Comisionado para las cárceles propone crear un Ministerio de Justicia

Foto: Cárcel de mujeres en Montevideo. Crédito: Javier Calvelo / adhocFOTOS

El comisionado parlamentario para las cárceles, Juan Miguel Petit, entiende que es necesario crear en Uruguay un Ministerio de Justicia.

El martes pasado, aquí, En Perspectiva, Petit sostuvo que en nuestro país existe una falla institucional seria a efectos de garantizar que el sistema de administración de la ejecución penal esté de acuerdo a los estándares internacionales.

Para el comisionado parlamentario es un error que las cárceles dependan del Ministerio del Interior porque esa cartera, es, de hecho, la encargada de la seguridad pública y por lo tanto en su presupuesto prioriza el combate al delito, no las condiciones de reclusión y rehabilitación. 

Hasta que no haya un Ministerio de Justicia que realmente pueda negociar los recursos para la administración de la ejecución penal mano a mano con los demás ministerios, la administración carcelaria, el INR, va a ser un organismo mendicante, que va a practicar la mendicidad con los otros poderes del Estado, donde les va a decir “necesito 20 médicos” y le van a contestar  “te damos 2”, y se van a seguir arreglando con muy poquito.

El viernes pasado, Petit estuvo reunido con el presidente Luis Lacalle Pou y le planteó la creación del ministerio de Justicia, según consignó Telenoche. 

La Tertulia de los Lunes con Martín Bueno, Juan Pedro Mir, Ana Laura Pérez y Fernanda Sfeir.


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Candela Stewart

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2 Comentarios

  • La verdad que varias de las cosas que se dicen me generan enormes dudas. La división de poderes dice que el poder legislativo hace las leyes, el poder judicial juzga la aplicación de las leyes y el poder ejecutivo vela por que se cumplan. ¿A cuál poder le corresponde entonces aplicar una pena? La mera descripción parecería indicar que es tarea del ejecutivo. El poder judicial, aunque se le llame ministerio no debería ocuparse de administrar el sistema penitenciario.

    Una cuestión relevante en esto es que si el sistema carcelario está saturado, normalmente la presión debería ir del sistema judicial hacia el sistema penitenciario para que se construyan más celdas y no alrevés. En mi opinión, la justicia es un apriori y la infraestructura penitenciaria una consecuencia de aplicar ese apriori.

    ¿Un ministerio de justicia? Bueno, más allá de los nombres, que jamás hacen a lo que designan, se le podrá llamar ministerio, pero no debería formar parte del gabinete de gobierno. De hecho, la palabra ministro es aplicable a los jueces, pero en una acepción que no es la de los ministerios de gobierno.

    Suponiendo que se está de acuerdo con que las cárceles deben estar en la órbita del Poder Ejectuvo, entonces ¿qué ministerio las debería tener? Las tuvo el Ministerio de Instrucción Pública, devenido en el MEC. ¿Porqué? Bueno por la lógica de que las cárceles son reformatorios, lugares donde tratar de educar a un preso para que desaprenda valores y prácticas que tiene, incorpore otras más funcionales y capacidades que le permitan trabajar. Pacheco se las pasó al Ministerio del Interior en el entendido de que lo que importa es la seguridad de la cárcel y que no se escapen. Recordar que esto sucedió por la fuga de los tupas de Punta Carretas. Es decir, esas cárceles en las que ya se venía torturando con la ayuda de la CIA todavía eran del MEC o de su antecesor. En las cárceles que tenemos ahora, la seguridad brilla por su ausencia. Los propios presos se verduguean entre ellos, dos por tres hay homicidios, delinquen desde la cárcel… como que la idea de que según el Ministerio que se ocupe es el énfasis no parece funcionar.

    Es que la premisa de que si las cárceles son de tal o cual van a tener más dinero es propia del pensamiento mágico que es tan común hoy por hoy. Si quieren una buena idea, creen un ente autónomo «Autoridad Nacional Penitenciaria», es todo lo mismo. El que se lleve ese paquete, se lo va a llevar con los edificios, los funcionarios, el presupuesto y los presos.

    Por cierto, las cárceles no son (deberían ser) sólo reformatorios. La posibilidad de ir a prisión también es un desestímulo al delito (castigo ejemplarizante) y un mecanismo de profilaxis del delito apartando al delincuente aunque sea por un tiempo de la actividad delictiva. Cuando pedimos «juicio y castigo a los culpables del terrorismo de Estado» no es porque querramos reeducar a uno de estos tipos, supongo. Al menos a mi ni se me cruza por la cabeza. La idea de que alguien que momentáneamente tenga el poder que él tuvo vaya preso ex post es un castigo ejemplarizante para que otros en el futuro no se crean que quedarán impunes.

    Mucho más interesante que pensar en qué nombre darle al organismo que se ocupe de las cárceles o a qué división del Estado dárselas es pensar cómo conseguir recursos para las cárceles a la vez de hacerlas útiles para hacer más posible la reforma del preso. Si estamos de acuerdo en que se sale del delito trabajando, entonces hay que empezar por aprender algo y practicarlo. El Uruguay supo hacer eso y buena parte del adoquinado de Montevideo se hizo con presos trabajando en una cantera. Hoy día la cosa no iría por ahí, pero hay sin dudas mucha obra pública y mantenimiento qué hacer y algunos oficios que para personas con poca o nula capacitación pueden significar un ingreso posible y rápido al mundo del trabajo. Esa tarea además podría generar una cuenta de ahorro bloqueada que el preso podría tener al salir de la cárcel como forma buscar empleo sin la urgencia por conseguir plata ya y a como dé lugar. Si la cárcel se queda con la parte que normalmente se queda el patrón y el preso con la parte que se le paga al trabajador, la cárcel tendrá dinero para darle condiciones más dignas y el preso un ahorro para salir. El punto es que al meter el preso en ese sistema, se lo está acostumbrando a cosas que son fundamentales para después: tener una rutina, jefes, tareas precisas, valoración externa de la calidad del trabajo y un premio diferido en la medida en que tenga resultados. ¿No es eso reformar a un delincuente? ¿Cómo habría de adquirir esos hábitos si no es practicándolos en un contexto en el que se lo pueda controlar y estimular?

    • Estoy bastante de acuerdo con sus comentarios, en general, pero hay tres puntos que quiero observar. Primero: no use ese término verbal «querramos», neologismo bastante en boga hoy por hoy que no se sabe si es presente o futuro. Utilice «queramos», que es la forma correcta, o si acaso, «quiéramos», que aunque no sea gramaticalmente correcta, es más clara. Segundo: no piense que por dar castigo a los violadores de derechos humanos se va a evitar que éstos puedan ser violados en el futuro. La cosa va por crear en la sociedad condiciones que eviten la repetición de golpes de estado, porque si esta fatalidad se vuelve a dar, no hay nadie que nos pueda proteger de nuevos excesos. Y tercero: no hay que reeducar a los delincuentes para que sean empleados y entonces estén sujetos a tareas precisas, valoración externa y todo lo demás. Hay que enseñarles que también pueden tener, por ejemplo, un taller, un almacén, una chacra, o tantos otros emprendimientos individuales donde sean propietarios y puedan vivir del fruto de su trabajo, fuera del delito.

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