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Entrevista central, martes 19 de setiembre: Fanny Castellanos Póveda y Gustavo González

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EC —Fuiste liberada por una ley aprobada por el Congreso de Colombia en diciembre del año pasado que amnistió a todos los miembros de las FARC, excepto a los que cometieron delitos como los de lesa humanidad o abusos sexuales o reclutamiento de menores. Una ley que fue fundamental para que se produjera posteriormente el desarme efectivo.

FCP —Sí, a muchos compañeros que estuvimos en las cárceles esta ley nos permitió la libertad. Sin embargo las leyes colombianas han obstaculizado mucho la aplicación de esta ley y aún existen combatientes que no cometieron delitos de lesa humanidad privados de la libertad.

EC —Según repasábamos hace poco tratando estos temas, la amnistía aprobada en el Congreso tiene dos formas de implementarse. Una por decreto, para delitos únicamente de corte político, como rebelión y otros conexos a él, por ejemplo uso de uniformes militares o porte de armas. Y después está la vía judicial, para delitos cuya vinculación con lo político no es del todo clara –por ejemplo narcotráfico–; son situaciones que deben ser dilucidadas por la justicia especial para la paz. Es en ese ámbito donde están todavía tramitándose casos.

FCP —La jurisdicción especial para la paz todavía no ha entrado en vigencia, pero sí hay compañeros dentro de la zona […], como en el Meta, que tendrán que responder ante la jurisdicción especial para la paz. Sin embargo el tema del narcotráfico no es un delito de nosotros, fuimos catalogados de narcotraficantes, pero no somos narcotraficantes.

EC —¿Cuál es la situación hoy, en resumen, a propósito de la relación de los exguerrilleros de las FARC con la justicia?

FCP —Todavía estamos pendientes de que se pueda aplicar una ley de amnistía e indulto amplia a los demás combatientes que existen aún en las cárceles. No tenemos ninguna objeción para llegar a responder ante la jurisdicción especial, que es un marco no solamente para los combatientes de las FARC, sino que es un marco muy amplio en el que también muchos sectores del Estado que han financiado el paramilitarismo y la guerra en Colombia tendrán que hacerse presentes.

EC —En resumen, ¿cuántos miembros tienen las FARC y cuántos se han visto beneficiados ya por la amnistía?

FCP —Hay un número muy corto de unos 700, pero todavía quedan dentro de las cárceles 1.200, 1.300 compañeros privados de la libertad, aparte de los compañeros que hoy se encuentran extraditados.

EC —La amnistía ha sido uno de los puntos más controvertidos de todo este proceso de paz. En la población colombiana todavía se la discute, y hay figuras políticas que juegan un papel muy fuerte en ese debate. Pienso, por ejemplo, en el expresidente Álvaro Uribe, que ha dicho que con la ley de amnistía hay riesgo de que se metan “colados”. De hecho, la semana pasada, el vicepresidente Óscar Naranjo dijo que el gobierno logró impedir que 25 narcotraficantes entraran en la listas de beneficiados por la amnistía que las FARC iba a presentar al gobierno. Algo decías tú recién sobre este punto. ¿Qué agregas sobre este planteo del vicepresidente Naranjo?

FCP —Es muy difícil, porque hemos sido muy estrictos y en el ámbito judicial nuestros listados han sido mirados con lupa. Es imposible que dentro de los listados vayan personas que se han dedicado al narcotráfico. Lo que pasa es que la justicia siempre mira sus opciones, nosotros fuimos catalogados de guerrilleros y por eso entramos a las cárceles. Hoy en día hay que mirar muy bien y revisar muy bien si somos guerrilleros para que nos puedan aplicar la ley de amnistía. Son como las contrapartes, primero cualquier compañero, así no fuera guerrillero, iba a la cárcel; hoy es difícil salir si no tenemos pruebas de que somos o fuimos guerrilleros. Es como la contraparte política y los obstáculos que coloca la justicia para darnos la libertad.

EC —Actualmente hay 13.000 exguerrilleros concentrados en 26 zonas de “normalización”. ¿Qué son las zonas de normalización?

FCP —Las zonas de normalización son 26 lugares que se han especificado en Colombia donde nos hemos agrupado para poder hacer el tránsito de dejación de armas y el tránsito a la legalidad. Entre esas zonas, hay zonas que cuentan con 400, 500 y hay otras que cuentan con 120 hombres que aún permanecemos haciendo ese tránsito.

EC —¿Cómo se vive allí?

FCP —Se vive en comunidad. Tenemos unas normas de convivencia para poder estar dentro de estas zonas, cumplimos las tareas propias del diario vivir, estudio, trabajo, trabajo agrícola, estamos haciendo unas evaluaciones de nivel académico para podernos colocar a nivel, porque muchos de nosotros no tuvimos la posibilidad de estudiar. Entonces todo el tiempo estamos en una actividad constante de formación.

EC —La idea es que vuelvan… ¿a qué?, ¿a sus lugares de origen?

FCP —Muchos de nosotros somos del campo y somos de las regiones donde hemos operado. Muy pocos se irían a buscar sus regiones, pero dentro del mismo campo, no iríamos a la ciudad, porque realmente en la ciudad no hay garantías para los que venimos de un tránsito a la legalidad de que se nos brinden los derechos que hasta hoy no han sido restablecidos.

EC —¿Cómo es eso de las garantías?

FCP —Se nos persigue, se nos está matando. Desde que salimos muchos compañeros, en el tránsito a la legalidad hemos perdido cinco o seis compañeros, entonces no hay garantías para un buen ejercicio de nuestra reincorporación a la vida civil.

EC —¿En estas zonas de normalización sí las hay? ¿Qué hay? ¿Sistemas de custodia? ¿Cómo es eso?

FCP —En la primera fase había un anillo de seguridad que brindaba ciertas condiciones de seguridad. Pero la seguridad la hacemos nosotros mismos de manera colectiva en los territorios y las comunidades. Eso nos brinda un poco de seguridad, tanto a las comunidades como a nosotros.

EC —En esas zonas ustedes están preparándose para volver a la vida común y corriente. Eso implica, por ejemplo, formarse, pasar por instancias de la educación que no habían tenido. ¿Qué más? ¿Qué desajustes les implica el hecho de haber vivido en la selva durante décadas en algunos casos?

FCP —Los propios de ponerse uno al contexto. Realmente ermitaños no fuimos, siempre estuvimos atentos a las innovaciones y a las exigencias y muy informados. Es como colocarnos al nivel académico que nos exige para poder tener un mejor desempeño de nuestro ser en este tránsito de la legalidad.

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