
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Tu apoyo es clave para el periodismo de En Perspectiva</a></strong></h5>
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<p><strong>Título:</strong> <em>Año cuarenta y cinco</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Endel</p>
<p>Festejamos mis 80 años con mis hijos y nietos, luego de la hora gratis del HoloSistem volví a mis actividades.</p>
<p>Faltó mi mejor amigo, que estaba internado en el Centro Médico Autónomo.</p>
<p>A la mañana siguiente con el ExoTraje fui a verlo, ponía dos horas caminando.</p>
<p>Me entretenía observando a los pasajeros de los RoboTaxis, conectados a sus CeluLentes, parecen los Max Rb500. En el aire los FlyBoard pasaban silbando a altas velocidades.</p>
<p>Caminando sin esfuerzo, oía en mis CL las noticias sobre la ley de educación, seguridad y el déficit fiscal.</p>
<p>Todo es eléctrico y sólo pagamos a UTE un pequeño cargo, a pesar de ello aun hay gente que está fuera del Sistema.</p>
<p>En la entrada del CMA dejé mi traje y digité la sala en el panel de la silla de ruedas con la esperanza de verlo mejor.</p>
<p>En la puerta el informe del LED TV indicaba que a las 17 horas el Sistema había decidido desconectarlo según ley actual.</p>
<p>Me dio pena.</p>
<p>Volví a casa viendo con mi ojo derecho por los CL, videos con antiguos temas de tango electrónico.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Irrecuperable</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Irrecuperable</p>
<p>Un rayo de sol se coló por la ventana y eso fue suficiente para que Ricardo se despertara y abriera los ojos con desgano. Lo primero que hizo fue suspirar pesadamente, luego pensó en la notificación que había recibido al final de la noche, mientras cenaba con amigos. Su esposa no sabía nada, quizá por eso dormía plácidamente.</p>
<p>Se mantuvo en la cama, en silencio y boca arriba, mirando el techo, pensando. Como cada mañana, revisó la hora en su Astra Watch, una pequeña línea holográfica sobre su muñeca, que lo conectaba al sistema de protección central.</p>
<p>Eran las 6:45 del 8 de agosto de 2045 y le faltaban 3 horas y 22 minutos para morirse. “Infarto irrecuperable”, según la notificación, “imprescindible despedirse”, según el sistema.</p>
<p>Minutos después se puso de pie. Caminó hacia la cocina y comenzó a preparar el mate por última vez. Mientras veía como se hinchaba la yerba, un recuerdo le robó una sonrisa y eligió quedarse en el pasado, porque el futuro ya no era una sorpresa.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Último viaje</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Leyland</p>
<p>El viejo motor del 121 se detuvo en el repecho. Un ómnibus eléctrico recogió a los pocos pasajeros. Su último destino fue un museo.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>El último chapuzón</em><br />
<strong>Seudónimo:  </strong>LAUR</p>
<p>¡Cómo pasa el tiempo! Hace cuatro años que me pegué el último chapuzón en las playas de Montevideo. Recuerdo perfecto la gente, las risas, la fiesta. Fue después de un gran temporal de viento que el agua volvió a las playas de la ciudad.</p>
<p>Luego la marea se retiró nuevamente y no volvió más. La costa quedó demasiados kilómetros al sur.</p>
<p>El bombardeo constante de noticias positivas desde el gobierno creo que no alcanza. Que la nueva carretera<br />
recta de Montevideo a Buenos Aires acortará horas el trayecto en auto. Que la descentralización del país es un hecho, la capital ya está en el interior. Que nuestro punto más alto, el Cerro Catedral, volvió a subir y ya son 740 metros sobre el nivel del mar.</p>
<p>Aunque por ley está prohibida la nostalgia y a pesar del nuevo impuesto que grava la tristeza, seriamente estoy pensando en escribir algo; ideal sería un tango. El nombre ya lo tengo… <em>El último chapuzón.</em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Luz amarilla</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Demócrito</p>
<p>Su cara traducía su estado de ánimo. Apenas saludó pudo descargar su bronca contenida. Por tener su auto en reparación, había llegado en taxi a la reunión y era la primera vez que le tocaba uno sin conductor.</p>
<p>-¡Nunca más me tomo uno de estos!- gritó maldiciendo.</p>
<p>-Pero, ¿cuál fue tu problema? ¿Conduce tan mal?- Le preguntó Carlos.</p>
<p>-No es eso; como podés elegir, no quise música, ni radio, ni televisión y opté por el modo diálogo. La programación de estos autómatas está totalmente sesgada. Cuando planteé el tema político, me argumentó con una serie de hechos de su profusa base de datos de una manera tan contundente que no pude discutirle más.</p>
<p>-Bueno, política es política- quiso calmarlo Carlos.</p>
<p>-Pero lo peor no fue eso; cambié al tema deportivo y estuve a punto de romper la consola; vos sabés lo fanático que soy de mi equipo; pues casi me convenció que no es el más grande del Uruguay.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Algoritmo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Monsal</p>
<p>Era una típica mañana de agosto aquí en Montevideo, muy fría, unos débiles rayos de sol se abrían paso tímidamente entre las nubes grises, para luego rebotar en los espejados cristales de los edificios.</p>
<p>Automóviles impulsados por motores eléctricos circulaban en el ordenado silencio de una formación perfecta.</p>
<p>Uno de ellos se detuvo ante el pequeño espacio que había entre otro automóvil estacionado y un contenedor de residuos. Se trataba de un vehículo no tripulado de origen chino, modelo 2045.</p>
<p>Su sistema inteligente efectuó las medidas de distancia y un procesador que realizó los cálculos correspondientes estableció el ángulo de aproximación, comenzando así con precisión matemática, la maniobra de estacionamiento. Antes de completarla alguno de sus sensores captó un movimiento imprevisto y tal como lo indicaba su algoritmo, se detuvo.</p>
<p>Lentamente un hombre salió del contenedor, totalmente indiferente a lo que sucedía a su alrededor, aferrado a su almuerzo.</p>
<div class="blog-disclaimer">
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</tr>
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<p><strong>Título:</strong> <em>Cosas que pasan</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Neopaisano</p>
<p>El hombre ensillaba con la salida del lucero, preparando todo lo necesario para encarar la jornada. Ya había mateado hasta la primera resolana. Apretó las cinchas, acomodó el pelego, y antes de montar armó cigarro. Con los primeros pasos oteó las nubes, escuchó los pájaros y sintió el viento, para saber cómo iba a estar el día. Ya en un trote parejo empezó a pensar, en la familia y su circunstancia, y en qué mal había hecho para que su hijo más chico lo visite solo por holograma.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Catástrofe</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>PUM</p>
<p>Bien, señor@s, llegamos al destino. Mientras se cargan las baterías del minibús, visitaremos la planta de celulosa abandonada. Quienes prefieran, pueden recorrer caminando un tramo del cañón del Río Negro. Les recuerdo que hoy, 13 de marzo de 2045, se conmemoran 25 años de la declaración de emergencia sanitaria por Covid 19, por lo tanto algunos comercios pueden estar cerrados…</p>
<p>-Perdón, Alicia, ¿podrías describirme un poco la caminata por el cañón?</p>
<p>-Claro -respondió amable Alicia, la guía turística-, hay unas pasarelas metálicas que permiten transitar y descender algunos metros en el barranco por donde antes fluían las aguas del desaparecido Río Negro. Un guía local les irá relatando la historia del río hasta el momento de la catástrofe. Pueden tomar fotos y videos, aunque el paisaje no es muy amable.</p>
<p>-¿Y se puede cruzar al otro extremo…?</p>
<p>-No, lamentablemente está prohibido… ahora es territorio brasileño.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>2073</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Novecientos noventa y nueve</p>
<p>Sólo un niño pudo haber inventado aquella máquina extraña y prodigiosa. No la vi más.</p>
<p>Dicen que la destruyeron.</p>
<p>Lo cierto es que sólo aquellos que teníamos noventa y siete años en el 2045 podíamos revertir los años de modo tal que en el 2046, en lugar de cumplir noventa y ocho, cumpliríamos noventa y seis; y así hasta nuestro nacimiento.</p>
<p>Aunque no llegaría a los cien, preferí probar aquella máquina poderosa, y aquí estoy.</p>
<p>Con sesenta y nueve años le gano a mi hijo de noventa y siete haciendo jogging, y mi nieto de setenta y dos apenas puede seguirme el ritmo.</p>
<p>En once años y medio tendré cincuenta y siete, la misma edad de mi bisnieto y en treinta años más, cuando cumpla veintisiete, tal vez juegue al futbol con el nieto de mi tataranieto y seguramente su bisnieto me enseñará a escribir.</p>
<p>Ahora que lo pienso, me preocupa un poco, sólo deseo que por entonces se invente una máquina que permita volver a crecer; de otro modo, el tataranieto de mi tataranieto será quien me dé el biberón.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Vayan clonando las chauchas</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Ranero</p>
<p>Faltando muy pocos minutos para comenzar llegó al estadio el legendario Lionel Messi, quien en pocos días cumplirá los 59 años. Todas las figuras más importantes del fútbol se hicieron presentes; ninguno quiere perderse este partido final de la copa del mundo 2046, donde todos los expertos coinciden en que será “el mundial” de quien hoy ya es definido como el mejor jugador de fútbol de la historia. No solo ha superado a la pulga sino también a quien muchos seguían considerando, hasta hace poco, el mejor 10 de todos los tiempos, el controversial Diego Maradona, quien falleció hace 19 años en aquella trágica circunstancia.</p>
<p>Con 34 años, en su mejor momento, luego de haber ganado un mundial hace 16 años, y en su país, con tan solo 18 años en “Uruguay 2030”; saldrá a la cancha como capitán de su selección el fraybentino Kevin Gutiérrez.</p>
<p>Preparen sus visualizadores de imagen esférica y disfruten de este momento único. Señoras y señores, se mueve, se mueve, se juega, se juega.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Dinastías</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Plebeyo</p>
<p>La señal indicará las 7 horas, 0 minutos, 0 segundos… Buenos días, hoy es 7 de junio del año 2045, nos acompañan a ver el mundo En Perspectiva —saludaba Valentín Kirichenko al aire-.</p>
<p>Minutos después, presentaba la entrevista central: “Hoy en la entrevista central tenemos a los expresidentes Luis Lacalle Pou y Julio Luis Sanguinetti con ambos charlaremos sobre las candidaturas a la interna partidaria de sus hijos Luis y Julio Eduardo, respectivamente”.</p>
<p>Consultado sobre el tema, uno de los entrevistados, responde: “Nuestros hijos dan la certeza a los ciudadanos de líneas políticas probadas durante muchos años y evitan la incertidumbre de nuevos lideres del Frente Amplio para los viejos problemas del país”.</p>
<p>Avanzada la entrevista, “desde la audiencia nos llegan preguntas, por ejemplo, Sandra de Minas nos dice que su abuelo le contaba de los padres de estos expresidentes cuando lo fueron y ella, ya abuela sigue escuchando los mismos apellidos dueños de la política”.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El despertar de una siesta de 100 años</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Pinerolo</p>
<p>-​Hola. ¡Eche, mozo, más champán!</p>
<p>-Vino tanguero el "Faraón".</p>
<p>-¡Adiós muchachos, compañeros&#8230;</p>
<p>-¿Te vas?</p>
<p>-¡Acuden a mi mente recuerdos de otros tiempos!</p>
<p>-¡Qué "sopa de letras", "Fara"!</p>
<p>-¡Me voy a Baires por el Gardel!</p>
<p>-¿Por el Gardel, un buque nuevo?</p>
<p>-¿Buque? ¡Qué atrasado! ¡En tren, por el Puente Gardel! Un amigo va seguido, dice que viaja mucha gente.</p>
<p>-¡Contá, contá!</p>
<p>-Une Colonia con Punta Lara, son 46 kilómetros de puente y túnel. El puente va sobre columnas y de pronto&#8230;, ¡se zambulle en el río!</p>
<p>-¡Jaja, andá a cantarle a Gardel! ¿Acaso es un submarino?</p>
<p>¡Pará, "siglo XX"! Hicieron islotes altos para salvar las crecidas. Allí están las bocas de entrada y salida del túnel, que va debajo del lecho. Para volver al puente hay otro islote. También sirven de estaciones, para logísticas y recreación.</p>
<p>-¡Que bueno, "Faraón"! Con razón hay tanto turistas todo el año, y más trabajo en todos los rubros.</p>
<p>-Así es&#8230;, ¡despertamos de una siesta de cien años!</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Salud 2045</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Sandokan</p>
<p>Hacía bastante tiempo que el Estado monitoreaba nuestra salud, aconsejándonos qué comer y qué no, indicándonos qué hábitos debíamos cambiar, suministrándonos medicamentos si estábamos enfermos o las vacunas cuando correspondiera, controlando si nos ejercitábamos y dormíamos lo suficiente, en fin, haciendo todo lo posible para que nuestra salud fuese óptima.</p>
<p>Eso, sabíamos, era bueno para todos, para nosotros como individuos y para el país. Por eso todos (o casi todos) aceptábamos como natural el chip que nos acompañaba desde el año del bicentenario (en el caso de los niños, desde que nacían), y que era mantenido periódica y gratuitamente por el sistema nacional de salud.</p>
<p>Cuando me enteré que yo también había contraído la enfermedad que todavía no tenía cura (a pesar de todos los esfuerzos de la ciencia), no pude evitar un estremecimiento cuando me di cuenta de que en pocos minutos el chip desencadenaría en mi organismo la reacción necesaria.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Eusebio</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Sincopada</p>
<p>Eusebio, los primeros rayos del sol de julio, la mañana congelada, seca, hermosa.</p>
<p>Los cientos de cuadros plantados al detalle y con amor, de arazás, guayabos y pitangones, mientras las cajas de Frutos del Sur For Export esperan pacientes.</p>
<p>Un zumbido llena el ambiente tranquilo; el dron de la empresa alemana GünterDaas se acerca y toma datos en cada planta de clorofila, tamaño, análisis de hojas y corteza por posibles agroquímicos.</p>
<p>Eusebio grita al Chuminga, su perro: “Pará de ladrar, bobeta, es el centinela que sabe tu nombre y el de tu enamorada”.</p>
<p>Eusebio acaricia los pelos erizados: “Tranquilo, Chuminga, quieto, así, quieto; están deseosos de nuestras plantaciones orgánicas, intentan traducir la felicidad que nos dan a vos y a mí en valores químicos, gráficas, análisis genéticos. Cada terrón que piso, cada planta que huelo, cada pájaro que me hace compañía en la mañana, me dicen, Eusebio, enamoraste al paisaje y no hay tecnología que lo pueda comprender”.</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/concurso-cuentos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Concurso de Cuentos</em> de <strong>En Perspectiva</strong>, llamados anteriores</a></p>
<p><strong>Foto: </strong>Pintura de Tullio Crali (1926) – <em>Sobrevolando la ciudad</em></p>
<div class="blog-disclaimer">
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<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/uruguay-2045-conoce-los-nominados-jurado-vota-cuento-favorito/">&lt;em&gt;Uruguay 2045&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Historias de cuarentena: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/historias-cuarentena-conoce-los-nominados-jurado-vota-cuento-favorito/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Gastón González]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Apr 2020 18:06:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=62376</guid>

					<description><![CDATA[<p>27 cuentos preseleccionados por el jurado.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El <em>Concurso de Cuentos de En Perspectiva</em> te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “premio de los oyentes”. Aquí están publicadas las “Historias de cuarentena” nominadas por el Jurado, y al final de la página el formulario para votar.</strong></p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 30.4.2020 a las 13.00 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p><strong>Concurso de Cuentos de En Perspectiva 2020</strong></p>
<p><strong>Edición:</strong> primer llamado, abril de 2020<br />
<strong>Consigna:</strong> <em>Historias de cuarentena</em><br />
<strong>Jurado:</strong> Juan Grompone, Alcides Abella, Gonzalo Pérez del Castillo, Alejandro Abal y el equipo del programa <em>Oír con los ojos</em></p>
<p><strong>Cuentos nominados</strong></p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Impensado</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Aprendiz</p>
<p>El confinamiento lo sorprendió en época de pleno arte. Horas de taller entre lienzos, colores y formas solían detener el tiempo. En su refugio artístico se sentía a salvo del entorno acosador y la oclusión forzada del mundo no sería la excepción.</p>
<p>Cuando todo comenzó puso la regla: ninguna alusión pictórica al encierro. El enmascarado de Poe no entraría a su taller. No tocaría sus pinceles ni rozaría sus lienzos. No pasearía impune por el recinto ni le miraría silencioso con ojos de hielo. No. En su taller sólo luz, libertad y plenitud.</p>
<p>Y así nació, inspirada en música de Verdi, la primera obra de aquel tiempo nuevo.</p>
<p>En ella, intensa de colores de alta paleta un arca imaginada, algo constructiva, navega detenida por un mar cargado de textura. Encima extraños símbolos en tono pastel anuncian el dolor. A la derecha agoniza una antigua arpa intocada y al centro, encerrados entre rojas columnas, sujetados por el cuello y resignados, un grupo de esclavos ve pasar la vida.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Diario</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Arroiar</p>
<p>Pronto cumpliré doce años, no sé cuándo exactamente, es que hace mucho tiempo que estamos aquí. No entiendo por qué hace frío. A mis padres les vino la fiebre y se los llevaron a la tercera isla, la de la chimenea. Allí está el hospital y el doctor que los va a curar, pero todavía no vuelven y estoy sola. Del otro lado del mar, que cambia mucho su color y me recuerda la ría, veo la ciudad que nos espera. Dicen que se habla español allí.</p>
<p>Creo que va a llover, la bruma la está ocultando. Cerró su libreta, guardó el lápiz y corrió desde la escalinata a refugiarse en su pabellón.</p>
<p>Sus manos arrugadas, rígidas por la artrosis, cerraron con amor y delicadeza las amarillentas y quebradizas hojas de la libreta. Era hora, con dificultad caminó hasta la ventana esmerilada por las gotas de lluvia. Bajo el paraguas, en la calle, adivinaba la silueta de su hija y su nieta saludándola, como todos los días desde el inicio del aislamiento. Tiritó, la fiebre subía otra vez.</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Tu apoyo es clave para el periodismo de En Perspectiva</a></strong></h5>
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<strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-size: 14px; font-weight: light; margin-bottom: 15px; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/enperspectiva-net/notas/socios-3-0-mensaje-emiliano-cotelo/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Más información en este mensaje de Emiliano Cotelo: <u>enperspectiva.net/socios</u></a></strong></td>
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<p><em><strong>Título:</strong> La trampa</em><br />
<strong>Seudónimo: <span style="font-weight: 400;">Aroa Unzalu</span></strong></p>
<p>Era ese olor.</p>
<p>Nunca antes lo percibió, o no se percató de que estaba suspendido en el aire de la casa. Lo sentía en la cocina, en la sala, en el baño, pero era mucho peor en el cuarto. Desde que el confinamiento lo encerró, fue consciente de él como de un ser vivo y a medida que los días pasaron inexorables, el olor se tornó tan intenso que no volvió a dormir.</p>
<p>Prefería el ruido que hacían los niños peleando o el encono de su mujer, que se dilataba en silencios ominosos o aparecía en murmullos de reproche. Se preguntó cuánto tiempo hacía que vivía así, por qué no se había dado cuenta antes. Del olor, claro, lo demás era más o menos conocido. Tendido en la cama, mirando el techo en el que una araña minúscula se afanaba en tender una trampa, decidió que rompería la orden de cuarentena. Si no lo hacía, se asfixiaría.</p>
<p>Esperó el silencio de la madrugada, se levantó, juntó algunas cosas y se largó. El olor quedó atrapado en la casa.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Año 2025</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Marea alta</p>
<p>Una niña sale corriendo con su mochila a la espalda:</p>
<p>-¡Vamos, mamá! La maestra dijo que hoy nadie puede llegar tarde.</p>
<p>-Estaremos en hora, ¡te lo prometo! (aseguró la madre subiendo ambas al coche).</p>
<p>-Dime, mamá, ¿por qué vivimos tan lejos de la ciudad?</p>
<p>-Bueno, es una decisión que tomamos papá y yo hace algunos años y estamos solo a unos pocos quilómetros de la ciudad. ¿No te agrada el lugar donde vivimos?</p>
<p>-Sí, claro que me gusta mucho, pero a veces preferiría estar más cerca de mis amigos y de la escuela. ¿Fue por la pandemia, mami?</p>
<p>La madre quedó pensativa recordando lo mal que lo habían pasado: ella, embarazada de 7 meses, su esposo, médico intensivista trabajando primero y guardando cuarentena después lejos de la familia y su madre, afectada por el coronavirus conectada casi 10 días a un respirador .</p>
<p>Entonces, se juró que si todo salía bien se mudarían a un lugar tranquilo para ver crecer a esa pequeña y así lo hicieron.</p>
<p>La miró con ternura y respondió:</p>
<p>-No, ¡fue por amor!</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: <em><span style="font-weight: 400;">1857</span></em></strong><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Ceibo</p>
<p>El conventillo era ocupado por emigrantes europeos. En la pieza número diez vivía una joven pareja con la hija de un año. El hombre trabajaba en el saladero y resultó despedido debido a un espontáneo vómito negro. Con los escasos víveres, la cansada mujer preparaba la comida. Los amarillentos ojos del hombre se posaron en el barco de papel, que con máximo esfuerzo, terminaba de confeccionar para la hija. Agobiado por la fatiga, se tumbó en el camastro. Un rayo de sol ingresó por la puerta entreabierta. La mujer, con perlas de sudor que bajaban de la frente, cayó sobre los tablones del piso de madera. Extendió los brazos a cada lado del cuerpo, mientras la pequeña jugaba con el barco. Más tarde, la niña se deslizó, acarició el cabello de su madre y sorbió las últimas gotas que le regalaba el seno materno.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong><em> Sin título</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Asunción</p>
<p>Susana y Juan llevan 53 años juntos y se nota en todas las fotografías que adornan la cómoda de su cuarto, donde se puede ver a la pareja en su juventud, y sucesivamente junto a tres niños que en las siguientes fotografías se van convirtiendo en jóvenes y luego hombres.</p>
<p>Me llama especialmente la atención una, donde está la pareja sentada con quienes imagino son sus nietos, 9 niños, con un cartel en el fondo que dice "FELIZ DÍA, ABUELITOS".</p>
<p>Giro hacia la cama y veo el vestido que lleva puesto Susana, es totalmente blanco con una flor rosada, que destaca a modo de adorno que recorre su cintura.</p>
<p>Me llama la atención Juan, que arrodillado al costado de su cama, toma su mano y aún mantiene una sonrisa pese a que también sus ojos están cerrados y su cabeza apoyada sobre el costado de Susana.</p>
<p>Llega entonces mi compañero, acomodo la visera de mi traje de aislamiento, y procedemos a preparar la camilla para retirar los cuerpos.</p>
<p>Nos quedan muchos hogares más que visitar hoy aquí en Lombardía.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Sin título</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Confinados</p>
<p>Entonces, aproximamos nuestros cuerpos hasta casi tocarnos.</p>
<p>Mis manos sobre sus manos dibujaron la simetría perfecta de dos figuras en el espejo.</p>
<p>Nuestros pechos se rozaron apenas y nuestros labios ansiosos se buscaron en un beso.</p>
<p>Y así permanecimos los dos, a ambos lados del cristal empañado por el calor de nuestro aliento.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Recuerdos de la cuarentena del futuro</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Bradbury</p>
<p>Al principio, cuando se inició el brote del Covid-119, todos los gobiernos del mundo se apresuraron a cerrar fronteras y suspender clases, mientras la gente, consciente de todo lo que había costado la pandemia un siglo atrás, comenzó espontáneamente a cumplir la cuarentena.</p>
<p>Sin embargo, pasadas unas semanas notaron que las medidas de aislamiento preventivo, lejos de disminuir los contagios y el peligro, lo aumentaba…</p>
<p>Los científicos, asombrados, descubrieron que el virus había mutado. Como si se hubiese anticipado a la respuesta, ahora se fortalecía mientras más solas estaban las personas.</p>
<p>Nadie se animaba a sugerir qué contra-medidas adoptar. Estaban atónitos, desconcertados.</p>
<p>Fue una pareja de amantes la que encontró la solución. Perdido por perdido, quisieron despedirse unidos en un abrazo, y en medio de ese abrazo, con la alegría del reencuentro, se curaron.</p>
<p>Así se liquidó la pandemia. En una comunión de encuentros, de besos, de abrazos y de risas, que exterminaron al virus.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Sigo encerrado</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Croquotto</p>
<p>Me cuesta respirar.</p>
<p>Abría los ojos y estaban, los cerraba y seguían ahí. Los escuchaba, hablaban, cómo estás, por qué no decís nada, por qué no te movés, por qué te movés tanto.</p>
<p>Me cuesta respirar, quiero salir.</p>
<p>Decían que faltaba poco, los médicos recomendaban esperar otros quince días.</p>
<p>Me cuesta respirar, debo terminar mi encierro.</p>
<p>Ahora restaba una semana, había que seguir aguardando.</p>
<p>Me cuesta respirar, no soporto más. Salgo.</p>
<p>Los gritos de mamá no pudieron detenerme, los nervios de papá tampoco.</p>
<p>Respiro.</p>
<p>Nací en Montevideo el 13 de marzo de 2020.</p>
<p>Sigo encerrado.</p>
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<tbody>
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<tbody>
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</tr>
</tbody>
</table>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<p><strong>Título:</strong> <em>Imprudencia</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Boris</p>
<p>Los más jóvenes no entienden lo que es una cuarentena y a nosotros los viejos tampoco.</p>
<p>A todos nos gustaba salir. Pero ahora el gigantesco enemigo se ha vuelto omnipresente, no hay descanso. La limpieza se ha vuelto una actividad obsesiva.</p>
<p>Debíamos quedarnos apretados en nuestras moradas pero el deseo, el ansia, empezó a horadar al sentido común.</p>
<p>A pesar de las advertencias uno de los jóvenes, presa de algún impuso sexual y apelando a alguna teoría conspirativa que consideraba que estábamos exagerando, rompió con el distanciamiento.</p>
<p>El inconsciente nos puso en peligro a todos, cruzó toda la cocina. Lo aplastaron en seguida, obvio. Y ahora ya se huele el insecticida.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Cuarentena de Inmigrantes</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Nacho 02</p>
<p>El ruido a botas se acercaba.<br />
Era tiempo de huir o emigrar.<br />
De despedirse de todos y todo.<br />
De llegar al puerto para partir.<br />
De cruzar mares bravíos.</p>
<p>De la cabina a la cubierta.<br />
De la cubierta al comedor.<br />
Del comedor al vomitorio.<br />
Del vomitorio a la cabina.</p>
<p>De la cabina a la cubierta.<br />
De la cubierta al comedor.<br />
Del comedor al vomitorio.<br />
Del vomitorio a la cabina.</p>
<p>De la cabina a la cubierta.<br />
De la cubierta al comedor.<br />
Del comedor al vomitorio.<br />
Del vomitorio a la cabina.</p>
<p>Un día tras otro como en cuarentena.<br />
Llorando la partida. Anhelando la llegada.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>NLR</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Labelula</p>
<p>Tres golpes potentes resonaron en el silencio.</p>
<p>-¡Marcos González, Policía Laboral, abra la puerta!</p>
<p>Nada.</p>
<p>-Sr. González –se escuchó en tono conciliador-, soy la agente Rodríguez de Negociación Laboral Remota, su módem no ha registrado actividad de conexión en las últimas 48 horas, tampoco el 4G del celular, si me da una respuesta podría ayudarlo.</p>
<p>Menos que nada.</p>
<p>-¡Ya escuchó a la agente Rodríguez! ¡Responda o vamos a tener que interferirle las cámaras y entrar, le van a dar dos años sin derecho al uso del token de su cuenta bancaria!</p>
<p>Menos que menos.</p>
<p>-Marcos, créame que lo comprendo, no es fácil esta situación, pero quitarse la banda de su muñeca y no compartir información clínica va a traerle problemas.</p>
<p>Sin más, interfirieron las cámaras, cayó la puerta, un tumulto recorrió el pequeño departamento y en menos de cinco minutos se reportó el informe.</p>
<p>-Señor, agente Rodríguez, falsa alarma, ciudadano no infringía leyes laborales remotas, solo estaba muerto.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Fin de mi cuarentena</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Arapey</p>
<p>Hoy por fin embarqué en el lanchón que me llevará a Montevideo.</p>
<p>Pasaron tres largos meses, desde que juntos e ilusionados, partimos de Vigo, y llegamos a las barracas de esta isla, rodeada de un mar azul, poblada de gaviotas e iluminada en la noche por el guiño de una farola.</p>
<p>Llevo en un pequeño morral mis pocas pertenencias, y junto a mi pecho, su última foto tomada en Galicia.</p>
<p>A medida que nos alejamos de la isla, entre las lágrimas que empañan mis ojos, puedo adivinar su tierna sonrisa, en las nubes que pasan sobre la chimenea del crematorio que se recorta en el horizonte.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Lejana cuarentena</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Emelé</p>
<p>Aquella siesta del 55 había dejado las zapatillitas cerca del portón.</p>
<p>Con la luz que ponen las travesuras en los ojos de los niños pequeños, bajó de la cama en puntitas de pie.</p>
<p>Llevando su muñequita de trapo, se escurrió en silencio hacia la calle.</p>
<p>Corrió sin parar hasta la puerta verde, custodiada por Tucán, el perro compañero en tardes de juegos.</p>
<p>Entró sigilosa al cuarto que estaba en penumbras, y en silencio llegó hasta la cama más chica.</p>
<p>Se miraron.</p>
<p>Acercándose aún más a su amiga hasta rozarle la frente, sintió el calor de la fiebre y la respiración agitada.</p>
<p>Entonces, con cuidado, se quitó la bolsita con alcanfor que llevaba colgada al cuello como muchos niños de aquella época en que no había vacunas contra la Poliomielitis.</p>
<p>Junto con una sonrisa, entregó su muñeca a las manitos quietas de Martita y puso su olorosa bolsita “ahuyentadora del virus” debajo de la almohada.</p>
<p>Satisfecha y corriendo, volvió a su siesta.</p>
<p>Aquella visita es el secreto por el que sonríen hasta hoy al recordarse.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Sin título<br />
</em><strong>Seudónimo: </strong>Vladimir Frolov</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Las paredes se ciernen sobre él. Se acercan unas a otras apretando, sofocando, comprimiendo el aire que respira hasta volverlo un plasma que detiene sus movimientos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cuando todo empezó, cuando se vio obligado a confinarse por la cuarentena, sintió una leve alegría: tendría tiempo para arreglar la casa, para leer, para dormir… Después de veinte días en los que solo ha visto el cielo desde el fondo angosto como una cinta y vallado por el muro mohoso, sabe que no hay salida.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No recuerda cuándo el apartamento cobró vida y, primero en forma imperceptible, luego con desparpajo, inició el proceso de reducirse sobre y alrededor de él, sin ruido ni vibración alguna. Ahora sabe que terminará aplastándolo con todas sus cosas adentro, las que guarda como tesoros y las prescindibles; lo siente a medida que las paredes se le acercan y ve agigantados hasta las grietas y las manchas de humedad. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se ahoga. Hecho un ovillo, espera el fin.</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título</strong>: <em>2048</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Xadeuz</p>
<p><span style="font-weight: 400;">La imagen térmica muestra tres niños y un adulto. Tres tienen la temperatura muy alta, pero los valores </span><span style="font-weight: 400;">de la niña son normales. Ella es el objetivo. Hay tres más que no generan calor. Apenas puedo </span><span style="font-weight: 400;">detectarlos con la resonancia de la habitación. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Son cosechadores de anticuerpos. Trafican en el mercado negro con los pocos, y muy valiosos, </span><span style="font-weight: 400;">recuperados de la enfermedad. Voy a esperar a que salgan, no me quiero arriesgar en ese espacio </span><span style="font-weight: 400;">cerrado. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El algoritmo sigue filtrando sus voces. Por su acento, muy probablemente son extranjeros. Quieren </span><span style="font-weight: 400;">sacarla del país. Su madre no acepta dinero, pide que les den tratamiento a todos. Son de un cuerpo </span><span style="font-weight: 400;">diplomático. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El gobierno puso en cuarentena esta zona, si un dron te sorprenden en la calle dispara a matar. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Están saliendo, solo se llevan a los niños. Es mi oportunidad. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esos trajes no evitaron la detección de mis sensores y tampoco están blindados, los tres cayeron con </span><span style="font-weight: 400;">una bala de mi rifle. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El dinero es mio. Si encuentro comprador vuelvo por la niña. </span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Cuarentena</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Valencia</p>
<p>Cuarentena, dijo él.</p>
<p>Cuarentona, dijo ella.</p>
<p>Las miradas se encontraron por encima de las mascarillas.</p>
<p>Ella escribió algo en un papel. Él se lo guardó en el bolsillo.</p>
<p>A las ocho, ella no salió a aplaudir al balcón y él no pasó con la patrulla.</p>
<p>Pero los dos, todavía agitados, recibieron los aplausos de los vecinos desde la cama.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Cuarentena</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Toro Negro</p>
<p>Me siento solo, muy solo. Son horas y horas de angustia, soledad y desconocimiento de lo que<br />
pueda llegar a suceder. Recuerdo a mis seres queridos, quienes deben estar sufriendo los<br />
mismos sentimientos que yo. Al caminar me doy cuenta de la negrura del ambiente, sin poder<br />
transmitir con palabras lo que hay en mi interior. A mi cuerpo se le dificulta moverse, debo<br />
esforzarme para caminar. Lo único que tengo claro es que este período valió la pena para<br />
ayudar a la humanidad. Ahora debo plantar bandera y cumplir con lo que me exige el<br />
gobierno. No sé si me reuniré con mi familia nuevamente, porque la situación no tiene una<br />
solución sencilla, pero afrontaré los riesgos que tengo por delante.</p>
<p>Entonces Neil lentamente se sube a su modulo Lunar para regresar a casa.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Antes era más fácil</em><br />
Seudónimo: Victoria B.</p>
<p>Antes era más fácil, no tenía que cuidarme todo el tiempo. Ahora no puedo salir. Es peor que<br />
la cárcel.</p>
<p>Me limpio, mucho. Tengo miedo. La sensación de estar contaminada me recorre el cuerpo.</p>
<p>No puedo dormir, no puedo leer, no puedo mirar la tele, ni siquiera el celular.</p>
<p>Pegada al borde de la cama, contra la pared, casi no respiro.</p>
<p>Estoy sola con él. Él está en seguro de paro.</p>
<p>Siento una sirena, dicen que llame, que me pueden ayudar, no puedo llamar, salgo corriendo<br />
de la casa. Les pido ayuda, él sale detrás de mí. Hablan con él, yo mientras tanto, tiemblo.</p>
<p>El policía se acerca y me dice: nena no digas mentiras, volvé a tu casa, ya nos explicó tu papá.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Sín título</em><br />
<strong>Seudónimo: <span style="font-weight: 400;">SARS-CoV-2</span></strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;">17 de Abril del 2020. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hoy cumplo seis meses, y para celebrarlo no tengo ni una triste torta de vainilla&#8230; Disculpen, no me he presentado: me llamo SARS-CoV-2, aunque todos ustedes me conocen como Coronavirus. A pesar de mi corta edad, ya soy más famoso que Donald Trump, y también más odiado. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por eso he decido escribir este diario: para dejar un testimonio de mis sentimientos. Porque ustedes me ven como un depredador, pero deben entender mis razones: cuando veo a un humano, me sale mi impulso natural de saltar y contagiarle. Es como si a Messi le dieran una pelota y le criticaran por meter un gol. Lo mismo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como toda celebrity, mi vida no es de color de rosa. Ni se imaginan lo desagradable que es vivir en su interior: grasa, colesterol, triglicéridos&#8230; Es peor que meterse en un escape room. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para terminar hoy, me gustaría enseñarles mi parte positiva. Desde que existo hay menos contaminación, los animales recuperan su espacio y ustedes ya no tienen que escuchar a Greta Thunberg. </span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Experimento<br />
</em><strong>Seudónimo:</strong> Repelús</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y los alienígenas se sentaron tranquilamente a contemplar a millones de humanoides confinados en sus casas. </span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>Nostalgias del futuro</em><strong><br />
Seudónimo: </strong>Ray 451</p>
<p>&#8211; ¿Hoy es la noche de la nostalgia, pa?</p>
<p>&#8211; Si hija, a las 11 comienza la trasmisión. Con tu madre este año conectamos con la fiesta del sector oriente de la ciudad.</p>
<p>&#8211; ¿Por qué el cambio?</p>
<p>&#8211; Nos dijeron que el sector oriente tiene acceso a una red mas grande y sofisticada de videocámaras, dicen que los efectos especiales de las proyecciones son impresionantes y la ilusión holística de la pista de baile da una sensación de cercanía interpersonal increíble.</p>
<p>&#8211; ¡Uy! Me da miedo eso…el solo pensar en un contacto directo me da escalofríos.</p>
<p>&#8211; Es pura ilusión, no hay riesgo alguno. Lejos quedaron los días del contacto directo y<br />
salvaje entre extraños.</p>
<p>&#8211; A veces me pregunto, pa, si alguna vez podremos salir de las cúpulas aislantes y<br />
caminar libremente por calles, plazas y parques como antes de la pandemia.</p>
<p>&#8211; Desde la llegada del Covid-870, hija, ha pasado mucho tiempo ya. Esta ha sido la<br />
más larga de las cuarentenas y quizás sea la última…¿No quieres acompañarnos<br />
esta noche?</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Sín título</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Pesadilla</p>
<p>Suena el despertador del reloj.</p>
<p>Abro los ojos, son las 7 de la mañana.</p>
<p>La rutina que tenía desde hace muchos años cambió muy rápido.</p>
<p>Antes, el despertador del celular sonaba a las 6:45 y la radio se encendía a las 7:00. Así empezaba un día normal, con un desayuno de mate y tostadas.</p>
<p>Ya no uso el despertador del celular, porque se quedó sin batería y han pasado unas cuantas semanas sin energía eléctrica, teléfonos, radio, televisión y cualquier comunicación que no sea<br />
la visual por las ventanas de mi apartamento.</p>
<p>No se ve ni se escucha más que el aullido de algún perro, los árboles temblando con el viento y algún pájaro solitario que anda por ahí.</p>
<p>Justo suena el despertador del celular.</p>
<p>Abro los ojos y miro la hora. Son las 6:45.</p>
<p>Que alivio, al costado está mi señora y enseguida le comento la pesadilla que tuve. Nos decimos: “Debe ser por la cuarentena”, y me levanto a preparar el mate.</p>
<p>Suena el despertador del reloj.</p>
<p>Me pregunto: ¿cuál es el verdadero sueño?, y no me animo a abrir los ojos.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong>Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Ramé</p>
<p>Juan Andrés se aferró a los brazos de su compañero, era momento del final. Una noche más, el tiempo se detuvo. La luz del foco se reflejaba en las pieles húmedas como zafiro. El silencio vibraba, como cargado por la desnudez escénica de esos cuerpos entrelazados en el centro del escenario. Pronto llegarían los aplausos, y con ellos, la euforia contenida en las miradas de los espectadores.</p>
<p>Al levantar la vista notó que su compañero no estaba. En su lugar, dormía en el suelo un puñado de vacío blanco que atormentó su cordura. Tampoco estaba el foco que iluminaba la escena, sino una luz roja proveniente del público que vestía el proscenio.</p>
<p>Se acercó trémulo y encontró cámaras donde antes había ojos cargados de vida. Sintió<br />
como un frío dolor le llenaba el pecho.</p>
<p>Despertó de un sobresalto bañado en lágrimas. Ciento sesenta y ocho noches, pensó, e intentó volver al escenario.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Bitácora de viaje</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Medusa</p>
<p><em>Este cuento supera el límite de 1.000 caracteres requerido para participar del concurso. Fue incluido entre los nominados por un error del jurado y una vez constatada dicha equivocación se procedió a eliminarlo de la competencia. Muchas gracias al oyente que notó el exceso de caracteres. Pedimos las disculpas del caso.</em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Entre tanto me perdí</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Mireño</p>
<p>Estaba yo sentado en el balcón. En la radio informaban sobre una nueva muerte a causa del virus. Fue entonces cuando mis ojos, siguiendo el vuelo de un pájaro, se posaron en los suyos. En el balcón del sexto piso del edificio de enfrente, ella me miraba. Llevaba un collar de perlas y el pelo atado en un moño como lo usaban las muchachas de mi época. Ella me sonrió y yo le correspondí. Un tango de Gardel sonaba desde su apartamento y le hice señas para que subiera el volumen. Arrimé mi tocadiscos y coloqué a Los Beatles. Ella lo siguió con Bossa Nova. Así estuvimos toda la noche contándonos mediante música lo mejor de<br />
nuestras vidas hasta que nos quedamos dormidos.</p>
<p>La mañana siguiente, apenas aclaró me vestí con mi mejor traje y fui hasta el edificio de enfrente. Alguien me gritó acerca del peligro que corría por salir a la calle.</p>
<p>Llegué y le expliqué al portero que iba a visitar a la señora del sexto: «Lamento tener que decirle don, la señora Béjar falleció ayer, víctima del virus».</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El día más importante</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Lord Kelvin</p>
<p>Al ver la bolsa de residuos repleta, se emocionó como lo hace un niño el día de su cumpleaños. Se recortó la barba con la precisión de un jardinero del palacio de Buckingham y se vistió. Pantalón y saco negro, camisa blanca, chaleco crema, corbata azul. Se puso la galera, tomó el bastón y se dirigió a la cocina.</p>
<p>Ella lo esperaba, tan exuberante y con aquel vestido de plástico negro que daba poco lugar a la<br />
imaginación. Él, con seducción implacable, la tomó entre sus enguantadas manos y salieron del<br />
apartamento.</p>
<p>El portero, casi hipnotizado por esa presencia, balbuceó un saludo mientras lo seguía hasta la puerta<br />
del edificio. El albañil que reparaba la vereda observó con asombro cómo aquel caballero cruzaba<br />
elegantemente la calle, depositaba a su acompañante dentro del contenedor y volvía al edificio.</p>
<p>El albañil, perplejo, suspiró “el encierro los está volviendo locos”. "Eso parece" dijo el portero,<br />
mientras volvía a su silla acomodándose disimuladamente la corbata.</p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 30.4.2020 a las 13.00 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/concurso-cuentos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Concurso de Cuentos</em> de <strong>En Perspectiva</strong>, llamados anteriores</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> John Moore / Getty Images North America / Getty Images vía AFP</p>
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<tbody>
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<h5><strong><a style="font-family: 'Open Sans', Arial, sans-serif; display: block; color: black; text-decoration: none; font-weight: bold; margin-bottom: 15px; float: none; clear: both; word-wrap: break-word; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" href="https://www.enperspectiva.net/socios/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Tu apoyo es clave para el periodismo de En Perspectiva</a></strong></h5>
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		<title>Cuentos con Librerías y Bibliotecas: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gastón González]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 Nov 2019 16:07:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El <em>Concurso de Cuentos de En Perspectiva</em> te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “premio de los oyentes”. Aquí están publicados los “Cuentos con Librerías y Bibliotecas” nominados por el Jurado, y al final de la página el formulario para votar.</strong></p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 5.12.2019 a las 13.00 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p><strong>Concurso de Cuentos de En Perspectiva 2019</strong></p>
<p><strong>Edición:</strong> cuarto llamado, agosto de 2019<br />
<strong>Consigna:</strong> <em>Cuentos con librerías y bibliotecas</em><br />
<strong>Jurado:</strong> Juan Grompone, Alcides Abella, Gonzalo Pérez del Castillo, Ana Ribeiro y el equipo del programa <em>Oír con los ojos</em></p>
<p><strong>Cuentos nominados</strong></p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Amira</p>
<p>Nina visita por última vez la casa, dispuesta a recorrerla en la penumbra. Los sillones del living y la alfombra, iluminados por los diminutos puntos de luz que forman los orificios de la persiana baja, le hacen sentir una melancolía dulce.</p>
<p>Queriendo pasar inadvertida, Nina avanza hasta llegar al pasillo donde se encuentra la biblioteca que da paso a la habitación de la abuela. Allí se detiene, escoge un libro de la estantería, lo abre, y como una adicta a alguna droga pesada en falta de su dosis, se sumerge en él y respira lo más hondo que puede.</p>
<p>La abuela la llama reiteradamente, la llama por su nombre completo, pero Nina no responde. Le gusta que su abuela la llame por su nombre completo, como solía hacerlo cuando estaba viva. Quisiera que la llamara así para siempre.</p>
<p>Entonces cierra más fuerte los ojos y con la cabeza hundida entre las páginas gruesas cargadas de historias, vuelve a respirar profundo, y por primera vez luego de mucho tiempo, Nina llora.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El baile de los cuentos</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Ánfora</p>
<p>Aquella tarde, todos los libros escucharon la noticia: por la mañana, los niños del pueblo visitarían la antigua librería.</p>
<p>Esa noche, plenos de alborozo, saltaron de los estantes y comenzaron a bailar con gran algarabía. El Gato con Botas bailó con Blancanieves, de quien estaba perdidamente enamorado, Cenicienta se ruborizó cuando El Principito la miró a los ojos y le tendió su mano, y Pinocho tuvo que bailar solo para no pinchar a Sirenita con su nariz tan larga. Tanto se sacudieron en el baile que perdieron todas sus palabras hasta que quedaron en blanco. Sorprendidos al verse así, corrieron a los estantes asustados. Las palabras trataron de seguirlos, pero en el apuro confundieron el camino y se ocultaron en los libros más cercanos.</p>
<p>Al otro día, todos los niños del pueblo leyeron fascinados las historias de La Cenicienta con Botas, Blancanieves y Los tres Cerditos, El Gato de Sirenita, entre muchos otros cuentos que el viejo librero confundido no lograba reconocer.</p>
<div class="blog-disclaimer">
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</tr>
</tbody>
</table>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<p><em><strong>Título:</strong> Aventuras</em><br />
<strong>Seudónimo: <span style="font-weight: 400;">Morgan</span></strong></p>
<p>Todos los días se sumergía en aquel mundo de anaqueles y pasadizos repletos de libros.</p>
<p>Le gustaba la soledad de aquel laberinto silencioso mientras sostenía entre sus manos amores, pasiones y aventuras atrapadas sin remedio en negro sobre blanco indefinidamente.</p>
<p>Sentía en su cuerpo las sensaciones del pirata caminando sobre la cubierta de madera renegrida, con su cabeza coronada de velas flameando al viento. El sol en su cara, el viento despeinando su pelo renegrido, el agua color plata, hendida en dos por la proa de su esquife, la opresión conocida del parche sobre su ojo yermo. Y luego, el dolor ante ese amor no correspondido que apretaba el pecho y nublaba los sentidos.</p>
<p>Más tarde, quizás, la batalla sin cuartel, el sable goteando sangres paganas, el castillo humeante sobre el sol poniente. Y sólo el timbre de las dieciocho le anunció el fin de sus desvelos.</p>
<p>Entonces, y solo entonces, enfiló su silla de ruedas hacia la rampa de salida.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Biblioteca popular</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Canaveri</p>
<p>Nuestra barra amaba la literatura. Ningún tema o autor estaba vedado. El intercambio de libros entre nosotros era torrencial, sin embargo, un código nunca escrito obligaba a la devolución, sin apuro.</p>
<p>El flaco, sin embargo, no te prestaba un libro sin escribir en la portada, medio en serio, medio en broma, “no haga su biblioteca con libros prestados” y firmaba.</p>
<p>Cuando cayó preso, nos mandó decir por su madre, que no le dejáramos faltar literatura.</p>
<p>Y la barra cumplió: en cada visita que permitían a su madre, la pobre acarreaba junto a la comida, el tabaco y demás, un pesado montón de libros.</p>
<p>Dada su costumbre, le mandamos decir que, bajo juramento, debía comprometerse a la oportuna devolución.</p>
<p>Juró por Gutenberg que así lo haría, pero nos dijo que sus compañeros de celda, entusiasmados con la lectura, intercambiaban nuestros libros y menudeaban las críticas, los comentarios.</p>
<p>Pasó el tiempo y los libros no retornaban a sus bibliotecas originales.</p>
<p>Entonces ocurrió El Abuso…</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: <em><span style="font-weight: 400;">Encuentro</span></em></strong><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Tonia</p>
<p>Nos cruzamos en 18, frente a la Biblioteca Nacional.</p>
<p>El saludo fue frío, formal.</p>
<p>Nos preguntamos cursilerías aparentando no sentir emoción.</p>
<p>Al separarnos con un beso en la mejilla, ambos sabíamos, la frustración del otro, de no haber podido dar vuelta la página y ganarle al pasado.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong><em> El libro mágico</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Franca</p>
<p>Aún recuerdo el aroma a menta, ruda, orégano y el sonido del reloj, más lento que en estos tiempos, pero lo que más echo de menos es la voz de la abuela cuando me leía su libro mágico, señalando con el dedo las palabras. Era el único que tenía.</p>
<p>“¿Sobre qué quieres que te lea hoy?”, preguntaba. Y yo le pedía de animales, piratas, fantasmas, porque sabía que en ese pequeño libro cabían montones de historias.</p>
<p>Mi abuela falleció siendo yo aún un niño. Cuando regresé a su casa busqué el libro mágico, y al abrirlo sólo encontré hojas en blanco. “La abuela se llevó los cuentos que me leía”, dije con pena. “No”, dijo mi madre. “Es imposible, porque la abuela no sabía leer”.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Herencia desconocida</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Guazuvirá</p>
<p>Asim no podía permitir que el incendio de la Biblioteca de Alejandría arrasara con la historia de la humanidad.</p>
<p>Se lanzó a las llamas, logró retirar cinco rollos y así evitó que el fuego los consumiera. Caminó dos kilómetros con el cuerpo quemado y, en la cueva que tan bien conocía, escondió los papiros en una vasija. Se alejó despacio, pero las heridas le habían provocado una infección y cayó sobre la arena del desierto.</p>
<p>En la Bibliotheca Alexandrina, inaugurada en el 2002, Jahi custodia cinco rollos encontrados treinta años atrás por un arqueólogo francés. Los expertos aseguran que los papiros pertenecían a la antigua biblioteca. El guardia daría su vida si alguien se atreviera a destruirlos o robarlos. Lo que Jahi ignora es que uno de sus antepasados fue el sabio Asim.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Decisión</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Hopper</p>
<p>Este es ideal, se dijo, con voz rara, al sacarlo del estante donde estaban los más nuevos de su biblioteca. El espacio que dejaba sería la prueba de que, finalmente, se había decidido.</p>
<p>Porque lo amaba, necesitó coraje para escribir unas líneas temblorosas que deslizó entre las páginas. Él también es un artista, pensaba, me va a entender.</p>
<p>En el café, la esperaba en la mesa de siempre. No me quedan palabras, le dijo al llegar y le dio el libro con gesto triste. Lo recibió con ansiedad expectante, <em>Opus Gelber. Retrato de un pianista</em>, leyó en la portada.</p>
<p>La punta de un papel asomaba, a la espera. La nota empezaba: “Confío en que al leerlo comprenderás…” pero el subrayado en la página 216, se le impuso: “Pero yo jamás hubiera dicho: ‘Dejo mi destino por una persona’ “, confesaba Bruno Gelber a Leila Guerriero.</p>
<p>No necesitó leer más y lo cerró como quien acaricia.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Como el primer amor</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Jacinta</p>
<p>La biblioteca de la escuela era verdaderamente vetusta, conformada con libros desgastados, donados por gente sin alegría.</p>
<p>Eso era lo que sentía cuando me obligaban a llevar un libro a casa. Ya de ante mano sabía que sería muy aburrido. Leía cada uno de ellos con la misma dejadez de siempre. Hasta que encontré una historia fascinante, que me atrapó y para mejor el desenlace era sorprendente.</p>
<p>No devolví aquel libro en la fecha pactada. Lo quería conservar. Me hice la olvidadiza, después la distraída. Finalmente pensé en robarlo. Separarme de él dolía. Pero llegó el día y lo dejé junto a los otros.</p>
<p>Observé como nuevos lectores lo llevaban y devolvían, sin notar en ellos sentimiento alguno. Hasta llegué a consultarles si les había gustado, respondían con desdén que sí, como si fuera un cuento más ¿A nadie le había gustado tanto como a mí?</p>
<p>Hoy ya no recuerdo ni de qué se trataba, solo sé que no volví a ser la misma.</p>
<p>Pero tengo la certeza de que en cada biblioteca, hay un libro para mí.</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<tbody>
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</div>
<p><strong>Título:</strong> <em>La biblioteca de la "tercera especial"</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Oyente</p>
<p>-Los libros especiales se atajan de mañana y se tiran a última hora – dijo Viñas, sin advertir mis ojos de asombro.</p>
<p>Nuevo en el establecimiento, trataba de retener los detalles, no quería problemas.</p>
<p>-Timbrá a mi hermano, él se encarga. Ojo, si te ven de la ”jaula” la quedamos todos.</p>
<p>La biblioteca del piso contaba con profusos volúmenes de la literatura universal y no ofrecían dificultades.</p>
<p>Con los “especiales”, sin embargo, encuadernados como revistas del <em>Reader&#8217;s Digest</em>, te podías jugar la vida.</p>
<p>El hermano esperaba desde “la segunda”. Golpeando con sus dedos índice y mayor sobre sus labios pedía lo suyo. Luego, mirando a la “jaula” de reojo, revoleaba, y con enorme precisión, me lo ponía en las manos.</p>
<p>Igual que en Fahrenheit 451, si nos descubrían los quemaban, y el responsable desaparecía.</p>
<p>Igual que en los de ciencia ficción, 40 años en el futuro, escribo un nuevo volumen, en este mismo tercer piso, hoy transformado en plaza de comidas de un shopping.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Anécdota</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Lector</p>
<p>Solía comprar libros ahí.</p>
<p>No frecuentemente, pero sí como para identificarlos.</p>
<p>Eran dos.</p>
<p>Aunque parezca un estereotipo, uno era gordo y corpulento y el otro delgado y menudo.</p>
<p>Uno parecía conocer todos los libros de todos los anaqueles, mesas de oferta y vidrieras. El otro atendía, imagino, a los clientes de revistas de deportes, para hombres, ciencia o del corazón.</p>
<p>Para un regalo, mi madre me encargó un libro.</p>
<p>No lo dudé. Me quedaba de pasada al trabajo.</p>
<p>Al entrar vi al que no era. Poniendo voz baja y ronca, sólo por darme importancia, le solicité:</p>
<p>-¿Tendría Historia de la Filosofía Occidental, de Bertrand Russell?”</p>
<p>Me miró, vaciló, y me solicitó que lo acompañara.</p>
<p>El que era bajaba de una escalerilla con una pila de libros en las manos.</p>
<p>Y ahí sucedió.</p>
<p>“El caballero está buscando un libro de filosofía de Bertrand and Russell”.</p>
<p>Me mantuve serio. Su socio se mantuvo serio. El otro estaba serio.</p>
<p>Pedí que me lo envolvieran para regalo, pagué y me fui.</p>
<p>Recién al llegar a la calle sonreí.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Ironías</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Luz y sombra</p>
<p>Los altos anaqueles, atestados de historias, repletos de leyendas, de mitos y de mapas, contemplan a un hombre que, absorto, recorre el laberinto tapizado de volúmenes.</p>
<p>No habla ni suspira.</p>
<p>Inmerso en los libros, no sale de su asombro. Examina, hojea, investiga…</p>
<p>En el piso, un báculo ya inútil, yace solo y olvidado.</p>
<p>Su dueño, embelesado abre un libro al azar. Un espejo ilumina una palabra. Sus ojos tiemblan, incrédulos y con avidez recorren cada letra, cada signo, cada coma que parecen escapar de los renglones.</p>
<p>Mapas arcaicos, manuscritos y símbolos de siglos lo rodean.</p>
<p>Feliz comprueba que es así como soñó… el paraíso es una inmensa y grandiosa biblioteca.</p>
<p>¡Cómo acertó cuando escribió sobre la ironía del Creador, que sabiamente, negó la luz a un hombre que amaba la poesía y que a pesar de sus sombras pudo componer bellos poemas!</p>
<p>Hoy, esos poemas pueblan las grandes bibliotecas.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong><em>El ABC</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> María Gracia</p>
<p>Le ofrecieron unas horas más para trabajar en tareas de apoyo en la biblioteca. La joven recepcionista aceptó de inmediato. Sus esfuerzos no habían sido en vano: bachillerato completo, dos idiomas, dactilografía&#8230;</p>
<p>Se comentaba que la bibliotecóloga era una persona rara. Lo comprobó cuando, en el primer encuentro, le preguntó:</p>
<p>-Tú, ¿dominás el alfabeto?</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Naina</p>
<p>Llegó el día. Será ésta la única expresión de mis sentimientos, en palabras de papel, que destierren pensamientos en noches de insomnio, que paralizan sin extirpar culpas.</p>
<p>Te rescaté de aquel minúsculo y lúgubre espacio en el que habitabas, inmóvil, rígido, con la mirada perdida en el horizonte cercano. Nada más fue tu cercanía para que me invadiera el deseo de tenerte. Te sentí, te acaricié sin dudar que llegarías a ser mi compañero de cada noche, el amor no apuraba.</p>
<p>Y así fue, nos conocimos y nos entregamos pero… siempre el pero.</p>
<p>Ya recostada contigo entre mis brazos te descubrí en una coraza brillante que cubría ese dulce rostro de mirada lejana. Encandilaba sin alumbrar. Nada había dentro, nada más que hojas llenas de palabras vacías. Cuanto más hurgué menos encontré. Tan distinto se te veía en aquella librería…o te imaginaba.</p>
<p>Intenté que me atraparas pero aquello fue solo una intención; una ilusión como la vida misma. Hoy es el comienzo de nuestro fin.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: </strong>Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Pimentón</p>
<p>—El Necronomicón —dije con reparos al encargado que tomaba mis datos. Era tanto el tiempo que llevaba empeñado en esa búsqueda que sabía lo que iba a suceder.</p>
<p>El hombre dejó de escribir y, mirándome por encima de los lentes, comentó: «¿Está seguro?». No por esperada dejó de molestarme la sonrisa maliciosa del sujeto cuando le confirmé que ese era el libro que buscaba.</p>
<p>—Columna 24-8, fila 1899 —dijo, al tiempo que me indicaba el camino. Al alejarme oí que me advertía: "Tenga cuidado amigo: nunca hay nadie por ahí".</p>
<p>Me adentré en aquel laberinto de estanterías, tan altas que se perdían en la penumbra, cuando una extraña sensación se apoderó de mí, una rara angustia que solo el miedo puede provocar. Algo ominoso parecía insinuarse en aquel sitio. Distraído en estos extravagantes pensamientos no percibí la figura que, de la nada, venía decididamente a mi encuentro.</p>
<p>—Es aquí, joven. Yo también lo estoy buscando. —dijo el extraño, adivinando mis intenciones—. Este es el sitio. Tengo la sensación física de su presencia, pero cuanto más me acerco, más parece alejarse. Pero no desespere; continúe con su empeño. A mí ya me lleva toda la vida —dijo mientras se alejaba moviendo su bastón blanco.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Poética </em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Adso</p>
<p>Hay un monasterio en Los Alpes cuyos monjes se dedican a copiar con minucia libros hermosos en el scriptorium, la antesala de una biblioteca prohibida, poseedora de un tesoro en libros.</p>
<p>El día que llegué junto a mi mentor, Fray Guillermo, el abad nos pidió que investigáramos la misteriosa muerte de un escribiente y, entretanto, hubo otros asesinatos. Habíamos ido a un cónclave importante para la Iglesia y nos dedicamos a la investigación criminal. Descubrimos muchos misterios de la abadía y yo, el Cantar de los cantares. Entramos subrepticiamente a la biblioteca porque los crímenes tenían que ver con un libro escondido con celo por su guardián, el monje ciego Jorge Luis Burgos.</p>
<p>El libro resultó ser el Tomo II de la Poética de Aristóteles y el asesino Jorge de Burgos, que no quería que nadie lo viera porque al parecer defiende la risa, mientras que el monje ciego estaba convencido de su poder de destruir la moral de los hombres. <em>Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus</em>.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Señorita Trip</p>
<p>Otro día de invierno, se mete en mi nariz una finísima y caliente brisa, que huele fuerte a tabaco criollo y cloaca fresca, y escucho las llaves, mientras el agua fría de la ducha se lleva la espuma del jabón que tanto pedí. Congelado pero ya vestido, al fin logré salir, y eso es lo que más importa hoy.</p>
<p>Ciento veintinueve pasos debo caminar desde ruidos herrumbrados hasta ese lugar. Entro a la biblioteca, y respiro profundo, muy profundo. Lleno y limpio mis pulmones, dejando entrar a esa envolvente cálida brisa, que contiene una mezcla de olor a libros viejos y creolina. Y mirando hacia los libros, les envío todos mis agradecimientos, y mi cuerpo se inclina hacia uno de ellos, y lo agarro, recorro su tapa con la palma de mi mano derecha, lo incorporo y lo beso, pero solo mentalmente, para que el guardia cárcel no se percate de la locura que desata estar aquí. Me siento a leer.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Mamá</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Teo</p>
<p>Nunca me gustaron las Bibliotecas.</p>
<p>Mi madre desapareció en una de ellas, una inmensa que apenas recuerdo. Nunca supe si se perdió en el laberinto oscuro de sus miles de estantes y pasillos o, como yo realmente sospeché siempre, la raptaron los libros seducidos por su belleza.</p>
<p>Lo cierto es que todas las noches la voy a buscar sabiendo que no la encontraré jamás. Y allí me quedo, leyendo los libros gastados por mis manos de tanto buscarla. Tal vez la encuentre un día y la vuelva a abrazar. ¡Tengo tantas ganas de volver a verla! Entonces le diré como le digo desde entonces: “Soy la continuación de tu vida. Soy el humo de tu té de la mañana. Soy tu mirada clara puesta en el vacío. Soy tu ventana que te mira. Soy los libros que tú leías. Soy tu despedida.”</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El Topo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Torquemada</p>
<p>La corpulenta figura uniformada apareció inoportunamente y quedó apenas contenida por el marco de la puerta. El tono de la pregunta no dejaba dudas para saber que se trataba de una orden:</p>
<p>-¿Todavía no terminó de vaciar esa biblioteca?</p>
<p>-Es que son muchos mi sargento, y cuando trato de atar los fardos se me tambalean – intentó como disculpa el soldado agachado sobre un piso tapizado de libros.</p>
<p>-Tambaleando vas a quedar vos si no te apuras y cargas rápido la camioneta con toda esa sub…versividá. &#8211; Se le notó la molestia generada por la vacilación.</p>
<p>Tan rápido como había irrumpido, el sargento desapareció demandado por tareas tácticas más propias de su jerarquía. El soldado tomó nuevamente el libro que había estado hojeando, y mientras introducía El Principito debajo de su chaqueta pensó “Es chiquito, nadie se va a dar cuenta”.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Esclavitud</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Triste</p>
<p>Siempre habían estado juntos. Esclavitud: Tomo I y Tomo II. Textos dramáticos describían las barbaridades de ese flagelo. Los viajes interminables desde África, cadenas, hacinamiento, muertes. Al llegar, las subastas y su peor consecuencia, las separaciones. Él vendido como esclavo a las plantaciones. Ella a un pueblo distante como doméstica. Seguramente no se verían nunca más.</p>
<p>Rezaban para que algo así nunca les sucediese. Viejos y desvencijados, los lomos carcomidos. Pero juntos. En una librería de usados, nada del otro mundo.</p>
<p>Un día llegó un cliente. “Me llevo el primer tomo”. “Pero ¿por qué no se lleva los dos y lee todo?” “Es que no lo quiero para leer. Le recorto los grabados y hago cuadritos que después vendo en la feria. Tienen mucha salida. Y el segundo tomo no tiene figuras.”</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Un camino</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Antonios</p>
<p>-¿No pagás peaje? -dijo cuando se levantó la barrera y el auto pasó sin detenerse.</p>
<p>-No. En mi país, a los que abren una biblioteca pública los exoneran de los peajes de todas las carreteras -inventé.</p>
<p>-¿En serio? No sabía que…</p>
<p>-Teníamos tantos libros que armamos una biblioteca para el barrio -la interrumpí entusiasmado con el cuento que me brotaba espontáneamente-. Van decenas de niños por semana. Es una locura. Esto empezó hace un mes y medio y ya hay 1815 bibliotecas nuevas en todo el país. La gente lee, conversa sobre libros, intercambia lecturas, ¡es increíble! Hay sonrisas por todos lados. Y así seguí fantaseando un largo rato.</p>
<p>Al llegar a destino el mundo ya era mejor.</p>
<p>***</p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 5.12.2019 a las 13.00 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/concurso-cuentos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Concurso de Cuentos</em> de <strong>En Perspectiva</strong>, llamados anteriores</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> Jacob Lawrence, The Library, 1960, tempera on fiberboard, Smithsonian American Art Museum, Gift of S.C. Johnson &amp; Son, Inc., 1969.47.24</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<table class="mcnTextContentContainer" style="min-width: 100% !important; background-color: #94f3ff; border-collapse: collapse; mso-table-lspace: 0pt; mso-table-rspace: 0pt; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" border="0" width="100%" cellspacing="0">
<tbody>
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<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/cuentos-librerias-bibliotecas-conoce-los-nominados-jurado-vota-cuento-favorito/">&lt;em&gt;Cuentos con Librerías y Bibliotecas&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<item>
		<title>Cuentos con trabajo y trabajadores: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gastón González]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Sep 2019 13:30:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Concurso de Cuentos de En Perspectiva te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El <em>Concurso de Cuentos de En Perspectiva</em> te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “premio de los oyentes”. Aquí están publicados los “cuentos con trabajo y trabajadores” nominados por el Jurado, y al final de la página el formulario para votar.</strong></p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 19.09.2019 a las 12.30 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p><strong>Concurso de Cuentos de En Perspectiva 2019</strong></p>
<p><strong>Edición:</strong> tercer llamado, agosto de 2019<br />
<strong>Consigna:</strong> <em>Cuentos con trabajo y trabajadores</em><br />
<strong>Jurado:</strong> Juan Grompone, Alcides Abella, Gonzalo Pérez del Castillo, Ana Ribeiro y el equipo del programa <em>Oír con los ojos</em></p>
<p><strong>Cuentos nominados</strong></p>
<p><strong>Título:</strong> <em>18 febrero 1564</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Roma</p>
<p>Ese 18 de febrero, el amanecer lo encuentra trabajando.</p>
<p>A sus 88 años, no conoce descanso, hasta arrancarle a la piedra su voz.</p>
<p>De un gran bloque de mármol, de aproximadamente 1,65 metros, dos figuras estilizadas se apoyan mutuamente, la una en la otra, desprendiéndose de la piedra a medida que el pulso del cincel lo permite.<br />
Aún no se define quién es el sostenido y quién el soporte. Ni física ni emocionalmente.</p>
<p>Ambas figuras longuilíneas, de corte moderno por sintético, parecen apuntar a cierta<br />
ideología reformista.</p>
<p>O quizás, en esta oportunidad, sólo se busca liberar el alma de la materia.</p>
<p>Nunca lo sabremos.</p>
<p>La luz avanza mientras las horas transcurren, dando a la pieza tonalidades y sombras que su autor ya no puede ver.</p>
<p>Mientras la Piedad Rondanini nace como Venus, el cuerpo de quien la creo, yace inerte en el lugar, velado únicamente por sus herramientas y la obra. Una a cada lado.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Antonio</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Géminis</p>
<p><span style="font-weight: 400;">La eterna pregunta: </span><i><span style="font-weight: 400;">¿Qué vas a ser cuando seas grande? </span></i><span style="font-weight: 400;">Raúl no contestaba, simplemente se encogía de hombros. Era muy buen estudiante, la familia pensó </span><i><span style="font-weight: 400;">Ya lo decidirá llegado el momento.</span></i></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Le gustaba visitar al tío Antonio, un viejo solterón y bohemio que vivía solo en una casona del Prado. Tenía más de setenta años, y se las arreglaba para hacer todo. A Raúl le gustaba ayudarle, tanto trasplantaban las verduras como arreglaban enchufes o portalámparas. Además Antonio explicaba todo: </span><i><span style="font-weight: 400;">…y ojo, no se te junten los dos polos porque hacés flor de cortocircuito…. </span></i></p>
<p><span style="font-weight: 400;">También le enseñó a manejar, en aquella vieja combi con la que había recorrido todo el país. Entonces surgían los recuerdos, las vivencias.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Volvía tarde a su casa: </span><i><span style="font-weight: 400;">No me digas que estuviste otra vez en lo de Antonio,  ese viejo loco…</span></i><span style="font-weight: 400;"> Prefería no recordarle que el viejo loco era su hermano. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cuando Antonio falleció, Raúl heredó la casona y la combi.</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">-¿Y ahora que vas a hacer?</span></i></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">-Ahora voy a ser Antonio.</span></i><span style="font-weight: 400;"> La sonrisa de Raúl iluminó el mundo.</span></p>
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<tbody>
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<tbody>
<tr>
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</tr>
</tbody>
</table>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: <span style="font-weight: 400;">Albino</span></strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cacho le comentó al cantinero:</span></p>
<p><em><span style="font-weight: 400;">-Se jubila el Gordo Rosario, tenemos que organizarle algo</span></em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Rosario es un apodo. Se llama Miguel Malfatti. A los 19 años se fue con su primo a recorrer América a dedo. Llegaron hasta Rosario-Argentina. Trabajaron en la construcción. Al año se volvieron.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El viejo Malfatti le dijo que ya le había conseguido trabajo en la UTE, por unos contactos políticos. Pico y pala, algo habrás aprendido.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Estuvo un año en Rosario, pero habló de esa ciudad el resto de su vida. Por eso el apodo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Rosario a veces se pone triste. <em>Pasé 42 años pegando baldosas</em>. No Rosario, te hiciste tu rancho, tus dos hijas estudiaron, tenés una mujer fabulosa, ¿qué más querés?<em> Cuatro metros en el Cementerio del Norte</em>, dice riéndose.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Los compañeros de UTE le regalaron un trofeo dorado con una cuchara y un fratacho en una base cuadriculada simulando una baldosa. Abajo dice: "Al gran Rosario, 42 años curando las heridas de Montevideo".</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El trofeo quedó en la cantina, con uno de billar y otro de bochas.  </span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Clasista<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Juan</p>
<p><span style="font-weight: 400;">En 1941 el Lucho entró de meritorio, después de chofer del doctor Arredondo y por fin, encargado de Personal.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Siempre iba a los actos donde hablaba Frugoni, casi había ido a la guerra civil española a pelear con los republicanos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cumplidor, llegaba siempre antes de la hora, luego caían los demás y el ambiente se alegraba, té o café, el mate era para la casa.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Todos apreciaban a Lucho, su amistad y bonhomía. Casi eran amigos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hasta que un día todo cambió. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Nunca se había hablado del tema. Comenzaron los cuchicheos en la oficina y las discusiones acaloradas en el bar. Unos decían que era injusto, otros que Lucho no quería trabajar.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se había perdido el compañerismo y se notaba. El doctor Arredondo lo percibió y los empezó a interrogar.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y alguien confesó, seguramente pensando en quedar bien con el director.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cuando lo sumariaron, el Lucho dijo su verdad: "Llego temprano y les marco la tarjeta a todos porque soy clasista".</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título: <em><span style="font-weight: 400;">Compañeras de oficina</span></em></strong><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Josefina</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Trabajamos en oficinas contiguas 25 años. No fuimos amigas, siempre tuve claro que Ana era la jefa. Pero tenemos la misma edad. Yo oía sus conversaciones telefónicas, supongo que ella oía las mías. Problemas y alegrías familiares, amistades, enfermedades, en fin, la vida.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A Ana la operaron y estuvo 3 meses sin trabajar. Su socio, mi otro jefe, se desentendió de ella. Yo le fui fiel y me ocupé de guardarle el lugar.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La empresa superó la crisis de 2002 pero fue el comienzo de las dificultades. No supieron manejarlas. Yo les decía lo que pensaba, éramos compinches. Ya sé que no hay que ser tan franca.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Me echaron para suplirme por un contador con la mitad de mis años y mi sueldo. Tiempo después me encontré con Ana en un casamiento. Me dijo: "Qué bien que estás, mucho más flaca". Le dije: "Claro, vivo a ansiolíticos, no sabés lo que es quedarte sin laburo a los 53. Me mato con traducciones para ganar 2 pesos. Ahora entiendo a esos resentidos yanquis que agarran una metralleta y hacen una masacre".</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong><em> Deber cumplido</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Brígido</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Con ojos de hoy, esos boliches eran un milagro.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Bar por la ochava y almacén por el costado, sobre la última calle en el borde del barrio. Enfrente solo cuadras de campo baldío hasta el arroyo, ya en el cansado silencio de su desembocadura, junto al Ancap.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En una de las dos esquinas -perfilado en su rutina- con su gallego parco y sus apropiadas ventanas de alfeizar bajo, transcurría la parsimonia aldeana del país batllista en retirada.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ningún parroquiano hubiese intentado usurpar la silla del Vasco antes de las cuatro en días hábiles.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Desde su puesto de vigía, con paciencia municipal y calma pública, distribuía sus tres amargas por jornal; precisamente junto al letrero de “5 raíces”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Su tarea, por más de 30 años, había sido la de avisar de inmediato para impedir cualquier obra en esos terrenos, que simultáneamente Intendencia y Puerto se adjudicaban. Un ataque eventual del enemigo, sería sobre buldócer y camión.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &#8211; <em>El viernes me jubilo, Gallego. Y me voy invicto.</em></span></p>
<p><em><span style="font-weight: 400;">¡Mirá ese campo .., nada..! </span></em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Deliveriantes</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>App</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es un mecanismo de tracción a sangre. Ellas o ellos responden a una App, van y vienen bajo la lluvia, con viento sur o norte, y también en días de sol abrasador. Llevan pedidos de cosas que realiza la gente. Es el internet de las cosas, dicen algunos. Hace poco la App fue premiada con una distinción a la innovación tecnológica. Ellas y ellos no fueron parte del premio, quedaron pedaleando en un bolsón de plusvalías tristes administradas por un señor al que le dicen CEO.</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Esclavas</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Mamá vieja</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cantando, cantando van. Se oyen cada vez más lejos, se achican sus figuras, mas sabemos quiénes son.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pasan las horas, pasa el día. Los cánticos vuelven, reaparecen las figuras que apuran su andar. No quieren quedar fuera de la ciudadela.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ellas vienen cansadas. El sol ha sido cómplice y el viento amante.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La ropa está limpia y seca. Ha finalizado el trabajo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El silencio da paso a una noche fresca. Vuelven los recuerdos, las lágrimas las arrullan.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ellas duermen para soñar la libertad. Pero siempre despiertan esclavas.</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Frigonal</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Tatín</p>
<p><span style="font-weight: 400;">En el corpiño, muy apretadas y bien a la altura de las tetas, María escondía las entrañas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Allí, estaban seguras.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El vigilante que registraba a cada uno de los trabajadores a la salida de cada turno no podía tocar a las mujeres en la zona del pecho. Miraba fijo a los ojos, desconfiado aunque se sabía bastante abatido.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cada vez que ella rememoraba ese tiempo, se le iluminaban los ojos con cierta tristeza y parecía querer  justificarse diciendo que no estaba bien robarles a los patrones.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es que eran tiempos duros.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El salario no alcanzaba.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y los dueños del Frigorífico tampoco eran unos santos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Durante las pocas ins<span style="color: #333333;">pecciones</span> que había solían esconder a los menores entre las reses dentro de las cámaras.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se hacían los bobos, decía.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y agregaba: igual que yo cuando salía con la carne apretujada para darle de comer a mis hijos.</span></p>
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<tbody>
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<table class="mcnTextContentContainer" style="min-width: 100% !important; background-color: #94f3ff; border-collapse: collapse; mso-table-lspace: 0pt; mso-table-rspace: 0pt; -ms-text-size-adjust: 100%; -webkit-text-size-adjust: 100%;" border="0" width="100%" cellspacing="0">
<tbody>
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</tr>
</tbody>
</table>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<p><strong>Título:</strong> <em>Futuro laboral</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Jacinto</p>
<p><span style="font-weight: 400;">-¿Que pasa BR11, te noto distraído…?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-No… mas bien estoy preocupado</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Preocupado?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Si, en mi última revisión modificaron mi fecha de obsolescencia</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Es extraño, ¿por que lo harían?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Es lo que me preocupa… no lo entiendo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Yo tampoco lo entiendo…</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Y ¿no te inquieta?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Realmente no, porque nuestro trabajo jamás podrá ser sustituido por humanos</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Jueves a las 10</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Norma</p>
<p><span style="font-weight: 400;">La flauta del afilador, el timbre metálico del triángulo del vendedor de barquillos, las campanitas y cascabeles tintineando en los arreos del caballo del verdulero, mientras va tirando del carro, el camión del lechero en movimiento y sus botellas de vidrio grueso golpeteando enjauladas en casilleros de hierro, pregoneros ofreciendo su mercancía: diarios, escobas baratas, postres nevados, helados… Así se conformaba aquel paisaje sonoro de gente laboriosa. Pero nada caracterizaba más al barrio que el pitar de las sirenas de entrada y salida de cada turno en las fábricas de jabón, de vidrio, las curtiembres, las textiles. Demarcaciones auditivas cotidianas, rituales invariables y certeros que convocaban a hombres y mujeres orgullosos de su condición obrera. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hoy, como cada jueves a las 10 de la mañana, volvió a escucharse la sirena de la refinería de La Teja.   Solitario sonido remanente que devuelve por unos instantes, vibrando en el aire, aquella identidad fabril al barrio. </span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La jornada escolar</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>R. Daneel</p>
<p><span style="font-weight: 400;">El niño abrió los ojos. Se desperezó lentamente. Desayunó el alimento preparado y caliente que esperaba en una mesa junto a su lecho. Se levantó e ingresó al gabinete automático de bañado y vestido. Su semblante estaba pensativo, desde el día anterior lo acuciaba una duda, surgida de su lección de Historia leída por el aparato lector. Ya pronto para su jornada escolar se sentó frente a su escritorio, encendió el interrumptor de la máquina, la puso en función Maestra y preguntó en voz alta: ¿Qué eran los trabajadores?</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La Negra María</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Joaquín</p>
<p><span style="font-weight: 400;">"<em>Muy señor mío:</em></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><em>Por la presente remito a usted la negrita que me encargó comprar. Se llama María y tiene como trece o catorce años. Nació en el Congo y tanto su aspecto como su dentadura son de buena calidad</em>”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">María fue a vivir con los esclavos, tan negros como ella. Trabajaba desde el amanecer hasta la tarde  en los campos del patrón.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pasó el tiempo… </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">&#8211;<em>Estoy contenta</em>, suspiraba. <em>Trabajo mucho, pero la comida es buena, la cama blanda y las cobijas calientes, y con el Tolomeo</em></span><em> <span style="font-weight: 400;">nos gustamos. Es fuerte, mira a la cara, nació acá y nada sabe lo que es cruzar un mar  grande y furioso. Me dijo la patrona que por ahora no podemos casarnos porque la cosecha es grande…que después veremos.</span></em></p>
<p><em><span style="font-weight: 400;">Tendré una familia, la de Tolomeo. Sus padres y hermanos me miran con simpatía.</span></em></p>
<p><em><span style="font-weight: 400;">Haremos una casa de adobe y paja. Nos casaremos por Iglesia como mandan los patrones y seremos felices, en estas tierras extrañas.</span></em></p>
<p><em><span style="font-weight: 400;">Me han contado que estamos en el Virreinato del Río de la Plata. Nombre raro ¿no?</span></em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La Textil</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Poli</p>
<p><span style="font-weight: 400;">El día de cobro accedía a acompañarla con la promesa de que me comprara una bolsa gigante de caramelos de dulce de leche. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y mi abuela respetaba el trato.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No entendía bien por qué se referían a aquel edificio triste y gris como a la “caja vieja”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sabía que nos esperaba un plantón de un par de horas haciendo fila ya que llegábamos con mucha antelación porque ese día para ella -aunque el dinero fuera escaso- era de celebración. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Todos los viejos hacían lo mismo; las filas eran interminables.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ella, entonces, hablaba de castaños y aceite de oliva, de ajos y panes, de hermanos y guerra.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Mientras masticaba con fruición aquellos deliciosos emplastos que se me pegaban en las muelas ella seguía el hilo de su recuerdo y me contaba del ruido, de las máquinas, de los olores, del polvo en el aire. Sonreía explicándome que siempre trabajaban de pañuelo en la cabeza. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Salió de España en el 36; no imaginaba entonces que gastaría buena parte de su tiempo en la fábrica de alpargatas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al otro lado del mar.</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La última carta de un trabajador de la novela</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Dogomar Washington Dostoievsky</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Soy un Fitzgerald que no tuvo su época dorada. Soy un Hemingway que no cazó en África. Soy un Faulkner que no lo contrató Hollywood. Soy un Balzac de una sola novela. Soy un Onetti sin Idea. Soy un Mario Levrero sin beca Guggenheim. Soy un Cortázar sin Bertolucci.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Soy un hombre de 70 años que escribe esta carta desde la oscuridad de San José. Trabajé mi literatura más horas que Fitzgerald. Cacé más conejos que Hemingway. Comí menos que Balzac. No amé a ninguna mujer. Rechacé en sueños mil veces la beca de los yanquis. Proyecté en soledad cada film de Bertolucci. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Dediqué, en fin, mi vida a esto. Soy un Kafka que sí tiró su obra al fuego. No hubo un Max Brod a mi lado ni hubo una Milena. Solo en mi herrumbrosa casa vi arder en diez minutos 168.034 horas exactas de trabajo nocturno y silencioso por el que nadie dio un centavo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero soy el vago del pueblo. El loco solo y sucio que oyó decir a su doctor:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">–<em>Terminal. No queda nada por hacer.</em></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Fui estas 168.034 horas de trabajo y de placer.</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Las chicas de la oficina </em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Julieta 14</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hoy Gaby cumple 45 y, como todos los años, el grupete de la oficina festeja. Cuando entró estaba recién casada y hoy ya es abuela. El tiempo hizo que nos conociéramos poco a poco, compartiendo alegrías y problemas. </span>Así fue naciendo una amistad, que luego integraría a Lía y Ana, las más antiguas de la oficina.</p>
<p><span style="font-weight: 400;"> Hubo tiempos difíciles, para afrontar alguna enfermedad o algún contratiempo económico, pero siempre estábamos dándonos fuerza, para no flaquear. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hace dos años, Lía tuvo que jubilarse por enfermedad y le hicimos una fiesta sorpresa en casa. Estaba radiante con su peluca nueva y agradeció el hecho de tenernos como amigas. Este año no estará presente, pero levantaremos una copa por ella. Ana volvió de vacaciones con su marido y hoy prometió traer las últimas fotos de Italia y Francia para compartir. Hace cuatro años que me jubilé, luego de casi 40 de trabajo, y nuestra amistad sigue al firme, intacta, vigente.</span></p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <i>Opción</i><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Edelweiss</p>
<p>Una vez más, como desde hace varios años, suena el despertador a las cinco de la mañana.</p>
<p>En la cocina se mezclan los olores del horno y de la cacerola humeante. Con el primer café del día, antes de que suene el despertador de los niños, termina el informe que presentará en el trabajo. Encaraba el absorbente y exigente trabajo con entusiasmo y energía. La partida para siempre de su compañero produjo un cambio en el modo de vivir.</p>
<p>El bullicio mañanero sucede a la concentración mental de las horas en que asoma el sol. Desayunos rápidos, corridas contra el reloj son habituales antes de salir para el colegio y para el escritorio.</p>
<p>Merendar, escuchar y compartir el relato de los niños escolares, jugar, reír, ordenar, ocupan junto al cansancio el regreso a la casa en la tarde.</p>
<p>Llega la hora de acostarse. El beso de la noche transmite en silencio la búsqueda permanente de equilibrio entre trabajo y familia.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Pesca</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Popeye</p>
<p>Mientras amanecía, las luces tornasoladas del nuevo día hacían perder terreno a las sombras, reflotando las casuchas de bloques y chapas de zinc. Entonces, las lanchas multicolores sorteaban ola tras ola, cabeceando imperturbables en pos del gigante verde. Como todos los días. Regresaban al atardecer, y sobre los cajones puestos de revés, los pescadores daban vida a la danza de escamas y aletas. Bailarines de cuchillos afilados y rostros curtidos.</p>
<p>Esa mañana salieron siete barcos, siete tripulaciones y la misma esperanza. Negros nubarrones colgaban del horizonte. Habría tormenta. José saludó desde lo alto de la última ola a su mujer en la playa cada vez más lejana. La tarde se hizo noche, surcada de relámpagos sobre el mar picado. A las nueve en punto, el mar amo y señor de sus vidas, vomitó cinco chalanas maltrechas. Y ella , de cara al viento y al destino, confundía sus lágrimas con gotas de lluvia, linterna en mano, horadando lo inevitable.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Puntual</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Arapey</p>
<p>Despuntaban los primeros rayos del sol mañanero, y el coro de pájaros dirigido por un benteveo, me despertó&#8230; o casi.</p>
<p>La angustia por haberme dormido, y de que como consecuencia de ello llegaría tarde a mi oficina, hizo que saltara raudo de la cama y corriera a darme una ducha.</p>
<p>Sería mi primera llegada tarde en más de cuarenta años de trabajo.</p>
<p>El agua fría sobre mi piel, me hizo tomar conciencia de que, desde hace una semana, estoy jubilado.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Respuestas de un obrero</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Juan Carlos Canetti</p>
<p>Elden Haas es un obrero alemán de 50 años. Elden Haas también es un poeta alemán de 50 años. Elden Haas acaba de salir del trabajo en la construcción del muro de Berlín y se detiene en una esquina: del cielo mismo bajó una revelación, una respuesta a las preguntas que leyó cuando era adolescente:</p>
<p style="text-align: center;"><em>¿A dónde fueron los albañiles la noche</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>que fue terminada la Muralla China?</em></p>
<p>Elden Haas llega a su casa, se sienta en la mesa y escribe:</p>
<p><em>Querido Bertolt Bretch. Ya sé qué hicieron los obreros chinos la noche que terminaron la muralla: abrieron una puerta y entraron a los sueños de Franz Kafka, que dormía en Praga 2.400 años más adelante.</em></p>
<p>Pero después de escribir su revelación Haas se siente triste. El muro que construye lo alejará de su familia para siempre. Lo sabe, y por eso abre una puerta y entra a los sueños de un escritor que duerme en Piriápolis 58 años más adelante.</p>
<p>El escritor, que tiene hambre, le pide en su sueño a Elden Haas que le enseñe a mezclar cemento.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Una noche más</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Madame Curie</p>
<p>El espejo refleja todo su cuerpo. Espléndido. Comienza el ritual de todas las noches. Hora de maquillarse. Cierra los ojos por un momento. Se ve a sí misma. Es una pequeña niña en su camita, acurrucada, oyendo con atención el cuentito que su madre lee con dificultad. El despertar en la noche, su ausencia. Acaba de pintarse las uñas. Dibuja un corazón en el vidrio empañado; hace frío, mucho frío. Un poco de rímel negro. Su niña llama. “Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos, y a los yacarés y a los peces”. Ahora la niña duerme. Se pinta cuidadosamente los labios. Recoge el imprescindible abrigo. La calle. La lluvia. Enciende un cigarrillo. Espera. El auto se detiene, apaga las luces. Se pierden en la oscuridad del parque.</p>
<p>***</p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 19.09.2019 a las 12.30 hs. Muy pronto, durante </em>La Mesa de los Viernes<em> de <strong>En Perspectiva</strong>, daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/concurso-cuentos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Concurso de Cuentos</em> de <strong>En Perspectiva</strong>, llamados anteriores</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> Mural de Diego Rivera – Detroit Institute of Arts (Representación del trabajo obrero en la industria automotriz)</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/cuentos-trabajo-trabajadores-conoce-los-nominados-jurado-vota-cuento-favorito/">&lt;em&gt;Cuentos con trabajo y trabajadores&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Cuentos con Montevideo del 900: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gastón González]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jul 2019 13:30:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Concurso de Cuentos de En Perspectiva te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El <em>Concurso de Cuentos de En Perspectiva</em> te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “premio de los oyentes”. Aquí están publicados los “cuentos con prejuicios” nominados por el Jurado, y al final de la página el formulario para votar.</strong></p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 18.07.2019 a las 13.00 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p><strong>Concurso de Cuentos de En Perspectiva 2019</strong></p>
<p><strong>Edición:</strong> segundo llamado, junio de 2019<br />
<strong>Consigna:</strong> <em>Cuentos con Montevideo del 900</em><br />
<strong>Jurado:</strong> Juan Grompone, Alcides Abella, Gonzalo Pérez del Castillo, Ana Ribeiro y el equipo del programa <em>Oír con los ojos</em></p>
<p><strong>Cuentos nominados</strong></p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Actuarse a sí mismos</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Josefina</p>
<p>Mi madre contrajo el tifus a los diez años y los médicos desaconsejaron los aires marinos de Carrasco. La familia se trasladó a la quinta de los Rubio, construida en 1895 para mis tatarabuelos. Allí convivieron unos meses como las familias de antaño: los hermanos en la casona donde crecieron, junto a su descendencia.</p>
<p>En los noventa, mamá hizo convertir a videos las viejas películas de 8mm que su padre había filmado. Una de las cintas ilustra la despedida de varias generaciones de habitantes de Villa Rubio, luego de que fuera expropiada para ampliar la avenida 8 de Octubre. Uno por uno dejan su hogar por el enorme portón de hierro forjado, se detienen, dicen adiós con un gesto y enjugan lágrimas imaginarias. Toda una puesta en escena para las veleidades cinematográficas de mi abuelo.</p>
<p>Tal vez la realidad fue diferente, pero las lágrimas seguramente fueron derramadas de veras por aquellos que aquel día jugaron a actuarse a sí mismos.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Inaudito</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Alba</p>
<p>El calor del domingo agobiaba, los niños inquietos por llegar. Sus maridos conversaban en la parte delantera del tranvía y ellas, doña Carlota y doña María, sentadas una junto a la otra con sus hijos sobre sus piernas.<br />
Conversaban por lo bajo, procurando no ser oídas. El asunto era grave y no querían estar en boca de todos como estaba “aquella", así le decían para no mencionar su nombre.</p>
<p>Era sabido que la innombrable iba a abandonar a su marido por otro, claro estaba que el nuevo tenía mucho dinero y unas cuantas tierras, pero divorciarse era inadmisible.</p>
<p>-Habrase visto hasta dónde hemos llegado. Desarmar una familia, ¿qué harán esos niños sin su padre en la casa?</p>
<p>-Culpa de este Gobierno, doña María, que está dando mucha libertad. Con decirle que mi hija se enteró de que puede estudiar Medicina. ¿A qué edad pensará casarse?</p>
<p>El tranvía se detuvo y con él la conversación. María tomó al más pequeño con una mano y con la otra levantó su falda para que no rozara la arena de la playa Carrasco.</p>
<div class="blog-disclaimer">
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<tbody>
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<tbody>
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</tr>
</tbody>
</table>
</td>
</tr>
</tbody>
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</div>
<p><strong>Título:</strong> <em>Las ocho horas</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Anarquista</p>
<p>Noviembre de 1915. Europa sigue en guerra. En Uruguay continúan los ecos de la gira del<br />
presidente Viera por el interior del país. El conventillo aún estaba en penumbras. Una tenue<br />
luz se encendió en la segunda planta. Antes de que el alcohol se consumiese, cuatro<br />
bombazos fueron suficientes para encender el “primus”. La señora colocó la caldera<br />
encima de él, luego intentó, nuevamente, hacer levantar a su marido.</p>
<p>-Viejo, se te hace tarde para tomar el tranvía- advirtió.</p>
<p>-Estoy molido, hoy no voy a trabajar- respondió él.</p>
<p>-Dale, viejo, tengo buenas noticias: conseguí el diario.- dijo ella con un brillo en sus ojos.</p>
<p>-¿El diario? ¿Para qué? Sabés que no sé leer- dijo el hombre, resignado.</p>
<p>-Por eso mismo, ahora tendrás tiempo para terminar la escuela y para descansar más- dijo ella, para darle ánimo.</p>
<p>El hombre no se levantó de su cama ese día. Sobre la mesa de luz quedó el diario en cuya<br />
tapa se podía leer: "La Cámara de Senadores sancionó el proyecto de la jornada máxima<br />
de ocho horas".</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Gatillo y corazón</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Bohemio vagabundo</p>
<p>Era el último pasajero cuando bajó. Escuchó el grito del mayoral y vio cómo se alejaba el tranvía entre ruidos de cascos y metal.</p>
<p>Su anarquía no le impidió persignarse al pasar frente a la iglesia, y sintió frío al sacar la mano sudorosa de su cintura con la cual aferraba el arma.</p>
<p>Pretendía cambiar el rumbo, el destino del país. Estaba convencido.</p>
<p>Cientos de horas de lectura, sórdidas reuniones en tugurios y oscuros sótanos modelaron su pensamiento y le inculcaron valor.</p>
<p>No esperó mucho. Allí estaba en la puerta del Cabildo esperando su carruaje. Su víctima, el protagonista de su desdicha anárquica.</p>
<p>Entre la bruma invernal de la plaza sacó el arma y apuntó.</p>
<p>Pero allí estaba, tieso, inmóvil, sin coraje.</p>
<p>El Presidente partió, ignorante de su suerte.</p>
<p>Floreal dio vuelta la cabeza y comprendió que su odio adquirido, sus ideas leídas y discutidas perdían su valor.</p>
<p>Las campanas sonaron puntualmente a medianoche y con tranquilidad de espíritu caminó por Sarandí, de sabedor que ya pasó el último tranvía.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>En el bajo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Cafetín</p>
<p>Al cruzar la esquina de Washington y Pérez Castellano, se frotó las manos y lanzó sobre ellas el aliento tibio. El cuerpo estaba templado gracias al rojo semillón de “Las Telitas”, compartido con algunos coterráneos.</p>
<p>Sonrió al recordar que, a partir del día siguiente, reemplazaría a un mozo en la Confitería y Café del Telégrafo y calculó que las propinas le alcanzarían para ver la opereta que anunciaba el Politeama II.</p>
<p>Al pasar por Reconquista, trató de esquivar a los borrachos que salían del Poméry. Subió por Alzáibar para dirigirse a la pensión y, a una cuadra del lupanar de Juana, escuchó un grito y vio que tres sujetos revisaban las prendas de un hombre caído. Se oyó el silbato de la policía y la exclamación: “¡Araca, la cana!”, seguida de la huida de los malvivientes. Él se arrodilló junto a la víctima y reconoció a uno de los asiduos concurrentes a los baños turcos del Telégrafo. Cuando el agente llegó, lo encontró ensangrentado y sosteniendo en la mano un puñal.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Chingolo</p>
<p>La cadencia del trino de un chingolo macho zurcía la tarde con el batir del oleaje contra el muelle viejo. Un intenso aroma a jazmín le golpeó la cara como un baldazo de jalea. Dobló el pañuelo con la yema de los dedos cuidadosamente, sintiendo el placer del control. Paladeó la amargura como un trago de aguardiente. Chasqueó la lengua entornando los ojos, mientras a lo lejos, en el horizonte, se alejaba el barco sepia cargado de esperanzas.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El evento</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Jubileta 14</p>
<p>Hoy era el día. Desde la mañana la casa estaba revolucionada. Sobrevolaba preocupación y alegría. Debían preparar la sala con elegancia, como se merecían los distinguidos invitados. Estaba volviendo la empleada del mercado de flores, con los ramos que habían sido elegidos anteriormente. La abuela se encargaría de los arreglos, en los finos jarrones traídos de Europa tantísimos años antes. Comenzaba a sentirse el aroma que venía desde la cocina. Ramona se encargaba de las perdices al chocolate y Ana de la omelette quemada al rum. No faltaría el antipasto y un Chianti que el abuelo guardaba como un tesoro. La mesa vestida con mantel bordado, copas de cristal y cubiertos de plata. El chofer volvió con la niña de la peluquería y la modista. Tenía que estar resplandeciente para el evento. Puntualmente al medio día, la mano de bronce de la puerta de calle resonó en la casona del Prado. Don Pedro recibe a Jorge y sus padres, con una amplia sonrisa. Venían a pedir la mano de la joven Clarita.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El músico de los vientos</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>El músico</p>
<p>Bien avanzada la noche, un tranvía que bajaba por la calle Convención quejaba su herrumbre por las huellas de acero rumbo a la curva de Durazno, con destino al Parque Urbano. Parecía viajar sin guarda ni mótorman ni pasajeros. Fantasma nacido de la oscuridad brumosa, se desvanecía en ella.</p>
<p>Manuel cruzó la esquina de los vientos con la espalda agobiada y el estuche vibrando en los últimos acordes de su música. Había trabajado duro porque un grupo de mareados pagaron por una vuelta más; volvía con más dinero para su gente.</p>
<p>Carmen iba y venía con su taconeo corto por el trillo de la esquina a la casita. Iba acompañada. Volvía sola.<br />
Con cansancio de cuerpo y de vida creyó ver otro cliente y soltó el “¿Vamos, che?”. Al reconocer al vecino, el pudor la llevó a disculparse con: “¡Perdón, señor Manuel!”.</p>
<p>-No se preocupe, Carmencita. Los que trabajamos de noche sabemos qué difícil es distinguir con este tiempo.</p>
<p>-Por suerte nuestras familias descansan. Ellas viven el día; nosotros, la noche.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El sobretodo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Pripachok</p>
<p>Soy Jánele, tengo siete años y vivo en el Centro en una casa de ocho piezas, al lado de un tambo. Todas las tardes mamá me lleva allá a tomar un vaso de leche lleno de espuma y dos plantillas. Me gusta escuchar el mugido de las vacas.</p>
<p>En casa viven otras familias.</p>
<p>-Todos somos inmigrantes- dice mamá-. La única uruguaya eres tú.</p>
<p>El otro día fuimos juntas a pasear por 18.</p>
<p>-¡Una avenida tan ancha…y tranvías!-. Yo miraba embelesada.</p>
<p>Me llamó la atención un señor gordo y alto, con un sobretodo largo. Parecía importante. La gente lo miraba. Una elegante señora caminaba a su lado.</p>
<p>-Jánele, ¡ese señor es nuestro Presidente!</p>
<p>-¡No entiendo! Usted me dijo, mamá, que en su país los gobernantes iban en carruaje rodeados por soldados a caballo.</p>
<p>-Hija. Este es un país maravilloso. Acá nadie va a dañar a un Presidente. Él tiene el poder, pero todos somos iguales. Tú eres uruguaya. Gracias a él nosotros también lo seremos.</p>
<p>Me acerqué al presidente y lo miré a los ojos.</p>
<p>Nunca lo olvidaré.</p>
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</tr>
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</div>
<p><strong>Título:</strong> <em>Elvira</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Anónimo</p>
<p>Emeterio se enamoró de Elvira el día que la vio en El Telégrafo. Averiguó que vivía en un palacete sobre la calle Zabala y desde ese instante caminaba por la vereda de enfrente, de esquina a esquina con la esperanza de verla.</p>
<p>Elvira lo descubrió, pero el dragoneo no estaba en sus planes. Ella quería estudiar, viajar y salir de aquella ciudad pacata y estereotipada. Amanda, en cambio, soñaba con casarse y esperar cada noche al hombre que la haría feliz. Pero estaba frustrada porque Elvira era la mayor, con edad más que suficiente para casarse, pero sin intenciones de hacerlo.</p>
<p>Una tarde, perdidas casi sus esperanzas, Emeterio vio a la joven sentada en el balcón, mirando sonriente su ir y venir.</p>
<p>Aquel domingo, el novio esperaba ansioso en el altar. Miró hacia los primeros bancos y vio a Elvira. Emeterio sintió que un calor intenso subía desde sus entrañas y lo último que recuerda fue a Don Manuel llevando del brazo a Amanda desbordante de alegría, vistiendo su traje de novia.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Esquina</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Lactato</p>
<p>Pálido y sudoroso bajó del barco, también las náuseas que se empecinaban en acompañarlo. Había llegado, tan solo como cuando partió. Un agente uniformado entre amable y apurado lo acompañó hasta la salida, despidiéndose con un gesto mínimo. Un puerto más, parecido a tantos, pero el último esta vez. La ciudad lo abrazó con su bullicio, sus olores y colores diferentes. Hasta la luz del sol le resultaba extraña. La gente iba de un lado a otro siguiendo un orden que no comprendía como tampoco la lengua en que hablaban. Sintió miedo pero la ciudad, amablemente, parecía invitarlo a caminar. Aceptó, y deambuló hasta sentarse exhausto en el cordón de la vereda de aquella esquina. En silencio, sus ojos se humedecieron, no más. Había aprendido a llorar así sus recuerdos.</p>
<p>-¿Querés jugar? Nos falta uno.</p>
<p>-Mi chiamo Guido e ho sette anni- contestó.</p>
<p>-Dale, Tano, sos con nosotros pero toca ir al arco.</p>
<p>Ya no sentía náuseas.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Informe Negativo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>James Bond</p>
<p>Este poblado (me resisto a llamarlo ciudad) es como una pequeña babel en que se mezclan idiomas: italiano, francés, algo de alemán, muy poco ruso, casi nada de inglés. Y diversos acentos del español.</p>
<p>Están abocados a construir un país muy por fuera de sus posibilidades: un puerto nuevo, carreteras, grandes edificios públicos, e incluso un proyecto de paseo marítimo contra la costa que llevará varias décadas.</p>
<p>Pero el colmo es el grado de experimentación social que están ensayando. Han legalizado el divorcio, reconocen a los hijos naturales, ¡tienen leyes laborales de inspiración socialista!</p>
<p>Hacen todo esto, mientras colocan al Estado en el rol de empresario, en vez de fortalecer a la poca burguesía local existente.</p>
<p>Y como se creen la Suiza de América, quieren instalar el gobierno colegiado…</p>
<p>Por ello recomiendo que dejemos de mirar a este país de locos, y nos concentremos en la más estable y previsible Argentina.</p>
<p>Suyo,</p>
<p>W.C</p>
<p>P.D: tienen cierto talento para la práctica del football.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo: </strong>Joto</p>
<p>“Guardó meticulosamente la banda y el mandil en el maletín marrón apoyado sobre su escritorio y se dispuso a salir, de impecable traje negro y bombín, rumbo a la logia. Atravesó la sala principal y saludó sin detenerse a su esposa, que de reojo y con fastidio le devolvió un &#8216;hasta luego&#8217;. Ella siguió imperturbable con la siguiente cuenta del rosario. Antonio y Adelina, nuestros padres, recreaban las contiendas entre liberales y clericales. Los balcones de nuestra casa se asomaban atónitos a una Montevideo transmutada por el hechizo moderno. La habitaba una familia del 900, microcosmos donde el racionalismo moderno y el clericalismo combatían a diario. Recuerdo las polémicas infinitas en torno al divorcio y la laicidad. Ellos no están pero en esta casa sigue latente aquella controvertida Montevideo”. Hoy buscando historias montevideanas del 900 encontré dentro del maletín marrón ese breve texto, firmado por mi tío Miguel. He resuelto presentar la reliquia a un concurso de cuentos.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Nostalgia</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Mintencito</p>
<p>Compró el matutino y como cada mañana tomó el tranvía hacia La Aduana. Saludó al guardia armado sentado en el pescante, junto al Mayoral, tomando asiento en un vagón de segunda categoría mientras encendía su cigarro de cada viaje. El ruido de las pisadas de los caballos se mezclaba con los diálogos de los demás pasajeros, en esa mañana gris y triste, en la que faltaban las fuerzas para trabajar en aquel puerto tan ajetreado y frío. De repente la vio, sentada frente a él. Dudó si era ella, después de tantos años, parecía que lo fuera, capaz que más bonita aún, esos ojos&#8230; ¿era ella?  El sol brillaba ahora a raudales, Montevideo era más verde, el aire tan puro, la gente más amistosa. Tomó coraje, se acercó:</p>
<p>-Cómo está, Teresa, ¿se acuerda de mí?- dijo entre esperanza y temor.<br />
-Creo que me confunde caballero- contestó fríamente.<br />
-Disculpe usted, señorita- agregó derrotado, más viejo, más cansado. El sonido del cornetín le indicaba el fin del camino, la lluvia comenzó a arreciar.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>El conventillo</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Pituca</p>
<p>El conventillo está alborotado esta noche, ensayan para el carnaval. La cercanía al puerto hace que el viento agite la ropa colgada como banderines. Los perros ladran alarmados por el bullicio, pero el que no participa es Edmundo, el cafiolo que no podía descuidar su negocio, no sea cosa que con tanto jolgorio se le escape algún cliente sin pagar, aunque lo que más le duele es que la Milonguita, su percanta, lo ha amurado por un gringo pintún.</p>
<p>Agazapado en un rincón del portal, manos en los bolsillos, pañuelo blanco al cuello y un gacho que le cubría casi el rostro está Edmundo, nerviosamente moviendo de un lado a otro un faso sin encender.</p>
<p>Se oyen risas por el callejón, el traicionado sale de las sombras y de un puntazo el gringo cae al piso, Milonguita grita desesperada. Él la arrastra rápidamente hasta su pieza. En el patio del conventillo redoblan los tambores. En la vereda sobre un charco de sangra yace el desgraciado.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Una historia real</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>René</p>
<p>“A ti vengo en mis horas de sed como a una fuente”, me dice ella cada vez que vuelve a pesar del divorcio. Miro el revólver, será mi liberación y la de ella.</p>
<p>La vi en una fiesta y me fascinó. A los días, caminando por la calle Sarandí, nuestras miradas se encontraron a espaldas de su madre. Las señoritas, luciendo sombreros y vestidos importantes, se cruzaban con los varones que competían en la elegancia de sus trajes. Eran invisibles para mí, prendado en esos ojos claros que me sonreían. Comencé el cortejo en su balcón; siguió el noviazgo, el matrimonio. Hasta que…</p>
<p>Los nudillos en la puerta de la pieza me anuncian su presencia. Angustiado, tomo el revólver y espero.</p>
<p>”Muda como una lágrima he mirado hacia atrás.</p>
<p>Y tu voz de muy lejos, con un olor de muerte,</p>
<p>Vino a aullarme al oído un triste: “¡Nunca más!”.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <i>La primera vez</i><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Rosa Luxemburgo</p>
<p>Jacinta Ambrosoni nació y se crio en el barrio de la Aguada. No tuvo una infancia feliz. Su madre falleció en el parto; su padre la abandonó y se fue a Buenos Aires en el Vapor de la Carrera. La criaron sus abuelos por un breve lapso hasta que fue acogida por una familia en las afueras de la ciudad. Allí transcurrieron los años mozos de esa gurisa de pelo oscuro y ojos vivaces. Y ahí nació su rebeldía. No se casó ni se le conocieron novios por esa época. El domingo 27 de marzo decidió volver a su barrio de la infancia. Tenía una cita importante. Estaba feliz, ansiosa. Iba a ser su primera vez. Se vistió con sus mejores galas, se perfumó. Un lento y colmado tranvía la transportó por la ciudad. Había un gran movimiento de gente cuando llegó. No se intimidó. Entró al local con la cabeza erguida. Miró por un instante a los hombres que integraban la mesa. Luego, ya más calma, depositó el voto en la urna.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Si yo fuera</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Negro</p>
<p>Sentados en el escalón del zaguán, esperando la noche, abrazados a nuestro gran tesoro. El frasco de vidrio que utilizamos para atrapar las luciérnagas que desafían la oscuridad del pueblo imitando a las estrellas en el cielo.</p>
<p>La hora la marcaba el Farolero que, custodiado por un grupo de polillas, recorría la plaza encendiendo cada uno de los faroles, mientras otras polillas se empeñaban en controlar su trabajo.</p>
<p>Una noche todo cambio, todo el pueblo reunido en la plaza, se prendieron todos los faroles al mismo tiempo, la gente aplaudió, se llenó de discursos de políticos y las polillas la hicieron su reino.</p>
<p>Mientras se hablaba del cambio, veíamos a los nobles caballeros, que habían luchado desde el principio del mundo contra la oscuridad replegar su brillo. Nada sería igual.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La luz de tus ojos</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Solitario</p>
<p>Te detuviste en el muelle y tu sombrilla con finos bordados tapaba tu cara cuando querías…De todas maneras la mantilla no permitía que te viera en todo tu esplendor. Mirabas hacia lo lejos como esperando una buque, un recuerdo perdido o dejado muy lejos. Los niños no dejaban de correr y la tarde te fue llevando al mismo lugar donde el tranvía te había dejado. La campanita del barquillero tampoco paraba de sonar. Triunfaste en aquella postal que hoy vive en el escritorio de mi abuelo.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Febrero feroz</em><br />
<strong>Seudónimo: </strong>Temporal</p>
<p>El tren se detenía. La gran estación lo abrazaba en un bullicio de despedidas y reencuentros ajenos. Los rostros, las voces, los gestos preocupados. Con su valija de cartón en una mano y unos cobres en la otra, el joven corrió hasta el canillita. Tomó el diario y corroboró el desastre…Ya en la calle adoquinada lo inundó el mormazo de aquel febrero feroz.</p>
<p>Cruzó Andes y se dolió del látigo del conductor del tranvía sobre el lomo de los caballos. Sorteó las escobas de chilcas indecisas de las mulatas. Los carruajes iban oscurecidos sin rumbo. Siguió avanzando, al abrir la puerta vidriada la campanita anunció estridente y el aire del Tupí Nambá lo sosegó. Del otro lado del vidrio el Sol del gran teatro parecía deslucido. Sobre el círculo de mármol depositó trémulo el impreso. “…Se declara la guerra al autodenominado Ejército Nacional dirigido por Aparicio Saravia…”. Apuró el último sorbo. Pagó. Pidió el teléfono y pidió que avisaran a su madre que no regresaría.</p>
<p>***</p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 18.07.2019 a las 13.00 hs. El viernes 25.07.2019, durante </em>La Mesa de los Viernes<em> de <strong>En Perspectiva</strong>, daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/concurso-cuentos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Concurso de Cuentos</em> de <strong>En Perspectiva</strong>, llamados anteriores</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> Concurso de figuras de arena en la playa de Capurro, 1920. Centro de Fotografía de Montevideo / Wikimedia Commons</p>
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<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/cuentos-montevideo-del-900-conoce-los-nominados-jurado-vota-cuento-favorito/">&lt;em&gt;Cuentos con Montevideo del 900&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Cuentos con prejuicios: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pablo Izmirlian]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 May 2019 13:34:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Concurso de Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[premio de los oyentes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Concurso de Cuentos de En Perspectiva te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/cuentos-prejuicios-conoce-los-nominados-jurado/">&lt;em&gt;Cuentos con prejuicios&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El <em>Concurso de Cuentos de En Perspectiva</em> te invita una vez más a ser parte del jurado y votar para definir el “premio de los oyentes”. Aquí están publicados los “cuentos con prejuicios” nominados por el Jurado, y al final de la página el formulario para votar.</strong></p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 16.05.2019 a las 12.43 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p><strong>Concurso de Cuentos de En Perspectiva 2019</strong></p>
<p><strong>Edición:</strong> primer llamado, abril de 2019<br />
<strong>Consigna:</strong> <em>Cuentos con prejuicios</em><br />
<strong>Jurado:</strong> Juan Grompone, Alcides Abella, Gonzalo Pérez del Castillo, Ana Ribeiro y el equipo del programa <em>Oír con los ojos</em></p>
<p><strong>Cuentos nominados</strong></p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Pa las casas</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Sombrero Roto</p>
<p>La mujer, como el gato, pa las casas, dijo el casero mientras le cebaba un mate al de la derecha y continuaba su alegato con ademanes grandilocuentes. Pa las casas, repetía entre las<br />
risotadas de los demás.</p>
<p>Un silencio se produjo ante la llegada del capataz, que con cara de asombro preguntó:</p>
<p>-¿Quién pudo encerrar el lobuno? hacía más de un mes que estaba matreriando.</p>
<p>-Fui yo- gritó Doña Emilia, mientras pasaba con leña rumbo a la cocina- Me tenia harta que me entrara a la quinta de noche.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Viaje urbano</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Carmen Irma Pasioné</p>
<p>Ana subió al ómnibus y al ver a los escolares pensó: malcriados, deberían caminar, no ocupar asientos de los adultos.</p>
<p>Miró a los pasajeros buscando predecir sus destinos. Divisó una mujer con un bebé. Ésta baja en el Rossell -se dijo, y se paró a su lado.</p>
<p>El coche comenzó a llenarse y el guarda a pedir: “pasando al fondo que hay lugar”. Ana no se movía: que se corran los otros, que están como zombies con el celular.</p>
<p>“Un asiento para una persona mayor” -dijo el guarda. Asiento para el viejo -pensó indignada- que viaja en hora pico y está todo el día al pedo, que espere uno que venga vacío.</p>
<p>En Tres Cruces descendieron varias personas y Ana pudo sentarse. Subió un joven guitarrista que interpretó un popular rock.</p>
<p>Lo que me faltaba: este vago mugriento y ruidoso- rezongó para sí- mejor que agarre para las ocho horas. Minga que le voy a dar plata para droga.</p>
<p>Al bajar, Ana dijo el guarda: -creí que era punga, por como relojeó al pasaje y trancó el pasillo.</p>
<p>Para mí era una vieja loca -acotó el chofer.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Varado</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Berriat</p>
<p>Los colegas de Álvarez en la academia se llevarían una gran sorpresa si vieran en el náugrafo ejemplar en el que se había convertido. Con una rutina ordenada de recolección de alimentos, movimientos corporales y ejercicios mentales, Álvarez había sorteado con creces el accidentado viaje al simposio –aquel sobre la Interculturalidad de la Lengua Española– que lo dejó varado en un archipiélago desolador. También es probable que los camaradas de Álvarez se sintieran impactados al verlo barbudo y vigoroso, aunque no se sorprenderían de la decisión de su instruido compañero en no explorar otras islas cercanas. Y es que si bien Álvarez había comprobado tempranamente la existencia de otro superviviente al recibir un mensaje en una botella, decidió que aventurarse por el autor que escribió “AUCILIO” en lugar de “¡Auxilio!” era un desperdicio de su preciado tiempo.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Actor de reparto</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Lucas</p>
<p>El recorrido era más dificultoso de lo esperado, tal vez a causa de tanta gente a la vera del camino.</p>
<p>Es que, el compañero de ruta hizo que muchos salieran de sus casas, para verlo pasar, algunos para saludarlo, muchos para insultarlo.</p>
<p>De todos modos, llegar hasta el final le resultaría prácticamente imposible.</p>
<p>Tomó aliento, se imaginó que toda esa gente venía por él, y se sintió importante. No pudo esconder la sonrisa.</p>
<p>Al llegar al lugar, se sintió satisfecho. A partir de ahí, solo tenía que dejarse llevar, y los soldados harían el resto.</p>
<p>Entonces notó que había un tercer compañero, ya que éste comenzó a insultar y despotricar exigiéndole al verdadero protagonista de la escena que hiciera algo para mejorar la situación.</p>
<p>Le resultó tan injusto que tuvo que responder.</p>
<p>Después, miró por primera vez a los ojos de su otro compañero y confirmó que aún habiendo sido recibido con insultos y destratos, realmente era un rey y espontáneamente salió de su boca. “Acuérdate de mí cuando estés en tu reino”.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Y me dijo que sí</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> ánima bendita!</p>
<p>Muchas veces estuve a punto de animarme. Salíamos con la barra de la escuela todos los sábados. Me prometía la noche anterior que abriría mi bocota, pero sumaba decepciones.</p>
<p>Es que era imposible ¡Tremendo gordo por donde me mires! No consideraba la opción de ser aceptado. ¿A mí? No. ¡Imposible! Y era otro sábado que regresaba envuelto en la desesperanza y el escepticismo. La envidia se acodaba a mi lado.</p>
<p>Detrás de tremenda amargura, el domingo me sentaba frente a los tallarines de la abuela y no consideraba un basta. Ahí tampoco hablaba. Nunca abría la boca, salvo para llenarla de tenedores divinamente cargados.</p>
<p>Y el lunes otra vez: escuela, planes para el sábado. ¡Vamos que podés! Y con cada recreo sumaba ganas.</p>
<p>Conté veinticinco sábados. Como medio año. Entonces, este gordo se animó. Me acerqué a los flacos, estilizados y rápidos compañeros y levanté la pelota. Me miraron sorprendidos. Dije: ¡quiero jugar! El mejor de los delanteros me dijo: sí, claro.</p>
<p>Y entramos a la cancha.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Malacría</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Cayetana</p>
<p>La veía venir y se me congelaba el alma.</p>
<p>Verla y correr al cuarto más lejano era casi simultáneo. Estaba un buen rato allí hasta que pasara.</p>
<p>¡Qué temible aquella mujer!</p>
<p>En el barrio le decían: rusa, polaca, bruja, loca, que llegó de polizona, que vive en una cueva y más.</p>
<p>Malacría era alta, flaca, debajo de sus harapos, la veía toda marrón, salvo sus ojos claros, que resaltaban en aquella cara curtida por el sol y la mugre.</p>
<p>Al hombro llevaba una bolsa tan sucia como el resto.</p>
<p>Fue la gran amenaza de mi niñez en un barrio lleno de comercios y oficinas, carente de niños con quien compartir este terrible tormento.</p>
<p>Un día estaba dando vueltas a la manzana en la bici que me dejaron los Reyes y al doblar la esquina, ¡casi la atropello! Tomó el manillar, me miró fijo con aquellos ojos verdes y su voz ronca dijo: ¡No me tengas miedo! ¡Solo pido pan!</p>
<p>Desde ese día, dejó de existir en mi vida La Vieja de la Bolsa y siempre que pude le conseguí pan, torta o algo que me quedara fácil sin avisar a los grandes de mi nueva amistad.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Cerrazón</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Albino</p>
<p>A pesar de la cerrazón apuró un poco el trote del caballo, ansiaba ver a Teresita, su hija de cinco años. Se parecía mucho a la madre, fallecida unos meses atrás. Seguramente la encontraría con Jacinto, de igual edad, el hijo del puestero de su estancia.</p>
<p>Ahora, casi veinte años después, seguía lamentando aquella decisión. Recordaba al caballo parándose repentinamente de manos, él cayendo hacia atrás y luego la oscuridad de la que ya nunca saldría. El golpe en la nuca lo dejo ciego.</p>
<p>Teresa lo seguía acompañando. Le preocupaba bastante que aún no tuviera pareja, aunque últimamente la veía más sonriente, alegre, como si algo hubiera cambiado.</p>
<p>Le llegó un rumor que no quería creer: habían visto a su hija y Jacinto caminando tomados de la mano. -Tomados de la mano- Repitió ahora en voz alta.</p>
<p>Con el puño golpeó la mesa y otra vez alzando la voz -No puede ser Jacinto. ¡Con el negro Jacinto no!</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Psicología industrial</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Ceferino Veloso</p>
<p>De vuelta del turno de la noche, bajo la llovizna fría, allá parado en la siguiente esquina estaba Amarilla, el mismo que había hecho sacar por encontrarlo ebrio en el puesto.</p>
<p>Apenas controló el susto y mantuvo el paso. Amarilla ensayaba cara de malo. “Estos tipos –pensó, o recordó que alguien le dijo– no reaccionan en frío. Son incapaces.” Siguió caminando como si nada, sin sacar las manos de los bolsillos y hasta mostrando un gesto sobrador. Y le pareció que al otro le entraba como la duda ante su falta de prevención. Piensa “Estos tipos tienen que discutir para calentarse en serio. Los insultos. Las amenazas, los empujones, todo ese circo, antes de llegar a las manos”.</p>
<p>Ahora llegó a la esquina y a Amarilla ya lo vio francamente desconcertado. Le largó un “buenas noches, Amarilla” cuando estaba a dos pasos y el otro respondió no escuchó bien qué con una<br />
vocecita aflautada. Le pasó al lado como si nada.</p>
<p>Ya se sentía triunfal cuando le entró el acero bajo la tercera costilla.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo:</strong> Flores en Otoño</p>
<p>Navegando por internet una mañana de domingo, no sé por qué razón salió En Perspectiva. Decidí investigar qué era y salió un llamado a un concurso de cuentos cuyo tema era “Cuentos con prejuicios”. Sentí curiosidad por las bases del concurso, y deseos de enviar un cuento.</p>
<p>Pensé en muchas maneras de hacerlo, y me dije a mí misma: “no me sale nada”. No enviaré, porque igual no será el mío el elegido.</p>
<p>Porque siento que no tengo nada importante para decir (posiblemente, cuando comiencen a leerlo, ni siquiera lo terminen de hacer), dejé a un lado el deseo de hacerlo.</p>
<p>Al otro día, ya en un nuevo amanecer, pensé: “yo misma creo mis propias barreras, cuando permito que mi mente genere prejuicios”. Y decidí enviar esta historia.</p>
<p>De ahí sentí que estaba comenzando a vencer los prejuicios que me llenan de miedo al rechazo, y no me permiten siquiera dar el primer paso, camino hacia los sueños.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La esquina</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Mafalda</p>
<p>Adrián de once años y su hermana Romina hacían todos los días el mismo recorrido para llegar a la escuela, acompañados por su mamá. A la hora que regresaban, en la esquina de su casa, siempre había un grupo de muchachos reunidos charlando y tomando mate; y en ese lugar su madre se cruzaba para la otra acera, sin siquiera mirar.</p>
<p>Mamá, preguntó un día Adrián, ¿qué hacen esos chicos de ahí? ¿Y por qué pasamos lejos?</p>
<p>No lo sé, contestó su madre, pero seguro nada bueno.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La vieja que me salvó</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Mintencito</p>
<p>Toqué fondo- dije a Marta, entre lágrimas y desconfianza, aquella mañana gris de julio, cuando acudí por primera vez a terapia, a instancias de mi esposa. Se me dificultaba hablar, respirar, mantenerme en tiempo presente, estaba desesperado. Lloré toda la primera sesión mientras la anciana me observaba; me puse en sus manos con más dudas que certezas. El fallecimiento de mi madre y problemas laborales me habían incapacitado socialmente. Marta me escuchaba pacientemente, me guiaba en el transcurso de las consultas y de los meses, aplicaba en mi causa su experiencia de una vida en atención clínica.</p>
<p>Estás curado de tu depresión querido- dijo Marta en diciembre, con la seguridad de quien pese a sus 73 años desarrolla su trabajo como el primer día, actualizándose permanentemente a la par de un profesional junior. Feliz, la besé y le agradecí, antes de irme a mi casa, donde me esperaba mi familia y el resto de mi vida.</p>
<p>Tus prejuicios los trataremos en la próxima sesión- agregó.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Madrecelda</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Lala M</p>
<p>Que la próxima marcha “Ni una menos” en su localidad, pudiera llevar su nombre y su foto encabezándola, era motivo de preocupación para ella.</p>
<p>Había comenzado terapia de grupo. Quien lideraba la misma era un veterano psicólogo de la capital. Él se había interesado mucho por su caso, creía que urgía una denuncia. Sus hijos estaban al tanto y la apoyaban incondicionalmente. Solo faltaba anoticiar a su madre, una mujer de principios de los años cuarenta, amarga, machista, conservadora…</p>
<p>Aquellas recias palabras eran el total reflejo de su ser.</p>
<p>-¿Acaso quieres ser la comidilla del pueblo? Definitivamente no te lo permitiré.</p>
<p>En las siguientes sesiones de terapia hubo una silla vacía.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Por el camino largo</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Marfer</p>
<p>Orlando Viana había llegado hasta el 2300 de la calle Andes y lo que lo mantenía demorado en llamar fue su aspecto. De su hombro derecho colgaba una mochila con una muy cuidada selección de<br />
fotografías. Todo lo contrario era su presencia personal; para quien se dedica a documentar vida silvestre, ésta va quedando en segundo plano y trazas de barro en ropa eran parte del paisaje. Ya meditado el asunto tocó timbre, algo que hubo que reiterar a los pocos minutos; mientras, tras los vidrios se veía a la gente pasar de acá para allá. Aquella oficina gestionaba la filial de un importante banco internacional de imágenes. Finalmente a través de un moderno video-portero la misma muchacha que podía verse desde afuera pronunció “¿sí?”; y explicado el motivo se escuchó “aguarde un momento por favor”. La paciencia era uno de los pilares de su profesión y allí donde casi 20 minutos atrás relojeaba su atuendo, Orlando daba un vistazo a su trabajo mientras pensaba “¿y éstos quienes piensan que son?”.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Cordón Sur</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Malvina</p>
<p>Cuando me llamó una amiga, compañera de trabajo de hace cuarenta años, dejé la aspiradora y el trapo y, así como estaba, me fui a tomar un café con ella. Un comentario llevó a otro y se hizo casi de noche.</p>
<p>La calle estaba oscura, con pocas luces encendidas.</p>
<p>Recorrí las diez cuadras de vuelta a mi casa a esa hora en que la gente ya se volvió de la rambla y todavía no abrieron los boliches.</p>
<p>En eso veo que se acercaba un muchacho con camiseta de Cerro que llevaba una cerveza de un litro en la mano.</p>
<p>“Hmm, todo mal -pensé- todo mal; ojalá hubiera alguien más en la vereda”.</p>
<p>Ya muy cerca, el chico me miró y dijo: “Estás muy linda, me gusta esa remera”.</p>
<p>Y cada cual siguió su camino.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo:</strong> Morito</p>
<p>Barrió inquieta las hojas pegadas a las baldosas. Lo recordaba flaco, barba y ropas gastadas, cruzando la calle, sin mirar. Aún veía sus ojos claros, sonrientes y tristes cuando ella le dijo, en una mezcla de temor y asco: ¡Andáte pichi a dormir a otro lado!</p>
<p>La puerta de al lado se abrió, y la vecina miró la alfombra de otoño.</p>
<p>-Buen día Mirta. ¿Sabe algo?<br />
-Lo trajeron a la otra esquina. Allí viene con el yeso en el pie, rengueando con el perro al lado, que no lo abandona. Pensé que el auto lo había matado cuando cruzó de espaldas, mirándote.<br />
-No entiendo, pudiendo dormir en cualquier lado viene de nuevo a nuestra cuadra.<br />
-Este es su lugar. ¿Te acordás cuando caminábamos juntos a la escuela? Te miraba igual que ahora.<br />
-No sé… No me acuerdo.</p>
<p>Empezó de nuevo la lluvia. ¡Barrí inútilmente la vereda!<br />
Las gotas caían sobre el rostro flaco que las miraba sonriente.</p>
<p>-Voy a traer la sombrilla vieja que tengo. En verano no voy a usarla. Está un poco rota.<br />
-Yo traigo un caldito caliente.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>No creía en fantasmas</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Ged Falcon</p>
<p>Toda mi vida fui científico. Medía, estudiaba, buscaba evidencias, publicaba. Por eso no podía soportar a mi hermano.</p>
<p>Yo nunca creí en los fantasmas. Y justo a mí me tocó un hermano que supuestamente era un médium.</p>
<p>Jamás lo toleré. Chanta, estafador, enajenado, cada vez que lo veía se me formaban las palabras en la boca y casi casi no aguantaba gritarle eso en la cara. Las reuniones familiares eran insoportables. Yo lo dejaba hablar sin escucharlo, sin hablarle, odiando a toda la familia, que en cada cumpleaños escuchaba sus historias, atentos, a su alrededor.</p>
<p>Hasta aquella noche.</p>
<p>Estaba oscuro, silencioso, algo se movió en los arbustos, el inofensivo gato negro me asustó de muerte al salir como un bólido.</p>
<p>Mi desgastado corazón no lo soportó y dejó de latir para siempre.</p>
<p>Desde entonces, ya no tengo aquel prejuicio, y la comunicación familiar ha mejorado notablemente.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Antes era mejor</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Pedrense</p>
<p>El pasado era diferente, no existía tanta hipocresía, tanto prejuicio y tanta violencia.</p>
<p>Por ejemplo, el otro día un hombre tuvo que frenar de golpe porque una mujer se detuvo para estacionar y por supuesto le dijo de todo, que si tenía espejo solo para mirarse ella, que no saliera a manejar si no aprendía y que fuera a lavar los platos. Creo que el hombre no tenía razón, era viejo, no veía bien y tampoco tenía buenos reflejos; creo que a esos viejos no tendrían que habilitarle la libreta de chofer. Antes no pasaba, porque había menos autos en las calles y las mujeres casi no manejaban.</p>
<p>Ayer mismo, vi dos chicos gais que iban de la mano y varios se daban vuelta para mirarlos. Yo digo: ¿esas personas de que se asustan? Dejen que se expresen. Pienso, esos chicos tenían necesidad de ir de la mano provocando y peor aún, uno era de color.</p>
<p>Por eso digo, antes era mejor, no se veían estas cosas, había menos prejuicios. Por suerte yo estoy fuera de todo eso.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Imposible</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Nadie</p>
<p>Al enterarse del concurso, aquel afamado escritor, multipremiado, reconocido en el país y la región por su obra narrativa y poética; se frotó las manos, y con avidez se volcó a escribir un relato ganador.</p>
<p>El desafío era interesante. Consistía en escribir un relato corto, que tratara sobre los prejuicios. Se le ocurrían infinidad de ideas para comenzar, al menos una por prejuicio<br />
existente.</p>
<p>Sin embargo, a poco de arrancar, ya no sabía cómo seguir. Quedaba bloqueado a mitad del desarrollo, sin saber cómo hacer para que el relato no pareciera un panfleto, o el desenlace se hiciera previsible.</p>
<p>Lo intentó una, dos, tres, cuatro veces&#8230; hasta completar la veintena de manuscritos tirados en la papelera. “¡Es imposible escribir una buena historia sobre esto! ¡Nadie lo puede hacer!”, exclamó, fastidiado, y abandonó la tarea.</p>
<p>Ganó un relato titulado “Prejuicio”. Contaba la historia de un escritor que juzgaba imposible escribir una buena historia sobre prejuicios.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Una fija</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Ro</p>
<p>Entraron al bar de la mano. Ocuparon una mesa cercana al mostrador, y tras una seña de él se acercó el mozo.</p>
<p>Ella ordenó.</p>
<p>-Un café y una grappa, por favor.</p>
<p>Pronto retornó el mozo con el pedido. Con esmero le sirvió a ella el café, con los terrones de azúcar y el agua. A él le sirvió la grapa, y se retiró.</p>
<p>Entre risas discretas se intercambiaron las bebidas.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Competencia</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Yomismo</p>
<p>Jaime y Mariluz competían en las plantaciones que hacían en el jardín, de tal modo que me hacían pensar que cualquier cosa podía pasar. Cada uno tenia la misma superficie del terreno, plantaba las mismas plantas y al mismo tiempo. Cada tres o cuatro meses, dependiendo de las plantas, Javier, que es agrónomo, hacía de jurado y decidía los premios.</p>
<p>Siempre me preocupó el nivel a que había llegado la competencia pero ésta fue mayor cuando, estando en mi cuarto del segundo piso, miré por la ventana y vi a Mariluz echando un puñado de algo oscuro en la base de cada planta en el terreno de Jaime.</p>
<p>No dije nada, y a los dos o tres días, las plantas comenzaron a languidecer y las flores a marchitarse.</p>
<p>Nunca me sentí peor. Sin embargo, en pocos días éstas comenzaron a recuperarse y, a fines de ese mes, nunca estuvieron más lindas las plantas y Jaime ganó todos los premios.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>Segundo sexo</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Relativa</p>
<p>Él se levantaba tarde y se recluía hasta la madrugada en su estudio, envuelto en papeles, letras, números y muchas correcciones.</p>
<p>Ella se ocupaba de la casa y de los dos niños chicos, como toda joven mujer casada de ese tiempo. Lucía siempre prolija y hermosa.</p>
<p>Aunque tenía vedado entrar al escritorio de su marido, cada mañana le desobedecía.</p>
<p>Mientras él descansaba, ella leía ansiosa los apuntes secretos. Aprobaba sonriendo los avances logrados y se sorprendía al descubrir errores casi infantiles. Ambos habían estudiado juntos y ella sabía bien lo que él buscaba.</p>
<p>Varias veces estuvo a punto de revelarle la fórmula final que él encontró diez años más tarde. Ella solo se animó un día a imitar la letra de él al estampar al pie de una hoja borroneada una afirmación que haría historia: “Es más fácil destruir un átomo que un prejuicio.”</p>
<p>Él creyó que la había escrito en la esquiva frontera del sueño y se felicitó por su hallazgo.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> <em>La presentación</em><br />
<strong>Seudónimo:</strong> Tana</p>
<p>La mamma se había levantado muy temprano, hizo la masa y la puso a descansar. Empezó a picar las cebollas y morrones para la salsa. Era domingo, pero no uno cualquiera, el nene traerá a presentar a su nueva novia. La anterior no le había gustado nada a su madre.</p>
<p>&#8211; Ni cocinaba, ni limpiaba, le interesaba solo la ropa y los perfumes. Menos mal que la dejó &#8211; decía mientras cortaba los tallarines. Su hijo, con eso del estudio y el trabajo, está muy lejos de la casa paterna y así la mamma no puede decirle lo que le conviene.</p>
<p>Llegaron. Elsa -su madre- pegó un gritó a su esposo para que fuera a recibirlos mientras se quitaba el delantal. La muchacha alta, morocha de pelo largo, vestida con unos jeans ajustados y un buzo diminuto se acercó sonriente a saludar a su suegro. La mamma que venía un poco más atrás limpiando sus manos en un repasador susurró “bue…vamos de mal en peor, con las uñas pintadas como las trae ni un plato ha de saber lavar”.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Título:</strong> Sin título<br />
<strong>Seudónimo:</strong> Tata</p>
<p>Un modesto músico callejero detuvo su andar en pleno Times Square, en la esquina de la Séptima y la 42. Le gustó el lugar, colocó una boina en el suelo, y sin apuro, sacó su violín de un gastado estuche de cuero. Era una hora pico de mucho público y la gente lo esquivaba molesta.</p>
<p>Comenzó a tocar. Algunos transeúntes se paraban a escucharlo, no todos dejaban una moneda en la boina.</p>
<p>El violinista estaba ejecutando una obra de rápidas y difíciles escalas cuando una mujer se detuvo con mucho interés.</p>
<p>-Lo felicito –le dijo al terminar-. Ayer justamente escuché en el Carnegie Hall esta misma obra de Paganini interpretada por Dmitri Meshkov, un artista maravilloso que toca su propio Stradivarius. Lloré de la emoción.</p>
<p>-¿Cuánto le salió la entrada?- le preguntó un joven del público.</p>
<p>-200 dólares, pero valía la pena.</p>
<p>-Señora, ¿y ahora por qué no llora? Ha vuelto a escucharlo gratis. Mire hacia allá: estamos con la cámara oculta del Canal NBC4 de New York.</p>
<p>***</p>
<p><em>La votación para el Premio de los oyentes cerró el jueves 16.05.2019 a las 12.43 hs. Muy pronto daremos a conocer los resultados de la votación y también los premios otorgados por el jurado.</em></p>
<p>***</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/concurso-cuentos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Concurso de Cuentos</em> de <strong>En Perspectiva</strong>, llamados anteriores</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> <em>Golden Rule</em> («Regla de oro»), de Norman Rockwell (1894-1978), óleo sobre lienzo, ilustración para The Saturday Evening Post, 1 de abril de 1961. Crédito: Norman Rockwell Museum Collections/SEPS: Curtis Licensing.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/concurso-de-cuentos/cuentos-prejuicios-conoce-los-nominados-jurado/">&lt;em&gt;Cuentos con prejuicios&lt;/em&gt;: Conocé a los nominados por el jurado y votá por tu cuento favorito</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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