Sakis Mitrolidis/AFP PHOTO

No hay dracma

Por Rafael Mandressi ///

Grecia está fundida. No hay plata en caja y la deuda es gorda, por no decir obesa: 321 mil millones de euros, lo cual equivale al 180 % del producto bruto interno, que por otra parte cayó 25 % en los últimos cinco años. Herencia maldita, si las hay, para el gobierno que asumió a fines de enero pasado, con la promesa de acabar con las políticas de austeridad que aplicaron sus predecesores desde 2010.

Para ingresar en la zona euro, Grecia había maquillado las cuentas mientras sus socios europeos hacían la vista gorda. Cuando se acabó la fiesta y la crisis bancaria obligó a sacar los cadáveres del armario, los antiguos cómplices del engaño se convirtieron en prestamistas y desembolsaron unos 230 mil millones de euros. El Fondo Monetario Internacional puso lo suyo, unos 30 mil millones de euros más, y a cambio Grecia tenía que someterse a una purga draconiana: disminución de salarios y jubilaciones, despido de funcionarios públicos, privatizaciones.

Lo de siempre, en suma, el viejo catecismo quirúrgico que recomienda amputar al paciente para sacarlo del coma. La calesita es también la de siempre: se le prestaba a Grecia para que pagara los intereses y, si le sobraba algo, para que comprara cosas tan necesarias como armamento a los estados que le prestaban. Mientras tanto, el país se desbarrancaba en un empobrecimiento amargo, sin tocar, eso sí, a las mayores fortunas, las de los armadores y la de la Iglesia ortodoxa, exoneradas del pago de impuestos.

Fue entonces que Syriza, un partido al que se suele calificar como de izquierda radical, ganó las elecciones, y Alexis Tsipras se convirtió en primer ministro. Desde que asumió hace cinco meses, el nuevo gobierno se sentó a negociar con los acreedores. Propuesta va, contrapropuesta viene, la izquierda “radical” griega fue progresivamente aceptando muchas de las condiciones que había anunciado rechazar.

Quizá endulzados de tanto torcerle el brazo a Tsipras y los suyos, los duros de la parte acreedora fueron a por más: exigieron aumentar el IVA, en algunos casos al doble, y reformar el sistema jubilatorio. Más aún, la señora Christine Lagarde, directora gerente del FMI, creyó oportuno humillar al gobierno griego devolviéndole el último documento de propuestas corregido con un marcador rojo, cual maestra ciruela.

De pronto, Tsipras se acordó que solía ser “radical” y anunció un referéndum para el domingo, en el que los griegos van a decidir si aprueban o no los términos planteados por los acreedores. Lo mismo había intentado hacer el socialdemócrata Yorgos Papandréu en 2011, pero Angela Merkel y Nicolas Sarkozy lo convocaron para retarlo y dio marcha atrás. Esta vez todo indica que habrá referéndum, quizá porque el gobierno de Syriza acabó por entender que el asunto no es económico, sino político.

Grecia es una gota de agua en el mar de la economía europea. No se trata de salvar la plata, sino de empujar a Tsipras al suicidio político y así demostrar que, como decía la señora Thatcher, “no hay alternativa”. La mejor prueba de ello es el enojo y el desprecio que despertó entre los voceros de la línea dura el anuncio del referéndum: ¿cómo se atreve? Es una “triste decisión”, irresponsable, populista.

Entretanto, en Grecia rige un feriado bancario, las bolsas de valores caen, y las colas ante los cajeros automáticos recuerdan escenas de otros corralitos. Si el domingo gana el no, es probable que Grecia salga de la zona euro, vuelva a la dracma, devalúe, y no pague nunca su deuda. Si gana el sí, el gobierno seguramente renunciará, Grecia quedará por ahora en la zona euro, y tampoco pagará su deuda. Pase lo que pase, los que también seguirán sin pagar son los armadores y el clero, hasta que algún día, quién sabe, llegue al gobierno algún partido de izquierda “radical”.

Rafael Mandressi

Montevideo, 1966. Doctor en Filosofía por la Universidad de París VIII, historiador y escritor. Desde 2003 reside en París, donde es investigador en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), director adjunto del Centro Alexandre-Koyré de historia de la ciencia y docente en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS). En Uruguay, se ha desempeñado como docente en la Universidad de la República, la Universidad Católica y el CLAEH. Es autor de libros y artículos académicos sobre temas de su especialidad. También ha sido actor, director teatral y dramaturgo. Su novela Siempre París obtuvo el premio Juan Carlos Onetti en 2013. Es colaborador de En Perspectiva desde 1995.

Notas Relacionadas

4 Comentarios

  • Bien Mandressi.
    Pocas palabras pero justas.
    Más de lo mismo en la política econonómica de casi todo el planeta.
    Me encantó la metáfora de «amputar al paciente para sacarlo del coma»
    «Lapidario», dijera el Gillespie argentino.

  • Es fácil vivir y gastar la plata de otros. Si piden, y los socialistas del paso con papas de u fueron los que llevaron a Grecia al infierno. Lo interesante es que al igual que Zapatero en España, cuando fracasan dejan de ser socialistas y son tildado de socialdemócratas.

  • Perdonémosla a ella por haber amado a un armador… https://www.youtube.com/watch?v=4aFaEkvwO2w&feature=youtu.be

  • Si «no pagaban» si hubiere ganado el o ahora que ganó el no, si «no pagan»: ¿de dónde sacarán los griegos dinero para sustentar un estado insolvente y una sociedad que decidió vivir más allá de los que produce su trabajo? ¿Quién ayudará a alguien que no devuelve lo que no es suyo? ¿Alguien cree, incluido especialmente el articulista, que los prestamistas se desesperarán porque no podrán vivir sin que les paguen lo que prestaron a los griegos? Los trabajadores alemanes, por ejemplo, seguirán dispuestos a continuar destinando parte de su esfuerzo a «mantener» a quienes no viven solamente de su trabajo y fiestean con dinero de otros? ¿O se desconoce que el estado griego hace rato que no vive de su propio trabajo? Los gobiernos que llevaron a los griegos a esta situación, ¿no emergieron también de la voluntad de los mismísimos griegos? ¿Tienen derecho los griegos en general a decir sobre lo que hicieron los gobiernos que ellos eligieron y festejaron, «Yo no no fui»?
    Dentro de pocos días habrá elecciones en el país en que se festejó el no pago de la deuda, con aclamaciones en el parlamento. Si pierden o nó los K, cuando el nuevo gobierno asuma y se descorran los velos a las mentiras del INDEC, etc., veremos cómo siguen festejándoles las barbaridades a los «no pagadores» argentinos. Y los griegos seguirán un camino más doloroso porque no tienen las posibilidades económicas de la Argentina. Finalmente, ¿hay uruguayos que aún siguen insistiendo en aclamar a los que no honran sus deudas, cuando nuestro país, con gobiernos de distintos signos, ha afrontado sus deudas, ha procedido con seriedad en el ámbito internacional y ha salido adelante, sin todas las trampas de argentinos y griegos?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*Es obligatorio poner nombre y apellido