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A 40 años de la Ronda Uruguay: “La Organización Mundial del Comercio (OMC) está herida”, pero sus normas “todavía siguen vigentes”, dice Elbio Rosselli

En Perspectiva · Entrevista – Elbio Rosselli – Abogado y doctor en Diplomacia

Este domingo se cumplieron 40 años del lanzamiento de la Ronda Uruguay, la negociación comercial multilateral que comenzó en Punta del Este en 1986 y culminó ocho años después con la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La negociación reunió inicialmente a 92 partes contratantes del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y terminó en 1994, en Marrakech, con 123 países a la mesa. El proceso incorporó a las reglas internacionales áreas que hasta entonces no estaban reguladas de forma integral, como el comercio de servicios, la propiedad intelectual y determinados aspectos vinculados a las inversiones.

Ronda Uruguay-GATT, Punta del Este (1986). Foto: OMC

También reincorporó a las normas multilaterales sectores de particular importancia para los países en desarrollo, como la agricultura y los textiles.

Elbio Rosselli, abogado, doctor en Diplomacia y representante permanente de Uruguay ante el GATT entre 1985 y 1990, dijo en En Perspectiva que la Ronda Uruguay continúa siendo la negociación más exitosa en la historia del sistema multilateral de comercio.

“El nombre de la Ronda Uruguay sigue siendo el nombre de la negociación más exitosa que ha habido en la historia del sistema multilateral de comercio”, señaló en diálogo con Emiliano Cotelo.

Uruguay, protagonista en Punta del Este

Rosselli explicó que Uruguay tuvo un papel activo en la preparación de la ronda y que la elección de Punta del Este como sede del lanzamiento tuvo una importancia política particular para el país.

Uruguay acababa de recuperar la democracia luego de 13 años de dictadura y buscaba recomponer su prestigio internacional. Para el diplomático, organizar la reunión implicaba una oportunidad de volver a ocupar un lugar relevante en el sistema internacional.

“Era hora de recuperar el prestigio del Uruguay. Y qué mejor manera que trabajando dentro del sistema multilateral de comercio, por una causa importante para el país, como era buscar la mejora en los términos de acceso a los mercados internacionales”, dijo.

La candidatura de Punta del Este compitió con la de otros países, como Canadá, Corea y Singapur. Según Rosselli, la propuesta uruguaya se apoyó en la idea de que el lanzamiento debía realizarse en un país en desarrollo. “Que un país pequeño, pero serio, abierto al mundo, con libertades, sea el ejemplo para desarrollar este tipo de negociaciones, era una manzanita que estaba colgando del árbol para todos”, recordó.

El diplomático también destacó el papel del entonces canciller Enrique Iglesias, quien presidió la reunión ministerial. Según Rosselli, Iglesias tuvo una intervención decisiva para acercar a las delegaciones y destrabar las diferencias: “Enrique convenció a los que necesitaban ser convencidos, encantó a los que tenían que estar encantados y suavizó a los que necesitaban suavizar”.

La reunión culminó en la madrugada del 20 de septiembre de 1986, luego de una extensa negociación. Rosselli recordó que Iglesias les dijo a los participantes: “De acá no nos vamos hasta que no tengamos un acuerdo”.

Las reglas de la Ronda Uruguay siguen vigentes

Para Rosselli, las normas aprobadas al final de la Ronda Uruguay mantienen su vigencia, pese a que el sistema atraviesa una de sus mayores crisis desde la creación de la OMC.

“Las normas acordadas en la Ronda Uruguay mantienen su vigencia”, dijo. Sin embargo, señaló que actualmente están afectadas por el desconocimiento de principios básicos del sistema multilateral y por las medidas de represalia que adoptaron distintos países.

El exrepresentante uruguayo ante el GATT cuestionó especialmente la política arancelaria de Estados Unidos durante la presidencia de Donald Trump, pero también explicó que las respuestas de la Unión Europea, Canadá y China se encuentran al margen de las normas de la OMC.

Rosselli distinguió, de todos modos, entre las medidas aplicadas por Estados Unidos y las respuestas de sus socios comerciales. Según explicó, los aranceles estadounidenses tienen un alcance general y afectan a países de todo el mundo, mientras que las medidas de represalia de otros gobiernos se concentran en su relación bilateral con Estados Unidos.

El diplomático señaló que las diferencias más profundas están vinculadas a los subsidios, el funcionamiento de las empresas estatales y las normas antidumping. En particular, mencionó el conflicto entre un modelo basado en empresas privadas y otro con una fuerte presencia estatal en la economía. “Hasta que esos elefantes traben cuernos y negocien y dialoguen, va a estar difícil”, dijo.

Firma de los acuerdos que dieron origen a la OMC, Marruecos (1994). Foto: OMC

Una organización “herida”

Uno de los principales logros de la Ronda Uruguay fue la creación de un mecanismo de solución de controversias con características casi judiciales. A diferencia del sistema anterior, los informes de los paneles pasaron a ser obligatorios, con la posibilidad de recurrir a un órgano de apelación.

Ese mecanismo se encuentra paralizado desde hace varios años debido a la falta de designación de nuevos integrantes, una situación que Rosselli atribuyó principalmente a la oposición de Estados Unidos, aunque señaló que las objeciones comenzaron durante administraciones anteriores a la de Trump.

“Hoy día ni negocia ni puede ejercer la tarea de vigilancia jurídica”, resumió al referirse a la OMC.

A su entender, la organización fue creada para negociar acuerdos y controlar su cumplimiento, pero actualmente no logra desempeñar plenamente ninguna de esas dos funciones.

“La OMC está herida”, dijo. De todos modos, sostuvo que sus normas continúan siendo una base relevante para el comercio mundial.

“Sobrevive con respiración lenta y funciona, pero hay algunas funciones que no andan bien”, explicó. Ante ese escenario, defendió la necesidad de preservar las estructuras existentes antes que abandonar completamente el sistema.

“Apoyémonos en esto que todavía está, antes de bajar los brazos y decir que esto está perdido”, señaló.

El futuro del multilateralismo

Rosselli consideró que la OMC no puede reformarse únicamente mediante cambios institucionales, porque los problemas actuales requieren una nueva negociación entre los países.

“No creo que sea posible reformar la OMC nada más, porque los problemas que existen hoy en el comercio internacional requieren una negociación de esos problemas”, sostuvo.

También planteó que resulta difícil repetir el esquema de la Ronda Uruguay, que se basó en un único paquete de compromisos aceptado por todos los participantes. En 1986, explicó, la negociación involucraba a 92 partes contratantes; actualmente la OMC cuenta con 166 miembros.

Para Rosselli, el consenso en materia comercial es particularmente complejo porque cada concesión tiene un costo económico.

“En una negociación comercial, usted gana o paga las dos veces. Siempre va a estar ganando y pagando”, afirmó.

Como alternativa, mencionó la posibilidad de avanzar mediante acuerdos plurilaterales, en los que un grupo de países adopte nuevas reglas sin imponerlas al conjunto de los miembros.

A corto plazo, el diplomático prevé un período de incertidumbre, al menos hasta el final del mandato de Trump. Sin embargo, sostuvo que el desafío consiste en evitar que el sistema se destruya y mantenerlo como base para una futura reorganización.

“Hay que tratar de que no se destruya y que pueda servir como base para algo que va a ser distinto”, dijo.

Uruguay debe “estar en la mesa”

Rosselli sostuvo que Uruguay tiene un interés directo en la defensa del multilateralismo, porque su tamaño y capacidad de negociación hacen que no le convenga actuar en soledad. “Nuestro universo fundamental es nuestra relación comercial principal, que es China, que es Mercosur, que es la Unión Europea y también Estados Unidos”, explicó.

Para el diplomático, la estrategia uruguaya debe consistir en participar activamente en los distintos ámbitos de negociación y construir alianzas según el tema. “La apuesta uruguaya siempre es por el multilateralismo”, dijo. Y agregó: “Uruguay se fortalece apoyándose en otros. Nosotros navegar solos no tenemos tanta capacidad”, sostuvo.

Sede de la Organización Mundial del Comercio en Ginebra, Suiza. Foto: OMC

En ese marco, destacó la importancia de que Uruguay esté presente en las distintas mesas de negociación, incluso cuando eso implique un esfuerzo adicional para la Cancillería.

Por otro lado, advirtió que la diplomacia del país enfrenta un déficit de recursos humanos: el servicio exterior mantiene aproximadamente 250 funcionarios, una cifra similar a la de hace 50 años. “El mundo cambió en 50 años. El número de funcionarios diplomáticos de la Cancillería del Uruguay se mantiene congelado”, cuestionó. A su entender, la política exterior debe afrontar una agenda cada vez más amplia, que incluye comercio, cambio climático, derechos humanos, cuestiones de género e inteligencia artificial.

Para Rosselli, la defensa de los intereses del país exigirá paciencia y una estrategia flexible, capaz de articular acuerdos con distintos grupos de países según cada asunto. “Uruguay no tiene otra salida que el multilateralismo. A nosotros no nos conviene que esto se caiga”, concluyó.

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