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	<title>Dario Klein, Author at Radiomundo En Perspectiva</title>
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	<title>Dario Klein, Author at Radiomundo En Perspectiva</title>
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		<title>Disputatio periodísticaLa metamorfosis del periodismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Dec 2015 09:30:02 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[La Metamorfosis]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. La transformación, ¿ocurre en Gregorio Samsa o en su familia? Podría interpretarse que son ellos quienes lo convierten en un insecto. Si bien en él opera un cambio físico, sus padres y su hermana son quienes terminan "construyendo" al bicho, pese a que dentro de la caparazón y detrás de “sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño”, seguía estando el mismo Gregorio de siempre. Los que crean al insecto son los otros.</p>
<p>Esta es una lectura posible del clásico de Franz Kafka que explora la obra <em><a href="https://www.facebook.com/Variaciones-Sobre-La-Metamorfosis-1699545270278141/" target="_blank">Variaciones sobre la Metamorfosis</a></em>, de Marcel Sawchik, ahora en cartel en el teatro La Gringa, domingos a las 21 hs. En el espectáculo, el publico ve a un Gregorio que no cambia y la metamorfosis es la de la familia. La construcción del animal la hacen ellos a través de su imaginación. La transformación más importante es imaginaria. Me dejó pensando.</p>
<p>Esta columna podría haber comenzado así: “Cuando el periodismo se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”. Una mañana a fines de la década de 1990 nacía Internet. Y ahí todo empezó a cambiar. Tengo la impresión de que algo parecido a <em>La Metamorfosis</em> está sucediendo con el periodismo en este siglo XXI.</p>
<p>Me explico: los medios se han transformado de manera radical, visceral, monstruosa. Internet no es simplemente un nuevo medio de comunicación. Es, a la vez, una herramienta y un “medio de medios”. Allí está todo. Allí va a estar mucho más que todo. Eso cambia la lógica de consumo, la comercial y la de generación de contenidos. La transformación ha sido lenta, pero incesante.</p>
<p>Cambió el cómo nos informamos y cambió el cómo trabajamos. Hoy los periodistas lo pueden hacer todo: hacer la nota, grabarla en cámara, editar, contar la historia. Hoy los periodistas lo pueden saber todo: quién nos lee, desde dónde, cómo, durante cuánto tiempo. Pero el periodismo, en esencia, es el mismo. Y lo que importa sigue siendo lo mismo: conseguir información, transmitirla bien, contar historias, buscar la versión más aproximada de la verdad, ser rigurosos y maniáticos en esa búsqueda, consultar muchas fuentes, chequear la información.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p><strong>La manzana podrida</strong><br />
En <em>La Metamorfosis</em>, Gregorio muere cuando una manzana que le arroja su padre se le incrusta, se pudre dentro de él y lo va asesinando lentamente. Esa manzana podrida que se incrustó en la caparazón del periodismo se llama "la búsqueda del click", esa adicción irrefrenable de algunos administradores de portales y editores de sitios web.</p>
<p>La búsqueda del click es un vicio que obliga a titular con noticias que no están confirmadas, a copiar, sin citar, novedades de otros que no necesariamente sabemos si son ciertas, a escribir mal porque lo importante es llegar antes, a sacar las cosas del horno antes de tiempo, a no profundizar, a privilegiar las “noticias” ridículas, absurdas, tontas, innecesarias.</p>
<p>La consecuencia, como cualquier adicción, es un efecto placentero pasajero, seguido por un síndrome de abstinencia y una mayor necesidad de otra dosis. Otra dosis de basura. Más manzanas podridas, que nos van matando lentamente.</p>
<p>¿Cuál es la única alternativa? Mirar adentro de la caparazón: el periodismo de calidad, la profundidad, la investigación. Las historias bien contadas. El buen manejo de los lenguajes audiovisual, escrito y sonoro. O sea: el buen periodismo, puro y duro.</p>
<p>El periodismo sufrió una metamorfosis, eso está claro. Pero su esencia sigue siendo la misma. Al insecto lo transformaremos en lo queramos: lo podemos convertir en una mariposa o en algo monstruoso. Evitemos que la manzana se nos incruste, nos pudra y nos mate.</p>
<p>***</p>
<p><em>Disputatio periodística</em>, el blog sobre periodismo de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/dario-klein-autor/" target="_blank">Darío Klein</a> en <strong>EnPerspectiva.net</strong>, actualiza en forma quincenal, los jueves.</p>
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		<title>Disputatio periodísticaObjetividad, independencia y honestidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Dec 2015 09:30:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[medios de prensa]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// Los uruguayos amamos las etiquetas. Nos encanta encontrarle una explicación a las actitudes, opiniones, preguntas y...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>Los uruguayos amamos las etiquetas. Nos encanta encontrarle una explicación a las actitudes, opiniones, preguntas y al trabajo de los periodistas en una eventual camiseta. No permitimos la imparcialidad ni la honestidad intelectual. Todo está bajo presunción de partidarismo. Cuando alguien dice algo, enseguida queremos saber quién es “realmente”, qué bandera defiende, que ideología profesa. Cuando un periodista osa investigar o denunciar un hecho, inmediatamente los implicados, incapaces de desmentir el mensaje, intentan apuntar contra el mensajero.</p>
<p>Es más fácil argumentar motivaciones que asumir errores. Cuando alguien opina, el interlocutor de inmediato se pregunta desde qué plataforma lo hace. Esto es válido para periodistas, pero también para comentaristas deportivos, para intelectuales, para funcionarios y prácticamente cualquier otro oficio con visibilidad pública.</p>
<p>Una de las adivinanzas preferidas por los amantes del fútbol suele ser averiguar qué camiseta tiene debajo cada uno de los futbolistas, cada relator, comentarista o vestuarista. Y en un país en el que a veces la política recibe una mirada casi futbolera, con lealtades que suelen ir más allá de ideas, preferencias que se trasladan de generación en generación y expresiones como “ganar” y “perder” o, peor, “ganamos” y “perdimos”, etiquetar se convierte en una obsesión. Así, cada periodista queda bajo sospecha. Todo lo que diga o escriba será analizado bajo la óptica del brazalete que le atribuyan, sea o no real. Tenga o no tenga etiqueta.</p>
<p>La prensa de este país proviene de una tradición partidista. Los diarios históricos fueron fundados por partidos políticos y desde esa óptica los leía cada ciudadano. Algunos argumentaban que la verdad surgía de la lectura de varios diarios o semanarios a la vez. Cuando a partir de la década del 80 y 90 comenzaron a surgir publicaciones independientes, los lectores rápidamente intentaron ubicarlos en algún nicho que satisficiera y redujera la incomodidad de no saber desde qué bandera les estaban hablando.</p>
<p>Algunos medios con el tiempo les dieron la razón a los que les buscaban etiquetas. Las explicitaron claramente o las fueron dejando entrever. A otros les buscaron intencionalidades ocultas por determinado apellido en su dirección o su nómina, determinado editorial, gesto o alguna obsesión particular. Fuera o no fuera cierto. En definitiva, lo importante es que hoy parece haber triunfado la tesis de que todo medio debe ser independiente de cualquier partido político. Aunque la lista de matices de esa independencia es enorme.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Están quienes reivindican una filosofía o sensibilidad política, pero demuestran independencia de cualquier partido. Están los que dicen ser independientes pero muestran una y otra vez una línea editorial y decisiones periodísticas que apuntan en determinado sentido, tanto opositor como oficialista. Están los que tienen una historia de filiación partidaria, los que sin tener ese pasado demuestran un presente de sumisión a un grupo político, los que defienden causas pero no partidos. Están los que defienden la bandera de la información pura separada de la opinión, los que se afianzan en el periodismo interpretativo y los que mezclan permanentemente información y opinión, sin tener la deferencia de avisarle a su público cuál es cuál.</p>
<p>Hay que evitar las etiquetas, reconociendo que la objetividad es una utopía, que la verdad pura es un horizonte inalcanzable que solo podemos aspirar a describir desde lejos, pero a cuya búsqueda nunca debemos renunciar. En ese sentido, algunos medios prefieren transparentar cuál es el punto de partida, decirle a su público desde dónde le están hablando, y otros consideran mejor plantearse una difícil –pero admirable– asepsia de origen.</p>
<p>No hay consenso. Esas dos opciones son debatibles. Pero a esta altura, lo único innegociable para tener un periodismo que realmente sirva a la ciudadanía es que cada medio garantice, defienda y potencie lo más básico: la honestidad intelectual, la independencia de cada periodista y la búsqueda de la verdad como simple y elemental antónimo de la mentira.</p>
<p>***</p>
<p><em>Disputatio periodística</em>, el blog sobre periodismo de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/dario-klein-autor/" target="_blank">Darío Klein</a> en <strong>EnPerspectiva.net</strong>, actualiza en forma quincenal, los jueves.</p>
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		<title>Disputatio periodística¿Por qué es más noticia una matanza en París que en Beirut?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Nov 2015 09:30:14 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[atentados en París]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// Todavía sangrante la carnicería que consumó un grupo de yihadistas en París, las redes sociales empezaron...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>Todavía sangrante la carnicería que consumó un grupo de yihadistas en París, las redes sociales empezaron a hacer circular fotografías de un atentado del mismo grupo terrorista, el día anterior, en Beirut. El argumento más manejado era: “¿Por qué los medios de comunicación occidentales le dan tanta cobertura a un ataque y menos al otro?”. La razón es sencilla y es periodística. No se trata de empatía, simpatía o imperialismo. Se trata de periodismo, del concepto mismo de qué es noticia.</p>
<p>El mundo está plagado de acontecimientos. Algunos de ellos se convierten en noticia, es decir, llegan a los medios masivos de comunicación. Otros no. Y dentro de cada medio, algunos tienen más relevancia que otros.</p>
<p>Si bien entre periodistas y académicos no hay una definición precisa de qué es noticia, sí hay un acuerdo general respecto a cuáles son los elementos que requiere un hecho cualquiera para convertirse en tal. Estos son algunos, vinculados a este tipo de suceso:</p>
<p><strong>Impacto, efecto, consecuencia:</strong> los eventos que tienen efectos significativos o a largo plazo son noticiosos por naturaleza. Son hechos que generan efectos perdurables. Pueden ser cambios de liderazgos, hallazgos científicos, modificaciones de leyes o nuevos impuestos. O ataques terroristas que cambian el ajedrez geopolítico.</p>
<p><strong>Cercanía y proximidad:</strong> entre hechos de valor similar, normalmente aquellos que ocurren más cerca geográfica o culturalmente tienen más importancia noticiosa. En un diario local de Salto, un robo será noticia de primera plana, pero en Montevideo tal vez no llegue a ocupar una sola línea del periódico. Una inundación en Brasil con algunos cientos de muertos generará una mayor cobertura que una en China con miles de víctimas. Una serie de atentados terroristas en París, una de las capitales culturales de Occidente, una de las ciudades más visitadas del mundo, cuna de la Ilustración, la república y una de las urbes que más ha influido en la cultura americana, resulta para el público latinoamericano un hecho muy próximo.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p><strong>Lo inesperado:</strong> si se trata de un hecho importante que ya sabemos que va a ocurrir, probablemente genere menos interés que un hecho que no sospechábamos que podría suceder o que nos sorprende. Como una serie de atentados en cadena en París, uno de los cuales afectó en vivo, para todo el mundo, a un estadio de fútbol.</p>
<p><strong>Conflicto:</strong> cuando un hecho tiene elementos de conflicto o controversia, eso aumentará su valor noticioso. Eventos deportivos o elecciones. Debates políticos o entre vecinos. Polémicas internacionales, como las que ha generado el terrorismo islamista o la intervención de potencias occidentales en el “mundo árabe”.</p>
<p><strong>Inmediatez:</strong> la palabra "noticia" lo dice todo. A los medios no les interesa dar a sus lectores, televidentes u oyentes información que ya tienen. Puede tratarse de un hecho que ocurrió hace tiempo, pero que recién ahora<br />
se conoce o un desarrollo de ese hecho que recién averiguamos y comunicamos. Es decir, lo último es más noticia.</p>
<p><strong>Prominencia:</strong> los hechos que involucran a personas conocidas o famosas siempre son noticiosamente más importantes que las que involucran al resto de los mortales. Esto también aplica a ciudades o a los nombres de las víctimas.</p>
<p><strong>Interés humano:</strong> hay historias o noticias que tal vez carecen de otros elementos con valor noticioso pero que, de algún modo, evocan una respuesta emocional del público. Historias de interés humano que tal vez tengan escaso o nulo impacto en las vidas del público, pero que generan una respuesta emocional –amor, odio, ira, simpatía, compasión, curiosidad o miedo–.</p>
<p>Además –y aunque no figure en los manuales– una información de mayor envergadura suele tapar a otra anterior o de menor impacto. Es así. Guste o no, las noticias se van superponiendo unas a otras. Por ejemplo, en Uruguay, un homicidio en verano, época de pocas novedades de tipo político, social o deportivo, siempre genera mayor cobertura que en cualquier otra época del año.</p>
<p><strong>En resumen<br />
</strong>Si repasamos uno a uno estos elementos, veremos que los ataques en París se convirtieron en portada mundial por varios motivos: porque cultural y hasta geográficamente ocurrieron en un lugar con el que tenemos una gran <strong>cercanía</strong>; porque fueron algo <strong>inesperado y sorprendente</strong> que, salvo para expertos o gente muy estudiosa del fenómeno terrorista, no estaba en los planes de casi nadie; porque es evidente, y se verá lamentablemente en los próximos días, que es un hecho que desatará <strong>consecuencias e impacto</strong> a largo plazo dentro y fuera de Francia; porque, además, es un hecho que genera debate, <strong>conflicto</strong>, como se vio precisamente en el intercambio de las redes sociales; y porque solo hay un cierto espacio para las noticias y, al haber una de mayor impacto, la otra queda relegada.</p>
<p>Por último, porque al ocurrir en un lugar con más prensa y mayor conexión mediática internacional es más fácil de cubrir y, por tanto, de dar un buen servicio al público. De algunos lugares en guerra, como por ejemplo Siria, es extremadamente difícil conseguir información o imágenes, pese a los ríos de sangre que corren y las matanzas casi diarias. Allí los periodistas independientes han sido tomados como blanco, decapitados y expulsados. Una de las escasas e insólitas fuentes de información han sido los videos difundidos por el propio grupo Estado Islámico para infundir más terror.</p>
<p>Es cierto, como argumentó mucha gente, que todos los muertos duelen, que todos los muertos valen lo mismo. Personalmente me entristece cualquier hecho que ocurra en Beirut, ciudad que conocí hace poco y me fascinó, como me fascina París. Pero no se trata de qué ciudad nos gusta más o de cuál de las víctimas nos genera mayor empatía. Se trata de periodismo.</p>
<p>***</p>
<p><em>Disputatio periodística</em>, el blog sobre periodismo de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/dario-klein-autor/" target="_blank">Darío Klein</a> en <strong>EnPerspectiva.net</strong>, actualiza en forma quincenal, los jueves.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/blogs/por-que-es-mas-noticia-una-matanza-en-paris-que-otra-en-beirut/">&lt;em&gt;Disputatio periodística&lt;/em&gt;&lt;br&gt;¿Por qué es más noticia una matanza en París que en Beirut?</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Disputatio periodística¿Quién es periodista?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Nov 2015 09:30:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Julio María Sanguinetti]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Tomás Linn]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// Cuando el fuego de la parrilla empezó a extinguirse y las brasas se iban convirtiendo en...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>Cuando el fuego de la parrilla empezó a extinguirse y las brasas se iban convirtiendo en cenizas, empezó lo mejor de la charla. ¿Quién es periodista?, lanzó un amigo. Y ya no pude evitarlo: el resto de la sobremesa versó sobre ese tema. ¿Cómo una pregunta tan simple y directa puede ser tan difícil de responder? Tal vez porque no hay nada más difícil de definir que lo que uno considera evidente.</p>
<p>El diccionario no ayuda. Las <a href="http://dle.rae.es/?w=periodista&amp;m=form&amp;o=h" target="_blank">dos acepciones</a> que ofrece la Real Academia Española (RAE) son vetustas e incorrectas. La primera define al periodista como una “persona legalmente autorizada a ejercer el periodismo”. Falso. Eso tal vez ocurra en algunos países donde todavía resiste la colegiación obligatoria o en regímenes autoritarios. No es la norma y, opino, tampoco lo deseable.</p>
<p>La segunda acepción de la RAE nos define como una “persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión”. Cercano. Pero olvida detalles e ignora todos los nuevos medios, como los surgidos con Internet y las tecnologías móviles.</p>
<p>Entonces, ¿es posible alcanzar una definición apropiada a estos tiempos? Hago un intento. Podría decirse simplemente que periodista es todo aquel que escribe, difunde, habla o aparece en un medio de comunicación masivo. Sin embargo, no es así. Algunas de las mejores plumas de los diarios o reputadas caras de la televisión no son periodistas ni ejercen el periodismo. En televisión suele usarse la palabra “comunicador” o “presentador” para identificar a todos aquellos profesionales que comunican o presentan algún programa en un medio electrónico pero que no cumplen con al menos uno de los dos requisitos básicos del periodismo: conseguir y transmitir información.</p>
<p><strong>Independencia y formación</strong></p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>El ex presidente de la República Julio María Sanguinetti solía comenzar sus cartas dirigidas a los medios con un “estimados colegas” que nos molestaba profundamente. Tal vez en sus primeros años en el diario Acción, Sanguinetti sí ejerció el periodismo. Pero, sin dudas, todo su trabajo posterior como columnista político partidario y, por supuesto, su verdadera vocación política y su trabajo de entonces como presidente, estaban en las antípodas del periodismo. Antes y después, su objetivo como columnista no era informar o analizar, sino argumentar y convencer. El periodismo político partidario no es periodismo. El periodismo es independiente o no es.</p>
<p>Recuerdo una anécdota que nos narró en clase Tomás Linn por los años 90. Contaba que, una vez, un médico le dijo que ambos eran colegas porque él también escribía columnas sobre medicina en no sé qué periódico. Linn le respondió: “También somos colegas en la medicina. Cuando mi hija se enferma, yo le doy aspirina”.</p>
<p>La anécdota es gráfica. No alcanza con trabajar en un medio de comunicación. No alcanza con hacerlo profesionalmente. No alcanza con conseguir y transmitir información. No alcanza con ser independiente. El periodista, además, debe tener formación periodística y ética.</p>
<p>Esto no supone obligatoriamente formación universitaria, aunque es cada vez más evidente su utilidad y necesidad. Pero sí supone que el periodista, aunque sea autodidacta, aunque haya aprendido de un mentor en la redacción, debe estudiar y formarse. Ser autodidacta implica haber aprendido, aunque sea a impulsos individuales. Algunos de los mejores periodistas que he conocido no pasaron por ninguna universidad, pero todos ellos dedicaron muchos años a estudiar.</p>
<p>Entonces ¿quién es periodista? En base a lo anterior, se me ocurre aquí una posible definición: es un servidor público profesional, entrenado y especializado en conseguir, analizar y transmitir información, que se difunde en algún medio de comunicación.</p>
<p>En resumen, el periodista debe, en primer lugar, ser capaz de conseguir información. Existen técnicas para hacerlo. La principal: moverse mucho, hacer muchas llamadas, golpear muchas puertas y dejar la silla del escritorio; las noticias no están en Internet. Pero, en gran medida, esta habilidad depende de lo que algunos llaman "olfato" (tema que trataremos en una futura columna).</p>
<p>En segundo lugar, debe transmitir de manera correcta esa información. Es decir, contar bien las noticias, narrar bien las historias, según las peculiaridades de cada medio (gráfico, audiovisual, escrito, sonoro&#8230;), para que atrapen al público y sean comprensibles.</p>
<p>Tercero: un periodista debe hacer todo eso de manera independiente, sin subordinarse a ningún grupo político o de presión. Ni siquiera a los que integren los propios dueños de los medios en los que trabaje.</p>
<p>Por último, y para que todo esto sea posible, el periodista debe vibrar y sentir pasión por su trabajo. Porque no hay otra forma de hacerlo que sintiendo esa vocación en las entrañas.</p>
<p>***</p>
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		<title>Disputatio periodísticaLa guerra semántica</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/blogs/disputatio-periodisticala-guerra-semantica/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Oct 2015 09:30:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[terrorismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// Las palabras “terrorismo” y “terrorista” vuelven a estar de moda. Desde que George W. Bush dividió...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>Las palabras “terrorismo” y “terrorista” vuelven a estar de moda. Desde que George W. Bush dividió el mundo en buenos y malos, en “<a href="http://edition.cnn.com/2001/US/11/06/gen.attack.on.terror/" target="_blank">los que están con nosotros o en nuestra contra</a>”, ser o no ser terrorista ha sido la cuestión.</p>
<p>Cuando un gobierno desea denostar a un grupo armado que se le opone, lo califica de terrorista. Cuando un grupo rebelde quiere acusar a un ejército enemigo, lo califica de terrorista. Cuando un gobierno quiere bloquear a otro, lo acusa de auspiciar el terrorismo. En Colombia, Venezuela, Europa, en el Medio Oriente, en India, en Pakistán, en África&#8230; La palabra no se limita a una sola zona geográfica, causa o religión, ni es de ahora.</p>
<p>El término aparentemente nació durante la Revolución Francesa, como una etiqueta que reclamaron orgullosamente para sí mismos los Jacobinos. Luego, los anarquistas rusos, a fines del siglo XIX, comenzaron a asesinar a figuras públicas con fines políticos y lo utilizaban como propaganda. Aunque jamás atentaron contra civiles, se consideran los primeros casos de terrorismo tal como lo entendemos hoy.</p>
<p>Desde entonces, el terror fue usado por grupos radicales de derecha y de izquierda, en países subdesarrollados y desarrollados, por motivaciones religiosas, ideológicas, territoriales, nacionalistas… Aunque tal vez nunca, como hasta ahora, con tal desagradable eficiencia. Tal vez por ese mismo impacto –empezando por los atentados del 11 de setiembre de 2001– fue que en este siglo la palabra se transformó definitivamente en epíteto, en mote, en etiqueta.</p>
<p>Por ejemplo, el gobierno español ha hecho durante décadas un esfuerzo constante por lograr que el mundo y sus propios ciudadanos califiquen a la ETA como grupo o, peor, como banda terrorista. Lo mismo con Israel y sus principales antagonistas informales: Hamás y Hezbolá. Colombia y las FARC. Inglaterra y el IRA desmovilizado. Kosovo y el ELK. El Estado Islámico, convertido casi en un paradigma del uso de las herramientas terroristas. Y tantos otros…</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Esto fue oficializado por EEUU, la Unión Europea y hasta la ONU, que han creado sus propias listas de grupos a los que consideran terroristas y de estados que auspician a estos grupos. Estar o no estar en esa lista es clave para funcionar dentro del sistema global.</p>
<p><strong>De qué hablamos cuando hablamos de terrorismo</strong></p>
<p>Más allá de distinciones ideológicas y de determinar quién tiene razón en cada conflicto particular, es importante señalar el punto central de esta columna: el terrorismo es un método y no debería ser, desde lo periodístico, un calificativo. Aunque no hay demasiado consenso en el mundo académico, podría definirse al terrorismo como el apuntar deliberadamente a no combatientes con la intención de, al menos, generar miedo en la población.</p>
<p>Pero si al hablar de terrorismo enfocamos la atención en los autores y no en el hecho, entonces la palabra se convierte en un simple epíteto. Un epíteto que básicamente intenta descalificar al enemigo. Al fin y al cabo los que para unos son terroristas para otros son mártires, combatientes por la libertad, estadistas, Premios Nobel de la Paz o soldados heroicos. Todo depende de dónde estemos parados.</p>
<p>Pero, como siempre, las cosas no son simples. Nunca es sencillo saber cuál fue la intención de una acción violenta: si fue deliberada y si fue para aterrorizar. Tampoco es fácil diferenciar el terrorismo de otros tipos de violencia política. Entonces, como el tema es complejo, la palabra cada vez significa más cosas y, básicamente, a quienes unos y otros llamen terrorista parece estar dependiendo cada vez más de las simpatías. En esta guerra semántica, el ganador será quien logre vender mejor su imagen de víctima a la opinión pública. Si es que eso le sirve de algo.</p>
<p>Para no tomar partido en este debate, los periodistas debemos intentar no entrar en el juego. Por eso, para rechazo de muchos españoles, las agencias de noticias y cadenas internacionales no hablan generalmente de “banda terrorista” y, en su lugar, llaman a ETA “grupo separatista”. Así como llaman a las FARC “grupo guerrillero” y a Hamás “grupo fundamentalista islámico” o simplemente “grupo islamista” o “grupo armado”, para insatisfacción de los gobiernos y poblaciones civiles a quienes atacan.</p>
<p>Es periodísticamente correcto calificar un ataque con bomba o con cuchillo contra civiles como “ataque o atentado terrorista”. Se puede y se debe hablar de terrorismo, pero casi nunca es periodísticamente aceptable calificar al autor o al grupo que está detrás, como terrorista, por más que a quienes tienen su bando definido en cada conflicto esta neutralidad les moleste. En la guerra semántica, los periodistas no deben participar del combate.</p>
<p>***</p>
<p><em>Disputatio periodística</em>, el blog sobre periodismo de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/dario-klein-autor/" target="_blank">Darío Klein</a> en <strong>EnPerspectiva.net</strong>, actualiza en forma quincenal, los jueves.</p>
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		<title>Disputatio periodísticaCuando el perro guardián muerde</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Oct 2015 22:08:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Santo y Seña]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// En los últimos días, la difusión de un informe del programa Santo y Seña en Canal...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>En los últimos días, <a href="http://www.montecarlotv.com.uy/programas/santo-y-se%C3%B1a/videos/rompiendo-el-silencio" target="_blank">la difusión de un informe</a> del programa <em>Santo y Seña</em> en Canal 4 generó debate y varias voces se alzaron para repudiar el tratamiento que en él se hizo del tema elegido. Da la impresión de que por una vez –y ojalá siga así– los periodistas dejamos de lado el corporativismo tan nuestro y nos animamos a discutir sobre nuestro propio trabajo. Algo sano.</p>
<p>Organizaciones como la <a href="http://www.violenciadomestica.org.uy/indexProv.php" target="_blank">Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual</a> y la Asociación de la Prensa Uruguaya (<a href="http://www.apu.org.uy/" target="_blank">APU</a>) emitieron cuestionamientos duros y en redes, corrillos y tertulias entre colegas se reflexionó y, sobre todo, criticó el abordaje: en particular la equivocación ética de entrevistar a una niña de 7 años para que hablara en cámara sobre abusos sexuales sufridos a manos de su abuelo y de sus padrastros.</p>
<p>No pretendo abundar aquí en esos aspectos concretos, que creo que ya han sido suficientemente desarrollados, sino sobre el argumento específico que esgrimió el director del espacio para explicar la decisión de difundir el informe tal como lo hicieron.</p>
<p><strong>El efecto perverso</strong></p>
<p>Para empezar, sería incorrecto decir que se trató de un reportaje sobre “abuso sexual de menores” ya que faltó cualquier tipo de referencia que explicara el fenómeno, sus causas, consecuencias, sus porqués, sus datos generales. Sólo se habló sobre un caso puntual de una familia puntual. Desde ese punto de vista creo que hay que analizar el programa: desde el caso concreto que sacó a luz.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>El programa relató el abuso que sufrieron dos niñas a través de varios testimonios a cara cubierta de familiares y de su abuela, y luego abundó en una entrevista a una de las menores. Allí, la niña de 7 años –con el rostro tapado– cuenta detalles de lo que sufrió. Además, en una especie de cámara oculta realizada por la abuela, da más detalles.</p>
<p>Ante la polémica que ya había desatado la promoción del programa, el conductor y director de <em>Santo y Seña</em>, Ignacio Álvarez, defendió así, al aire, las decisiones tomadas: “Más allá de las criticas a todos seguro que hay algo que nos identifica: procurar lo mejor para los mas débiles. Tratar de evitar que estas situaciones de abusos se perpetúen. Creo que todos, como sociedad y como comunidad, debemos congratularnos, si se quiere, más allá de la felicitación del juez de la causa. Y tratemos de que estas situaciones se hablen. Porque de eso se trata. Este es un programa periodístico, es un programa de televisión y lo que está haciendo es poniendo sobre la mesa una realidad que muchas veces está escondida. Algunos en las ultimas horas me decían: ¿pero por qué el morbo de la niña hablando de la agüita en las partes intimas? ¿Es el morbo o es la realidad? Nadie inventó eso, nadie le puso en boca de la niña la palabra agüita en la parte intima ¿no? Ella lo transmite así. Y gracias a que fue tan explicita y gracias a que nosotros documentamos ese testimonio fue que el juez pudo procesar. Porque solo con “me hace cosas feas” un juez no puede procesar a nadie. ¿Qué quiere decir que el novio de tu madre te hace cosas feas? (&#8230;) ¿cuales son las cosas feas? Sí&#8230; que te tire el agüita de la parte intima en la pancita. O que uno te agarre mientras el abuelo te lambe la pepita, como decía&#8230; Fue gracias a esos detalles, que no es morbo, es la lamentable y triste realidad, que el juez pudo procesar y procesar con prisión a esa madre y al novio de la madre”.</p>
<p>El periodismo no es una ciencia exacta pero, como cualquier oficio o profesión, tiene funciones específicas y reglas éticas. Mucho se ha discutido en escuelas de periodismo y redacciones sobre cuál es la función del periodismo en su acepción más extrema: el periodismo de investigación. ¿Su función es sacar a luz los hechos, señalar aquello que está funcionando mal, ejercer como perro guardián, o denunciar hechos, corregir lo que está funcionando mal, que el perro guardián no solo ladre sino que salga a morder?</p>
<p>La conclusión de los más grandes periodistas del mundo que he escuchado y leído es la primera: el periodismo (sea o no de investigación) debe buscar y sacar a luz, revelar, difundir hechos a veces ocultos o que alguien quiera ocultar. Pero no es su tarea meter a nadie preso o derrocar a ningún gobierno. Esa es tarea de las instituciones.</p>
<p>Aunque el fin del informe de <em>Santo y Seña</em> pueda ser noble, no es el trabajo del periodismo encarcelar a un abuelo y una madre, por más grave que sea lo que hayan hecho. El inicio de un proceso judicial a los responsables de un hecho delictivo es una consecuencia posible y hasta deseable, que depende de la calidad institucional del país. Pero no el fin último del periodismo.</p>
<p>Lo contrario es un efecto perverso de nuestro trabajo. Defiendo la necesidad de más y mejor periodismo de investigación en esta y cualquier democracia, como una señal de vitalidad y riqueza sistémica. Pero, para eso, es necesario separar la paja del trigo y señalar los riesgos que entraña ese papel o su efecto perverso. Si la buena prensa y el periodismo de investigación enriquecen la democracia, su práctica irresponsable puede no hacer más que dañarla.</p>
<p>Algunos de estos efectos perversos: que los medios asuman el papel de jueces; que impulsen campañas para cumplir un determinado objetivo judicial o político más allá de la simple y fundamental difusión de los hechos; que no respeten las normas básicas para corroborar la veracidad de la información que brindan. Es la diferencia entre el periodismo de investigación y el mero periodismo de denuncia. La diferencia entre ser periodistas o ser fiscales.</p>
<p>***</p>
<p><em>Disputatio periodística</em>, el blog sobre periodismo de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/dario-klein-autor/" target="_blank">Darío Klein</a> en <strong>EnPerspectiva.net</strong>, actualiza en forma quincenal, los jueves.</p>
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		<title>Disputatio periodísticaEl niño de la playa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2015 09:30:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Migratoria]]></category>
		<category><![CDATA[ética periodística]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// Seguramente usted ya la vio en varios lados. Un niño de unos dos años, boca abajo,...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>Seguramente usted ya la vio en varios lados. Un niño de unos dos años, boca abajo, en la orilla. En la playa. Camiseta roja recogida, pantalones azules, medias oscuras. Al lado suyo, un rescatista turco.</p>
<p>Algunos calificaron esa <a href="http://www.elmundo.es/internacional/2015/09/02/55e7209646163fb77b8b459b.html" target="_blank">foto</a> como pornografía social. Otros como una imagen icónica, histórica, que marcará un antes y un después en la guerra de Siria y la crisis de refugiados que vive Europa. Casi sin término medio. Algunos medios decidieron publicarla. Otros no.</p>
<p>Lo cierto es que esa imagen de la fotógrafa turca Nilufer Demir, de la <a href="http://www.dha.com.tr/english/" target="_blank">agencia Dogan</a>, ya es parte de la historia, de la memoria colectiva mundial. Y parte de los futuros cursos de periodismo.</p>
<p>Entrevistada después, <a href="http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150905_internacional_migrantes_foto_alan_impacto_egn" target="_blank">Demir dijo</a>: “tenía que tomar esa foto y no lo dudé (…) Lo único que podía hacer era que el mundo escuchara su grito”.</p>
<p>Con distintos criterios, algunos medios la publicaron. Otros no. Algunos no explicaron por qué lo hacían. Otros sí.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>El diario El Mundo de España fue uno de ellos. Difundió en su página web <a href="http://videos.elmundo.es/v/2015/09/02/55e754e1e2704ec5268b45a1-asi-se-debatio-en-el-mundo-el-uso-de-la-foto-del-nino-de-la-playa.html" target="_blank">un fragmento de su “reunión de portada”</a> de las 18.30 del miércoles 2 de setiembre. Allí, su director, David Jiménez, plantea: “Para mí esta es la foto que va a simbolizar el drama, esta es la imagen que va a quedar”. “La guerra es esto –añade el jefe de Fotografía, Carlos García Pozo, mostrando la fotografía– y la huida de los refugiados es esto. Y esta es una imagen que yo creo que tenemos la obligación, como medio, de publicar”. Más adelante, el mismo García Pozo argumenta: “Ni siquiera es una foto escabrosa. Es una foto dura, durísima, hacía mucho tiempo que no veía una imagen tan dura. Pero no es porque sea explícita. Es violenta. Es de una violencia emocional”.</p>
<p>La decisión de ese diario fue publicarla en portada y pixelar la cara del niño. En Gran Bretaña, por tomar otro país como ejemplo, la BBC no publicó la foto ni en la web ni en el aire. Pero el diario The Independent lo hizo <a href="http://en.kiosko.net/uk/2015-09-03/np/the_independent.html" target="_blank">en la primera página</a>.</p>
<p>¿Cuál es la decisión correcta? No hay una receta unívoca. Pocas veces hay una respuesta simple.</p>
<p><strong>Decisiones<br />
</strong>La mayoría de los medios serios tienen reglas que impiden difundir cadáveres o imágenes truculentas y mucho más tratándose de niños. Sin embargo, esas reglas son singulares y deben reflexionarse caso a caso. Aunque cueste definirlo de manera lineal, las excepciones tienen que ver con el valor noticioso del hecho.</p>
<p>Recuerdo en particular dos decisiones en las que me tocó participar:</p>
<p>* El 22 de abril de 1997, el ejército peruano realizó una operación comando para rescatar a 71 de los 72 rehenes que estuvieron durante 125 días secuestrados en manos de guerrilleros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), dentro de la residencia del embajador japonés en Lima. En la acción militar murieron (hay denuncias de que fueron ejecutados) los 14 militantes del MRTA, incluyendo su líder, Néstor Cerpa Cartolini. Horas después, el entonces presidente de Perú, Alberto Fujimori, fue a recorrer el lugar de los hechos y se paseó entre los cadáveres.</p>
<p>En el grupo editorial de CNN en Español discutimos en aquel momento si esa imagen, en la que se veían cadáveres apilados, se podía mostrar.Yo sostenía que la imagen de Fujimori subiendo la escalera, junto al cuerpo inerte de Cerpa, el hombre al que se había enfrentado durante todos esos días, era la síntesis periodística perfecta de lo que había ocurrido. Era fuerte, pero era necesaria. Dentro del consejo editorial había otras opiniones que consideraban que la imagen era truculenta, que podía afectar la sensibilidad del espectador y que no valía la pena mostrarla. La discusión fue furibunda y duró más de una hora, que para un canal de noticias es una eternidad. No hubo consenso, pero sí una decisión: la imagen se usaría solo en los noticieros de la noche y con una advertencia previa de los presentadores.</p>
<p>* 11 de setiembre de 2001. Atentado contra las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington. Antes de que las torres se desplomaran, las cámaras fijas sobre los edificios en llamas empezaron a captar cómo muchas personas desesperadas se arrojaban al vacío. En los monitores del control de CNN aparecían una y otra vez esas escenas. Eran demasiado duras. Demasiado gráficas. Pero resumían con claridad lo que allí estaba pasando. La discusión fue rápida: se usaron. A la noche, con más calma, la discusión fue más lenta. ¿Qué hacíamos? ¿Seguíamos mostrando esas imágenes? Decidimos no abusar de ellas. Las mostraríamos solamente en un informe específico sobre ese asunto, pero no las repetiríamos más allá de eso. Las utilizamos solo ese día. En los informes posteriores no volvieron a mostrarse.</p>
<p>No sé si las decisiones fueron correctas, pero implicaron una reflexión importante. De eso se trata en buena medida el trabajo periodístico: de tomar ese tipo de decisiones, de discutir y decidir en base a criterios periodísticos: no de morbo, no de rating, no de ventas. ¿Informamos más o menos usando la imagen? ¿Servimos más o menos a nuestro público si la difundimos? Esas son las preguntas a hacerse.</p>
<p>Lo cierto es que el impacto de la foto de Nilufer Demir fue global. La imagen fue mencionada en el parlamento británico y, según algunos analistas, incidió en la decisión alemana de abrir las puertas a miles de refugiados sirios, entre otras medidas europeas.</p>
<p>La foto de Kevin Carter en 1993, de un niño sudanés famélico y acechado por un buitre a su espalda. La imagen de un joven chino ubicado frente a un grupo de tanques al día siguiente a la matanza de Tiananmén en 1989. La niña vietnamita corriendo desnuda, llorando, huyendo de un ataque con napalm, captada por el fotógrafo Nick Ut en 1972. A esa selecta lista de imágenes que cambiaron el mundo ahora se suma la foto de Aylan Kurdi. El niño de la playa.</p>
<p>***</p>
<p><em>Disputatio periodística</em>, el blog sobre periodismo de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/dario-klein-autor/" target="_blank">Darío Klein</a> en <strong>EnPerspectiva.net</strong>, actualiza en forma quincenal, los jueves.</p>
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		<title>Disputatio periodísticaDe palabras grandes e históricas</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/blogs/disputatio-periodisticade-palabras-grandes-e-historicas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Aug 2015 09:30:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[manual de estilo]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// Los periodistas tenemos cierta debilidad por “vender” nuestra noticia. A veces lo hacemos haciéndonos eco de expresiones...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>Los periodistas tenemos cierta debilidad por “vender” nuestra noticia. A veces lo hacemos haciéndonos eco de expresiones de terceras personas o del punto de vista de nuestras fuentes. Otras, inconscientemente, como forma de justificar nuestras coberturas y, en definitiva, el valor de nuestro trabajo. Las más, como una forma de enamoramiento con nuestros textos, por considerar que ciertos adjetivos, ciertos calificativos, ciertas frases, van a imponerse en la pantalla o el papel y decorar nuestra prosa.</p>
<p>De esta manera, el hecho que cubrimos o sobre el que vamos a reportar o escribir tiende a ser “histórico”, “impactante”, “dramático”, “inusitado”, “el mayor”, “el más grande”, “el peor”&#8230; Así aparecen las peores sequías que se recuerden, las crisis más grandes, las mayores inundaciones, los desastres históricos, delitos inenarrables, situaciones dantescas, imágenes impactantes y las magnitudes inéditas, que terminan por blindar nuestra credulidad y anestesiar nuestra sensibilidad.</p>
<p>Así, además, caemos en la utilización de vocablos y expresiones sagradas, a veces rimbombantes, sin darnos cuenta del pecado que estamos cometiendo: de tanto usarlas, de tanto abusarlas, tendemos a vaciarlas de contenido. Son las palabras las que construyen o destruyen el mundo. Es necesario que aprendamos a cuidarlas. Aunque no lo parezca, estamos ante un recurso agotable.</p>
<p>Si abusamos de ellas corremos el riesgo de perderlas como aliadas y de carecer de los elementos expresivos necesarios cuando nos hagan falta. Las palabras grandes son como antibióticos: hay que estar seguro de tomarlos, porque su abuso puede reducir su efecto benéfico.</p>
<p>Esto no quiere decir que no debamos llamar a las cosas por su nombre, sino que debemos pensar seriamente si el término que vamos a utilizar es el periodísticamente apropiado. Es importante, en palabras de <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/William_Strunk,_Jr." target="_blank">William Strunk Jr.</a>, “que cada palabra importe”.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>No todo acontecimiento es histórico aunque lo consideremos muy importante. No todo hecho es inédito aunque nos cueste recordar uno similar. “Este ha sido el peor accidente de helicóptero sobre la cordillera en la última década”. La frase existió, fue escrita por una agencia de noticias. Y es absurda. Con algo de creatividad, a casi cualquier acontecimiento podremos atribuirle algún tipo de dimensión histórica. Si no era de la última década, sería del último lustro. Si no era sobre la cordillera, sería sobre el mar.</p>
<p>No todas las marchas y manifestaciones son masivas, aunque así lo quieran hacer ver sus organizadores, ni todos los desenlaces inesperados son algo épico. Cuando un periodista va al fondo de un asunto o denuncia un hecho, no siempre está realizando periodismo de investigación. Y para que una cultura o un lugar sean milenarios, no alcanza con que sean viejos, deben haber durado uno o más milenios.</p>
<p>Hace unos años un colega me comentaba que cuando entró a trabajar al diario La Mañana a los 18 años, hace cuatro décadas, le dieron para leer un pequeño manual de estilo con una frase que lo marcó: “Un hombre no es alto. Mide 1,92”. El hecho de que sea o no alto es un concepto subjetivo y demasiado relativo. Este simple dato ilustra un concepto básico en periodismo: es preferible la precisión al adjetivo, es mejor el dato y la descripción al abuso de calificativos.</p>
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		<title>Disputatio periodísticaEl off the record</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/blogs/disputatio-periodisticael-off-the-record/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Aug 2015 20:32:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[manual de estilo]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// Los periodistas somos ocultadores profesionales. El secreto es una parte esencial del trabajo periodístico. Sin él,...</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>Los periodistas somos ocultadores profesionales. El secreto es una parte esencial del trabajo periodístico. Sin él, no habría noticias ni información y, por tanto, tampoco una ciudadanía bien informada, y sin una ciudadanía bien informada no hay democracia posible. Pero de eso ya hemos hablado. Avancemos&#8230;</p>
<p>Simplificando procesos que son bastante más complejos, los periodistas tenemos dos formas primarias de conseguir noticias: fuimos testigos de algo o alguien nos lo contó. Aunque tal vez para algunos suene extraño, la primera opción es la menos común, sobre todo en un país en el que el periodismo de declaraciones se ha transformado en un culto.</p>
<p>Centrémonos en la segunda. Ese alguien que nos cuenta algo, en la jerga periodística es llamado “fuente” o “fuente de información”. Hay fuentes institucionales, mediáticas, documentales o personales. Y es la relación con estas últimas la que me interesa abordar aquí. Volvamos así a la belicosa frase del principio.</p>
<p>Para informar, los periodistas realizamos pactos con nuestras fuentes. Marcelo Jelen no se equivocaba en <em><a href="http://www.saladeprensa.org/art71.htm" target="_blank">Traficantes de Realidad</a></em>, cuando provocaba así: “por más que los periodistas proclamen lo contrario, el ocultamiento determina su tarea tanto como la difusión (…) este hecho no es malo ni bueno: simplemente, es”.</p>
<p>Es decir, para conseguir una noticia a veces aceptamos ocultar otra. Por ejemplo, el nombre de nuestra fuente o algún otro dato específico. De eso se trata el <em>off the record</em>. El problema es que, tal vez por problemas de traducción, en Uruguay tanto periodistas como fuentes no siempre tenemos o dejamos claro de qué hablamos cuando hablamos “<em>off the record</em>”. Y, para que la cosa funcione bien, es clave que ambos lo definamos.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Según los distintos manuales de estilo de medios y agencias (en este caso de <a href="https://www.apstylebook.com/" target="_blank">Associated Press</a>), hay tres formas de brindar información:</p>
<p><em>On the record</em>: la información puede ser usada sin limitaciones, citando a su proveedor con nombre y apellido.<br />
<em>Off the record</em>: la información no puede ser publicada.<br />
<em>On background</em>: la información puede ser publicada pero solamente bajo ciertas condiciones negociadas con la fuente. Generalmente, la fuente no quiere que su nombre sea publicado, pero acepta que se describa su posición de alguna manera (ej: fuentes ministeriales, fuentes judiciales, allegados a tal persona).</p>
<p>Es muy común la confusión entre el <em>off the record</em> y el <em>on background</em>. Muchas veces, cuando una fuente plantea “te digo esto pero <em>off the record</em>”, en realidad no está sugiriendo que el periodista no publique esa información, sino que no quiere ser citado.</p>
<p>Pero, también es importante que fuentes y periodistas tengan claro que <em>off the record</em> no significa censura. El manual de estilo de <a href="http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/05/10/actualidad/1399739605_201787.html" target="_blank">El País de Madrid</a> lo explica de esta manera: “el hecho de que una información haya sido facilitada por una fuente con la petición de que no sea difundida (en la jerga, una información <em>off the record</em>) no impide su publicación si se obtiene honestamente por otros medios. De otra manera, esa confidencialidad supondría una censura externa para una información que está al alcance del periodista”.</p>
<p>Volviendo a Jelen, la clave de esta relación entre fuente y periodista se resume en una frase: “máxima difusión con el mínimo de ocultamiento”. Si lo que el actor de la información pide ocultar es mayor o más importante que lo que revela, la relación no funciona. El fin del vínculo es comunicar, no acallar.</p>
<p>Además, de no mediar pacto alguno, el periodista presupondrá siempre que la información es publicable. Esa es la base de la relación. El periodista lo es siempre, incluso en sus ratos libres. Cualquiera sea el pacto al que el periodista accedió con la fuente, este debe respetarse a cualquier precio. El periodista debe estar dispuesto a ir a la cárcel, si es necesario, para proteger a su fuente. Para proteger su secreto.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/blogs/disputatio-periodisticael-off-the-record/">&lt;em&gt;Disputatio periodística&lt;/em&gt;&lt;br&gt;El &lt;em&gt;off the record&lt;/em&gt;</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Disputatio periodísticaPeriodismo y publicidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dario Klein]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Jul 2015 21:41:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[ética periodística]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Klein /// El periodismo es “el mejor oficio del mundo”. “El periodismo es una maravillosa escuela de vida”....</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Darío Klein ///</p>
<p>El periodismo es “el mejor oficio del mundo”. “El periodismo es una maravillosa escuela de vida”. “El poder para moldear el futuro de una República estará en manos del periodismo”. “¿Qué otro oficio permite a uno vivir la historia en el instante mismo de su devenir y también ser un testimonio directo? El periodismo es un privilegio extraordinario y terrible”. Frases de Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Joseph Pulitzer y Oriana Fallaci, que describen el honor y a la vez la responsabilidad que implica ejercer el periodismo.</p>
<p>Es de las pocas profesiones que, en los países con buen grado de democratización, están protegidas constitucionalmente. Los pensadores de las democracias occidentales –Tocqueville, Stuart Mill, Montesquieu, Franklin…–  comprendieron rápidamente que la tarea informativa de los medios es clave para que el sistema funcione: como intermediario entre gobernantes y gobernados, como garante del derecho de la ciudadanía a informarse, como control, contrapeso y balance del poder.</p>
<p>Por eso, el oficio del periodista no es uno más. Juega un papel clave en el sistema que hemos elegido la mayoría de los seres humanos para gobernarnos, al menos por esta parte del mundo. Pero, como decía Stan Lee en boca del tío Ben en el <em>Hombre Araña</em>: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.</p>
<p>Esa gran responsabilidad tiene que ver con cómo trabajamos, como desarrollamos día a día nuestra tarea (que será tema de otras columnas) pero, también, con lo que hacemos cuando no estamos desempeñándonos oficialmente como periodistas. Por eso deberíamos respetar, entre otras cosas, algunas normas éticas básicas. Por ejemplo, tratar de evitar el conflicto de intereses. Hay una larga lista de conflictos de interés posibles. Pero en esta ocasión me voy a centrar en uno que es bastante común en Uruguay: los periodistas que hacen publicidad de productos o empresas.</p>
<p>Algo tan normal en Uruguay, pero que en otros países ni siquiera se cruza por la cabeza de ningún periodista. No hay un solo manual de estilo o código deontológico que no desaconseje esta práctica. Y los que no lo mencionan, lo hacen desde la indiferencia hacia algo obvio e indiscutible. El New York Times, por citar un único ejemplo extranjero, va incluso más allá y recomienda que los periodistas eviten dialogar sobre necesidades, metas y problemas, con los departamentos de publicidad del medio.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Incluso nuestro <a href="http://www.apu.org.uy/codigo-de-etica-periodistica/" target="_blank">Código de Ética Periodística</a>, avalado por la Asociación de la Prensa del Uruguay (APU) señala: “se debilita la credibilidad del periodista cuando se incurre en la difusión de mensajes publicitarios explícitos o implícitos, ya sea dentro de los programas periodísticos (publicidad encubierta o no tradicional) o como parte de campañas publicitarias o propagandísticas de cualquier tipo, a excepción de la participación en las campañas de difusión de los medios en los que los periodistas trabajan o en campañas de bien público”.</p>
<p><strong>Serlo y parecerlo</strong></p>
<p>Veamos ahora los motivos. En primer lugar, están dos pequeñas palabras que sostienen buena parte de nuestro trabajo: credibilidad e independencia. Una cosa depende generalmente de la otra. Cuando informamos debemos dejar claro que, aunque podamos tener un punto de vista subjetivo, lo hacemos desde la absoluta independencia no solo política sino también comercial. Eso implica serlo y también parecerlo.</p>
<p>Esa credibilidad, que todo periodista defiende día a día porque es su principal activo, es, al mismo tiempo, lo que pretenden comprar las marcas al contratarlo y pedirle que anuncie su producto. La paradoja es que, al contratarlo para eso, están dañando esa misma credibilidad que compraron.</p>
<p>¿Por qué la dañan? Porque la palabra del periodista está (debe estar) asociada a la verdad quimérica o, al menos, a su búsqueda. Y porque todos sabemos que la publicidad busca justamente lo opuesto: convencer, persuadir, para que alguien actúe de una forma determinada.</p>
<p>Está claro que la publicidad es un pilar de los medios de comunicación, un engranaje vital de la economía de mercado en la que vivimos y que el publicista haría mal su trabajo si no buscara la mejor opción para promocionar su producto.</p>
<p>Por eso considero fundamental que oyentes, televidentes y lectores dejen de considerar aceptables los mensajes publicitarios emitidos por periodistas. Prácticas que, en definitiva, dañan su derecho a estar informados. El derecho a la información no es del periodista, es de la ciudadanía.</p>
<p>Pongamos el ejemplo, nada extraño, de que la empresa anunciada se convierta en sujeto de noticia. ¿Cómo hace un periodista para cubrir a la empresa involucrada en un escándalo si a la vez es la cara de esa empresa? ¿Cómo hace para informar sin sesgo sobre un tema determinado si la gente lo identifica con una empresa vinculada al asunto del que está informando? ¿Cómo hace un periodista para hablar de manera independiente de una crisis de un determinado sector si está anunciando una empresa de ese área?</p>
<p>Pero, además, cuando el periodista es contratado para ser la cara de una empresa, habitualmente eso incluye el usar su figura y voz en cualquier otro medio de comunicación, aunque no sea el suyo. Eso suele derivar en la peculiaridad de que un presentador o periodista de un canal o una radio aparezca en otra radio o canal, incluso en la tanda del programa con el que compite en horario y prestigio.</p>
<p><strong>Cuestión de investidura</strong></p>
<p>Es necesario tener en cuenta que el prestigio que compran las marcas no pertenece necesariamente al periodista. Cuando una marca contrata a un individuo, también alquila su “investidura” o la credibilidad de la posición que ocupa: la tarea que desempeña en un momento determinado como corresponsal, reportero, presentador o figura de tal o cual medio. Ese prestigio no es únicamente nuestro. Por lo tanto, la empresa periodística debería ser la principal interesada en protegerlo, cuidarlo, evitar dañarlo.</p>
<p>Pero, claro está, para eso debe estar dispuesta a pagarle a sus figuras lo necesario, o tal vez alguna prima extra, para que no se vean tentadas o incluso necesitadas a trocar credibilidad e independencia periodística por publicidad.</p>
<p>En charlas con muchos colegas que realizan estas publicidades nunca encontré a ninguno que defendiera la tarea como algo ético. El argumento es económico: el dinero es mucho, por poco trabajo, y es un dinero que el medio en el que trabajan no está dispuesto a pagarles. El argumento es entendible: los medios deben pagarle a sus estrellas como tales, porque, si no, otras marcas lo harán y, al hacerlo, estarán perjudicándolas.</p>
<p>Es decir que la solución a este dilema no está solamente en la conciencia de los periodistas y en que aprendan a decir que no a la tentación del dinero (conozco a muchos que lo han hecho no una sino varias veces). La solución también depende de los medios que los contratan y, sobre todo, de que el público –usted, estimado lector– deje de verlo como algo normal.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/blogs/disputatio-periodisticaperiodismo-publicidad-y-el-conflicto-de-intereses/">&lt;em&gt;Disputatio periodística&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Periodismo y publicidad</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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