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	<title>Omran Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
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	<title>Omran Archives - Radiomundo En Perspectiva</title>
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		<title>La orgía de los asesinos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rafael Mandressi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Sep 2016 15:00:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Tiene La Palabra]]></category>
		<category><![CDATA[Bashar Al Asad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Rafael Mandressi /// Alineados y atentos, una decena de hombres en sillas de ruedas esperan la señal de largada...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="100%" height="166" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/282562158&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
<p>Por Rafael Mandressi ///</p>
<p>Alineados y atentos, una decena de hombres en sillas de ruedas esperan la señal de largada para lanzarse hacia la meta. Los espectadores alientan a sus favoritos, si los tienen, o aguardan simplemente el desarrollo de la carrera, con la expectativa puesta en la fuerza, la habilidad y la motivación de cada uno de los competidores para superar en velocidad a sus rivales. A falta de piernas, ausentes o paralizadas, se trata de hacer valer el músculo y la técnica de los brazos, encargados de impulsar las sillas de ruedas y de maniobrarlas. Quien consiga hacerlo mejor, vencerá y recibirá aplausos.</p>
<p>No habrá medalla, sin embargo, ya que esta carrera no tuvo lugar en los juegos paralímpicos de Río de Janeiro, sino en la ciudad siria de Duma, el jueves pasado. Las sillas de ruedas no se desplazaban en los carriles de una pista de atletismo ni los espectadores estaban ubicados en las gradas de un estadio, sino entre las ruinas de una ciudad sitiada y bombardeada desde hace más de tres años. Duma es prácticamente un suburbio de Damasco, es también uno de los bastiones emblemáticos de la resistencia al régimen de Bashar el Assad, y un lugar donde la metralla, las armas químicas y la aviación rusa no solo han matado a mansalva, sino que han dejado una legión de mutilados, como los que el jueves decidieron sentirse todavía vivos y aprovecharon una pausa en el diluvio de fuego para correr una carrera.</p>
<p>En Alepo, la ciudad más poblada de Siria, los 250.000 habitantes de la zona este soportan, al igual que los de Duma, el asedio y los bombardeos. Mientras el cerco los mantiene aislados, sin ayuda ni alimentos y al borde de la hambruna, los aviones del régimen reducen a escombros hasta los hospitales, como el de al-Qods, donde en abril pasado el último pediatra que quedaba en el sector murió bajo las bombas. En Homs, la tercera ciudad del país, la destrucción es aún mayor, si cabe, que en Alepo. El paisaje se repite: barrios enteros devastados, donde lo que queda en pie son las sombras calcinadas de lo que fue, edificios bajo cuyos restos deformes yacen cadáveres, gente atrapada en las ratoneras del horror.</p>
<p>La infame contabilidad de esta guerra indica que hoy son más de 600.000 las personas que en Siria viven sitiadas, que los muertos en los últimos cinco años han sido 300.000, y que los refugiados suman millones: tal vez cuatro, tal vez más. Todos hemos visto imágenes de los estragos, del polvo y de la sangre, de la desolación inconsolable y furiosa de un país hecho pedazos, demolido con saña por propios y ajenos. Todos hemos visto la fotografía de un niño sirio de tres años, llamado Aylán, muerto en una playa turca después del naufragio de la embarcación en que su familia intentaba llegar a Europa huyendo de las matanzas. También hemos visto el rostro, estremecedor y ensangrentado, de otro niño sirio, Omran, de cinco años, sobreviviente de un bombardeo en Alepo hace apenas algunas semanas.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Hay otros rostros que hemos visto. El de Bashar el Assad, cabeza de un régimen tan criminal como el de las viejas épocas de la dictadura sombría de su padre Hafez, pero desbocado en su espiral asesina. El del ministro ruso de relaciones exteriores, Serguei Lavrov, encargado de defender, con su expresión patibularia, el sostén indefectible de su gobierno a los verdugos de Damasco. El de su homólogo estadounidense John Kerry, feliz de haber logrado un acuerdo con Lavrov para obtener un alto el fuego en Siria que comienza hoy, y poder así dedicarse juntos a dejar caer sus bombas sobre los combatientes islamistas. El del presidente turco Recep Erdogan, que, sin escrúpulos ni timidez, pero con el apoyo de EEUU, mandó a sus tropas a invadir el norte de Siria y, de paso, matar kurdos. Los de los dirigentes europeos, deformados por el rictus de angustia compungida ante la perspectiva de que sigan llegando refugiados sirios al continente.</p>
<p>Son las caras de la desgracia, maquilladas con la ceniza de un pueblo al que alguien, algún día, tendrá que rendirle cuentas.</p>
<p>***</p>
<p><em>Emitido en el espacio </em>Tiene la palabra<em> de <strong>En Perspectiva</strong>, lunes 12.09.2016</em></p>
<p><strong>Sobre el autor</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/rafael-mandressi/" target="_blank">Rafael Mandressi</a> (Montevideo, 1966) es doctor en Filosofía por la Universidad de París VIII, historiador y escritor. Desde 2003 reside en París, donde es investigador en el Centro Nacional de Investigación Científica, director adjunto del <a href="http://koyre.ehess.fr/" target="_blank">Centro Alexandre-Koyré</a> de historia de la ciencia y docente en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Es colaborador de <strong>En Perspectiva</strong> desde 1995.</p>
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		<title>Alepo y nuestra conciencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Rabuffetti]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Aug 2016 14:41:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Tiene La Palabra]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
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		<category><![CDATA[Siria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Mauricio Rabuffetti /// @maurirabuffetti Omran y Alí eran hermanos. Omran tiene cinco años. Alí tenía 10. Vivían con su...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/editorial/alepo-y-nuestra-conciencia/">Alepo y nuestra conciencia</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="100%" height="166" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/279691960&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
<p>Por Mauricio Rabuffetti ///<br />
<span style="font-size: small;"><a href="https://twitter.com/maurirabuffetti" target="_blank">@maurirabuffetti</a></span></p>
<p>Omran y Alí eran hermanos. Omran tiene cinco años. Alí tenía 10. Vivían con su familia en Alepo, en Siria. La semana pasada los bombardeos del régimen sirio sobre esa ciudad cayeron, entre otros, sobre el lugar en el que estaban los dos. Alí murió tres días después de que cayeron las bombas. Omran sobrevivió. Tal vez usted no recuerde su nombre, pero es probable que haya visto su cara en los noticieros, en los diarios y en las redes sociales.</p>
<p>Omran es el pequeño que aparece en un video cuando es rescatado junto a otros niños de una zona vuelta escombros. El niño apenas se abraza de la espalda de un socorrista que lo deposita en una silla anaranjada. Su mirada se fija en la cámara de un reportero. Impactado. En shock o consciente aunque sin entender demasiado qué está ocurriendo. Sus ojos miran con inocencia mientras respira lentamente.</p>
<p>La sangre le cubre la mitad del rostro. Con su mano izquierda, se toca la cabeza y ve que se mancha los dedos de rojo. Como con vergüenza, como si hubiera hecho algo que no debía, se limpia su manito en la silla, la junta con la otra y así permanece, en silencio, sin saber que sin hablar está interrogándonos a todos.</p>
<p>Omran es uno de los niños que nació en medio de la guerra en Siria, y su tragedia y la de su familia conmocionaron al mundo. El fenómeno de las imágenes virales hizo renacer la indignación en muchos que no piensan todos los días en esta guerra cruel e inhumana que carcome ya no a Siria, sino al mundo.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>El hecho produjo una reacción similar a la que registramos cuando una fotógrafa retrató a Aylan, otro niño sirio, muerto sobre la arena de una playa cuando su familia intentaba llegar a Grecia escapando de la barbarie.</p>
<p>Son imágenes que aparecen de tanto en tanto, aunque se producen todos los días. Solo que las lentes no siempre logran capturarlas. Son golpes a la conciencia de una humanidad que asiste impotente al incremento de la violencia de la mano de intereses políticos, económicos y otros cuyo origen y finalidad no logramos todavía descifrar porque una confusa nube de fanatismo lo impide.</p>
<p>La Unión Europea pidió que cesen las hostilidades para poder abrir un canal humanitario, tal como establecen las convenciones internacionales que los hombres nos dimos para regular, nada menos que la guerra.</p>
<p>Mientras la burocracia discute, y las bombas caen, y los niños mueren, el drama de la guerra en Siria alimenta otros conflictos.</p>
<p>Los refugiados se cuentan por millones en Europa. El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, dijo que la situación de quienes huyen del conflicto hacia el viejo continente “es incontrolable” e “insostenible”. Poco ha podido hacer la ONU más allá de declarar su impotencia. Pero Ban dijo algo verdaderamente importante: la crisis solo se mitigará “sobre la base de la responsabilidad compartida”.</p>
<p>Y esto nos trae a nuestro país, donde el programa para recibir familias sirias que huyen de la guerra fue suspendido.</p>
<p>Muchos uruguayos estuvieron en contra de ese programa del gobierno de José Mujica desde el vamos. Los argumentos iban desde el temor a involucrarse en terreno desconocido, a señalar que no era un problema de Uruguay lo que ocurría en Siria.</p>
<p>Tampoco lo sería entonces de España, Francia, Alemania y tantos otros países que involuntariamente o por motu propio han acogido a miles de refugiados.</p>
<p>Sí es un problema nuestro. Sí es un problema de los países que integran las Naciones Unidas. Y sí está bien que nos ocupemos de ese tipo de situaciones, aunque haya dificultades, aunque haya choques y malos entendidos. La tradición de acogida es parte de nuestra historia y no deberíamos negarlo.</p>
<p>Al ver las fotos aéreas de los campamentos de refugiados en Europa, la magnitud del desafío queda muy clara.</p>
<p>Mientras no haya un involucramiento global, seguiremos viendo cómo extremistas se vuelven políticos populares; el combustible para los discursos incendiarios populistas, radicales, facilistas, los que piden levantar muros y deportar a mansalva, estará asegurado; peor aún, seguiremos viendo videos y fotos de Omrans y Aylans que sacudirán nuestras conciencias y que compartiremos indignados, creyendo que hacemos algo por ellos.</p>
<p>***</p>
<p><em>Emitido en el espacio </em>Tiene la palabra<em> de <strong>En Perspectiva</strong>, miércoles 24.08.2016</em></p>
<p><strong>Sobre el autor</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/rabuffetti/" target="_blank">Mauricio Rabuffetti</a> (1975) es periodista y columnista político. Es autor del libro <em>José Mujica. La revolución tranquila</em>, un ensayo publicado en 20 países. Es corresponsal de Agence France-Presse en Uruguay. Sus opiniones vertidas en este espacio son personales y no expresan la posición de los medios con los cuales colabora.</p>
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