Colombia: Gustavo Petro asumió al frente del primer gobierno de izquierda

Foto: Raul ARBOLEDA / AFP

El economista Gustavo Petro asumió ayer como el primer presidente de izquierda en Colombia, y lo hizo proponiendo nuevos acuerdos de paz con los grupos armados que se financian del narcotráfico y, también, el fin de la «guerra antidrogas», a la que considera un fracaso.

Hablando ante miles de personas congregadas en la Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá, y con nueve presidentes invitados junto a él en el estrado, Petro se comprometió a «conseguir la paz verdadera y definitiva» en sus cuatro años de mandato.

En ese sentido, dijo que cumplirá lo pactado con las FARC, la guerrilla que firmó la paz en el año 2016 para convertirse luego en partido político, y ofreció a los grupos que continúan en armas beneficios penales si renuncian a la violencia.

«Convocamos (…) a todos los armados a dejar las armas en las nebulosas del pasado. A aceptar beneficios jurídicos a cambio de la paz».

Por otro lado, Petro también envió un mensaje velado a Estados Unidos al plantear el fin de la «fracasada guerra antidrogas» que Washington alienta desde hace cuatro décadas.

«Es hora de una nueva convención internacional que acepte que la guerra contra las drogas ha fracasado», sostuvo el mandatario. Petro propuso cambiar el «fracaso por un éxito» y  pasar de la persecución a «una política de prevención fuerte del consumo en las sociedades desarrolladas».

Entre los mandatarios extranjeros que asistieron a la ceremonia estuvieron el de Chile, Gabriel Boric, el de Argentina, Alberto Fernández, el de Perú, (Pedro Castillo), el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, el de Paraguay, Mario Abdo Benítez, y el de Bolivia, Luis Arce, entre otros.  También asistió el rey Felipe VI de España como jefe de Estado.

El gobierno uruguayo estuvo representado por la vicepresidente de la República, Beatriz Argimón, que el sábado mantuvo una reunión con su par colombiana, Francia Márquez y luego participó en una cena con el presidente saliente, Iván Duque. 

A la celebración estaba invitado el ex presidente José Mujica, que no pudo asistir. En su lugar viajó el intendente de Canelones ,Yamandú Orsi.

La Tertulia de los Lunes con Miguel Brechner, Martín Bueno, Santiago Gutiérrez y Eleonora Navatta.


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El funcionamiento del Parlamento en Uruguay: Una disertación libre en La Tertulia

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La guerra contra la drogas, las muertes en Uruguay… Y otros telegramas

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Periodismo con vocación de servicio público. Conducen Emiliano Cotelo y Romina Andrioli. Con Gabriela Pintos, Rosario Castellanos y Gastón González Napoli. Producción: Rodrigo Abelenda y Agustina Rovetta. De lunes a viernes de 7 a 12 en Radiomundo 1170.

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5 Comentarios

  • Pienso que lo que dijo Petro respecto a la política de drogas es compartible y necesario. En esa guerra absurda los colombianos ponen los muertos para que en USA los políticos le digan a sus puritanos electores que combaten las drogas. USA y su moral pública puritana no ha encontrado otra manera de pensar un problema de salud que el tratar de llevar la guerra a los países que producen las drogas. Pero el problema son ellos, su incomprensión de que a las drogas no se las puede erradicar, sino que lo que se puede hacer es educar en sus riesgos, ofrecer tratamientos a quienes quieran dejarlas y mitigar los problemas de salud que generan en quienes las consumen. Lo mismo que funciona con otra droga que estos mismos puritanos quisieron erradicar con la ley seca, haciendo gala de ese pensamiento mesiánico y voluntarista que tanto los representa. El problema lo tiene su sociedad, que es por lejos el mercado más importante del mundo para estas sustancias. Es su gente la que más consume sustancias que la evadan de la realidad, al igual que es su gente la que se arma hasta los dientes y va a matar desconocidos en un espacio público, en un colegio, en una universidad. Todo eso en una sociedad que se ve a sí misma como un espacio de libertad y desarrollo sin limites del potencial individual. Algo no va bien por allá y el problema no somos nosotros, los que vivimos al sur del muro.

    Ojalá sea sincero lo que dice Petro y ojalá USA, a pesar de todas las redes que tiene dentro del Estado colombiano, a pesar de su histórica tendencia a desestabilizar los gobiernos que no le gustan, permita que esa política se haga realidad. Sólo cabe pedirles que dejen a la democracia actuar, simplemente. Si ganó Petro y ese es su proyecto político, que no le inventen una «leyenda negra» para justificar un golpe; que no organicen a una facción del ejército para que lo saquen del gobierno. Así sea.

    • Petro apeló a una simbología potente en su asunción, de esas que permean el espíritu colectivo; parece estar dotado política e intelectualmente más que Boric y muchísimo más que Castillo.

      El centro y pilar de todo su ambicioso y renovador proyecto es la PAZ, hay que decirlo, es un proyecto refundacional.

      El camino, Leonardo, nada fácil le va a resultar; el uribismo autoritario y aristocrático va a mover todas sus piezas, también es esperable que el Tío Sam
      -que no pudo derrocar al vecino petrolero, aunque lo intentó con ahínco- despliegue alguno de sus viejos tentáculos, ahora tan febrilmente ocupados en Ucrania.

      Ojalá le vaya bien a Colombia, lo merece.

      Sds fraternos

  • Gracias por sus palabras. Fíjese si será complicada la cosa: cuando el Comisario Otero estaba trabajando en el combate a la guerrilla cuenta que un día llegó a su oficina y encontró agentes estadounidenses revolviendo sus papeles. Al tiempo, en jefatura tenían una oficina a la que sólo entraban ellos y donde hacían trabajo de inteligencia espiando a la propia policía, filtrando la información que el propio Otero podía manejar y haciendo informes sobre lo que el propio Otero hacía. Esto molestó muchísimo a Otero como puede molestar a cualquiera que en su trabajo le metan gente que oficialmente ni siquiera trabaja allí, que nadie la controla y que su opinión decida sobre la suerte de uno. Eso implica que el aparato político confía más en unos espías extranjeros que en su propia gente y que de última, si esos informantes interpretan mal algo o directamente uno les cae mal, basta un informe de ellos para hacerlo a uno caer en desgracia.

    Otero combatió a los tupas, pero era un policía combatiendo un tipo de delito, no un agente de la guerra fría haciendo su guerra sucia al margen de la ley. De pronto se encontró con que en un país civilista y que se pensaba soberano y democrático había agentes extranjeros infiltrados en el Estado. “La CIA reconocía que era el mejor preparado para enfrentarse a los Tupamaros. El problema era que no se dejaba controlar” dice Vallarino en su libro sobre Otero. Otero no apoyaba la tortura como método de combate a la guerrilla, pero lamentablemente el aparato de la CIA ya había hecho metástasis en la policía, las FFAA y el gobierno civil.

    Si eso pasó en el Uruguay de los años 60, en pleno colegiado, imagínese lo que es hoy Colombia, luego de 30 años de infiltración de USA en las FFAA y en el poder civil, de «Plan Colombia», de usar a Colombia como base de operaciones en el pacífico para disciplinar a los países de la zona. El Estado debe estar lleno de metástasis de ese tumor. ¿Cómo se desmantela la red de infiltración que construyó USA en ese país durante todos estos años? Difícil, pero no hay peor cosa que no intentarlo. Buena suerte a Petro, porque la va a precisar.

    • Tengo entendido que Alejandro Otero fue quien sentó la tesis de que una serie de delitos de aquella época (como el salto al Banco Caja Obrera de Brazo Oriental y el robo de armas del Tiro Suizo) no eran hechos aislados sino actuaciones de una banda que actuaba por motivos políticos. Pensar que consiguió llevar detenidos a los mandos tupamaros, pero Pacheco terminó separándolo de la Dirección de Inteligencia Policial para poner a Víctor Castiglioni… Era un personaje muy especial; era también árbitro de fútbol, y actuando en un partido Nacional-Sporting Cristal una vez, echó de la cancha a todos los jugadores…

      • Así fue Jorge, Castiglioni instaló la práctica de la tortura y lo que luego se denominaría «terrorismo de estado»; ése sujeto nefasto no solo era temido por sus enemigos guerrilleros, sino también por sus compañeros policías.

        Otero, con sus singularidades y todo, poseía otra escala de códigos y escrupulosidades que Castiglioni jamás tuvo ni le interesó tener.

        Saludos cordiales.

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