Terrorismo de lejos, de cerca, y de más cerca

Por Fernanda Boidi ///

La semana pasada cerró con la terrible noticia de los atentados del Estado Islámico (EI) en París, que dejaron más de 120 muertos en la capital francesa y gran conmoción en el resto del mundo. Este episodio acaparó la cobertura de los medios, y en las redes sociales explotaron los mensajes de dolor y de solidaridad con el pueblo francés.

Sin embargo, las de París no fueron las únicas acciones con saldo mortal atribuido a EI esa semana. El jueves 12 un atentado en Beirut dejó más de 40 muertos y 200 heridos. Ese mismo día, un ataque suicida en Bagdad tuvo como saldo al menos 17 muertos. Pero la atención prestada desde este rincón del mundo a estos otros episodios fue entre mínima y nula. La diferencia no está dada solo por las cifras de fallecidos y heridos, ni por lo impactante de las operaciones que llevaron a tales resultados. Hay también un componente de proximidad cultural, que hace que estos distintos actos terroristas se perciban como más lejanos o más cercanos, a pesar de que de acuerdo a la información disponible tuvieron un responsable común.

Al margen de la consternación que estos hechos generan, los uruguayos no estamos demasiado preocupados por el terrorismo (bueno, al menos no lo estábamos hace algún tiempo). En 2010, y según la encuesta del Barómetro de las Américas de ese año, Uruguay era el país con la menor preocupación en todo el continente por la posibilidad de un atentado terrorista. En una escala de 0 a 100, en la que 0 es “nada preocupado” por la posibilidad de un ataque en suelo nacional y 100 es “muy preocupado”, el promedio para Uruguay fue de 18 puntos; el más bajo de todos. Es más, el 19 % de los consultados en esa oportunidad escogió la opción “no he pensado mucho en eso” y declinó por tanto brindar una respuesta. Como referencia, los colombianos eran los más preocupados con 67 puntos en promedio, los estadounidenses alcanzaban un promedio de 48.

Luego de que el canciller Rodolfo Nin Novoa anunciara, precisamente desde París, que Uruguay se encolumnaría en el combate al Estado Islámico, el cónsul uruguayo en Toulouse manifestó preocupación por posibles represalias contra su sede de parte de los terroristas. Este fin de semana, al leer que EI se adjudicaba los atentados de París y advertía que “Francia y los que siguen su camino continúan siendo los principales objetivos del Estado Islámico” me sentí un poco como el cónsul de Toulouse, debo confesar. Y me acordé de los datos de esta encuesta, y me pregunté cómo serían hoy las respuestas de los uruguayos. ¿En cuántos la preocupación por el terrorismo se habría vuelto algo mucho más cercano? ¿Y de qué modos afectaría esto su forma de ver y evaluar el gobierno, y más en general, sus valores democráticos?

El orgullo y el prestigio que supuestamente implica sentarse a la mesa del grupo selecto de países que sentencia sobre la guerra y la paz en el mundo no luce como recompensa suficiente para los problemas que en diversos frentes el ingreso al Consejo de Seguridad de la ONU podría traerle a la administración Vázquez y al país. Creo que los atentados de París lo han puesto impetuosamente de manifiesto.

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, lunes 16.11.2015, hora 08.05

Sobre la autora
Fernanda Boidi es doctora en Ciencia Política por la Vanderbilt University, EEUU, directora de Insights Research & Consulting y coordinadora regional para el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP). Integra de La Mesa de Politólogos de En Perspectiva.

Fernanda Boidi

Fernanda Boidi es doctora en Ciencia Política por la Vanderbilt University, EEUU, directora de Insights Research & Consulting y coordinadora regional para el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP). Integra de La Mesa de Politólogos de En Perspectiva.

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