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El diario del lunes
Medicamentos caros, política barata

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Por Fernando Butazzoni ///

El reciente cruce entre el presidente Vázquez y el senador Lacalle Pou, referido a los llamados “medicamentos de alto costo”, merece una adecuada contextualización que permita comprender las connotaciones últimas del problema de fondo, que hoy desvela a muchos gobiernos en el mundo.

Desde hace tiempo se plantea, por parte de respetados científicos, que esos medicamentos tienen precios inflados que no están en relación con lo que cuesta producirlos sino con lo que paga el mercado. Para un enfermo de cáncer es terrible oír respecto a su enfermedad palabras como “precio”, “mercado”, o expresiones como “relación costo‒beneficio”, pero los gigantes de la industria farmacéutica ni parpadean. Ellos facturan.

En EEUU, el altísimo costo de determinadas drogas ha desatado una verdadera guerra entre asociaciones privadas, médicos especialistas, instituciones públicas y laboratorios. Peter Bach, tal vez el más acreditado experto en la materia, fue muy gráfico al resumir el estado actual de situación en aquel país: “El sistema está quebrado”, dijo.

Bach es el impulsor de la nueva política llevada adelante por un centro de referencia a nivel mundial: el Memorial Sloan Kettering Cancer Center, de Nueva York. Allí se estableció un sistema para calcular el “precio justo” de las drogas oncológicas más caras. El propio Bach ha indicado que muchas veces el costo real del medicamento debería ser significativamente menor al establecido por el laboratorio que lo fabrica.

Leonard Saltz, un oncólogo gastrointestinal de gran prestigio, afirmó en una conferencia brindada en Chicago a fines de mayo pasado que “los precios de las drogas no están relacionados con su valor, sino con lo que el vendedor cree que puede soportar el mercado”. El psiquiatra Allen Frances, por su parte, asegura que el negocio de los laboratorios “está causando más muertes que los cárteles de la droga”.

Estas declaraciones son extremas, es cierto, pero debe subrayarse que provienen de ilustres figuras del mundo científico, con una vasta trayectoria y experiencia en ese ámbito. No son improvisados opinantes. En ese contexto global debe analizarse el entredicho entre Vázquez y Lacalle Pou. Un espíritu aldeano podría entenderlo como un simple cruce político doméstico. Pero el trasfondo va mucho más allá y está vinculado a la ética del poder. Es obligatorio para un gobernante preguntarse qué está bien y qué está mal, a quiénes debe oír, qué consejos seguir, qué resolver.

En ese marco, resulta razonable y adecuada la respuesta de Vázquez a la carta abierta que le enviara Lacalle. En su misiva, el presidente le informó al senador que “se harán las consultas debidas con quienes tienen autoridad para opinar y aconsejar al respecto, que son las correspondientes cátedras médicas de nuestra Facultad de Medicina de la Universidad de la República”.

Ciertamente es un tema por demás delicado, que atañe a la calidad de vida de muchos enfermos y de sus familias. Por eso mismo, no resultó feliz banalizar el asunto mediante un procedimiento tan cuestionable e innecesario como una carta abierta. Lacalle podría haber elegido, para cumplir con su loable cometido, otra forma de comunicación con el presidente de la República. En especial si recordamos que él mismo acusó a Vázquez, hace apenas unos meses, de tener “el monopolio del cáncer en Uruguay”.

Lo único que les falta a los pacientes graves es que su enfermedad sea convertida en una bandera para hacer política de pequeño calibre. Es decir, que se pretenda añadirle al abusivo costo monetario de los medicamentos el costo político de su buena administración.

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El diario del lunes es el blog de Fernando Butazzoni en EnPerspectiva.net. Como no podía ser de otra manera, actualiza los lunes.

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