Delitos disminuyen en el primer semestre de 2021

Foto: Javier Calvelo /adhocFOTOS

Las rapiñas, homicidios, hurtos, violencia doméstica y abigeatos disminuyeron en el primer semestre de 2021 en comparación con el mismo período del año pasado, según informó ayer el Ministerio del Interior.

Según los datos del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad,  en esa comparación interanual los homicidios bajaron 26,4%; las rapiñas 17%; los hurtos, 10,2%: la violencia doméstica 12,5% y el abigeato, 43,3%.

Estas mejoras se suman a las que ya se habían dado en 2020 en la comparación con 2019.

Hablando en conferencia de prensa, el ministro del Interior, Luis Alberto Heber, recordó  que “la tendencia al alza fue quebrada ya en 2020” y atribuyó la baja de los delitos a la conducción política y la profesionalidad de la policía. 

Nos parece importante tener presente aquella resignación que había en el país con que la situación de violencia prácticamente no se podía resolver. Era un problema de la sociedad. Se culpaba a la sociedad para evitar culpas propias. No es así. Se puede resolver. Se va resolviendo. Vamos bajando y vamos teniendo éxito en la lucha contra la delincuencia.

Heber recordó que además de bajar los delitos, hubo 2.000 personas más privadas de libertad, lo que dijo es la confirmación del “éxito” de la política. 

Al ser consultado por periodistas sobre la incidencia de la reducción de la movilidad en el descenso de los delitos, el ministro respondió que “hay una discusión” sobre el tema y lamentó que se diga que el delito bajó por la pandemia. “Si eso fuera así, que no lo es para mí, tendríamos menos condenados, menos formalizados. Con menos delitos, tenemos más éxito en el combate”, destacó.

La Tertulia de los Miércoles con Gabriel Budiño, Leonardo Costa, Patricia González y Agustín Iturralde.

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Candela Stewart

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1 Comentario

  • Mientras en el FA tengamos dirigentes que argumentan como González en temas de delitos, no volvemos más al gobierno. Los presos no están presos por pobres, sino por delinquir. Con los códigos que tenemos en Uruguay, tampoco es que roban un par de frutas de un puesto y van presos. Hay que meter la pata feo para ir a la cárcel.

    Comparar desde la política a delincuentes comunes con el tipo de que mandó cocaína a Alemania entre la soja es no entender que para el ciudadano común ese tipo no representa ningún peligro. Lo que hizo es un delito, pero no mató, no rapiñó, no violó, ni siquiera la vendió acá. Es más un tema del prohibicionismo alemán que del prohibicionismo nuestro. La gente de clase media educada piensa que como es rico deberían meterlo preso de por vida porque juzgan moralmente que si se es pobre está bien delinquir, pero si se es rico no hay motivo. Pero para el obrero ese tipo no representa ningún peligro y el que lo rapiña en la parada del ómnibus sí. Es lo que dice Iturralde con mucho más sentido común que González: las víctimas del delito son abrumadoramente gente pobre y trabajadora. Tenemos que dejar de discutir esto centrados en el delincuente y discutir centrándonos en las víctimas.

    Lo de la operación Océano tampoco lo entiendo. Hay un juicio en curso, se han dado los nombres de varios de ellos, que han sido escrachados en redes sociales sin tener aún una condena. ¿Molesta que tengan abogados? Bueno, parece que ciertos delitos merecen abogados defensores y que otros bajo denuncia merecen un juicio sumario y a la cárcel. Toda esa gente tiene un juicio y hay una fiscal que ha mostrado –felizmente– una gran tenacidad para tratar de condenarlos si hay pruebas fundadas de que hayan cometido un delito. Si hay un caso en el que no creo que vaya a haber impunidad es este por el nivel de exposición que ha tenido y por la presión social que hacen las organizaciones feministas.

    ¿Tener 2000 presos más es para festejar? Bueno, para festejar sería que no haya 2000 delincuentes libres. Si no los hay porque no existen, mejor. Si existen, parece que por el momento lo mejor es recluirlos. En fin, en mi modesta opinión, la izquierda está para defender sobre todo a la clase obrera y más en general a los trabajadores en su eterna lucha distributiva con el capital. Los delincuentes, sean pobres o ricos, no son trabajadores. Que los defiendan sus abogados defensores en un juicio con garantías, pero su modo de vida no es para reivindicarlo desde la política de izquierda.

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