
Foto: AFP
La Tertulia de los Lunes con
Gonzalo Baroni, Miguel Fernández Galeano,
Matías Bordaberry y Lucía Zapata

El pasado jueves 16 de julio se realizó en Washington la denominada Cumbre Global contra el Terrorismo Político, convocada por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.
El encuentro, que reunió a representantes de 66 países, entre ellos Uruguay, tuvo como eje la preocupación de la administración de Donald Trump por lo que considera un resurgimiento de la violencia política vinculada a movimientos de extrema izquierda.
El secretario de Estado Marco Rubio, tuvo a su cargo el discurso de apertura:
“Esto es un mal distintivo y único. Siempre ha sido impulsado por un odio por encima de todo, un odio por la civilización misma. Es una revuelta de lo peor contra lo mejor, una revuelta de los débiles y los cobardes contra los fuertes y lo bueno. Es cometido por aquellos que no pueden construir, que no pueden crear, que no pueden lograr grandes cosas y vengarse del mundo por su propia insuficiencia buscando destruir a los que pueden. Esto es la extrema izquierda”, dijo Rubio.
Y agregó: “Es una amenaza real y transnacional que ha existido durante décadas, pero que ahora experimenta un resurgimiento”.
En su intervención, Rubio mencionó como ejemplos a grupos como los Montoneros, de Argentina, Tupamaros, de Uruguay, las FARC, de Colombia, Sendero Luminoso, de Perú, y las Brigadas Rojas, de Italia, y planteó la necesidad de fortalecer la cooperación entre los países en materia de seguridad e intercambio de información.
La cumbre despertó opiniones encontradas. Hay quienes entienden que responde a un problema real y que exige una mayor coordinación entre los Estados. Otros consideran que vuelve a abrir un debate muy sensible para América Latina sobre cómo se define el terrorismo político y cuál debe ser el papel de Estados Unidos en la región.
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