Urquiza esq. Abbey Road
Jaime Roos remasterizado: Sus canciones de siempre sonando como nunca

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Bizarro Records

Por Eduardo Rivero ///

Para muchos uruguayos, Jaime Roos es una leyenda viviente. Para mí es varias cosas a la vez: el flaco que tocaba el bajo en Epílogo de Sueños, mi banda de principio de los 70; el amigo con el que iba a comprar discos y a ver los últimos estrenos de cine –en la época previa a que se radicara en Europa–; el compinche de viejas mañanas matándonos con los Beatles en un apartamento de la calle 26 de Marzo; un viejo amigo al que veo menos de lo que desearía; el más importante artista uruguayo de los últimos 30 años.

Todos esos elementos se mezclan y pesan si de hacer un juicio crítico sobre la impresionante y flamante colección Obra completa, que comprenderá 19 discos en total de los que ya están en la calle los primeros cinco. Debo pelear por ser objetivo, aunque por suerte su obra está fuera de toda discusión y trasciende cualquier opinión de mi parte.

Jaime es depositario de un talento fenomenal para componer esas canciones populares que definen a un país y que logran el milagro reservado a muy pocos, de que el ciudadano anónimo se identifique con ellas, se vea reflejado en ellas. Su obra ha seducido al más policlasista de los públicos: del obrero al jerarca de Gobierno, del profesional al trabajador manual, del ama de casa a la científica, del canillita de los barrios Sur y Palermo al estanciero de vacaciones en el Este.

Como si ello no bastara, ha hecho un aporte revolucionario a los géneros candombe y murga, a los que ha jerarquizado y elevado a una forma de arte respetado, sacándolos del estrecho ámbito del tablado o el callejón de barrio solo en el mes de febrero. Sí, es cierto que lo precedieron Los Olimareños con el maravilloso disco de base murguera Todos detrás de Momo –el menos exitoso de la carrera del dúo, dicho sea de paso–, pero fue Jaime quien provocó lo que hoy son Agarrate Catalina, Emiliano y El Zurdo, Alejandro Balbis y Tabaré Cardozo, entre muchísimos otros.

Los Olímpicos, Adiós Juventud, Los futuros murguistas, Colombina y Brindis por Pierrot son pilares de esa transformación del viejo repertorio carnavalero a canciones populares de todo el año y para todo público. Jaime es un maravilloso sintetizador de influencias –la poética de Zitarrosa, el lenguaje popular de los Olimareños, la mágica polirritmia afrouruguaya de Eduardo Mateo y la creatividad polifacética de los Beatles–, pero su síntesis es absolutamente original.

Con la llegada del disco compacto, su obra fue reeditada en ese formato pero con omisiones y graves carencias de sonido y hasta de diseño gráfico. Son ejemplos de esto la serie de discos “dos por uno» del desaparecido sello Orfeo, que uno de sus volúmenes reunía Siempre son las 4 y Mediocampo en un mismo cd, o la antología Primeras páginas de 1993, deliciosa pero incompleta, que incluía su tercer disco Aquello completo pero apenas algunas canciones de sus dos discos iniciales, Candombe del 31 y Para espantar el sueño, que permanecieron inéditos en formato digital y con su repertorio original hasta hoy. Incluso con sus carencias, estos discos lograron agotar existencias y en los últimos años se habían convertido en prácticamente inconseguibles.

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Portadas de los cinco primeros volúmenes de la colección Obra completa de Jaime Roos

El pasado setiembre me enteré por el propio Jaime, en un e-mail que aceleró mi corazón de melómano, de los detalles de esta Obra completa remasterizada. Loco de la vida, Jaime me escribió: “No sabés lo que suena la remasterización. Es como aquello que oíamos en el estudio cuando se hizo”. Tenía razón. Siempre son las 4, de 1982, suena tal cual sonaba en los parlantes del estudio Gente de Jingles/Elvisur durante la grabación. Doy fe de ello porque estuve allí mientras Jaime lo grababa. Y lo que es aún mejor: fui invitado, vidrio de por medio, a ingresar a la sala y unirme al coro en Quince abriles, que es algo que irá conmigo siempre.

A los primeros cinco discos le seguirán otros catorce, muchos de los cuales son inmensos clásicos como Sur, 7 y 3 o La Margarita, pero otros sorprenderán como la remasterización de Mujer de sal junto a un hombre vuelto carbón, disco a dúo con Estela Magnone, bastante olvidado, o Esta noche, grabado en vivo en el pub La Barraca y que nunca llegó a editarse en disco compacto, o una nueva recopilación que se llamará aparentemente Selladas con temas que no estaban en los álbumes y rarezas varias.

Los primeros cinco discos ya a la venta son la piedra angular de la obra de Jaime (no sus únicos grandes discos, por cierto) y, con la calidad de sonido que presentan, una invitación a la emoción y el disfrute. Candombe del 31, de 1977, muestra a un Jaime casi adolescente grabando cuatro canciones en Francia y el resto en Montevideo, asombrando ya por su talento de autor.

Están allí la primera versión de Cometa de la farolaCarta a poste restante o Señorita Efe. Para espantar el sueño, de 1978, también grabado en Francia, es un disco oscuro y mágico que ofrece las vertiginosas Sí sí sí y Para espantar el sueño, y la bellísma Duérmase la mamá, además de Retirada, su primer tema de corte murguero que llamó la atención y que fue preludio de lo que vendría después.

Los tres discos siguientes son auténticas obras maestras. Aquello de 1981, que Jaime alguna vez charlando en una mesa de bar me lo definió como “un programa de radio” por lo ecléctico y cambiante (un criterio muy Beatle, dicho sea de paso), último disco suyo grabado íntegramente en Francia donde encontramos canciones inmensas como Alacrán, Flamenca real, Aquello (cantada nada menos que por José Carbajal, el Sabalero) y su segunda incursión netamente murguera: Los Olímpicos.

Siempre son las 4, de 1982, primer disco grabado en su totalidad en Uruguay, en un estudio pequeño e incómodo como Gente de Jingles/Elvysur y en una cinta de media pulgada que obligó a un trabajo denodado de remezclas para ir haciendo lugar a un grupo increíble de músicos invitados y arreglos particularmente intrincados. Allí está el tema que lo lanzó al gran público, Adiós Juventud y joyas como Quince abriles, Chalaloco y la melancólica y fantástica Parece.

El quinto disco, Mediocampo, el de la tapa con Jaime vistiendo la camiseta del Centro Atlético Fénix (pese a su notoria pasión por Defensor), y donde hay varios clásicos que hasta hoy toca en público como Durazno y Convención, Victoria Abaracón (cantada junto a Eduardo Mateo), la impresionante Una vez más y Los futuros murguistas, cima de la murga canción uruguaya.

Por su música, sus arreglos, su excelente sonido restaurado y su hermoso diseño gráfico que incluye el arte de tapa original de cada disco y documentadas notas a cargo de Guilherme de Alencar Pinto, hay que tener esta colección. Aún en estos tiempos de música almacenada en discos duros, pendrives, tablets y celulares. Nada sustituye la emoción de tener el disco en su edición física. Nada se compara en las últimas décadas a esta música fantástica, riquísima en ideas y emociones y que refleja y enorgullece al Uruguay como pueblo.

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Urquiza esq. Abbey Road es el blog musical de Eduardo Rivero en EnPerspectiva.net. Actualiza los miércoles.

https://www.youtube.com/watch?v=Lt1nf5_8qj8

Video: ENESTASPOCAS

https://www.youtube.com/watch?v=TUEJAzHXJbY

Video: BARCAMUSICA

Enlace externo
Jaime Roos, página oficial en Facebook

Foto: Jaime Roos, imagen de difusión de la colección Obra completa, editada por Bizarro Records. Crédito: Bizarro Records.

Eduardo Rivero

Periodista y crítico musical, publicista, autor, docente y músico. Integró grupos como Lavanda Elástica y el dúo Galemire-Rivero. Conduce el programa Ecléctico, que se emite actualmente en Radiomundo 1170 AM.

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