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	<title>Héroes olvidados Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
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	<title>Héroes olvidados Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadHéroes olvidados (V): Vera Sienra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Rivero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Aug 2016 09:30:11 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></category>
		<category><![CDATA[Héroes olvidados]]></category>
		<category><![CDATA[Vera Sienra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eduardo Rivero /// Allá por 1970, el gran Joan Manuel Serrat editó una extraña y adorable canción llamada De...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Allá por 1970, el gran Joan Manuel Serrat editó una extraña y adorable canción llamada <em>De cartón piedra</em>, que cuenta la historia de un hombre que se enamoró de un maniquí que veía a diario detrás del escaparate de una tienda.</p>
<div id="attachment_22732" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-22732" class="wp-image-22732 size-full" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2016/08/nuestra-soledad-portada-300.jpg" alt="nuestra-soledad-portada-300" width="300" height="300" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/08/nuestra-soledad-portada-300.jpg 300w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/08/nuestra-soledad-portada-300-150x150.jpg 150w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/08/nuestra-soledad-portada-300-200x200.jpg 200w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/08/nuestra-soledad-portada-300-90x90.jpg 90w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/08/nuestra-soledad-portada-300-64x64.jpg 64w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-22732" class="wp-caption-text">Porta de Nuestra soledad, de Vera Sienra</p></div>
<p>Los que allá por 1969 teníamos 17 años nos enamoramos, con la misma insólita pasión, de la carátula de un disco uruguayo. Un disco llamado <em>Nuestra soledad</em> donde una joven rubia de extraordinaria belleza, retratada con maestría, lucía un misterioso encanto. Digo “misterioso” porque combinaba a la vez un inmenso <em>sex appeal</em> con la belleza casi virginal de aquel rostro de hermosas líneas cuyos ojos no miraban a la cámara sino hacia abajo, mientras mechones de pelo rubio, sacudidos por el viento, pugnaban por ocultar esa cara inolvidable.</p>
<p>El título <em>Nuestra soledad</em> también agregaba misterio y seducción, ya que hablaba no de una cierta soledad individual, sino –al utilizar el plural– de una soledad compartida, lo que de por sí es una idea algo inquietante y, por cierto, decididamente poética. No era “mi soledad” o “la soledad” sino “nuestra”, la de los dos, la de muchos, tal vez la de todos.</p>
<p>Gracias a esa tapa nos enteramos de la existencia de Vera Sienra, a quien empezamos a ver, dicho sea de paso, los domingos al mediodía en el inolvidable <em>Discodromo Show </em>que el Rubén Castillo conducía en Canal 12. La tapa de aquel disco no mentía: la joven era realmente bellísima y como si no bastara, también un talento de la canción de autor.</p>
<p>Diversos vaivenes en la carrera y en la vida de Vera, incluyendo un largo retiro de la escena y los estudios de grabación hicieron que de pronto no haya tenido nunca el sitial preponderante que merecía, por más que ya tiene su lugar genuinamente ganado en la historia de la música popular de este país.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Vera Sienra siempre cantó sus canciones, de letras engañosamente sencillas -hay mucho río poético corriendo por las venas de esos temas- y estructuras melódicas sin mayores complejidades. Un caso parecido, ese de usar acordes de guitarra bien sencillos, al de dos gigantes de la canción uruguaya como Eduardo Darnauchans y Gastón Ciarlo “Dino”, quienes a partir de diseños armónicos casi elementales generaron canciones grandiosas.</p>
<p>Vera nunca puso un ojo en el mercado. Nunca escribió canciones intentando seguir modas. No hizo rock, ni pop, ni folklore, ni “canto popular”. No tuvo influencias de tango, jazz o música de Brasil. Siempre fue, lisa y llanamente, ella misma, escribiendo letras de gran belleza con su personalísimo enfoque de temas universales y eternos como el amor y el desamor, la soledad, las dichas efímeras, la siempre esquiva felicidad.</p>
<p>Y esos pequeños mundos de tres minutos, que son las canciones, los cantó con una voz bien suya que tampoco se parece a ninguna otra, con inflexiones inconfundiblemente personales y el sonido de las “eses” bien marcado, lo cual es uno de sus sellos más propios.</p>
<p>Nunca cantó “como una estrella de la canción”, sino como alguien que te está cantando su nueva canción, guitarra en mano, en el sillón de su living, y en el espíritu de una charla café por medio, entre dos amigos. Su arte tiene la grandeza de la sencillez.</p>
<p>Vera Sienra nació en Montevideo el 11 de noviembre de 1947 y se crió en el hermosísimo entorno del barrio de Punta Carretas. Al saberlo, quienes sucumbimos ante la tapa de su primer disco, nos imaginamos que el viento que mueve su rubio pelo es el de la rambla de Punta Carretas. Habría que preguntárselo a ella, a quien, curiosamente, nunca conocí personalmente, pese a mi medio siglo como testigo presencial de cuanta cosa ha sucedido en la música uruguaya.</p>
<p>Cabe señalarse que además de cantante y compositora, es una poeta reconocida, con dos poemarios editados, <em>Raza de abismo </em>(1975) y <em>Crónica de cornisas </em>(1982), además de una prestigiosa artista plástica con numerosas exposiciones en su haber.</p>
<p>Es importante no olvidar que en aquel disco inicial de 1969 editado por RCA, <em>Nuestra soledad,</em> fue acompañada por el gran Eduardo Mateo en guitarra en varias de las canciones, que también fueron arregladas por él, como en <em>Aquel, </em>el hermoso valsecito <em>Si tiene final </em>y la entonces muy difundida <em>Junto al cristal.</em></p>
<p>Su carrera de cantante tuvo una sorprendente y larga interrupción cuando en 1987 decidió retirarse de escenarios y estudios de grabación, para reaparecer recién en el 2002. En ese lapso, simplemente siguió escribiendo poesía y trabajando como bibliotecaria en el Museo Nacional de Artes Visuales, además de dar a luz a su hija Antonia en 1990.</p>
<p>Tanto en vivo, como en estudios, siempre disfrutó especialmente de las colaboraciones, habiendo participado en innumerables proyectos colectivos.</p>
<p>Además de sus discos solistas <em>Vera </em>o <em>Reino breve, </em>editó discos como <em>En recital </em>junto al dúo Larbanois-Carrero, <em>Gardel posta posta </em>con Pepe Guerra y Pablo Estramín u <em>Homenaje a mi ciudad </em>junto a Dino.</p>
<p>Participó de espectáculos como <em>Reencuentro </em>junto a Erika Büsch, <em>Homenaje a Juana de Ibarbourou </em>junto a Estela Magnone y Gabriela Posada y <em>Homenaje a Amalia de la Vega y Osiris Rodríguez Castillo </em>con Héctor Numa Moraes y Eduardo Yur.</p>
<p>Renglón aparte merece el espectáculo <em>Desde el alma, </em>una suerte de fenómeno de permanencia en cartel al mejor estilo de la obra teatral <em>Barro Negro, </em>ya que se ha venido presentando desde hace más de una década prácticamente sin interrupciones. En él, Vera comparte escenario con Luciano Álvarez, Colomba Biasco, Carlos da Silveira, Guzmán Escardó y Gustavo di Landro.</p>
<p>Pese a su carrera intermitente y a que nunca gozó de una popularidad masiva –que podría decirse tampoco buscó– ha recibido el merecido reconocimiento de ser elegida en 2015 entre los 12 artistas uruguayos en ser <a href="http://www.sodre.gub.uy/espectaculos/espectaculo/273" target="_blank">homenajeados por Agadu y el Sodre</a>.</p>
<p>Del mismo modo en que quedé prendado de la tapa de su primer disco, llevo tatuados en la memoria los versos de <em>Y porqué nos conocimos</em>, una de sus canciones más emblemáticas y difundidas. Un pequeño fragmento de esa letra ya lo dice todo sobre el aliento poético de esta amiga que todos tenemos y que siempre ha sabido cantarnos mano a mano sus cosas, aún sin conocerla, aún a la distancia.</p>
<p><em>“Que sos vos</em></p>
<p><em>que soy yo</em></p>
<p><em>de creer y amar lo mismo</em></p>
<p><em>que sos vos</em></p>
<p><em>que soy yo</em></p>
<p><em>y porque nos conocimos</em></p>
<p><em>compañero que llegaste</em></p>
<p><em>triste como yo</em></p>
<p><em>de llamar donde no hay nadie</em></p>
<p><em>donde a nadie le importó&#8230;”</em></p>
<p>***</p>
<p><em>Urquiza esq. Abbey Road</em> es el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net. Actualiza los miércoles.</p>
<p><strong>Enlace relacionado</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/tag/heroes-olvidados/" target="_blank">Más <em>Héroes olvidados</em> de la música popular uruguaya en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em></a></p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadHéroes olvidados (IV): Jorge Galemire</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Rivero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Jun 2016 22:15:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></category>
		<category><![CDATA[Héroes olvidados]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Galemire]]></category>
		<category><![CDATA[música de Uruguay]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Guitarrista magistral, compositor de hermosas melodías, cantante de voz cálida, arreglador incomparable, interesante letrista. Todo eso era Jorge Galemire. Sin...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Guitarrista magistral, compositor de hermosas melodías, cantante de voz cálida, arreglador incomparable, interesante letrista. Todo eso era Jorge Galemire. Sin embargo, por razones en apariencias inexplicables, su talento no llegó a trascender más allá de una buena parte de los músicos, un puñadito de periodistas y un número dolorosamente pequeño de aficionados.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Si alguien lo tenía todo para ser un héroe de la música uruguaya, ese era Jorge Galemire. Guitarrista magistral, compositor de melodías hermosísimas, cantante de voz cálida y expresiva, arreglador de bandas de instrumentación eléctrica incomparable en la escena nacional y también ocasional pero interesante letrista. También tenía –lo traía desde la cuna– la compañía de ciertos demonios interiores indomables y de dientes afilados, que nunca lo dejaron en paz y fueron determinantes para abonar la planta de su autodestrucción. Fueron asimismo decisivos para que en su tránsito vital tuviera siempre en una mano un globo inflado pero en la otra un alfiler.</p>
<p>Por razones en apariencias inexplicables, su luminoso talento nunca fue percibido más allá de una buena parte de los músicos, un puñadito de periodistas y un número dolorosamente pequeño de aficionados. Aún así es un nombre ineludible si de entender de que vino la música popular uruguaya en las últimas cuatro décadas se trata.</p>
<p>Participó en un número asombroso de proyectos claves como Jaime Roos solo y con Repique, Los que iban cantando, Canciones para no dormir la siesta, Aguaragua de Pájaro Canzani, Buzos Azules de Fernando Cabrera, Nosotros Tres y bandas como El Syndikato y Los Championes. Fue arreglador del disco <em>Hoy canto</em> de Dino y nada menos que del <em>Sansueña</em> de Eduardo Darnauchans –donde además tocó casi todos los instrumentos– y en España viajó y grabó con Jorge Drexler.</p>
<p>Tuvo una discografía solista no demasiado amplia pero sí excepcional de todo punto de vista, que ha sido escuela de nuevos músicos y disfrute de un pequeño público de “enterados”, que incluye <em>Presentación</em> (1981), <em>Segundos afuera</em> (1983) –considerado uno de los más grandes discos uruguayos de la historia–, <em>Ferrocarriles</em> (1987), <em>Casa en el desierto</em> (1991), <em>Perfume</em> (2004), <em>Trigo y plata</em> (2012) y asimismo la recopilación de audios históricos de <em>Nosotros Tres</em>, el show que en 1976 y 1993 compartió con Eduardo Darnauchans y con quien esto escribe.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Su talento de melodista siempre inspirado y sorprendente, sin repetir fórmulas ni atarse a receta alguna se aprecia en canciones como <em>Tus abrazos </em>(grabada junto a Eduardo Mateo), <em>Palabras cruzadas</em>, <em>Casa en el desierto</em>, <em>Un son</em>, <em>La costurera</em>, <em>Puedes oirme</em>, <em>Trigo y plata</em> o la increíble <em>Reina de corazones</em>.</p>
<p>Tuvo como letrista a nombres del peso de Jaime Roos, Mauricio Ubal, Eduardo Darnauchans y Fernando Cabrera. Versionaron sus temas artistas como Laura Canoura, Rubén Rada, Jaime Roos y Fernando Cabrera. Pero todo eso no alcanzó. Y los demonios interiores hicieron su obra acosándolo sin descanso, pinchando proyectos, esparciendo piedras en su camino, colocando un terco palito entre los rayos de las ruedas de su bicicleta existencial.</p>
<p>Galemire fue seguidor de la síntesis genial que hizo Eduardo Mateo entre la tradición afrouruguaya y el universo pop de The Beatles. Y en esa escuela llamada “candombe <em>beat</em>” fue uno de los artistas de mayor peso. Su mano derecha en la guitarra no tenía igual, con la sola excepción del gran Eduardo Mateo. Sus melodías, de una belleza esencial, brillan con luz propia entre los músicos de su generación, por más que el “gran público” nunca se enterase. Sus discos merecieron mejor suerte y repercusión más inmediata, de esa que abre puertas y ayuda a solidificar una carrera de músico profesional.</p>
<p>Nunca logró vivir de lo que hacía, de su talento impresionante, de su sensibilidad exquisita. Ni aquí ni en España, donde estuvo radicado más de una década. Los demonios interiores que siempre lo acompañaron también se subieron al avión que lo depositó en Madrid en 1991.</p>
<p>Me duele especialmente esto, no solo por mi condición de amante de la música popular uruguaya sino también porque a partir de un recreo en el Dámaso en 1967, cuando lo conocí, fuimos amigos íntimos y compañeros de música durante nada menos que 48 años.</p>
<p>Jorge había nacido en Montevideo el 11 de marzo de 1951 y murió también aquí el 6 de junio de 2015, hace apenas un año. Fue hijo único en el hogar –que conocí muy bien– de una madre adorable y permisiva y un padre severísimo, difícil y en ocasiones tiránico, que sin embargo y a su modo, apoyaba a su hijo, aunque a la vez se la hizo difícil la mayor parte del tiempo.</p>
<p>Se crío mitad en el acomodado barrio de Punta Carretas y mitad en el proletario barrio de Villa Española. En los años iniciales de la secundaria tocaba la armónica sin descanso hasta que un vecino de Villa Española, Oscar Nieto, le enseñó los primeros acordes en la guitarra. Lo conocí pocos meses después de esas enseñanzas –que fueron su única “educación musical”– y ya tocaba asombrosamente bien, prácticamente sin diferencias al modo en que tocaría siempre.</p>
<p>Tocó con medio mundo. Grabó con medio mundo. Se labró una sólida reputación de enorme músico. Las bellísimas guitarras eléctricas que se escuchan en clásicos de Jaime Roos como <em>Durazno y Convención</em> y <em>Una vez más</em> son suyas, por ejemplo.</p>
<p>Duró poco en la banda de Jaime. Duró poco en Los que iban cantando. Tras ser arreglador de <em>Sansueña</em> no volvería a ser arreglador de otro disco completo de Darnauchans. Los demonios siempre lo acosaron y lo hirieron con infalible puntería y fanático empeño. A cierta altura la semilla de la autodestrucción estaba plantada y ya nada –ni nadie– detendría su crecimiento. Ni el amor de su mujer, ni la devoción de sus amigos, ni sus tres hijos.</p>
<p>Jorge se convirtió en un tipo impredecible, pendular, que oscilaba entre la euforia más absoluta y el bajón más profundo. Durante casi medio siglo nos vimos casi semanalmente y nunca sabía con cual de los dos me iba a encontrar, si con el Jorge brillante, agudo, encantador y dueño de un sentido del humor arrollador, o con el otro, caótico y difícil.</p>
<p>Los excesos mellaron gravemente su salud. Galemire no se mató al contado, sino en cómodas cuotas, pero lo hizo en forma injusta y prematura. En abril de 2015 empezó a llegar lo peor. Una tarde, conectado a los monitores del CTI del Hospital Maciel, me hizo una seña de que me acercara, y con voz susurrante me dijo:</p>
<p>—Acercáte que te voy a cantar algo.<br />
—¿Acá me vas a cantar algo? —respondí sonriendo, llorando por dentro.<br />
—¿Y porqué no? —agregó soltando una risa inesperada— ¿Dónde dice que aquí no se puede cantar?</p>
<p>Me acerqué y entonces escuché su inconfundible voz, bajita pero perfectamente audible: "Se terminaron para mi todas las farras/mi cuerpo enfermo no resiste más&#8230;" Nos reímos juntos, como tantas, tantas veces. La muerte es como un enorme terreno baldío para todos los aún vivos. Un terreno al que podemos entrar, en ancas de la memoria de quienes ya se han ido, para buscarlos con ahínco y desesperación. Sabemos que allí están, sentimos se cercana presencia pero por más que caminemos para aquí y para allá no logramos verlos.</p>
<p>Desde hace un año paseo por ese baldío buscando al Gale sin encontrarlo, aunque percibiendo su cercanía. Y como anda por ahí cerca, la insulto por no cuidarse, por no quererse como lo quisimos tantos, por sucumbir a los demonios, por llevarse con él una parte de mi vida que ya no regresará, por las charlas que no tendremos, los discos y películas que no compartiremos, las risas que no reiremos, las nuevas canciones que no escribiremos.</p>
<p>Quedan sus discos. Sus inmensas canciones. Su mágica guitarra impresa para siempre en la tecnología que ya no en la vida. A disfrutar su música como Galemire merece. A revivirlo en sus discos si tal cosa es posible. Y si no lo es, a intentarlo igual.</p>
<p>***</p>
<p><em>Urquiza esq. Abbey Road</em> es el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net. Actualiza los miércoles.</p>
<p><strong>Foto:</strong> Jorge Galemire (Archivo). Crédito: Javier Calvelo/adhoc Fotos.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadHéroes olvidados (III): Urbano Moraes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Rivero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 May 2016 09:30:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></category>
		<category><![CDATA[El Kinto]]></category>
		<category><![CDATA[Héroes olvidados]]></category>
		<category><![CDATA[música de Uruguay]]></category>
		<category><![CDATA[Urbano Moraes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Urbano Moraes es el último hippie de la primera hora que queda en Montevideo. A sus 67 años todavía usa el pelo largo...</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Urbano Moraes es el último hippie de la primera hora que queda en Montevideo. A sus 67 años todavía usa el pelo largo y un bigote fino que le da ese aspecto de híbrido entre Bruno Mauricio de Zabala y D&#8217;Artagnan, aunque el pelo y el bigote estén casi totalmente blancos y su rostro muestre la tenacidad con la que el tiempo deja sus huellas. Pero su sonrisa, su ánimo festivo y lo que es mejor, su inmenso talento musical, siguen iguales.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Muy pocos de entre las nuevas generaciones saben quién es ese modesto profesor de bajo de barrio, chiquito, flaco y peludo, que se desplaza por una ciudad a la que ayudó a definir musicalmente junto a leyendas como Eduardo Mateo y Rubén Rada, con quienes creció y compartió proyectos musicales fundamentales de la música popular uruguaya.</p>
<div id="attachment_19069" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-19069" class="wp-image-19069 size-medium" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2016/05/20120229JC_1120-ok-300x199.jpg" alt="Urbano Moraes. Foto: Javier Calvelo / adhocfotos" width="300" height="199" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/05/20120229JC_1120-ok-300x199.jpg 300w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/05/20120229JC_1120-ok.jpg 500w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-19069" class="wp-caption-text">Urbano Moraes. Crédito: Javier Calvelo/adhoc Fotos. <a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2016/05/20120229JC_1120-ok.jpg" target="_blank">Ampliar (+)</a></p></div>
<p>Voy a ser muy directo: Urbano Moraes es uno de los más grandes bajistas uruguayos de todos los tiempos, un bajista melódico, a lo Paul McCartney, y sobre todo uno de nuestros más asombrosos cantantes. Asombroso de verdad, con un timbre potentísimo, metálico, y una expresividad increíble que abarca todos los matices imaginables. El <em>swing</em> rítmico de su voz es únicamente equiparable al del gran Rubén Rada.</p>
<p>Hace muchos años, en una recordada entrevista, Jaime Roos –en pleno dominio de sus facultados y sin temor al ridículo– dijo sencillamente: “Urbano es el mejor cantante del mundo”. Es que Jaime integra la generación de quienes crecimos adorando a Mateo, Rada y toda la barra de El Kinto, donde Urbano fue un componente esencial.</p>
<p>Urbano Moraes nació en Montevideo 27 de febrero de 1949. Cuenta la leyenda que aún adolescente <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Xl10wO4HV7M&amp;feature=youtu.be&amp;t=1m32s" target="_blank">fue a Palacio de la Música a comprar un teclado</a>, que era el instrumento donde se defendía “de oído”, pero no encontró ninguno que estuviese al alcance de su bolsillo y por eso optó por el bajo, que era el instrumento más barato. Se compró un humilde "Black Diamond", que era la marca del Palacio dedicada a los pibes que arrancaban en el estudio musical.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>En 1966 se estrenó en Montevideo la pieza teatral <em>The Knack</em>, de Ann Jellicoe, que tuvo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=3kHxymZO1rU" target="_blank">una exitosa versión fílmica</a> titulada <em>The Knack &#8230;and How To Get It</em> dirigida por Richard Lester, responsable de los filmes de The Beatles <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=TWbiVqlSMgc" target="_blank"><nobr>A Hard</nobr> Day&#8217;s Night</a></em> y <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=n_GOaRaTaJo" target="_blank">Help!</a></em>. La puesta en escena montevideana pedía una banda de rock a un costado del escenario y esa banda, como no podía ser de otra forma, se llamó The Knacks y estuvo integrada por los guitarristas Giuseppe “Pippo” Spera y Gonzalo Vigil, el baterista Quico Ciccone y Urbano en bajo y voz.</p>
<p>La banda tuvo tanto éxito que tocó por aquí y por allá durante aquel 1966 y el año siguiente, convirtiéndose en la primera banda local réplica de los Beatles. Quienes la vieron en vivo –entre otros mi amigo Jorge Galemire– dicen que era asombroso el modo en que tocaban el repertorio <em>beatle</em> copiando hasta el último detalle vocal e instrumental. The Knacks fue además la primera banda de rock en presentarse en el entonces inexpugnbale reducto de la música culta que era el Teatro Solís.</p>
<p>El paso siguiente en la carrera de Urbano fue integrase a ese milagro musical llamado El Kinto Conjunto, más conocido como El Kinto, a secas. Analizar en esta nota la majestad de El Kinto y su influencia monumental en el desarrollo posterior de la música popular uruguaya sería imposible. Diré, a modo de adelanto de alguna nota especialmente dedicada a este tema, que fue la banda de Mateo y Rada, la que por primera vez fusionó la música de raíz afrouruguaya con el pop y el rock, y la primera banda de rock en componer y cantar en español (sí, claro que ya estaban Los Iracundos, pero no podrían definirse exactamente como una banda de rock).</p>
<p>El público joven uruguayo descubrió al Kinto en los mediodías de domingo de Canal 12, cuando el gran Rubén Castillo los presentaba haciendo “<em>playbacks</em>” grabados previamente en una toma en el viejo estudio Sondor. Las históricas grabaciones supervivientes de El Kinto que son motivo de estudio, de disfrute y hasta <a href="http://www.lionproductions.org/all.html#ELKINTOLP" target="_blank">de culto fuera de fronteras</a> no son otra cosa que esos <em>playbacks</em> hechos para la televisión.</p>
<p>El Kinto arrancó allá por 1966, 1967, y en 1968 Urbano sustituyó al bajista inicial Antonio Lagarde. También le tocó la titánica tarea de ser el cantante que ocupara el lugar de Rada, que se había marchado a Perú con un buen contrato. Un solo músico uruguayo era capaz de enfrentar semejante desafío y allí nació la leyenda del bajo y la voz de Urbano, que realmente logró disimular la ausencia de Rada.</p>
<p>Urbano fue el bajista en los clásicos temas de El Kinto <em>Qué me importa</em>, <em>Muy lejos te vas</em>, <em>Esa tristeza</em>, <em>Suena blanca espuma</em> y <em>Príncipe Azul</em>, y fue voz principal en la maravillosa <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=sqcgJfSm6_E" target="_blank">Yo volveré por ti</a></em> y en la rockerísima <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=tG_FjQImj84" target="_blank">Pippo</a></em>. La integración 1969 de la banda, que también incluía a Mateo y a Walter Cambón en guitarras, Mario “Chichito” Cabral en tumbadoras y el notable baterista Luis Sosa, participó en las inolvidables <em>Musicasiones</em> creadas y producidas por Mateo y Horacio Buscaglia en el Teatro El Galpón. Eventos asombrosos e irrepetibles, monumentos al absurdo y el eclecticismo, donde la música barroca se unía con el tango, el bolero y, por supuesto, el rock.</p>
<p>Yo estuve allí, la noche en que se realizó <em>Musicasión III</em>,cuando un desperfecto en el equipo de sonido hizo que Buscaglia le pidiese a Urbano que se sentase el piano y, bajo un foco cenital rojo sangre, improvisase una canción. Puedo verlo aún, con su largo pelo y su cara ladeada <a href="https://www.youtube.com/watch?v=pQSyThYXf64" target="_blank">cantando</a>:</p>
<blockquote><p>Si en la oscura noche sientes mi dolor<br />
dile al viento que se lleve mi color<br />
vuelve<br />
a esperar que salga el sol&#8230;</p></blockquote>
<p>Uno de los más raros momentos de comunión emocional entre artista y público que he presenciado en mi vida. Algo sublime. Urbano grabaría luego en Sondor esa “improvisación” y el tema estaría incluido en el memorable disco del sello De la Planta <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=eB45m9JEzIQ" target="_blank">Musicasión 4 y 1/2</a></em>, de 1971. Urbano pintaba para gran estrella. Pero vino el quiebre institucional, sobrevino la dictadura y marchó al exilio, primero en Buenos Aires en 1973 y desde 1975 y hasta 1982 en España, donde integró la importante banda Imán. Aún así, en 1974 grabó en estudios Sondor un puñado de temas que serían parte de su disco <em>Caminar detrás I y II</em> que recién sería editado como CD en 2002.</p>
<p>Cuando ya no había dictadura en Argentina y la de Uruguay se despedía, regresó al Río de la Plata para integrar la más notable banda que Rada haya tenido, junto al guitarrista argentino Ricardo Lew, el tecladista uruguayo Ricardo Nolé y el fenomenal Osvaldo Fattoruso en batería. Rada estaba en la cúspide del otro lado del Plata y Urbano trabajó mucho y bien.</p>
<p>Con los años vendrían otros intentos solistas, entre los que se destaca el prolijo disco editado por Ayuí en 1998, <em><a href="http://www.tacuabe.com/disco/desde-todos-los-suenos/" target="_blank">Desde todos los sueños</a></em>. La memoria me lleva a la que fue su canción más emblemática, a comienzos de los años 70, <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=SkCHD9jFGaY" target="_blank">Vamos a mirarnos más de frente</a></em>, que tenía pasta de <em>hit</em>, que es hasta hoy su canción más conocida y que Urbano cantaba como nadie más podría hacerlo:</p>
<blockquote><p>Porque ya el verde de los campos no es tan verde<br />
porque ya el brillo de tus ojos no se luce<br />
porque ya el sudor nos ha tapado la vergüenza<br />
vamos a mirarnos más de frente&#8230;</p></blockquote>
<p>Una noche del verano del 72, tras una actuación de la banda Totem en el Club Albatros del balneario Salinas, Urbano me enseñó a tocar su canción ya entrada la madrugada, en los asientos delanteros de la camioneta Simca de mi viejo. Así pasen cien años no voy a olvidar la emoción del momento y la increíble voz de Urbano, estallando en colores nunca adivinados.</p>
<p>***</p>
<p><em>Urquiza esq. Abbey Road</em> es el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net. Actualiza los miércoles.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/blogs/urquiza-esq-abbey-roadheroes-olvidados-iii-urbano-moraes/">&lt;em&gt;Urquiza esq. Abbey Road&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Héroes olvidados (III): Urbano Moraes</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadHéroes olvidados (II): Tabaré Etcheverry</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Rivero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 May 2016 19:26:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></category>
		<category><![CDATA[Héroes olvidados]]></category>
		<category><![CDATA[música de Uruguay]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eduardo Rivero /// Dos elementos de peso hicieron fuerza para que Tabaré Etcheverry no ocupase un merecido sitial entre...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Dos elementos de peso hicieron fuerza para que Tabaré Etcheverry no ocupase un merecido sitial entre los héroes principales de la música popular uruguaya: su prematura muerte, ocurrida en 1978, y una infamia, de la que hablaremos más adelante.</p>
<p>Etcheverry fue una voz portentosa, que manejaba con una amplitud de recursos técnicos tal vez única entre sus colegas del canto de raíz foklorística; lo tenía todo: un hermoso timbre, amplitud de registro, poderosa emisión, un vibrato “cortito” de enorme perfección y ese plus de emotividad y poder de seducción que distingue a los más grandes intérpretes. Por lo demás, era un sensible autor, habiendo escrito el grueso de su repertorio, basado en un retrato veraz del interior profundo y de su gente más que en historias de amor o exaltación política.</p>
<p>Tabaré Etcheverry Tort nació en Melo, Cerro Largo, el 28 de octubre de 1945 y murió en Montevideo el 21 de abril de 1978 con apenas 33 años. Su verdadero nombre era José Francisco Etcheverry, y en principio sus apodos fueron "Pepe" y el no tan previsible “Pecho e&#8217;fierro”. Lo de “Tabaré” surgiría con el gran éxito alcanzado por la canción homónima, de su autoría.</p>
<p>Fue hijo de dos pobladores de la zona rural conocida como Posta del Chuy, Atenor Etcheverry y Adelaida Tort. Su vida comenzó en ese ámbito rural, para seguir, durante los años escolares, en la capital departamental. Terminada la primaria se mudó a Florida, desde donde, apenas dos después regresó a Melo.</p>
<p>El medio artístico de Cerro Largo, tan pródigo en figuras esenciales de la cultura uruguaya, como Amalia de la Vega, el payador Carlos Molina o la poeta Juana de Ibarbourou, presenció su debut musical como integrante del conjunto Los Pilareños, fuertemente influido por el folklore argentino que por aquel entonces gozaba entre el público de gran aceptación. Con ese grupo se presentó también en Montevideo y el sur de Brasil. Paralelamente, también integró el grupo Los Caribes dedicado al bolero y otros ritmo tropicales.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Con apenas 18 años se casa con Nilza Borba, que le daría tres hijas. Muy joven fue “descubierto” por Pepe Guerra de Los Olimareños, quien lo motiva para radicarse en Montevideo invitándolo a presentarse en la vinería De Cojinillo. Instalado en la capital, se separó de su primera esposa y se casó con Ivonne Abella, que seria madre de un hijo y una hija suyos.</p>
<p>No le fue fácil encarar en principio una carrera solista, y por eso su trayectoria montevideana arrancó integrando el dúo Los del Ceibal, pero de inmediato el público advirtió en él una voz excepcional, y ya su carrera solista no tendría marcha atrás. Se presentó junto a artistas de primera línea del momento como Los Olimareños, Eustaquio Sosa, José Carbajal “El Sabalero”, Héctor Numa Moraes y Los Zucará. Y en ocasión de un espectáculo a beneficio de la Asociación de Empleados de Canal 5, en 1968, conoció personalmente a Alfredo Zitarrosa.</p>
<p>Su carrera discográfica se inicia en 1969 con una pequeña obrita de cuatro canciones dedicadas a José Artigas editadas en dos discos simples con el título de <em>El es uno de nosotros</em>. Otros discos suyos fueron <em>Tabaré</em>, <em>Tabaré Etcheverry interpreta a Tabaré Etcheverry</em>, <em>La obra bienvenida</em>, <em>Un chasque de amor</em>, <em>Los inmigrantes</em> y <em>Crónica de hombres libres</em>, este último grabado en Buenos Aires en 1972 con recitados a cargo del legendario actor Alberto Candeau. Participó también en numerosos discos colectivos.</p>
<p>En 1971, brevemente probó suerte en Buenos Aires sin obtener la repercusión que merecía. Entre sus canciones más célebres se encuentran <em>Ecos para un lamento</em>, <em>El pulguita</em>, <em>El mulitero</em>, <em>Pueblito Sequeira</em>, <em>Cuzco rabón</em> y especialmente <em>De poncho blanco</em> en homenaje a la gesta de Aparicio Saravia y <em>Tabaré</em>, donde demostraba un virtuosismo vocal tan asombroso que prácticamente nadie ha intentado una versión de ese tema, en el entendido que la suya es la interpretación incomparable y definitiva.</p>
<p>Una tarde del verano de 1969, en la casa que enfrenta a la mía, <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/marindia-y-la-banda-sonora-de-mi-vida/" target="_blank">en el balneario Marindia</a>, en medio de una rueda de veraneantes, se encontraba en el jardincito delantero Tabaré Etcheverry en carne y hueso, guitarra en mano, cantando con su poderosísima voz. Era la casa de su representante, mi inolvidable amigo Héctor Gómez, “Pirincho”, que luego sería <em>manager</em> nada menos que de Los Olimareños. Mis padres y yo cruzamos a escucharlo de al lado y conocerlo, y a la noche fuimos a ver su espectáculo a las puertas de un humilde supermercadito marindiano llamado Novo Estoril que todavía existe.</p>
<p>Tabaré era flaco pero musculoso, lucía un enorme bigote y su pelo pulcramente peinado a la gomina “para atrás” como era clásico en la época, y no solo era tremendo cantante sino que además se reveló como un tipo divertido, antisolemne y de una desbordante simpatía. No olvidaré nunca que en ese “recital de jardín” escuché por primera vez la canción <em>Chiquillada</em> de Carbajal, que Etcheverry ayudó a difundir, en una deliciosa interpretación cuidada al mínimo detalle.</p>
<p>Cuando tenía todo para llegar a lo más alto enfermó de cáncer y fue víctima de una infamamia que comenzó a circular en los años iniciales de la dictadura. El rumor decía que “trabajaba para los servicios” o, dicho sin tanta solemnidad, que “era tira”, algo que jamás llegó a probarse con documentos de ningún tipo. Lo que sí está probado es que fue hostigado y encarcelado por el régimen. Etcheverry pagó un enorme precio anímico, de acuerdo al testimonio de muchos amigos suyos a quienes conozco personalmente.</p>
<p>El recitador y monologuista Carlos Cresci, por ejemplo, persona de su amistad, ha declarado que aquello era una total falsedad, definiendo con maestría que se trató de “monedas falsas que circularon de mano en mano”. Washington Carrasco, colega y amigo suyo, al punto que en su casa tiene encuadrada una gran foto junto a Etcheverry, también me ha desmentido categóricamente ese hecho en forma personal. Pero el daño estaba hecho y sin dudas fue irreparable. Todavía hoy existe quien se hace eco de todo aquello.</p>
<p>Aún así, Tabaré Etcheverry continúa siendo una referencia en el canto uruguayo y pese a no ostentar el sitial que merece, igualmente ha recibido numerosos reconocimientos y homenajes. Washington Carrasco y Cristina Fernández han grabado la canción <em>A Tabaré Etcheverry; e</em>l cantautor Manuel Capella grabó por su parte <em>Milonga del alma de Tabaré</em>; en su honor una conocida banda de rock se denomina Pecho e&#8217;fierro, y en la ciudad de San José una calle lleva su nombre, lo mismo que en su Melo natal, donde en esa misma calle se erige un busto en su homenaje. En 1995, cuando se cumplió el bicenetenario de Melo, fue uno de los cuatro artistas a los que la ciudad rindió homenaje.</p>
<p>Tabaré Etcheverry no llegaría a presenciar el auge del llamado “canto popular” de los años finales de la dictadura, donde hicieron su agosto artistas muchísimo menos dotados que él. De todas formas, no es posible ir a fondo en la historia de la canción popular uruguaya sin encontrarlo, disfrutarlo y admirarlo como merece.</p>
<p>***</p>
<p><em>Urquiza esq. Abbey Road</em> es el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net. Actualiza los miércoles.</p>
<p><strong>Nota relacionada</strong><br />
<em>Urquiza esq. Abbey Road</em>: <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/urquiza-esq-abbey-roadheroes-olvidados-i-pajaro-canzani/" target="_blank">Héroes olvidados (I): Pájaro Canzani</a></p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadHéroes olvidados (I): Pájaro Canzani</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Rivero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Apr 2016 22:25:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></category>
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		<category><![CDATA[música de Uruguay]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>La música popular uruguaya tiene un grupo de héroes que ya son leyenda. Una suerte de club exclusivo al que se accede, en primer lugar, por talento, pero que requiere también la aprobación y el apoyo popular. A él pertenecen nombres como Zitarrosa, Rada, Roos, Los Olimareños, Carbajal, Darnauchans&#8230;</p>
<p>Pero existe otro grupo de músicos que cumplen cabalmente con la primera de las dos condiciones pero que –por razones no siempre tan claras o evidentes– no han cosechado un reconocimiento popular masivo. A esos "héroes olvidados" estará dedicada esta serie que comienza hoy con uno de los mayores talentos naturales de nuestra música popular, Carlos “Pájaro” Canzani.</p>
<p>Suele hablarse de la “Generación 1973” para citar a un grupo de músicos surgidos alrededor de ese año, que escribirían un capítulo fundamental en la historia de nuestra música popular. Allí estuvieron, como talentos emergentes, Jaime Roos, Eduardo Darnauchans, Jorge Galemire, Jorge “Choncho” Lazaroff y, por cierto, Pájaro Canzani.</p>
<p>Quienes estuvimos en los dos ciclos fundacionales del Pájaro, en 1974 en el Teatro Circular y en 1975 en la Alianza Francesa no olvidaremos el torrente de talento y carisma que Canzani volcaba en escena, secundado por una banda impresionante. Aunque muchos hoy no lo crean, en aquella generación del 73 el Pájaro fue el primero en destacarse y recibir el fervor del público.</p>
<p>Cuando se encontraba en lo más alto de su popularidad, Canzani optó por irse del país ingresando como bajista del grupo chileno Los Jaivas, para nunca más volver a radicarse en Uruguay, por más que ha venido una y otra vez, y que algunos discos grabados en el exterior –fundamentalmente en Francia, donde aún reside– se han editado localmente.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Fue algo bastante inexplicable. Un misterio. En alguna vieja madrugada parisina pude charlarlo mano a mano con el Pájaro y ni él sabe explicarlo: simplemente era tentador irse con la banda chilena y se fue, dejando atrás un desconcertado público que llenaba salas y gozaba y bailaba como muy pocas veces ha vuelto a verse.</p>
<p>Un par de años después de su inesperada partida se presentó en Montevideo con Los Jaivas. Su trabajo de bajista era bastante anodino y prácticamente no tenía ninguna vocalización solista, para desazón del público montevideano que lo había admirado en su carácter de notable voz. Pero estaba formando parte de un grupo “internacional”, lo que dio pie a un grito anónimo, de esos que nunca faltan en la oscuridad de una sala, y que suelen dar cruelmente en el blanco: “¡Llegaste lejos, Pajarito!”.</p>
<p>Carlos “Pájaro” Canzani nació en Fray Bentos el 15 de enero de 1953, hijo y sobrino de conocidos músicos populares del departamento de Río Negro. En 1971, a los 17 años, resultó ganador en el Parque Harriague de Salto del Segundo Concurso Nacional de la Música y la Canción, en la categoría “solista <em>beat</em>”. A la luz de ese éxito decidió probar suerte en Montevideo y ya no habría camino de retorno a Fray Bentos.</p>
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