
Primero vamos a Francia. No es una crisis de gobierno, es una crisis de modelo. El Estado más grande de Europa occidental —57 puntos del PIB en gasto público— lleva años prometiendo protección sin poder pagarla. El resultado: calles en llamas, una deuda que ya supera el 120%, y una grieta generacional que separa a los que tienen empleo de los que tienen pensión. Francia no es la excepción europea. Es el espejo.
Después, Ucrania. En quince días, el tablero cambió. Trump presionó, Putin liberó un rehén, Zelensky pidió garantías, y por primera vez los tres están hablando de verse en Abu Dhabi. ¿Es un giro real de Washington o es una jugada táctica más? Lo vamos a desmenuzar actor por actor —qué necesita Trump, qué necesita Putin, qué puede firmar Zelensky sin suicidarse políticamente— porque lo que se llame “acuerdo” en noviembre puede satisfacer a uno sin resolver nada de fondo.
Dos incendios distintos. Una misma pregunta sobre los límites de la democracia cuando las expectativas superan la realidad.















