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¿Qué esconde el acuerdo con Irán?

Por Susana Mangana ///

El grupo de potencias conocido como P5+1 (Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido, Rusia y China) alcanzó finalmente un acuerdo con Irán por su programa nuclear. Más allá de concesiones cuantitativas referidas al número de centrifugadoras que el régimen iraní deberá cerrar o de los kilos de uranio que tendrá que desechar, parece claro que este acuerdo encierra asuntos de mayor enjundia como la reinserción de Irán en la comunidad internacional y la reformulación de los equilibrios geopolíticos en una región en llamas como es Oriente Medio, plagada de conflictos bélicos.

Obama ya no pretende el cambio de régimen en Irán, se conforma con un acuerdo que permita la normalización de relaciones con un país cuya importancia e injerencia en asuntos clave de aquella región es insoslayable hoy. La guerra sectaria en Irak y el caos de la guerra civil en Siria no tienen solución fácil ni cercana. Tener a Irán como aliado en ambas situaciones para que pueda reducir el descontrol adiestrando y dirigiendo a los grupos chiíes en Irak que se enfrentan al temible Estado Islámico (de extracción sunní) al tiempo que guía al gobierno de Asad en Siria, su aliado por tratarse de un régimen chií, es prioritario. No vaya a ser que la violencia extremista arrase con otros países que por ahora resisten como pueden pero que son permeables a la ideología yihadista que proponen grupos como Al Qaeda y sus acólitos o la nueva estrella del teleterrorismo digital, Estado Islámico.

El acuerdo con Irán no agrada a muchos dentro y fuera de la región pero todos coinciden en que es necesario. No se sostiene seguir aislando a Irán mientras se mantienen relaciones privilegiadas con otros países que han dado muestras de encubrir, financiar o diseminar buena parte de la sinrazón extremista que basándose en lecturas sui generis de las sagradas escrituras del islam dieron lugar a grupos violentos. Arabia Saudí o Pakistán por ejemplo. Por ello, el deshielo en la relación entre Occidente e Irán incomoda tanto o más a los saudíes que a Israel. La rivalidad histórica entre persas y árabes se vio potenciada tras la revolución islámica liderada por Jomeini en 1979 y es por ello que el levantamiento de sanciones económicas y políticas a Irán puede lanzar una carrera armamentística en la región, sobre todo de parte de las monarquías petroleras árabes, encabezadas por el reino de Arabia Saudí, que ya invierte el 10 % de su abultado PBI en gastos militares.

El presidente iraní, Hasan Rohani prometió recomponer las relaciones con Occidente y este acuerdo, de fraguarse, le permitirá a Irán recuperar vínculos severamente dañados por la imagen negativa que medios occidentales ayudaron a difundir durante los años de dialéctica dura del anterior presidente Ahmadineyad, más preocupado por mantener su discurso antioccidental para agradar a los ayatolás conservadores que por mejorar la economía y condiciones de vida de millones de iraníes.

Los iraníes, en especial los jóvenes, que ya están cansados de discursos rancios que ponderan las bondades de la revolución islámica, saben que sin lograr este acuerdo con Estados Unidos, el verdadero líder del P5+1, no podrán recuperar el calificativo de país “normal”. Entretanto, la administración Obama sabe que no puede embretarse en un nuevo conflicto en Medio Oriente o frenar el avance del yihadismo sunní sin colaboración de un actor regional clave como es Irán. Así pues, el acuerdo que se cierre en Viena entraña mucho de política y diplomacia y poco de recelos viscerales hacia un posible aliado en Medio Oriente.

El miedo a que Irán se haga con la bomba nuclear y la utilice a diestra y siniestra es poco creíble, en cambio la violencia y descontrol de grupos como Estado Islámico son hoy una amenaza más real y tangible. En los hechos todos los presentes en Viena tienen algo para ganar, incluida Rusia que se beneficia del fin del embargo armamentístico a Irán. Así las cosas, el acuerdo es cuestión de voluntad política.

 

Foto: El ministro de Exteriores británico, Philip Hammond (segundo a la der.), el secretario de Estado estadounidense, John Kerry (der.) y la representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Seguridad, Federica Mogherini (izq.) conversan con el ministro de Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, mientras esperan al ministro de Exteriores ruso para una foto grupal en el Vienna International Center, Viena, Austria, luego que alzancar un histórico acuerdo con Irán sobre su programa nuclear, 14 de julio, 2015. Crédito: Carlos Barria/AFP Photo-Pool

Susana Mangana

Docente e investigadora, analista de política internacional en medios nacionales e internacionales. Doctora en Estudios Árabes e Islámicos por la Universidad Autónoma de Madrid, MBA por la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid.

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