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¿Por qué a mí?
Llevo en las venas la fobia a la sangre

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Por Carol Milkewitz ///

Ay, es un minutito, Carol, no exageres.

¡No! Sacarse sangre no es un minutito. Son horas previas de ayuno, y para peor nunca te termina de quedar claro cuántas. Son kilos, porque los días antes, por la ansiedad, ingerís todo lo que encontrás. Y es el inevitable enojo cuando llega el resultado. Azúcar al límite. ¡Y sí!, con todo lo que estuve comiendo, ¿qué pretenden?

Una vez operaron a mi abuela y fui a donar. 33 grados, una sala chiquita, un solo ventilador. Dije “nunca más” y a los seis meses una amiga, que había donado para mi abuela, me dijo que iban a operar a la suya. Cuando donás sangre entrás en un círculo del que es difícil salir. Empalidecés, solo pensás en sangre, y estás a dos colmillos de convertirte en Drácula.

Sacarse sangre es como enamorarse de la persona equivocada. Primero, la fase de confusión (¿podré comer chicle en ayuno, lavarme los dientes, respirar?). Después, la obsesión (solo pienso en eso, hablo de eso, actúo en función de eso, no puedo comer, no puedo dormir). Y, por último, llegar al encuentro: vos con toda tu ilusión y los nervios, y la otra persona ya está esperando que venga el próximo.

La última vez, fui para hacerme el carné de (que te empeora la) salud. Te hacen sacarte una foto, en la que obviamente salís con cara de pánico. Y te dan los resultados en una hora. Entonces, claro, te vas con muchísima hambre de ese maldito examen, te comés todo lo que encontrás en el camino, y en el momento en que terminás te enterás de que tenés la salud de una señora de 95 años.

Y ahí volvemos a lo mismo: ¿Qué pretenden? ¡Claro que tengo la salud de una anciana! Envejecí décadas en esa sala de espera para ingresar al examen. Es probable que haya cambiado hasta mi tipo de sangre.

En realidad, el tipo de sangre es siempre el mismo a lo largo de tu vida. El problema es que entre que decidí sacarme y me saqué pasaron varias vidas. Vi a todos los pacientes pasar antes que yo. Tenía hora para 9.40 de la mañana y primero entró la de 8.30, después el de 8.35, la de 9.50, el de 10.20, el de 10.20 (de la noche) hasta que se me acercó una enfermera y me dijo que me iba a tener que pedir que me retirara si seguía dejando pasar a todos

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¿Por qué a mí? es el blog de humor de Carol Milkewitz. Actualiza los viernes.

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