Una enredadera en la Ciudad: Fotogalería que celebra los 100 años del edificio del Instituto Crandon

El sábado 26 de marzo a las 11 hs. se realizara la inauguración de la muestra «Una enredadera en la Ciudad: 100 años del edificio del Instituto Crandon». El evento tendrá lugar en la Fotogaleria Parque Batlle en Avenida Lorenzo Merola frente al monumento de La Carreta de Jose Belloni e irá hasta el 26 de junio.

El edificio principal del Instituto Crandon cumple 100 años. Su construcción comenzó en enero de 1921; se inauguró en marzo de 1922. El edificio de estilo neoclásico es parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad por su valor histórico, documental y cultural y es un referente urbano.

 

El archivo histórico del instituto conserva en su acervo una gran cantidad de fotografías del proceso de construcción, que fue registrado mes a mes por la maestra misionera Jennie Reid, directora y administradora del instituto.

En 1914, el Instituto Crandon funcionaba en la calle Soriano 1227. Tenía 150 alumnas y su capacidad estaba colmada. Las misioneras norteamericanas que estaban a cargo concebían una escuela futura moderna y para concretar sus sueños necesitaban un edificio apropiado, que contemplara las necesidades de una institución de enseñanza diferente.

Luego de una larga búsqueda, en noviembre de 1916, se adquirió un terreno esquina, de 15.000 metros cuadrados, en las avenidas 8 de Octubre y Gral. José Garibaldi. Los profesionales encargados de la construcción fueron el ingeniero J. Hoit y el arquitecto Poole. Tuvieron la colaboración del ingeniero Alberto Canessa.

El proyecto del edificio constaba de tres plantas: el subsuelo (donde se encontraría el gimnasio, vestuarios, enfermería, sala de jardín de infantes, laboratorios de economía doméstica, de química y física, salón para clases de comercio, comedores y cocina), el primer piso (donde estarían las aulas, el salón de descanso para las maestras y salas de espera) y el segundo piso (con los dormitorios para cincuenta pupilas, apartamento para la directora general, biblioteca y sala de conferencias con capacidad para trescientas personas). Además, en el extenso terreno se construiría una quinta y plaza de recreo, canchas de tenis, básquetbol y vóleibol.

La construcción del edificio llevó un año y, por su rapidez, sorprendió a la sociedad montevideana. La mañana del 15 de marzo de 1922, el edificio quedó inaugurado al recibir a las estudiantes que ansiosamente esperaban conocer su nueva casa de estudios. La enredadera que adorna las paredes se plantó unos años después y rápidamente cubrió todo el edificio. Así se convirtió en una característica de esa esquina de la ciudad.

 

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Bruno Carballo

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