La Tertulia, de Colección: Tertulia especial por la publicación del libro «Donde hubo fuego», de Adolfo Garcé

El pasaje de guerrilleros derrotados a exitosos demócratas. Ese periplo tupamaro interesó al politólogo Adolfo Garcé y es la base del libro «Donde hubo fuego…» Para su sorpresa encontró que a fines de los ochenta no quedaban sólo cenizas sino brasas «y en cierto modo había una parte que soplaba por encenderlas», dijo Garcé en tertulia, junto a Jaime Yaffé y el periodista Alfredo García.

(Emitido a las 9.42)

EMILIANO COTELO:
Que un libro revele los secretos mejor guardados de la historia de un grupo político de gran peso en la actualidad, ya es un aporte importante. Pero si el libro se ocupa del MLN y el MPP, y da a conocer su «coqueteo» con las armas entre 1989 y 1994 –es decir, en plena era democrática– la cosa se pone mucho más interesante.

«Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral.» Ese es el título de un libro, de una investigación histórica que se hizo desde la ciencia política y que, sin duda, va a dar mucho que hablar en estos días.

Porque el MPP fue en 2004 el sector más votado dentro del Encuentro Progresista; porque su interna está hoy al rojo vivo; y especialmente porque las revelaciones del libro sobre el pasado del MLN son fuertes.

Su autor es el politólogo Adolfo Garcé, integrante de la tertulia los martes En Perspectiva. Hoy Fito nos acompaña en una Tertulia Especial, junto al politólogo Jaime Yaffé y el periodista Alfredo García, director del semanario Voces del Frente.

Jaime y Alfredo leyeron el libro antes de que se publicara y están con nosotros porque les hemos pedido que hagan las veces de «comentaristas».

***

Fito, es un libro que está a punto de salir a la venta.

ADOLFO GARCÉ:
Si todo sale bien, hoy sale de la imprenta y se empieza a distribuir.

EC – Es un libro de Fin de Siglo en el cual trabajaste en los últimos dos años aproximadamente.

AG – Cierto, lo escribo por ahí. Yo tenía una deuda histórica en lo personal con el MLN, porque nunca me había llamado demasiado la atención, a diferencia de mucha gente de mi generación, de muchos colegas, nunca me había puesto a leer a fondo las historias del MLN, libros del MLN, y no se puede hacer, de acuerdo con lo que pasó en las últimas elecciones, análisis político con seriedad en este país sin conocer a fondo el MLN.

Entonces cuando pasó la campaña electoral me llevé unos libros para mis vacaciones y a partir de ahí, en enero de 2005, leyendo, investigando, conversando con militantes y dirigentes del MLN, tratando de recuperar documentos, leyendo prensa de la época, tratando de explicar esa foto asombrosa, la imagen asombrosa de José Mujica con la mano en el corazón jurando el 15 de febrero de 2005 frente a su hermano de toda la vida, como dijo, Eleuterio Fernández Huidobro…

EC – Esas imágenes del Senado que dieron la vuelta al mundo.

AG – Lo confieso, yo ese día estaba en casa tranquilo, tomando unos mates frente a la tele como todo el mundo, y me tuve que parar, toda esa ceremonia la tuve que mirar parado, porque era una imagen extraordinaria. Era explicar esa foto, explicar cómo aquellos guerrilleros terminaron formando parte de esta experiencia política electoral.

EC – Tú dices en el libro «me parecía un desafío apasionante tratar de entender el proceso de transformación política e ideológica de los tupamaros de guerrilleros derrotados en exitosos buscadores de votos».

AG – Es cierto, buscadores de votos, no en el sentido peyorativo, en el sentido más estricto de la palabra. En las elecciones lo que hacen los políticos es buscar votos. Pasa que esto mirado desde los códigos viejos del MLN es impactante, quien conoce la historia del MLN en los sesenta, quien sabe qué era lo que pensaban los viejos tupamaros, los fundadores del movimiento, de las elecciones, del camino electoral, del reformismo, etcétera, se da cuenta del giro brutal, el giro enorme que desde el punto de vista político significa todo esto que hicieron durante los últimos veinte años. Mi primera pregunta fue ¿por qué no hay más fuego? ¿Cómo se apagó ese fuego?

EC – Terminaste topándote con algunas sorpresas.

AG – Es la pura verdad, yo traté de explicar por qué no hay más fuego, y me encontré con que donde hubo fuego no quedan cenizas, quedan brasas y en cierto modo había una parte de la organización que soplaba por encender la llama nuevamente.

EC – La punta de la piola de la que tuviste que tirar bastante, por lo que cuentas en el libro, es la convención del MLN de 1990, la convención del misterio, según la calificas en algún tramo de tu texto, un secreto muy bien guardado por el MLN.

AG – Es un momento muy importante la 5ª Convención. Fui al archivo oficioso del MLN, el de David Cámpora, que ahora está en la Facultad de Humanidades, que es increíble, están todos los documentos desde siempre. Pero los documentos se terminan en los años 88-89, están la 3ª Convención del 85, la 4ª Convención del 87, y la 5ª no está. ¿Por qué no está la 5ª? Voy a buscar documentos, alguien los tiene que tener. Me dirigí al local del MLN y me dijeron: «No, los documentos de la 5ª no se pueden divulgar». ¿Por qué? No entendí. Empecé a consultar a ex militantes hasta que al final alguno me facilitó las resoluciones de la 5ª Convención y alguno también me facilitó el plan 91-92 que se termina redactando después de la 5ª Convención.

La 5ª Convención fue complicadísima porque termina con el desgajamiento, muy doloroso para todas las partes de la organización, del Frente Juvenil, que era un sector tremendamente dinámico y lleno de gente capaz. Se termina yendo porque la otra parte de la organización, la línea obrerista proletaria, como le llamo yo en el libro, estaba presionando para volver a convertirla en una organización político-militar con vistas a que fuera, en la perspectiva de la coyuntura que ellos tenían, el esqueleto armado de la resistencia popular frente al nuevo 73 que consideraban cercano y el escenario más probable.

Cuando llegué a este punto me costaba entender lo que estaba leyendo, me costaba entender que en 1990 el MLN, o la mayoría del MLN, hubiera considerado que el escenario más probable era el incremento de la lucha de clases, el incremento de la represión, un nuevo pachecato, un nuevo 63 y una nueva guerrilla funcionando.

EC – Ustedes, Jaime, Alfredo, ¿tenían clara esa competencia, esa pulseada entre los «frentegrandistas» y los «obreristas» dentro del MLN, que se laudó en aquella convención y después tuvo otras derivaciones? ¿Sabían que había llegado hasta esos extremos? Cuando leen el libro de Fito Garcé, ¿reaccionan con la misma sorpresa con la que él reaccionó cuando se encontró con aquellos documentos?

JAIME YAFFÉ:
Yo tenía noticias de la salida del Frente Juvenil in totum porque en aquella época yo también era un joven militante estudiantil, no de esa organización precisamente, y me encontré con esa gente y me enteré. Pero era toda una cosa rodeada de un misterio bastante grande de la cual sus propios protagonistas no te querían hablar demasiado y uno se daba cuenta de que no daba para preguntar.

Ahora me reencuentro con esa salida del Frente Juvenil del año 90 o 91…

AG – Fue en el segundo semestre del 90.

JY – Y ahora la entiendo. Yo no tenía noticia de la envergadura del debate interno en el MLN ni de que la salida del Frente Juvenil de la organización hubiera respondido a unas diferencias de esta envergadura, que tenían que ver nada más ni nada menos que con la cuestión de en qué medida se retomaba o no la lucha armada o el MLN se volvía a embarcar en una estrategia que por lo menos incorporaba la lucha armada como uno de sus datos. En ese sentido no tengo ninguna duda. Esto era algo que sólo los protagonistas conocían en este nivel de detalle. Una de las cosas que le he dicho a Adolfo en estos días es que me sorprende mucho que los organismos de seguridad del Estado uruguayo no estuvieran al tanto de esta situación, es muy interesante saber por qué eso no fue explotado políticamente desde su lugar por el gobierno de la época.

Si no lo sabían, los organismos de inteligencia del Estado uruguayo dejan mucho que desear, deberían saberlo.

En cualquier caso el público no tenía noticia de esta cuestión, ni siquiera el público militante. Mi respuesta es que conocía la puntita del iceberg, no lo que estaba detrás.

***

EC – El propio libro incluye reproducción de una portada del diario La República del 30 de enero del 91 que informa «Jóvenes tupamaros abandonan en masa las filas del MLN», pero no hay manera de llegar al fondo de la cuestión en esa noticia.

Después el semanario Brecha publicó un reportaje a dos dirigentes tupamaros en el que ellos empiezan aclarando que hay preguntas que no van a contestar. ¿Cómo era eso?

AG – La convención resolvió que de algunos temas, los temas centrales de la convención, no se debía hablar, entonces cuando después Mujica y Bonomi conceden un reportaje a Brecha, dos o tres meses después de finalizada la 5ª Convención, responden algunas preguntas pero en un marco de superficialidad, un poco elípticamente para el gusto de este estudioso. Ellos decidieron que había cosas de las que no había que hablar. No había que hablar de las razones de fondo de la ruptura con el Frente Juvenil, y no había que hablar del proyecto político que se impuso en esa 5ª Convención.

EC – Alfredo, ¿qué te pareció el libro desde este punto de vista?

ALFREDO GARCÍA:
El libro marca claramente dos líneas que se dieron históricamente en el MLN, y otra cosa más que se sigue dando hasta el día de hoy que es el culto al secreto y al aparato que existe en el MLN y en el MPP, que es el brazo extendido del MLN. Hay un fetichismo por parte de los viejos tupas, que siguen siendo tupas, los que están fuera y los que están dentro todos se siguen definiendo tupas, hay una mística, hay elementos que los condicionan y hay una especie de lealtad a pesar de matarse políticamente, porque pueden tener posiciones totalmente antagónicas, sin embargo se siguen considerando poco menos que hermanos de sangre. Quizás vivencias tenidas, la cárcel, el exilio, todo eso, los ha marcado.

Yo asistí de colado a una reunión de los rehenes, se juntaron todos en la chacra del Pepe una vez, y no se pueden ni ver, se dan con un caño políticamente, pero se juntaron todos y comieron todos un asado. Uno dice «¿y esto?» Son cosas difíciles de entender para la gente que no está metida en esa organización o en esa trayectoria.

Es muy revelador el hecho de sacar cosas fuera, secretos. El MLN ha hecho culto al secreto, la izquierda en este país ha hecho mucho culto al secreto en las cuestiones internas, «de eso no se habla, no se discute, es malo». «La luz o la cristalinidad es mala, le damos armas al enemigo». Eso se sigue dando hasta el día de hoy, Marenales no habla.

EC – Desde que el fue el «triunfador» de las elecciones internas del MPP del fin de semana pasado. Triunfador después de Mujica, que se consolidó como líder.

A. García – No se conocen los votos, ¿cuánta gente votó?

EC – No ha habido forma de entrevistar a Marenales todavía. Ese tipo de cuestiones que caracterizan al MLN le dan valor al trabajo de Fito, que logró entresacar con fuentes de los distintos «bandos», porque trabajaste con los frentegrandistas y con los proletarios, y trabajaste también con los que estaban en una tercera posición no estrictamente alineada con ninguna de las otras dos. ¿Quiénes eran? Vamos a ubicar cuáles eran esas dos corrientes.

AG – Una cosa previa. A medida que iba encontrando sorpresas en mi investigación, iba tomando conciencia del volumen de estos hallazgos, iba también tomando precauciones cada vez mayores desde el punto de vista metodológico, porque no quería comprar la historia de un bando, no quería ser el vocero del «Tambero» Zabalza, no quería ser el vocero de los proletarios. Tampoco quería comprar la historia de los frentegrandistas, tampoco la del Frente Juvenil. No quería comprar la historia de nadie, quería construir una historia lo más fiel, lo más seria posible, y la única manera de hacerlo era poder chequear los testimonios de uno de los bandos con los testimonios del otro. Me preocupé muchísimo por chequear cada dato rigurosamente. Y las dos o tres grandes interpretaciones del libro, la periodización, definir tres grandes períodos, hasta la muerte de Sendic el primero, desde la muerte de Sendic hasta la salida de Zabalza el segundo y de ahí en adelante el tercero, los chequeé cincuenta veces. Los manuales de metodología de investigación social dicen que cuando tú estás haciendo entrevistas semiestructuradas en profundidad y cada nueva entrevista ya no te aporta información reveladora, lo que hace básicamente es ratificar tu interpretación, quiere decir que llegaste al punto de la saturación y que estás hablando con seriedad de las cosas. Las grandes interpretaciones del libro superaron esa prueba. Me parece muy importante decirlo, esto no es un capricho mío, la periodización y las líneas que vos mencionás han pasado esa prueba del contraste sistemático con gente de las distintas líneas de la organización.

EC – ¿Quiénes eran los frentegrandistas y qué proponían?

AG – Había dos polos en el MLN, los frentegrandistas y los proletarios. Los frentegrandistas detrás de la figura de Sendic, una figura insólita. Una de las cosas que aprendí fue a entender un poco más a Sendic y en cierto modo a respetarlo, a respetarle su coraje intelectual y político, una cosa extraordinaria; en sus errores y en sus aciertos. Detrás de Sendic había una parte de la organización, una parte pequeña, menor, pero muy calificada también. La gente que trabajó en los medios de comunicación creados por el MLN en esa época, que fueron medios extraordinariamente influyentes, la gente que trabajó en Mate Amargo, en la 44, en el Frente Social, Alba Antúnez, Diego Picardo, Edmundo Canalda, la gente del Frente Juvenil que tenía una estrechísima relación con Sendic, Nelly Oyaga, Marcos Otegui, entre tantos otros, compartían la idea de que Uruguay vivía una etapa nueva y que la democracia podía ser profundizada al menos durante un largo período histórico.

Sendic fue un revolucionario hasta el último día de su vida, les decía a los amigos que había que insertarse en la realidad sin cartas en la manga, pero en la manga derecha, en la manga izquierda había que tener algo por las dudas. Hasta el último día de su vida siguió pensando que tarde o temprano el proceso revolucionario iba a requerir nuevamente la violencia revolucionaria. Pero en la visión de Sendic del año 85 ese horizonte insurreccional estaba más dilatado, más desplazado, más lejos que en la visión de los otros, de los proletarios.

El grupo de los proletarios hunde sus raíces en la autocrítica obrerista, clasista, leninista que se hace de modos diversos en el contexto de la derrota del MLN en el 72 en lugares distintos. Se hace en Viña del Mar en el 73; se hace dentro del penal de Libertad en el segundo piso en torno a algunas figuras importantes, entre ellas el actual ministro Bonomi; se hace también en el exilio en Buenos Aires con la Tendencia Proletaria, el pequeño grupo de Andrés Cultelli, un dirigente muy importante, un referente teórico muy importante para toda esta línea proletaria del MLN, diversas vertientes proletarizantes, leninizantes que argumentan que el MLN fue derrotado por sus carencias de clase, por no ser suficientemente obrero y por no ser suficientemente marxista-leninista.

Cuando se hace la reorganización del MLN en el 85, cuando se discuten las autocríticas en la 3ª Convención, estas dos grandes corrientes quedan expresadas en dos grandes mociones de autocrítica, la autocrítica clasista leninista se expresa en una que dice «fuimos derrotados por no ser suficientemente obreros, por no ser suficientemente leninistas», y la línea más vinculada con los dirigentes históricos, como el propio Sendic, dice «fuimos derrotados no por razones ideológicas, no por nuestras carencias teóricas, sino básicamente por errores militares». En torno a esos dos grandes polos se va estructurando la vida del MLN diría que hasta ahora, porque el giro del MLN hacia la competencia electoral a partir de 1995, el discurso de Mujica, de Fernández Huidobro, de Bonomi, de Quartino desde el 85 en adelante retoma la línea frentegrandista que había quedado sumergida en el período de apogeo de los proletarios desde mediados del 89 hasta fines del 94.

EC – La línea frentegrandista implica una amplia política de alianzas.

AG – Es difícil determinar los desacuerdos, porque si les preguntás a los proletarios te van a decir que ellos también estaban de acuerdo con el Frente Grande. Es una cuestión probablemente de prioridades, para los proletarios lo más importante era que el MLN se tenía que volver a estructurar como una organización político-militar, se venía nuevamente la represión y había que estar preparados para el nuevo 73. Por supuesto, el Frente Amplio es importante, crear un polo revolucionario dentro del Frente Amplio –un MPP– es importante, y un Frente Grande también es importante. Pero el Frente Grande es más concebido como un frente de defensa de la democracia y de las libertades que como otra cosa.

En cambio para los frentegrandistas era un poco distinto el asunto. Sendic no quería reorganizar el MLN, lisa y llanamente.

EC – A la salida de la cárcel, en el año 85 mismo, la propuesta de Sendic fue que había que inventar otra cosa.

AG – Exactamente, porque de todos ellos era el que estaba más convencido –curiosamente, él que había sido el fundador, el padre de la criatura– de que en las nuevas circunstancias no tenía sentido reorganizar el MLN. Quedó en absoluta minoría en este tema, como en otros, dentro el MLN.

Para los frentegrandistas lo más importante era tratar de conseguir pequeños pasos de progreso dentro de la institucionalidad vigente, trabajar para la ampliación del Frente Amplio; Sendic y los frentegrandistas todo el tiempo decían «este FA es una fuerza montevideana y de izquierda, hace falta otra cosa un poco más amplia, no menos profunda pero sí mucho más amplia y que abarque todo el país». El énfasis de los frentegrandistas estaba puesto en crear las grandes alianzas políticas y sociales que permitieran hacer avanzar un poco la idea del progreso en Uruguay.

***

EC – El libro tiene eso fuerte de que revela pasajes de la historia muy reciente del MLN con datos que deliberadamente se había resuelto ocultar y que vistos hoy resultan por un lado impactantes y por otro muy útiles para entender episodios que quizás todos conocimos, vimos sueltos y que ahora pasan a tener un hilo conductor.

Concretamente, ¿qué consecuencias trae el triunfo de esa línea obrerista del MLN en la convención del año 90 en cuanto a la práctica del MLN, en cuanto a ese coqueteo con las armas del que hablábamos?

AG – Es más que un coqueteo con las armas.

EC – Usaba ese término para dejarte a ti una mayor precisión al respecto.

AG – Es una apuesta decidida a lo que consideraban el camino más probable para el desarrollo de los acontecimientos políticos. Hay entrenamiento militar de modo sistemático, desde luego se profundiza después de la muerte de Sendic, que fue en el 89, pero desde antes, desde el 85 en adelante el entrenamiento militar, aunque sea básico, aunque sean rudimentos, forma parte de la práctica cotidiana de la organización.

Cuento un episodio que me llamó profundamente la atención, en setiembre del 89 una delegación del MLN de por lo menos dos decenas de militantes cuidadosamente escogidos viajan a Libia a participar en los festejos de los 20 años del régimen de Kadafi y están casi un mes haciendo entrenamiento militar en el desierto y acuerdan hacer una segunda etapa en seis meses, que nunca supe si se concretó o no. El tema de las armas estaba muchísimo más presente de lo que yo soñaba, para mí se había terminado a partir del 14 de marzo del 85 cuando salen los rehenes.

EC – Aquí llega una pregunta de la audiencia que creo que tiene respuesta en el libro. Nelson, de Sayazo, consulta: «Quisiera saber qué tiene que ver todo esto con los grandes asaltos que hubo en aquella época en los que se habló de tupabandas».

AG – La gente recuerda dos hechos –yo no rastreé sistemáticamente este asunto–, el asalto al BPS en octubre de 1998, en el que participaron muchos ex militantes del MLN, como por ejemplo Fredy Arduso, que había tenido antes una actuación muy intensa en el zonal 4 del MLN.

EC – Y que recordamos como dirigente sindical del transporte.

AG – En esa época, 86-87, había sido dirigente de Cutcsa y había sido principal protagonista de una huelga de Cutcsa muy dura. La gente tiene muy presente ese asalto porque había muchos ex militantes, gente que ya no estaba en el MLN en 1998 pero que había estado, como Fredy Arduso, en el proceso de reorganización y se había ido en el contexto del repliegue de la línea de los proletarios que ocurre a fines del 94, principios del 95, cuando se retira probablemente su principal referente, Jorge Zabalza.

Y la gente también recuerda un episodio de abril del 91, muy simbólico porque ocurrió cerca del aniversario de la muerte de Raúl Sendic, que es un asalto en el que Ricardo Perdomo Perdomo, que había sido uno de los cuatro integrantes del comando que participó en el tiroteo con los soldados que estaban en el jeep frente a la casa del comandante del Ejército el 18 de mayo del 72, participa y curiosamente deja no su cédula sino su credencial cívica tirada en la escena del crimen. Es un mensaje, en la lógica del MLN es la teoría de los hechos, generar un hecho consumado porque había una parte de la organización que quería profundizar este tipo de actividades con vistas a radicalizar a la propia organización para que toda ella sin tapujos, sin peros, sin medias tintas se involucrara en este camino, profundizara este camino, intentara acelerar la formación de conciencia y el proceso revolucionario en Uruguay.

¿Qué envergadura tuvieron las finanzas a la antigua en el MLN?

EC – «Finanzas a la antigua» es una manera eufemística de hablar de asalto.

AG – Expropiaciones. Ellos les llaman expropiaciones, de alguna manera evocando a Proudhon, aquello de que «la propiedad es un robo», entonces robar no es robar, es expropiar. Entre el 85 y el 89 puede haber habido en algunos zonales, en algunos lugares, y seguramente esto se profundizó entre el 89 y el 94. ¿Qué volumen tuvo? Imposible saberlo, prefiero no preguntar. Hasta dónde sabían algunos dirigentes muy importantes hoy, como Mujica, Fernández Huidobro o Buonomi, que esto ocurría en la organización, tampoco lo sé.

EC – Estamos hablando de episodios delicados si los leemos políticamente, porque estamos hablando de un MLN que en el momento en que triunfa esta tendencia obrerista ya integraba el FA, formaba parte del FA.

JY – Tengo ganas de poner sobre la mesa la otra parte de la historia. Este libro tiene muchos aportes, su valor se construye a partir de múltiples ángulos que nos aporta, este que ha monopolizado hasta ahora nuestra conversación es uno, el de revelar esa dimensión desconocida de la peripecia del MLN en el primer tramo de su vida en democracia.

Pero está la otra mitad de la historia, que es la del aprendizaje democrático. Quiero poner el énfasis en que el libro de Adolfo también pone sobre la mesa esa cuestión. Porque esta tendencia que triunfó en los años 89-90 y que tuvo una importancia muy grande en la organización hasta la renuncia de Zabalza en febrero del 95 no es la que finalmente se reconvierte en la fuerza principal del FA en las elecciones de 2004. El resultado final de esa historia es el momento final de esta lucha interna entre dos visiones. Ahí Adolfo tuvo que sintetizar mucho, son mucho más de dos visiones, pero a los efectos de su entendimiento e interpretación las sintetizó en esas dos corrientes, frentegrandistas y proletarios.

EC – Él mismo dice que había una posición intermedia en la que casualmente se ubicaban hombres como Fernández Huidobro, Mujica, Bonomi, Quartino –hoy fallecido–, Eduardo León Duter, por mencionar algunos casos.

JY – Que ni siquiera eran una tercera posición, eran más bien un conjunto de dirigentes que no se identificaban ni con una ni con otra ni tampoco conformaban un tercer grupo. Hay un proceso posterior, que son los últimos 10 años de esta historia, en el cual estos dirigentes que enarbolaban estas posiciones terminan perdiendo en la interna del MLN, y por tanto del MPP, y los que ganan son otros. Allí aparecen las figuras de Mujica, Huidobro y Bonomi, pero fundamentalmente Mujica y Huidobro.

La gran contribución de estos dirigentes que estaban en esa tercera posición es, primero, la reincorporación ya plena del MLN, y en ese contexto del MPP, a la lucha político-electoral y el descarte de la vía armada como un componente de la estrategia política en la nueva democracia uruguaya. Y el segundo aporte de esa dirigencia triunfante a partir del 95 es consolidar dentro del FA la estrategia de Vázquez, la estrategia de que el Frente solo no podía alcanzar el gobierno, que era necesario ampliar alianzas que se concretaron en el Encuentro Progresista, algo que curiosamente esta gente discutió y rechazó en el año 94 pero que finalmente después, a partir del 95 y sobre todo de las elecciones del 99, apoya decididamente hasta volverse algunos de sus máximos exponentes.

Entonces esta historia que me pone los pelos de punta, leer ahora que en los años 89, 91 y hasta el 94 dentro del MLN se discutía la cuestión de la lucha armada, y no en términos teóricos, se discutía, se hacía y se tomaban medidas en ese sentido, termina de otra manera, termina en una historia de cómo una organización política aprende democráticamente y se vuelve una fuerza política que termina no sólo consolidando la estrategia política de Vázquez que le permite a la izquierda llegar al gobierno sino en ese sentido haciendo su aporte a la consolidación democrática de Uruguay.

***

EC – Queda un punto que creo que es importante incluir en esta charla, que es de qué manera hay que inscribir en esa pulseada que se dio dentro del MLN entre frentegrandistas y obreristas, que en los años 89-90 ganaron los obreristas que impulsaban la organización político-militar, el episodio del Filtro de agosto de 1994.

AG – El episodio del Filtro, mirado a la distancia, es muy impactante. Cuando uno empieza a repasar la prensa de la época, en el Filtro hubo cócteles molotov, hubo armas de los dos lados, desde luego armas del lado de la represión policial, que fue brutal, pero armas también del lado de los manifestantes. Según una crónica de Búsqueda de aquella época del lado de los manifestantes había walki-talkies, según las crónicas de la época se intervino la frecuencia de la Policía durante el episodio del Filtro. Un mes después el MLN se difundió por otra radio, ya no la 44 que había sido clausurada, precisamente a raíz de los episodios del Filtro, una grabación de una reunión realizada en el cuartel de los granaderos en la que había participado Gianola y también habían participado legisladores.

EC – El ministro y legisladores.

AG – El Filtro da la pauta de hasta dónde estaba vivo este imaginario confrontacional, insurreccional, toda esta idea de que hay que profundizar la lucha, radicalizar los conflictos con vistas a acelerar el proceso revolucionario dentro del MLN.

EC – ¿A su vez el Filtro fue determinante para la derrota de esa tendencia obrerista del MLN?

AG – Sí, derrota o cambio. En cierto modo es derrotada la visión obrerista, pero de alguna manera cambia o se subordina a una estrategia electoral. El gran cambio dentro del MLN en el año 94 es que el Filtro demuestra que el camino de la confrontación es incompatible con el camino de la acumulación electoral, porque la izquierda se lo cobra carísimo, con toda razón.

EC – El Frente pierde por 20.000 votos aquellas elecciones, y la lectura que se hizo fue que pudo deberse a los hechos del Filtro.

AG – Mucha gente, el propio general Seregni, Tabaré Vázquez, muchísimos dirigentes.

EC – Tú mencionas una reunión del Partido Socialista en la que el senador Korzeniak pide que se solicite la expulsión del MLN por los hechos del Filtro.

AG – Exactamente. Hoy lo consideraríamos por unanimidad un enorme, gravísimo, brutal error de campaña. El Filtro sumado a que el Frente acarició la victoria electoral en 1994 hace que empiece a cambiar rápidamente el escenario político mirado desde el MLN. Muchos obreristas se van, dicen «en este país no se puede hacer una revolución, no están dadas las condiciones», se repliegan, y otros simplemente dicen «apostemos a este otro camino, a ver qué pasa». Fue lo que pasó, por ejemplo, con Julio Marenales.

EC – Alfredo, casi no te escuchamos, pero tú tenías tus propios comentarios para hacer sobre esto último que veníamos conversando.

A. García – El MLN durante toda su historia, desde los orígenes hasta hoy –y particularmente el MPP hoy como continuidad–, ha marcado siempre dos posiciones, la mentalidad tupa, esa mentalidad creativa de adaptación a los cambios, de romper esquemas, ver la situación, analizarla y con base en eso actuar…

JY – Pragmatismo, dice el libro.

A. García – Exactamente; y una mentalidad ortodoxa, porque en la propia conformación inicial del MLN había de todo un poco, había marxistas ortodoxos, Cultelli era una Biblia caminando, cada vez que hablaba en una reunión la gente se iba a tomar mate fuera, los documentos de Cultelli no eran documentos, eran libros. Y así sucesivamente había muchas personas de diferentes líneas. Creo que lo que ha ido predominando es esa mentalidad tupa pragmática que si se quiere encarnan mejor que nadie hoy Mujica y en cierta medida el Ñato, que durante todo el período han ido tomando diferentes posiciones, porque el MLN con Mate Amargo y la radio Panamericana tuvo un impulso de masas brutal, realmente logró convocatoria y tuvo un aspecto muy importante, pero no daban línea, entonces desbancaron a Canalda, a Picardo, a todo el mundo. Los famosos libios en la interna de Mate Amargo, yo estuve en Mate Amargo y se hablaba de los fundamentalistas.

Pero tanto Mujica como Huidobro han ido cambiando, eran frentegrandistas en algunas cosas y se opusieron al Encuentro Progresista, pero después se dieron cuenta, cuando se desmantela el tema después del Filtro. Al Filtro fueron Tabaré Vázquez y Seregni, o sea que lo de Korzeniak… era muy fácil achacarle al MLN la pérdida. Yo creo que sí, que el Frente perdió por el Filtro pero no sólo por la acción del MLN.

Lo fundamental es que tanto Fernández Huidobro como Mujica han ido encarnando el cambio frente a las situaciones, han sido absolutamente pragmáticos. Siempre han surgido y siguen estando grupos que se aferran a una cuestión metodológica, a una cuestión teórica.

El gran aporte de los tupas ha sido romper esquemas, cambiar situaciones y adaptarse a las nuevas realidades. La pregunta es: ¿aprendieron de la vida democrática? Yo creo que sí, que aprendieron, el aporte para el triunfo del FA fue muy importante. Están jugando, por lo menos Mujica y Huidobro, sin cartas en la manga en serio esta vez, y muchos otros compañeros. Hay muchos tupas que hoy no están en el MPP ni nada, gente muy valiosa. Porque Rosencof es un tupa de toda la vida, León Duter lo mismo, Canalda, Picardo, esa gente tiene mucho para decir, hoy no está y sin embargo ha ido canalizando en diferentes ámbitos, en las organizaciones sociales, etcétera, ideas y cosas.

Me parece que lo fundamental de tu libro es que vos sistematizás el período, y creo que es el inicio de un debate brutal. Espero que tus alumnos y los que vienen atrás lo sigan porque es muy bueno.

EC – Incluso aporta claves para entender la interna del MPP de hoy.

A. García – Exactamente. Es bueno que venga gente que no estuvo vinculada directamente en el medio, porque las historias del Ñato del MLN son muy divertidas, pero son parte del tema. Es bueno que cabezas de fuera lo analicen, porque no creo en la objetividad pero son interesantes las visiones diferentes de la gente que lo mira de fuera. Ese es un aporte de tu libro.

EC – En la intervención de Alfredo había algún matiz con respecto a tu análisis de hace un rato.

JY – Sí, quizás su propio pasado y su experiencia política, lo veo un poco más escéptico que yo en cuanto a si realmente el MLN como organización hizo ese aprendizaje democrático que yo resaltaba. Veremos. Visto hoy el proceso reconstruido sistemáticamente por Adolfo en este libro, me parece que lo que analiza es justamente un proceso de adaptación –así se subtitula– y yo agregaría de aprendizaje democrático de una organización que abandonó las armas en cierto momento, dudó durante un largo período y después se abrazó a los mecanismos democráticos de dilucidación del conflicto político en Uruguay. Eso es lo que yo veo, el futuro dirá, pero me parece que hay un aprendizaje sincero de esa organización. Eso de no guardarse cartas en la manga que vos decías, lo veo más o menos en esos términos.

***

EC – Adolfo Garcé contó con la colaboración de estudiantes de Ciencia Política que aportaron mucho en el anexo documental, tarea que desarrollaron Lucía Caldes, Carlas Chiapara y Mateo Porciúncula.


N. de E.: A continuación incluimos una aclaración llegada a En Perspectiva tras esta entrevista.

Estimado Emiliano:

Te saludo y te escribo la presente luego de escuchar la entrevista que realizaste el pasado miércoles 20.

En la misma, un investigador apellidado Garcé anunció la próxima aparición de un libro de su autoría llamado «Donde hubo fuego». Entiendo que el mismo ingresa en la historia de los últimos 20 años de MLN-T.

En la entrevista que mencioné el autor aseveró -cito de memoria- que «en setiembre de 1989 una veintena de tupamaros viajó a Libia para recibir instrucción militar».

Desmiento rotunda y enfáticamente lo dicho por el señor Garcé. No recibí instrucción militar. Yo viajé. Era jefe de Internacionales del quincenario Mate Amargo y en esa condición fui invitado a participar en los festejos que el Gobierno libio realizó en el vigésimo aniversario de la revolución en ese país. Tengo un currículum periodístico que comienza en 1971. Realicé un viaje público y legal.

Estuve alojado en un barco -el City of Taranto- surto en la bahía de Trípoli, que fungía como improvisado hotel para periodistas invitados.

Compartí el camarote con el colega Samuel Blixen, quien se quejaba del humo de mis puros y yo de sus ronquidos.

Recuerdo brevemente algunas tareas realizadas en 3 semanas de estadía en Libia: visita a las ruinas romanas; viaje a los campamentos palestinos en la frontera egipcia, presencia en la recepción de las delegaciones (21 en total), cobertura durante 3 días en el Congreso del Pueblo; participación de festivales callejeros; presencia de casi un día en el homenaje a la revolución en el Estadio Nacional; visita al domicilio del coronel Gaddaffi- actual museo- destrozado por misiles de la US Navy, entrevistas -ente otros- al ex presidente de Nicaragua Daniel Ortega, al ex canciller D´Escoto, a indígenas mapuches, etc. Podría continuar. Hay grabaciones, fotos, decenas de testigos. Conviví con periodistas de más de 40 países y los trabajos que menciono fueron publicados en Mate Amargo y el quincenario Tupamaros.

¿A qué hora, cuándo, yo pude recibir instrucción militar? Reitero: desmiento lo aseverado por el señor Garcé. Por lo escuchado el autor acumuló una información tan vasta como farragosa. En mi caso- me animo a decir lo mismo de Blixen con quien conviví la mayoría del tiempo- el investigador se equivocó mucho.
(…)

SERGIO MARQUEZ ZACCHINO (periodista, músico, docente)

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Edición: Mauricio Erramuspe

La Tertulia de Colección

Un viaje a través de los años junto con La Mesa de los viernes, la más intemporal de En Perspectiva, para volver sobre temas que nunca dejan de ser de actualidad. Viernes a las 15 en Radiomundo 170 AM.

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