Las «irregularidades en el proceso disciplinario» en la denuncia de acoso dentro de la Facultad de Ciencias… Y otros telegramas

Foto: Nicolás Celaya /adhocFOTOS

 

Telegramas. La Mesa de Análisis Político con Fernanda Boidi, Daniel Buquet, Daniel Chasquetti y Federico Irazábal.

 

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Candela Stewart

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4 Comentarios

  • Gracias por los telegramas que ponen sobre la mesa discutir lo de la denuncia contra Martín Sambarino.

  • Este problema es evidentemente muy complejo, porque incluye cuestiones objetivas de tipo procesal y también cuestiones relacionadas con el manejo de la opinión pública, potenciado por las redes. Encima de todo están cuestiones filosóficas, que son las más profundas y las que realmente vamos a tener que discutir como sociedad, si es que no queremos recrear los métodos de la inquisición, como bien dice Irazábal.

    Sin conocer la interna a fondo (aunque sí por referencias), me imagino un CDC muy complicado con este problema. El nivel superior de decisión de la Universidad, dada su forma de gobierno, es profundamente político. La gente que llega a esos cargos, normalmente aspira a tener una vida pública. Muchas veces los rectores son ex consejeros, que esperan ser votados por los órdenes. En esto hay una enorme fractura generacional, creada por estas formas de feminismo que creen vivir en una sociedad patriarcal y estar haciendo una revolución retirándole cuealquier garantías a los villanos de su cosmogonía (el consabido «hombre blanco heterosexual», orígen de toda la opresión). Es común que hoy día la gente más veterana como yo tenga problemas para hablar incluso con sus hijos y nietos de cosas como presunción de inocencia frente a una acusación de este tipo. Sin conocer la interna del orden estudiantil, me parece muy verosímil que los estudiantes deben ser los principales «indignados» con que se dude que la acusación es fundada. ¿Porqué? Por «sororidad» con la hermana que clama justicia. Porque estos movimientos han explotado un costado muy atávico de la juventud, mezcla de indignación por descubrir que el mal existe y mesianismo de pensar que se puede erradicar «poniéndole ganas» y no dándole tregua. Hasta el lenguaje quieren «policiar» porque creen que sometiendo a otro a decir «todes» están cambiando la historia. Y cuando la muchachada jóven se indigna, quien aspire a ocupar cargos públicos puede despedirse de por vida de su honorabilidad y respetabilidad. Los consejeros deben estar de rodillas (sobre todo los hombres) y lo único que podría devolverles su independencia es una intervención firme de las mujeres universitarias, que le quiten un poco la épica antipatriarcal a este sinsentido.

    Entonces, más que nunca y antes que se vaya la cadena junto con el balde (¡que nunca da lo mismo perder la cadena además del balde!), hay que recentrarse como sociedad en la filosofía del derecho. ¿En serio vamos a renunciar a la presunción de inocencia? ¿Vamos a abrir cuentas de twitter y contar posteos con denuncias para medir la inocencia de un acusado? Capaz que para el consabido «hombre blanco heterosexual» es lo que se quiere. Una especie de principio de exclusión por ser «población proclive a acosar». A veces con un ejemplo de otro delito y otra población, que somos proclives a considerar vulnerable, las cosas se aclaran: ¿Se imaginan una estadística aplicada a otros delitos, por ejemplo la rapiña, que estableciera cuáles son las características más probables de un rapiñero? Género, edad, color de pelo, zona donde vive, etc. Luego, si llegan acusaciones de rapiña contra gente que reúne esas condiciones, tiene que probar su inocencia. Si no logra hacerlo, es culpable. ¿Se animan a vivir en una sociedad así sin conocer si ustedes caen dentro o fuera de la clasificación? Porque responder que sí cuando no son los derechos de uno los que están en juego es por lo menos irresponsable, sino antisocial.

    Quiero terminar por mencionar que esa visión lejos de ser progresista es profundamente reaccionaria. Hunde sus raíces en lo que se llama el «derecho penal del enemigo». El problema con Sambarino es que antes de empezar el juicio, ya era un enemigo porque todo hombre acusado de abuso sexual lo es.

    • Quiero aprovechar para destacar la valentía de la doctora Xavier, que si entendí bien su posición, es colega del docente acusado y también de la parte acusadora. Seguro no ha sido para ella fácil dar este paso. Considerando la enorme vocación y el costo en años de formación que seguramente ha tenido para estar donde está, mucho le deseo que su valentía no la termine por perjudicar en su carrera profesional. Hay que recordar la forma de gobierno de la Universidad, en la que el máximo órgano de decisión es político, no académico.

  • Ya que estamos en una tertulia política, tendrían que ocuparse alguna vez de las elecciones de concejos vecinales. Yo me enteré anteayer de casualidad (en la tertulia e hoy los mencionaron en la sección «telegramas»), porque lo leí en un diario, de que el próximo domingo se elegirán en Montevideo los concejos vecinales y se votará el presupuesto participativo. Lo repito: fue de casualidad, porque en ningún otro medio li vi, ni oí publicidad en radio o televisión, ni vi propaganda en la calle. A mí, por ejemplo, me corresponde el municipio D, y buscando en la página de la Intendencia, me enteré de que hay treinta y pico de candidatos , par mí ilustres desconocidos, de los que puedo votar hasta cuatro (si no me equivoco). Y que se presentaron cincuenta y pico de propuestas, entre iluminación de calles o plazas, equipamientos para espacios públicos, ayudas para centros barriales, y otras cosas por el estilo, de las cuales sólo una involucra a un lugar cercano a mi casa, respecto alas cuales puedo votar hasta cuatro… Como ven, muy poco incentivo puedo encontrar en estas elecciones, y pienso que ése debe ser el panorama general. Tendrían que estudiar todo este proceso y ver si tienen realmente una importancia que las justifique.

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