Episodios de violencia extrema generan conmoción

Foto: Javier Calvelo/ adhocFOTOS

En la última semana ocurrieron varios episodios de extrema violencia que provocaron conmoción en la opinión pública.

El sábado pasado, de noche, en el barrio Villa Colón un grupo de personas persiguió, golpeó y terminó matando a un joven de 25 años. La víctima, que tenía antecedentes penales, ingresó al terreno de una vivienda sobre la calle Domingo Basso casi Galileo donde se escondió pero a los pocos minutos llegaron unos diez hombres varios vehículos que, tras acusarlo de haber robado, lo atacaron.

El martes un hombre asesinó a sus dos hijos -un niño de 9 años y una niña de 8- y luego intentó autoeliminarse, en un apartamento en la zona de Soriano y Ejido, en Montevideo. El homicida se encuentra internado en una mutualista. La fiscal Adríana Edelman espera que reciba el alta para tomarle declaración.

El mismo día un pescador encontró una cabeza humana en aguas del Río de la Plata frente a Punta Carretas, en Montevideo. La fiscal Edelman, que también actúa en este caso, dijo que, «en principio, corresponde al mismo cuerpo» al que pertenece el brazo que había sido hallado el lunes frente a la rambla Sur, a la altura de la calle Paraguay. La extremidad correspondía a un hombre de 44 años. Todavía no se ha podido vincular estos dos últimos hallazgos con el torso encontrado la semana pasada, también en la costa, a pocos kilómetros de distancia.

Son sólo algunos ejemplos. Últimamente la crónica policial viene cargada de hechos estremecedores de distinto tipo.

 

La Tertulia de los Jueves con Cecilia Eguiluz, Martín Couto, Daniel Supervielle y Juan Pedro Mir.

 

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Candela Stewart

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5 Comentarios

  • Aunque los tres son casos de violencia extrema y no han sido aclarados, son evidentemente dispares entre sí. En el caso en que cinco hombres persiguieron a una persona con antecedentes penales y lo acribillaron, si bien se comprende que haya una animosidad a flor de piel ante la cantidad de delincuentes, ello no justifica que se organicen batidas privadas que vayan a hacer justicia por mano propia al estilo de las películas del far west en vez de detenerlos y entregarlos a la Policía. Y no vale justificarlo con a LUC, ya que ésta lo que hizo fue ampliar el concepto de defensa propia también a espacios aledaños al domicilio pero dentro de la propiedad de uno, o a un local de comercio o similar también de propiedad del afectado, pero no a reprimir en la vía pública o en propiedad ajena. El caso del padre que asesinó a sus hijos y luego intentó eliminarse se presenta aun muy confuso, pero muestra diferencias con lo que son los casos comunes de violencia familiar, y por los antecedentes que se divulgaron, existe también un grave problema sicológico de esa persona. Y el caso en que aparecieron restos humanos dispersos en la costa es también totalmente atípico, ya que cuando una persona muere en el agua o es arrojada luego de un crimen, lo normal es que al cabo de un tiempo aparezca el cuerpo todo entero.

    • No Jorge, no, no son casos aislados y dispares; son la expresión a la vista pública de una latencia mayor y aún inmedible y peligrosa.
      Asumir que vivimos en una sociedad con la violencia instalada, es imprescindible.

      Lo normal no es que aparezcan cadáveres enteros o trozados en la costa, lo normal debiera ser que no maten gente y menos que esa gente sean los hijos, ni que haya bestezuelas dispuestas a linchar.

      • Cuando yo hablé de «normal» en ese caso, no quise decir que fuera «normal» que se tiraran cadáveres al agua, sino que «lo normal, común, habitual o frecuente» es que, cuando hay un cadáver en el agua (cerca de la costa, me refiero), es que reaparezca entero al cabo de un tiempo, tanto si fue producto de un crimen, como si fue por ahogamiento o naufragio de embarcación, que también sucede.

        • Sé a lo que ud se refirió, espero entienda a lo que yo refiero.

          Sds cordiales

  • Es todo por culpa del «patriarcado», dicen. Pero las víctimas de homicidio que tenemos todos los días son 9 de cada 10 hombres. El crimen del tipo que mató a los hijos es impresionante, pero es un tipo de homicidio muy extraño, propio de un desequilibrado. Muy diferente es el problema de la gente que comente homicidios como forma de cobrar deudas, defender un mercado, terminar una discusión o directamente como un servicio. Los 300 y pico de homicidios por año no se explican por «el patriarcado», sea lo que sea tal cosa si es que existe.

    La cuestión de la que no se conversó en La Tertulia es la estrategia de esconder la cabeza cuando hablamos de los homicidios. Buscar si el asesinado tenía antecedentes o tener ministros que explican que el homicidio es fruto de un enfrentamiento entre bandas es una manera de tranquilizarnos y pensar que eso no nos va a pasar. Como dijo una vez el finado Bonomi, que si no andamos en «nada raro», nada nos va a pasar.

    Si no nos importa la vida de un delincuente asesinado por otro, al menos podríamos pensar un poco más en la vida propia. El asesino se puede equivocar, puede vender su servicio como sicario, lo puede contratar un familiar para quedarse con una herencia o la amante del marido para forzar la separación, como bien cuenta Leal en su libro. Uno puede incluso ir a comprar el pan y encontrarse con una balacera en la cual a ninguno de los que tira le importa si de rebote mata a otro. Una vez que esos personajes existen y que tienen asumida la práctica de salir a matar a alguien, estamos todos en el bolillero. Los justicieros cazadores de delincuentes son más de lo mismo. Hace unos meses unos vecinos de Pinares de Maldonado le dieron una paliza al hijo de Pablo Romero porque se les antojó que era un ladrón.

    Creo que la forma como se da la información también contribuye a esto. Sería bueno que si hay un homicidio se omita hablar de cosas irrelevantes, como los antecedentes del muerto. Tampoco es razonable que sin haber cerrado la investigación judicial se maneje la hipótesis de «ajuste de cuentas» o «enfrentamiento entre bandas», ya que eso tiende a desviar la atención de lo fundamental, que es el homicidio.

    De más decir que a todos los gobiernos se les escapó esta escalada, que viene creciendo sin pausa por lo menos desde que tenemos datos en la post dictadura. Hasta hace un rato estábamos escuchando que «volvieron las carteras al barrio» y que «podíamos vivir sin miedo». Pasó el referéndum y enseguida y la carroza se volvió calabaza.

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