El infierno está en nosotros

Por José Rilla ///

Sé que sonará antipático, simplificador y hasta inoportuno para muchos: el único derecho que los presos no tienen es el derecho a la libertad. Sí son dueños, aunque hayan cometido crímenes, de su derecho a la vida, a la educación, a la salud, a la vivienda digna, a la recuperación de su existencia. Hace mucho tiempo que las cárceles uruguayas se alejaron de este criterio (¿tal vez nunca lo vivieron?) y como nos recuerda cada tanto el Comisionado Parlamentario Juan Miguel Petit, casi 7 de cada 10 personas privadas de libertad vuelven a cometer delitos. Es un círculo del infierno: en Uruguay recuperan su libertad 6.000 presos al año, y más de 4.000 de ellos vuelven al delito.

¿Quién habla de esto? ¿En qué presupuesto está la cobertura de las necesidades? ¿De qué plataforma política, social o partidaria forma parte este problema? ¿Sabe usted cuánto gana el director de una cárcel, o con qué equipo técnico cuenta para su tarea?

Los locos y los presos son el espejo rechazado de las sociedades. Cuando ellos son pobres, además, menos queremos mirarnos allí porque ese espejo nos devuelve una imagen aterradora de nosotros mismos. De nosotros, digo, salvo que pensemos que quienes cometen delitos no pertenecen al género humano, por más monstruoso que haya sido su comportamiento. Un tercio de nuestras cárceles (las poblaciones de Comcar, Libertad, Canelones), ambientan el delito y producen reincidencia.

Quiero llamar la atención sobre dos aspectos de esta cuestión que barremos bajo la alfombra, que no forma parte de reclamo alguno (salvo de Petit o antes de Álvaro Garcé) o de alguna prioridad de la Rendición de Cuentas. El primero es práctico, eficientista: la mayoría de los presos vuelve a delinquir y es probable que si las cárceles mejoraran radicalmente sería posible entonces abatir el número de delitos y mejorar la seguridad general y la convivencia hoy tan escarnecida.

El segundo aspecto es más profundo, antropológico diría: la cárcel viola los derechos humanos de quienes, por sus delitos, han violado los derechos humanos. Son pues un lugar para la venganza. ¿Cuál es la dosis de indignidad con la que estamos dispuestos a convivir? ¿Cuál es nuestra tolerancia para el trato “cruel, inhumano y degradante” que ejercemos y que describen con detalle algunos informes? Sospecho que la tolerancia, o mejor dicho la indiferencia y el olvido van creciendo con el temor, con la violencia que golpea, con el pánico de vecinos en alerta conectados por wasap, con un clamor estremecedor a favor de la muerte, ni siquiera de la pena de muerte.

Hemos creado dos mundos creyendo expulsar del nuestro al infierno. A favor de estas sospechas recuerdo que hubo estos días quien preguntó si había personas irrecuperables, para las que la redención no era posible. Y si la respuesta fuera que sí, ¿cómo seguimos?

Estamos en el Mundial de fútbol. Hace ocho años nuestra selección brillaba en Sudáfrica. Esos mismos días un incendio en la cárcel de Rocha mató a 12 presos para los que no hubo redención posible, ni memoria, ni protesta, 12 presos sin camino ni recompensa.

***

Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, viernes 22.06.2018

Sobre el autor
José Rilla es profesor de Historia egresado del IPA, doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires. Profesor Titular en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República y Decano de la Facultad de la Cultura de la Universidad CLAEH. Investigador del Sistema Nacional de Investigadores, ANII.

José Rilla

José Rilla (1956), profesor de Historia egresado del IPA, doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires. Profesor Titular en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República y Decano de la Facultad de la Cultura de la Universidad CLAEH. Investigador del Sistema Nacional de Investigadores, ANII.

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13 Comentarios

  • Brillante!

  • Una gran síntesis, de un gran Profesor.

  • Es un tema de prioridades del presupuesto. Ni más ni menos.
    Sería bueno saber que piensa realmente la sociedad sobre los delincuentes irrecuperables.

  • Es deseable y más, es un deber civilizatorio el trato humano hacia el prójimo -a todos los semejantes-.
    Es ley inescrita desde los albores de la convivencia, que quien viola la ley aceptada por el grupo, recibirà castigo.
    La pena siempre será amarga, del tamaño del crimen cometído, dependiendo de la medida de la voluntad y la posibilidad del castigador.
    La forma de hacer cumplir la sentencia debiera tender a redimir al autor del incordio, pues con ello se mejora la sociedad toda.
    La herida mas injusta, imperdonable hasta la corrosión del espíritu colectivo de una comarca, es la impunidad.

  • Si. Es un jodido tema, del que nadie se hace cargo porque arreglarlo cuesta dinero. Hace falta más «plazas carcelarias «. O sea, más cárceles con mejores condiciones que las actuales, más personal carcelario, más docentes para educar a los presos y varios etcéteras más. ¿Y a quién le van a cobrar un impuesto para cubrir estos gastos? No hace falta hacer una encuesta para saber que nadie de la población está dispuesta a pagar un peso. Por eso, la situación está, como muy bien la describe el Profesor Rilla. Un desastre.

  • Excelente. Y, por si esas razones no fueran suficientes, la Constitución (art. 26), prohíbe la mortificacion de los prisioneros desde 1930.

    • No es cuestión de mortificarlos, pero sí de que asuman que esstán ahí no de visita sino en castigo por conductas reprobables que tuvieron, y que tienen que rehabilitarse para poder salir. Y la pena no debe ser sólo la pérdida de la libertad, sino el control de las actividades que hacen; no es admisible, por ejemplo, que dispongan de celulares para estar en comunicación con otros delincuentes que están libres.

  • El enfoque no puede ser ser mas realista: el tema de la cárcel como respuesta social al delito, creo que NUNCA tuvo un contenido acorde con la Constitución y si lo tuvo, fue la excepción total: la regla ha sido el hacinamiento, el desconocimiento casi total de los derechos del preso, el autoritarismo y el rasero: familia y preso son la misma cosa es decir la familia también paga por tener al familiar preso: requisa, colas, plantones. Pero la otra cara es que ESE TRATO DEGRADANTE ( y ahi estamos en que fue primero……) generó «estrategias» como gustan llamar los sociólogos y psicólogos a los comportamientos «adaptativos» o «desadaptativos» tanto de los presos como de los familiares: el círculo se cierra con: en la cárcel mandan los presos y no los policías, el familiar siempre va a estar «imaginando» formas de eludir los controles, restricciones y prohibiciones etc etc. Este punto de vista debería complementarse con el sistema procesal penal aberrante existente hasta el 1.11.2017: primero la prisión preventiva como regla, por una interpretación piedeletrista de la Constitución y una tentación que viene de muy lejos de «cristalizar» institutos en la Constitución. Si la Constitución hubiera dado el «permiso legal» para que el legislador definiera el proceso penal y no se hubiera pueso a «legislar» sobre la prisión preventiva y la libertad provisional en la propia Constitución…… muchos males se hubieran evitado a lo largo de un siglo largo. En cambio, en vez de bajar de la Constitución lo que no debe estar en ella, gastamos décadas y rios de tinta y papel para concluir que es posible procesar sin prisión ( modificaciones hemiplégicas y parciales del proceso penal que luego se «licuó» en el CPP de 1980.) A raíz de la «constitucionalización» de alguna parte del proceso penal, como quedó dicho, el proceso penal TERMINA para el preso, el día que sale libre y nunca mas vuelve a la cárcel con lo que – mal que le pese a la mejor doctrina – la prisión preventiva fue siempre una pena anticipada. Como el preso, luego de la libertad provisional nunca mas volvía a la cárcel ( salvo que reincidiera, obviamente), el proceso se transformaba en un gigantesco expediente vacío, lleno de papel, firmas, vistas, fundamentos etc. para que terminara en una sentencia que en la mayoría de los casos «suspendía condicionalmente» el reintegro a la cárcel y hacía cumplir la «pena» en libertad ambulatoria. Aquellas cárceles llenas de gente procesada y NO PENADA, probablemente vayan cambiando de a poco con el nuevo proceso penal, pero HACE FALTA VOLUNTAD POLITICA para que en la cárcel mande LA POLICIA o LA AUTORIDAD ( en el caso de que se quiera sacar a las cárceles de la órbita del M DEL iNTERIOR). En realidad, en la cárcel MANDA LA CORRUPCION. Y las explicaciones ha sido variadas: que los policías viven en los mismos asentamientos, que ganan poco que el preso «pesado» siempre es mas rico que el carcelero, etc etc etc. Pero una de las facetas mas débiles de la inseguridad actual es, precisamnte el sistema carcelario «desautorizado», mandado por los presos . Sedice que no se puede sacar la señar de wifi porque se incendia la cárcel: VOLVAMOS A LOS VIEJOS TELEFONOS MONEDEROS con llamadas libres y vigiladas para los presos y listo. YA NO MAS VENTA DE CHIPS que permiten a los «capos» mandar desde adentro. En la era digital, debe existir algun mecanismo que permita al preso usar wifi bajo control. Y si wsp es incontrolable, pues, al preso ( chico mediano grande) NO WSP. Punto. Que no salgan los defensores de los DDHH a decir que estar preso no le debe impedir al detenido usar de su libertad de expresión mediante el uso de wsp !!!!! . Asi las cosas, luego de 20 años de discusión legislativa, se implanta el nuevo proceso acusatorio, donde el mudo procesal se pone «patas arriba» proque ahora los Jueces juzgan pero no investigan, no se atiende adecuadamente la parte de relacionamiento POLICIA FISCALIA y entonces corremos el riesgo ACTUAL de VOLVER AL PASADO. Se habla ahora de que el Derecho «ya fue» porque el Fiscal puede negociar la admisión del delito por el proceso abreviado donde el preso verá reducida su pena. Pero por lo menos se trata de PENAR en plazos cortos aquellos casos que antes ponían al preso en la «escuelita del crimen» sin saber cuanto iba a estar. Yo sé que esto no parece solo un comentario. Y quizás sea también una opinión. Pido las disculpas del caso. Pero es que el tema elegido por el Prof. Rilla pone el dedo en el ventilador. Ojalá algunas de los «taspuntes» que contiene este comentario puedan ser objeto de los análisis por venir.

  • La peor de las realidades que hay que asumir con las carceles, es el tema de los seres humanos que no tienen recuperacion. que hacemos con ellos? Este es el tema por donde se deberia entender un plan de recuperacion. Y tal vez que sea este el mas doloroso, porque nos afecta a todos en lo mas intimo al pensar que se los debe separar de la sociedad tanto como prescindir de ellos, salvo la caridad de sus propios familiares. LAS autoridades deberian tener presente que los demas ciudadanos tenemos no solo derecho a la vida sino que tambien tenemos DERECHO A VIVIRLA. Vivir la vida como todos queremos que sea en paz y con respeto. QUE no se nos obligue a vivir entre rejas a los que no hemos cometido delitos y a los que han pagado los suyos en tiempo y forma. La Diplomacia uruguaya deberia abocarse a buscar islas en el mar, lo suficientemente seguras y aisladas. NOSOTROS LOS CIUDADANOS pagamos mas por mantener un sisema carcelario que nunca satisface a nadie. Queremos un sisema carcelario de verdadera recuperacion de los delincuentes. Que cada dia los haya menos. Que las carceles no sean escuela del delito. QUE LOS IRRECUPERABLES NO CONTAGIEN MENTALMENTE A LOS QUE TIENEN ALGUNA PROBABILIDAD DE RECUPERACION PARA LA SOCIEDAD Y QUE PUDIERAN VIVIR DECENTEMENTE. CUANTO DINERO SE PODRIA MEJOR GASTAR POR PARTE DEL ESTADO SOLUCIONANDO ESTE PROBLEMA LARGAMENTE ENDEMICO.

  • Para dedicar más recursos a la situación carcelaria se debería redistribuir los gastos del Estado.
    Eso no es el tema pero es la raíz de la cuestión.
    Creo que las cárceles deben ser establecimientos de reclusión. No se puede permitir que los detenidos manejen libremente sus teléfonos celulares. De esa forma continúan dirigiendo las bandas criminales. Es seguro que pagarán «justos por pecadores», pero eso es preferible a que los delincuentes sigan dirigendo operaciones desde al cárcel. Si se incendia la cárcel, que se incendie. Los responsables son sus propios moradores. Que alguna vez asuman lo que hacen.
    Entiendo que a muchos de quienes opinaron, empezando por Rilla, les conmueve los miles de individuos hacinados en las cárceles y con poca o ninguna esperanza de recuperación. A mí también me conmueve.
    No obstante me conmueve muchos más los miles y miles de afectados por la delincuencia. Padres, madres, trabajadores, asesinados, invalidos, familias destruídas. Tal vez no impresionan porque no se les ve a todos juntos. Seguramente son muchos más que los delincuentes presos y tienen bastante menos atención que ellos.

  • Una donde la racionalidad de clase. Contextualizado como un historiador en serio.
    Gracias por estos aporte Rilla. La miopía uruguaya tiene más de 70 años

  • Error, la racionalidad da clase, no de clase.

  • Tiempos en que la racionalidad es necesaria como el aire. Acuerdo con Pedro.
    Excelente reflexión. Veraz, honesta, desafiante, removedora….necesaria. GRACIAS

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