La Mesa Agropecuaria: Cuando el viento no sopla a favor

Con Rosanna Dellazoppa, Rodolfo Irigoyen, Bernardo Böcking y Gabriel Oddone.

EN PERSPECTIVA
Martes 26.5.15, hora 9.17

EMILIANO COTELO: Hace tiempo que escuchamos que el “viento a favor” que venía de afuera ayudó a nuestro país a crecer al ritmo a que lo ha hecho en la última década. Pero ¿qué pasa cuando el viento cambia de dirección y sopla en contra?

El sector agropecuario es uno de los más importantes en la producción nacional. De sus resultados dependen, en buena medida, la marcha de la economía del país y también la buena salud de las finanzas públicas.

¿Qué efectos puede provocar en la actividad nacional y en el bolsillo de los uruguayos la nueva realidad de precios de algunos productos que habían impulsado el boom del agro?

De esto es que vamos a charlar hoy en esta edición de La Mesa Agropecuaria. Presentamos a los invitados.

ROSANNA DELLAZOPPA: Gabriel Oddone, doctor en Historia Económica por la Universidad de Barcelona y economista por la Universidad de la República, socio de la consultora CPA Ferrere.

Rodolfo “Catalán” Irigoyen, que no precisa presentación…

Y Bernardo Böcking, uno de los nuevos integrantes de nuestro equipo, asesor agrícola y en riego, radicado en Salto.

EC – Vamos a la primera pregunta, una ronda rápida con todos ustedes, pero quizás con Gabriel en primer lugar. ¿Cuán diferente es el contexto de la actividad agropecuaria hoy en comparación con el de los últimos 10 años? ¿Qué factores han cambiado?

GABRIEL ODDONE: El escenario internacional ha cambiado en dos o tres elementos, eso le impone al sector agropecuario una realidad. En primer lugar, estamos ante un escenario de aflojamiento de los precios principales; con excepción de la carne, tenemos una caída de entre 25 % y 30 % en los precios respecto a lo que teníamos hace un año, un año y medio. Eso claramente introduce un nuevo escenario.

Detrás de ese fenómeno hay factores de presencia más o menos permanente y alguno más circunstancial. Los permanentes tienen que ver con un fortalecimiento del dólar a nivel global; en la medida en que los commodities se transan en dólares, el fortalecimiento del dólar supone un […] del precio de esos productos. Nuestra impresión, y creo que la de todos los colegas, es que es un fenómeno que vino para quedarse, porque el dólar estaba en un nivel extraordinariamente bajo.

Y a estos factores más circunstanciales, que tienen que ver con los fundamentos específicos de cada uno de los mercados –soja, cereales, en general fenómenos que tienen que ver con […]–, la impresión que todos tenemos es que si bien es cierto que esta caída del 30 % de precios en promedio parece haber tocado un piso, […], estamos lejos de […]. O sea que el escenario de precios en primer lugar es totalmente diferente.

EC – Pero hay otros elementos.

GO – Hay otros elementos, por supuesto. Por ejemplo, un evento climático, que también es transitorio, que está afectando potencialmente la producción de los próximos meses. Eso también introduce presión. Y seguramente todo este escenario de alteración de precios y este evento climático están afectando los niveles de rentabilidad y por lo tanto en estos momentos están tomándose decisiones que tienen que ver con desafectación del área sembrada.

EC – Pero factores externos, ¿hay más?

GO – No, esos son los relevantes.

EC – Por ejemplo China, que sigue creciendo pero a un ritmo menor, ¿cuánto juega?

GO – La demanda de China se ha ralentizado, pero el impacto que esto tiene sobre la formación de precios de los commodities no es sustancial. Todos sabemos que los chinos van a seguir llevando población al área urbana y por lo tanto produciendo menos para el autoconsumo. Por lo tanto la demanda de alimentos proveniente del Asia va a persistir de manera importante.

Lo que desapareció del mundo es el sostén del dólar, que permitía unos precios extraordinariamente altos. Probablemente esto generó un evento de especulación excesiva de algunas áreas sembradas y eso está produciendo un balance de stocks. Pero yo diría que esos factores de muy largo plazo, como la demanda de alimentos, no han cambiado y van a seguir siendo viento favorable para nuestros países.

EC – ¿Qué otros datos incorporan los otros integrantes de la mesa en cuanto al contexto?

BERNARDO BÖCKING: Comparto plenamente. Estamos más o menos acostumbrados a las variaciones de esos dos aspectos relevantes externos, los precios y el clima, pero la realidad es que después de este boom de ocho, 10 años de crecimiento y desarrollo la realidad actual del agro también es distinta. Se generó un boom en la situación de la sociedad en cuanto a aspectos salariales y demás. Es totalmente distinta y hoy estamos posicionados, por los factores externos y por decisiones internas propias del país de los últimos años, en otro contexto para encarar lo que se viene.

RD – Oddone ubicaba el clima como algo transitorio. A nivel de producción, ¿estamos tomando el aspecto clima como un tema transitorio, o estamos acostumbrándonos a que sea más bien algo permanente?

BB – Es permanente esa variabilidad, por lo tanto es transitorio. En este momento estamos en un período de déficit de agua, pero van a venir otros momentos, como tuvimos hace tres o cuatro meses, de exceso. Lo permanente es esa variabilidad que cada vez aparenta ser más constante.

EC – Catalán.

RODOLFO IRIGOYEN: Básicamente en todo de acuerdo. Agregaría un par de matices sobre lo que decía Gabriel. El primero es que la carne, que es un rubro de gran importancia, no tuvo esa caída de precios que se promedia en 25-30 % en los demás rubros, pero sí tuvo un ajuste interno importante, porque en la medida en que a la industria le aumentaban los costos de producción, por una parte, y por otra parte había enfrentamientos en los países de origen que se manifestaban como coletazos acá, hizo un ajuste grande, por lo cual el precio al productor sí tuvo esa caída. Entonces, si se miran los precios internacionales la caída es marginal, pero a nivel del productor, que es donde se definen las inversiones de la parte primaria –que es la restricción principal, porque por el lado industrial hay capacidad ociosa abundante–, ha provocado una disminución bastante importante de las expectativas.

La otra cosa es que a esto podríamos haberle llamado “crónica de una muerte anunciada”.

EC – ¿Desde cuándo anunciada?

RI – Este ciclo empezó en el 2003. Partíamos de una base bajísima, porque habíamos tenido una década problemática, la de los 90, con el atraso cambiario, a lo que se sumaron en el 99 la brusca devaluación de Brasil, que nos privó del mercado más importante y nos hizo perder competitividad en forma muy violenta, en el 2000 una sequía de mucha importancia, en el 2001 la aftosa y en el 2002 la crisis financiera que implicó prácticamente una duplicación del endeudamiento muy alto que tenía el sector. Entonces, arrancando de muy abajo, en el 2003 empezaron a mejorar enormemente los precios relativos de todos los rubros, empezó un proceso de recuperación muy importante hasta hace dos años –unos 10 años del 2003 al 2012-2013–, durante lo cuales no hubo una sola medida que no tendiera a actuar en forma procíclica. El ciclo de alza no se aprovechó para hacer ajustes internos o alguna forma de previsión, entonces nos agarra el ciclo en baja…

EC – ¿Quién no tomó esas medidas?

RI – El superior gobierno, por supuesto.

EC – Acá podríamos discutir a propósito de los agentes privados también.

RI – Voy hacia ahí, por supuesto. El gobierno en términos generales y de política económica. Durante 10 años seguidos el equipo técnico del Banco Central mostraba –y quiero destacarlo, por su honestidad intelectual– que la competitividad del país caía. Y mientras tanto, el directorio o el equipo económico, para decirlo más genéricamente, mantenía un tipo de cambio extraordinariamente bajo que limitaba todas las […] y que paulatinamente nos encarecía en dólares.

Claro que hay casos de falta de previsión en la actividad privada, pero uno para simplificar tiene que generalizar, y cuando estamos hablando de más de 40.000 agentes productivos, empresarios grandes, medianos, chicos, siempre hay una variabilidad importante. Para generalizar digamos que se partió de una situación de déficit muy fuerte, se fue recuperando, se terminó con el endeudamiento, se actualizaron una serie de inversiones que durante cinco años por lo menos habían estado retrasadas. Entonces si no cambiamos la orientación o el nivel de previsiones con ese nivel de variación de escenario… de ahí viene lo de la crónica de una muerte anunciada. Se sabía que los productos primarios son variables y que cuando viniera la baja iba a pasar esto.

EC – ¿Están todos de acuerdo en que era una muerte anunciada?

GO – No, creo que así como lo acaba de plantear mi amigo Catalán es por lo menos controversial, por muchas razones.

EC – El Catalán es muy pesimista.

RI – Eso mismo me decían hace dos años cuando yo decía que había luces amarillas por todos lados.

GO – Efectivamente hay luces amarillas y efectivamente las políticas públicas, como hemos señalado en varias ocasiones, no estuvieron todo lo concentradas que debieron haber estado en los últimos años en mantener los equilibrios macroeconómicos. Y tenemos una distorsión de precios relativos que preocupa, producto de que las políticas monetaria, fiscal y salarial no han sido las que habríamos deseado, en particular a partir de 2011.

Pero me parece importante poner sobre la mesa que la política macroeconómica y en particular los aspectos de competitividad no pueden ser concebidos estrictamente […] sectorial. El sector agropecuario es muy importante, creo y sostengo que es indispensable para el desarrollo del país en muchos sentidos, pero las políticas macroeconómicas tienen que estar orientadas a percibir un bienestar general.

Segundo comentario. Los problemas de afectación del tipo del cambio real o de encarecimiento del dólar en este país son frecuentes toda vez que crece. Si uno mira los últimos 50, 60 años de historia de este país, Uruguay tiene una propensión a volverse muy caro en dólares cada vez que tiene un ciclo alcista. Eso tiene que ver con las limitaciones de la política macroeconómica en un país de doble moneda, extraordinariamente abierto al mundo y por lo tanto con una base monetaria muy pequeña como para poder actuar de manera contracíclica.

Que las políticas fiscales y salariales no fueron todo lo precavidas que deberían haber sido del 2011, 2012 a la fecha, lo comparto. Pero si miro un período largo, largo, los últimos 10 años, difícilmente podemos decir que han sido las políticas públicas las que nos han traído a esta situación de escenario actual. Es importante que tengamos en cuenta que todos sabíamos que el ciclo de precios en un momento iba a ingresar en una fase más moderada. Es más, en cualquier caso, en el caso de la soja, que es el rubro más atractivo, está muy lejos de volver a los precios históricos. Seguimos teniendo unos precios de 350, 360 dólares la tonelada, 100 dólares por encima de lo que fueron históricamente. O sea que no hemos vuelto para atrás.

Además en este período que Catalán describía recién Uruguay acumuló un flujo de inversiones y una mejora en la capacidad de producción del agro que me hacen pensar que por más que vamos a tener un escenario complejo en los próximos años, vamos a estar en mejores condiciones para transitarlo. En particular porque es posible que algunos de los eventos tan críticos que tuvieron lugar todos juntos sobre el final de la década de los 90 no se sincronicen de la misma manera.

EC – Ya vamos a charlar de lo que viene. Bernardo, ¿a propósito del planteo de Catalán…?

BB – Darle algún matiz, de repente. Comparto plenamente que esto que estamos viviendo hoy se venía venir. Algunos lo vieron un poco antes, a otros nos costó un poco más, veníamos con mucho optimismo, pero no sería tan drástico desde el momento en que hoy, como bien decía Oddone, estamos en una situación distinta en cuanto a endeudamiento, en cuanto al grado de inversión que ha hecho el sector. Que podía haber sido más, no tengo duda, podía haber sido distinto, pero creo que todavía estamos a tiempo. Por más que estamos en precios ni cerca de los extremadamente bajos que tuvimos, el costo de hoy del país hace que esos precios, que son buenos si los miramos en términos históricos, pasen a ser realmente muy malos. Creo que si el sector agropecuario y el país toman conciencia de esto y toman determinados tipos de medidas, estamos muy a tiempo de paliar y atenuar esos cambios y de evitar esa gravedad que uno en primera instancia ve en el panorama.

EC – Rosanna, Bernardo utilizó la palabra “crisis”… Supongo que saltaste en la silla.

RD – Sí, me puse nerviosa.

EC – Rosanna dice que esto no es crisis, que no hay que exagerar.

RD – No, yo digo que es una palabra que no es simpática, sobre todo si se escucha de afuera. Primero, porque creo realmente que estamos mejor parados. Y segundo, me parece que “crisis” suena muy dramático, tiendo a acercarme más a la posición de Oddone.

BB – Una salvedad: utilicé la palabra pero no dije que estemos en una crisis, […]. Sí desde el punto de vista de los precios, pero no fue mi objetivo utilizar el término “crisis” como tal vez se está manejando en este momento, todo lo contrario.

EC – De repente es mejor describir lo que está pasando en vez de utilizar un término.

***

EC – En pinceladas rápidas, ¿cómo diagnosticar el momento actual del agro?

GO – Claramente en una situación que no es la que hemos visto en los últimos años, pero lejos de estar en condiciones de volver a situaciones que en el pasado se vivieron en este país, sobre todo con una baja inversión en el sector agropecuario y con niveles de actividad extraordinariamente bajos.

EC – ¿El término “enfriamiento”, por ejemplo, podría funcionar?

GO – Es una buena palabra. Vamos a ver una afectación del área sembrada, probablemente una caída del 20 % del área sembrada este año, lo cual, más allá de las consideraciones que hacía Catalán, que comparto, respecto al precio que recibe el productor, la carne le puede dar a la ganadería otras oportunidades en un contexto de precios no tan afectados a nivel internacional. En este escenario podríamos discutir sobre el tema de la exportación de ganado en pie para resolver alguno de estos problemas que Catalán recién planteaba.

RD – ¿La falta de liquidez no es una cosa que preocupa, o la posibilidad del reendeudamiento del sector agrícola?

GO – Tenemos dos o tres tipos de jugadores. En primer lugar, una cosa son los arrendatarios, otra cosa son los propietarios y otra cosa son los proveedores de servicios al sector. Claramente se percibe un mayor potencial de dificultades en los intermediarios y en los proveedores de servicios. Eso puede tener sobre el interior del país algún efecto […] de afectación de la actividad intensa a lo largo de este año. No percibimos que a nivel del productor en general, tanto del propietario como del arrendatario, estemos en niveles de endeudamiento extraordinariamente elevados, los números del sector financiero así lo indican, por lo tanto no deberíamos esperar que se implante la vieja lógica de trasmisión de que el alto endeudamiento al final genera un frenazo de inversión muy significativo. Además tenemos jugadores distintos de los que teníamos hace 10 o 15 años, tanto en su capacidad como en su orientación de incorporación tecnológica.

EC – ¿Qué otras pinceladas incorporan ustedes? Gabriel decía que vamos a tener una caída del 20 % en el área sembrada. ¿Qué más? Soja, ¿no?

BB – Eso en la parte agrícola. Tal vez en el arroz se va a reajustar, va a haber una reubicación, se va a tender a buscar los sistemas más eficientes, más productivos, eso es natural.

EC – ¿Y eso qué quiere decir?

BB – Elegir las áreas de mayor productividad en arroz, en soja ni que hablar, zonas que hasta hoy por los precios eran atractivas y de repente dejaban cierta rentabilidad se van a dejar de lado, sea por costos extra de flete, zonas muy alejadas. Se va a tender a reubicar todo en pro de tratar de sacarle el jugo a la situación en que estamos.

EC – ¿Qué más? Otros rubros.

BB – Inmediatamente creo que el sector de servicios, que se había montado atrás de un sistema agrícola muy pujante, al achicar el área y pararnos en otro contexto va a tener que adaptarse, replantearse todo. Cuando hablamos de servicios es todo lo que está vinculado al agro: transporte, servicios agrícolas en general, la industria, de alguna manera tienen que readaptarse a la nueva situación.

EC – ¿Y fuera de la agricultura? La ganadería, la lechería, la forestación…

RI – La pregunta es muy amplia para definirla con un pincelazo; yo más bien me manejo con brocha gorda. Aparte de coincidir en lo que decían Gabriel y Bernardo, quiero marcar un tema que a veces en el sector urbano es difícil de percibir. Y es que en el papel es muy fácil dibujar el ascenso y el descenso, pero en los procesos productivos, y sobre todo en los que implican ciclos biológicos largos, la marcha atrás es mucho más dificultosa, en el sentido de que se invierte, se cambia el sistema, se intensifica, pero hay una gran inflexibilidad al retorno. Un ejemplo típico: ese 20 % por lo menos de agricultura que se va a dejar de hacer se hizo a partir de una sustitución de las mejores áreas ganaderas. Volver eso a la productividad anterior implica inversiones enormes, porque te queda un rastrojo improductivo, hay que sembrarle una pradera artificial para recomponer la productividad, eso vale 400 dólares por hectárea, y hay que poblarlo, hay que volver a poner el ganado que se vendió, y eso sale 600 dólares por hectárea. Poner a producir toda esa zona que está “deteriorada” por haber pasado a un rubro más intensivo y regresar implica niveles de inversión enormes en un momento en que por todo lo que se dijo antes el nivel de endeudamiento también es creciente. Entonces yo no soy tan optimista como que esto es un ramalazo y va a pasar, creo que va a costar un poco más.

RD – Por eso le preguntaba a Gabriel por el tema de la falta de liquidez. ¿Cómo hace el sector?

RI – La falta de liquidez es enorme, por supuesto, cualquier agente bancario te dice que el endeudamiento está aumentando a tasas muchísimo mayores que las que existieron en los últimos 10 años.

EC – Dice Graciela, de la audiencia: “Los costos del productor se han incrementado en forma exponencial con destino a recaudar, sin tener en cuenta que el agro es la base del país”. ¿Esto ha ocurrido también?

BB – Es una realidad, lo hemos manifestado. Los costos hoy nos plantean un escenario de que el sector no es rentable.

EC – Quizás habíamos puesto mucho énfasis por el lado de los precios a los que se puede vender. Ahora está esta otra parte de la ecuación, los costos.

BB – Es correcto, Gabriel lo había mencionado, lo que significa el dólar y demás. Y cómo nos hemos convertido en un país caro en costos para producir, por efectos externos, pero por decisiones propias también, discutibles o no. Hoy estamos en un contexto distinto y totalmente caro que hace que, como yo manifestaba, precios de insumos que históricamente no son malos para la realidad actual sean pésimos.

RD – Aún no se han ajustado.

BB – Exactamente, y hay que ver de qué manera hacemos más eficiente a este país caro para compensar un poco.

GO – Lo que ustedes explican es típicamente el fenómeno de fin de un ciclo. Cuando se produce un fin de ciclo los precios tienden a trasmitir señales que eventualmente no son las que se van a mantener en el tiempo, los costos están desalineados porque se inflaron durante el período de crecimiento y la rentabilidad está afectada. La pregunta es en qué grado asumimos hace tres o cuatro años que la soja a 600 dólares era un hecho que había venido para quedarse y qué decisiones se tomaron en función de eso.

Creo que estamos al final de un ciclo, que efectivamente los niveles de rentabilidad están afectados, pero que estamos lejos de enfrentar un escenario dramático como algunos del pasado. Estamos a tiempo de tomar decisiones de políticas públicas y privadas con el propósito de evitar que eventos como los del pasado tengan lugar. Hay que ver con qué rapidez reaccionan los jugadores que están jugando este partido.

***

EC – Hay unos cuantos comentarios de la audiencia.

Una respuesta breve para lo que dice Venancio: “Escuchar hablar a los agentes privados o a algunos analistas de las políticas contracíclicas que no se encararon cuando en el país todavía hay emergencia social es por lo menos indignante. ¿300.000 pobres, 10.000 uruguayos en la indigencia y algunos plantean ahorrar porque estábamos en época de vacas gordas? No, señores, estábamos sacando a cientos de miles de la pobreza y a miles de una vida indigna que no les permitía ni comer”. ¿Qué dicen ustedes?

RI – ¿Qué van a hacer con esos cientos de miles que sacaron de una vida indigna repartiendo recursos, por supuesto, porque se trataba básicamente de repartir plata, ahora cuando no va a haber plata que repartir? Hay que relativizar todo esto, pero en titulares, va a haber mucho menos para repartir, el aparato generador se afectó y no se tomaron medidas. Por ejemplo, durante todo el gobierno de Mujica no hubo un solo proyecto público-privado, que todo el mundo declara que son esenciales para disminuir los costos de transacción, mejorar los transportes y los depósitos. Entonces, ¿qué se va a hacer ahora en la medida en que esos recursos no fueron utilizados para generar actividades genuinas de producción y simplemente se otorgaron como un subsidio para ir tirando?

EC – Otros comentarios de la audiencia, estos van al propio productor. Parece ser un productor él mismo el que manda el mensaje. Hugo, desde Palo Solo, dice: “¿Qué ocurrió con la renta obtenida en los años pasados? Los productores podemos hacer los cambios o la reconversión que son necesarios”.

RD – Es lo que decía Oddone.

GO – Creo que la rentabilidad del sector agropecuario, medida en términos de capital de trabajo, capital de giro, mejoró de manera sustancial.

EC – ¿Pero no debieron haber hecho los productores también su propio proceso contracíclico? De eso de algún modo habla el oyente.

GO – Déjenme decirlo de esta manera: inversión en innovación y desarrollo como proporción del valor bruto de producción por distintos sectores. En el sector cereales es 1,3 %, en el sector ganadería es 1,5 %, en el sector automotor es 0,2 %, en el sector turismo es 0,4 % y en el sector de telecomunicaciones es 0,4 %. ¿Qué es lo que ha pasado en Uruguay en los últimos años? Efectivamente el sector agropecuario se ha vuelto mucho más complejo, ha habido un proceso de inversión muy sofisticado. En particular estos números que estoy dando, que son de un trabajo que hizo Cinve con base en datos de la encuesta de la ANII, muestran el proceso de intensificación en inversiones complejas que ha tenido el sector agropecuario. Eso es precisamente haberse preparado para este tipo de eventos.

EC – Capaz que se le fue la mano, esa es otra lectura posible. Yo recuerdo al presidente Mujica en una ExpoActiva advirtiendo del encantamiento de los fierros, el deslumbramiento por comprar fierros que después iba a haber que pagar.

GO – La inversión en innovación y desarrollo que registra esto no son fierros. Esto es paquete tecnológico, trazabilidad, sofisticación del producto, lo que el ministro de Ganadería llama “el agro inteligente”. Creo que esto ocurrió en Uruguay de la mano de buenas inversiones, de una reorganización del proceso productivo, de una mejora en la productividad, que no está exenta, como en ninguna economía de mercado, de excesos. Efectivamente eso no es parejo, ha habido excesos, en el rubro maquinaria agrícola tenemos un parque excesivo para lo que va a ser el nivel de actividad en los próximos años. Eso va a ser parte del ajuste que se va a tener que procesar; hay que intentar que los efectos sean lo menores posible.

RD – De la mano también de un cambio en la cabeza y en la formación del propio productor rural, que ha acompañado enormemente todos estos procesos y de forma muy diferente de lo que ocurría antes.

BB – Oddone lo graficó muy bien con las cifras que manejó, con las estadísticas que tiene. Pero yendo a lo que significa el día a día, la realidad hoy es que los procesos productivos son mucho más complejos y mucho más tecnificados, hoy es muy común ver profesionales en todos los sectores, en toda la gama de rubros, prácticamente todos los establecimientos nos apoyamos en algún profesional, ante la necesidad de tomar decisiones cada vez más acertadas a todo nivel y sobre todo con paquetes tecnológicos muy exigentes, que demandan actualizaciones permanentes en todo. No es solo maquinaria, ese es uno de los rubros, quizás el más voluminoso y más vistoso, pero está todo lo que es tecnología, trazabilidad, ahora hay una apuesta muy importante al riego, se está invirtiendo en mucha tecnología sumamente compleja de manejar y de procesar para que los sistemas productivos se pongan un poco a tiro. Gracias a toda esa inversión que se hizo, que pudo haber sido más, pudo haber sido mejor, hoy partimos de un escenario muy distinto y tal vez mejor posicionados que en otros momentos.

EC – Catalán.

RI – Estoy preocupado porque estoy coincidiendo en todo. Un ejemplo concreto para avalar lo que han dicho los compañeros es el caso del arroz. Mucha gente no sabe, pero Uruguay es campeón mundial de rendimiento en arroz, nadie produce arroz con tanta eficiencia por unidad de tierra utilizada y por unidad de agua utilizada como Uruguay. Sin embargo, la superficie arrocera, que llegó a ser de 200.000 hectáreas, disminuye año a año y año a año es más complicada la situación de los arroceros. Eso quiere decir que los costos han crecido mucho más que el precio y no quedaba margen para ahorros y nuevas inversiones productivas.

BB – Una acotación: no solo en cantidad sino en calidad se destaca el arroz uruguayo. La calidad ya está dando una connotación de lo exigente que es. Somos destacados y reconocidos no solo por la cantidad, en eso es fácil de competir tal vez, pero en calidad no, y hay todo un sistema.

GO – El oyente hablaba de la rentabilidad reinvertida. Ahí hay que ser cuidadoso, la rentabilidad sobre activos, con datos de año 2009, 2010, cuando estábamos todavía en la fase alta del ciclo, para el sector ganadero de grupos CREA, o sea para parte de los mejores productores del país, para el sector agrícolo-ganadero, para el sector lechero, estaban en torno al 2,5-3 % sobre activo. Quiere decir que es verdad que para quien no tuvo que comprar la tierra la rentabilidad puede haber sido significativa, pero para quien entró en el proceso de producción o se expandió en el proceso de producción los niveles de rentabilidad tampoco han sido tan extraordinariamente elevados en este ciclo que acabamos de tener. Han sido mejores que en el pasado, por supuesto, pero hemos cambiado en que el nivel de rentabilidad sobre activos era dramático con relación a la historia promedio del país. Esos son temas que hay que tener en cuenta a la hora de evaluar el proceso de inversión que tuvo lugar.

***

EC – ¿Cómo se ven o cómo se verán los efectos de esta situación por la que atraviesa el agro hoy en la gente, en un habitante de un pueblo del interior, de la ciudad, en un montevideano incluso? ¿Cómo describen las repercusiones?

RD – Me gustaría que arrancara Oddone con eso. El agro es uno de los sectores que contribuyen a la economía, desde mi punto de vista es uno de los más importantes, pero quizás no se vea tan así. Entonces si creemos que contribuyó a la mejora del país en su conjunto, ¿cómo lo ves desde tu lugar? ¿Esto tendrá una repercusión inmediata en el desarrollo de las ciudades del interior, en los pueblos? ¿Y el montevideano lo ve o lo ve de lejos?

GO – Por el shock externo que está recibiendo, entre los cuales están los precios de exportación y esta afectación del sector agropecuario, la economía está desacelerándose y va a continuar desacelerándose. ¿En qué se va a traducir eso? En el interior va a haber una disminución del nivel de actividad…

EC – Tú utilizás el término “desacelerar”. Cuando aparece esa palabra siempre trato de poner una pausa y aclarar: desacelerar no es caer, es seguir creciendo pero a menor velocidad que antes.

GO – Este año vamos a crecer 2,5 % y el año que viene un poquito menos, y tenemos que ser conscientes de que Montes del Plata va a explicar casi un punto porcentual de eso, o sea que la economía sin Montes del Plata va a crecer 1,5 %. Es una desaceleración muy importante con respecto al ritmo de crecimiento de los últimos años.

Una desaceleración de la actividad promedio supone que hay sectores más afectados que otros. En la primera línea de fuego está el sector agropecuario y en particular está el interior, por lo tanto lo que vamos a ver, como ya lo estamos viendo, es una afectación del empleo, mayor en el interior y en la periferia de Montevideo sobre todo. Esas son las cosas que vamos a ir viendo en una economía que va a estar más fría y que se van a ir trasmitiendo lenta pero persistentemente a lo largo de todo el año al conjunto de los sectores.

EC – ¿Llega por ejemplo a Montevideo?

GO – Sí, claro. Lentamente, pero eso pega en Montevideo.

EC – ¿Dónde puede pegar en Montevideo?

GO – En primer lugar en el empleo.

EC – ¿En el empleo de qué actividad?

GO – Tenemos una afectación de 20.000 puestos de trabajo respecto a hace un año, básicamente en la industria manufacturera, y en la construcción se genera menos empleo. Ese es un fenómeno todavía disimulado porque la tasa de actividad, la oferta de trabajo, ha disminuido levemente, pero ni bien la oferta de trabajo encuentre un piso y deje de disminuir, esta disminución del nivel de demanda de empleo va a traducirse cada vez más en un aumento de la tasa de desempleo.

¿Esto es dramático? No, estamos todavía en niveles de tasas de empleo extraordinariamente bajos. Insisto en que tenemos por delante un año, un año y medio complejos, hay que ver cómo se desenvuelven el escenario regional y el internacional.

Pero quiero volver a una cosa que decía Rosanna, que es la importancia del sector agropecuario. El sector agropecuario para este país es crucial porque es el único que tiene escala como para conectarse a nivel global con la economía internacional. Todos los demás sectores de actividad que tenemos en el Uruguay tienen una capacidad de producción muy pequeña como para poder jugar un partido a nivel del mercado internacional. Se supone que el sector agropecuario está asociado a la marcha del país, cuando al país le va muy bien generalmente le va bien, y cuando le va muy mal generalmente está asociado a un menor nivel de actividad. Estamos entrando a una etapa en que la constelación de precios del sector agropecuario es menos favorable, por lo tanto es natural que el país ingrese a una fase de mayor desaceleración. Si a eso le agregamos un escenario regional que afecta a otras industrias, tenemos un escenario de menor prosperidad en los próximos años.

EC – Catalán.

RI – Lo de cómo percibir cómo afecta el funcionamiento del sector agropecuario al conjunto del país es una asignatura pendiente fundamental. En muchos sentidos se pone como ejemplo a Nueva Zelanda, pero el más relevante creo que es ese: allí cualquier hombre de la calle está preocupado por el precio de la leche o de la lana o de lo que sea. Acá tenemos ese divorcio eterno que cuesta superar.

Creo que es en el tema del empleo, como decía Gabriel, donde más rápidamente va a impactar, porque este es un país agroindustrial. Las otras industrias que tampoco andan bien son una parte muy menor. Entonces creo que el empleo va a caer y hay pocas oportunidades de diferenciarse. Uruguay es probablemente uno de los dos o tres países del mundo con mayor producción de alimentos per cápita, pero somos absolutamente marginales desde el punto de vista del mercado interno para los productos agropecuarios. Eso hace que en una crisis como esta los precios externos peguen más, lo que a su vez pega más fuerte en el nivel de industrialización y por consiguiente de empleo. Creo que, entre otras, es la actividad que se va a ver más resentida y que es más fácilmente percibible a nivel urbano.

EC – Bernardo, ¿si focalizamos en el interior, por ejemplo, que es la realidad que conocés más de cerca?

BB – Partiendo del título de la actividad que nos llama, en que se dejó constancia de la importancia que tiene el sector agropecuario en la economía como tal, en el interior eso se ve potenciado. De hecho ya se palpa en el día a día el desempleo, la falta de liquidez en los comercios, porque se ha cerrado un ciclo productivo y no todos han podido cerrar sus finanzas, y hay que pagar las cuentas, hay que pagar los fertilizantes, hay que pagar la ferretería, el herrero. Eso ya se está viendo en el interior. Ni que hablar que cuanto más dependiente del sector agrícola sea la zona, más rápido se dio eso. La ganadería está paliando un poco, pero la agricultura como motor inicial de todo este gran crecimiento está desacelerándose. Eso ya se está viendo. Creo que acá en la capital va a demorar un poquito más, hay alternativas, se está amortiguando un poco esa desaceleración, pero más acá o más allá se va a ver en toda la economía.

RI – Te referís a la ganadería de carne, porque la lechería, que es una generadora de empleo muy importante, es de las más afectadas. El precio de la lechería cayó a la mitad.

GO – Igual creo que tenemos que poner esto en perspectiva en el siguiente sentido: sabemos que tenemos un 2015 complejo porque hubo un conjunto de eventos anteriores. Y vamos a ver probablemente un 2016 complejo. Pero hay una inercia en la economía que seguramente nos va a llevar de manera en promedio razonable hasta el primer trimestre del 2016. Por lo tanto, después del primer trimestre del 2016 la inercia y los reaseguros que el país tiene van a flaquear, y ahí la pregunta es si el escenario internacional tiene un eventual signo de mejora y si llegamos hasta allí.

La ventaja respecto a otros momentos de la historia del país es que los reaseguros que fueron construidos en los últimos 10 años permiten transitar esta situación, que no empezó en 2015. Este escenario desfavorable empezó bien atrás en 2014, o sea que la economía ya viene de ocho, nueve meses en promedio –no en los sectores– transitando por un escenario desfavorable con un cierto grado de amortiguación. Que esa amortiguación estaría mejor construida si hubiéramos hecho unas políticas macroeconómicas más consistentes en los últimos tres o cuatro años, correcto. Pero en comparación con los últimos dos eventos que tuvieron lugar en Uruguay, 1982 y 2002, cuando tuvieron lugar cambios de escenario, parece que estamos transitando relativamente mejor.

RD – Mensaje final: hay un cierto matiz, pero me parece que hay un componente de autocrítica del tema, que el empresario tiene que ser, sobre todo el que tiene producción a cielo abierto, un poco más racional a la hora de tomar decisiones y de generar reservas. Estamos utilizando todos esos colchones que se previeron para los momentos críticos. La otra cosa es cuánto de lo que estamos conversando que está sucediendo es conocido por los tomadores de decisiones y de políticas macroeconómicas.

GO – Creo que es conocido. Quienes toman decisiones a nivel privado lo tienen muy claro, en el sector agropecuario mi experiencia de cuando voy al interior y hablo es que este es un tema que está instalado desde hace mucho tiempo y se han tomado decisiones –obviamente siempre hay excepciones en este sentido– racionales.

A nivel de las políticas públicas el ciclo electoral largo postergó una buena parte de la acción durante el 2014. Estamos en 2015 y por lo menos las declaraciones de las autoridades muestran preocupación por la política fiscal. Hay que ver qué pasa con el presupuesto, qué pasa con la discusión salarial, pero estamos seguramente en un escenario de políticas macro distinto del que teníamos en los últimos años.

BB – Comparto plenamente y profundizo lo de las cosas que uno tiene que aprender de esto, y profundizar la relevancia de cada uno de los sectores, y seguir trabajando cada vez más en profundizar la integración de toda la cadena, no solo el productor, sino el productor adentro de una cadena que va con la industria, que va con el sector financiero, que va con el gobierno, y las medidas que se toman.

EC – ¿Qué quiere decir en términos prácticos “profundizar la integración de la cadena o de las cadenas”?

BB – Asumir que lo que se hace en un lado repercute al final, y que hay eslabones más gruesos que otros, no podemos empujar demasiado los eslabones más débiles, los tomadores de decisiones tienen que contemplar todo eso. Los productores en la interna de su chacra, la industria ya un poco más amplio, mirando el mercado, y ni que hablar el gobierno, mirando todo.

RD – La presencia del presidente de la República en el Congreso de la Federación Rural, por ejemplo, más allá de si la Federación representa o no a todos los sectores productivos del país, ¿es un buen mensaje?

BB – Ni que hablar. Y más allá de los mensajes que se vienen escuchando desde hace un tiempo del sector oficial.

RI – Un detalle: se tira de las cadenas, no se las empuja, empujando no funcionan.

La otra cosa es que acá hay un problema adicional, que es que la demora en que los datos se expresen a nivel macroeconómico es grande y eso a veces hace que se profundicen las situaciones difíciles. Lo dijimos varias veces acá, esto empezó en el 2013 y lo estamos discutiendo en el 2015. Hay dos años entre que las cosas empiezan a pasar a nivel del campo o de la chacra o del tambo y que se expresan en datos que publica el Banco Central. Entonces hay gente que se entera de los problemas por los datos del Banco Central y por lo tanto reacciona en forma atrasada.

***

EC – “El desafío de seguir avanzando con viento en contra”, así hablábamos hoy a propósito de esta mesa, y en la pausa alguien dudaba de que el término sea “viento en contra”. Gabriel prefería una variante.

GO – Es que el viento no está a favor, pero en mi opinión todavía no estamos con viento en contra.

RI – Con viento y sol en contra, como dicen los burreros, no, pero la cosa no es igual que antes.

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Transcripción: María Lila Ltaif

Wilmar Amaral

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