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La Mesa Agropecuaria
Bancos de semillas: Qué son y cómo funcionan

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Bóveda Global de Semillas de Svalbard

En un archipiélago noruego, en pleno Mar Ártico, donde la nieve y el hielo son eternos, existe un depósito preparado para que, si algún día se produce una catástrofe global que arrase con todas las cosechas en el mundo, la humanidad pueda seguir produciendo sus propios alimentos. Ese día, por suerte, aún no ha llegado. Y sin embargo, el ser humano ya se las ha ingeniado para que esa bóveda tuviera que ser abierta. Se trata de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, que fue inaugurada en 2008. Es un gigantesco complejo enterrado bajo una montaña helada, donde están almacenadas millones de muestras de semillas llegadas de todo el mundo.

Aún no se ha presentado una necesidad que abarcara a toda la humanidad. De todos modos, en este mes de octubre hubo que abrir este depósito. No fue por una calamidad de la naturaleza, sino por las consecuencias de una guerra. Una institución de Medio Oriente solicitó retirar parte de las donaciones que había realizado a Svalvard, para poder reconstruir sus propias reservas. El pedido fue realizado por el Centro Internacional para las Investigaciones Agrícolas en las Zonas Áridas (ICARDA, por su sigla en inglés), ubicado en Alepo, Siria, una ciudad que ha sido devastada por la violencia que azota a ese país. Ahora, desde su nueva localización en Líbano y Marruecos, el ICARDA intenta volver a ser la fuente de material genético para su región de influencia.

La noticia nos provocó varias preguntas que esta mañana intentaremos responder. ¿Qué es la Bóveda Global de Semillas de Svalbard? ¿Uruguay ha donado material propio a ese complejo? En nuestro país, ¿tenemos instituciones similares?

Este tema fue tratado en La Mesa Agropecuaria con Rosanna Dellazoppa, Federico Boschi, Guillermo Galván y Federico Condon.

EN PERSPECTIVA
Martes 27.10.2015, hora 9.12

EMILIANO COTELO (EC) —En un archipiélago noruego, en pleno Mar Ártico, donde la nieve y el hielo son eternos, existe una bóveda preparada para que, si algún día se produce una catástrofe global que arrase con todas las cosechas en el mundo, la humanidad pueda seguir produciendo sus propios alimentos.

Ese día, afortunadamente, aún no ha llegado. Y sin embargo, el ser humano ya se las ha ingeniado para que esa bóveda fuera abierta.

Estoy hablando del Banco de Semillas Global de Svalbard, instalado en Noruega e inaugurado en 2008. Es un gigantesco complejo, enterrado bajo una montaña helada, donde están almacenadas millones de muestras de semillas llegadas de todo el mundo.

Aún no se ha presentado una necesidad que abarque a toda la humanidad. De todos modos, en este mes de octubre hubo que abrir el depósito. No fue por una calamidad de la naturaleza, sino por las consecuencias de una guerra.

Una institución de Medio Oriente solicitó retirar una parte de las donaciones que había realizado a Svalbard para poder reconstruir sus reservas. El pedido fue realizado por el Centro Internacional para las Investigaciones Agrícolas en las Zonas Áridas (Icarda, su sigla en inglés), ubicado en Alepo, Siria, una ciudad que ha sido devastada por la violencia que azota a ese país.

Ahora, desde su nueva locación en Líbano y Marruecos, el Icarda intenta volver a ser la fuente de material genético para su región de influencia.

La noticia, que quizás pasó desapercibida, nos llamó la atención y nos provocó varias preguntas, en las que vamos a trabajar esta mañana.

¿Qué es el Banco de Semillas de Svalbard? ¿Uruguay ha donado material propio a ese complejo? En nuestro país, ¿tenemos instituciones similares?

Vamos a conversarlo en esta Mesa Agropecuaria con nuestros invitados.

ROSANNA DELLAZOPPA (RD) —Es una Mesa muy particular. Nos acompañan:

Federico Bosch, ingeniero agrónomo, técnico del Instituto Nacional de Semillas (Inase);

Guillermo Galván, ingeniero agrónomo, doctor (PhD) en Ciencias Vegetales por la Universidad de Wageningen, Holanda, docente e investigador en el Departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, y

Federico Condon, ingeniero agrónomo, doctor PhD por la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, investigador principal en Recursos Genéticos en el Banco de Germoplasma del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en la Estación Experimental La Estanzuela.

Federico está participando en el X Simposio de Recursos Genéticos para América Latina y el Caribe organizado por la Sociedad Brasilera de Recursos Genéticos y Embrapa, el equivalente a INIA en Uruguay. Así que participa de modo virtual.

EC —Federico Condon va a participar por videoconferencia.

***

EC —Vamos a ubicar qué son los bancos de semillas. Porque nuestro interés parte de uno muy singular, el de Noruega, pero no es el único.

FEDERICO BOSCHI (FB) —En el mundo hay más de 1.500 bancos de semilla o de germoplasma. La FAO, en una norma técnica que sacó en el año 2014, definió tres posibilidades de bancos de semilla y de germoplasma: uno donde se guardan semillas propiamente dichas, esa es una forma de guardar la diversidad genética vegetal; dos, los bancos de germoplasma a campo, en condiciones de campo, donde la diversidad genética se resguarda, y tres, en condiciones controladas in vitro o criopreservación en nitrógeno líquido o a –196º. Esas son las tres formas que la FAO definió para guardar los recursos fitogenéticos.

GUILLERMO GALVÁN (GG) —En este momento hay miles de bancos en todo el mundo, probablemente unos 1.500 relativamente grandes, con colecciones importantes. Pero la preocupación por conservar la semillas comenzó allá por los años 70, hace décadas. Hubo un gran crecimiento de la agricultura industrial después de la posguerra, con expansión a todo el mundo de la agricultura industrial, y allí se empezó a tomar conciencia de lo que podía ser la pérdida de las semillas locales de los cultivos, de semillas que estaban conservadas. Por ejemplo, en Filipinas semillas de cientos de variedades locales que cada agricultor conservaba. Aquí en Uruguay, en el caso del maíz, también eran cientos de agricultores que tenían cada uno su semilla. Es parte de la cultura, de la historia agrícola, que cada productor se produzca su semilla, es algo inherente a la actividad agrícola hasta ese momento, hasta que la producción de semilla comienza a ser una actividad especializada, realizada por empresas. Entonces se vio la necesidad de conservar las semillas.

FB —Claro, el recurso fitogenético, en general los genes, la diversidad genética, puede guardarse en bancos de semillas, pero no todas las especies toleran esa capacidad.

RD —¿De qué depende?

FB —Depende de la especie, principalmente. Hay semillas ortodoxas, que aguantan la desecación, las bajas temperaturas, pero hay otras especies que no se pueden guardar en bancos de semillas, que son las que llamamos recalcitrantes o semirrecalcitrantes o que se propagan vegetativamente. Para esas la mejor forma de conservación es la que hace el propio productor en su predio productivo.

RD —Ese sería el banco de semillas a campo.

FB —Es una de las opciones de semillas a campo. O los bancos de semilla, el INIA y la Facultad de Agronomía han implementado bancos de semillas de conservación in vitro. Los recursos fitogenéticos son usados principalmente o muy asiduamente para la generación de nuevas variedades. Las nuevas variedades comerciales parten generalmente de recursos fitogenéticos tanto locales como extranjeros que tienen características de importancia agronómica, como resistencia a determinada enfermedad, a determinado estrés abiótico. Los mejoradores utilizan esos recursos fitogenéticos locales para desarrollar las variedades.

GG —Federico señalaba los distintos tipos de bancos, y creo que en eso que contábamos de que todo el mundo se fue dando cuenta de la necesidad de preservar las semillas ante la expansión de la agricultura industrial, ya hacia los años 90 surgía con mucha fuerza también el hecho de complementar los bancos de semillas, lo que se llaman colecciones ex situ, realizadas en grandes centros de investigación o centros específicos, con el mantenimiento de semillas que realizan los agricultores. Porque ambas formas tienen ventajas y desventajas. Se ha visto que en las colecciones de semillas guardadas ex situ, por ejemplo en frío en condiciones de largo plazo, a veces hay pérdida de vigor germinativo y pérdida dentro de esas colecciones. Por otro lado es como sacar una foto de la variabilidad genética de un momento. En cambio las semillas que tienen los agricultores siguen evolucionando junto con el clima –por ejemplo en esta situación de cambio climático en que estamos– y siguen respondiendo a diferentes necesidades de los productores.

RD —¿En todos los casos una semilla que está guardada en el banco tiene su par en condiciones de campo?

GG —Generalmente, o el país brinda semilla para estos bancos de germoplasma y los agricultores mantienen su producción y esa producción va cambiando con el clima, con la selección del propio agricultor.

EC —En este cuadro que ustedes describen, que ya lleva décadas y en el que hay variantes, distintas posibilidades de conservación del material genético y en especial de las semillas, ¿cómo se inserta la iniciativa del Banco de Semillas de Svalbard en Noruega, que se inauguró hace pocos años?

Federico Condon, ¿cómo podemos definir el banco de semillas de Svalbard?

FEDERICO CONDON (FC) —El Banco de Semillas de Svalbard funciona principalmente como una gran herramienta de respaldo. Se caracteriza por estar ubicado al norte del círculo polar ártico, en una zona que se encuentra permanentemente congelada, y por lo tanto no precisa respaldo de energía ni fuente de energía externa para mantener las semillas en condiciones de temperatura bajo cero.

Los noruegos han hecho de esta infraestructura una gran herramienta de colaboración internacional y de propaganda en la cual hoy ofrecen respaldar colecciones nacionales y de centros internacionales como una forma de duplicarlas y de asegurar su conservación a largo plazo.

EC —Menciono algunos datos para complementar lo que tú venías señalando. El banco se inauguró en febrero de 2008, con 100 millones de semillas procedentes de un centenar de países de todo el mundo. Contiene tres depósitos con capacidad para 2.000 millones de semillas, que teóricamente solo van a ser extraídas en caso de que se hayan agotado o se destruyan las que se están utilizando en el mundo. Mientras tanto está previsto que se conserven a –18º, en cajas de aluminio cerradas herméticamente, lo que garantiza una baja actividad metabólica y un perfecto estado de conservación durante siglos.

La bóveda es impermeable a la actividad volcánica, los terremotos, la radiación y la crecida del nivel del mar, y en caso de fallo eléctrico, el permafrost (capa de hielo permanentemente congelada) del exterior actuará como refrigerante natural. Una estructura como esta, con tanto perfeccionamiento, con tanto cuidado, con tantos detalles en los que se ha invertido, ¿cómo se justifica? ¿Se puede entender que es una especie de banco mundial de semillas? ¿Es como la central de los bancos de semillas?

FC —Sí, ellos claman ese rol. Vamos a entendernos, originalmente, hasta donde yo sé, el banco de Svalbard era una antigua mina de carbón que se cavó en la base de una montaña. Esa mina en un momento es abandonada y años después, teniendo en cuenta sus características, sobre todo el tema de estar en un lugar tan al norte y bajo cero, decidieron utilizarla para funcionar como respaldo. No es un banco al cual entren semillas y salgan en forma rutinaria, sino que ellos lo ofrecen como un servicio de respaldo. Uno dividiría la mitad de su colección o enviaría las muestras que son únicas y ellos las conservarían como un depósito de respaldo, no de utilización rutinaria.

EC —Me llamó la atención que utilizaste al pasar el término propaganda, como que habría un objetivo propagandístico detrás de esta inversión y de esta estructura…

FC —Es difícil decirlo. Sin duda tiene fines muy altruistas, tiene características únicas en el mundo y con el paso del tiempo se está confirmando que está cumpliendo una función única. También funciona hasta cierto punto como un elemento de propaganda en el sentido de transformarse en un elemento central en el sistema mundial de conservación o de creación de este sistema mundial de conservación. No es el único banco que hay en el mundo, no es el único banco en el cual se hace el respaldo tampoco, si bien algunas de sus características son únicas.

RD —Y en ese sentido, ¿qué otro banco destacarías tú, sobre todo pensando en la vinculación nuestra como país?

FC —El Icarda es un banco de un centro internacional que se encontró en medio de una catástrofe, en este caso una guerra. Pero también están el banco del Centro Internacional de Maíz y Trigo (CIMMYT), el banco del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, el banco del USDA, que es uno de los bancos más grandes del mundo. Hay otros bancos importantes, como el banco de Japón o el banco del Instituto Vavilov en Rusia, bancos de mucho más larga data y que tienen colecciones en actividad mucho mayores.

EC —¿Qué participación tiene Uruguay en el banco de semillas de Svalbard? ¿Hemos enviado semillas para que se almacenaran allí?

FC —Sí, se han enviado algunas colecciones, no muchas. En la base de datos de Svalbard se puede ver que hay unas 1.200 accesiones de Uruguay en este momento depositadas en ese centro. Tenemos planes de que ese número crezca con el paso del tiempo y de a poco se van a ir formando las duplicaciones que corresponden.

EC —¿Hay 1.200 entradas provenientes de Uruguay?

FC —Sí.

¿? —Serían 1.200 muestras de semillas.

EC —¿De qué cultivos concretamente?

GG —Federico es responsable del Banco de Germoplasma de INIA. Creo que es importante que cuente más sobre la relación entre el banco nacional y colecciones que tenemos a nivel mundial, el respaldo en otros países. Federico viene haciendo un trabajo para fortalecer ese nombre de banco que uno se imagina, los bancos tradicionales que conocemos, que no tienen solamente depósitos, sino que tienen que darle utilidad a eso y darles movimiento a sus semillas. Creo que últimamente viene tratando de hacer eso, que las semillas que están depositadas tengan una utilidad para el país también.

FB —Algo fundamental de los bancos de semillas, de todos los bancos, es una buena caracterización de lo que hay ahí adentro, de las especies, de las variedades, si son variedades, de qué características tiene cada accesión. Eso es fundamental en los bancos de germoplasma, en los bancos de semillas, no solo el tener las semillas por las dudas, sino saber lo que se tiene ahí adentro. Pasa lo mismo con las caracterizaciones a nivel de campo o a nivel de bancos in vitro. Yo estuve en el banco in vitro del INIA, donde se guarda todo el germoplasma de papa, y estaba cada accesión con su descripción, sus características.

RD —Cuando hablás de un recurso fitogenético, ¿es tan importante la semilla en sí?, ¿se habla de toda la semilla, más la información?

FB —Es todo el valor asociado que tiene eso, los recursos fitogenéticos. En Inase hemos venido trabajando en las variedades criollas. Las variedades criollas son un recurso fitogenético, son las variedades que tienen los agricultores en su poder, que producen, y producen cebolla, ajo, boniato, maíz. Tienen una caracterización de la variedad propiamente dicha que seleccionan porque es resistente a esto, le aguanta la sequía o le aguanta más determinada condición.

RD —Él mismo va haciendo una selección genética que hace que perdure.

FB —Él mismo va haciendo su variedad; la trajo el abuelo, la plantó el padre y la sigue plantando. Ese es el principal recurso fitogenético, que está en el campo. El salvaguardar a los productores agropecuarios, darles condiciones de apoyo es una fuente muy importante para guardar todo eso.

RD —No solo social, sino de conocimiento.

GG —Sí, también ha pasado con avena o con lotus o con el raigrás 284 –Inase ha hecho estudios sobre eso junto con la Facultad de Agronomía– que los productores comienzan a multiplicar una variedad que es nacional, se comienza a hacer uso de esa semilla a gran escala y luego de un tiempo esa semilla varió, por la forma en que la usa el productor o por el ambiente tiene variaciones. Al principio eso es un aspecto negativo, porque la semilla perdió sus características, pero después esa misma variación se ha utilizado para el desarrollo de nuevas variedades. En el caso de la avena o de lotus, el INIA hace colectas nuevamente de semillas en distintas zonas del país y se logran desarrollar nuevas variedades a partir de esa variación genética de la producción de semillas criollas que hacen los productores.

FB —Y en el caso de la horticultura, hoy por hoy la variedad de cebolla más plantada, que más consumimos, que más producen los productores, es una cebolla que fue desarrollada por Facultad de Agronomía –Guillermo participó en ese desarrollo–, que es Pantanoso El Sauce, que proviene de varias accesiones de la zona de Pantanoso.

EC —¿Cómo demos traducir ese término accesión?

FB —En este caso, de varias variedades locales, de la zona de Pantanoso. Lo que hizo Facultad de Agronomía fue seleccionar y hacer un mejoramiento genético para llegar a la cebolla determinada, para llegar a ese tipo de cebolla. Y ahora lo que hace facultad es mantener esa calidad de semilla, con programa de certificación, incluso esa cebolla está protegida por derecho de autor, entonces Facultad sigue manteniendo las características de esa cebolla y en certificación se mantiene la calidad de esa cebolla.

***

EC —Algunos comentarios que llegan de los oyentes.

“Sería interesante que contaran la historia del sorgo de Alepo”.

Juan: “Leí en una oportunidad que semillas de maíz encontradas en el centro de las pirámides de Egipto, junto a las momias, germinaron, y entonces se llegó a la conclusión de que el centro de la pirámide serviría como conservante de proteína”.

***

EC —Federico Condon, quedó pendiente tu respuesta a propósito de qué tipo de materiales había enviado nuestro país al banco de Svalbard.

FC —En número las principales accesiones son de maíz. Uruguay tiene una colección uruguaya de maíz hecha en el 78, que son 852 variedades locales de maíz. Una parte de esa colección fue enviada a Svalbard, y creo que también hay algo de trigo. Básicamente son esas dos especies.

EC —¿Por qué esas?

FC —Hay varias razones. Algunas de ellas, que son especies cultivadas de importancia, que ser parte de lo que es Svalbard y el Sistema Mundial de Conservación les da más peso. Segundo, porque Uruguay es un centro secundario de diversidad para algunas de estas especies. El maíz es un cultivo de origen tropical y su adaptación a las condiciones de longitud de día variable como en nuestras latitudes nos ha hecho un país con germoplasma diferente en esta especie. También el trigo es un cultivo que aquí tiene una larga historia de cultivación y somos un centro de diversidad para las enfermedades que lo afectan, lo cual hace que el cultivo esté bajo una presión constante y se puedan seleccionar fácilmente accesiones que son resistentes, poblaciones que son resistentes a las distintas enfermedades de trigo.

RD —Para traerlo directamente a Uruguay, nos interesaba saber qué es lo que está pasando acá y en qué situación nos encontramos en lo que hace a la conservación de los recursos fitogenéticos. Como país qué grado de importancia le damos a esto cuando hay que definir líneas de investigación o líneas de trabajo.

FB —Voy a comentar lo que hacemos en el Inase. Todas las variedades que se comercializan en el Uruguay, forrajeras, cultivo de invierno, trigo, cebada, cultivo de verano, soja, maíz, sorgo, del grupo hortícola, están inscritas en el Registro Nacional de Cultivares del Inase y tenemos una cámara de semillas donde guardamos, con determinados objetivos, una muestra de semillas. En esa cámara tenemos más de 2.000 variedades inscritas en el Registro Nacional de Cultivares –hay algunas que no están porque son de propagación vegetativa–, más otra cantidad de variedades que ingresan a la evaluación nacional de cultivares, ingresan al país a evaluarse agronómicamente, y también las guardamos en esa cámara. Eso es lo que la FAO dice del primer banco de germoplasma, primer banco de semillas. Con el segundo banco de semillas, que es el de los agricultores, en este último año, año y medio el Inase ha venido trabajando con más fuerza con el tema de las variedades criollas. Ahí articulando un poco con facultad, un poco con redes de semillas criollas. El guardar la semilla en el productor es fundamental también.

EC —¿Ese tipo de semillas cómo se guarda?

FB —Las mantiene el propio productor, con sus variantes.

RD —¿Siguiendo un protocolo que se le da?

FB —No.

RD —Están a campo total.

FB —Claro, a campo total. Que es la fuerte de diversidad genética principal.

EC —Pienso en las condiciones de seguridad. Porque algo que se destaca mucho de este banco de Svalbard es su capacidad, por la forma como fue construido, de aguantar catástrofes de cualquier dimensión que puedan afectar a la humanidad. En este caso, en los dos bancos que estamos mencionado, el que tiene el Inase por su lado y mucho más en la conservación que realizan los productores, me pregunto si existe forma de preservar ante ese tipo de contingencias.

GG —Estamos sufriendo fuertemente lo que se llama erosión genética, pérdida de diversidad genética en la semilla de los productores.

RD —¿Asociado a qué?

GG —La razón principal es la pérdida de productores, la disminución de la cantidad de familias que hay en el campo. También hay sustitución de variedades criollas por variedades modernas, sobre todo asociadas a los cambios de generaciones, a veces el hijo comienza con una mentalidad distinta de la que traía la familia. Pero la razón principal es la disminución de la cantidad de productores. Entonces cómo conservar la semillas criollas está a veces muy asociado a cómo conservar la agricultura familiar. Todas las políticas que tiendan a conservar la agricultura familiar tienden a conservar esas semillas que están en manos de los productores.

RD —¿Por qué es tan importante? Asumo que lo criollo es lo más adaptable a nuestras condiciones, y entiendo y comparto el aspecto social, pero ¿por qué eso criollo va siendo desplazado por lo moderno? Cuando hablamos de mejoramiento, ¿no se pueden rescatar las habilidades criollas y unirlas con lo moderno? ¿Por qué son opuestas?

GG —Federico hablaba de que hay una colección más histórica del país, que se hizo en 1978, de 852 variedades criollas. Eso tiene una gran diversidad genética, los estudios que hemos hecho en otras especies también, uno analiza la diversidad y cada semilla de cada productor es diferente, hay una variabilidad muy grande dentro de cada lote de semillas.

RD —Esa es la riqueza.

GG —Es una riqueza muy grande y que tiene un valor potencial. A veces no es el valor de uso hoy, el valor comercial que tenga hoy, sino el valor potencial que tiene y que –volviendo a tu pregunta inicial de qué está haciendo el país– estamos haciendo muy poco por conservar. Y nos estamos refiriendo bastante a las semillas criollas, pero también tenemos nuestros recursos genéticos nativos. Uruguay es básicamente un ecosistema de praderas, estamos inmersos en la pampa, y los recursos forrajeros que incluso hoy sostienen buena parte de la ganadería uruguaya, especies forrajeras son un recurso muy importante del Uruguay y en el cual estamos trabajando muy poco, invirtiendo muy poco.

EC —Pregunta otro oyente si guardan solamente semillas de alimentos, o también semillas de la flora, de toda la flora.

FB —En Inase no, generalmente son semillas que produce el productor para producción de alimentos. No guardamos ornamentales o flores.

RD —¿Y en Facultad y en INIA?

GG —Las principales colecciones son de especies cultivadas, pero hay también de algunas especies forrajeras, colecciones importantes.

EC —Un oyente pregunta por el monte nativo.

GG —Se están haciendo trabajos en arbustos que tienen potencial como frutales, por ejemplo el arazá, que la gente utiliza las frutas. Y en particular en el guayabo se está trabajando, que en algunas partes del mundo es cultivado y aquí también. En el guayabo se están haciendo estudios bastante importantes en este momento.

EC —De nuevo estamos hablando de flora nativa, pero destinada a la alimentación, con potencial por el lado de la alimentación. Si no tiene potencial por el lado de la alimentación, ¿no?

GG —Hay plantas con potencial de uso medicinal, cosmético, plantas maderables como el Enterolobium.

FB —Si la planta no tiene potencial casi no se guarda.

GG —Pero no sabemos lo que puede ser potencial, tendríamos que tratar de tener respaldo de los ecosistemas, tratar de conservarlos.

EC —Pregunta otro oyente: “¿Hay guardadas semillas de tomates con gusto a tomate, como los de antes?”.

GG —Los hay, sí.

FB —Hay, sí.

RD —En época de tomate, es rico. Lo que pasa es que comemos tomate de cámara muchas veces.

FB —Y muchos productores lo tienen, el tomate araña, tienen variedad de tomate local.

EC —Federico, ¿agregarías algo a esto que se venía ablando aquí en la mesa?

FC —Mi comentario es que el rol de los bancos de germoplasma es básicamente paliativo. La gran diversidad está en el ambiente, está en los ecosistemas, está en las poblaciones naturales que responden a su interacción tanto con las personas como con el ambiente, con el clima. Eso es algo que no podemos perder de vista. Podemos invertir tiempo, trabajo y recursos en tratar de conservar aquellas cosas que nos parecen interesantes, pero el deterioro ambiental es algo que escapa a nuestro control individual, es una responsabilidad de la sociedad. Los bancos de germoplasma tratan hasta cierto punto de conservar lo que pueden, pero es imposible abarcar todo.

RD —¿Estamos haciendo lo suficiente? ¿Cuál es tu opinión respecto a lo que decía Guillermo? Como país, ¿estamos haciendo lo suficiente? Se demandan tantas puntas en la investigación que me pregunto si esto es totalmente abarcable en toda su extensión o habría que hacer foco en algunas cosas.

FC —Cada actor del ámbito nacional se enfoca en lo que más le interesa y trata de cubrirlo lo mejor posible. En mi opinión se necesitaría una organicidad más estructurada, una planificación más estratégica y un sistema nacional que trate de cubrir todos esos aspectos de lo que son los recursos fitogenéticos y los recursos genéticos en general. No olvidemos que también hay animales que son considerados recursos genéticos, y por supuesto hay muchos microorganismos que también son recursos genéticos.

RD —¿Algo interinstitucional decís tú, por fuera de las instituciones, en un único lugar?

FC —Sí, por lo menos un ente coordinador debería existir. Nosotros nos reunimos y trabajamos con distintos objetivos, pero no tenemos una figura oficial y con cierta capacidad de coordinación en ese sentido.

RD —Algo así como la Mesa del Trigo, la Mesa de la Soja, la Mesa de la Cebada; una Mesa de Recursos Fitogenéticos.

FC —Podría ser. Hay un tema que es muy sensible, los recursos genéticos nativos y naturalizados del país son parte de nuestra soberanía reconocida por tratados internacionales en lo cual el Estado tiene responsabilidad. Entonces el dar acceso, permitir que una persona pública o privada colecte esos recursos y utilice los genes o principios activos que se puedan extraer de ellos implicaría un acto del Estado de aceptar dar ese acceso y establecer las condiciones.

EC —Estamos hablando de aspectos legales que juegan o no. Ustedes querían hablar de eso acá.

GG —Sí, Federico hacía referencia a tratados internacionales en los cuales ha intervenido el país; en particular es la Convención de Diversidad Biológica de 1992, de la que Uruguay es signatario, la ha ratificado y por la cual se compromete a preservar sus recursos fitogenéticos, como todos los demás países signatarios.

También hacía referencia a que Uruguay no tiene definido cómo dar acceso a sus recursos fitogenéticos. Porque Uruguay, por esos tratados internacionales, también es soberano sobre sus recursos genéticos, tanto los nativos como los que fueron introducidos pero se fueron diversificando aquí, como el maíz, la cebolla, la avena, diversas especies cultivadas que hoy por hoy son recursos genéticos propios. En ese sentido se elaboró un proyecto de ley que ya tiene más de 10 años y que nunca llegó al Parlamento. Se formó un grupo de trabajo interinstitucional que elaboró un proyecto de ley que determinaba el acceso a los recursos genéticos y creaba ese sistema nacional de recursos genéticos del cual hablaba Federico Condon, pero ese proyecto nunca se concretó en una ley. Eso es una muestra también del rezago que tiene este tema en el país, el hecho de que no contemos con un marco legal sobre recursos genéticos.

***

EC —Intuyo, por lo que comentaban, que también hay déficit en infraestructura, personal, que no contamos con las condiciones más adecuadas en materia de bancos de semilla o germoplasma. ¿Qué pasa en cuanto a la infraestructura a los efectos de enfrentar cataclismos, etc.? ¿Cómo está el banco del Inase desde ese punto de vista?

FB —La cámara de semillas es una cámara donde se guarda semillas de las variedades comercializadas. Ahí el tema principal es el recurso humano, la semilla baja de calidad, no germina, hay que plantarla de vuelta y volver a regenerar. Eso en las variedades. Los híbridos generalmente no los regeneramos, pedimos nuevamente semilla. Tener los recursos humanos para el desarrollo, la descripción, la caracterización es fundamental.

EC —Pero sobre lo otro, la posibilidad de que algún tipo de catástrofe afectara a ese banco, al banco mismo, lo rompiera, lo deteriorada, ¿está preparado? No, no está.

FB —No, no hay ninguna preparación.

EC —En ese sentido es que el banco de Noruega funciona como último recurso. ¿O no?

FB —En ese caso sí, pero… Lo que pasa es que en Uruguay los programas de mejoramiento, los que guardan semilla o los que mantienen semilla no pensamos en un cataclismo tan propiamente dicho. Entonces lo que hacemos es conservar la semilla.

GG —Sí, en términos generales es un tema, la conservación de la semilla es tremendamente importante, porque es el alimento nuestro, hoy por hoy nuestra civilización ha evolucionado tecnológicamente, estamos en medio de la era tecnológica, pero la alimentación sigue siendo la base de la sociedad y precisamos de las semillas y de esa diversidad genética para garantizar la alimentación hoy y de las generaciones futuras. Es un tema tremendamente importante, pero como es de largo plazo a veces cuesta ver la importancia que tiene y la necesidad de hacer inversiones hoy para preservar esas semillas.

RD —Ver el largo plazo es algo difícil en casi todas las áreas.

EC —Hacemos el cierre con Federico Condon, te escuchamos a distancia.

FC —Tenemos una visión muy positiva del mundo y pensamos que nunca nos va a suceder nada tan catastrófico como para poner en riesgo unas colecciones. Cuán conscientes somos de su valor no es algo fácil de evaluar. En este momento estamos tratando de llegar a un arreglo, de hacer una alianza, una cooperación con Facultad de Agronomía que nos permita respaldar mutuamente parte de nuestras colecciones en forma bilateral. Con que no estén dentro de un mismo edificio las colecciones en el momento en que sucede un incendio –esperemos que nunca suceda– por lo menos estamos aumentando el nivel de seguridad. Tenemos el objetivo de hacer un respaldo interno en el país.

El siguiente paso es respaldar en una caja, como puede ser la de Svalbard. Mi estimación es que en este momento aproximadamente un 60 % de la colección uruguaya está respaldada sobre todo en los centros internacionales, sobre todo en CIMMYT e Icarda, porque gran parte de lo que tiene que ver con trigo, que es buena parte de las 22.000 accesiones que tiene INIA, están en el CIMMYT también. Por lo tanto nuestra estrategia tiene que pasar por tratar de llenar esos huecos más estratégicos que consideramos vacíos.

***

Transcripción: María Lila Ltaif

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