Editorial

¿Reformas en la educación? Ruido, ruido, ruido

Facebook Twitter Whatsapp Telegram

Por Emiliano Cotelo ///

Hace una semana, el viernes 23, la ministra María Julia Muñoz le pidió la renuncia a Juan Pedro Mir, que ocupaba el cargo de director de Educación. Tres días después, el lunes 26, el subsecretario Fernando Filgueira tomó la iniciativa y dimitió en solidaridad con Mir.

El origen de esta crisis política fue lo que dijo el maestro Mir en un plenario del Frente Líber Seregni, el sábado 17. En esa exposición, que luego tomó estado público, el entonces director opinó que no estaban dadas las condiciones para llevar a cabo el cambio del ADN en la educación propuesto por el Frente Amplio (FA) en la campaña electoral y que a lo sumo lo que va a haber es una “transfusión”.

Todos quedamos muy preocupados por esas noticias. Y muchos llegaron a la conclusión de que las reformas prometidas se frustrarían sin remedio.

Ayer en declaraciones a Búsqueda, el presidente Tabaré Vázquez descartó que el gobierno haya modificado sus objetivos en esta materia. Remarcó que se llevará adelante el plan que la gente avaló “con su voto” y añadió: “Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que se cumpla”.

Algo similar había expresado ya la ministra Muñoz en varias apariciones a lo largo de la semana. Primero lo manejó de manera un tanto brutal, cuando, al comentar las renuncias, dijo: “No pierdo nada, el país no pierde nada”. Después emprolijó un poco el discurso y declaró que “una reforma está dentro de un programa de gobierno, fue preparada por muchas personas y la llevarán adelante todos los orientales de todos los partidos que sean”.

Por su parte, el presidente del Codicen, Wilson Netto, señaló que el motivo del trabajo de la ANEP es brindarle a toda la sociedad, pero "fundamentalmente a los más débiles", posibilidades y oportunidades mediante el sistema educativo público. “Todo lo demás –según Netto– son imágenes que se construyen en los medios, y cada uno toma postura de qué ganancia quiere lograr con ello”.

Ojalá las cosas ocurran como anuncian el doctor Vázquez y la doctora Muñoz. La educación uruguaya arrastra problemas serios que se expresan, por ejemplo, en las altas tasas de deserción y repetición en los liceos públicos. Y si bien es cierto, como alegan las autoridades, que ya se han introducido mejoras, todos los partidos políticos coinciden en que con eso no alcanza. Por algo el propio FA propuso un camino de reforma más profundo. Nadie puede asegurar que esa sea “la” solución. Pero esa es la fórmula que la mayoría de la población avaló. Y por eso debe ponerse en marcha.

Sin embargo, pese a lo que aseguran Vázquez y Muñoz, los indicios no son alentadores. Lo que ocurrió en estos días no fue solo “imágenes que se construyen en los medios”, como dijo Netto. Hubo trascendidos y especulaciones, sí.  Pero el punto de partida de todo eso fueron hechos concretos indiscutibles: el pronóstico pesimista de Juan Pedro Mir existió; la remoción de Mir debido a ese comentario también existió; y existió asimismo el alejamiento de Filgueira en solidaridad con Mir.

Y esos hechos concretos son, para mí, un mal augurio. No lo digo porque me esté alineando con los dos jerarcas que se van. Lo digo por el ruido fortísimo que esos hechos introdujeron en el debate político y social sobre el futuro de la educación. Un ruido que, lamentablemente, es sólo el capítulo más reciente de una larga saga de escándalos.

Basta hacer memoria. Este mismo año pasamos un par de meses empantanados en el conflicto planteado por los gremios de profesores y maestros en torno al proyecto de presupuesto, con una pérdida de clases tal que el gobierno llegó a declarar los servicios esenciales. Por ese motivo renunció la consejera de la ANEP en representación de los docentes, Teresita Capurro, que meses antes había denunciado que el Ministerio de Educación y Cultura estaba violentando la autonomía de los organismos de la Enseñanza. Y antes de todo eso ya había sido polémica la decisión de Vázquez de no dar participación a la oposición en el Codicen.

Y si revisamos la presidencia de José Mujica, que empezó con su alegato a favor de “Educación, educación, educación”, encontramos muchos episodios de ruido. Por ejemplo, las cantidad de remociones que Mujica dispuso de autoridades que él mismo había impulsado, como la de su primer presidente del Codicen, José Seoane, y la de la consejera Nora Castro, más el relevo de la primera presidenta del consejo de Secundaria, Pilar Ubilla, que fue sustituida por Juan Pedro Tinetto, a quien también se terminaría sacando para poner a Celsa Puente. Como telón de fondo, naufragaba el acuerdo multipartidario que se había firmado en los primeros meses de 2010. Y no faltaba la movilización sindical intensísima, no solo reclamando rubros presupuestales, sino además en protesta contra el Plan Pro-Mejora, sugerido por Daniel Corbo, que entonces integraba la ANEP en representación del Partido Nacional.

Por supuesto que esta búsqueda hacia atrás en el tiempo podría seguir un buen rato. Y encontraría en un lugar destacado la guerra abierta con que sindicatos y buena parte del FA enfrentaron (entre 1995 y 2000) la reforma liderada por Germán Rama. Si bien, pese a todo, aquella reforma se ejecutó, el enfrentamiento siguió en períodos posteriores, porque otras autoridades desarmaron algunas de las piezas de aquel plan y porque las reverberaciones llegan incluso hasta nuestros días, por ejemplo con algunas acusaciones que se le han hecho a Filgueira.

La suma de todos estos antecedentes es muy inquietante. ¿Qué pasa? ¿Por qué en Uruguay aparece ese ruido tan fuerte cada vez que alguien  intenta introducir cambios, reforma o transformación en la educación pública? Es cierto que ese ruido tiene variantes. A veces es resistencia gremial y/o corporativa. Otras veces, desencuentros entre partidos políticos. Otras, torpeza en la elección de autoridades. En ocasiones, choques entre funcionarios por celos personales o profesionales. También puede haber ineficiencia en la gestión. Y hasta falta de ideas. Pero el resultado siempre es el bloqueo o, en el mejor de los casos, la pérdida de tiempo y la distorsión del rumbo. Por eso a mí me cuesta ser optimista después de las novedades de la última semana.

***

Emitido en el espacio En Primera Persona de En Perspectiva, viernes 30.10.2015, hora 08.05

Comentarios