Daniel Radío (JND) a partir del caso de cocaína adulterada: «Cuando las drogas no estaban prohibidas teníamos menos problemas que ahora»

Foto: En Perspectiva

Las autoridades sanitarias de Argentina están en alerta desde la semana pasada a raíz de la muerte de 24 personas que consumieron cocaína adulterada en el conurbano bonaerense.

Ayer fueron internadas seis personas más en Rosario, con síntomas similares a los pacientes que ingresaron por consumir la droga adulterada. En total, ya van más de 200 personas atendidas en guardias hospitalarias.

El martes de la semana pasada, el secretario de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni pidió descartar la droga a quienes la hubiesen adquirido 24 horas antes. El Ministerio de Salud por su lado exhortó a todos los que consumieron cocaína en la última semana acudir a un centro de salud ante los primeros síntomas.

La policía por su lado, realizó varios allanamientos en la periferia noroeste de la capital argentina en los que se confiscaron más de 20.000 dosis de droga y se arrestó a una docena de personas. El principal sospechoso detenido, es el ciudadano paraguayo Joaquín Aquino, que será expulsado del país “cuando cese el interés de la Justicia sobre su persona”, explicó la Dirección Nacional de Migraciones en una comunicación oficial.

Aquí en Uruguay, este caso de intoxicación masiva puso en alerta a peritos y toxicólogos que están en contacto con sus pares argentinos para conocer los detalles de la droga adulterada, ante la eventualidad de que la sustancia haya cruzado las fronteras.

En paralelo, el caso hizo resurgir aquí y en Argentina el debate sobre la legalización de todas las drogas, de forma que el Estado pueda controlar la producción de las sustancia para evitar estas intoxicaciones…

Hoy, En Perspectiva, conversamos con Daniel Radío, Secretario General de la Junta Nacional de Drogas.

En Perspectiva

Periodismo con vocación de servicio público. Conducen Emiliano Cotelo y Romina Andrioli. Con Gabriela Pintos, Rosario Castellanos y Gastón González Napoli. Producción: Rodrigo Abelenda y Agustina Rovetta. De lunes a viernes de 7 a 12 en Radiomundo 1170.

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7 Comentarios

  • Estimado Dr. Daniel Radío

    No dejo de sorprenderme con sus manifestaciones y con mucho respeto redacto estas líneas.

    Los ejemplos del veneno, o de la sal en el huevo frito son tan burdos que no da ni para comentar. Además hay politicas de salud que desestimulan el consumo de alimentos potencialmente nocivos, etiquetado, retirar el salero de las mesas etc. etc.

    Voy a referirme a 3 puntos

    1. Tengo un deja vú con otras legalizaciones en donde el Estado se vuelve cómplice en su realización y hasta las promueve, todo muy lejos del objetivo inicial de desestimular. Acá por lo visto va a pasar algo similar que he dado en llamar «del delito al derecho de un plumazo». Ya pasó con la regulación y venta de la marihuana (para suavizarlo le llaman cannabis psicoactivo).

    En su momento la Sociedad de Psquiatría del Uruguay (SPU) advertía sobre el sindrome amotivacional, el menor rendimiento intelectual, el deterioro social, episodios psicóticos agudos etc.
    En la actualidad lo reafirman: Los adictos presentan en su gran mayoría un deterioro de la función regulatoria de los afectos, el control de los impulsos y el mantenimiento de la autoestima. En los consumos problemáticos, en general en sus inicios, la sustancia o conducta adictiva parece producir una sensación de placer, pero rápidamente va ganando un espacio en detrimento de la propia persona, pasando a ser el centro de su vida, a pesar de generar importantes daños a nivel orgánico, psíquico, familiar y/o social. (Opinion SPU – SMU 2022) .

    2. Me hubiera gustado escucharlo como Secretario General de la Junta de Drogas referirse a los cometidos de la misma como los de
    Diseñar, difundir y coordinar la ejecución de programas y proyectos de prevención, tratamiento e inserción social. (textual)
    De prevención cero. Esperaba propuesta de campañas de sensibilización, canales de ayuda a los consumidores y sus familias, ampliar el número de plazas en los hospitales y sanatorios.
    Lo planteado es una aceptación de la realidad con la poliítica de reducción de daños.
    Debo haber entendido mal, no consumir no es reducción de daños, es evitar el daño.

    3. En estos días se habló demasiado del «consentimiento» por demás se escucharon frases como el «el sí es sí, el no es no» . Por el absurdo, ¿es correcto que una persona acepte que la esclavicen, que la humillen? ¿Es correcto atentar contra los derechos humanos, también de los propios?
    Con el término libertad pasa algo similar a lo que sucede con el de autonomía. Se piensa que alguien es autónomo o libre cuando puede hacer lo que quiera, en la ausencia de coac­ción. Es un error.
    Además no piensa en el daño que se produce y produce a su entorno. Ni hablar los gastos en salud que se producen, que lo paga la sociedad y sus familias si pueden.
    A su vez ¿es libre de elegir un adicto a sustancias que le modifican absolutamente la personalidad, que lo enajenan, que lo destruyen como persona?

    Dr. Radío Ud se equivoca al caricaturizar a quienes nos oponemos a la legalización de las drogas, sólo faltaba que nos trate de dinosaurios. Cree que no hacemos más que criticar.
    No Dr., muchos también trabajamos para evitar que se caiga en la adicción y en el comercio de drogas, y tratamos de colaborar para que salgan de ella y tengan una vida digna.

    Saludos cordiales

    M. Lourdes González
    Médica. Esp. Bioética y DDHH

  • Muy claro Radío. En la historia de la humanidad, el prohibicionismo es la anomalía, no la norma. Una anomalía perdedora en todos los terrenos en los que intentó puritanamente alejar a la gente de los vicios. Hay que ir desandando el camino prohibicionista e ir construyendo uno de la «libertad informada». Ese camino requiere quitarle carga moral al asunto (nadie es mejor o peor moralmente por consumir una sustancia), poner conocimiento científico al servicio de los que quieren dejar e información para que quien consume sepa qué consume y a qué riesgos potenciales se expone. Tal cual, como él lo dice con los alimentos. O como con los vehículos. Hace poco tuvimos el episodio del choque de Abdala, que podría haber sido un drama y no fue nada. Ahí intervino una droga legal y una máquina que en manos irresponsables es un arma que mata en promedio a 2 uruguayos por día.

  • Buenos días Leonardo

    Muy liberal su opinión. Obviamente no la comparto. Además, toda acción humana tiene carga moral.
    En cuanto a poner la ciencia al servicio de los consumidores estoy de acuerdo, pero no para que continúen sino para que desistan.
    Basta escuchar a los familiares que están desesperados. No creo que quieran que su hijo/a consumía responsablemente.

    Reciba mis saludos.

    M. Lourdes

    • Tiene razón Radio. Es mucho más peligroso el tráfico ilegal que el consumo. La cocaina se consume en todo el mundo, está prohibida su venta en todos los países, y no hay un solo ejemplo exitoso. Pretender que las personas dejen de consumir porque «es malo para la salud » o porque «está prohibido «, es evidente que ya fracasó. Para hacer prevención, para controlar calidad e incluso para tener estadísticas reales de consumo y daños, es necesario que sea legal, de otra manera, se sigue beneficiando a los traficantes, a los lavadores de dinero y perjudicando a la población. Como dijo Cotelo : » es difícil creer que las personas compren un producto si saber su origen, sin saber si está adulterado o no, y lo consuman…..» Si, es difícil, yo no lo hago, pero está a la vista que muchos lo hacen, y lo seguirán haciendo aunque esté prohibido. Ahí está «la madre del borrego «.
      Saludos.
      Miguel

  • Dr. Radío,

    Me paro de pie y aplaudo su postura.
    Algún día vamos a entender, ya no solo como sociedad sino como seres vivientes de este planeta que la situación actual (con derrames de sangre, estados corruptos y un numero cada vez mayor de consumidores) no se soluciona con mas prohibicionismo, todo lo contrario.
    Siga adelante que va por buen camino, un votante de filas opositoras escribe este mensaje.

    Saludos

  • Estimados Sres.

    Los veo muy entusiastas con LEGALIZAR todas las drogas, pero los invito a analizar datos del Uruguay. No percepciones, y salir por un momento de la defensa de una autonomía, a mi modo de ver mal entendida, porque es individualista, desconociendo el bien común.

    – En Uruguay se estima que un 54% de los usuarios consumen marihuana legal, ya sea por estar registrados o porque algún usuario registrado les comparte. Es decir, un 46% sigue en el mercado ILEGAL.
    No se entiende el motivo de exponerse a productos de menor calidad y a traficar, funcionarios policiales indican que el tráfico de cannabis ha permanecido incambiado.

    ​- ​ Datos de Monitor Cannabis indican que el porcentaje de uruguayos que dicen haber consumido cocaína creció. Se MULTIPLICÓ por 10.

    – La prevalencia de la drogodependencia en combinación con TRASTORNOS MENTALES está aumentando. Sólo por citar el más frecuente: El trastorno de la personalidad afecta a un entre 50% y 90% de la población consumidora.

    Y podría seguir…

    Legalizar una práctica por más frecuente que sea le otorga legitimidad, la autoriza, hasta podría decir que la promueve, por aquello que la ley es pedagógica. Pero estamos poniendo la ley por encima de la ética.

    Al decir de Diego Gracia Guillén, «Uno de los mayores errores de nuestra cul­tura es la confusión sistemática de la ética con el derecho. Cuando alguien quiere saber lo que debe hacer, lo primero que hace es mirar qué dice la ley. Es un grave error. Es, de nuevo, caer en la heteronomía, que para Kant era tanto como la negación de la ética.
    La ética es el arte de analizar las situacio­nes y saber qué se debe hacer o qué deci­sión se debe tomar. . El derecho, por el contrario, se hace en los parlamentos, por las personas elegidas por los ciudadanos. De ahí que las leyes sean un mero epifenómeno de la ética de los ciudadanos» (España, 2022)

    Reciban mis saludos

    M. Lourdes González

    • Estimada Lourdes,

      Veo que usted argumenta centrándose en la ética por encima de las leyes. Personalmente me parece un terreno muy resbaladizo cuando se discute de temas públicos, ya que la moral y la ética son individuales y de adhesión voluntaria. Las leyes son las únicas normas que son de adhesión obligatoria, entonces son las únicas que tienen vocación de regular la vida pública. Pero lo curioso es que esa idea abona perfectamente la tesis liberal, ya que la prohibición vive exclusivamente en el mundo de lo jurídico. Se puede perfectamente tener legalizadas todas esas substancias y que cada quien adopte principios éticos que le digan que no debe consumirlas.

      Si nos ponemos a pensar en que la salud del otro es un bien común, vamos a tener que ocuparnos de muchas más cosas que de un puñado de substancias. Para empezar, habría que prohibir los automóviles particulares y decomisar hasta la última arma de fuego, porque incluso las armas del ejército y de la policía pueden terminar en manos criminales. Tenemos 2 muertos en el tráfico y 1 homicidio y pico por día, por no mencionar todos los heridos en accidentes o rapiñas. Seguiría con la comida chatarra. La epidemia de obesidad y enfermedades cardiovasculares que tenemos es tremenda… ¡hasta niños obesos!. Si calculamos el índice de masa corporal de los uruguayos, casi nadie está en regla y la gente hasta se cree «en buena forma» con 10 kilos de más. Recién a partir de los 20 kilos de sobrepeso, se sienten un poco pasados. Eso es cultural y tiene relación con que no hay una conciencia clara de lo dañino que es el sobrepeso para la salud. En todos los casos, la salvación es informarse y elegir libremente. Le comento esto porque el ser consecuentes hasta el final con un argumento da una pauta (a veces por el absurdo) de qué tan general es el argumento. A veces enunciamos un argumento general, pero lo usamos de un modo particularísimo. La generalidad enmascara lo particular de las intenciones.

      En fin, creo que en esto estamos en las antípodas. Ya nos pasó de debatir sobre la ley de suicidio asistido y creo que en el fondo tropezamos con las mismas discrepancias filosóficas que terminan por reforzar nuestras respectivas convicciones. Pienso que en un mundo gobernado por mis principios usted tiene cabida y puede hacer la vida que le plazca. En cambio, mi preocupación es que en un mundo gobernado por sus principios, mucha gente tiene que cambiar de valores morales y prioridades de vida para poder vivir en la legalidad.

      Saludos cordiales.

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