
Los gobiernos de Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia firmaron este martes en Nueva York un acuerdo que puso fin a las tensiones generadas por las presiones del presidente Donald Trump para anexar la isla ártica. El texto reafirma la soberanía danesa, reconoce el derecho de los groenlandeses a la autodeterminación y habilita una mayor presencia militar estadounidense.
Para el politólogo sueco Fredrik Uggla, investigador del Departamento de Gobierno de la Universidad de Uppsala, el acuerdo debe leerse tanto por lo que establece como por lo que evitó. Estados Unidos no obtuvo la propiedad de la isla ni el control de sus recursos, y Dinamarca y Groenlandia lograron que la discusión no se trasladara a quién debía ejercer la soberanía.
“Dinamarca ha logrado neutralizar la amenaza de Donald Trump”, dijo Uggla en entrevista con Emiliano Cotelo en En Perspectiva. “No se hizo con Groenlandia”, agregó, en referencia a las afirmaciones del presidente estadounidense sobre la posibilidad de anexarla.
Groenlandia es la isla más grande del mundo, con más de dos millones de kilómetros cuadrados y una población de unas 56.000 personas. La mayor parte de sus habitantes desciende del pueblo inuit y mantiene también vínculos históricos con Dinamarca. “Es un pueblo que ha sido dominado, colonizado por Dinamarca durante siglos y que durante las últimas décadas también ha buscado su autodeterminación”, señaló Uggla.
La isla adquirió mayor relevancia estratégica a medida que el deshielo abre nuevas posibilidades de navegación y explotación de recursos. Bajo el hielo hay minerales como tierras raras, hierro y zinc; la economía groenlandesa, sin embargo, se sostiene principalmente en la pesca y la exportación de camarones.
“Groenlandia hasta ahora en realidad ha sido un rincón olvidado del mundo. Ahora, con el calentamiento global, el deshielo del Ártico comienza a convertirlo en un centro”, explicó Uggla. “Un centro tanto de la explotación potencial como de las nuevas rutas comerciales que se están abriendo”.
“En materia de defensa, muy poco”
Las presiones de Trump sobre Groenlandia comenzaron en su primer mandato, cuando planteó la posibilidad de comprarla. Antes de asumir por segunda vez, en diciembre de 2024, dijo que la propiedad y el control de la isla eran una “necesidad absoluta”. En 2025, el vicepresidente JD Vance visitó la base estadounidense de Pituffik y acusó a Dinamarca de no invertir lo suficiente en la seguridad groenlandesa. Más tarde, el gobernador de Luisiana, Jeff Landry, fue designado enviado especial y expresó su intención de contribuir a “integrar Groenlandia a Estados Unidos”.
En enero, las versiones sobre una posible anexión tomaron fuerza luego de la destitución de Nicolás Maduro en Venezuela. El primer ministro danés advirtió que una toma militar estadounidense de Groenlandia significaría el fin de la OTAN. Desde la Casa Blanca respondieron que Trump no descartaba el uso de las fuerzas armadas.
Uggla sostuvo que las afirmaciones de Trump sobre la presencia de barcos rusos y chinos en la zona no habían sido confirmadas por observadores europeos. “Trump ha construido un argumento a base de poca realidad fáctica”, dijo. Y resumió: “El riesgo que ha existido ha sido hipotético, nunca ha sido real”.

El acuerdo habilita ampliar la base de Pituffik y utilizar instalaciones en Narsarsuaq, al sur de Groenlandia, y Mestersvig, en el noreste. Sin embargo, Uggla consideró que los cambios son limitados frente a los derechos que Washington ya tenía en virtud del acuerdo de defensa de 1951.
“En materia de defensa, muy poco”, respondió cuando Cotelo le preguntó cuánto avanza Estados Unidos. Recordó que durante la Guerra Fría había hasta 10.000 soldados estadounidenses en la isla y entre 12 y 13 bases militares. Hoy, dijo, la presencia estadounidense ronda los 150 efectivos.
Pituffik ya era una base estadounidense y había sido más grande cuando se llamaba Thule. Narsarsuaq también había alojado una base de Estados Unidos, que dejó de operar allí en la década de 1980, en parte por el costo de mantenerla. Mestersvig era una instalación danesa. “La implicación es la misma que en el acuerdo que ya tiene 75 años”, sostuvo Uggla.
El nuevo pacto deja abierta la posibilidad de establecer otras zonas de defensa. Para el politólogo, eso no significa que necesariamente vayan a levantarse más bases: “Va a ser muy costoso para Estados Unidos mantener solamente la base que tienen”. También puso en duda que exista apetito para ampliar mucho la presencia militar estadounidense, dadas las dificultades del clima y del terreno.
El acuerdo incorpora, además, restricciones para las inversiones en sectores sensibles de Groenlandia por parte de países que no pertenezcan o no sean socios de la OTAN ni miembros de la Unión Europea, salvo que las partes determinen que esas inversiones no representan una amenaza. La cláusula apunta principalmente a limitar la influencia de China.
Uggla recordó un proyecto de inversores chinos para participar en la construcción de un puerto en Nuuk, la capital de Groenlandia, que finalmente no se concretó. No obstante, afirmó que no había habido otros intentos posteriores. A su juicio, la cláusula consolida el argumento de seguridad que Trump utilizó desde el comienzo, aunque la amenaza concreta fuera incierta.
Un triunfo relativo para Trump y un reconocimiento para Groenlandia
Las negociaciones del acuerdo se desarrollaron durante meses, principalmente entre representantes de Dinamarca y Groenlandia y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Según Uggla, las conversaciones se mantuvieron en reserva hasta que Trump anunció que el pacto estaba pronto para firmarse.
El politólogo interpretó que el presidente buscaba, sobre todo, un resultado que pudiera mostrar como una victoria. “No buscaba tanto las cláusulas, los artículos del acuerdo, como poder mostrar al mundo y al electorado estadounidense que se había llegado a algo”, señaló. También vinculó esa necesidad con las elecciones de medio término previstas para noviembre en Estados Unidos.
El acuerdo, dijo, le permite a Trump presentar el resultado como un éxito, pero la ganancia es relativa: “Los estadounidenses no se llevan la propiedad de Groenlandia”. Tampoco se abrió una negociación sobre las riquezas minerales de la isla. “Se podría leer como un éxito. Es así como Donald Trump lo presenta a su pueblo”, afirmó, aunque enseguida matizó: “El éxito que ahora presenta Donald Trump frente a su pueblo es un éxito muy relativo”.
En cambio, Uggla consideró que Dinamarca, Groenlandia y los países europeos evitaron un desenlace más grave. “Ha sido un gran éxito para Dinamarca, Groenlandia y los europeos porque no abrieron para una negociación sobre quién iba a ser el dueño de la isla”, dijo.
El politólogo destacó también que Groenlandia participó en la negociación como actor propio. El acuerdo reconoce que sus habitantes tienen derecho a la autodeterminación, en un momento en que la relación entre la isla y Dinamarca está en proceso de revisión. Una eventual independencia no está asegurada, pero el documento establece que sus disposiciones seguirían vigentes si Groenlandia llegara a alcanzarla.
“Es un paso importante para Groenlandia como pequeño pueblo, buscando su lugar en el mundo y su forma de relacionarse”, afirmó Uggla. A su entender, que los representantes groenlandeses hayan participado en la negociación y que el texto reconozca sus derechos es un logro político, además de una señal de que el futuro de la isla no concierne únicamente a Dinamarca y Estados Unidos.
El acuerdo y el futuro de la OTAN
Uggla describió la reacción danesa y europea como una mezcla de alivio, sorpresa y satisfacción en Groenlandia. El alivio se explica por la posibilidad de que una intervención militar estadounidense hubiera quebrado la alianza atlántica. Dinamarca, con unos seis millones de habitantes, depende de la cooperación de la OTAN para la defensa de Groenlandia, un territorio enorme y alejado de su capital.
“Dinamarca nunca ha rechazado una presencia militar estadounidense sobre la isla”, dijo. “Siempre ha dependido de alguna forma del apoyo de la OTAN, es decir, del apoyo de Estados Unidos”, añadió. Para explicar la desproporción entre las capacidades danesas y la extensión de Groenlandia, planteó: “Es un poco como si Uruguay tuviese responsabilidad para la seguridad de la Antártida”.
La tensión por Groenlandia se produjo, además, en un período de preocupación europea por la agresividad de Rusia y la guerra en Ucrania. Uggla señaló que para Dinamarca la posibilidad de quedar fuera de la protección estadounidense era especialmente preocupante. “Una ruptura con Estados Unidos sería una catástrofe tanto para Dinamarca como para toda Europa”, sostuvo.
El acuerdo deberá ser aprobado por los parlamentos de Dinamarca y Groenlandia y pasar por el proceso correspondiente en Estados Unidos. Uggla dijo que no prevé dificultades para su aprobación, pero advirtió que el entendimiento no garantiza que Trump abandone definitivamente sus pretensiones. “Es un líder caprichoso y quién sabe si dentro de un par de meses, dentro de un par de años, vuelve a relanzar la idea”, concluyó.
Materiales complementarios
Accedé aquí al acuerdo entre los gobiernos de Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia.


















