

Lágrima Ríos rememora con voz serena y afectuosa su infancia en las calles de Durazno, Iguá, Yaguarón y Ejido, dibujando un retrato íntimo del Barrio Sur de Montevideo. Sus recuerdos combinan escenas cotidianas —juegos en la vereda, el bullicio escolar, la merienda antes del cine— con la presencia vital del candombe: tambores, comparsas y llamadas que marcaron su formación artística y el pulso comunitario del vecindario. La entrevista destaca tanto la pobreza material como la riqueza emocional de esa infancia compartida en conventillos, donde la solidaridad vecinal y el canto nocturno definían la vida en la cuadra.
Más allá de anécdotas personales, Lágrima describe la persistencia de tradiciones —las voces juveniles que aún entonan tangos y candombes, los tablados del carnaval, los ensayos en la rambla— y la continuidad de lugares emblemáticos que guardan memoria. Relata encuentros con familias como los Bonazortes, menciona el cine Petirex y el comendillo del Medio Mundo, y evoca aromas de patios con jazmines y alhelíes. Su discurso mezcla nostalgia y celebración: el barrio no solo se recuerda, se vive y su música lo mantiene presente en cada canción.















