Congreso de Perú destituyó al presidente Castillo, al que acusa de dar un “golpe de Estado”

Foto: Congreso de Perú

El Congreso de Perú destituyó ayer al presidente Pedro Castillo por «incapacidad moral» y a continuación tomó juramento como nueva mandataria a la vicepresidenta, Dina Boluarte. De este modo, se sumó un nuevo episodio a la inestabilidad política crónica que sufre ese país.

Horas antes de que el Congreso debatiera el tercer intento para sacar a Castillo del poder en 16 meses, el mandatario resolvió la disolución del Poder Legislativo, dispuso un toque de queda y anunció que gobernaría por decreto.

«Llevamos más de 16 meses de continua y obcecada campaña de ataque sin cuartel a la institución presidencial, situación nunca antes vista en la historia peruana. La única agenda del Congreso, desde el 29 de julio de 2021, (día) en que juramenté el cargo de presidente de la República, ha sido y es la vacancia presidencial».

Sin embargo, las Fuerzas Armadas y la policía no apoyaron a Castillo, y el Congreso ignoró su decisión y procedió a destituirlo. Castillo fue detenido en una comisaría de Lima por un presunto delito de “rebelión”.

La vicepresidenta Dina Boluarte, una abogada de 60 años que asumió como jefa de Estado, aseguró que gobernará hasta julio de 2026, cuando estaba previsto el fin del mandato de Castillo. Es la primera mujer que preside Perú.

En su mensaje a la nación, rechazó el «intento de golpe de Estado» que en su opinión llevó adelante Castillo y destacó que esa operación «no encontró eco en las instituciones de la democracia y en la calle».

«Solicito una tregua política para instalar un gobierno de unidad nacional. Esta alta responsabilidad debe ser asumida de consuno por todas y por todos».

¿Desde Uruguay estamos en condiciones de analizar lo que ocurre en Perú? ¿Conocemos esa realidad política tan particular?, ¿o tenemos apenas dos o tres titulares?

La Tertulia de los Jueves con Hernán Bonilla, Martín Couto, Cecilia Eguiluz y Esteban Valenti.

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Periodismo con vocación de servicio público. Conducen Emiliano Cotelo y Romina Andrioli. Con Gabriela Pintos, Rosario Castellanos y Gastón González Napoli. Producción: Rodrigo Abelenda y Agustina Rovetta. De lunes a viernes de 7 a 12 en Radiomundo 1170.

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2 Comentarios

  • Otra crónica de realismo mágico latinoamericano.

    El protagonista ganó no por él y por solo un manojito más, o era eso o la dinastía japonesa.
    Apenas empezó a abrir la boca el Señor del sombrero, se vio con claridad que el otro sombrero, el de Presidente, le quedaría muy grande y le iba a tapar la visión; la izquierda no tardó en soltarle la mano (un politólogo de la mesa lo calificó de rojipardo)

    Antes de su asumir se sabía que empezaba el juego del gato y el ratón, sin más suspenso que aguardar el momento en que el ratón sería cazado, pero en un giro macondiano el ratón se inmoló un rato antes del zarpazo final, lo hizo desde la paradoja más absurda imaginable, defendiendo su legitimidad democrática desde un auto golpe, inviable no, peor, imposible, hasta da lástima tanta bobera pueril.

    No obstante, en su nefasto discurso de disolución dijo dos cosas ciertas, Perú necesita otra Constitución y otra Procuradoría; la presidencia cambia con una frecuencia similar al menú escrito en pizarrón de cantina y así, no hay credibilidad que soporte.

    ¿Quién manda en Perú? manda el poder fáctico de la oligarquía criolla y multinacional (otro tertuliano de las mesas internacionales lo tildó de poder real económico) y a esa aristocracia le fastidia mas que presidente sea indio a que sea inepto o corrupto, de hecho a desarrollado una enorme intolerancia a cualquier cosa que ponga un escalón en su camino.

    ¿La democracia? se perdió entre algún ceviche y un pisco; yo que sé.

  • Cuando leí lo que declaró Pedro Castillo, me trajo a la memoria de inmediato lo que pasó aquí el 27 de junio de 1973: El presidente Bordaberry disolvió las cámaras de senadores y diputados, creó un Consejo de Estado, que iba a gobernar por decretos-ley, y anunció la convocatoria a una reforma constitucional. A diferencia de lo que pasó acá, allá no lo apoyaron ni la Policía ni las Fuerzas Armadas. Y el Congreso de Perú lo declaró incapacitado para ejercer la Presidencia, o algo así. Decisión traumática, sí, pero ajustada a derecho, y mucho mejor que si hubiera triunfado la actitud de Castillo. Y una observación respecto a los cambios institucionales de la medida que sean: si se justifica hacerlos, debe ser siempre dentro de los cauces institucionales válidos al momento de la propuesta; de lo contrario, lo que se establezca será siempre un régimen de fuerza, y será legítimo contra él cualquier forma de lucha; incluso la guerra civil.

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