Sobre las cifras de pobreza en 2020, los problemas de mirar solo ese índice y por qué las transferencias a los hogares deberían ser más altas

Foto: Javier Calvelo adhocFOTOS

¿Cómo debemos interpretar esas cifras? 

¿Lo sabías?

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EMILIANO COTELO (EC): Según los datos publicados por el INE, la pobreza subió por tercer año consecutivo y alcanzó a 11,6% de la población en 2020. En tanto, la proporción de personas bajo la línea de indigencia subió desde 0,2% en 2019 a 0,4% en 2020. 

Se trata de un aumento de algún modo “previsible”, debido a los efectos de la pandemia en los ingresos de los hogares, pero estas cifras siempre generan polémica y debate a nivel político.

Por eso, nos pareció oportuno dedicar nuestro espacio de análisis económico a este asunto. Lo conversamos con la economista Florencia Carriquiry, de Exante

ROMINA ANDRIOLI (RA): Florencia, primero que nada, como hemos hecho otras veces, me parece que vale la pena comenzar por recordar a los oyentes cómo es que el INE calcula estos indicadores.

FLORENCIA CARRIQUIRY (FC): El INE hace estimaciones de pobreza y de indigencia en base al método del ingreso, que es un método muy habitual para medir estas problemáticas en todo el mundo. Esencialmente, lo que se hace es comparar el ingreso per cápita del hogar versus un umbral, ya sea la línea de pobreza o la línea de indigencia. Entonces, si el ingreso corriente per cápita del hogar está por debajo de la línea de pobreza, ese hogar y todos sus integrantes son clasificados como pobres. Y lo mismo se hace para la indigencia. 

Si bien este método de medición tiene la virtud de ser objetivo y de facilitar comparaciones a nivel internacional, también es indiscutible que el fenómeno de la pobreza es más complejo y tiene muchas más dimensiones que lo estrictamente monetario. De hecho, un hogar puede no ser pobre según esta definición de pobreza en base a ingresos, pero igual tener muchas otras carencias que lo sitúen en un contexto de exclusión social. Y puede ocurrir también que algún hogar esté algo por debajo de la línea de pobreza pero que otras condicionantes lo dejen en una mejor situación socioeconómica (por ejemplo, en función del respaldo familiar que tenga ese hogar).

RA: ¿Y cómo se determinan esas líneas o umbrales que mencionabas? ¿Y a cuanto ascienden hoy por hoy en Uruguay? 

FC: La línea de indigencia se calcula en base a una estimación de lo que se considera es el ingreso mínimo o imprescindible para cubrir las necesidades alimenticias básicas del hogar, mientras que la línea de pobreza intenta medir el costo de un conjunto más amplio de necesidades. 

Esas líneas están definidas para el hogar y se computan en función de la cantidad de habitantes del hogar. Pero para tener una referencia, a precios de finales de 2020 la línea de indigencia para un hogar unipersonal se situaba en unos 4.200 pesos mensuales para Montevideo y en un valor algo más bajo (de aproximadamente 3.900 pesos mensuales) para el interior urbano. Mientras que la línea de pobreza rondaba a fines del año pasado los 16.000 pesos mensuales para un hogar unipersonal en Montevideo y se ubicaba en torno a los 10.500 pesos mensuales para ese mismo tipo de hogar en el interior urbano. 

RA: Está claro. Vayamos entonces a los resultados concretos de este informe para 2020. Emiliano decía recién que la pobreza alcanzó a un 11,6% de la población y la indigencia a un 0,4%. ¿Qué suponen estos porcentajes en términos de cantidad de personas?

FC: En números gruesos esos porcentajes implican aproximadamente 409.000 personas en situación de pobreza y unas 14.000 en situación de pobreza extrema o indigencia. 

 

RA: Florencia, en la prensa y en las redes sociales se destacó que en 2020 hubo unos 100.000 pobres más que en 2019. ¿Estas cifras que estás mencionando suponen efectivamente un aumento de esa magnitud? 

FC: Sí, efectivamente. Pero en relación con este punto, el INE advierte explícitamente en el informe sobre la dificultad para comparar estas cifras con las de años pasados, debido al cambio metodológico en la Encuesta Continua de Hogares, que pasó a ser telefónica en lugar de presencial desde el inicio de la pandemia, pero, si, en cualquier caso, comparamos estos números con los de 2019, la población en situación de pobreza habría aumentado en unas 100.000 personas.

RA: ¿Y qué diferencias hay según tramo de edad? Una de las preocupaciones en torno a esta temática es que la pobreza es un problema muy importante entre los niños y adolescentes en nuestro país. ¿Qué marcaron los datos de 2020?  

FC: Efectivamente. Esto ha sido siempre así y las cifras de 2020 vuelven a mostrarlo de forma muy clara. Los mayores niveles de pobreza se registran entre los menores de 6 años, donde la pobreza supera el 21% (prácticamente duplica el nivel promedio del país). Esa proporción bajó mucho desde registros de 34% en 2010 o incluso de 50% en 2006 (cuando comienzan las mediciones según la metodología actual), pero sigue siendo un porcentaje muy alto, que además subió en 2020. 

Y si vamos aumentando en edad, la incidencia de la pobreza tiende a bajar, pero igual sigue siendo muy alta en los demás estratos de población infantil y adolescente (se ubica entre 19% y 21%). Luego, el porcentaje de pobreza baja abruptamente: hasta 10% en los adultos de 18 a 64 años y a 2,3% en los mayores de 65 años. 

Esto ratifica, que la pobreza es un problema particularmente grave a nivel de nuestra población infantil y adolescente.

Ahora, volviendo a lo que decía antes, la medición de la pobreza por el método del ingreso es una forma habitual de medir la pobreza y permite arrojar luz sobre estas desigualdades al interior de la población, pero las cifras hay que interpretarlas de forma cuidadosa y debemos evitar quedarnos solamente con estos números.  

RA: ¿Por qué decís eso? 

FC: Porque, como mencionaba antes, el fenómeno de la pobreza excede por mucho la perspectiva meramente monetaria y además no es un fenómeno binario. ¿Qué quiero decir con esto? Es cierto que las estadísticas que publicó el INE marcan que en 2020 hubo unas 100.000 personas más que vivieron con ingresos menores a la línea de pobreza, pero, ¿eso quiere decir que hubo 100.000 pobres más el año pasado que en 2019? ¿Si el ingreso del hogar está apenas por encima de la línea de pobreza se puede decir que ese hogar y sus integrantes no son pobres? ¿Es tan diferente la situación y las carencias de un hogar con ingresos apenas abajo de la línea de pobreza que las de un hogar con un ingreso apenas arriba de ese umbral? Seguramente no y por eso tenemos que evitar hacer un excesivo énfasis en estos números sin más. 

El indicador sirve muy bien para medir la evolución de la pobreza, pero no debemos perder de vista que es justamente un indicador, no es la pobreza, una persona que vive levemente arriba de la línea de pobreza no es pobre para el indicador y uno que vive levemente debajo de la línea de pobreza es pobre para el indicador.  

Además, en un año tan particular como el 2020, la medición para el promedio del año también encierra otras particularidades.

RA: ¿A qué te estás refiriendo, Florencia?

FC: A que los ingresos de los hogares cayeron fuerte con la pandemia pero mostraron luego un rebote no despreciable y eso nos debe alertar sobre el uso de un indicador promedio anual.

De hecho, el fin de semana un economista uruguayo, Rafael Guntín, puso un mini hilo en Twitter presentando algunas estimaciones elaboradas a partir del análisis de los microdatos de la Encuesta Continua de Hogares, que marcan con claridad que en el transcurso del año hubo cambios fuertes en esta medición. Efectivamente con la llegada de la pandemia los ingresos cayeron abruptamente y eso supuso un incremento fuerte del porcentaje de hogares con ingresos menores a la línea de pobreza, pero en el transcurso del segundo semestre la recuperación de los ingresos permitió que incluso al cierre del año los niveles de pobreza por esta medición eran ya similares a los de finales de 2019. 

No revisamos esos cálculos de Rafael Guntín pero son consistentes con la evolución mensual de los ingresos de los hogares que publica el INE.

Con esto no quiero quitarle importancia al deterioro social que supuso la pandemia, por el contrario, me parece que esto debe ser una preocupación central en la agenda del gobierno, pero hacer un buen diagnóstico de esta situación no se reduce a contar cuántos más pobres, según el indicador, nos dejó el coronavirus. En los últimos años nos parece que ha habido un excesivo énfasis en la evolución de este indicador de pobreza por método del ingreso y demasiada poca atención en otros aspectos centrales de esta problemática. 

RA: Justamente, Florencia, desde la oposición se sostiene que el gobierno debió aumentar las transferencias a los hogares para evitar ese incremento de la pobreza. ¿Cómo ven en Exante este punto? 

FC: En este aspecto hay una dimensión de opinión personal que trasciende las consideraciones técnicas. En mi opinión, y sin desconocer las restricciones fiscales que siempre advertimos, las transferencias a los hogares más vulnerables debieron ser mayores el año pasado. 

Pero tampoco es un problema del 2020 solamente. En mi opinión, las transferencias a los hogares con niños y adolescentes en situación de pobreza también debieron ser mayores en años previos y deberían ser mayores este año y en los que vendrán. 

Ahora, el objetivo no puede ser diseñar una política que ataque al “índice” de pobreza. 

RA: ¿Qué quiere decir eso, Florencia? 

FC: Quiere decir que no deberíamos definir las políticas públicas basadas exclusivamente en ese indicador de pobreza.

La línea de pobreza es un cálculo estadístico relevante, pero no es una “verdad” desde el punto de vista normativo. 

Y la pobreza no es un fenómeno exclusivamente monetario, por lo que no deberíamos conformarnos con llevar a los hogares pobres a niveles de ingreso apenas superiores a la línea de pobreza y pensar que de esa manera el problema está resuelto. La estrategia debe ser más ambiciosa y debe incluir además de más transferencias monetarias otros aspectos centrales del problema de la exclusión social. Por mencionar dos que a nuestro juicio son clave: acceso a la vivienda y educación. En definitiva, no hay verdadero combate a la pobreza que no comprenda también cambios profundos en estos frentes. 

Gabriela Pintos

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