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	<title>Quijote Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
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	<title>Quijote Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
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		<title>Entrevista central, viernes 22 de abril: Marcelo Estefanell</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pablo Izmirlian]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Apr 2016 23:34:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[EnPerspectiva.uy]]></category>
		<category><![CDATA[Transcripciones]]></category>
		<category><![CDATA[Cervantes]]></category>
		<category><![CDATA[Débora Quiring]]></category>
		<category><![CDATA[Emiliano Cotelo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entrevista con el escritor Marcelo Estefanell, estudioso de la obra de Cervantes. Video de la entrevista EN PERSPECTIVA Viernes 22.04.2016,...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/enperspectiva-uy/entrevista-central-viernes-22-de-abril-marcelo-estefanell/">Entrevista central, viernes 22 de abril: Marcelo Estefanell</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Entrevista con el escritor Marcelo Estefanell, estudioso de la obra de Cervantes.</p>
<div id="attachment_18052" style="width: 738px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-18052" class="wp-image-18052 size-full" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2016/04/DSCN4438-ok-728.jpg" alt="DSCN4438-ok-728" width="728" height="410" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/04/DSCN4438-ok-728.jpg 728w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/04/DSCN4438-ok-728-300x169.jpg 300w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/04/DSCN4438-ok-728-344x193.jpg 344w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/04/DSCN4438-ok-728-400x225.jpg 400w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/04/DSCN4438-ok-728-180x100.jpg 180w" sizes="(max-width: 728px) 100vw, 728px" /><p id="caption-attachment-18052" class="wp-caption-text">Carol Milkewitz/EnPerspectiva.net</p></div>
<p><iframe src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/260352594&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false" width="100%" height="166" frameborder="no" scrolling="no"></iframe></p>
<p><a href="https://www.enperspectiva.net/en-perspectiva-radio/entrevistas/miguel-de-cervantes-mas-alla-de-don-quijote-un-repaso-de-su-vida-y-obra-con-el-escritor-marcelo-estefanell/" target="_blank">Video de la entrevista</a></p>
<p><strong>EN PERSPECTIVA</strong><br />
Viernes 22.04.2016, hora 8.21</p>
<p>EMILIANO COTELO (EC) —Un día como hoy, pero 400 años atrás, moría en Madrid Miguel de Cervantes, padre de <em>El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha</em> y, a causa de él, padre también de la primera novela moderna.</p>
<p>Nunca antes ni después, una obra escrita iba a tener el éxito que tuvo don Quijote. Con excepción de la Biblia, la máxima novela de Cervantes es la obra más editada hasta nuestros días.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>¿Dónde radica la vigencia de este clásico? Y sobre todo… ¿cuánto Cervantes hay más allá del Caballero de la Triste Figura?</p>
<p>Esos son los ejes de conversación que les proponemos recorrer en compañía del escritor Marcelo Estefanell, todo un estudioso de la obra de Cervantes y autor de varios trabajos sobre él y sobre sus libros. Nos acompaña también Débora Quiring.</p>
<p>El disparador de esta conversación son los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes. Sin embargo, enseguida vamos a terminar en el <em>Quijote</em>. Muchos pueden preguntarse, ¿hay Cervantes más allá de El Quijote? ¿Cuántos Cervantes hay más allá de El Quijote?</p>
<p>MARCELO ESTEFANELL (ME) —Hay un gran escritor. Para mí Cervantes demuestra que es un gran escritor en las Novelas ejemplares. Creo que cuando escribe la primera parte de el <em>Quijote</em> no es muy buen escritor, comete graves errores, que aún hoy los fanáticos del estudio de su obra no saben hasta dónde son atribuibles a él o a los tipógrafos de la época, por cómo se editaba en la época, cómo se componía el texto en la época. Cuando llegaban los originales, el encargado de imprenta distribuía por folios entre los operarios, que podían ser seis, siete, cuatro, y ahí cuando no les entraba el texto en la caja, los plomos, los atorrantes de la época cortaban un párrafo entero o lo pasaban al capítulo siguiente.</p>
<p>EC —¡Qué dolor!</p>
<p>ME —Hay un erudito, Arce de apellido [Juan Bautista Avalle-Arce], que encuentra entre la primera y la segunda edición de el <em>Quijote</em>, o sea entre enero y febrero de 1605, cuando ya salió la segunda porque se agotó enseguida la primera, 3.650 errores. Por ejemplo, en algún momento cuando uno lee la primera edición se encuentra con que Sancho se emociona porque encuentra de vuelta al burro que le habían robado, pero nunca nadie nos contó cómo se lo robaron. Cervantes incluye el robo del burro en el orden cronológico normal. Ese es uno de los grandes errores.</p>
<p>EC —Todo esto venía a cuento de tu evaluación crítica de Cervantes en la primera parte de el <em>Quijote</em>.</p>
<p>ME —Para mí si uno lee cronológicamente su obra, se encuentra con que cada vez canta mejor, como el Mago, cada vez escribe mejor. Va aprendiendo de sí mismo.</p>
<p>EC —Para ti, entonces, ¿dónde está lo mejor?</p>
<p>ME —Ah, para mí lo mejor sigue siendo su primera novela. Él primero escribió <em>La Galatea</em>, que es una novela pastoril, que estaba muy de moda, 20 años antes, la publicó en 1585; no la conoce nadie, no se hizo famoso por esa novela, se hizo famoso por don Quijote. Y las <em>Novelas ejemplares</em> son también una maravilla en su conjunto, y algunas de ellas son estupendas novelas. Él ahí ya tiene conciencia de que domina un género. Eso me parece maravilloso de Cervantes, para mí es el primer literato que objetiviza su material, se da cuenta de lo que está haciendo.</p>
<p>DÉBORA QUIRING (DQ) —Ahí estamos hablando de una serie de novelas breves. Marcelo, contanos cómo empieza tu relación con Cervantes y con <em>El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha</em>.</p>
<p>ME —Creo que empieza en mi niñez en Paysandú. Yo tenía un tío, el hermano menor de mi padre, Carlos Estefanell, un poeta excepcional y un profesor de literatura que dejó huella en la ciudad, que siempre hablaba de don Quijote y Sancho Panza. Pero hablaba como si fueran vecinos, como si fueran contemporáneos, y hacía cuentos siempre, los citaba. Pero cuando llego a Literatura en el liceo, en secundaria, me decepcionó, me pareció aburrida la obra, no me atrajo.</p>
<p>Años después, estando ya preso en el Penal de Libertad, en el año 75, pido a biblioteca central el <em>Quijote</em>, porque era una buena oportunidad para leer una novela, y ahí ya entré con una complicidad que fue una especie de deslumbramiento. Porque en el prólogo Cervantes dice: “Desocupado lector”, y no hay nadie más desocupado que un preso, y más un preso que está solo. Y en el primer párrafo pide disculpas porque ese hijo fue engendrado en una cárcel. Era como místico: hacía 370 años alguien había concebido un personaje en una cárcel y lo estaba leyendo otro preso&#8230; Y tras cartón, pocas líneas más abajo, le dice al lector que ejerza su libre albedrío, que opine de su obra lo que le parezca. Ahí ya me copó del todo, dije “es la única libertad que tengo”.</p>
<p>EC —Si él me da la oportunidad, acá voy.</p>
<p>ME —Y después la obra. Creo que entré en el tono… así como dicen “vamos a escuchar […] en la mayor”, es el tono lo que da.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/enperspectiva-uy/entrevista-central-viernes-22-de-abril-marcelo-estefanell/">Entrevista central, viernes 22 de abril: Marcelo Estefanell</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Miguel de Cervantes más allá del Quijote: Un repaso de su vida y obra con el escritor Marcelo Estefanell</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rodrigo Abelenda]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Apr 2016 18:07:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cervantes]]></category>
		<category><![CDATA[Débora Quiring]]></category>
		<category><![CDATA[Emiliano Cotelo]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Estefanell]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel de Cervantes Saavedra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un día como hoy, pero 400 años atrás, moría Miguel de Cervantes, autor de El ingenioso hidalgo Don Quijote de...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/entrevistas/miguel-de-cervantes-mas-alla-de-don-quijote-un-repaso-de-su-vida-y-obra-con-el-escritor-marcelo-estefanell/">Miguel de Cervantes más allá del &lt;em&gt;Quijote&lt;/em&gt;: Un repaso de su vida y obra con el escritor Marcelo Estefanell</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Un día como hoy, pero 400 años atrás, moría Miguel de Cervantes, autor de <em>El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha</em> y, a causa de él, padre también de la primera novela moderna. Nunca antes ni después una obra escrita iba a tener el éxito que tuvo <em>Don Quijote</em>. Con excepción de la Biblia, la máxima novela de Cervantes es la obra más editada hasta nuestros días.</strong></p>
<p>¿Dónde radica la vigencia de este clásico? Y sobre todo… ¿cuánto Cervantes hay más allá del Caballero de la Triste Figura? Esos son los ejes de conversación que abordamos <strong>En Perspectiva</strong> con el escritor Marcelo Estefanell, todo un estudioso de la obra de Cervantes y autor de varios trabajos sobre él y sobre sus libros. Nos acompaña también Débora Quiring.</p>
<ul>
<li><a href="https://www.enperspectiva.net/enperspectiva-net/entrevista-central-viernes-22-de-abril-marcelo-estefanell/" target="_blank">Transcripción de la entrevista con el escritor Marcelo Estefanell, estudioso de la obra de Cervantes</a></li>
</ul>
<div class="embed-responsive embed-responsive-16by9"><div class="iframe-container"><iframe class="embed-responsive-item"  title="Miguel de Cervantes: Un repaso de su vida y obra con el escritor Marcelo Estefanell" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/im3LCnqKdgw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div></div>
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<p><a href="https://www.enperspectiva.net/enperspectiva-net/entrevista-central-viernes-22-de-abril-marcelo-estefanell/" target="_blank">Transcripción de la entrevista con el escritor Marcelo Estefanell, estudioso de la obra de Cervantes</a></p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<em>Especiales</em>: <a href="https://www.enperspectiva.net/especiales/el-quijote-por-marcelo-estefanell/" target="_blank"><em>El Quijote en diez clicks</em></a>, por Marcelo Estefanell</p>
<p><strong>Enlace externo</strong><br />
<a href="http://www.rae.es/obras-academicas/ediciones-conmemorativas/el-quijote-edicion-de-2015" target="_blank">Ediciones conmemorativas: El Quijote (edición de 2015)</a>, Real Academia Española</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/entrevistas/miguel-de-cervantes-mas-alla-de-don-quijote-un-repaso-de-su-vida-y-obra-con-el-escritor-marcelo-estefanell/">Miguel de Cervantes más allá del &lt;em&gt;Quijote&lt;/em&gt;: Un repaso de su vida y obra con el escritor Marcelo Estefanell</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>El Quijote en diez clicks, por Marcelo Estefanell</title>
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		<dc:creator><![CDATA[En Perspectiva]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2015 13:30:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[Cervantes]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Estefanell]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entre marzo y junio de 2015, Marcelo Estefanell publicó en EnPerspectiva.net diez artículos dedicados a celebrar los 400 años de la Segunda...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/especiales/el-quijote-por-marcelo-estefanell/">El &lt;em&gt;Quijote&lt;/em&gt; en diez clicks, por Marcelo Estefanell</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Entre marzo y junio de 2015, Marcelo Estefanell publicó en </strong>EnPerspectiva.net<strong> diez artículos dedicados a celebrar los 400 años de la <em>Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha</em>. </strong><strong>Este especial reúne la serie completa.</strong></p>
<p>A través de estos textos, Estefanell propone un recorrido puntilloso por la novela más leída y publicada de la literatura en español, por la biografía de Miguel de Cervantes, con sus elementos menos conocidos y también los más famosos, y también un examen literario e histórico de algunos aspectos cruciales de la obra.</p>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/don-quijote-de-la-mancha-ii-2/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote I: A 400 años de la consolidación del Quijote</a></p>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/la-tumba-desconocida/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote II: La tumba desconocida</a></p>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/cervantes-y-sus-urgencias/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote III: Cervantes y sus urgencias</a></p>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/el-quijote-iv-la-venganza-literaria/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote IV: La venganza literaria</a></p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/don-quijote-v-el-ingenioso-caballero-don-quijote-de-la-mancha-1615/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote V: El Ingenioso Caballero don Quijote de la Mancha (1615)</a></p>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/don-quijote-vi-fuera-la-solemnidad/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote VI: ¡Fuera la solemnidad!</a></p>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/don-quijote-vii-el-binomio-universal/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote VII: El binomio universal</a></p>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/don-quijote-viii-los-errores-tambien-juegan/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote VIII: Los errores también juegan</a></p>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/don-quijote-ix-vida-de-miguel-de-cervantes/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote IX: Vida de Miguel de Cervantes (1547-1604)</a></p>
<p><a href="https://enperspectiva.uy/blogs/don-quijote-x-vida-de-miguel-de-cervantes/" target="_blank" rel="noopener">El Quijote X: Vida de Miguel de Cervantes (1605-1616)</a></p>
<p><strong>Sobre el autor</strong><br />
<a href="https://enperspectiva.uy/author/marcelo-estefanell/" target="_blank" rel="noopener">Marcelo Estefanell</a> nació en Paysandú, en 1950. En 1972 fue detenido por integrar el Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros. Estuvo preso durante 13 años. Cuenta que durante su reclusión, para pasar el tiempo, leía. Y en esas lecturas cultivó una pasión: <em>El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha</em>.</p>
<p>***</p>
<p><span style="font-size: small;"><strong>Imagen:</strong> Don Quijote por Hermenegildo Sábat.<br />
<strong>Imagen en Home:</strong> Retrato de Miguel de Cervantes por Juan de Jauregui.</span></p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/especiales/el-quijote-por-marcelo-estefanell/">El &lt;em&gt;Quijote&lt;/em&gt; en diez clicks, por Marcelo Estefanell</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Don Quijote VIII.  Los errores también juegan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcelo Estefanell]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 May 2015 16:50:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Quijote]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sancho y don Quijote por Honoré Daumier (1868, óleo) Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote,...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/blogs/don-quijote-viii-los-errores-tambien-juegan/">Don Quijote VIII.  Los errores también juegan</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/05/D-Q-y-Sancho-Honore-Daumier.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" size-medium wp-image-2994 aligncenter" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/05/D-Q-y-Sancho-Honore-Daumier-235x300.jpg" alt="D Q y Sancho Honore Daumier" width="235" height="300" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/05/D-Q-y-Sancho-Honore-Daumier-235x300.jpg 235w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/05/D-Q-y-Sancho-Honore-Daumier.jpg 333w" sizes="auto, (max-width: 235px) 100vw, 235px" /></a></p>
<p style="text-align: right;">Sancho y don Quijote por Honoré Daumier (1868, óleo<em>)</em></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres, que ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado (…), todo lo cual te esenta y hace libre de todo respecto y obligación, y, así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calunien por el mal ni te premien por el bien que dijeres dell</strong>a.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Prólogo de la primera edición de Don Quijote (1605)</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A los grandes artistas, escritores, científicos y personajes destacados en el mundo de la política y de los negocios, solemos ponerlos en pedestales innecesarios. Y, lo que es peor, sus biógrafos y adláteres suelen subrayar, como elemento importante, la nacionalidad del sujeto como si ese factor fuese decisivo en el caso de un Picasso, un Gardel, un Einstein o un Cervantes.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Así pues, a nuestro querido Manco de Lepanto le han ido poniendo vestimentas que no le pertenecen y le adjudican virtudes que no tuvo hasta muy tarde. Los más exagerados lo han llamado “El Principe de las Letras” o “El genio de la Literatura Española”. Cuando, en verdad, si nos atenemos al texto de la primera edición de el Quijote (enero de 1605) salta a la vista de que nuestro apreciado Cervantes no escribía bien, que era bastante descuidado y algo desprolijo, sino no sería sencillo explicar las 3918 correcciones que tuvo que hacer para la segunda edición a las pocas semanas de la primera.</p>
<p>Convengamos que no todos los errores son atribuible al autor. En aquellos tiempos los originales pasaban por muchas manos antes de convertirse en libro y llegar al lector. En primer lugar, el escritor solía recurrir a un copista para facilitar la lectura de  su manuscrito; luego, en la imprenta, el original se dividía en varios cuerpos y cada uno se distribuía entre distintos tipógrafos; de esta forma, cada operario le daba su impronta al texto para que encajara en caja y coincidieran los capítulos, y cada tipógrafo, también, tenía sus propios criterios de sintaxis y de ortografía. En consecuencia, hoy no podemos discernir a quién pertenecen  cada uno de los errores que tiene la edición príncipe, pero si podemos concluir que el “Testimonio de erratas” que luce el libro en las primeras páginas es un mero adorno burocrático estampado por el corrector Real, el Licenciado Francisco Murcia de la Llana, quien, muy suelto de cuerpo, asegura:</p>
<p><em>Este libro no tiene cosa digna que no corresponda a su original; en testimonio de lo haber correcto, di esta fee. En el Colegio de la Madre de Dios de los Teólogos de la Universidad de Alcalá, en primero de diciembre de 1604 años.</em></p>
<p>Así pues, el único personaje que sabemos con certeza tuvo la oportunidad de chequear el original de Cervantes con los folios impresos, resultó ser un pusilánime.</p>
<p>Afortunadamente, don Miguel, defendió su novela, la corrigió y enmendó los errores más graves junto a su editor, como el hecho de haberse olvidado de escribir el robo del burro de Sancho y uno se entera cuando aparece sorpresivamente, así como esa actitud tan renovadora para la época que inauguró Cervantes al incorporar los comentarios de estos errores en la segunda parte y en boca de sus personajes, como el Bachiller Sansón Carrasco que consuela a don Quijote de esta manera:</p>
<p><em>(…) como las obras impresas se miran despacio, fácilmente se veen sus faltas, y tanto más se escudriñan cuanto es mayor la fama del que las compuso. Los hombres famosos por sus ingenios, los grandes poetas, los ilustres historiadores, siempre, o las más veces, son envidiados de aquellos que tienen por gusto y por particular entretenimiento juzgar los escritos ajenos, sin haber dado algunos propios a la luz del mundo.</em></p>
<p><em>—El que de mí trata —dijo don Quijote—, a pocos habrá contentado.</em></p>
<p>—<em>Antes es al revés; que, como de </em>stultorum infinitus est numerus,<em> infinitos son los que han gustado de la tal historia; y algunos han puesto falta y dolo en la memoria del autor (…).</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es curioso comprobar que la mayoría de los errores se concentran entre los capítulos XXIII y XXX del tomo I. Son errores menores pero llamativos, más al ver unos tan cerca de otros. En el capítulo XXX adivinamos otro pequeño desliz: cuando don Quijote cree a pies juntillas la misión que le  encomienda la princesa Micomicoma (Dorotea, en realidad), él le responde: <em>(…) y juro de ir con vos al cabo del mundo, hasta verme con el fiero enemigo vuestro, a quien pienso, con el ayuda de Dios y de mi brazo, tajar la cabeza soberbia con los filos desta&#8230; no quiero decir buena espada, merced a Ginés de Pasamonte, que me llevó la mía. </em>En los puntos suspensivos está el asunto; recién ahí nuestro caballero recuerda que ha perdido la espada y nosotros, simples lectores, también recién nos enteramos de lo sucedido ocho capítulos antes (XXII), cuando liberó a los galeotes. Evidentemente el autor olvidó por entonces explicitar la pérdida de la espada o el operario de la imprenta se salteó una línea.</p>
<p>Cervantes también recurre a la autocrítica literaria por lo reproches que debe de haber sentido en su tiempo al colocar, dentro de la novela, otras obras. Y no se le ocurre mejor ingenio que incorporar la opinión del recopilador (capítulo XLIV, segunda parte): <em>Dicen que en el propio original desta historia se lee que, llegando Cide Hamete a escribir este capítulo, no le tradujo su intérprete como él le había escrito, que fue un modo de queja que tuvo el moro de sí mismo, por haber tomado entre manos una historia tan seca y tan limitada como esta de don Quijote, por parecerle que siempre había de hablar dél y de Sancho, sin osar estenderse a otras digresiones y episodios más graves y más entretenidos; y decía que el ir siempre atenido el entendimiento, la mano y la pluma a escribir de un solo sujeto y hablar por las bocas de pocas personas era un trabajo incomportable, cuyo fruto no redundaba en el de su autor, y que, por huir deste inconveniente, había usado en la primera parte del artificio de algunas novelas, como fueron la del</em> <strong><em>Curioso impertinente </em></strong><em>y la del</em> <strong><em>Capitán cautivo</em></strong><em>, que están como separadas de la historia, puesto que las demás que allí se cuentan son casos sucedidos al mismo don Quijote, que no podían dejar de escribirse. (…) Y así, en esta segunda parte no quiso ingerir novelas sueltas ni pegadizas, sino algunos episodios que lo pareciesen, de los mesmos sucesos que la verdad ofrece; y aun éstos, limitadamente y con solas las palabras que bastan a declararlos; y, pues se contiene y cierra en los estrechos límites de la narración, teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del universo todo, pide no se desprecie su trabajo, y se le den alabanzas, no por lo que escribe, sino por lo que ha dejado de escribir.</em></p>
<p>Y en ese vaivén de opiniones y revisiones sobre la primera edición, Cervantes pone es boca de su personaje principal este gracioso comentario:</p>
<p><em>Ahora digo –dijo don Quijote– que no ha sido sabio el autor de mi historia, sino algún ignorante hablador, que, a tiento y sin algún discurso, se puso a escribirla, salga lo que saliere, como hacía Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba, respondió: ‘‘Lo que saliere’’. Tal vez pintaba un gallo, de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticas escribiese junto a él: “Éste es gallo”. Y así debe de ser de mi historia, que tendrá necesidad de comento para entenderla.</em></p>
<p>Existen otros detalles que a primera vista uno puede calificar como gruesos errores, pero tras lecturas reiteradas y más detenidas, surge la duda de si hubo —o no—intención deliberada por parte del autor. Doy un ejemplo que rompe los ojos: la esposa de Sancho Panza figura con cinco nombres diferentes a lo largo de la obra: Juana Gutiérrez, Mari Gutiérrez, Juana Panza, Teresa Panza y Teresa Cascajo.</p>
<p>Entre el primer y el segundo cambio —de Juana a Mari Gutiérrez— sólo existen pocas líneas (cap.VII, tomo I); entonces resulta inexplicable cómo el autor no se percató del error. Casi al final de la primera parte (cap. LII) aparecerá con el nombre de Juana y con el apellido de su marido, como era costumbre en la sociedad manchega de entonces. Luego, en el segundo tomo, en aquel insólito capítulo cinco que el traductor tomará por apócrifo (otra genialidad: hasta el traductor opina y escribe), trocará el nombre de Juana por Teresa; poco después, en medio de un diálogo inaudito, ella misma dirá: <em>(…) Teresa me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de dones ni donas; Cascajo se llamó mi padre, y a mí, por ser vuestra mujer, me llaman Teresa Panza, que a buena razón me habían de llamar Teresa Cascajo.</em></p>
<p>Ahora bien, no termina aquí esta curiosidad cervantina; por el contrario, continúa en el capítulo LIX del tomo II; allí encontramos tanto a don Quijote como a Sancho muy interesados por el nombre de la susodicha, y todo por culpa del falsario y misterioso Alonso Fernández de Avellaneda; recuerde que en ese capítulo don Quijote se entera no sólo de la existencia de un impostor, sino que además toma en sus manos el libro apócrifo, lo ojea por arriba y luego comenta:</p>
<p><em>—En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos, <strong>y la tercera, que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia; porque aquí dice que la mujer de Sancho Panza mi escudero se llama Mari Gutiérrez, y no llama tal, sino Teresa Panza;</strong> y quien en esta parte tan principal yerra, bien se podrá temer que yerra en todas las demás de la historia.</em></p>
<p>A esto dijo Sancho:</p>
<p><em>—¡Donosa cosa de historiador! ¡Por cierto, bien debe de estar en el cuento de nuestros sucesos, pues llama a Teresa Panza, mi mujer, Mari Gutiérrez! Torne a tomar el libro, señor, y mire si ando yo por ahí y si me ha mudado el nombre.</em></p>
<p>¿Cómo es posible que Cervantes critique en su plagiario un error que él mismo cometió en su obra?¿Cómo pudo olvidar que fue él quien primero trocó el nombre de Teresa Panza por el de Mari Gutiérrez? Es más, podemos suponer que quien se escondió bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda llamó de esa manera a la esposa de Sancho para burlarse del error de Cervantes en su primer tomo.</p>
<p>Sea como sea, no es menos cierto que en las grandes obras hasta los errores tienen un significado y son objeto de estudio con tanto detenimiento como lo son los aciertos. El mérito de Cervantes fue juntar sus desprolijidades narrativas, sus olvidos y las contingencias sufridas en la imprenta cuando salió la primera edición, para integrarlas luego en el segundo tomo, inventando así soluciones literarias originales, novedosas y eficaces, elementos estos que, asociados a sus técnicas narrativas y a los juegos de espejos que les hace representar a sus personajes, no hicieron más que dar forma a la primera novela moderna y asentar las bases de todas las que vendrían después hasta nuestros días.</p>
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		<title>Don Quijote VII. El binomio universal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcelo Estefanell]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 May 2015 11:30:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Quijote]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"Don Quijote", por Picasso. Lavado de tinta (1955) “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em><a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/05/Don-Quijote-de-Picasso.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2706 aligncenter" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/05/Don-Quijote-de-Picasso-238x300.jpg" alt="Don Quijote de Picasso" width="259" height="326" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/05/Don-Quijote-de-Picasso-238x300.jpg 238w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/05/Don-Quijote-de-Picasso.jpg 814w" sizes="auto, (max-width: 259px) 100vw, 259px" />"Don Quijote", por Picasso. Lavado de tinta (1955)</a></em></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.</strong>”</em></p>
<p style="text-align: right;">(Don Quijote de la Mancha, cap. LVIII, tomo II)</p>
<p>Estimado lector, ahora te voy a ofrecer algunos comentarios que surgen de ese dúo universal en que se convirtieron don Quijote y Sancho Panza: amo y escudero, señor y siervo, pero, por sobre todas las cosas, dos amigos entrañables. Una pareja despareja, en suma, que se ha tornado inseparable a lo largo de sus cuatro siglos de existencia literaria.</p>
<p>Es probable que al comienzo Cervantes haya tenido la intención de escribir una novela corta del tipo de las obras que reunió, en 1613, bajo el título de <em>Novelas Ejemplares. </em>La primera salida de su héroe en procura de aventuras y de fama la realiza solo, hecho que será advertido y echado en cara por el ventero de turno. Todo esto sucede a lo largo de seís capítulos. Allí está planteado el esquema básico: hidalgo-caballero que sale a resucitar a la caballería andante, troca la realidad por lo que él se imagina y su aventura se vuelve desventura; así las cosas, termina apaleado y herido.</p>
<p>Para bien de nosotros, sus lectores, Cervantes se entusiasmó y el plan se le volvió largo —cincuenta y dos capítulos en el primer tomo (1605), y setenta y cuatro en el segundo (1615)—, resultando, al fin y al cabo, una novela formidable.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Recién a partir del capítulo VII comienza a tomar forma uno de los binomios más conversadores y divertidos en la historia de la literatura universal: don Quijote y Sancho Panza. La razón parece muy sencilla: ambos son ingeniosos, dicharacheros, pícaros y, en algunos pasajes, grandes mentirosos. Esto, al menos, es lo que salta a simple vista. Una lectura más detenida nos mostrará por qué estos dos personajes se vuelven esenciales.</p>
<p><em>(…) solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien  —si es que este título se puede dar al que es pobre—, pero de muy poca sal en la mollera.(…) tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó salirse con él y servirle de escudero.</em></p>
<p>La promesa de don Quijote a su escudero será uno de los <strong><em>leit motiv</em></strong> de la novela, a saber: darle a gobernar una ínsula que él gane gracias a alguna aventura que le dé fama. A partir de entonces, Sancho se encargará de recordarle tal promesa una y otra vez: <em>Mire vuestra merced, señor caballero, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido; que yo la sabré gobernar, por grande que sea.</em></p>
<p>Y don Quijote, que no se anda con chiquitas, no sólo promete cumplimiento, sino que piensa aventajar a todos los caballeros que lo antecedieron, porque a veces pecaron de mezquinos dándoles alguna merced a sus escuderos cuando ya eran viejos y achacosos. En cambio, él se tiene fe, y con exagerado optimismo asegura: <em>(…) podría ser que antes de seis días ganase yo algún reino, que tuviese otros a él adherentes, que viniesen de molde para coronarte por rey de uno de ellos. Y no lo tengas a mucho; que cosas y casos acontecen a los tales caballeros, con modos tan nunca vistos ni pensados, que con facilidad te podría dar aún más de lo que te prometo.</em></p>
<p>A Sancho le vuela la imaginación; y en voz alta se plantea futuros problemas concretos: <em>(…) si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos Juana Gutiérrez, mi oíslo, vendría a ser reina, y mis hijos infantes.</em></p>
<p><em>—Pues ¿quién lo duda?—respondió don Quijote.</em></p>
<p><em>—Yo lo dudo—</em>replicó Sancho, en un lapsus de sensatez.</p>
<p>Él es crédulo pero nada tonto; no le cabe en la cabeza tal posibilidad, sobre todo con respecto a su esposa, y con gran sinceridad dice: <em>(…) aunque lloviese Dios reinos sobre la Tierra, ninguno asentaría sobre la cabeza de Mari Gutiérrez </em>(adviértase que le cambia de nombre, y no será la única vez). <em>Sepa, señor, que no vale dos maravedís para reina; condesa le caerá mejor, y aún Dios y ayuda.</em></p>
<p>Don Quijote lo estimula: Dios le dará lo que le convenga, obviamente,<em> pero no apoques tu ánimo tanto que te vengas a contentar con menos que con ser adelantado.</em></p>
<p>En los diálogos está el mérito más notable de la obra de de Cervantes: teje toda la complejidad de situaciones y personajes a través de la palabra. Incluso, las contradicciones expuestas entre las afirmaciones del narrador y las conductas y opiniones de los personajes enriquecen significativamente a toda la obra, como es el caso citado: el autor nos dice que Sancho es un<em> mentecato, </em>pero bien que se muestra discreto e inteligente cuando le toca gobernar la tan ansiada ínsula.</p>
<p>Y, por su parte, don Quijote <em>hace locuras</em> pero bien que nos gustaría que todos los políticos siguieran los consejos que nuestro caballero le da a su escudero antes de partir a gobernar <em>Barataria.</em></p>
<p>La relación de este hidalgo —trocado en caballero andante— y el campesino convertido en escudero, llega a su máxima expresión en la segunda parte de la novela cuyo aniversario estamos conmemorando: es aquí donde se consolidan los caracteres modernos de la obra, porque ambos personajes adquieren encarnadura por primera vez en la historia de la novela, a tal punto que podemos reconocernos en cada fisonomía, en cada personalidad y en muchas conductas. Hasta entonces, los personajes literarios solo eran eso; desde el Quijote uno puede encontrar semejanzas con un vecino, con un pariente y hasta con uno mismo a lo largo de la vida.</p>
<p>Don Quijote crece gracias a su escudero porque él, en tanto <em>caballero andante</em>, solo puede existir por sus atuendos y por su habla, y al contar con los oídos siempre atentos de Sancho tendrá con quien conversar de sus proyectos, de sus sueños y, fundamentalmente, de sus lecturas. Por si esto fuera poco, Sancho será también testigo privilegiado de toda la aventuras que pasarán juntos, hecho que su amo se lo hace saber explícitamente luego de enfrentar a los molinos de vientos: <em>(…) porque de la primera encina o roble que se me depare pienso desgajar otro tronco tal y tan bueno como aquel que me imagino</em> <em>y pienso hacer con él tales hazañas, que tú te tengas por bien <strong>afortunado</strong> de haber merecido venir a verlas a ser testigo de cosas que apenas podrán ser creídas.</em></p>
<p>Como don Quijote es Alonso Quijano el bueno, un lector que vendió su tierra por parcelas para comprarse libros, siempre basa su discurso en su experiencia literaria. Sancho, por su parte, enfrenta las aventuras desde su experiencia como campesino y labrador; su equipaje es una colección de refranes populares que conoce al dedillo y trae a cuento por cualquier motivo. Para don Quijote el problema básico consiste en cómo encajar su realidad esencialmente literaria en las vivencias de todos los días. Para Sancho Panza es a la inversa: el problema consiste en cómo hacer coincidir el mundo de las necesidades básicas —comer, dormir, defecar— con los proyectos quiméricos de su amo.</p>
<p>Don Quijote, como cualquier mortal, se enojará con su escudero en muchas ocasiones, y lo llamará <em>(…) bellaco villano, mal mirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente (…) ¡Oh hideputa bellaco, y cómo sois desagradecido: que os veis levantado del polvo de la tierra a ser señor de título, y correspondéis a tan buena obra con decir mal de quien os la hizo!</em> Otras invocaciones, por el contrario, serán sumamente cariñosas: <em>Sanchuelo, Sancho amigo, Sancho hermano, hijo de mis entrañas.</em></p>
<p>De estar tanto tiempo juntos se crea un grado de confianza tal que, en determinado momento, hace dudar a don Quijote de si esto es lo correcto: <em>(…) y está advertido de aquí en adelante en una cosa</em> —le dice a Sancho—<em>para que te abstengas y reportes en el hablar demasiado conmigo</em> —pues claro, él repasa sus lecturas y no encuentra a ningún escudero que hable tanto como el suyo. Y se lo dice. Incluso cae en comparaciones como la de traer a cuento la actitud de Gandalín, escudero de Amadís de Gaula (quién si no otro): <em>(…) y se lee dél que siempre hablaba a su señor con la gorra en la mano, inclinada la cabeza y doblado el cuerpo <strong>more turquesco</strong></em>.  Y agrega: <em>Pues, ¿qué diremos de Gasabal, escudero de don Galaor, que fue tan callado que, para declararnos la excelencia de su maravilloso silencio, sola una vez se nombra su nombre en toda aquella tan grande como verdadera historia? De todo lo que he dicho has de inferir, Sancho, que es menester hacer diferencia de amo a mozo, de señor</em> <em>a criado y de</em> <em>caballero a escudero. Así que, desde hoy en adelante, nos hemos de tratar con más respeto, sin darnos cordelejo (…). </em>Y un poco más adelante, como redondeando la idea, le dice: <em>(…) porque, después de a los padres, a los amos se ha de respetar como si lo fuesen.</em></p>
<p>A buen entendedor pocas palabras bastan.</p>
<p>Pero por más que don Quijote teorice sobre las relaciones entre amo y vasallo, o caballero y escudero, pocas veces éstas abandonarán el campo teórico y formal; en general, se mantendrán en un terreno esencialmente fraterno y, sobre todo, cómplice: estos dos grandes mentirosos se necesitan mutuamente, más aún cuando ambos van tejiendo una mentira mayor a lo largo de toda la obra, dejando al lector en la intriga sobre cuál será la solución.</p>
<p>De aquí en más, estos dos inefables charlatanes cabalgarán  juntos —literal y metafóricamente— a lo largo de toda la obra y, en singular simbiosis, cada uno se alimentará del otro hasta el desenlace final.</p>
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		<title>Don Quijote VI: ¡Fuera la solemnidad!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcelo Estefanell]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2015 20:26:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Quijote]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marcelo Estefanell /// &#160; “Por la manchega llanura se vuelve a ver la figura de Don Quijote pasar” Fragmento...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_17962" style="width: 738px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-17962" class="wp-image-17962 size-full" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/05/D-Q-frances-1618-anonimo-ok-728.jpg" alt="D-Q-frances-1618-anonimo-ok-728" width="728" height="555" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/05/D-Q-frances-1618-anonimo-ok-728.jpg 728w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/05/D-Q-frances-1618-anonimo-ok-728-300x229.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 728px) 100vw, 728px" /><p id="caption-attachment-17962" class="wp-caption-text">Viñeta de portada con Don Quijote, grabado en cobre, París, 1618, autor anónimo. <a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2016/04/D-Q-frances-1618-anonimo-ok.jpg" target="_blank">Ampliar (+)</a></p></div>
<p>Por Marcelo Estefanell ///</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><em>“Por la manchega llanura<br />
se vuelve a ver la figura<br />
de Don Quijote pasar”</em><br />
<span style="font-size: small;">Fragmento del poema <em>Vencidos</em>, de León Felipe</span></p>
<p>&nbsp;<br />
Desde que uno se enfrenta a don Quijote de la Mancha en los cursos liceales suele predominar un clima algo solemne y aburrido. Parece insólito, por cierto, porque en el caso de las aventuras del ingenioso hidalgo, el humor y la sátira saltan desde la primer página. Cervantes no nos da la menor oportunidad de que nos pongamos serios. Si a usted, estimado lector, le cabe alguna duda, deténganse unos instantes en estos pocos ejemplos:</p>
<p>a) Desde el prólogo el autor pone en primer plano un problema concreto y lo dice a texto expreso: no sabe cómo hacerlo; encima, como no tiene amigos de importancia social ni intelectual que le dediquen sonetos y epigramas, tal como se estilaba en la época. Duda qué hacer. Para colmo de males, asegura carecer de la erudición necesaria para realizar esa tarea.</p>
<p>Son puras artimañas, no tenga dudas. Es la burla y el guiño a las modas literarias de la época; y en la solución está la muestra: astutamente recurre a un amigo —inventado o no, poco importa— que le brinda consejos y soluciones a su problema literario; éste le recomienda que mienta, lisa y llanamente; le dice que traiga a colación citas más o menos acordes con lo que esté tratando —el amor, la muerte, la libertad o el cautiverio— y, de ser posible, las haga en latín, detalle que le dará cierta pátina de hombre culto. También le aconseja que él mismo escriba los sonetos y los epigramas con que solían adornarse las obras por entonces, que no eran otra cosa que elogios en verso realizados por amigos de un círculo literario y hasta escritores de fama. En consecuencia, no podemos evitar una sonrisa al ver que en los versos preliminares desfila Urganda la Desconocida, protectora de Amadís de Gaula, al mismísimo Amadís, héroe de la novela de caballería de más difusión en el siglo XVI; surge Belianís de Grecia, otro caballero novelesco y torturado por los cuernos que le puso su señora; por no mencionar a las damas que también cantan alabanzas inventadas, como Oriana y su soneto dedicado a Dulcinea del Toboso, todos personajes de otras novelas y otros autores de los que se apropia Cervantes sin solicitar permiso.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Y para culminar toda esta sarta de poesía satírica, no encuentra nada mejor que recrear un diálogo inaudito entre el caballo del Cid Campeador y Rocinante:</p>
<blockquote><p>Babieca: ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?</p>
<p>Rocinante: Porque nunca se come, y se trabaja.</p>
<p>B: Pues ¿qué es la cebada y de la paja?</p>
<p>R: No me deja mi amo ni un bocado (&#8230;)</p></blockquote>
<p>b) Al comienzo de la novela todo es ambiguo, irónico, y contradictorio, porque el narrador arranca en primera persona diciendo la famosa frase que distinguimos todos: <em>“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”</em>y, pocas lineas después, nos anuncia que hay contradicciones entre <strong>autores</strong> sobre si el hidalgo se llamaba Quijada o Quesada, aunque también podía ser Quejana. ¿Cuántos narradores son? Por las dudas, no sea cosa de que el lector ocasional se lo tome en serio, al fin del capítulo VIII, en una secuencia vigorosa donde Don Quijote enfrenta con sus armas a un Vizcaíno mal hablado y atrevido, justo en el momento que ambos se van a infringir mortales heridas a espada alzada, aparece el narrador y nos advierte:</p>
<blockquote><p><em>Pero está el daño de todo esto que en este punto y término deja pendiente el autor desta historia esta batalla, disculpándose que no halló más escrito destas hazañas de don Quijote, de las que deja referidas. Bien es verdad que el <strong>segundo autor</strong> </em>(¿cuál el primero?) <em>desta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha, que no tuviesen en sus archivos o en sus escritorios algunos papeles que deste famoso caballero tratasen; y así, con esta imaginación, no se desesperó de hallar el fin desta apacible historia (…).</em></p></blockquote>
<p>Así, durante el siguiente capítulo (IX), nos enteraremos de las vicisitudes que sufre este <strong><em>segundo autor</em></strong> en la búsqueda del resto de los manuscritos: gracioso peregrinaje que culmina en Alcaná de Toledo (una especie de feria de Tristán Narvaja los domingos), donde le llama la atención unos cartapacios desbordados de papeles, pero, dato inquietante, están escritos en árabe. Le pide a un morisco aljamiado que le traduzca y, oh, sorpresa, son los restos del manuscrito de don Quijote con una ilustración que describe justo el momento en que nuestro caballero y el vizcaíno están con sus espadas alzadas. Compra todo sin hacer mucha alharaca y se lleva al traductor a su casa. A partir de entonces, y hasta el final de la novela, este segundo autor devenido en “recopilador”, nos recordará un capítulo sí y otro no, que Cide Hamete Benengeli, un moro, es el autor verdadero de las aventuras de don Quijote de la Mancha.</p>
<p>Es como si a José Hernández, el autor de Martín Fierro, se le hubiese ocurrido atruibuirle sus versos a un Inglés, ni más ni menos. Más otro detalle que no deja de encerrar una terrible ironía: entre ambas publicaciones de don Quijote (1605-1615) son los moros, precisamente, quienes son expulsados de España por orden de Felipe III; más de trecientos mil, por citar una cifra aproximada. En consecuencia, Cide Hamete Benengeli, autor morisco entre todo ese juego de autores era, por entonces, un proscrito.</p>
<p>c) El —o los— narrador/es machacan a lo largo de toda la obra que nuestro caballero está loco, a tal punto que el tema se vuelve un asunto central y se difunde durante cuatro siglos como el nudo de la obra: locura versus cordura ha sido motivo de análisis de innumerables críticos literarios, de profesores de literatura y hasta de psicoanalistas. Pero pocos se detienen a pensar en los supuestos “cuerdos” que acompañan a Alonso Quijano el Bueno —trocado en don Quijote de la Mancha por motus propio—, como lo son sus amigos el Cura Pero Peréz, el Barbero Maese Nicolás y, por último, el inefable y socarrón Sansón Carrasco. El Cura no tiene ningún empacho de disfrazarse de <strong>mujer</strong> (leyó bien, de mujer o “doncella andante”, como describe el autor) para engañar a nuestro caballero, y Maese Nicolás se pone unas barbas falsas y otros atuendos para figurar de escudero de la “Doncella”. Por no dejar de mencionar al bachiller Carrasco que se hace pasar por el Caballero del Bosque, primero, y por el de la “Blanca Luna”, después, con el fin de provocar a don Quijote y enfrentarlo en una lid con armas iguales, así, una vez derrotado, le exigirá abandonar las armar y volver a su aldea.</p>
<p>Dicho de otra manera, “todos bailan” al son que impone el Caballero de la Triste Figura, pero, oh paradoja, el único loco es él. En realidad, todo es un juego al que hay que estar dispuesto a jugar. La única condición desde un principio es no ponernos solemnes y, mucho menos, pomposos con la novela más editada del mundo. Por el contrario, hay que abrir los pulmones, inspirar hondo y reírnos a carcajada limpia sin temor a pecar de ignorantes y de exagerados. Entonces seremos como los lectores de 1615 donde, según Cervantes, la historia "<em>(…)</em> <em>es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: “Allí va Rocinante”. Y los que más se han dado a su letura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote, unos le toman si otros le dejan, estos le embisten y aquellos le piden. Finalmente, la tal historia es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto, porque en toda ella no se descubre ni por semejas una palabra deshonesta ni un pensamiento menos que católico".</em></p>
<p>Vale.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Viene de…</strong><br />
<em><a href="https://www.enperspectiva.net/especiales/el-quijote-por-marcelo-estefanell/" target="_blank">El Quijote en diez clicks</a></em>, por Marcelo Estefanell</p>
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		<title>El Ingenioso Caballero don Quijote de la Mancha (1615) (V)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcelo Estefanell]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 May 2015 14:26:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Quijote]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Marcelo Estefanell /// &#160; Sancho amigo: ¿qué es lo que dicen de mí por ese lugar? ¿En qué opinión...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>por Marcelo Estefanell ///</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p><em>Sancho amigo: ¿qué es lo que dicen de mí por ese lugar? ¿En qué opinión me tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué los caballeros? ¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía? ¿Qué se platica del asumpto que he tomado de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca?</em></p>
<p>(Don Quijote de la Mancha, cap. II, tomo II)</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/04/Segundaparte-don-Quijote.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-1779" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/04/Segundaparte-don-Quijote-188x300.jpg" alt="Segundaparte don Quijote" width="188" height="300" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/04/Segundaparte-don-Quijote-188x300.jpg 188w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/04/Segundaparte-don-Quijote.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 188px) 100vw, 188px" /></a></p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Tapa de la segunda parte del Quijote, de 1615</p>
<hr />
<p>Pasaron 10 años entre la publicación de la primera parte del Quijote y la segunda, 1605 y 1615, respectivamente. Pero en la novela solo transcurren tres meses en los cuales el hidalgo Alonso Quijano el Bueno se quedó en su casa y en su cama, sobreponiéndose de los avatares padecidos cuando salió en procura de las tan mentadas aventuras; y, como era de esperar, no le fue nada bien.</p>
<p>En nexo notable entre ambos libros —y en esa década tan generosa en acontecimientos que aun asombran— radica en las consecuencias que tuvo el accionar tanto del autor como el de los personaje, como si la realidad y la ficción fueran dos aspectos de un mismo fenómeno. No olvidemos que en el primer tomo, luego que Alonso Quijano se convierte en don Quijote, el hombre se imagina cómo escribirá su primera salida el cronista que le toque en suerte, y se pregunta:</p>
<p><em>¿Quién duda sino que en los venideros tiempos cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, de esta manera?</em>— y aquí se viene una joya barroca-caballeresca en boca del personaje que cuenta su propia experiencia y el autor transcribe—: <em>“Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la  ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, (…) cuando el famoso caballero Don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió su famoso caballo  Rocinante,  y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”.</em></p>
<p>Luego, a través de don Quijote, el narrador pone estas palabras fundamentales para entender el nudo gordiano de la obra: <em>Dichosa edad, y siglo dichoso aquel donde saldrán a luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronces, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, <strong>sabio</strong> <strong>encantador</strong>, quienquiera que seas, a quien ha de tocar el ser <strong>coronista</strong> de esta peregrina historia! Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante  compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras.</em></p>
<p>Dicho de otra forma: el hidalgo pauperizado y desconocido más allá de su aldea, resucita un oficio olvidado, anclado en la edad media e idealizado por las novelas de caballería, porque en él no solo ve todo lo bueno que significa su realización, sino que al mismo tiempo la caballería andante puede ser un medio para alcanzar otro fin: <strong>ser personaje literario </strong>(los subrayados me pertenecen).</p>
<p>El texto es claro: don Quijote nunca duda de que algún <strong><em>cronista</em></strong> recogerá sus hazañas. <strong>Sabio</strong> <strong>encantador</strong>, lo llama. En términos modernos lo denominamos “narrador omnisciente”.</p>
<p>Al publicarse la segunda parte, en 1615, Cervantes consolida el objetivo que le asignó a su personaje: en el capítulo dos nos enteramos, junto a don Quijote, que <em>(…)</em> <em>ya anda en libros la historia de vuestra merced, con nombre de El Ingenioso don Quijote de la Mancha —</em>le comenta su escudero—<em>; y dicen que me mientan a mí en ella con el mismo nombre de Sancho Panza, y a la señora Dulcinea del Toboso, con otras cosas que pasamos nosotros a solas, que me hice cruces de espantado cómo las pudo saber el historiador que las escribió.</em></p>
<p>Don Quijote lo tranquiliza: los narradores, en su concepto, son sabios y magos, en consecuencia, no se les escapa nada. Luego acepta gustoso que Sancho vaya a buscar al bachiller Sansón Carrasco, portador de la noticia de que sus aventuras ya estuvieran impresas.</p>
<p><em>—Harásme mucho placer, amigo —</em>le dice Don Quijote a Sancho<em>—; que me tiene suspenso lo que me has dicho, y no comeré bocado que bien me sepa hasta ser informado de todo.</em></p>
<p>Así culmina el capítulo II. Al comienzo del siguiente, queda en evidencia el orgullo que siente nuestro héroe por andar su figura hecha libro. El bachiller Sansón Carrasco le (nos) dará detalles  que aún hoy causan asombro: <em>(…) tengo para mí que al día de hoy están impresos más de doce mil libros de la tal historia; si no dígalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso; y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes, y a mí se trasluce que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzca </em>(toda una profecía).</p>
<p>Y Don Quijote le responde:</p>
<p>—<em>Una de las cosas que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse, viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, <strong>impreso y con estampa</strong>.</em></p>
<p>Aunque sea martillar sobre el mismo clavo el hecho es rotundo como el sol del verano: el tipo logra parte de lo que ambicionaba: <strong>ser personaje literario</strong>, trascender gracias a que sus aventuras están plasmadas en un libro, en un objeto, en suma, tan importante entonces como lo es hoy internet para nosotros con sus infinitos contenidos</p>
<p>Pero no se queda ahí Cervantes y su capacidad creadora; enseguida hace que don Quijote le pregunte al bachiller Sansón Carrasco si el <strong>autor</strong> promete segunda parte. Y éste le responderá: <em>Sí promete, pero dice que no ha hallado ni sabe quién la tiene, y así, estamos en duda si saldrá o no; y así por esto como porque algunos dicen: “Nunca segundas partes fueron buenas” </em>(ahí está el juego: los lectores sabemos que la segunda parte existe, pero los personajes recién van tomando recaudo sobre la existencia del primer volumen).</p>
<p>Este juego de espejos se repite a lo largo de toda la novela; porque con el devenir de sus nuevas aventuras nuestro caballero  se irá cruzando con gente que lo reconoce por haber leído el primer volúmen de 1605, tal como sucede con los Duques, por ejemplo, o como le pasa con el Caballero del Verde Gabán, quien al encontrarse con don Quijote no da crédito a lo que ven sus ojos: <em>(…) admiróle la longura de su caballo, la grandeza de su cuerpo, la flaqueza y amarillez de su rostro, sus armas, su ademán y compostura (…). </em>Don Quijote adivina la incertidumbre que causa en su interlocutor y, entonces, aclara:</p>
<p><em>Salí de mi patria, empeñé mi hacienda, dejé mi regalo, y entreguéme en los brazos de la Fortuna, que me llevasen donde más fuese servida. Quise resucitar la ya muerta andante caballería, y ha muchos días que, tropezando aquí, cayendo allí, despeñándome acá y levantándome acullá, he cumplido gran parte de mi deseo, socorriendo viudas, amparando doncellas y favoreciendo casadas, huérfanos y pupilos, propio y natural oficio de caballeros andantes; y así, por mis valerosas, muchas y cristianas hazañas he merecido <strong>andar ya en estampa</strong> en casi todas o las más naciones del mundo. <strong>Treinta mil volúmenes se han impreso de mi historia</strong>, y lleva camino de imprimirse treinta mil veces de millares, si el cielo no lo remedia </em>(otra profecía)<em>. Finalmente, por encerrarlo todo en breves palabras, o en una sola, digo que yo soy don Quijote de la Mancha, por otro nombre llamado el Caballero de la Triste Figura (…).</em></p>
<p>El hombre sabía que la andante caballería estaba restringida a los libros y resulta que tiene frente a sí no sólo a un militante fanático del oficio, sino a un personaje que orgullosamente le informa que sus aventuras ya están hechas libro. Algo por demás inaudito, por cierto.</p>
<p>En suma, don Quijote todo lo vuelve <strong>aventura</strong> y Cervantes todo lo convierte en <strong>literatura</strong>, como a los errores que cometió en la primera edición de 1605: con una lógica interna contundente hace que don Quijote y Sancho se enteren y reaccionen ante los yerros cometidos, y don Quijote, preocupado, le comenta al bachiller Sansón Carrasco:</p>
<p><em>—El que de mí trata, a pocos habrá contentado. </em></p>
<p>—<em>Antes es al revés (…) infinitos son los que han gustado de la tal historia—</em>responde el Bachiller—<em>; <strong>y algunos han puesto falta y dolo en la memoria del autor, pues se le olvida de contar quién fue el ladrón que hurtó el rucio a Sancho,</strong> que allí no se declara, y sólo se infiere de lo escrito que se le hurtaron, y de allí a poco le vemos a caballo sobre el mesmo jumento, sin haber aparecido.</em></p>
<p>Y Sancho se defiende con estas palabras:</p>
<p>—<em>(…) miré por el jumento, y no le vi; acudiéronme lágrimas a los ojos, y hice una lamentación, que si no la puso <strong>el autor de nuestra historia</strong>, puede hacer cuenta que no puso cosa buena.</em></p>
<p>Lo notable es que está haciendo referencia a una lamentación que hizo en el capítulo XXIII del primer tomo y de la segunda edición de 1605, aclaro, ya que en la primera, precisamente, Cervantes se había olvidado escribir sobre el robo del burro. Y para remediarlo, al mejor estilo barroco, pone en boca del escudero la lamentación que él recuerda haber hecho al recuperarlo: <em>(…) ¡Oh hijo de mis entrañas, nacido en mi mesma casa, brinco de mis hijos, regalo de mi mujer, envidia de mis vecinos, alivio de mis cargas, y, finalmente, sustentador de la mitad de mi persona, porque con veinte maravedís que ganaba cada día mediaba yo mi despensa!</em></p>
<p>De esta forma, el genio de este escritor inconmensurable propone hasta nuestros días un juego permanente entre el lector, los personajes, los narradores, el traductor y el recopilador, como si todos bailaran una rueda-rueda. A su vez, poco a poco, uno descubre una especie de asociación entre un lector empedernido que se llama Alonso Quijano, quien imitando a los héroes novelescos se convierte en personaje de otro libro que usted está leyendo y, por primera vez en la historia de la literatura, alguien logra recrear la realidad y la ficción como si fueran dos organismos vivos que se necesitan y se pertenecen. Y así como don Quijote queda contento de que sus “hazañas” se hayan convertido en libro, los lectores compartimos su alegría a lo largo de otro volumen y todos, en definitiva, nos volvemos cómplices.</p>
<p><strong>Viene de&#8230;</strong><br />
<em><a href="https://www.enperspectiva.net/especiales/el-quijote-por-marcelo-estefanell/" target="_blank">El Quijote en diez clicks</a></em>, por Marcelo Estefanell</p>
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		<title>El Quijote IV: La venganza literaria</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcelo Estefanell]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Apr 2015 13:18:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Cervantes]]></category>
		<category><![CDATA[Quijote]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marcelo Estefanell /// “Para Stalin, los Rembrandt del Ermitage pertenecen a la época de Rembrandt; para Picasso, pertenecen también...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Marcelo Estefanell ///</p>
<p><a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/04/Grabado-col-4.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-1501" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/04/Grabado-col-4.jpg" alt="Grabado col 4" width="520" height="405" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/04/Grabado-col-4.jpg 520w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/04/Grabado-col-4-300x234.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 520px) 100vw, 520px" /></a></p>
<blockquote><p><em>“Para Stalin, los Rembrandt del Ermitage pertenecen a la época de Rembrandt; para Picasso, pertenecen también a la época de Picasso. Para un lector de novelas policiales, Don Quijote pertenece a la época de Cervantes; para Flaubert, pertenece también a la época de Flaubert. Y para muchos Flaubert desconocidos.”</em></p>
<p>André Malraux: <strong>El Hombre precario y la literatura.</strong></p></blockquote>
<p>La furia que se debe de haber agarrado Cervantes cuando se enteró de la aparición de un Quijote apócrifo, no está escrito. De todas maneras, podemos llegar a imaginarlo, puesto que sabemos que en esos días don Miguel estaba metido de cabeza en su propia segunda parte, en el Quijote que vendría a marcarnos para siempre. Por lo menos, podemos suponer que ya había escrito más de cincuenta capítulos de los setenta y cuatro que completarían la obra.</p>
<p>Y más bronca se debe de haber agarrado al no saber quién fue el osado que se atrevió a meterse con sus personajes, porque el falsario se escondió —y aun se esconde— detrás de un nombre falso: Alonso Fernández de Avellaneda. Nombre largo, por cierto, que ha llevado a que todo el mundo mencione la novela como “el Quijote de Avellaneda”.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Pero el <em>sumun</em> de la ira le debe de haber brotado de lo más hondo cuando llegó a sus manos un ejemplar del Quijote apócrifo, porque entonces pudo comprobar que el falsario lo trata de charlatán y de mentiroso desde el prólogo. Además, todas las alusiones personales transmiten envidia, rencor y ojeriza.</p>
<p>Luego surgirán otros elementos que deben de haber alimentado su rabia y su ofuscación, pero estos detalles, aunque no menos importantes, ya son de carácter literario: a vuelo de pájaro resulta evidente, luego de leer el Quijote de Avellaneda, de que el falsario conocía la primera parte del Quijote cervantino de memoria, por eso comienza su novela exactamente donde la dejó Cervantes: <em>(…) Pero el autor desta historia, puesto que con curiosidad y diligencia ha buscado los hechos que don Quijote hizo en su tercera salida, no ha podido hallar noticia de ellas, a lo menos por escrituras auténticas; sólo la fama ha guardado, en las memorias de la Mancha, que don Quijote, la tercera vez que salió de su casa, fue a Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas que en aquella ciudad hicieron (…)</em>. En consecuencia, el autor apócrifo comienza su Quijote en unas justas en Zaragoza. Y Cervantes, luego de haber leído al detalle la versión de su colega huidizo, tuvo que cambiar el plan de su obra, rescribir y elaborar —con gran ingenio— un desagravio y una venganza de gran altura, porque don Miguel recurre a lo que sabe y se detiene donde importa: en el plano estrictamente literario. Para que no queden dudas de semejante afirmación, vayamos a los ejemplos concretos:</p>
<p>En el capítulo LIX (segunda parte), don Quijote y Sancho llegan a una venta; luego, cuando se disponen a cenar en su cuarto, oyen desde el aposento de al lado a otro huésped que le dice al ventero:</p>
<p><em>—Por vida de vuestra merced, señor don Jerónimo, que en tanto que trae la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha.</em></p>
<p>(Detalle: el lector ocasional de la segunda parte del Quijote cervantino se da de cara con lectores que están leyendo otra segunda parte ¿? Quien no sabía de la existencia de la versión del falso Avellaneda puede llegar a dudar de lo que está leyendo. En caso contrario, igual es sorprendente.)</p>
<p>El narrador nos dice que don Quijote <em>(…) se puso en pie, y con oído alerto escuchó lo que dél trataban, y oyó que el tal don Jerónimo referido respondió:</em></p>
<p><em>—¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos disparates? Y el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha</em> <em>no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda.</em></p>
<p>El tal don Juan agrega algo que hará reaccionar a don Quijote: <em>(…) dice que el autor de ella pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso</em>.</p>
<p>Nuestro caballero, lleno de ira y de despecho, desde la otra habitación, retruca fuertemente:</p>
<p><em>—Quienquiera que dijere que don Quijote de la Mancha ha olvidado, ni puede olvidar, a Dulcinea del Toboso, yo le haré entender con armas iguales que va muy lejos de la verdad; porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede ser olvidada, ni en don Quijote puede caber olvido: su blasón es la firmeza, y su profesión, el guardarla con suavidad y sin hacerse fuerza alguna.</em></p>
<p>Los vecinos quedan azorados, se acercan para averiguar quién les respondió e inmediatamente reconocen a nuestro héroe, y uno de ellos, echando los brazos al cuello de don Quijote, le dijo:</p>
<p><em>–Ni vuestra presencia puede desmentir vuestro nombre, ni vuestro nombre puede no acreditar vuestra presencia: sin duda, vos, señor, sois el verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante caballería, a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor deste libro que aquí os entrego.</em></p>
<p>Inaudito: ¡don Quijote tiene en sus manos un ejemplar de la versión falsa! Por si esto fuera poco, junto a sus compañeros de hospedaje, el Caballero de la Triste Figura hará una crítica despiadada de la versión “trucha”. Es más, al enterarse de que su homónimo falso fue a las justas de Zaragoza, decide cambiar de itinerario  y no poner jamás sus pies en esa cuidad; en su lugar irá hacia Barcelona, localidad donde lo recibirán con estas palabras:</p>
<p>—<em>Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo, el farol, la estrella y el norte de toda la caballería andante, donde más largamente se contiene. Bien sea venido, digo, el valeroso don Quijote de la Mancha: no el falso, no el ficticio, no el apócrifo que en falsas historias estos días nos han mostrado, sino el verdadero, el legal y el fiel que nos describió Cide Hamete Benengeli, flor de los historiadores.</em></p>
<p>Saludo que causará en don Quijote este comentario a su escudero:</p>
<p><em>—Éstos bien nos han conocido: yo apostaré que han leído nuestra historia y aun la del aragonés recién impresa.</em></p>
<p>Dicho de otra forma, el ingenioso Cervantes inventa en el género lo que bien podríamos llamar <strong>venganza puramente literaria</strong>. No sabemos de otro novelista que se haya desquitado anteriormente de sus plagiarios de esta manera.</p>
<p>Pero esto no es todo, nuestro hijo de Alcalá de Henares llevará la venganza a su máxima expresión casi al final de su obra, en al capítulo LXX, donde pone en boca de Altisidora —una doncella que hace creer a nuestro héroe que volvió de la muerte— una descripción del infierno de lo más sugestiva: <em>La verdad es que llegué a la puerta, adonde estaban jugando hasta una docena de diablos a la pelota, todos en calzas y en jubón, con valonas guarnecidas con puntas de randas flamencas (…) y lo que más me admiró fue que les servían, en lugar de pelotas, libros, al parecer, llenos de viento y de borra, cosa maravillosa y nueva; pero esto no me admiró tanto como el ver que, siendo natural de los jugadores el alegrarse los gananciosos y entristecerse los que pierden, allí en aquel juego todos gruñían, todos regañaban y todos se maldecían</em>. ¿Una versión adelantada del fútbol? Pero lo sublime, el gol de media cancha, como quien dice, surge enseguida cuando la doncella cuenta lo que más le maravilló, a saber:<em>distinguir un libro nuevo, flamante y bien encuadernado, le dieron un papirotazo que le sacaron las tripas y le esparcieron las hojas. Dijo un diablo a otro: "Mirad qué libro es ése". Y el diablo le respondió: "Ésta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas". "Quitádmele de ahí –respondió el otro diablo–, y metedle en los abismos del infierno: no le vean más mis ojos". "¿Tan malo es?", respondió el otro. "Tan malo –replicó el primero–, que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara"</em> <em>(…).</em></p>
<p>Cervantes siempre va más allá y por eso nos sorprende, pues condenar una obra apócrifa a todos los infiernos se le puede ocurrir a cualquiera, pero que los diablos no la soporten porque es peor de lo que ellos pueden concebir, parece una genialidad.</p>
<p>Y hay más aun, la revancha ante el plagiario no termina aquí, resta una vuelta de tuerca de extremada originalidad y agudeza. Miremos estos detalles: en el antepenúltimo capítulo (LXXII) el autor pone en manos de don Quijote la tarea de realizar el desagravio final: cuando estaban en un mesón, caballero y escudero presencian la llegada de un señor a caballo con tres o cuatro criados; al dirigirse a su amo uno de ellos dice:</p>
<p>—<em>Aquí puede vuestra merced, señor don Álvaro Tarfe, pasar hoy la siesta: la posada parece limpia y fresca.</em></p>
<p>Nuestro héroe para la oreja y le comenta a Sancho</p>
<p>—<em>Mira (…) cuando yo hojeé aquel libro de la segunda parte de mi historia, me parece que de pasada topé allí este nombre de don Álvaro Tarfe.</em></p>
<p>¡Álvaro Tarfe! Nada más y nada menos que el amigo íntimo del Quijote falso. Pero allí no se detiene el asunto: el Quijote cervantino se las ingeniará para acercarse a don Tarfe, y entre pregunta va y respuesta viene le hace saber que él es el verdadero don Quijote de la Mancha.</p>
<p>Don Tarfe, por su parte, se rectificará de todo, renegando hasta de su existencia en la novela falsa. Como quien dice, se cambia de cuadro sin ningún escrúpulo (la magia de la creación literaria), y ante el pedido de nuestro don Quijote de que firme sus dichos frente al alcalde y al escribano del pueblo, no tiene ningún empacho en aceptar:</p>
<p>—<em>Eso haré yo de muy buena gana</em> —dice—<em>, puesto que cause admiración ver dos don Quijotes y dos Sanchos a un mismo tiempo, tan conformes en los nombres como diferentes en las acciones; y vuelvo a decir y me afirmo que no he visto lo que he visto, ni ha pasado por mí lo que ha pasado</em>.</p>
<p>Y el narrador agregará, siempre con cierto aire socarrón:</p>
<p><em>Entró acaso el alcalde del pueblo en el mesón, con un escribano, ante el cual alcalde pidió don Quijote, por una petición, de que a su derecho convenía de que don Álvaro Tarfe, aquel caballero que allí estaba presente, declarase ante su merced como no conocía a don Quijote de la Mancha, que asimismo estaba allí presente, y que no era aquél que andaba impreso en una historia intitulada: Segunda parte de don Quijote de la Mancha, compuesta por un tal de Avellaneda, natural de Tordesillas. Finalmente, el alcalde proveyó jurídicamente; la declaración se hizo con todas las fuerzas que en tales casos debían hacerse, con lo que quedaron don Quijote y Sancho muy alegres (…).</em></p>
<p>En síntesis, esta reivindicación literaria, fruto de una contingencia inesperada como lo fue el hecho de que apareciera una segunda parte apócrifa de su novela, es otro de los elementos que le da ese aire moderno a la novela; y así como a su personaje las cosas le van mal por culpa de supuestos “encantadores” que le tienen envidia e inquina, al autor le aparecieron “otros encantadores” que pretendieron quitarle fama mediante un plagio que solo se lo recuerda porque el verdadero Quijote se volvió universal.</p>
<p><strong>Viene de&#8230;</strong><br />
<em><a href="https://www.enperspectiva.net/especiales/el-quijote-por-marcelo-estefanell/" target="_blank">El Quijote en diez clicks</a></em>, por Marcelo Estefanell</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/blogs/el-quijote-iv-la-venganza-literaria/">El Quijote IV: La venganza literaria</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>El Quijote III: Cervantes y sus urgencias</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcelo Estefanell]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Apr 2015 13:00:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Cervantes]]></category>
		<category><![CDATA[Quijote]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marcelo Estefanell /// Cuando se publica la Segunda parte del ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, diciembre de...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Marcelo Estefanell ///</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/04/Firma-de-Cervantes.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-1195" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/04/Firma-de-Cervantes-300x100.jpg" alt="Firma de Cervantes" width="300" height="100" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/04/Firma-de-Cervantes-300x100.jpg 300w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/04/Firma-de-Cervantes.jpg 807w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Cuando se publica la <em>Segunda parte del ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha</em>, diciembre de 1615, Cervantes ya estaba muy enfermo; algunos biógrafos sostienen que padecía hidropesía, otros que tenía arteriosclerosis. Sea como fuere, todo hace pensar que él intuía su próximo fin porque no solo trabajó intensamente para culminar su vasta obra, sino que, a cuatro días de su muerte, escribió al Conde de Lemos:</p>
<p><em>Puesto ya el pie en el estribo,<br />
</em><em>con las ansias de la muerte,<br />
</em><em>gran señor, esta te escribo</em></p>
<p>Esta sería parte de la dedicatoria de su novela póstuma, titulada <em>Persiles y Sigismunda</em>, que su viuda, Catalina Salazar, se encargaría de que llegara al público en 1617.</p>
<p>Pero el mayor acicate que recibió nuestro escritor complutense para culminar la novela del Caballero de la Triste Figura, sucedió un año antes, en el otoño de 1614, cuando desde Tarragona aparece en el mercado de libros una versión apócrifa del Quijote, escrita por un tal Alonso Fernández de Avellaneda, nombre falso también, del cual aun hoy no se sabe a ciencia cierta quién fue.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Tan evidente fue el plagio de quién escondió su verdadero nombre, que comienza su novela en Zaragoza, tal como la había dejado Cervantes al final de la suya: "(…) <em>el autor desta historia—</em>escribió don Miguel<em>—, puesto que con curiosidad y diligencia ha buscado los hechos que don Quijote hizo en su tercera salida, no ha podido hallar noticia de ellas, a lo menos por escrituras auténticas: solo la fama ha guardado, en las memorias de la Mancha, que don Quijote la tercera vez que salió de su casa fue a Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas que en aquella ciudad se hicieron</em><em>,</em><em> y allí le pasaron cosas dignas de su valor y buen entendimiento".</em></p>
<p>Es más, como Cervantes había dividido su Quijote en cuatro partes y dos salidas, el falso Alonso Fernández de Avellaneda, se tomó el trabajo de explicitar que su obra era la quinta parte del Quijote y la tercer salida de aventuras; de esa manera, él se encargaba de continuar la novela con cierta coherencia orgánica y argumental.</p>
<p>Pero lo más grosero del falsario, lo que más ofendió a Cervantes, se encuentra en el prólogo del Quijote apócrifo, cuando el autor escribe de esta manera:</p>
<p><em>"(…) No le parecerán a él lo son las razones desta historia, que se prosigue con la autoridad que él la comenzó y con la copia de fieles relaciones que a su mano llegaron; y digo mano, pues confiesa de sí que tiene sola una; y hablando tanto de todos, hemos de decir dél que, como soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos, tiene más lengua que manos. (…)"</em></p>
<p>En otras palabras lo trata de charlatán y duda que de sean ciertas las heridas recibidas por Cervantes en la batalla de Lepanto.</p>
<p>Por eso, nuestro hijo de Alcalá de Henares, cuando publica <strong>su verdadera segunda parte</strong>, desde prólogo le responde:</p>
<p><em>"¡Válame Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre o quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, riñas y vituperios del autor del segundo Don Quijote, digo, de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona! Pues en verdad que no te he de dar este contento, que, puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla. Quisieras tú que lo diera del asno, del mentecato y del atrevido, pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya. Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados (…)"</em></p>
<p>Se está refiriendo a la batalla de Lepanto, claro está (1571). Batalla que su importancia aun en nuestros tiempos los historiadores resaltan, pues allí fue derrotada gran parte de la flota mediterránea del imperio Otomano por parte de la Liga Santa (España, República de Venecia, República de Génova, Estados Pontificios, el Ducado de Saboya y la Orden de Malta), dejando tan diezmadas a las fuerzas turcas que, desde entonces, comenzarían a retroceder ininterrumpidamente.</p>
<p>Lo notable de ese avejentado y valiente soldado que fuera Cervantes, convertido en escritor prolífico en sus últimos diez años de vida, es que cumple con lo prometido y no lanza jamás vituperios e insultos contra el autor apócrifo; por el contrario, a lo largo de su don Quijote, recién en el capítulo LIX comenzará la venganza literaria de don Miguel sobre el autor de nombre falso. Y lo hará con tal gracia y altura que aún hoy sorprende.</p>
<p>Pero esto será tema de otra columna.</p>
<p><strong>Viene de&#8230;</strong><br />
<em><a href="https://www.enperspectiva.net/especiales/el-quijote-por-marcelo-estefanell/" target="_blank">El Quijote en diez clicks</a></em>, por Marcelo Estefanell</p>
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		<title>El Quijote II: La tumba desconocida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcelo Estefanell]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Apr 2015 15:59:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Cervantes]]></category>
		<category><![CDATA[Quijote]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marcelo Estefanell /// A cuatro siglos de la publicación de la segunda parte de don Quijote y a 399...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Marcelo Estefanell ///</p>
<p>A cuatro siglos de la publicación de la segunda parte de don Quijote y a 399 años de muerte de su autor, algunos todavía se empecinan en querer saber en qué pueblo manchego vivieron el Caballero de la Triste Figura y su escudero Sancho Panza. Infinidad de investigadores lo han intentado con empeño y solo han logrado, esporádicamente, algún titular en los medios de comunicación y, últimamente, en las redes sociales.</p>
<p>Desde un punto de vista literario, el dato concreto poco importa. Más tratándose de una obra de ficción y no de un biografía. Solo encuentro atendible esa búsqueda en el plano de los intereses turísticos, aunque estos agentes han exagerado el asunto a tal grado que han llevado al Quijote a sitios donde jamás estuvo.</p>
<p>Lo curioso es cómo todos ocultan —o ignoran— el texto de la obra cervantina cuando, al final de primera parte, el autor nos advierte:</p>
<p><em>Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero.</em></p>
<p>Salvando las distancias y las situaciones, algo similar sucede con respecto a los restos mortales de don Miguel de Cervantes. Las ciudades son como los organismos vivos, mutan, cambian, mueren y renacen, la sepultura del más grande escritor del idioma castellano, se ha vuelto esquiva. Paradojas de la vida —y de la literatura que, a veces, son lo mismo—, así como no sabemos de qué pueblo concreto procedía don Quijote, es probable que jamás sepamos cuáles son los restos óseos de Cervantes. Y así como don Miguel se esconde en su novela detrás de distintos cronistas, de un autor moro, de un traductor y de un recopilador astuto y meticuloso, sus huesos se han entreverado entre los restos de su esposa y de 15 finados más.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Los hechos concretos, desnudos de toda intención y ropaje ideológico, nos dicen que Miguel de Cervantes Saavedra murió el 22 de abril de 1616, en su casa de la calle del León, esquina Francos, en Madrid, y al otro día fue enterrado en la iglesia de San Ildefonso del Convento de las Trinitarias Descalzas, calle de las Cantarranas, cerca de su morada.</p>
<p>Diez años más tarde, Catalina Salazar, esposa de Cervantes, sería enterrada en el mismo lugar pero, al cabo de poco tiempo, el convento sufrió varias reformas y, entre ellas, la cripta de la iglesia tuvo cambios importantes. En consecuencia, a cuatro siglos de los hechos, continúa negándose la presencia ósea de don Miguel.</p>
<p>El historiador Francisco Marín, junto al forense Francisco Etxebarria y la arqueóloga Almudena García-Rubio, tras mucha dedicación, estudios y prospecciones, han llegado a determinar con certeza en qué lugar exacto de la iglesia de las hermanas Trinitarias se encuentran los restos de Cervantes. Sin embargo, como forman parte un osario común con otras personas y los huesos no están en un estado óptimo para ser analizados, resulta imposible saber cuáles pertenecen a don Miguel. Incluso, una prueba de ADN parece hoy una utopía por la sencilla razón de que no hay con quién comparar los restos. La hermana de Cervantes, Luisa, quien había tomado los hábitos religiosos y se encuentra enterrada en el convento de Alcalá de Henares, también niega sus restos al hallarse en un osario que no está individualizado.</p>
<p>Así pues, habrá que esperar otras tecnologías, otros estudios a futuro como para tener más certezas. Mientras tanto, de no existir todavía un lugar concreto donde dejar una flor en honor al fundador de la novela moderna, siempre están sus obras para disfrutar y para difundir. Mejor homenaje que ese no conozco.</p>
<p><strong>Viene de&#8230;</strong><br />
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