Recluso del Comcar estuvo secuestrado en una celda bajo tortura y desnutrición

Foto: Mauricio Zina/ adhocFOTOS

El Ministerio del Interior realizó una denuncia penal y ordenó una investigación administrativa luego de constatar el jueves pasado que un recluso del Módulo 11 del Comcar estuvo secuestrado durante 60 días dentro de una celda. El hombre se encontraba en grave estado de desnutrición y con signos de violencia física.

Según un comunicado del Ministerio, «el jueves 16 sobre las 14, y en momentos en que las personas privadas de libertad que finalizaban la visita retornaban a sus respectivos sectores en el módulo 11, un funcionario penitenciario tomó conocimiento acerca del estado sanitario de un interno de 28 años, por lo que lo llevó hasta el sector de Enfermería», donde le fue diagnosticado un cuadro de desnutrición. 

El preso es primario. Según el Ministerio, “de las primeras averiguaciones se pudo saber que esa persona habría sido extorsionada y maltratada por parte de uno o más compañeros de celda durante varios días”.

En el comunicado el Ministerio admitió que la situación del recluso «se desconocía”, a pesar de que semanalmente “los policías recorren el módulo revisando el estado de las rejas”. En el texto se agrega que “la cartera revisará los controles que se realizan entre las personas privadas de libertad con el objetivo de evitar que estas cosas vuelvan a suceder”.

Luego de constatar el caso la policía realizó un relevamiento de todas las celdas y de las 750 personas que están en el módulo 11. “Se pudo determinar que siete privados de libertad sufren un cuadro de bajo peso, en la mayoría de los casos asociado al consumo problemático de drogas”, señala el MI.

Por su lado, el comisionado parlamentario para las cárceles, Juan Miguel Petit, también realizó una denuncia penal por la presunción de múltiples delitos: violencia privada, violación y privación de libertad. Petit dijo que que vio al hombre “muy traumatizado” y “en un estado de salud delicado”.

 

La Tertulia de los Lunes con Martín Bueno, Miguel Brechner, Valentina Perrota y Pablo Carrasco.

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Candela Stewart

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1 Comentario

  • Hay claramente una omisión del Estado en proteger a este ciudadano. Pero lo que no se dice con contundencia es que muchas veces el verdugo de un preso no es su carcelero, sino otro preso. Quien sometía a este primario era otro delincuente, probablemente con un prontuario mucho más pesado. Este asunto lejos de ser un problema de excesos punitivos por parte del Estado, más bien va por el lado de que en las cárceles los presos hacen las leyes e imparten justicia con arreglo al poder y la violencia que cada uno es capaz de ejercer. En las cárceles uruguayas hace años que parece que mandan los presos, con lo cual su efecto disciplinador es nulo. Como todo poder fáctico que se ejerce en territorio liberado, no hay derechos para nadie ni donde denunciar y pedir amparo. El remedio no es menos, sino más autoridad de la legítima, la que debe ejercer el Estado con apego a la ley. Una cárcel debería ser el lugar más seguro del país porque debería estar vigilada palmo a palmo las 24 horas del día.

    Ni que hablar que los presos primarios deberían tener un tratamiento preferencial, ya que si hay alguna posibilidad de reformar al delincuente es cuando recién ingresa en el delito. Meterlo con gente pesada es un disparate porque se lo hace socializar con gente que ya está mucho más acostumbrada a delinquir como estrategia de vida.

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