La Mesa de Filósofos: A favor y en contra de Yuval Noah Harari

Imagen: ynharari.com/es/

Yuval Noah Harari es probablemente el pensador actual más leído. Su primer bestseller, Sapiens, traducido al español como De animales a dioses: una breve historia de la humanidad, ha vendido 16 millones de copias.

Aunque no usa celular, se dice de él que es “el gurú de Silicon Valley”: Mark Zuckerberg, dueño de Facebook, suele recomendar Sapiens, Bill Gates lo cuenta entre sus libros favoritos, y Reed Hastings, director ejecutivo de Netflix, ha dicho que Harari representa al tipo de persona que los CEOs del mundo tecnológico quieren ser.

Es, además, el nombre que la mayoría de los políticos uruguayos decían que estaban leyendo durante la campaña electoral.

Este filósofo israelí se ha dedicado a repasar la historia humana desde la aparición del Homo sapiens hasta nuestros días, y luego ha puesto su mirada en los desafíos del presente y en lo que nos aguarda en el futuro, con sus libros Homo Deus y Lecciones para el siglo XXI.

¿Pueden desaparecer los humanos como nos concebimos hoy? Esa es una de las preguntas principales que plantea. Harari se inclina a pensar que sí, que la revolución científica que según él estamos atravesando bien puede terminar en un quiebre sin precedentes.

Todo esto ha hecho de Yuval Noah Harari uno de los intelectuales de mayor peso en el mundo. Pero, ¿tiene tanta sustancia lo que plantea? ¿Qué sostienen quienes lo critican? ¿Cuáles son sus grandes aportes, qué dicen quienes lo defienden?

Ese es el tema que les planteamos para hoy: ponemos a Harari en el banquillo de los acusados.

Para eso nos acompañarno Javier Mazza, licenciado en Filosofía, magíster en Comunicación y coordinador docente del departamento de Humanidades de la Universidad Católica; Rafael Mandressi, historiador, escritor, doctor en Filosofía, director adjunto del Centro Alexandre-Koyré de historia de la ciencia en París; y Miguel Pastorino, licenciado en Filosofía, magíster en Dirección de Comunicación, docente de Filosofía y Ciencias de la Religión en la UCU.

Candela Stewart

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8 Comentarios

  • Muy buena Mesa. Me quedo tranquila porque nunca me encandiló el «fenómeno Harari» , más bien me rechinaba, y me sentía sapo de otro pozo. Veo que estos profesionales ninguno en definitiva coincide enteramente con él. Excelente Rafael (minuto 39:30 al 44) con argumentos firmes, muy fundados. Además del condimento irónico, todavía me rio con lo de Coelho.

  • Voy a quebrar una lanza por Harari, no por su precisión rigurosa.
    El autor juega un ping pong con el tiempo (historia y futuro) de manera dicotómica y contradictoria y creo que intencional; dicotómica y contradictoria porque lanza la pelotita para atrás y para adelante y lo hace a sabiendas de su único lugar en el tiempo, el único lugar en el reloj que existe es ahora y en el reside toda la historia universal y esa cosa conjetural nombrada futuro.
    Esa entonces, pretendida atemporalidad, forzosamente imposible, es un ejercicio de imaginación, de la ficción como se mencionó en la charla, creo que en ello radica su mayor interés; rejunta cosas, hitos y mitos, los socava de cuestionamientos con el fin de provocar, se aventura en
    escenarios probables o no; pienso, acaso equivocadamente, que no tiene el objetivo de laudar y en ello, junto con la palabra, su mérito.
    Tal gimnasia literaria no es para cualquiera y es infrecuente, por aquel lado es que llama la atención e invita a reflexionar, como hoy lo han hecho los tertulianos, sólidos académicos, a expreso pedido del programa que como tema lo propuso.
    Quien pretenda hallar en «homo» o «sapiens» a un Nietzsche o un Sartre o…no los va encontrar aunque tampoco y no es poco, se va aburrir facilmente con ojear a éste polémico señor.

  • Es bueno ver a Harari como un catalizador para aborar temas controversiales. No de trata de un pensador que aborde la realidad desde una pretedida neutralidad. Por lo tanto, su estilo provoca controversias. Sobre todo cuando trascendiendo a lo descriptivo e intepretativo, pasa a considerar la predicción y la prescripción.

  • Interesante el intercambio, aunque lamentablemente algunas críticas, sin escatimar en virulencia, se quedaran un poco en titulares. Sería productivo si por esta vía pudieran dar algunos fundamentos que no fueron dados, tal vez por falta de tiempo. Por ejemplo, tanto Mandressi como Pastorino cuestionaron como “simplista” la visión de Harari con relación al papel que tuvieron la ilustración y a la revolución científica, entendidas como cambio cualitativo en la historia de la humanidad, respecto los diez siglos precedentes de la Edad Media. Sería bueno conocer en qué sentido ellos piensan que estaría superada esa visión según la cual el iluminismo significó una vuelta de página radical en la historia, con relación al oscurantismo medieval, o si piensan que nunca existió tal oscurantismo, y en qué se basan para sostener esta idea. Como no dieron detalles al respecto, salvo el titular despectivo de “visión superada hace cuarenta años” uno puede pensar que tal vez se trate de una reivindicación de relativismo epistemológico proclamado por la posmodernidad, según el cual ningún conocimiento tiene un valor de verdad privilegiado sobre otro, ya que no existe el conocimiento objetivo, y la noción de verdad sólo tiene sentido situada histórica y culturalmente. La teoría heliocéntrica tendría la misma validez que el mito de los elfos en la mitología nórdica.
    ¿O acaso la superación implica reivindicar la hipótesis de continuidad entre la Edad Media y la Edad moderna que hacen algunos historiadores, y exigir que ésta sí sea adoptada como la interpretación “correcta” (y no, paradójicamente, como un “relato” más, tan admisible como el que sostiene Harari, dando por probada la revolución científica y su gigantesco impacto en la sociedad contemporánea). En todo caso, son temas suficientemente importantes como para intentar prescindir del tono socarrón como crítica implícita y suficiente, y abundar en argumentos que ayuden a pensar.

    Por otro lado Pastorino denuncia supuestos “errores” históricos o científicos, lo cual es algo bastante grave como para dejar en el aire sin desarrollo. Lo cierto es que más allá de mostrar su discrepancia con un análisis demasiado escueto del fenómeno religioso (¿qué otra cosa podría esperarse de un esfuerzo de síntesis monumental como el realizado por Harari?) y un desacuerdo con la idea del viejo conflicto entre ciencia y religión, Pastorino no menciona ninguno de esos supuestos errores. En todo caso, parece ser que él no coincide con alguna de las ideas sostenidas por el autor, pero eso es una discrepancia, totalmente legítima, que no debería presentarse como crítica desde un “saber” superior. Para llegar a ese extremo hay que tener un poco más de cuidado y respeto por el esfuerzo intelectual de Harari, y dar pruebas claras que demuestren la existencia de esas equivocaciones.

  • Pero hay otro aspecto que discuto por separado para no hacer tan extensa la entrada anterior. Mandressi sostiene con mucha vehemencia (minuto 40:22) que interpretar hechos del pasado aplicando el conocimiento científico presente sería algo «extraordinariamente problemático» porque implica tratar al saber científico actual como un instrumento objetivo que está por fuera de la historia. Yo creo que esta afirmación sí es verdaderamente problemática, y no porque el conocimiento científico no tenga un carácter «provisorio» por su condición histórica, que lo tiene. Desde hace mucho tiempo ya, la duda y el escepticismo son considerados valores fundamentales del pensamiento científico, y es archisabido que hasta el conocimiento más afirmado es en alguna medida provisorio, esto es, válido hasta el surgimiento de nuevas teorías más exactas. Pero eso no significa que no puedan y deban ser empleados para estudiar la realidad, la realidad de hoy y la del pasado.
    Porque la historia es justamente el estudio de hechos y acontecimientos que realmente existieron. Para hacer historia es necesario partir de una ontología realista. La peste negra existió o no existió, no es igualmente válida una idea de la otra. Y. ¿por qué no sería útil, para entender con mayor precisión lo que ocurrió con la peor catástrofe sanitaria de la humanidad, utilizar los conocimientos científicos actuales? ¿Acaso no ayuda enormemente a entender el desastre ocurrido, aplicar los conocimientos adquiridos quinientos años después de los sucesos, y saber cómo se trasmitía la bacteria Yersinia pestis, por medio de las pulgas, en las ratas, y cómo la falta de saneamiento y de higiene personal, combinadas con una profunda ignorancia (¿oscuridad?) que se tenía en la época, constituían una bomba de tiempo perfecta? ¿O acaso es menos «problemático» quedarnos con la idea muy difundida en la época (e históricamente situada), de que la culpa era de los judíos o de los extranjeros, o de la ira de dios?.
    ¿Acaso no tiene sentido aplicar nuestros conocimientos sobre la física y la mecánica para saber cómo diablos fueron construidas las pirámides mayas o egipcias? ¿Qué tiene eso de ilegítimo o problemático? El conocimiento actual, es una batería de instrumentos que no es posible dejar en un frasco a un costado, en el momento de tratar de entender los hechos históricos. Por el contrario, son la «mejor tecnología disponible» para hacer interpretaciones lo más ajustadas posible a lo realmente acontecido.
    Mandressi y Pastorino pueden no estar de acuerdo con los análisis de la historia basados en nuestro arsenal de conocimientos sobre biología evolutiva y neurociencias, y están en su derecho. Pero de ahí a barrer de un plumazo estos trabajos con etiquetas descalificadoras (biologicismo, cientificismo) o con argumentos de autoridad (visiones revisadas y descartadas!), es además de «problemático» un tanto paradójico: los conocimientos científicos no deberían emplearse retrospectivamente por su carácter de provisorios, pero en el terreno de los análisis históricos, ahí sí, según ellos, están las visiones superadas y las verdaderas (las de ellos).
    (Sólo para evitar confusiones: otra cosa muy diferente es cuando se intenta trasladar los códigos morales del presente a la interpretación del pasado, en épocas que se manejaban valores completamente diferentes a los actuales. Ahí sí estamos en un terreno más que resbaladizo, decididamente equívoco, porque estamos entrando en el mundo de los valores, que son construcciones puramente culturales y tienen validez en la medida que forman parte del cuerpo de ideas sostenido por las comunidades de su tiempo. Pero sin duda se trata de un tema bien diferente.)

    • Estimado Marcelo:
      Muchas gracias por tu extenso comentario, que pone en juego asuntos de fondo cuya discusión no fue desarrollada en la conversación (no pudo serlo), pero que sin duda merece serlo. Queda clarísima tu discrepancia con algunos de mis puntos de vista respecto del conocimiento científico y, especialmente, de la historia de las ciencias así como de la historia a secas y del uso al respecto del saber científico contemporáneo. A mi juicio, ello implica una contradicción insalvable, no solo por la «provisoriedad» del conocimiento científico, sino por su carácter irreductiblemente histórico (lo cual no es lo mismo). Espero que haya otras ocasiones en que estos temas puedan ser considerados y debatidos, de manera de seguir hincándoles el diente. Más que coincidir, lo decisivo es mejorar el problema, debatiéndolo. Gracias de nuevo. R.

      • ¡Buenas, Rafael! No me he podido comunicar por vía Twitter y por ello hago uso de este recurso porque después de haber escuchado la charla, me he dado cuenta que efectivamente tengo lagunas, mitos y creencias sobre la historia, ya que los mitos en esta se impregnan muy fácilmente si no hay una buena base sobre la historia, por ello quería preguntarle si es posible una recomendación de autores, libros que traten este ciencia desde la rigurosidad, claridad y honestidad (porque esto fue lo que escuche, cuando vi la charla filosófica), y por ello me he atrevido a escribir, porque tengo confianza que las recomendaciones que pueden llegar, serán de la mano de alguien que de verdad aprecia la historia y reivindica su importancia. ¡Muchas gracias de ante mano y saludos grandes!

  • Humildemente quería hacer un aporte, considero que la mayoría de los problemas de quienes intentan explicar o discutir a harari en occidente, se originan en que no es fácil darse cuenta desde que perspectiva filosófica razona el autor o donde esa posicionado, pienso que la postura de harari se entiende mejor cuando uno comprende que es un pensador budista (secular) y el budismo es muy poco estudiado y aún menos comprendido por estos lados. El mismo harari lo deja entrever solo de a cuenta gotas, (sospecho que a causa de posibles perjuicios que puede encontrar dentro de la academia) saludos.

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