

Foto: Dominio Público
EMILIANO COTELO (EC): En los últimos meses la economía uruguaya viene perdiendo fuerza. En el programa hemos abordado este asunto desde distintas perspectivas, pero hoy les proponemos un enfoque diferente. ¿Cómo viene siendo el desempeño de las otras economías de la región? ¿Estamos frente a un freno generalizado o el menor crecimiento en Uruguay es un fenómeno más bien propio?
Para conversar sobre eso, estamos en contacto con el economista Alejandro Vallcorba, de la consultora Exante.
ROMINA ANDRIOLI (RA): Alejandro, empecemos repasando cómo fue el desempeño económico reciente de los países de la región. ¿Estamos viendo una desaceleración generalizada o el freno del segundo semestre de Uruguay es más bien un fenómeno propio?
ALEJANDRO VALLCORBA (AV): Los últimos datos oficiales de PIB llegan hasta el tercer trimestre y, con los indicadores mensuales, podemos extender el análisis hasta noviembre. Cuando miramos el conjunto de la región, la conclusión es bastante clara: no hubo una desaceleración generalizada como la que vimos en Uruguay en el segundo semestre.
De hecho, la mayoría de las economías grandes siguieron creciendo en el margen. Entre mitad de año y noviembre, Colombia, Paraguay y Perú acumularon expansiones cercanas a 1%, y Brasil y Chile mostraron avances más moderados, pero igualmente positivos, entre 0,3% y 0,5%.
El único caso que vale la pena marcar especialmente es Argentina, pero que ya hemos comentado otras veces en el programa. La actividad económica argentina estuvo más bien estancada el año pasado, en un contexto de fuerte ajuste macroeconómico y volatilidad financiera asociada a las elecciones legislativas de medio término.
En ese contexto, Uruguay aparece entre los de peor desempeño reciente, con una leve contracción en el tercer trimestre y señales de pérdida de impulso en los datos más recientes.
Esto sugiere que el freno en la actividad en nuestro país no puede explicarse, o no únicamente, por un cambio de ciclo externo… Si el shock fuera externo y generalizado, veríamos una desaceleración mucho más sincronizada y eso no es lo que muestran los datos.
RA: ¿Y si miramos el desempeño anual, qué panorama queda para 2025 en la región?
AV: En el promedio del año, Uruguay va a cerrar con un crecimiento algo superior a 2%, pero ese número está influido por el arrastre estadístico que dejó el buen desempeño de fines de 2024 y comienzos de 2025. En la segunda mitad del año la economía perdió dinamismo, así que la foto de cierre es más débil que lo que sugiere el promedio anual.
En la región, el panorama es variado. Cuando se conozcan los datos oficiales de cierre de año, estimamos que Paraguay habría crecido en torno a 6%, por encima de su promedio histórico. Perú y Colombia también muestran tasas relativamente sólidas, en el entorno de 3%. Brasil seguramente haya cerrado con un crecimiento algo por encima de 2%, que si bien no es una tasa particularmente alta, es mayor a lo que se esperaba a comienzos del año. De hecho, ya hace varios años que se repite el mismo patrón y Brasil sorprende con mayor resiliencia de la prevista.
Por su parte, Chile y Ecuador mostraron un crecimiento más cerca de 2%–2,5%, mientras que Argentina registró una recuperación importante en términos interanuales, aunque todavía en un contexto macroeconómico frágil y, como decía antes, con señales de freno de la actividad durante todo el año.
RA: Alejandro, recién hacíamos foco en lo que pasó el año pasado y en el segundo semestre en particular. Si ampliamos un poco la perspectiva y miramos estos últimos años en perspectiva, ¿qué tan distinto es el desempeño de los países de la región? ¿El rebote post-COVID fue parejo o se consolidaron trayectorias bastante distintas?
AV: Lo que se ve con bastante claridad es que el COVID fue un shock fuerte, pero transitorio. Pasado el rebote inicial, cada país volvió bastante a su sendero previo.
Paraguay es probablemente el caso más claro de continuidad. Antes de la pandemia ya mostraba una tasa de crecimiento tendencial elevada (cercana a 5% anual) y después del COVID mantiene un ritmo alto. Además, en los últimos años hubo cierta diversificación productiva, con mayor peso de sectores industriales y de servicios como el comercio o sector bancario, y menos de dependencia exclusiva del agro y la energía, lo que determinó una menor exposición a shocks climáticos.
Perú es otro caso interesante. A pesar de la inestabilidad política de los últimos años, su crecimiento tendencial sigue siendo relativamente alto, en el entorno de 3% anual. Eso habla de fundamentos macroeconómicos y de una estructura productiva que, con altibajos, mantiene dinamismo.
En el caso de Uruguay, antes del COVID ya veníamos de un período de bajo crecimiento. Entre 2015 y 2019 la economía crecía a ritmo promedio de 1% anual. Y lo que muestran los datos posteriores es que, más allá del rebote pospandemia, el ritmo de crecimiento tendencial no cambió demasiado. Seguimos creciendo a una tasa baja, en el entorno de 1%, que es de las más reducidas de la región.
Es decir, el problema de Uruguay no es solo el freno reciente: es que nuestra economía ya venía con poco dinamismo estructural y no logró acelerarlo en los últimos años.
RA: Volviendo a la mirada regional y global. ¿Cómo luce el panorama de crecimiento en America Latina dado este nuevo ambiente de política económica en Estados Unidos?
AV: Podemos mirar las cifras del FMI, en el World Economic Outlook, que son una referencia habitual.
Las proyecciones del FMI para el bienio 2026-2027 apuntan a un crecimiento regional (incluyendo las economías que recién mencionaba pero también a México y el resto de Centroamérica) en torno a 2,5% anual. Es una tasa algo mayor a la de la última década, pero es inferior al promedio mundial y también inferior a la de otras economías emergentes.
Esto ya viene ocurriendo en años previos. En la última década, la economía mundial creció en promedio en torno a 3% anual, las economías emergentes y en desarrollo, un grupo amplio que incluye a Asia emergente, Europa emergente y África subsahariana, además de nuestra región, crecieron más rápido, cerca de 4% promedio anual. En cambio, LATAM creció apenas 1,3% en promedio en la última década. Es decir, no solo crecemos menos que otras economías emergentes, sino que incluso hemos crecido por debajo del promedio del G7, que reúne a economías desarrolladas donde estructuralmente las tasas de crecimiento suelen ser más bajas.
RA: ¿Hay muchos matices por país cuando se analizan las proyecciones del FMI?
AV: Sí, hay algunas diferencias. En 2026-2027, Paraguay y Argentina serían de los países que más crecerían, con tasas en torno a 3,5%-4%. Por el contrario, se prevé que México crezca solo 1,5% este año, aunque repuntando a 2% para 2027. Para el resto de los países, incluyendo a Uruguay, el FMI proyecta un ritmo promedio entre 2% y 2,5% en los dos años.
Estas son las proyecciones del FMI. Como hemos conversado otras veces en el programa, en Exante tenemos una proyección para Uruguay más en el eje de 1,5% para este año y 2% para 2027. A su vez, la encuesta de expectativas de BCU apunta a crecimiento en torno a 2% para ambos años, también algo por debajo de lo que estima el FMI.
RA: Para cerrar, ¿cómo juega el ciclo económico global en este panorama?
AV: El frente externo hoy combina varios elementos de riesgo, pero tampoco es abiertamente negativo para nuestra región.
Por un lado, persiste la incertidumbre en torno a la política comercial de Estados Unidos y el potencial impacto negativo que puede tener en el ritmo de crecimiento global.
El hecho de que hasta ahora no hayamos visto un impacto fuerte no quiere decir que no pueda aparecer más adelante. También hay dudas sobre la evolución futura de las tasas de interés globales. Para una región como la nuestra, donde la mayoría de los países son exportadores de materias primas, están expuestos a los ciclos mundiales de demanda y también son tomadores de crédito a nivel externo, un deterioro en el comercio global o un endurecimiento de las condiciones financieras puede tener efectos negativos relevantes.
Pero, por otro lado, en este contexto de reconfiguración de equilibrios globales nuestra región puede encontrar oportunidades, tanto para avanzar con acuerdos comerciales como para atraer inversiones. La incertidumbre sobre las cadenas globales de producción hace que las potencias busquen asegurar estos suministros en países geográficamente cercanos y/o políticamente menos conflictivos.
A su vez, desde el punto de vista financiero también venimos viendo flujos de capital crecientes hacia las economías emergentes. Por ejemplo, el año pasado vimos un movimiento bastante generalizado de baja de los spreads de riesgo país en la región.
Y, por último, pese a todas las dudas sobre el crecimiento global, los países de la región que exportan metales enfrentan escenarios de precios muy altos. Los que exportamos otros commodities no tanto, pero en las últimas semanas observamos una suba incipiente en los precios de algunos commodities de base agropecuaria.












