

Carlos Eduardo Leuder ofrece un recorrido íntimo y documentado por la vida y las memorias que articulaban la Estación de los Pocitos. Como periodista y estudioso del fútbol rioplatense, combina anécdotas personales con datos históricos: la transformación del paisaje urbano, la presencia de los tranvías y la compañía que poseía los terrenos, y la vitalidad de espacios de ocio y sociabilidad como la cancha de Peñarol, el cine Latino y las canchitas barriales. Su relato reconstruye la convivencia entre lo deportivo, lo popular y lo comercial en una zona que pasó de ser periferia a elegante barrio residencial.
El tono del relato alterna el cariño por personajes populares y el detalle documental: recuerda partidos memorables —incluido un encuentro del Mundial de 1930—, la fisonomía de las viejas gradas de madera, y figuras del barrio como el Negro Santurio, Jesús Tasende o el hincha de Misiones. Describe también costumbres urbanas (tabladitos, murgas, corsos), oficios y comercios que daban vida al barrio, y cómo el cemento y los edificios modernos borraron muchas de esas huellas, aunque quedan restos y relatos que mantienen viva la memoria colectiva.















