El Índice Mundial de la Felicidad de la ONU cumple diez años

Foto: Helsinki, Finlandia. Crédito: Flickr

¿Se puede medir la felicidad de los países?

Desde hace diez años, la ONU viene publicando anualmente su Índice Mundial de la Felicidad.

El 28 de junio de 2012 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad. En el entorno de esa fecha se publica cada año el Informe Mundial de la Felicidad, que contiene el índice y el ranking de desempeño de los países en la medición.

Ese reporte es una publicación de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible, de la ONU, que utiliza datos de la Encuesta Mundial de Gallup. El estudio se basa en datos subjetivos, por ejemplo preguntas a los ciudadanos de cada país sobre su propio nivel de felicidad, e indicadores objetivos como el PIB o estimaciones de la esperanza de vida.

El ranking de este año tiene a Finlandia como líder por quinto año consecutivo, seguido por Dinamarca e Islandia.  

Uruguay se ubica en el puesto número 30 entre 146 países.  

El último país del ranking es Afganistán.

 

La Tertulia de los Viernes con Marcia Collazo, Juan Grompone y Alejandro Abal.

 

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Las ciencias sociales como «ciencias todavía en elaboración»… Y otros telegramas

Candela Stewart

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2 Comentarios

  • «Hay un solo error innato, creer que estamos acá para ser felices»
    Arthur Schopenhauer

    ¿Cuánto amor?
    ¿Cuál escalafón de emoción?
    ¿Qué ranking de ternura?
    ¿Cómo mesurar cariño, bondad, alegría, paz…?
    Ya que estamos ¿por qué no establecer un índice de odio, que tampoco es ajeno a nuestra humanidad?

    …estarás en el paraíso pero nunca tendrás la certeza de estar en él…
    Si acaso, los ratos de infierno, son más palpables.

  • Muy buenas las objeciones de Grompone. En estos tiempos en que las ciencias sociales ocupan el espacio de autoridad que otrora tuvieron las llamadas «ciencias duras», conviene recordar que las ciencias sociales tienen un grado de rigor y formalización que no es comparable al que tiene por ejemplo a física. A menudo uno oye argumentos de que tal o cual teoría «es ciencia» porque forma parte de una corriente de moda de la sociología. Eso formalmente está bien, pero confrontar con estas teorías no equivale a ser terraplanista o negar la ley de gravedad. Hay que habituarse a que hay ciertas ciencias en las que la materia prima y las conclusiones son meras interpretaciones especulativas de datos arbitrariamente seleccionados. Por buena fe que se tenga.

    Entre varios problemas de esta ciencia está el tema del valor de las encuestas, tan permeables a la sensibilidad del momento y hasta a la redacción y el orden en que se hacen las preguntas. E sujeto que investiga incide con su metodología en la subjetividad que está midiendo. También está la dificultad para aislar una variable del resto y poder realmente estudiar su efecto específico. Las condiciones normalmente son irreproducibles y eso tampoco permite «falsear» el resultado. Quizás el Big Data, con su capacidad de poner las «leyes de los grandes números» de su lado, le den a «las sociales» otras herramientas menos manipulables.

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