En Perspectiva

Juan Grompone presenta su último libro, «Otra historia del Uruguay. 1600-2060»: Una mirada marxista al pasado y propuestas disruptivas para el futuro

En Perspectiva · Entrevista – Juan Grompone – Ingeniero industrial, escritor, autor de "Otra historia del Uruguay. 1600-2060"

El ingeniero industrial y escritor Juan Grompone comenzó a preparar Otra historia del Uruguay. 1600-2060 en 1968, cuando tenía 29 años. El proyecto no avanzó de forma continua: la dictadura lo obligó a dejar la universidad y trabajar para mantener a sus hijos. Lo retomó a mediados de los años noventa y volvió a ocuparse de él “tres o cuatro años atrás”.

La idea inicial era escribir sobre la historia de la ciencia y la tecnología en Uruguay. Pero, según explicó en la entrevista con Emiliano Cotelo, acompañado por la historiadora Ana Ribeiro, pronto entendió que el tema lo llevaba mucho más lejos. “No podía escribir eso sin la historia nacional, y la historia nacional no podía escribirla sin la historia regional, y la historia regional no la podía escribir sino la historia del mundo”, dijo. Ese recorrido, agregó, lo llevó incluso a leer El capital.

Grompone contó que se propuso escribir “una historia marxista” y mirar el pasado “con el catalejo de la economía y los hechos materiales”. Para él, las causas económicas y tecnológicas anteceden a las ideas que luego las justifican. “Un país hay que fundarlo con una economía”, sostuvo. “Un país no es autosuficiente, tiene que comprar cosas y vender.”

El recorrido del libro comienza con la ganadería. “Arranca con las vacas, se va transmutando”, resumió Grompone. Según explicó, primero se aprovechó el cuero; después comenzó la producción de carne salada en los saladeros. La revolución de Haití y el colapso de la economía azucarera abrieron mercados para esos productos y, a su juicio, contribuyeron a que el territorio se consolidara como país.

Portada del libro Otra historia del Uruguay. Foto: Editorial La Flor del Itapebi

Más adelante, la producción de extracto y conservas de carne abrió una etapa industrial. “Eso abrió lo que se llama una revolución industrial”, dijo. Grompone destacó también el desarrollo de fábricas a orillas del río Uruguay, entre ellas textiles y establecimientos vinculados a la carne. A comienzos del siglo XX, afirmó, Uruguay era “un país muy rico” y “comparable a un país europeo o al de Estados Unidos”.

Para explicar el freno posterior del crecimiento, Grompone puso el foco en el uso de aquella riqueza. “Y entonces ahí empezó la catástrofe”, dijo. “Alguien se le ocurrió que se podía organizar un Estado de bienestar. Y se gastó toda esa plata en cosas que no eran productivas.” Ubicó esa decisión en los gobiernos de principios del siglo XX y cuestionó que el Estado de bienestar avanzara sin una economía capaz de sostenerlo: “Ese Estado de bienestar dependía de las vacas”.

Uno de los ejemplos que planteó fue la relación entre las obras públicas en Montevideo y la inversión en energía. “La inversión en el Palacio Legislativo y la Rambla Sur costó lo mismo que la represa del Rincón del Bonete, aproximadamente”, afirmó. “Había que elegir entre producir electricidad o hacer una reforma urbana.” La represa, que ya estaba diseñada en 1912, “tuvo que esperar 20 años para hacerse”. Para Grompone, esa demora “frenó el ingreso a la Revolución Industrial”.

Ribeiro discutió esa explicación y preguntó si el problema había sido la prioridad de las inversiones o el momento en que se realizaron. “Generalmente las cosas crecen a la vez”, observó. También planteó que el declive de algunos empresarios no podía explicarse solo por su giro hacia la actividad inmobiliaria: “La crisis bancaria es bastante más compleja”, señaló. Grompone respondió que el Palacio Salvo y los hoteles de Francisco Piria fueron inversiones que dieron pérdidas; Ribeiro, en cambio, recordó que las urbanizaciones y los loteos de Piria sí le generaron ganancias.

La discusión sobre el método del libro fue otro eje de la entrevista. Grompone convierte precios, salarios y costos de distintas épocas a gramos de oro para compararlos a lo largo del tiempo. “La única medida razonable para comparar precios a lo largo del tiempo es el oro”, afirmó. También defendió el uso de estimaciones para períodos sin datos completos: “Toda medida implica que hay errores de medida”. En sus cálculos sobre la cantidad de trabajadores de antiguos frigoríficos, dijo, el margen de error era inferior al 10%.

Ribeiro objetó que la historia no puede exigir la misma precisión que otras disciplinas y defendió la pluralidad de causas. “La historia se revisa a sí misma todo el tiempo”, dijo. Y agregó: “La multicausalidad, por suerte, llegó para quedarse”. Grompone, por su parte, sostuvo que la baja productividad ayuda a explicar la situación actual del país: “El rendimiento de los trabajadores uruguayos es bajísimo”.

El autor también presentó la dictadura de 1973 como una “adaptación económica” a los cambios tecnológicos y productivos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Según su lectura, Uruguay no aprovechó los recursos acumulados durante la guerra para actualizarse. “El Uruguay ignoró absolutamente eso”, dijo, y sostuvo que “el país malgastó la plata que debiera haber invertido” en adaptarse a los nuevos materiales y tecnologías.

Otra historia del Uruguay llega hasta 2060 y dedica sus páginas finales a propuestas para el futuro. La conversación de Cotelo y Ribeiro con Grompone recorrió así tanto su explicación del crecimiento y el declive como la pregunta que deja abierta el libro: qué transformaciones podrían ayudar a recuperar el desarrollo en las próximas décadas.

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