

Mario Rivero recuerda con cariño su infancia en el Cordón Sur y el Parque Rodó, reconstruyendo calles, escuelas y cafés con detalles vivos: la casa en la calle Blanes (hoy Lauro Müller) donde vivió, los bailes y orquestas del Parque Hotel, y las largas tardes en la Plaza de Deportes Nº3 donde se reunían los jóvenes aficionados al fútbol y al básquetbol. Su relato combina anécdotas íntimas (un trágico suceso visto desde un balcón) con evocations de juegos infantiles, tranvías de caballitos, cines mudos y los quioscos de la playa, formando un retrato humano del Montevideo de las décadas de 1920–1940.
Además de la memoria personal, Rivero traza la vida comunitaria: la escuela Artigas como núcleo formativo, los talleres de Don Bosco y sus coros y cine mudo, las quintas y comercios de la zona, y los clubes barriales como León 13 y Sporting. Sus recuerdos mezclan el aprecio por maestros y vecinos con el orgullo por tradiciones populares —teatro amateur, comités solidarios y bandas— que sostuvieron la vida social del barrio durante décadas.















