Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS

La pobreza subió levemente en 2019: ¿Qué impacto tendrá la crisis sanitaria por el coronavirus?

Según datos del INE, la pobreza el año pasado creció de 5,3% a 5,9%, de acuerdo con el «método del ingreso»

EMILIANO COTELO (EC): A inicios de esta semana el Instituto Nacional de Estadística publicó su informe de pobreza del 2019. Según el reporte, el porcentaje de hogares en situación de pobreza subió seis décimas el año pasado, desde 5,3% en 2018 hasta 5,9% en 2019, aumentando por segundo año consecutivo. En tanto, la proporción de hogares bajo la línea de indigencia se mantuvo estable, en 0,1%.

A raíz de esta noticia, nos pareció oportuno dedicar nuestro espacio de análisis económico de hoy a repasar con detalle estas cifras… ¿Cómo se miden la pobreza y la indigencia en nuestro país? ¿Cuántas personas están afectadas por estas problemáticas y qué segmentos de la población son los más vulnerables?

No podemos perder de vista que estamos atravesando una crisis económica severa a raíz del coronavirus, que tendrá impactos seguramente fuertes en estos indicadores… ¿qué podemos esperar en ese sentido? Lo conversamos con la economista Florencia Carriquiry, de la firma EXANTE.

ROMINA ANDRIOLI (RA): Florencia, primero que nada, me parece que vale la pena comenzar por recordar a los oyentes cómo es que el INE calcula los indicadores de pobreza y de indigencia…

FLORENCIA CARRIQUIRY (FC): De acuerdo. El INE hace estimaciones de pobreza y de indigencia en base al llamado método del ingreso, que es un método muy habitual para medir estas problemáticas en todo el mundo. Esencialmente, lo que se hace es comparar el ingreso per cápita del hogar versus un umbral, ya sea la línea de pobreza o la línea de indigencia. Entonces, si el ingreso corriente per cápita del hogar está por debajo de la línea de pobreza, ese hogar y todos sus integrantes son clasificados como pobres… Y lo mismo se hace para la indigencia.

Es importante ser precisos en estos temas, Romina, porque el fenómeno de la pobreza es complejo y es claro que tiene muchas más dimensiones que lo estrictamente monetario. Un hogar puede no ser pobre según esta definición de pobreza en base a ingresos, pero igual tener muchas otras carencias que lo sitúen en un contexto de exclusión social.

Pero sin ánimo de entrar en esos debates, que por cierto son válidos y muy importantes a la hora de interpretar las cifras y pensar en políticas sociales, lo cierto es que, como decía antes, este método de ingresos es una referencia habitual, que tiene el mérito de construir indicadores claros, objetivos y relativamente fáciles de comparar a nivel internacional.

RA: ¿Y cómo se determinan esas líneas o umbrales que mencionabas? ¿Y a cuanto ascienden hoy por hoy en Uruguay?

FC: La línea de indigencia se calcula en base a una estimación de lo que se considera es el ingreso mínimo o imprescindible para cubrir las necesidades alimenticias básicas del hogar… mientras que la línea de pobreza intenta medir el costo de un conjunto más amplio de necesidades, no sólo las alimenticias.

Como aclaraba antes, esas líneas están definidas para el hogar y en se sentido se computan líneas o umbrales diferentes en función de la cantidad de habitantes del hogar (porque evidentemente hay algunas economías de escala)… Pero para tener una referencia, a precios de finales de 2019 la línea de indigencia para un hogar unipersonal se situaba en unos 3.800 pesos mensuales para Montevideo y en un valor algo más bajo (de aproximadamente 3.500 pesos mensuales) para el interior urbano. Mientras que la línea de pobreza – que como dijimos, incorpora no sólo el costo de la canasta básica de alimentos sino también el costo de otras necesidades básicas – rondaba a fines del año pasado los 14.600 pesos mensuales para un hogar unipersonal en Montevideo y se ubicaba en torno a los 9.500 pesos mensuales para ese mismo tipo de hogar en el interior urbano.

RA: Está claro. Vayamos entonces a los resultados concretos de 2019. Emiliano decía recién que la pobreza se ubicó en un 5,9% de los hogares y la indigencia en un 0,1% de los hogares. ¿Qué suponen estos porcentajes en términos de cantidad de personas?

FC: Como decía antes, el INE define como personas pobres a todos aquellos integrantes de hogares pobres y como personas indigentes a todos los integrantes de un hogar indigente. Entonces, con esa definición y a partir de esos porcentajes que mencionabas a nivel de hogares, la pobreza habría alcanzado a un 8,8% de la población el año pasado, unas siete décimas más que en 2018 y casi un punto porcentual mayor al registro mínimo de 2017. Y, por otro lado, un 0,2% de la población podía considerarse indigente el año pasado (en este caso, el porcentaje es 1 décima mayor al de 2017 y 2018).

Tomando números gruesos y considerando que se trata de estimaciones (y que por ende tienen cierto margen de error), en 2019 unas 310.000 personas se encontraban en situación de pobreza. Eso es unas 25.000 personas pobres más que en 2018. Y aproximadamente unas 7.000 personas estaban en situación de indigencia o pobreza extrema… esto es el doble que el año anterior.

Sin dudas Romina no estamos hablando de niveles altos en una perspectiva histórica para Uruguay, pero las cifras de 2019 confirman un declive adicional al que ya habíamos visto en 2018 y marcan en una mirada más larga que nuestro país lleva ya varios años sin lograr progresos sustantivos en este frente… el fenómeno de reducción de la pobreza y la indigencia que vimos de forma clara durante toda una década tras el fin de la crisis de 2002-2003 se vio interrumpido desde 2014-2015 cuando la economía en los hechos dejó de crecer de forma significativa.

RA: Y si miramos las cifras en más detalle, ¿cuáles son los segmentos de la población que siguen estando más afectados por esta problemática? ¿Qué muestran las cifras por región, por ejemplo?

FC: A nivel de regiones, la indigencia y la pobreza tienden a ser mayores en Montevideo que en el Interior… Para mencionar simplemente una cifra… mientras que en la capital la pobreza afectaba el año pasado a más del 12% de la población, en el Interior urbano estaba en torno del 7% y y en las zonas rurales en poco más del 2% de la población según este informe.
De todas maneras, también es importante advertir que en el interior sigue habiendo una heterogeneidad muy grande por departamento. Los departamentos del norte y noreste del país tienen niveles de pobreza mayores que el resto.

RA: ¿Y qué diferencias hay según tramo de edad? Una de las preocupaciones en torno a esta temática es que la pobreza sigue siendo un problema muy importante entre los niños y adolescentes en nuestro país… ¿qué marcan los datos?

FC: Efectivamente. Los mayores niveles de pobreza se registran entre los menores de 6 años, donde la pobreza alcanza a un 17% (prácticamente duplica el nivel promedio del país). Esa proporción bajó mucho desde registros de 34% en 2010 o incluso de 50% en 2006 (cuando comienzan las mediciones según la metodología actual), pero siguen siendo un porcentaje demasiado alto.

Y si vamos subiendo en edad, la incidencia de la pobreza tiende a bajar, pero igual es muy alta en los estratos de población infantil y adolescente: el año pasado se ubicó en 16,5% en el segmento de 6 a 12 años y en 15% en el segmento de 13 a 17 años. Luego, el porcentaje de pobreza baja abruptamente: hasta 7,4% en los adultos de 18 a 64 años y a 1,8% en los mayores de 65 años.

Esto ratifica, como decías Romina, que la pobreza es un problema realmente dramático a nivel de nuestra población infantil y adolescente…

RA: Sin dudas. Antes de terminar, Florencia, parece claro que la crisis sanitaria y económica generada por el coronavirus va seguramente a agudizar estas problemáticas sociales… ¿qué puede esperarse en ese sentido y cómo pueden contribuir las medidas anunciadas por el gobierno?

FC – Evidentemente los impactos de la crisis sanitaria que estamos viviendo son muy fuertes en el plano económico y van a tener efectos importantes en estos indicadores que comentábamos recién… Los sectores más pobres tienen en general una inserción en el mercado laboral más precaria, con más informalidad, con lo cual se ven más rápidamente afectados por la caída del empleo y de los ingresos… Por lo tanto, resulta esperable que no sólo veamos un aumento de los porcentajes de pobreza e indigencia fruto de esta situación, sino que seguramente los hogares que ya eran pobres (o indigentes) según las cifras de 2019, lo van a ser en mayor medida… Hoy no comentamos otros indicadores que el INE elabora, como por ejemplo la brecha de pobreza (que en términos sencillos mide cuán lejos de la línea de pobreza están los hogares pobres) ni tampoco hablamos de conceptos como la severidad de la pobreza, pero vamos a ver deterioros en esos indicadores presumiblemente…

En ese sentido, las medidas anunciadas por el gobierno procuran justamente mitigar los impactos de esta situación sobre la población más vulnerable, pero es claro que hay algunos segmentos de esa población que están menos protegidos, por ejemplo, por estar en la informalidad y no verse beneficiados de medidas como el seguro de desempleo o el subsidio por enfermedad. Allí ya se están haciendo esfuerzos y tomando medidas, pero seguramente veremos más…

Lo que es clave, Romina, es que los impactos en términos de aumento y profundización de la pobreza y la indigencia sean lo más transitorios posible. Hay que evitar que esta situación, que es durísima pero que entendemos es esencialmente coyuntural, termine dejando impactos más duraderos de deterioro social y para eso no sólo son claves las medidas de mitigación y protección a estos sectores de la sociedad sino también va a ser fundamental que pasada la fase más aguda del shock recuperemos un ritmo de crecimiento económico más vigoroso del que veníamos viendo en los últimos años. Ese debería ser un objetivo primordial de la política económica del gobierno una vez que salga de la situación de emergencia que evidentemente está ocupando toda la agenda de las autoridades en estos momentos.

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Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS

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Gastón González

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