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	<title>Urquiza esq. Abbey Road, Author at Radiomundo En Perspectiva</title>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadLeon Bridges: Nuevo y de siempre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Mar 2016 18:55:44 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Con esta, la décima entrega de Urquiza esq. Abbey Road versión audio, narrada por su autor Eduardo Rivero, cerramos este...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/home/urquiza-esq-abbey-road-leon-bridges-nuevo-y-de-siempre/">&lt;em&gt;Urquiza esq. Abbey Road&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Leon Bridges: Nuevo y de siempre</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="100%" height="166" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/250659462&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
<p><strong>Con esta, la décima entrega de <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> <a href="https://www.enperspectiva.net/tag/urquiza-esq-abbey-road-audio/" target="_blank">versión audio</a>, narrada por su autor Eduardo Rivero, cerramos este <a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">ciclo de verano</a>. La columna elegida en esta oportunidad es la dedicada a Leon Bridges, figura emergente del <em>soul</em> y el <em>rhythm and blues</em> en EEUU. El blog <em><a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Urquiza esq. Abbey Road</a></em>, sin embargo, continúa en su formato habitual y actualiza todos los miércoles.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Leon Bridges es un afronorteamericano nacido en Fort Worth, Texas, que se ha convertido –haciendo honor a su apellido– en un “puente” inmejorable entre un sonido absolutamente contemporáneo y una tradición que arranca hace muchas décadas y que refiere a su forma de cantar, componer y hasta presentarse en público o registrar su música en los estudios de grabación.</p>
<p>Bridges es un pibe de 26 años pero se viste con sobrios y anticuados pantalones y camisas, usa el pelo bien cortito y parece, al primer golpe de vista, uno de aquellos militantes que seguían reverentemente al Dr. Martin Luther King en su lucha por los derechos civiles allá por 1964. Pero la cosa no queda en el <em>look</em>.</p>
<p>También compone y canta como lo hacían sus tres mayores influencias, tres cantantes negros magistrales de la década de 1960 y, coincidentemente, los tres muertos muy jóvenes: Sam Cooke, Marvin Gaye y Otis Redding.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>No cabe la menor duda que Bridges se ha deleitado con clásicos como <em><a href="https://youtu.be/uQu6VNBsXz0" target="_blank">I Heard It Through the Grapevine</a></em> de Marvin Gaye –también versionada magníficamente por Creedence Clearwater Revival–, <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=R4GLAKEjU4w" target="_blank">Wonderful World</a></em> de Sam Cooke o <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=PyxLaHmOaYM" target="_blank">(Sittin&#8217; On) The Dock of the Bay</a></em> de Otis Redding.</p>
<p>En este mundo de hoy, notoriamente volcado hacia ciertas nostalgias, entre tanta electrónica y tantas pantallas conectadas a redes sociales, donde los discos de vinilo renacen y hasta están desempolvando los cassettes de audio y los VHS, la música y la presencia de Bridges parecen calzar como un guante.</p>
<p>Su historia es muy breve y bastante asombrosa, dicho sea de paso. Poco más de un año atrás, Leon aún lavaba platos en un restaurante y cantaba en bares en la modalidad <em>open mike</em>, tan cara a los norteamericanos; vale decir, que si tenés ganas de cantar subís al escenario y cantás, seas quien seas y cantes lo que cantes. En muchísimas películas se incluye ese tipo de evento, por ejemplo en la deliciosa y muy reciente <em>La canción de tu vida</em> (<em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=QN7TN70-bNo" target="_blank">Begin Again</a></em>, 2013), protagonizada por Keira Knightley y Mark Ruffalo.</p>
<p>Una noche, Austin Jenkins y Joshua Block de la banda independiente <a href="http://www.whitedenimmusic.com/" target="_blank">White Denim</a> lo escucharon cantar en uno de esos bares en Fort Worth y quedaron prendados de su voz, de sus canciones y de su estilo, con fuertes reminiscencias del legendario Sam Cooke. Lo llevaron de inmediato a grabar, utilizando equipo de audio a válvulas característicos de los años 60, y tocando y cantando todos juntos, a la usanza de entonces: voz, bajo, guitarras, batería, órgano y coros, todo a la vez.</p>
<p>El resultado tiene fascinado a los EEUU y ha proyectado a Leon, sobre todo con su tema <em>Coming Home</em>, como una figura emergente de real importancia. Fue contratado inmediatamente por Columbia Records, sello estadounidense que lanzó las carreras de gente como Bob Dylan y Carlos Santana, entre muchos otros.</p>
<p><em>Coming Home</em>, el tema que da título a su <a href="http://leonbridges.com/music-and-video/" target="_blank">álbum debut</a>, se convirtió se acomodó entre los diez más solicitados en el sistema de música <em>on demand</em> Spotify y el videoclip que la acompaña –<a href="https://www.youtube.com/watch?v=MTrKkqE9p1o" target="_blank">filmado en blanco y negro y con impecable estética <em>vintage</em></a>– se convirtió en viral: 4.919.630 de reproducciones y contando al cierre de esta nota.</p>
<p>A poco más de un año de ser descubierto, hoy Leon hace giras por su país y ya se ha presentado en las Islas Británicas. Y el pasado 5 de diciembre de 2015 fue <a href="https://www.youtube.com/watch?v=2u7P6YlN2zs" target="_blank">el invitado musical en el legendario programa de humor <em>Saturday Night Live</em></a>.</p>
<p>Recorrer su álbum debut es hojear un manual de cómo debe componerse y cantarse el <em>soul</em> y otras formas del <em>rhythm and blues</em>. Bridges es tremendo vocalista y un inspirado autor. Hay temas rápidos vibrantes y que son un llamador irresistible a marcar el ritmo con los pies como <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=IHzR4Chy2Rg" target="_blank">Coming Home</a></em>, <em>Flowers</em> o <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=mxmeimxpuLg" target="_blank">Twistin&#8217; &amp; Groovin&#8217;</a></em>, temas “intermedios” deliciosos como <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=HLzr5xv36UI" target="_blank">Better Man</a></em>, <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=X-ib3MjbfmY" target="_blank">Smooth Sailin&#8217;</a></em> y baladas preciosas como <em>Shine</em>, <em>Pull Away</em>, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=jPdzSFEVQss" target="_blank">Lisa Sawyer</a> o la que cierra el disco, <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=EC5Lisj1hGI" target="_blank">River</a></em>.</p>
<p>El disco seduce de punta a punta con su sonido sesentista pleno de eco, sus coros femeninos al fondo, su órgano que aparece sabiamente dosificado, sus picantes guitarras y su base rítmica de bajo y batería de sonoridad seca.</p>
<p>Si Bridges fuese uruguayo hubiese ganado en el programa televisivo <em>Yo me llamo</em> diciendo que su nombre era, por ejemplo, Sam Cooke, y poco después hubiera estado de regreso en la cocina de un restaurante lavando platos y cantando en algún bar por nada o, en el mejor de los casos, por alguna cerveza que otra. Por suerte la historia fue otra y su talento lo ha puesto en un camino que apenas comienza a recorrer pero ya lo ha llevado lejos y del que, seguramente, no habrá retorno.</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 7.3.2016, hora 10.20. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net, el <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/urquiza-esq-abbey-road-leon-bridges-lo-nuevo-y-lo-de-siempre/" target="_blank">17.2.2016</a>.</p>
<p><strong>Ediciones anteriores</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">Archivo del blog <em>Urquiza esq. Abbey</em> Road versión audio</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> Leon Bridges, imagen de difusión publicada en su sitio oficial. Crédito: leonbridges.com.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/home/urquiza-esq-abbey-road-leon-bridges-nuevo-y-de-siempre/">&lt;em&gt;Urquiza esq. Abbey Road&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Leon Bridges: Nuevo y de siempre</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadBrasil</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/enperspectiva-uy/notas/urquiza-esq-abbey-road-audio-brasil-primera-parte-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Feb 2016 19:28:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Rivero]]></category>
		<category><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road AUDIO]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Novena entrega de Urquiza esq. Abbey Road versión audio: Crónica de un viaje en auto desde Montevideo a San Pablo...</p>
<p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/enperspectiva-uy/notas/urquiza-esq-abbey-road-audio-brasil-primera-parte-2/">&lt;em&gt;Urquiza esq. Abbey Road&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Brasil</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/249470872&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false" width="100%" height="166" frameborder="no" scrolling="no"></iframe></p>
<p><strong>Novena entrega de <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio: Crónica de un viaje en auto desde Montevideo a San Pablo a comienzos de la década de 1980 y con una banda de sonido llena de samba saliendo desde el pasacassette de un Grumett Sport.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p style="text-align: right;"><em>A Federico y Daniel, hermanos de carretera.</em></p>
<p>Estoy paralizado. Hace días que enfrento la pantalla sin decidirme a escribir una sola línea. ¿Valdrá la pena escribir sobre un viaje en auto que ocurrió hace 36 años? ¿Qué tendrá que ver ese viaje con la música? En realidad tiene mucho que ver. Allí descubrí una buena parte de la música de Brasil que aún hoy me emociona. Tal vez algún lector pueda decir “y a mí qué me importa leer sobre tres pibes devorando kilómetros camino a San Pablo”. Aún así quisiera subirme de nuevo a aquel Grumett Sport modelo 1980, mecánica Chevette, carrocería plástica color azul tinta y techito corredizo, un auto esbelto y sencillo a la vez. Quisiera subirme como tantas veces lo hice en estas décadas en noches de insomio, o para combatir el tedio en salas de espera. ¿Por qué no hacerlo una vez más?</p>
<p>Vuelvo entonces a un pequeño apartamento en Mercedes y Cuareim, donde quedaba una agencia de publicidad en la que trabajábamos siete hombres de la misma edad –algo menos de 30– y a la que dirigía Federico, compañero de primaria e íntimo amigo de la niñez. Vuelvo a estar en el momento preciso en que se abrió la puerta y Federico entró hecho un huracán.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>—¡Estoy enamorado! ¿Enamorado, entienden?</p>
<p>Morocho, con sonriente cara de gatuna expresión y un lejano parecido a Paul McCartney, Federico tenía novia “en serio”.</p>
<p>—Me alegro por tu novia —respondió el gordo Jorge, administrador de la agencia.<br />
—No me entendés&#8230; en la cola para cobrar los cheques en el Banco de Boston conocí a una brasilera y me enamoré totalmente.</p>
<p>En esa agencia todo era posible.</p>
<p>—¿Qué día es hoy? ¿Martes? Bueno&#8230; ¡El jueves me voy a Brasil en auto a verla! ¡Y vos y vos vienen conmigo! —agregó señalándonos a Daniel, el diseñador gráfico, y a mí, redactor de la agencia.</p>
<p>—Pará Federico, pensá —intervino Jorge—. Daniel y Eduardo ya tuvieron su licencia, no pueden irse&#8230;<br />
—Yo los autorizo. ¿No soy el dueño?<br />
—Sí, sos, pero &#8230; ¿y la plata para el viaje? Falta para pagar los sueldos. Estamos recién a 20 de setiembre y&#8230;<br />
—¡Y nada, les hacés un vale y chau! A ver&#8230; yo pago toda la nafta. Ustedes dos pongan para la comida y hoteles&#8230; ah&#8230; y manejo yo solo, ¿ta? —concluyó Federico satisfecho.</p>
<p>Daniel y yo nos miramos con una mezcla de incredulidad y la alegría propia de quien sacó la lotería. Ese sería mi primer viaje al gran país vecino.</p>
<p>El hecho es que ese viernes tras el horario de oficina, los tres abordábamos el flamante Grumett Sport de Federico y poníamos rumbo a Brasil en búsqueda de Tilly, la brasileña, residente en Americana, ciudad del Estado de San Pablo, a unos 200 kilómetros al norte de la capital estadual. La primera parada fue a las puertas de la novia “oficial”, de quien Federico se despidió efusivamente, alegando que se iba de viaje por prescripción médica.</p>
<p>—Le canté mucho estrés —dijo, volviendo ocupar su asiento ante el volante.</p>
<p>Al doblar la esquina, frenó de golpe, se llevó una mano a la cara y gritó:</p>
<p>—¡Me saco la careta! ¡Brasil! A ver, vos, “grandote bobo” —dijo dirigiéndose a Daniel con su pelo negrísimo, su eterna sonrisa, sus pocas palabras y su metro noventa de estatura—. Abrí la guantera y sacá el cassette que hay ahí y ponélo. ¡Y subí el volumen que hay que ir creando ambiente de Brasil!</p>
<p><em>“Este amor</em><br />
<em> Me envenena</em><br />
<em> Mas todo amor</em><br />
<em> Sempre vale a pena&#8230;”</em></p>
<p>El cassette era <em><a href="http://www.discogs.com/Alcione-Gostoso-Veneno/release/2953086" target="_blank">Gostoso Veneno</a></em> de Alcione. Yo no tenía la más mínima idea de quien era. Sucumbí instantáneamente a todo su samba, todo su jazz a la vez, a esa garganta poderosa y de un brasilerismo total. A medianoche llegamos al Chuy con el tanque de nafta casi en cero. El sereno de la única estación Ancap dijo que no podía hacer nada.</p>
<p>—¿Usted sabe quien soy yo? ¡Soy el capitán Federico, del Ejército, en viaje a Brasil!</p>
<p>Era 1980 previo al plebiscito, plena dictadura. El pobre hombre terminó yendo en su destartalada Velosolex a despertar a la propietaria de la estación —no fuera a ser que el Capitán se enojase— y la mujer, en <em>robe de chambre</em>, llenó el tanque.</p>
<p>—Buenas noches capitán —saludó ceremoniosamente cuando volvimos a poner proa a Brasil.</p>
<p>La noche se hizo madrugada y la madrugada día, y llegamos a los accesos a Porto Alegre con el cuerpo molido y el alma fresquita. Por suerte había otro cassette de Alcione, <em><a href="http://www.discogs.com/Alcione-Alerta-Geral/release/3188724" target="_blank">Alerta Geral</a></em>.</p>
<p><em>“&#8230;Não posso mais alimentar</em><br />
<em> A esse amor tão louco</em><br />
<em> Que sufoco!&#8230;”</em></p>
<p>—Qué temazo <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=e_xOLBPzZ_w" target="_blank">Sufoco</a></em>, ¿no? ¡Tilly, ya voy! —gritó Federico.</p>
<p>Comimos de apuro unos snacks y nos tiramos a dormir en el propio auto, en pleno mediodía <em>gaúcho</em> y a metros de la carretera. Apenas una hora después ya rodábamos de nuevo, camino a Florianópolis. De pasada, en un bar de camioneros, habíamos comprado algunos cassettes.</p>
<p><em>“&#8230;Vai manter a tradição</em><br />
<em> Vai meu bloco tristeza e pé no chão&#8230;”</em></p>
<p>Esta vez me tocó descubrir a otra sambista increíble: <a href="https://www.youtube.com/channel/UC9Gmegs9An5MqkRIHi7DjtQ" target="_blank">Clara Nunes</a>. A medida que nos alejábamos del Uruguay nos sumergíamos en el Brasil profundo y todo cambiaba. Veíamos cada vez más palmeras y bananeros, más y más cabañas de madera y palafitos de colores vivos, más y más pobreza, más y más fábricas y sobre todo cada vez más camiones en la ruta, que no podíamos pasar y nos obligaban a viajar tras ellos durante decenas y decenas de kilómetros viendo curiosas inscripciones religiosas o de amor en sus paragolpes.</p>
<p>Pensar en llegar —sin dormir— a Florianópolis ese mismo día era una locura, pero a esa edad la locura es una opción lógica. Lo mejor de todo era la creciente sensación de hogar dentro de aquel auto azul; la maravilla de sentir la pertenencia a esa tripulación. Clara Nunes seguía con nosotros:</p>
<p><em>“O mar serenou quando ela pisou na areia</em><br />
<em> Quem samba na beira do mar é sereia&#8230;”</em></p>
<p>Bien entrada la tarde paramos en Laguna, un precioso balneario, en ese entonces de edificación baja y casas antiguas, de estilo colonial. Paramos en Itapema y compramos más cassettes en una tienda que parecía un chalet tirolés.</p>
<p>Federico, con su experiencia de corredor de rally, era hábil e incansable al volante, pero cuando ya era noche cerrada y Florianópolis se acercaba, sus manos posadas en el volante temblaban de agotamiento. Llegamos a un apart-hotel para zambullirnos en la cama sin fuerzas ni para comentar los entretelones del viaje.</p>
<p><em>“Lança menina</em><br />
<em> Lança todo esse perfume</em><br />
<em> Desbaratina</em><br />
<em> Não dá pra ficar imune</em><br />
<em> Ao teu amor</em><br />
<em> Que tem cheiro</em><br />
<em> De coisa maluca&#8230;”</em></p>
<p><em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=eKhNszltbdg" target="_blank">Lança perfume</a></em> de Rita Lee, a quien tampoco conocía entonces, estaba en todas partes. Latía en el corazón de Brasil. La escuchamos en la radio, en la tienda de Itapema, en el hall del apart-hotel, y ahora también en el pasacassette del Grumett. Rita había sido cantante de Os Mutantes en los años 60 y ahora era la sensación pop, el costado <em>no sambista</em> de la música de Brasil.</p>
<p>A las seis de la mañana ya estábamos camino a San Pablo donde pensábamos llegar esa noche tras una segura maratón automovilística. Dejamos Santa Catarina tras una breve parada en Blumenau, cruzamos Paraná y encaramos el impresionante camino de sierras entre Curitiba y San Pablo plagado de cruces con los nombres de los camioneros muertos en accidentes y las indicaciones de tránsito al borde de la ruta: “<em>Não ultrapasse sob neblina</em>” y “<em>Fim da terça faixa</em>”.</p>
<p>También con la abundancia de oficiales de la Polícia Rodoviária que nos paraban, siendo extranjeros, inventando infracciones y pidiendo, en realidad, una coima vulgar y silvestre. Federico pagó una y otra vez.</p>
<p>La ruta hipnotizaba con su tedio, sus camiones impasables y el cansancio que se acumulaba y que lograba el imposible de espaciar las bromas hasta hacerlas casi desaparecer. Pero por suerte nunca del todo. Llegando a los accesos a San Pablo, de noche cerrada, cantaba el gran <a href="https://www.youtube.com/channel/UCkKLl5EvMEWySJ447ELiVsA" target="_blank">Ivan Lins</a> desde su último disco:</p>
<p><em>“Somos todos iguais nesta noite</em><br />
<em> Na frieza de um riso pintado</em><br />
<em> Na certeza de um sonho acabado</em><br />
<em> É o circo de novo&#8230;”</em></p>
<p>Solo habíamos parado al mediodía en una maloliente lanchonette a comer “<em>misto quente</em>” y “<em>baurú</em>”. El resto había sido sólo carretera y carretera.</p>
<p>Llegamos medio muertos, tras perdernos en los accesos a la gran metrópolis, a un hotel céntrico, pero no precisamente a dormir sino a cambiarnos para ir a un “<em>sambão</em>”.</p>
<p>Un salón inmenso, decorado en su techo con frutas tropicales, donde bailaban samba enlazadas cientos de parejas y en el escenario un <em>bloco</em> de samba tocaba con ritmo y cadencia demoledores. Flotaba en el ambiente una energía mágica. De inmediato entramos en conversación y baile con tres lindas chicas. Quien me había tocado en suerte tenía en su rostro una pequeña mancha producto de alguna vieja quemadura. Federico la bautizó “La Manchega”. En lo mejor del baile, el rostro de esa chica súbitamente se transfiguró en una mueca de horror.</p>
<p>—¡<em>Brigas</em>! —gritó, haciendo referencia a un lío que no habíamos advertido.</p>
<p>La chica se hizo a un lado y vimos una salvaje pelea entre diez o doce morenitos, con puños, patadas y navajas. Uno de ellos casi cae encima de Federico con una mejilla ensangrentada por un enorme tajo. La puerta del salón quedaba muy lejos, como a seiscientas personas de distancia, y Federico, hombre práctico, gritó:</p>
<p>—¡La ventana!</p>
<p>El salón estaba al nivel de la calle y en un segundo ya andábamos caminando por una ancha avenida, con cantero en el medio ocupado por un partido de fútbol al lado del otro, pese a que ya estaba entrada la madrugada. A pesar de los futbolistas, el clima era de soledad y palpable sensación de peligro. Hasta que un taxi se animó a subirnos. “Ojalá Federico hubiese cobrado su cheque en otro banco”, seguramente pensamos Daniel y yo esa noche. ¿Quién nos había mandado a meternos en aquello?</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 29.02.2016, hora 10.20. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net, el <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/urquiza-esq-abbey-roadbrasil-primera-parte/" target="_blank">20.1.2016</a>.</p>
<p><strong>Ediciones anteriores</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">Archivo del blog <em>Urquiza esq. Abbey</em> Road versión audio</a></p>
<p><strong>Foto en Home:</strong> Eduardo Rivero. Crédito: Pablo Izmirlian/EnPerspectiva.net.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadMarindia y la banda sonora de mi vida</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/home/urquiza-esq-abbey-road-audio-marindia-y-la-banda-sonora-de-mi-vida/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Feb 2016 19:09:36 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Urquiza esq. Abbey Road versión audio, octava entrega: El lugar es Marindia; la época, la década de 1970. En las...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="100%" height="166" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/248326637&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
<p><strong><em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio, octava entrega: El lugar es Marindia; la época, la década de 1970. En las temporadas de verano, Eduardo Rivero era el disc jockey del club del balneario y así lo recuerda en esta columna.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Me crié en un barrio con almacenero gallego y placita de deportes a una cuadra. Con el mismo amor y orgullo con que otros recuerdan su prestigioso colegio, yo evoco mi escuela y sus varelianas túnica y moña. Vale decir: Soy hijo de la clase media uruguaya. Mi viejo fue un odontólogo que eligió ejercer en el Cerrito de la Victoria en vez de optar por los barrios que hicieron ricos a sus colegas. Y tuvo, como buen pequeño burgués de los años 50 y 60, el uruguayísimo sueño de la casita en el balneario.</p>
<p>En ancas de su sueño, pude ser niño, adolescente y joven en Marindia, un precioso y modesto balneario de la Costa de Oro a 40 kilómetros de Montevideo, que se abre como un balcón al mar desde la altura de una meseta cubierta de pinos. No hay circunstancia más afortunada en mi vida que el haber crecido allí, en ese sitio de calles aún hoy de tosca, con chalets de frentes revestidos en piedra laja, ventanas con rejas de hierro en rombos y sus nombres pueriles que me siguen llenando de ternura: “Mi refugio”, “Tú y yo”, “El escondite” o siglas hechas a partir del nombre de los hijos de los propietarios, como “Jor-Car” o “Ali-Mar”.</p>
<p>Un balneario sin lujos, sin infraestructura de servicios, sin turistas extranjeros, donde conocí a los cuatro o cinco años a los amigos que aún hoy siguen siendo mis amigos más queridos y donde ocurrieron todos mis debuts posibles: allí canté en público por primera vez, allí di mi primer beso, allí&#8230; sí, también. Sobre todo, en Marindia descubrí mi conexión inmensa e imperecedera con la música. Hasta hoy, el incomparable <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=pll3GkR-OHY" target="_blank">Rubber Soul</a></em> de The Beatles <em>es</em> Marindia en el verano del 66.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Debo decir que la Marindia de mi niñez y mi adolescencia llega, claro, desde el recuerdo de calientes veranos con playa e interminables partidos de volley bajo un sol calcinante, y asimismo de noches calurosas con mágicas caminatas ya entrada la madrugada bajo la bóveda de estrellas más asombrosa del planeta. Pero por alguna misteriosa razón, la Marindia que mi memoria prefiere es aquella deliciosa y recubierta por una cierta pátina de melancolía de fines de temporada, cuando el sol oblicuo de marzo o abril obligaba al primer pulóver, las casas iban quedando vacías e incluso abundaban los días de lluvia que me invitaban a leer, junto a la melodía incomparable de las gotas pegando contra el ventanal del living, los libros de la colección Robin Hood: <em>Sandokán</em> de Emilio Salgari, <em>Las aventuras de Tom Sawyer</em> de Mark Twain o <em>20.000 leguas de viaje submarino</em> de Julio Verne.</p>
<p>Esos recuerdos se proyectan en mi cabeza como una película. Y como buena película, tiene una banda sonora inolvidable: los discos que cuando adolescente me encargué de seleccionar para los bailes en el Club de Pesca, mi primer trabajo –por más fuera honorario– y el mejor de todos los que he tenido. Porque nada se compara a elegir música para una pista animada y llena de amigos.</p>
<p>Los tocadiscos y al amplificador estaban en un entrepiso de madera, así podía observar la pista desde lo alto. La veía poblarse, agitarse como un mar enfurecido, disfrutar, y nada de lo que vino después –trabajar junto a músicos célebres, hablar en la radio, cantar en el Solís, escribir en prestigiosos medios, enseñar o publicar libros– se compara a aquello que en realidad arrancaba de tardecita, mientras los últimos bañistas iban abandonando la playa, a poquitos pasos del club, y yo subía a aquel entrepiso, encendía el equipo y ponía música.</p>
<p>Invariablemente, todas las tardes arrancaba la selección con la misma canción: <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=YUaxVQPohlU" target="_blank">What the World Needs Now is Love</a></em> escrita por el gran Burt Bacharach y cantada por Jackie DeShannon. En febrero de 1970, cuando se inauguró el Club de Pesca de Marindia mi inglés no era muy bueno, pero años después comprendí la belleza de la letra de esa balada hermosísima:</p>
<p><em>What the world needs now is love, sweet love</em><br />
<em> it&#8217;s the only thing that there&#8217;s just too little of</em><br />
<em> What the world needs now is love, sweet love</em><br />
<em> no not just for some but for everyone</em></p>
<p>(Lo que el mundo necesita es amor, dulce amor<br />
es la única cosa de la que siempre hay escasez<br />
lo que el mundo necesita es amor<br />
y no para apenas algunos sino para todos&#8230;)</p>
<p>Entonces tenía 17 y todo estaba por vivir, todas las carreteras estaban por recorrerse y en aquellas tardecitas, la emoción al escuchar aquella melodía era la propia del adolescente descolocado e hípersensible que jamás volveré a ser.</p>
<p>Por las noches y bajo aquel entrepiso, mis amigos bailaron, como auténticos himnos del verano del 70, <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=8LhkyyCvUHk" target="_blank">Venus</a></em> de la banda holandesa Shocking Blue, <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=iRvtNCauT58" target="_blank">Evil Ways</a></em> del primer disco de Carlos Santana, <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=5hid10EgMXE" target="_blank">Proud Mary</a></em> de Creedence Clearwater Revival o <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=oPK7ZF6jfJE" target="_blank">Aquarius/Let the Sunshine In</a></em> del maravilloso grupo vocal The Fifth Dimension y uno de los primeros hits de <em>heavy rock</em> que ya tenía un par de años pero que nos volvía locos: <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=5UWRypqz5-o" target="_blank">Born to be Wild</a></em> de la banda canadiense Steppenwolf y que formó parte de la banda sonora de <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=bDm31ESVM70" target="_blank">Busco mi destino</a></em>. Y cuando llegaban las lentas –porque en esa era todavía existían las lentas en las pistas– bailaban en una baldosa baladas como <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=HW1GpxB0LH8" target="_blank">Honey</a></em> de Bobby Goldsboro o <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=sTkj-Uz2vQs" target="_blank">Make it With You</a></em> de Bread.</p>
<p>Yo era ya “el loco de los discos”, el pibe que se guardaba la plata que me dejaba el viejo para pasar de lunes a viernes solo en Marindia y que comía pan y fiambre con tal de poder ahorrar para –al menos– un <em>long play</em> por semana. El loco que se iba a Montevideo a comprar de contrabando el simple inédito de Venus en un kiosko de la calle Juan María Pérez que traía discos de Buenos Aires, inconseguibles aquí, y los vendía a precio de ópera.</p>
<p>Si existiese una máquina del tiempo y se pudiese regresar al pasado elegiría volver a aquellos bailes y especialmente a aquellos atardeceres. Elegiría volver a sentir el alma desconcertada y a estrenar de entonces, cuando encendía el equipo de audio allá en lo alto del entrepiso, mientras los bañistas tardíos iban saliendo de la playa, empapados y felices, y al pasar junto al Club de Pesca escuchaban por gentileza de este loco por la música una letra que asegura que el amor, el dulce amor, es lo único de lo que siempre hay escasez en este mundo.</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 22.02.2016, hora 10.20. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net, el <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/marindia-y-la-banda-sonora-de-mi-vida/" target="_blank">6.1.2016</a>.</p>
<p><strong>Ediciones anteriores</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">Archivo del blog <em>Urquiza esq. Abbey</em> Road versión audio</a></p>
<p><strong>Foto en Home:</strong> Eduardo Rivero. Crédito: Pablo Izmirlian/EnPerspectiva.net.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadUn día y una noche con Piazzolla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Feb 2016 18:15:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Astor Piazzolla]]></category>
		<category><![CDATA[Piazzolla en Uruguay]]></category>
		<category><![CDATA[tango]]></category>
		<category><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road AUDIO]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Urquiza esq. Abbey Road versión audio, séptima entrega: Eduardo Rivero recuerda el día que entrevistó a Astor Piazzolla en los...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_9612" style="width: 810px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-9612" class="wp-image-9612 size-full" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/10/piazzolla-montreal-ok.jpg" alt="Foto: Astor Piazzolla en la Sala Wilfrid Pelletier de Montréal, Québec, en Canadá, 28 de junio de 1986. Crédito: Serge Laliberté/montrealjazzfest.com" width="800" height="525" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/piazzolla-montreal-ok.jpg 800w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/piazzolla-montreal-ok-300x197.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p id="caption-attachment-9612" class="wp-caption-text">Serge Laliberté/montrealjazzfest.com</p></div>
<p><iframe loading="lazy" width="100%" height="166" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/247177341&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
<p><strong><em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio, séptima entrega: Eduardo Rivero recuerda el día que entrevistó a Astor Piazzolla en los estudios de Radio Sarandí y el concierto que el legendario bandoneonista argentino presentó esa misma noche en el Teatro El Galpón.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>A comienzos de los 70, la música de Piazzolla llenaba el aire de mi domitorio totalmente a oscuras. Otros discos no reclamaban oscuridad, pero <em>Concierto para Quinteto</em> sí. Me había acostumbrado a que aquella valijita tocadiscos liberara una y otra vez esa música que, tirado sobre mi cama, me hacía volar.</p>
<p>Era un <em>long play</em> del sello RCA en cuya carátula Piazzolla miraba desde lo alto una vista del centro de Buenos Aires. Colocaba el disco en el plato, apagaba la luz y escuchaba con deleite los segundos iniciales de ruido a púa sobre el vinilo, hasta que el contrabajo y el piano soltaban las notas iniciales de <em>Concierto para Quinteto</em>. Cuando aparecía el increíble fuelle de Piazzolla, aquella habitación a oscuras iniciaba su viaje intergaláctico.</p>
<p>Nunca más tendré aquella edad. Nunca más tendré aquella minúscula valijita tocadiscos. Pero sigo disfrutando de esa obra estructurada, como tantas otras de Piazzolla, en el esquema del concierto barroco, con un <em>allegro</em> inicial rapidito, un señorial <em>adagio</em> en medio y una conclusión con el brío de otro <em>allegro</em>.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-9607 alignright" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/10/Concierto-para-quinteto-AstorPiazzolla-ok-300x300.jpg" alt="Concierto-para-quinteto-AstorPiazzolla-ok" width="300" height="300" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/Concierto-para-quinteto-AstorPiazzolla-ok-300x300.jpg 300w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/Concierto-para-quinteto-AstorPiazzolla-ok-150x150.jpg 150w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/Concierto-para-quinteto-AstorPiazzolla-ok-200x200.jpg 200w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/Concierto-para-quinteto-AstorPiazzolla-ok-90x90.jpg 90w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/Concierto-para-quinteto-AstorPiazzolla-ok-64x64.jpg 64w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/Concierto-para-quinteto-AstorPiazzolla-ok.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Aquel dormitorio a oscuras era parte del tiempo en el que la ortodoxia tanguera agredía al gran músico marplatense con la eterna muletilla “lo que hace no es tango”. Por supuesto que era tango. No el tango lineal y bailable de D&#8217;Arienzo o de Canaro; no el tango de la mina vestida de percal o del guapo bajo un farol sino un tango evolucionado que retrataba al Buenos Aires de entonces con su vértigo, su grandiosidad, su multitud en perpetuo movimiento. Un tango influido por grandes como De Caro, Pugliese, Salgán y, sobre todo, el inmenso Aníbal Troilo en cuya orquesta Piazzolla se inició como bandoneonista y arreglador antes de formar su célebre Octeto Buenos Aires en 1959 y luego el Quinteto Nuevo Tango –su grupo preferido–, a partir de 1960. Por más que su fuelle estaba cargado de jazz y de influencias clásicas, por sobre todo seguía teniendo un sonido y un fraseo netamente troileano.</p>
<p>Trabajaba entonces en Radio Sarandí como discotecario y una mañana Néber Araújo, en cuyo programa yo comentaba música, entró en la discoteca con gesto preocupado.</p>
<p>—Mañana viene Piazzolla y la música no es mi tema, ¿me ayudarías a entrevistarlo? —preguntó.</p>
<p>A la mañana siguiente me encontraba sentado delante del micrófono con Araújo a mi lado y, frente a mí, Dios en persona, con su ceño fruncido y su aspecto de tano temperamental. Nada podría ser más inquietante y la vez más maravilloso. La charla transcurrió sin otra sorpresa que la expresada por el invitado sobre mi información sobre su obra, siendo tan joven. Mientras lo acompañaba a la calle, Piazzolla me obsequió tres entradas para el concierto de esa noche en el Teatro El Galpón.</p>
<p>Logré ubicar velozmente a mis dos amigos de la música más cercanos, Jorge Galemire y Jaime Roos, y esa noche nos encontró en la fila dos del teatro, a escasos metros de donde Astor, parado y con un pie apoyado sobre una silla, exhibió con su bandoneón el virtuosismo más increíble, transformando su fuelle en una máquina de producir belleza y disparar emociones. Conformando un quinteto asombroso, estaban el guitarrista Horacio Malvicino, el pianista Osvaldo Tarantino, Antonio Agri en violín y Kicho Díaz en contrabajo.</p>
<p>Si, claro que tocaron <em>Adiós Nonino</em> y también el <em>Concierto para Quinteto</em> que, por una vez, disfruté sin oscuridad, pero también <em>Buenos Aires hora cero</em>, <em>Decarísimo</em>, <em>Invierno porteño</em>&#8230; pero el recuerdo inevitablemente me lleva al tema inicial, el tango <em>Caliente</em>, con su <em>crescendo</em> emocionante y su melodía repetida obsesivamente. Apenas arrancó el tema sequé mis lagrimas con cierta vergüenza, pensando en Galemire a mi derecha y Jaime a mi izquierda. Con el rabillo del ojo descubrí que también ellos tenían la vista nublada. Como dijo sabiamente Serrat: “De vez en cuando la vida nos besa en la boca”. Ese fue uno de esos besos. Uno de los más apasionados e inolvidables.</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 15.02.2016, hora 10.20. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net, el <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/urquiza-esq-abbey-roadun-dia-y-una-noche-con-piazzolla/" target="_blank">21.10.2015</a>.</p>
<p><strong>Ediciones anteriores</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">Archivo del blog <em>Urquiza esq. Abbey</em> Road versión audio</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> Astor Piazzolla en la Sala Wilfrid Pelletier de Montréal, Québec, Canadá, 28 de junio de 1986, foto difusión del Festival Internacional de Jazz de Montréal. Crédito: Serge Laliberté/montrealjazzfest.com.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/enperspectiva-uy/notas/urquiza-esq-abbey-roadun-dia-y-una-noche-con-piazzolla-2/">&lt;em&gt;Urquiza esq. Abbey Road&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Un día y una noche con Piazzolla</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadDe discos y disquerías</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Feb 2016 17:52:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Home]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sexta entrega de Urquiza esq. Abbey Road versión audio: Eduardo Rivero recuerda a esos templos en peligro de extinción conocidos...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_14617" style="width: 738px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14617" class="wp-image-14617 size-full" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2016/02/disqueria-payson-AZ-cr-Alan-Levine-16-9-728.jpg" alt="Mmmm a Vinyl Store in Payson, AZ?" width="728" height="410" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/02/disqueria-payson-AZ-cr-Alan-Levine-16-9-728.jpg 728w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/02/disqueria-payson-AZ-cr-Alan-Levine-16-9-728-300x169.jpg 300w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/02/disqueria-payson-AZ-cr-Alan-Levine-16-9-728-344x193.jpg 344w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/02/disqueria-payson-AZ-cr-Alan-Levine-16-9-728-400x225.jpg 400w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2016/02/disqueria-payson-AZ-cr-Alan-Levine-16-9-728-180x100.jpg 180w" sizes="auto, (max-width: 728px) 100vw, 728px" /><p id="caption-attachment-14617" class="wp-caption-text">Alan Levine</p></div>
<p><iframe loading="lazy" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/246037747&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false" width="100%" height="166" frameborder="no" scrolling="no"></iframe></p>
<p><strong>Sexta entrega de <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio: Eduardo Rivero recuerda a esos templos en peligro de extinción conocidos como disquerías, desde los que frecuentó en Montevideo siendo un adolescente hasta que los que conoció en ciudades como Buenos Aires, Londres y Nueva York.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Desde muy pequeño hice de la música una religión, y de las disquerías mis templos. Como todos los lugares de culto los hubo pequeños y enormes, hermosos y humildes, locales e internacionales. El pasado miércoles 11, con la celebración en Uruguay del <a href="http://www.eldiadelasdisquerias.com.uy/" target="_blank">Día de las Disquerías</a>, los ojos de la memoria recorrieron un itinerario de lugares donde reinaba la música en forma de vinilo, en principio, para luego mutar hacia otros soportes como el cassette –prácticamente fallecido– y el CD –amenazado de muerte–.</p>
<p>Mi recuerdo más querido es la clásica vidriera en ochava del Palacio de la Música, en la esquina de 18 de Julio y Paraguay, donde en un mundo sin Internet veíamos por primera vez las carátulas de los nuevos discos, para luego ingresar al enorme salón de la planta baja, con su doble hilera de cabinas donde probarlos, una a nivel del suelo, otra encima, subiendo una crujiente escalera de madera.</p>
<p>¿Quién de mi edad no pasó una tarde allí, escuchando discos que en realidad el juvenil bolsillo raramente podía comprar? ¿A quién no se le pasó por la cabeza, perversamente, animarse a esconder algún disco bajo la ropa y salir a la calle lo más campante con cara de yo no fui? En aquella vidriera en ochava vi por primera vez la más increíble de las carátulas: <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=DcuweZAWS_g" target="_blank">Sgt. Pepper&#8217;s Lonely Hearts Club Band</a></em> de The Beatles, que me demostró que todo era posible en el arte de la música popular de la mano de los supremos sacerdotes de aquel tiempo milagroso.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>En aquellas cabinas escuché junto a Jorge Galemire por primera vez el asombroso <em>La conferencia secreta del Toto&#8217;s Bar</em> de Los Shakers, primer disco en la historia del rock en fusionar guitarras eléctricas con bandoneón en la memorable <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=5euR61zq1Dg" target="_blank">Más largo que el ciruela</a></em>. Un bandoneón piazzolístico tocado por Carlos “Pelín” Capobianco, uno de los propios integrantes de la gran banda uruguaya de entonces. El fuelle iluminaba el pequeño parlante de la cabina y nosotros sentíamos florecer nuestra rockera adolescencia naciendo también al tango.</p>
<p>Mi memoria visitó luego La Diskería, el pequeño local 26 de la Galería De London de fines de los 60, centro social de los pibes de la clase media montevideana, y bien diferente de esta ruina casi totalmente deshabitada que es hoy. Allí, Cristina Raviolo, una morocha de melenita corta aconsejaba y vendía, delante de una gigantografía con la cara de los cuatro Beatles.</p>
<p>Hasta hoy recordamos junto a Jaime Roos haber ido allí una tarde de mediados de los 70 allí a comprar el bastante olvidado álbum doble de la banda británica Yes, <em><a href="http://yesworld.com/discography/tales-topographic-oceans/" target="_blank">Tales from Topographic Oceans</a></em>. Allí compré discos como <em>Days of Future Passed</em> de <a href="http://www.moodybluestoday.com/" target="_blank">The Moody Blues</a>, convertido en un clásico del rock sinfónico, o <a href="https://www.youtube.com/watch?v=N_wQAhBcPEU" target="_blank">la maravillosa combinación de jazz rock</a> del <em>Spectrum</em> del baterista Billy Cobham.</p>
<p>Mucho más acá en el tiempo, fui especialmente devoto de Rarities ubicada en otra galería que hoy ni se parece a lo que fue, la Yaguarón, más allá de la Confitería Payaso y subiendo a un concurridísimo entrepiso. Rarities fue la primera en ofrecer material ordenado alfabéticamente y compra por catálogo al exterior, cuando aún la venta <em>online</em> no estaba difundida. Allí se me hacía agua la boca, el corazón se aceleraba y el bolsillo sufría. En Rarities me tenté con unos cuantos carísimos <em>box sets</em> de CDs, entre los cuales se encuentra <em><a href="http://www.allmusic.com/album/loud-fast-out-of-control-the-wild-sounds-of-the-50s-box-mw0000239139" target="_blank">Loud, Fast and Out of Control</a></em>, del sello especialista en oldies <a href="http://www.rhino.com/" target="_blank">Rhino Records</a>, la mejor recopilación que he conocido del rock salvaje, elemental, primitivo e incomparable de la década del 50, que incluye a Elvis, Chuck Berry, Eddie Cochran, Buddy Holly y un montón más hoy nada célebres pero no por ello menos disfrutables.</p>
<p>No pude dejar de recordar, como inmejorable punto de venta de discos de ocasión a El Astro de los Discos, en Uruguay y Tristán Narvaja, que todavía existe. El reinado de “el viejo David”, un veterano gordito de bigotes y ojos claros que las sabía todas, sobre todo qué cosa buscaba cada uno de los que allí ibamos, a quienes nos tenía perfectamente catalogados con infalible memoria.</p>
<p>Una tarde salí de su polvoriento local con el santo grial del rock de fines de los 70 bajo el brazo: una edición argentina maravillosa del álbum triple <em>Woodstock</em> en impecable estado y a impecable precio, incluyendo, claro, la lámina central de tres cuerpos desplegable con una emocionante vista del medio millón de personas sentados en aquel campo de Bethel, New York en los días finales de agosto de 1969.</p>
<p>A cierta altura, cuando el bolsillo ya dolía menos, el mundo dejó de ser tan lejano y tan ajeno. Recordé las reiteradas visitas a una de las más alucinantes disquerías del mundo, la <a href="https://twitter.com/@hmv363oxstreet" target="_blank">HMV de Oxford Street</a>, en el corazón de Londres. Un gigantesco piso para el rock, otro para el jazz y otro para la música clásica.</p>
<p>El lugar, dicho sea de paso, donde Brian Epstein, a través de un editor musical de nombre Sid Coleman, que trabajaba en los pisos superiores, puso en contacto a los Beatles con George Martin de la EMI y logró el primer contrato discográfico para la banda. HMV me permitió traerme un álbum de tres vinilos en edición de lujo desde todo punto de vista: <em>Wings Over America</em>, de la gira en vivo de Paul McCartney and Wings por EEUU en 1975.</p>
<p>La memoria me llevó también a una vieja casona de Manhattan, Nueva York, donde funcionaba una sorprendente disquería exclusivamente dedicada a las bandas de sonido de las obras musicales de Broadway. Allí, a mediados de la década de 1980, me compré la fabulosa banda de sonido del <em>cast</em> original de la versión teatral del musical <em>A Chorus Line</em>, con su demoledora canción final <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=3bLrWycs5Pg" target="_blank">One</a></em> que es un momento descomunal de su adaptación cinematográfica, dirigida por Richard Attenborough.</p>
<p>Y mientras recorría también con la memoria lugares fantásticos como la sección discos de El Corte Inglés en el local que da a Galerías Preciados, en Madrid, o la casa central de Ricordi, en Roma, llegué a la que seguramente haya sido la más impactante disquería que he conocido: Tower Records de Buenos Aires –hoy ya <a href="https://vimeo.com/137522213" target="_blank">largamente cerrada</a>–, que contaba con un espacioso sótano por Florida frente a las Galería Pacífico, pero sobre todo con una inmensa casa central en Santa Fe esquina Riobamba.</p>
<p>Enorme, con sus estaciones de escucha cada pocos metros y sus monitores para consulta de los clientes.Tan descomunal que hasta tenía una estación de FM que transmitía solo para sus salones. Cuando ya había vaciado mis viajeros bolsillos descubrí allí en una batea, ya camino a la calle, nada menos que los álbumes dobles de Ella Fitzgerald dedicados al <em>American Songbook</em> de Cole Porter y de Rodgers y Hart. La tarjeta de crédito fue mi tabla de salvación.</p>
<p>El mundo cambió, la música cambió y la comercialización de la música cambió. Ya nada queda –aún pese a la sorprendente aunque minoritaria y carísima moda que trajo de regreso al vinilo– de aquella sensación maravillosa de ir a la disquería y luego salir a la calle con una pila de <em>long plays</em> bajo el brazo. La descarga de Internet y los sitios de música <em>on demand</em> son geniales, y soy un usuario convencido. Pero la memoria, porfiada, se niega a dejar ir aquellas disquerías, moribundos elefantes blancos de una jungla hoy habitada por criaturas virtuales que tienen todo, menos entrañable ruido a púa.</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 08.02.2016, hora 10.20. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net, el <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/urquiza-esq-abbey-roadde-discos-y-disquerias/" target="_blank">18.11.2015</a>.</p>
<p><strong>Ediciones anteriores</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">Archivo del blog <em>Urquiza esq. Abbey</em> Road versión audio</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> Tienda de discos de vinilo en Payson, Arizona, 30 de julio de 2013 (foto ilustración). Crédito: <a href="https://www.flickr.com/photos/cogdog/" target="_blank">Alan Levine</a>.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadMemorias del otro Elvis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Feb 2016 20:04:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[autobiografía]]></category>
		<category><![CDATA[Elvis Costello]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy en Urquiza esq. Abbey Road versión audio: la publicación de las memorias de Elvis Costello –libro que lleva por...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_9967" style="width: 810px" class="wp-caption alignnone"><a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/10/ElvisCostello-JamesOMara-ok.jpg" target="_blank"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-9967" class="size-full wp-image-9967" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/10/ElvisCostello-JamesOMara-ok-16-9-800.jpg" alt="James O'Mara" width="800" height="450" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/ElvisCostello-JamesOMara-ok-16-9-800.jpg 800w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/ElvisCostello-JamesOMara-ok-16-9-800-300x169.jpg 300w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/ElvisCostello-JamesOMara-ok-16-9-800-728x410.jpg 728w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/ElvisCostello-JamesOMara-ok-16-9-800-344x193.jpg 344w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/ElvisCostello-JamesOMara-ok-16-9-800-400x225.jpg 400w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/10/ElvisCostello-JamesOMara-ok-16-9-800-180x100.jpg 180w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a><p id="caption-attachment-9967" class="wp-caption-text"></p>
<p style="text-align: right;">James O&#8217;Mara/Concord Music Group</p>
<p></p></div>
<p><iframe loading="lazy" width="100%" height="166" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/244901342&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
<p><strong>Hoy en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio: la publicación de las memorias de Elvis Costello –libro que lleva por título <em>Unfaithful Music &#038; Disappearing Ink</em>– le sirve a Eduardo Rivero como excusa perfecta para repasar la vida y la obra del notable músico británico.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Allá por los inicios de la década de 1980, el gran político pero sobre todo gran periodista Manuel Flores Mora escribió en una de sus memorables contratapas del semanario Jaque una frase que jamás olvidé: “Soy de la época en que los jóvenes no usaban championes y los libros no mordían”. Yo, que pertenezco a una generación posterior a la suya, usé championes siendo adolescente, pero por suerte todavía sabía, como tantos otros de mi edad, que los libros no mordían.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Fui lector empedernido toda mi vida. Arranqué con Emilio Salgari, Mark Twain y Julio Verne de niño, y ya joven me colgué con los autores del boom latinoamericano de los 60 y con escritores como Ray Bradbury y Hermann Hesse, pero con la música pisándome siempre los talones terminé por convertirme, antes que nada, en un lector de libros sobre música y sobre músicos. La noticia de la edición de una autobiografía de algún músico despierta en mí una suerte de pulsión irresistible por tener ante mis ojos ese trabajo, en papel o en la pantalla del Kindle, lo antes posible.</p>
<p>Es así como me siento respecto a la voluminosa autobiografía del gran Elvis Costello, editada en el hemisferio norte el pasado 13 de octubre, bajo el sugestivo título de <em><a href="http://www.penguinrandomhouse.com/books/315281/unfaithful-music-and-disappearing-ink-by-elvis-costello/" target="_blank">Unfaithful Music &amp; Disappearing Ink</a></em>, algo así como "música infiel y tinta fugitiva". En 688 páginas abarca una vida muy movida y jugosa y una obra musical realmente trascendente. Su contenido ya me enganchó aún antes de leer una sola frase.</p>
<p>Declan Patrick MacManus, más conocido como Elvis Costello, nació en Londres el 25 de agosto de 1954 y a fines de la década de 1970 cobró notoriedad como uno de los más talentosos exponentes del fenómeno punk. Lo cierto es que tras su éxito inicial no se quedó anclado en la estética contestataria y dura de esa corriente sino que inició un itinerario que lo llevaría a colaboraciones con gente como Paul McCartney, el maravilloso y veteranísimo autor de hits melódicos Burt Bacharach, su actual esposa, la notable pianista y cantante de jazz canadiense Diana Krall y hasta con el grupo argentino-uruguayo de tango electrónico Bajofondo en <em><a href="http://www.bajofondomusic.com/catalog/mar-dulce3_58960/fairly-right-feat-elvis-costello_58967" target="_blank">Fairly Right</a></em>, tema del ya clásico album <em>Mar dulce</em>.</p>
<p>Nada de lo musical le es ajeno, ya que además de músico práctico es investigador y periodista musical. Yo adoré de su etapa inicial discos como <em>My Aim Is True</em> de 1977, su álbum debut, o <em>Armed Forces</em>, de 1979, que incluía su simple de más éxito, <em>Oliver&#8217;s Army.</em> Pero el disco que realmente me maravilló fue <em>Painted from Memory</em>, de 1998, hecho en colaboración con el inmenso Burt Bacharach y en el que fue coautor y cantante principal.</p>
<p>El timbre vocal inconfundible de Costello fue el vehículo ideal para un resurgimiento del genio de melodista y orquestador de Bacharach, autor de <em>hits</em> enormes como <em>Raindrops Keep Fallin&#8217; on My Head</em>, <em>I Say a Little Prayer</em>, <em>Close to You</em> o <em>That&#8217;s What Friends Are For</em>. Mientras espero su libro, los invito a que revisiten o conozcan ese disco sublime, que incluye temas como <em>God Give Me Strength</em> o <em>Tears at the Birthday Party</em>.</p>
<p>Elvis Costello probó concluyentemente en ese CD y en su colaboración con McCartney, por ejemplo en sus álbumes <em>Flowers in the Dirt</em> –en ese disco <a href="https://www.youtube.com/watch?v=3RauYWtSyms" target="_blank">es coautor</a> de <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=vOrHCD0d6aY" target="_blank">My Brave Face</a></em>– y <em>Off the Ground</em>, que la música no es una única chacrita donde quedarse de por vida sino un fenómeno multifacético para inventar y recorrer nuevos mundos una y otra vez.</p>
<p>Con sus emblemáticos anteojos, su eterna media sonrisa, su inmenso talento y su desprejuicio infatigable, Elvis Costello ha demostrado que el agua y el aceite en realidad se combinan y que las paralelas pueden tocarse. Así de milagrosa es la música cuando la abraza alguien de su talento.</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 01.02.2016, hora 10.20. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net, el <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/urquiza-esq-abbey-roadmemorias-del-otro-elvis/" target="_blank">28.10.2015</a>.</p>
<p><strong>Ediciones anteriores</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">Archivo del blog <em>Urquiza esq. Abbey</em> Road versión audio</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> Elvis Costello, foto de difusión de Concord Music Group. Crédito: James O&#8217;Mara/Concord Music Group.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadSinatra, el músico detrás de la leyenda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Jan 2016 20:42:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[EnPerspectiva.uy]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Capitol Records]]></category>
		<category><![CDATA[Frank Sinatra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta cuarta entrega de Urquiza esq. Abbey Road versión audio está dedicada a Frank Sinatra, a su forma de cantar...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_10655" style="width: 738px" class="wp-caption alignnone"><a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/11/FrankSinatra_7576_v04-ok.jpg" target="_blank"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-10655" class="wp-image-10655 size-full" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/11/FrankSinatra_7576_v04-ok-16-9-728.jpg" alt="FrankSinatra_7576_v04-ok-16-9-728" width="728" height="409" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/11/FrankSinatra_7576_v04-ok-16-9-728.jpg 728w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/11/FrankSinatra_7576_v04-ok-16-9-728-300x169.jpg 300w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/11/FrankSinatra_7576_v04-ok-16-9-728-344x193.jpg 344w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/11/FrankSinatra_7576_v04-ok-16-9-728-400x225.jpg 400w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/11/FrankSinatra_7576_v04-ok-16-9-728-180x100.jpg 180w" sizes="auto, (max-width: 728px) 100vw, 728px" /></a><p id="caption-attachment-10655" class="wp-caption-text"></p>
<p style="text-align: right;">Sid Avery/sinatra.com</p>
<p></p></div>
<p><iframe loading="lazy" width="100%" height="166" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/243715799&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
<p><strong>Esta cuarta entrega de <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio está dedicada a Frank Sinatra, a su forma de cantar y a su notable período en Capitol Records.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Llevo décadas leyendo ávidamente sobre Frank Sinatra y casi siempre termino indignado. La gran mayoría de los artículos periodísticos y los libros sobre el más grande cantante norteamericano de todos los tiempos invariablemente hablan de lo que no deberían hablar.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Los tópicos favoritos –más aún cuando nos acercamos al 12 de diciembre, centenario de su nacimiento– son su vinculación con mafiosos como Lucky Luciano, Carlo Gambino y Sam Giancana, su tórrido romance con Ava Gardner, sus infinitos amoríos con damas del calibre de Lana Turner, Judy Garland, Kim Novak y la mismísima Marilyn Monroe, su amistad con John y Robert Kennedy, sus juergas corridas en Las Vegas con sus amigos del <em>Rat Pack</em>, Dean Martin, Sammy Davis, Jr., Peter Lawford y Joey Bishop. De música, poco y nada.</p>
<p>Del territorio en el que fue un genio revolucionario –Sinatra inventó la forma moderna de cantar– cuesta encontrar siquiera una mención. Su voz bellísima, de timbre abaritonado, su capacidad de fraseo magistral y única, su <em>fiato</em> asombroso, que le permitía respirar como un pescador de perlas, parecen tema secundario.</p>
<p>Sobre su música citan <em>Strangers in the Night</em>, su éxito tardío de 1966, cuando ya era un cincuentón, canción que Sinatra odió con toda su alma al punto que rara vez la incluía en sus espectáculos en vivo, y de la que una vez dijo que era “<em><a href="https://books.google.com.uy/books?id=-dAKzGzfeOgC&amp;lpg=PA334&amp;hl=es&amp;pg=PA334#v=onepage&amp;q&amp;f=false" target="_blank">the worst fucking song I have ever heard</a></em>”. Me ahorro la traducción por elemental pudor. O mencionan <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=xMfz1jlyQrw" target="_blank">New York, New York</a></em>, otro éxito tardío, que en realidad fue originalmente grabada por Liza Minnelli para la película homónima dirigida por Martin Scorsese.</p>
<p>De sus años grabando para Capitol Records, su era magistral y cima creativa de su carrera, tampoco se habla. Sinatra, antes que nada era un músico, un <em>workaholic</em> perfeccionando su arte impar. Se negaba a grabar si no era con la banda en vivo en el estudio, como si estuviesen ante el público. Entre 1953 y 1961 dejó un legado imperecedero en Capitol, en general con orquestaciones que le iban como un guante escritas y dirigidas por el notable <a href="http://www.cfa.arizona.edu/riddle/about/index.html" target="_blank">Nelson Riddle</a>.</p>
<p>El periplo de Sinatra en la música comienza antes aún, en la era dorada de la música <em>swing</em>. Sus primeras armas las hizo en las bandas de Harry James y Tommy Dorsey, y luego de un período en Columbia Records como cantante melódico e ídolo juvenil que hacía desmayar a las jovencitas, en 1953 se hallaba sin contrato discográfico y con su carrera cayendo en picada.</p>
<p>El 13 de marzo de ese año, tras un par de horas de paciente y casi desesperada espera en la recepción de la legendaria torre en forma de pila de discos de Capitol, fue recibido por Alan W. Livingston, el director de la compañía. Livingston le ofreció un contrato por siete años pensando que, en fin, había sido un gran ídolo y que al menos merecía el beneficio de la duda. El resto lo hizo el visionario productor Voyle Gilmore, quien tras hacerle grabar un simple ultramelódico con su viejo arreglador de Columbia, Axel Stordahl, lo puso en contacto con Nelson Riddle, quien había hecho arreglos para Ella Fitzgerald, Nat King Cole y Peggy Lee.</p>
<p>La colaboración entre Riddle y Sinatra produjo una magia inédita desde el primer instante, cuando grabaron <em>I&#8217;ve Got the World on a String</em>. El ídolo juvenil dejaba lugar a un cantante adulto, con el corazón destrozado por Ava Gardner y su música maravillosamente arropada por la orquesta de Riddle. Sinatra mostró una voz plena de un <em>swing</em> nuevo, un fraseo delicioso en los temas rápidos y una calidad dramática increíble en las baladas. Había nacido una leyenda.</p>
<p>Fueron los años de discos imprescindibles como <em>Songs for Young Lovers</em>, <em>A Swingin&#8217; Affair</em> y el fenomenal <em>Songs for Swingin&#8217; Lovers</em>, uno de los más grandes discos de música popular de todos los tiempos –incluye <em>I&#8217;ve Got You Under My Skin</em>– y los discos de baladas <em>In The Wee Small Hours</em> y <em>Only the Lonely</em>. También de tres discos arreglados por Billy May, especialmente el primero, <em>Come Fly With Me</em>, donde a pesar de no estar Riddle la magia era la misma. Escuchen de ese disco la voz de Sinatra en <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=_CiizL8Vfu8" target="_blank">Moonlight in Vermont</a></em> y después me cuentan&#8230; Tomen nota: Capitol, del 53 al 61. Ese es <em>el</em> período y ese es <em>el mejor</em> Sinatra. Y que dejen a la <em>maffia</em>, a Ava Gardner y a <em>Strangers in the Night</em> –una buena canción, hay que decirlo– descansar en paz.</p>
<p>En una memorable escena de <em>Manhattan</em>, Woody Allen baraja la posibilidad del suicidio, tirado sobre un sofá. Y entonces hace una lista de las cosas por las que vale la pena vivir: las peras y las manzanas pintadas por Cézanne, Louis Armstrong, Marlon Brando, la sinfonía <em>Júpiter</em> de Mozart&#8230; y Frank Sinatra. Si yo tuviese que hacer mi lista, en ella estarían también Frank Sinatra y todos sus discos para la Capitol.</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 25.01.2016, hora 10.20. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net, el <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/urquiza-esq-abbey-roadsinatra-el-musico-detras-de-la-leyenda/" target="_blank">11.11.2015</a>.</p>
<p><strong>Ediciones anteriores</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">Archivo del blog <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio</a></p>
<p><strong>Foto:</strong> Frank Sinatra durante una sesión de grabación en los estudios de Capitol Records en Los Angeles, ca. 1957. Crédito: Sid Avery/sinatra.com.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/home/urquiza-esq-abbey-road-sinatra-el-musico-detras-de-la-leyenda-2/">&lt;em&gt;Urquiza esq. Abbey Road&lt;/em&gt;&lt;br&gt;Sinatra, el músico detrás de la leyenda</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadEl día que Amalia de la Vega cantó solo para mí</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Jan 2016 19:53:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[EnPerspectiva.uy]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Amalia de la Vega]]></category>
		<category><![CDATA[folclore]]></category>
		<category><![CDATA[música uruguaya]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe loading="lazy" width="100%" height="166" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/242561972&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
<p><strong>Tercera entrega de <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio: Eduardo Rivero se remonta con la memoria a una tarde de verano a mediados de la década de 1960 en la que la mismísima Amalia de la Vega, que iba camino al almacén, le cantó una milonga.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Allá por 1966, mi prima Marta –siempre un tiro al aire– decidió vender discos a domicilio, equipada con un ajado portafolios y un catálogo del sello Antar-Telefunken, hoy desaparecido. Le vendió a mis viejos unos cuantos discos clásicos con obras de Vivaldi, Bach, Beethoven y algunas deliciosas y etéreas piezas de piano de Debussy. Pero la compra también incluyó el disco <em>Mate amargo</em> de la folclorista Amalia de la Vega, una mujer de bellísima voz, cuyo canto engalanaba el pequeño parlante del combinado Philips ubicado en el living de casa. Un mediodía, disco en mano, mi vieja me reveló un dato que me sorprendió.</p>
<p>—Esta señora es la tía solterona de tus amigos, los de la casa grande, donde vas a jugar al fútbol.<br />
—¿La tía Perla de Jaime y Guzmán Mateo?<br />
—La misma. Le dirán Perla, pero es ella&#8230;</p>
<p>La tía Perla ocupaba un pequeño apartamento en el piso superior de la casona donde vivían los Mateo-Martínez, en Francisco Simón y Mateo Vidal. ¿Esa señora era la cantante que a mis 14 rockeros años era capaz de conmoverme? Nada delataba exteriormente en ella a la famosa artista. De pelo entrecano, alta pero algo obesa y de una timidez casi enfermiza, tenía, eso sí, un rostro que denotaba haber sido inmensamente bello en sus años juveniles. Vestía, además, con absoluta sencillez y jamás usaba maquillaje.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Una tarde de verano me encontraba sentado en el murito delantero de casa, ensayando mis primeros torpes acordes en la guitarra, cuando vi venir a Perla, como cada día, camino al almacén.</p>
<p>—¿Así que sos músico? —preguntó, deteniéndose y esbozando una leve sonrisa.<br />
—No, “rasco” un poco. Usted es música —afirmé sin mirarla a los ojos.<br />
—¿Yo? ¿Quién te dijo? —respondió en voz baja, tomada por sorpresa.<br />
—En casa hay un disco suyo: <em>Mate amargo</em>. Me gusta mucho esa canción —agregué también en voz baja.<br />
—¿Y sabés tocarla? —preguntó interesada.<br />
—No&#8230; ni idea.</p>
<p>Perla tomó asiento a mi lado y miró para todos lados, comprobando la ausencia absoluta de vecinos, dado que era la hora de la siesta y el calor insoportable.</p>
<p>—A ver, pasame un segundo la guitarra —pidió con súbita convicción.</p>
<p>Colocó el acorde de mi menor en el diapasón y se lanzó a cantar <em>Mate amargo</em>, milonga de su autoría en música sobre un texto de Tabaré Regules. Ocurrió un milagro. Mis 14 años olvidaron el rock y el mundo entero no fue más que ese murito con esa señora gorda cantando con la voz más maravillosa que haya escuchado desde esa cercanía en esta vida.</p>
<p><a href="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/09/Amalia-de-la-vega-MateAmargo-Antar-ok.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-7447 size-medium alignright" src="https://www.enperspectiva.net/wp-content/uploads/2015/09/Amalia-de-la-vega-MateAmargo-Antar-ok-300x298.jpg" alt="Amalia-de-la-vega-MateAmargo-Antar-ok" width="300" height="298" srcset="https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/09/Amalia-de-la-vega-MateAmargo-Antar-ok-300x298.jpg 300w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/09/Amalia-de-la-vega-MateAmargo-Antar-ok-150x150.jpg 150w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/09/Amalia-de-la-vega-MateAmargo-Antar-ok-200x200.jpg 200w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/09/Amalia-de-la-vega-MateAmargo-Antar-ok-90x90.jpg 90w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/09/Amalia-de-la-vega-MateAmargo-Antar-ok-64x64.jpg 64w, https://enperspectiva.uy/wp-content/uploads/2015/09/Amalia-de-la-vega-MateAmargo-Antar-ok.jpg 599w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p><em>Mate amargo que naciste</em><br />
<em>en la rueda del fogón</em><br />
<em>derramando tradición</em><br />
<em>entre un estilo y un triste&#8230;</em></p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así viva 100 años no voy a olvidar ese timbre sedoso, esa dicción cristalina, esa entonación celestial. Lamentablemente muchos sí la han olvidado o, directamente, nunca la han conocido, en este 2015 en que se cumplieron 15 años de su muerte, el 25 de agosto.</p>
<p>María Celia Martínez Fernández, Amalia de la Vega, nació en Melo en 1919 y fue, en opinión de Mercedes Sosa, “Gardel hecho mujer”. Para Alfredo Zitarrosa, que la idolatraba, “sencillamente la más grande artista uruguaya de todos los tiempos”. Es más: el clásico y legendario sonido de las guitarras de don Alfredo arrancó en Amalia, quien trabajó junto a algunos de los mismos guitarristas que luego acompañaron a Zitarrosa, como <a href="http://www.tacuabe.com/disco/la-guitarra-de-mario-nunez-una-antologia/" target="_blank">Mario Nuñez</a>, Hilario Pérez y Gualberto López.</p>
<p>A pesar de todo el reconocimiento que merece y no tiene, cada tanto alguien la nombra, o Tevé Ciudad coloca en el aire una hermosa entrevista registrada en sus últimos años. Y cuando la recuerdan, yo no la evoco en su clásica discografía, o en las fotos donde aparece cantando en fonoplateas de radios montevideanas, sino en su papel de la tía Perla, sentada en el murito delantero de mi casa, súbitamente convertida en Amalia de la Vega, cantando solo para mí con esa voz que de tan hermosa casi dolía.</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 18.01.2016, hora 10.20. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en EnPerspectiva.net, el <a href="https://www.enperspectiva.net/uncategorized/el-dia-que-amalia-de-la-vega-canto-solo-para-mi/" target="_blank">6.09.2015</a>.</p>
<p><strong>Ediciones anteriores</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">Archivo del blog <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio</a></p>
<p><strong>Foto en Home:</strong> Amalia de la Vega en la imagen de portada del disco <em>Lo que quisiera tener</em>, editado por el sello Sondor. Crédito: Sondor/sondor.com.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/home/urquiza-esq-abbey-road-el-dia-que-amalia-de-la-vega-canto-solo-para-mi/">&lt;em&gt;Urquiza esq. Abbey Road&lt;/em&gt;&lt;br&gt;El día que Amalia de la Vega cantó solo &lt;nobr&gt;para mí&lt;/nobr&gt;</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadLa noche que Ray Charles demolió el Cine Plaza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Jan 2016 17:10:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[EnPerspectiva.uy]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[1992]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta segunda entrega de Urquiza esq. Abbey Road versión audio, Eduardo Rivero recuerda el notable concierto que Ray Charles...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe loading="lazy" width="100%" height="166" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/241428190&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
<p><strong>En esta segunda entrega de <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio, Eduardo Rivero recuerda el notable concierto que Ray Charles dio en Montevideo a fines de 1992.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Todo ocurrió a velocidad de vértigo. Allá por la primavera de 1992 apareció una noche en la televisión un aviso escueto y mal realizado anunciando a <a href="http://www.raycharles.com/" target="_blank">Ray Charles</a> en el Cine Plaza para apenas tres o cuatro días después. El resto, como era de esperarse, lo hizo el boca a boca. La noche indicada el Plaza lucía lleno de bote a bote, por tratarse de quien se trataba: según Frank Sinatra, “el único genio auténtico en la historia de la música popular”.</p>
<p>El hombre que combinó como nadie el <em>gospel</em> con el jazz, el <em>soul</em> y los ritmos latinos. La monumental voz de <em>What&#8217;d I Say</em> y <em>Georgia on My Mind</em>. ¿Cómo estaría esa noche? ¿Cómo sería la experiencia de tenerlo allí adelante? Flotaba en el aire esa corpórea y peculiar atmósfera de las grandes ocasiones. ¿Ray Charles en Montevideo? ¿Sería posible?</p>
<p>La <em>big band</em> que lo acompañaba con sus radiantes instrumentos de bronce arrancó tocando un <em>standard</em> de jazz tras otro para calentar un ambiente que en realidad ya hervía. Hasta que apareció Ray, conducido hasta el teclado por un ayudante. Lucía desmejorado, con su pelo totalmente blanco y su cuerpo notoriamente delgado, enfundado en un saco de lentejuelas que parecía haber sido usado por los parodistas Los Klapers en el carnaval de ese año. Su decadente aspecto presagiaba lo peor.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Antes de posar sus dedos en las teclas saludó al público con las manos cruzadas sobre el pecho, mientras lucía su inmensa sonrisa y sus eternos lentes negros. Lo que sucedió después, nadie que haya estado allí lo olvidará jamás. Apenas terminó su saludo y tomó asiento ante el teclado se transformó en un gigante sin edad, tan energético como invencible.</p>
<p>La banda arrancó al triple del volumen utilizado en los <em>standards</em> previos y Ray se acercó al micrófono y soltó la voz más impresionante que todos quienes estábamos allí hubiésemos escuchado nunca en esta vida:</p>
<p><em>Unchain my heart</em><br />
<em>baby let me be</em><br />
<em>unchain my heart</em><br />
<em>&#8216;cause you don&#8217;t care about me&#8230;</em></p>
<p>Esa no era simplemente una gran voz. Era una mezcla de terciopelo, acero, ternura, salvajismo, grito animal, jadeo, respiración, cuerdas vocales asombrosas; una voz capaz de llevar inserta en su esencia felicidad y dolor, placer y desesperación al mismo tiempo; la voz de un cantante de lujoso salón y a la vez de un esclavo en las plantaciones algodoneras de Alabama: simplemente un milagro.</p>
<p>Todos lloramos. Estoy seguro que absolutamente todos, apenas recibimos esas frases iniciales de esa canción inicial. Todos quedamos petrificados pero, eso sí, moviendo los pies rítmicamente bajo las butacas mientras Ray se balanceaba a un lado y al otro como un poseído. Sus manos recorrían el teclado con una energía tal que parecía que estaba viviendo varias vidas a la vez, mientras desde un costado tres chicas, las legendarias Raelettes, hacían impresionantes coros.</p>
<p>Hasta los espectros de quienes alguna vez ocuparon la venerable pantalla del Cine Plaza se conmovieron. En ese sublime momento, John Wayne dejó de esquivar las flechas de los sioux, Humphrey Bogart e Ingrid Bergman desanudaron su beso, Bette Davis abrió con asombro sus célebres ojos encapotados, Marlon Brando suspendió sus sabios consejos a Al Pacino acerca de como manejar la mafia de Nueva York y Woody Allen detuvo su caminata por Manhattan. Todos escucharon al genio con reverencia.</p>
<p>No faltaron luego de ese inicio <em>What&#8217;d I Say</em> y <em>Hit the Road Jack</em>. Tampoco <em>Georgia on my mind</em>, himno de su carrera y de la música negra en el mundo y <em>I Can&#8217;t Stop Loving You</em>, original del que tal vez sea su mejor album: <em><a href="http://www.raycharles.com/RC/RC-DiscographyAlbums.html" target="_blank">Modern Sounds in Country and Western Music</a></em>, y hasta el bolero <em>Quiéreme mucho –</em>ese que dice “cuando se quiere de veras/como te quiero yo a tí”– en demoledora versión en inglés.</p>
<p>Justamente: Ray Charles demolió el Plaza. Nada quedó en pie. Y por más que silbamos, gritamos y pataleamos, tras el último tema se fue sin dar ningún bis. ¿Para qué si lo había dado todo y las dos horas en que lo tuvimos allí adelante fueron un milagro reluciente y perfecto? En estado de <em>shock</em> fuimos saliendo por los pasillos hacia la calle. Ya cruzando la Plaza Cagancha, el viejo amigo que había ido conmigo me pidió una opinión. Me negué a dársela.</p>
<p>—Preguntáme otro día —respondí—, todavía sigo sin habla.</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 11.1.2016, hora 10.23. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en <strong>EnPerspectiva.net</strong>, el <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/urquiza-esq-abbey-roadla-noche-en-que-ray-charles-demolio-el-plaza/" target="_blank">7.10.2015</a>.</p>
<p><strong>Ediciones anteriores</strong><br />
<a href="https://www.enperspectiva.net/author/urquiza/" target="_blank">Archivo del blog <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> versión audio</a></p>
<p><strong>Foto en Home:</strong> Último concierto de Ray Charles en la Salle Wilfrid-Pelletier de la Place des Arts, durante el Festival International de Jazz de Montréal, 15 de julio de 2003. Crédito: Víctor Díaz Lamich.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/home/urquiza-esq-abbey-road-la-noche-que-ray-charles-demolio-el-plaza/">&lt;em&gt;Urquiza esq. Abbey Road&lt;/em&gt;&lt;br&gt;La noche que Ray Charles demolió el Cine Plaza</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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		<title>Urquiza esq. Abbey RoadLa primera vez que vi a Zitarrosa, en la voz de Eduardo Rivero</title>
		<link>https://enperspectiva.uy/home/urquiza-esq-abbey-roadla-primera-vez-que-vi-a-zitarrosa-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Jan 2016 20:39:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[EnPerspectiva.uy]]></category>
		<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[Home]]></category>
		<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Alfredo Zitarrosa]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Rivero]]></category>
		<category><![CDATA[Urquiza esq. Abbey Road AUDIO]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Primera entrega de una serie de diez audios con las mejores columnas del blog Urquiza esq. Abbey Road –narradas en...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe loading="lazy" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/240350086&amp;color=00aabb&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false" width="100%" height="166" frameborder="no" scrolling="no"></iframe></p>
<p><strong>Primera entrega de una serie de diez audios con las mejores columnas del blog <em>Urquiza esq. Abbey Road</em> –narradas en la voz de su autor Eduardo Rivero– y que a partir de hoy se emitirán todos los lunes </strong><nobr>En Perspectiva</nobr><strong> durante enero y febrero de 2016.</strong></p>
<p>Por Eduardo Rivero ///</p>
<p>Cuando el tren dejó la Gare d&#8217;Austerlitz de París camino a Madrid, los cuatro pasajeros que ocupábamos aquel compartimento nos mirábamos con indiferencia y recelo. Un par de horas después ya eramos amigos, con esa amistad íntima y a la vez fugaz que solo se da en los viajes.</p>
<p>Arlette de Argelia, Rosa María de España, Alfredo de Argentina y yo bromeábamos, relatábamos anécdotas y al amanecer, un poco antes de llegar la Estación Chamartín, intercambiábamos teléfonos y direcciones. Era mayo de 1981 y de ese intercambio surgiría un breve viaje a Córdoba, Argentina, dos años después, visitando a Alfredo, periodista y persona culta y encantadora.</p>
<p>Al llegar la primera noche cordobesa Alfredo me llevó a “un lugar sorpresa”. Por más que pregunté, en el trayecto no soltó prenda. El auto se detuvo frente a un gimnasio donde un sencillo pizarrón anunciaba: “Hoy, Alfredo Zitarrosa”.</p><div class="banner t728 flat6_p" id="flat6_p"></div>
<p>Nunca lo había visto cantar. En sus inicios, en la década del 60, yo estaba demasiado ocupado en los Beatles y el rock. Luego llegarían la dictadura que sufrimos todos y el exilio que sufrieron muchos, entre otros el propio Zitarrosa, que pasó por Argentina, España, México y luego de nuevo Argentina. Esa noche lo vería, entonces, cuando aún era un cantor en el exilio.</p>
<p>Dos guitarristas uruguayos, Vicente Correa y Alfredo Gómez, y dos argentinos, Luis Chazarreta y Hugo Coria, acompañaban a ese hombrecito bajo, delgado, de traje negro y peinado con gardeliana gomina. Tras definirse como “un simple obrero del canto” pareció entrar en trance mientras los guitarristas hilvanaban la introducción de <em>Tanta vida en cuatro versos</em>, texto de Washington Benavides y música de Eduardo Larbanois. Y entonces comenzó a cantar:</p>
<p><em>Una por mi se moría</em><br />
<em>yo me muero por usted</em><br />
<em>usted se muere por otro </em><br />
<em>que mundo tan al revés</em><br />
<em>coplas con sabiduría</em><br />
<em>que en el camino encontré</em><br />
<em>tanta vida en cuatro versos</em><br />
<em>pa&#8217; mis adentros pensé</em></p>
<p>Un misil me pegó en el pecho. Las más inesperadas y veloces lágrimas de mi vida cegaron mis ojos. La voz de aquel hombrecito vuelto gigante llenaba ese gimnasio. Ese timbre grave como un trueno, más grave que cualquier bajo eléctrico de rock que yo hubiese escuchado pero cargado de ternura, era la voz de un inmenso artista, pero también la voz del Uruguay. Comprendí que nuestro pequeño, carente, contradictorio y bellísimo país estaba allí cantando. Un país que volvía tras el oscurantismo más absoluto y que esa era su conmovedora voz.</p>
<p>Llóre con clásicos como <em>P&#8217;al que se va</em>, <em>Milonga de ojos dorados</em>, <em>Zamba por vos</em>, pero también con temas que nunca había escuchado como <em>Yaguatirica</em>, de Carlos de Mello.</p>
<p>En vivo, Zitarrosa tenía esa “voz más grande que él”, como dijo Enrique Estrázulas, pero además un carisma fenomenal, pese a que cantaba durito como una estaca, de ceño fruncido, y que solo movía las manos cada tanto como forma de acentuar determinados pasajes de los textos. Como si no bastara con esa voz, estaban esas guitarras dialogando, entrelazándose, <em>zitarroseando</em> maravillosamente.</p>
<p>Lo volvería a ver cuando cantó <em>P&#8217;al que se va</em> en el espectáculo Adempu Canta, el 7 de abril de 1984 en el Franzini. Y en su recital en el Estadio Centenario, el 12 de mayo de ese mismo año. Y luego en el Club Atenas, en el Cine Censa, en el Palacio Peñarol y en cuanto escenario montevideano pisó hasta su muerte, el 17 de enero de 1989. Pero no voy a olvidar nunca haberme descubierto tan absoluta y entrañablemente uruguayo en aquella noche cordobesa que no terminará jamás.</p>
<p>***</p>
<p>Emitido en <strong>En Perspectiva</strong>, programa del lunes 4.1.2016, hora 10.23. Publicado originalmente en <em>Urquiza esq. Abbey Road</em>, el blog musical de <a href="https://www.enperspectiva.net/author/eduardo-rivero/" target="_blank">Eduardo Rivero</a> en <strong>EnPerspectiva.net</strong>, el <a href="https://www.enperspectiva.net/blogs/urquiza-esq-abbey-roadla-primera-vez-que-vi-a-zitarrosa/" target="_blank">16.9.2015</a>.</p>
<p><strong>Foto en Home:</strong> Alfredo Zitarrosa. Crédito: MEC/mec.gub.uy.</p>
</p><p>La entrada <a href="https://enperspectiva.uy/home/urquiza-esq-abbey-roadla-primera-vez-que-vi-a-zitarrosa-2/">&lt;em&gt;Urquiza esq. Abbey Road&lt;/em&gt;&lt;br&gt;La primera vez que vi a Zitarrosa, en la voz de Eduardo Rivero</a> se publicó primero en <a href="https://enperspectiva.uy">Radiomundo En Perspectiva</a>.</p>
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