20170110/ Javier Calvelo – adhocFOTOS/ URUGUAY/ MONTEVIDEO/ Ciudad Vieja – Peatonal Sarandí / Los vendedores informales de la peatonal Sarandí resisten el desalojo que hizo la Intendencia de Montevideo de sus puestos instalados en la peatonal. Algunos son artesanos otros son revendedores de mercaderia china y otros son artistas a la gorra. En la foto: Peatonal Sarandí de la Ciudad Vieja de Montevideo. Foto: Javier Calvelo/ adhocFOTOS

¿Somos conservadores los uruguayos? ¿Qué tiene de bueno o de malo?

Foto: Javier Calvelo/ adhocFOTOS

¿Somos conservadores los uruguayos? 

Lo pregunto pensando en la polémica que generan hoy las propuestas de reforma de la seguridad social y de la educación. Pero también en la resistencia que en los gobiernos del Frente Amplio generaron la creación del IRPF y la inclusión financiera.

Y podrían agregarse otros ejemplos: lo criticada que fue la decisión de hacer peatonal la calle Sarandí en la Ciudad Vieja, durante la primera administración departamental del FA en Montevideo. Y en la controversia por la construcción de la Torre de las Telecomunicaciones, durante el segundo gobierno de Julio María Sanguinetti, o, yendo a iniciativas privadas, el proyecto de Juan Carlos López Mena para la zona del Dique Mauá en la rambla sur de la capital o el puente sobre la Laguna Garzón, en Rocha, cofinanciado por el empresario argentino Eduardo Constantini.

Entonces, ¿somos conservadores los uruguayos? Y si la respuesta es afirmativa, ¿qué tiene de bueno o de malo?


La Tertulia de los Miércoles
con Hernán Bonilla, Juan Pedro Mir, Desirée Pagliarini y Óscar Sarlo.

Continúa en:
Murió Mijaíl Gorbachov, último líder de la Unión Soviética
El plebiscito constitucional de Chile este domingo… Y otros telegramas

Candela Stewart

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2 Comentarios

  • Este planteo requiere definir en qué sentido se usa la palabra conservador. En buena medida, la derecha liberal suele usarla como un arma arrojadiza contra las izquierdas otrora revolucionarias que ahora se aferran al Estado de Bienestar como tabla de salvación. Es un poco deshonesto, porque desde una perspectiva de izquierda, ser conservador significa querer mantener la estructura de poder de la sociedad de clases. Una reforma fiscal puede ser conservadora de ese punto de vista y el statu quo en términos relativos puede ser menos conservador porque preserve ciertos equilibrios redistributivos. Si una reforma grava más el trabajo para aliviar al capital, entonces es conservadora en el sentido que estoy hablando.

    Acá se discutió de otra forma, en mi opinión un poco ingenua. Habría una supuesta cosmogonía en la que hay dos grupos de personas: los que desinteresadamente abrazan los cambios porque aman cambiar y los que desinteresadamente se resisten a los cambios porque odian los cambios. Nada de eso tiene sentido porque felizmente no hay gente tan irracional como para considerar que la palabra «cambio» tiene un contenido moral. Frente a una reforma fiscal que tienda a minimizar los impuestos indirectos –como por ejemplo el IVA– y a gravar más los altos ingresos y el patrimonio, seguro que Bonilla es el conservador y, por ejemplo, Olesker es el que quiere los cambios. Esa sería la realidad si el mundo estuviera dominado por el pensamiento de izquierda y fueramos hacia el socialismo: Bonilla se aferraría a ese estado batllista que tanto deplora como su «peor es nada» frente a impulsos socializantes hegemónicos.

    Como las hegemonías son del signo contrario, el mundo está dominado por el pensamiento de derecha y los que somos de izquierda a lo sumo podemos aspirar a que no nos sigan desmontando el Estado de Bienestar. No queremos cambiar porque apenas algo está arriba de la mesa para discutirlo, sabemos que el equilibrio de fuerzas nos perjudica. Entonces los conservadores somos los de izquierda, porque frente a cualquier cambio con posibilidades reales de llevarse a cabo, las relaciones de poder se modifican en el sentido que no queremos. ¿Es esto tener una naturaleza contraria al cambio por ser cambio? En absoluto.

    En definitiva, hay que evitar pensar en los términos en los que se discutió en esta tertulia e ir al fondo de la cuestión: ¿qué cambios? ¿para beneficiar qué intereses?

    Les dejo una frase muy buena atribuida a Warren Buffett: “There’s class warfare, all right, but it’s my class, the rich class, that’s making war, and we’re winning.” Medalla de oro a la honestidad intelectual para este señor.

  • A los uruguayos en general les cuesta «agarrar el toro por las guampas», discutir los problemas a fondo, cuestionarse las cosas de verdad, con pragmatismo, dispuestos a cambiar todo lo que sea necesario con el fin de alcanzar lo que la sociedad necesita. Pasa en muchos sentidos: educación, estado, empresas públicas, normativa laboral y un largo y triste etc.
    No se da un debate honesto, sino uno lleno de trincheras, tabúes y falacias. Este es un país maravilloso, con todo el potencial para ser una nación desarrollada en muy poco tiempo, pero no se atreve. Por lo general, el «freno» le gana al «impulso», parafraseando a Real de Azúa. Hay una vocación por el consenso que da poder de veto a cualquiera. Si bien eso brinda estabilidad, hace que, en los temas de fondo, el país quede inmovilizado, como dice Martín Bueno: «haciendo como que se cambia todo, para que en el fondo no cambie nada».

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