
Foto: Pablo Vignali / adhocFOTOS
EMILIANO COTELO (EC): La semana pasada el gobierno anunció un aumento de combustibles de 7%, aplicando el tope de variación que se había definido en mayo de 2025. Como recordarán, en aquel momento el Poder Ejecutivo estableció que los precios se ajustarían cada 60 días (en lugar de cada 30) y que los ajustes estarían en principio limitados a variaciones de +/- 7%, salvo que se observaran situaciones extraordinarias en los mercados.
Luego de la suba que tuvieron los precios internacionales del petróleo como consecuencia de la guerra en Medio Oriente, el Poder Ejecutivo adelantó el ajuste, que entra en vigor el 1° de abril, en lugar de aguardar al 1° de mayo (fecha que habría correspondido si se mantenía el criterio de ajustes cada 60 días). Según informó el Ministerio de Industria y Energía, la aplicación de toda la variación del Precio de Paridad de Importación (PPI) informado por la Unidad Reguladora de Servicios de Energia y Agua (URSEA) habría conducido a ajustes sustancialmente mayores, de 13% en el caso de la nafta y de 44% en el caso del gasoil.
Para analizar esta decisión y para mirar además los efectos que la suba de los precios internacionales del petróleo puede tener sobre la economía uruguaya, estamos en comunicación con el economista Pablo Rosselli, socio de Exante.
ROMINA ANDRIOLI (RA): Para comenzar, Pablo, ¿cómo están analizando la decisión del gobierno?
PABLO ROSSELLI (PR): La decisión se adopta en un marco de alta incertidumbre global sobre la duración de la guerra en medio oriente, sobre la magnitud efectiva de los daños ya causados a las infraestructuras petroleras en los países del Golfo Pérsico y sobre los daños adicionales que podrían observarse en un escenario de prolongación de la guerra.
Los precios del petróleo subieron fuertemente con la guerra. La referencia Brent pasó de 70 dólares por barril a fin de febrero (cuando se fijaron los precios de los combustibles que rigieron en marzo) a 105 dólares al cierre de la semana pasada.
En este contexto, en todo el mundo los precios de los combustibles están subiendo. Sin ir más lejos, en la región vimos aumentos de precios en torno de 20% en Argentina y Paraguay y notoriamente mayores en Chile.
Entonces, no sorprende que también en Uruguay tengamos una suba, aunque esa suba se haya adelantado en relación con la pauta de ajustes cada dos meses que había definido el Poder Ejecutivo el año pasado.
RA: Parece claro que el contexto global hacía inevitable un ajuste de combustibles también en Uruguay. Ahora, ¿qué consideraciones realizan sobre la magnitud del ajuste? Te lo pregunto porque el gobierno invocó las condiciones extraordinarias del contexto internacional para adelantar la suba, pero mantuvo el tope de 7%. ¿Debió subir más los combustibles, como ha ocurrido en todo el mundo?
PR: Cuando en mayo del año pasado el Poder Ejecutivo anunció que introduciría algunos ajustes en la forma de fijación de los precios de los combustibles, aquí en el programa valoramos positivamente que el nuevo gobierno mantenía en los aspectos fundamentales el criterio de fijar precios en función de la Paridad de Importación, lo que implicaba que ANCAP seguiría vendiendo sus productos a precios similares a los que cabe suponer se observarían en un entorno de competencia. A nuestro juicio eso era un hecho destacable, porque cuando el Frente Amplio fue oposición criticó mucho el establecimiento de ese marco de fijación de precios.
Y al mismo tiempo decíamos que las modificaciones implementadas –ajustes cada 60 días en lugar de cada 30 y topes de variación de +/- 7%– eran innecesarios, porque la idea de que el Poder Ejecutivo debe prestarle una atención particular al precio de los combustibles y de que debe suavizar sus fluctuaciones, de algún modo para darle ciertas “certezas” (entre comillas) a los agentes, no tiene mayor sustento conceptual.
RA: Recordemos por qué argumentabas eso, Pablo.
PR: Por lo siguiente Romina. En casi todo el mundo los precios de los combustibles fluctúan a medida que cambian las condiciones en el mercado de petróleo y los gobiernos raramente interfieren en esas fluctuaciones. Uruguay no tiene ninguna particularidad que nos haga pensar que debemos tener un enfoque diferente en lo que hace a la variación de los precios de los combustibles. La idea de que el Estado le brinde un seguro de precios gratuito a los consumidores de nafta no tiene mayor sentido. A la vez, es un seguro de escaso valor para los consumidores. El peso de la nafta en el consumo promedio de los hogares es apenas 3%. Tener una regla que en lugar de ajustar a los 30 días ajuste a los 60, cuando las variaciones no son importantes, es, esencialmente, irrelevante.
Por otro lado, para los grandes consumidores de gasoil (típicamente el sector agropecuario) resulta mejor que los precios internos reflejen rápidamente los cambios en el mercado, porque esos consumidores están compitiendo en mercados internacionales donde los precios se ajustan con mayor frecuencia. De nuevo, 30 o 60 días, es más o menos lo mismo, pero conceptualmente es innecesario espaciar los ajustes.
Eso decíamos hace 9 meses. En las condiciones concretas actuales, tenemos que esta suba de precios es notoriamente inferior a la que correspondería si se aplicara la Paridad de Importación. Si los precios del petróleo no bajan pronto, serán inevitables nuevos ajustes, porque el costo de no traspasar toda la suba a precios es de US$ 30 millones por mes. Se trata de un valor muy elevado si se mantiene en el tiempo. Mantener ese costo en el tiempo es incompatible con la situación de las finanzas públicas, pero además se trataría de una medida regresiva en términos de distribución del ingreso, porque como hemos comentado otras veces en el programa el consumo de combustibles, y de nafta particularmente, está concentrado en los hogares de mayores ingresos. Tampoco tiene sentido subsidiar los precios de los combustibles desde una perspectiva de eficiencia económica.
Por lo tanto, a nuestro juicio, no hay muchas razones para haber topeado el ajuste de precios y para haberlo topeado en un porcentaje tan bajo y arbitrario como 7%. Dicho todo eso, en el contexto de incertidumbre actual sobre la duración de la guerra, puede haber alguna lógica para amortiguar la suba de precios, siempre que esa amortiguación sea por un plazo muy breve.
RA: ¿Por qué lo dices, Pablo?
PR: Porque si la guerra terminara pronto, pongamos dentro de los próximos 30 días, amortiguar la suba de combustibles evitaría algunos impactos de segunda vuelta en el IPC.
De todos modos, la opinión de los analistas internacionales y lo que se infiere de los comportamientos de los mercados es que una finalización pronta de la guerra parece poco probable; y que tendremos precios altos del petróleo por varios meses. Probablemente, entonces, el Poder Ejecutivo deberá aplicar ajustes adicionales de precios dentro de un mes, asumiendo que no cometerá el error de incurrir por más tiempo en los costos fiscales de la medida anunciada la semana pasada.
En suma, Romina, a nuestro juicio hay pocas razones para amortiguar esta suba; y en todo caso, aún si se quisiera amortiguar esa suba, el incremento de 7% luce bajo en relación con la suba del petróleo, surge de un criterio arbitrario establecido hace 9 meses y tiene ya en el primer mes un costo fiscal relevante.
RA: Miremos hacia adelante, Pablo, ¿qué impactos tendremos sobre la economía uruguaya? Estoy pensando en la actividad económica y en la inflación.
PR: Todavía es muy temprano para tener claridad sobre esto. La magnitud de los impactos dependerá de la duración del conflicto y de dónde se estabilicen los precios del petróleo; pero las proyecciones de actividad económica mundial se irán revisando a la baja y tendremos algo más de inflación en el mundo.
La dirección de las variables en nuestro país será la misma. En Exante estamos trabajando con una proyección de crecimiento de la actividad económica de 1% para el promedio de 2026. Si la guerra se prolonga podríamos ver algunos efectos también en nuestro país, porque la guerra trae precios más altos de combustibles, pero también de los fertilizantes (lo cual implica más costos para nuestra agricultura), y porque la propia incertidumbre global desalienta la inversión.
RA: ¿Y qué pasará con la inflación, Pablo?
PR: Antes de la guerra estábamos proyectando una inflación de 4,5% para el cierre de este año, con una política monetaria que había entrado en modo expansivo.
La guerra trae dos impactos inflacionarios sobre Uruguay: la suba de los combustibles y un posible fortalecimiento del dólar en el mundo que puede trasladarse a nuestro país. Lógicamente, el comportamiento de la inflación en Uruguay también dependerá de la duración del conflicto y de los precios del petróleo, pero asumiendo que los precios del petróleo no bajan pronto y que el Poder Ejecutivo aplicará nuevos aumentos de combustibles, probablemente veamos la inflación acercándose a 5% a fin de este año.
RA: ¿Y qué debería hacer el Banco Central (BCU)? Te lo pregunto porque el Banco venía bajando las tasas de interés, porque la inflación está actualmente en torno de 3% (el piso del rango de tolerancia). ¿Tenemos que pensar en subas de la tasa de política monetaria?
PR: Es una muy buena pregunta, Romina. De hecho, en el mundo se están revisando las perspectivas de política monetaria. En algunos países se aguardan algunas subas y en general no se aguardan más bajas.
En Uruguay, el Banco Central aplicó dos bajas de tasas este año (100 puntos básicos en enero y 75 puntos básicos en marzo). Con esas bajas de tasas el BCU estaba procurando llevar la inflación a su objetivo de 4,5%.
La suba del petróleo presionará al alza la inflación, pero a nuestro juicio sería apresurado concluir que son necesarias tasas más altas desde ya. Está claro que, con los elementos que tenemos hoy, tampoco parece que haya espacio para nuevos recortes de la tasa de política monetaria.
En nuestra opinión, el Banco Central tiene tiempo para evaluar la situación porque la inflación de partida es baja. Como decías, actualmente tenemos la inflación en el piso del rango de tolerancia. A su vez, la mayoría de los convenios salariales fijaron ajustes nominales, con correctivos que solo aplican ante subas significativas de la inflación… Con estas pautas, el riesgo de que subas transitorias de la inflación (asociadas a estos ajustes de combustibles) terminen generando efectos de segunda vuelta en la inflación a través de los salarios son reducidos.
Entonces, este shock petrolero encuentra a Uruguay en mejores condiciones que en el pasado: inflación baja y mejores acuerdos salariales. Por eso, Romina, el BCU tiene tiempo para evaluar sus próximos pasos.














